Comentarios bíblicos · Juan Calvino

Isaías 27: comentario de Juan Calvino

Isaías 27:1

1. En aquel día. Aquí el profeta habla en general del juicio de Dios, y así incluye todo el reino de Satanás. Habiendo hablado antes de la venganza de Dios que se desplegará contra los tiranos y los impíos que han derramado sangre inocente, ahora avanza más y publica la proclamación de esa venganza.

Sobre leviatán. La palabra «leviatán» se interpreta de diversas maneras; pero en general designa simplemente una serpiente grande, o las ballenas y los peces del mar que, por su enorme tamaño, se acercan a la naturaleza de los monstruos. Aunque esta descripción se aplica al rey de Egipto, bajo una clase quiso incluir también a los demás enemigos de la Iglesia. Por mi parte, no dudo de que habla alegóricamente de Satanás y de todo su reino, describiéndolo bajo la figura de algún animal monstruoso, y aludiendo al mismo tiempo a las astutas artimañas con que disfraza sus designios dañinos. De este modo quiso salir al paso de muchas dudas que continuamente nos asaltan, cuando Dios declara que nos ayudará y experimentamos, por otra parte, la fuerza, la astucia y el engaño de Satanás. Admirables son los ardides con que viene preparado para hacer el mal, y espantosa la crueldad que ejerce contra los hijos de Dios. Pero el profeta muestra que todo esto no impedirá que el Señor destruya y derribe este reino. Es cierto, en efecto, que este pasaje no se refiere a Satanás mismo, sino a sus agentes o instrumentos, por medio de los cuales gobierna su reino y molesta a la Iglesia de Dios. Ahora bien, aunque este reino está defendido con innumerables artificios astutos y es asombrosamente poderoso, el Señor lo destruirá.

Para convencernos de ello, el profeta le opone la espada del Señor, dura, grande y fuerte, con la cual matará fácilmente a un enemigo que es a la vez fuerte y astuto. Debe, pues, observarse que tenemos que vérnoslas continuamente con Satanás como con una bestia salvaje, y que el mundo es el mar en que navegamos. Nos rodean diversas fieras que procuran volcar nuestra nave y hundirnos hasta el fondo; y no tenemos medio alguno de defendernos y resistirlas si el Señor no nos ayuda. Así, con esta descripción el profeta quiso describir la grandeza del peligro que nos amenaza de parte de enemigos tan poderosos y tan llenos de furia y de artimañas. Pronto seríamos reducidos al último extremo y quedaríamos arruinados por completo, si Dios no se les opusiera y los enfrentara con su poder invencible; porque solo por su espada puede ser destruido este pernicioso reino de Satanás.

Pero debemos observar lo que dice al comienzo del versículo: En aquel día. Significa que a Satanás se le permite, por algún tiempo, fortalecer y defender su reino, pero que al fin será destruido; como declara también Pablo: «El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies» (Ro 16:20). Con esta promesa muestra que el tiempo de la guerra aún no ha terminado y que debemos luchar con valor hasta que sea sometido ese enemigo que, aunque ha sido vencido cien veces, no cesa de renovar la guerra. Debemos, por tanto, luchar con él continuamente y resistir los violentos ataques que nos lanza; pero, para no desanimarnos, hemos de tener puestos los ojos en aquel día en que su brazo fuerte será quebrantado.

Sobre leviatán, serpiente penetrante, y sobre leviatán, serpiente tortuosa. Los epítetos aplicados a «leviatán» describen, por una parte, sus engaños y artimañas y, por otra, su violencia abierta; pero indican al mismo tiempo que está dotado de un poder invencible. Puesto que בריח (bārīăch) significa una barra de hierro, esa palabra denota metafóricamente el poder de penetrar, ya por las mordeduras venenosas, ya por la violencia abierta. El segundo nombre, עקלתון (gnăkāllāthōn), se deriva del verbo עקל (gnākăl), torcer; y de ahí se aplica a los pliegues retorcidos y tortuosos.

Isaías 27:2

2. Cantad a la viña de rojo. Muestra ahora que todo esto servirá para la salvación de la Iglesia; porque el Señor cuida de los intereses de su pueblo, al cual ha tomado bajo su custodia y protección. Para que la Iglesia sea restaurada, por tanto, Satanás y todo su reino serán destruidos por completo. El objeto de toda la venganza que Dios toma sobre sus enemigos es mostrar que cuida de la Iglesia; y aunque en este pasaje el profeta no nombra a la Iglesia, muestra con suficiente claridad que a ella dirige esta felicitación.

Esta figura transmite el sentido aún con más fuerza que si hubiera hablado expresamente del pueblo de Israel; porque, como toda la excelencia de una viña depende en parte del suelo en que está plantada y en parte del cultivo diligente, si la Iglesia de Dios es una viña, concluimos que su excelencia se debe únicamente al favor inmerecido de Dios y a la continuación ininterrumpida de su bondad. La misma metáfora expresa también el asombroso amor de Dios hacia la Iglesia, del cual hablamos extensamente en el capítulo quinto.

La llama viña de rojo, es decir, excelentísima; porque en la Escritura, si comparamos diversos pasajes, el «vino rojo» denota excelencia. Dice que este cántico podrá entonces cantarse en la Iglesia, y predice que, aunque entre tanto será reducida a una ruina espantosa y quedará desolada y yerma, después será restaurada de tal modo que dará fruto en abundancia, y esto proporcionará abundante materia para cantar.

Isaías 27:3

3. Yo Jehová la guardo. Aquí el Señor afirma su cuidado y diligencia en cultivar y guardar la viña, como si dijera que no dejó sin hacer nada de lo que corresponde al deber de un padre de familia previsor y trabajador. No solo testifica lo que hará cuando llegue el tiempo de la alegría y de la felicitación, sino que refiere los beneficios que los judíos ya habían recibido, para que aumente su esperanza en lo futuro. Con todo, debemos suplir un contraste implícito con el período intermedio, durante el cual Dios parecía haber abandonado todo cuidado de ella, de modo que en ese tiempo se diferenciaba poco de un desierto. Esta es, pues, la razón por la cual la viña del Señor fue saqueada y asolada: porque el Señor la abandonó y la entregó como presa al enemigo. De ahí concluimos que nuestra condición quedará arruinada tan pronto como el Señor se aparte de nosotros; y si él nos ayuda, todo irá bien.

La regaré a cada momento. Menciona luego dos muestras de su diligencia: que «la regará a cada momento» y que la defenderá de los ataques de ladrones, del ganado y de otras molestias. Estas son las dos cosas que principalmente se requieren para conservar una viña: cultivo y protección. Bajo la palabra regar incluye todo lo necesario para el cultivo, y promete que no descuidará nada de lo que pueda llevarlo adelante. Pero debe añadirse también la protección; porque de nada sirve haber cultivado una viña con enorme trabajo si irrumpen ladrones y ganado y la destruyen. El Señor, por tanto, promete que otorgará protección y no permitirá que sufra daño, para que los frutos maduren bien y se recojan a su debido tiempo. Aunque la viña sufra muchos ataques, y aunque los enemigos y las fieras la asalten con gran violencia, Dios declara que intervendrá para conservarla ilesa y libre de todo peligro. Además, puesto que señala un día fijo para cantar este cántico, recordemos que, si en algún momento deja de ayudarnos, no debemos abandonar por completo la esperanza; y, por tanto, si permite que por un tiempo seamos hostigados y saqueados, al fin mostrará que no ha abandonado todo cuidado de nosotros.

Isaías 27:4

4. No hay enojo en mí. Este versículo contiene un excelente consuelo; porque expresa el increíble calor del amor que el Señor tiene hacia su pueblo, aunque sea de índole malvada y rebelde. Dios asume, como veremos, el carácter de un padre gravemente ofendido que, aunque se ofende con su hijo, se compadece aún más de él y se inclina naturalmente a ejercer misericordia, porque el calor de su amor se eleva por encima de su ira. En suma, muestra que no puede aborrecer a sus elegidos de tal modo que no les tenga bondad paternal, aun cuando los visita con castigos muy severos.

La Escritura nos presenta a Dios de diversas maneras. A veces lo muestra ardiendo de indignación y con un aspecto terrible, y a veces sin mostrar sino mansedumbre y misericordia; y la razón de esta diversidad es que no todos somos capaces de gozar de su bondad. Así, se ve obligado a mostrarse perverso con los perversos y santo con los santos, como lo describe David (Sal 18:25). Se muestra a nosotros tal como se lo permitimos, porque con nuestra rebeldía lo llevamos a la severidad.

Pero aquí el profeta no habla de todos indistintamente, sino solo de la Iglesia, cuyas transgresiones corrige y cuyas iniquidades castiga de tal manera que no abandona el afecto de un padre. Esta afirmación debe, por tanto, limitarse a la Iglesia, para denotar la relación entre Dios y su pueblo escogido, ante el cual no puede manifestarse de otro modo que como Padre, mientras arde de ira contra los reprobados. Vemos así cuán grande es el consuelo que aquí se da; porque si sabemos que Dios nos ha llamado, podemos concluir con razón que no está airado contra nosotros y que, habiéndonos abrazado con un afecto firme y duradero, es imposible que jamás nos prive de él. Es cierto, en efecto, que en aquel tiempo Dios aborrecía a muchas personas de aquella nación; pero, con respecto a su adopción, declara que los amaba. Ahora bien, cuanto más bondadosa y tiernamente los amaba Dios, tanto más inexcusables eran quienes provocaban su ira con su maldad. Esta circunstancia tiene sin duda por objeto agravar su culpa: que su maldad lo obliga, en cierta medida, a cambiar de disposición hacia ellos; pues, habiendo hablado antes de su mansedumbre, de repente exclama:

«¿Quién me pondrá en batalla frente a zarzas y espinos?», o, como algunos lo traducen: «¿Quién me pondrá como zarza y espino?». Pero tampoco estaría mal leer: «¿Quién traerá contra mí una zarza, para que yo la encuentre como espino?», porque entre esas dos palabras no hay conjunción copulativa. Con todo, me atengo de buen grado a la primera opinión: que Dios quiere vérselas con cardos o espinos, que pronto consumirá con el fuego de su ira. Si alguien prefiere verlo como una reprensión de las dudas que a menudo surgen en nosotros a causa de la incredulidad, cuando pensamos que Dios está inflamado de ira contra nosotros, como si dijera: «Os equivocáis al compararme con la zarza y el espino», es decir, «me atribuís un carácter duro y cruel», que disfrute de su opinión, aunque yo pienso que es distinta de lo que el profeta quiere decir.

Otros piensan que Dios asume el carácter de un hombre que se provoca a sí mismo a la ira; como si dijera: «No quiero ser ya tan indulgente ni ejercer la paciencia que antes he mostrado»; pero esto es tan forzado que no necesita una larga refutación. Es verdad que, siendo Dios manso y misericordioso por naturaleza, y no habiendo nada más ajeno a él que la dureza o la crueldad, puede decirse que toma prestada una naturaleza que no le pertenece. Pero la interpretación que he dado bastará por sí misma para refutar las otras, a saber, que Dios se queja amargamente de que le sería tan fácil combatir con espinos como con su viña, pues al considerar que es su heredad se ve obligado a perdonarla.

Marcharé contra ellos como enemigo, y los consumiré del todo. Estas palabras confirman mi exposición anterior; porque el quemar se refiere a «zarzas y espinos», y declara que, si tuviera que vérselas con ellos, los quemaría a todos, pero que obra con más suavidad porque es su viña. De ahí concluimos que, si Dios no está airado contra nosotros, esto no debe atribuirse a ningún mérito de los hombres, sino a su elección, que es de gracia gratuita. Con estas palabras, מי יתנני (mi yittĕnēnī), «¿Quién me dará?», muestra claramente que tiene justa causa para contender con nosotros, y hasta para destruirnos como enemigo, si no lo detuviera la compasión hacia su Iglesia; pues seríamos como espinos y zarzas, y como los impíos, si el Señor no nos separara de ellos, para que no perezcamos juntamente con ellos. Si la frase במלחמה (bămmilhāmāh), en batalla, que hemos traducido «como enemigo», se une a la pregunta «¿Quién me pondrá?», no cuadrará mal con el sentido.

Isaías 27:5

5. ¿Tomará ella mi fortaleza? אוֹ (ō) es con frecuencia una conjunción disyuntiva, y por eso este pasaje se explica como si la partícula se hubiera usado dos veces: «O bien que tome mi fortaleza, o bien que haga paz conmigo»; es decir: «Si no entra en gracia conmigo, sentirá mi fortaleza para gran pérdida suya». Otros lo explican algo distinto: «¿Quién se aferrará a mi fortaleza?», esto es: «¿Quién me detendrá?». Pero paso por alto esta interpretación, porque la considero demasiado rebuscada. Vuelvo a la que es más comúnmente recibida.

Se supone que Dios amenaza a los judíos para probar todos los caminos y métodos por los cuales puedan ser devueltos al buen sendero; porque Dios se ve en la necesidad de apremiarnos de diversas maneras, ya que estamos acostumbrados a abusar de su paciencia y bondad. Por eso amenaza con frecuencia castigarnos por nuestra ingratitud, como parece hacerlo Isaías en este pasaje: «Si no quieren aprovechar mi bondad y arrepentirse, para volver a mi gracia, sentirán mi fortaleza, que hasta ahora he refrenado». Quizá podría sacarse de aquí otro sentido igualmente apropiado, como si Dios exhortara a su pueblo a reconocer su poder, que los lleva a buscar la reconciliación; pues ¿de dónde viene esa indiferencia brutal que nos hace mirar sin alarma la ira de Dios, sino de que no pensamos en su poder con la debida reverencia?

Pero prefiero entenderlo como una pregunta, como también en otros pasajes tiene con frecuencia este sentido. «¿Tomará él mi fortaleza para entrar en paz conmigo?». Como si un padre, angustiado y perplejo por su hijo, gimiera y se lamentara: «¿No se dejará este bribón recibir beneficio? Porque no sé cómo debo tratarlo; no soporta la severidad y abusa de mi bondad. ¿Qué haré? Lo desterraré hasta que se arrepienta, y entonces sentirá cuán grande es ese poder paternal con que hasta ahora lo he conservado. Ya que no me permite ejercer paciencia, debe ser tratado con el máximo rigor de la ley. ¿No percibirá entonces cuán grande es mi poder, para que entre en gracia conmigo?». Lo entenderemos mejor si consideramos que la fuente de todas nuestras angustias es que no nos conmueve el sentido de la bondad divina; pues si tomáramos en cuenta la grandeza de los beneficios que hemos recibido de Dios, pronto seríamos apartados de nuestras iniquidades y transgresiones y desearíamos volver a su gracia.

Vemos aquí qué cuidado de nuestra salvación manifiesta nuestro Padre celestial, que desea que nos aferremos a su poder y bondad, para que sepamos cuán grande es y participemos de ella más y más abundantemente; pues querría tratar con nosotros en los mismos términos familiares que con sus hijos, si no se lo impidiéramos con nuestra maldad. Puesto que, por tanto, somos incapaces de gozar de su ternura paternal, debe desplegar su fuerza y majestad, para que, atemorizados por ella y movidos por la anticipación del juicio, le supliquemos humildemente e imploremos sinceramente paz y perdón. Ahora bien, esto se hace cuando nos convertimos de veras a él; porque, mientras nos complacemos a nosotros mismos y halagamos nuestros vicios, no podemos sino desagradarle; y, por otra parte, si entramos en paz con él, debemos hacer guerra contra Satanás y el pecado.

Cuán ardientemente desea Dios reconciliarse con nosotros se ve todavía más claro en la repetición de las palabras. Podría haber dicho, en una sola palabra, que es misericordioso y está dispuesto a conceder perdón; y por eso, cuando repite dos veces las palabras que haga paz conmigo, declara que de buena gana y con el mayor empeño se apresura a borrar todas nuestras ofensas.

Isaías 27:6

6. En los días venideros echará Jacob raíces. Da ahora una prueba efectiva de aquel amor del cual hablaba antes. Para entenderla mejor, debemos considerar la condición de aquel pueblo antiguo; porque era heredad de Dios, no por sus propios méritos, sino por la bendición de la adopción. El Señor habría podido con justicia ofenderse con aquella nación hasta el punto de destruirla por completo y borrar su nombre; pero se abstuvo de ejercer tal severidad, porque tenía que tratar con su viña y su heredad. No pretendía otra cosa sino que el pueblo reconociera su culpa y volviera a su gracia; y por eso añadió esta promesa a la declaración anterior, para que el pueblo, herido de excesivo terror ante aquel poder que muestra los juicios de Dios, sus castigos y sus azotes, no se desanimara; pues la contemplación del juicio de Dios podría arrojarnos a la desesperación, si no albergáramos alguna esperanza de ser restaurados. Por eso dice:

Jacob echará raíces de nuevo. «Aunque reduciré a mi Iglesia y la dejaré en un número muy pequeño, será restaurada a su antigua y floreciente condición, de modo que llene todo el mundo; porque, una vez reconciliada, irá creciendo más y más». Esta metáfora tomada de las raíces es sumamente elegante; porque por la ira del Señor somos como cortados, de modo que parecemos del todo muertos y aniquilados; pero por mucho que el Señor aflija a su Iglesia, nunca permite que las raíces mueran, sino que están ocultas por un tiempo y al fin dan su fruto.

Y la faz del mundo se llenará de fruto. Lo que dice ahora, que «el mundo se llenará del fruto» de esas raíces, se cumplió en la venida de Cristo, quien reunió y multiplicó al pueblo de Dios por el evangelio; e Israel fue unido con los gentiles en un solo cuerpo, de modo que fue quitada la distinción que antes existía entre ellos. (Ef 2:14.) Ahora bien, sabemos que el evangelio, y todo el fruto que de él brotó, procedió de los judíos. (Is 2:3; Jn 4:22.)

Isaías 27:7

7. ¿Lo ha herido? Confirma la declaración anterior y muestra que, aun en los castigos, hay pruebas ciertas y manifiestas de la bondad y misericordia de Dios; porque, mientras el Señor castiga a su pueblo, modera la severidad de tal modo que siempre deja algún lugar para la compasión. Hay diversas maneras de explicar este versículo. Algunos lo interpretan así: «¿Herí yo a Israel como lo hirieron sus enemigos? Los asirios no lo perdonaron en absoluto: obraron con él con la mayor crueldad. Pero yo puse freno a mi ira y no herí como si quisiera destruirlo; y así di abundante prueba de que no soy su enemigo». Pero prefiero otra interpretación comúnmente recibida, que nos lleva a entender que aquí se declara una diferencia entre los creyentes y los reprobados; porque Dios castiga a ambos indistintamente, pero no de la misma manera. Cuando se venga de los reprobados, da rienda suelta a su ira, porque no tiene otro objeto a la vista que destruirlos; pues son «vasos de ira, preparados para destrucción» (Ro 9:22) y no tienen experiencia de la bondad de Dios. Pero cuando castiga a los piadosos, refrena su ira y tiene otro objeto totalmente diferente a la vista; pues quiere devolverlos al buen camino y atraerlos a sí, para que se provea a su felicidad futura.

Pero puede preguntarse: ¿Por qué el profeta emplea un modo indirecto de expresarse y dice: «según la herida del que lo hirió»? Respondo que lo hizo porque el Señor a menudo emplea la acción de hombres impíos para castigarnos, con el fin de abatirnos y humillarnos más. Con frecuencia es una tentación muy dolorosa para nosotros cuando el Señor permite que seamos oprimidos por la tiranía de hombres impíos; porque dudamos si es porque él los favorece a ellos, o porque nos priva de su ayuda, como si nos aborreciera. Para salir al paso de esta duda, dice que, en efecto, permite que los impíos afligan a su pueblo y ejerzan su crueldad sobre él por un tiempo, pero que al fin los castigará por su maldad más duramente de lo que ellos castigaron a los piadosos. Con todo, si alguien prefiere adoptar la interpretación anterior, a saber, que el Señor no tratará con nosotros como con enemigos, no tengo objeción. De ahí nace también aquel dicho de que «es mejor caer en manos de Dios que en manos de los hombres»; porque el Señor nunca puede olvidar su pacto, de que tratará a su Iglesia de manera benigna y paternal. (2 S 24:14; 1 Cr 21:13.)

Isaías 27:8

8. Con medida. Esta es la segunda prueba de la compasión divina hacia todos los elegidos, a quienes castiga con este fin, para que no perezcan; y, mitigando los castigos que les inflige, tiene tal consideración de su debilidad que nunca permite que sean oprimidos más allá de la medida. En cuanto a la palabra בסאסאה (bĕsăssĕāh), con medida, todos los intérpretes concuerdan en que denota moderación; porque de otro modo no podríamos soportar la mano del Señor y seríamos abrumados por ella; pero él la contiene, y «es fiel», como dice Pablo,

«que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir» (1 Co 10:13).

Así también Jeremías ruega al Señor que lo «castigue con juicio», es decir, con moderación, acomodando los azotes a su debilidad. (Jer 10:24.)

Cuando ella echa sus renuevos, בשלחה (bĕshāllĕchāch). Los intérpretes no están de acuerdo en cuanto al sentido de esta palabra. Algunos piensan que significa «empeñándolos en guerras internas unos con otros», y otros, «que Dios castigará sus pecados con esa espada que ellos mismos han desenvainado y puesto en su mano». Pero como no puedo aprobar ninguna de estas interpretaciones, las paso por alto. Apruebo más a quienes la interpretan «en sus brotes», es decir, en las plantas; de modo que signifique que, al infligir el castigo, el Señor ataca no solo sus circunstancias externas, sino también sus personas. Sabemos que los castigos del Señor son diversos. Los más leves y moderados son aquellos con que nos quita solo los bienes externos, que se llaman «bienes de fortuna». Así, pues, Dios castiga a los creyentes de tal manera que no solo aflige sus personas, sino que les quita lo necesario para el sustento de la vida, como el trigo, el vino, el aceite y otras cosas de esta clase que produce la tierra; porque שלח (shālăch) significa «brotar» y «producir».

Pero tengo otra exposición que se acerca más al sentido del profeta: que al brotar Dios contiende con la Iglesia, porque, aunque corta las ramas e incluso el tronco, su ira no se extiende a las raíces, de modo que impida al árbol volver a brotar; pues siempre queda algún vigor en las raíces, que nunca permite que mueran. Y esto concuerda con lo anterior, cuando prometió (v. 6) que Israel daría «fruto». Esto explica lo que antes dijo, con medida: a saber, que no arrancará la raíz; porque el Señor corta lo que aparece por fuera, como las ramas y las hojas, pero defiende la raíz y la conserva a salvo. Pero, por otra parte, arranca de raíz a los reprobados y los corta de tal manera que nunca puedan levantarse de nuevo.

Aun cuando sople con su viento recio. Algunos traducen: «sopló con su viento», pero pienso que el sentido queda más claro diciendo: «aunque sople». Continúa la metáfora con que había aludido a las hierbas y a las plantas, que un viento violento hace secar, pero solo en apariencia; porque la raíz siempre está a salvo. Así, aunque el Señor ataque a los creyentes con gran violencia y les quite toda su hermosura y gracia, de modo que parezcan completamente muertos, suele conservar en ellos algún vigor interior.

En el día del viento solano. Cuando el profeta habló del «día del viento solano», tenía los ojos puestos en la situación de Judea, a la cual, según aprendemos de otros pasajes, aquel viento oriental era dañino. Sabemos que cada país tiene su propio viento que le es perjudicial; pues en unos países el viento del norte, en otros el del sur y en otros el del oriente o equinoccial, causa gran daño, tumbando el trigo, abrasando o echando a perder todos los frutos, marchitando los árboles y dejando apenas algo ileso en los campos. Se supone que por «el viento solano» en este pasaje se entiende «el viento equinoccial», que en muchos países es muy destructor.

Isaías 27:9

9. Por tanto, de esta manera será expiada la iniquidad de Jacob. Después de haber hablado del castigo del pueblo, empieza a declarar más claramente que el Señor promueve los intereses de su pueblo por medio de estos castigos, de modo que obtienen provecho de ellos. Lo había mencionado antes, pero ahora lo explica más ampliamente: que todos los castigos que Dios inflige tenderán a lavar los pecados de su pueblo, para que así sean reconciliados con Dios.

Surge una pregunta: ¿Son expiados nuestros pecados por los azotes con que Dios nos castiga? Porque si así fuera, se seguiría que debemos satisfacer a Dios por nuestros pecados, como enseñan los papistas. Estas dos cosas están estrechamente unidas. Si Dios nos castiga por nuestros pecados para expiarlos, cuando no se infligen castigos tendrán que entrar en su lugar las satisfacciones. Pero esta dificultad se resolverá fácilmente si consideramos que aquí el profeta no trata la cuestión de si merecemos el perdón de los pecados por nuestras obras, ni de si los castigos que Dios nos inflige pueden considerarse como reparación de ellos. Muestra simplemente que los castigos son los remedios con que Dios cura nuestras enfermedades, porque solemos abusar de su bondad y paciencia. Dios debe, por tanto, llevarnos al reconocimiento de nuestros pecados y a la paciencia; y así los castigos que inflige como correcciones de nuestros pecados son remedios, porque puede decirse que nuestros deseos son consumidos por ellos como por el fuego, con el cual también la Escritura los compara con frecuencia. (Sal 66:10; 89:46.) De ningún modo pueden dar satisfacción, pero los hombres son preparados por ellos para el arrepentimiento. Muestra, pues, que los piadosos no tienen motivo para clamar contra los castigos de Dios, y que deben reconocer, al contrario, que así se promueve su salvación, porque de otro modo no reconocerían la gracia de Dios. Si alguien quiere una respuesta breve, podemos darla en una sola palabra: que los castigos expían nuestras ofensas indirectamente, pero no directamente, porque nos llevan al arrepentimiento, el cual, a su vez, nos hace obtener el perdón de los pecados.

Y este es todo el fruto, el quitar su pecado. Algunos lo traducen en genitivo: «el fruto del quitar su pecado»; pero prefiero leerlo en nominativo. כל (chōl), todo, significa con frecuencia «grande y abundante»; y por eso denota el fruto copioso que seguirá a los castigos. En una palabra, quiere recomendarnos los castigos de Dios por su utilidad, para que los piadosos los soporten con calma y moderación, cuando sepan que por medio de ellos son purificados y preparados para la salvación. E inmediatamente después el profeta explica su sentido con más claridad al hablar de la abolición de las supersticiones. Mientras el pueblo de Israel gozó de prosperidad, no pensó en el arrepentimiento; porque es natural a los hombres que la prosperidad los vuelva insolentes y los endurezca más y más. Muestra, pues, cómo, al castigar a su pueblo, Dios quita también su pecado, porque, habiéndose entregado antes a la maldad y habiendo llegado más lejos en el pecar a causa de su bondad y paciencia, ahora sabrán que fueron castigados con justicia y cambiarán de vida y de conducta.

Cuando haga todas las piedras del altar. Aquí Isaías, por una figura retórica, presenta una sola clase para explicar el todo por la parte, y describe en términos generales la remoción de la idolatría y de las supersticiones; porque no habla del altar consagrado a Dios, sino del que habían erigido a sus ídolos. Así, cuando sus piedras sean quebradas y los ídolos derribados y destruidos, de modo que no se vea rastro alguno de superstición, será quitada al mismo tiempo la iniquidad del pueblo.

De aquí debe notarse, en primer lugar, que no debemos esperar perdón del Señor si no nos arrepentimos también de nuestros pecados; porque quien se halaga a sí mismo debe ser objeto de la ira de Dios, a quien no cesa de provocar, y nuestra iniquidad se quita únicamente cuando nos mueve un verdadero sentimiento de arrepentimiento. En segundo lugar, debe observarse que, aunque el arrepentimiento es un sentimiento interior del corazón, da sus frutos ante los hombres. En vano profesamos que tememos a Dios, si no damos prueba de ello con obras exteriores; porque la raíz no puede separarse de sus frutos. En tercer lugar, debe inferirse que aquí se menciona principalmente la idolatría, porque es la fuente de todos los males. Mientras se mantienen el culto puro de Dios y la verdadera religión, hay también lugar para los deberes de bondad fraternal, que fluyen necesariamente de ellos; pero cuando abandonamos a Dios, él permite también que caigamos en toda clase de vicios. Y esta es la razón por la cual, bajo el nombre de idolatría, incluye también otros actos de maldad. Además, vemos que condena no solo las estatuas e imágenes, sino todo lo que había sido inventado por los judíos contra el mandato de la ley; y de ahí se sigue que rechaza toda clase de falso culto.

Para que no se levanten más los bosques ni las imágenes. Al añadir esto, muestra cuánto aborrece Dios la idolatría, cuyo recuerdo quiere que sea borrado por completo, de modo que ni siquiera se vea ya rastro de ella. Pero el profeta quiso expresar algo más, a saber, que nuestro arrepentimiento debe ser tal que perseveremos en él con firmeza; porque no diremos que es verdadero arrepentimiento si alguien, por un impulso repentino del ánimo, derriba las supersticiones y después poco a poco deja que vuelvan a brotar y a retoñar; como vemos que sucede con muchos que al principio arden con alguna apariencia de celo y después se enfrían. Pero aquí el profeta describe una firmeza tal que quienes una vez han dejado su inmundicia y contaminación conservan su pureza hasta el fin.

Isaías 27:10

10. Sin embargo, la ciudad fortificada quedará desierta. Aquí se supone generalmente que la conjunción copulativa ו (vau) significa porque, y algunos la toman por de otro modo. Habrá así una doble interpretación; porque si la traducimos porque, el profeta dará una razón de lo anterior, pero esa exposición es rechazada por el contexto y es del todo absurda. Con mayor verosimilitud se toma por de otro modo; porque esta amenaza podría introducirse apropiadamente así: «Si no os arrepentís, veis lo que os espera: la ciudad fortificada será como un desierto». Pero considero que esa exposición se aparta del sentido natural, y por eso prefiero tomarla como sin embargo o con todo.

El profeta quiere decir que Jerusalén y las demás ciudades de Judea «sin embargo» deben ser destruidas, y que, aunque el Señor quiere perdonar a su pueblo, les es imposible ser preservados. Los hombres piadosos se habrían desanimado al ver derribada aquella ciudad santa y demolido el templo; pero por estas predicciones aprendían que Dios tendría abundancia de medios para preservar a la Iglesia, y se sostenían con ese consuelo. Quiso, pues, el profeta salir al paso de esta tentación tan dolorosa; y de aquí aprendemos también que nunca debemos perder el ánimo, aunque soportemos toda clase de penalidades y aunque el Señor nos trate con la mayor severidad. Aunque esta amenaza se extiende a toda Judea, pienso que es probable que se refiera principalmente a Jerusalén, que era la metrópoli de la nación.

Allí pastará el becerro. Esta metáfora la emplean con frecuencia los profetas cuando hablan de la desolación de alguna ciudad; porque inmediatamente añaden que será lugar de pasto. Aquí debemos tener en cuenta el juicio de Dios, que pone becerros y bestias brutas en lugar de los judíos que habían profanado la tierra con sus crímenes. Habiendo sido adoptados por Dios como sus hijos, con razón debían haber obedecido a un Padre tan bondadoso; pero puesto que se habían sacudido el yugo y se habían entregado a la maldad, fue justa paga de su ingratitud que la tierra fuera poseída por mejores habitantes, tomados no del género humano, sino de las bestias brutas.

Y consumirá sus ramas (o: copas). Lo que dice de las «copas» tiende a mostrar con más fuerza la desolación; como si hubiera dicho que habrá tal abundancia de hierba que los becerros solo mordisquearán las partes tiernas. סעף (sāīph) significa también rama; pero como las ramas se elevan naturalmente en alto, lo tomo aquí por cima o copa. Podría pensarse también que hay una alusión a la hermosura de la ciudad, y que así como antes sus casas eran altas y magníficas, cuando estas hayan sido derribadas no se verá en ella sino hierbas y hojas, cuyas «copas» comerán con desdén los becerros que gozan de abundante pasto.

Isaías 27:11

11. Cuando se sequen sus ramas (o: su mies). Algunos piensan que el profeta tiene a la vista la metáfora de la viña, que empleó al comienzo del capítulo, y por eso traducen קציר (kātzīr) ramas. La palabra es ciertamente ambigua; pero como קציר (kātzīr) significa también mies, y la metáfora de la mies es más apropiada, prefiero tomarla en ese sentido. Y no la traduzco: «Cuando la mies esté seca», sino: «Cuando la mies se seque». En este pasaje secarse no significa otra cosa que acercarse a la madurez. Antes de que la mies de la tierra esté madura, será segada; como si hubiera dicho: «El Señor te quitará el producto que creías ya preparado para ti y en tu mano».

Vendrán mujeres y les prenderán fuego. Cuando dice que «vendrán mujeres», quiere decir que Dios no necesitará soldados robustos para ejecutar su juicio y que solo se valdrá de la acción de mujeres. Esto presenta bajo una luz aún más fuerte lo ignominioso del castigo, pues amenaza con que la calamidad vaya acompañada también de deshonra; porque es más vergonzoso y humillante ser saqueado por «mujeres», que no están acostumbradas a la guerra, que por hombres.

Porque no es pueblo de entendimiento. Al fin da la razón de una calamidad tan pesada. A primera vista podría parecer excesivamente duro que el Señor permita que el pueblo que había escogido sea miserablemente atormentado y esparcido, y que no le preste ayuda alguna; porque es incompatible con su bondad y con el amor paternal que les tiene. Pero el profeta muestra que Dios tenía buenas razones para castigar a los judíos con tal severidad; porque carecían de conocimiento y de sano «entendimiento».

Y no sin razón declara que la ignorancia fue la fuente de todos los males; porque, siendo «el temor de Jehová el principio de la sabiduría» (Pr 1:7; Sal 111:10), quienes desprecian a Dios y obedecen a las pasiones perversas de su carne son con justicia condenados por el Espíritu de Dios como ciegos y locos. Y sin embargo tal ignorancia no nos excusa en absoluto ni disminuye la culpa de nuestra maldad; porque los que pecan son conscientes de su pecado, aunque estén cegados por su concupiscencia. La maldad y la ignorancia están, pues, estrechamente unidas, pero la unión es de tal naturaleza que la ignorancia procede de la disposición pecaminosa del ánimo. De ahí que «ignorancia», o «ignorancias», sea el nombre general que los escritores hebreos dan a toda clase de pecado, y de ahí también aquel dicho de Moisés:

«¡Ojalá fueran sabios, y comprendieran esto!» (Dt 32:29).

Cualquiera lo percibirá fácilmente si considera cuán grande es el poder de las malas pasiones para perturbarnos; porque cuando hemos sido privados de la luz de la doctrina y carecemos de entendimiento, el diablo nos empuja como a la locura, de modo que no tememos el brazo de Dios ni tenemos respeto por su santa palabra.

Por tanto, su Hacedor no tendrá de él misericordia. Para aumentar todavía más su terror, les quita al fin toda esperanza de perdón; porque aunque se preservó un remanente, la ira de Dios no cesó por ello de enfurecerse contra la multitud en general. El profeta llama aquí a Dios Hacedor y Creador de Israel, no de la misma manera en que es llamado Creador del cielo y de la tierra (Gn 1:1), sino en cuanto ha formado a su Iglesia por el Espíritu de regeneración. De igual modo declara también Pablo que en ese sentido somos αὐτοῦ ποίημα, hechura suya (Ef 2:10), como ya hemos expuesto al comentar otro pasaje. (Is 19:25.) Isaías hizo esta declaración para mostrar con más fuerza la ingratitud del pueblo y cuán justamente merecen ser castigados, puesto que, después de haber sido formados y preservados por Dios, lo trataron con deshonra y desprecio.

Isaías 27:12

12. Y sin embargo acontecerá en aquel día. Suaviza la dureza de la declaración anterior; porque era un juicio terrible de Dios que el pueblo fuera privado de toda esperanza de misericordia y favor. La partícula ו (vau) debe, por tanto, explicarse como en el versículo 10: «Con todo, o y sin embargo, acontecerá en aquel día».

Que Jehová trillará. El profeta habla metafóricamente; porque compara la reunión de la Iglesia con la «trilla» del trigo, por la cual el grano se separa de la paja. El sentido de la metáfora es que el pueblo había sido tan completamente abrumado por aquel cautiverio que parecía no ser otra cosa que grano oculto o esparcido aquí y allá bajo la paja. Era necesario que el Señor «trillara», como con un aventador, lo que estaba oculto en la masa confusa; de modo que esta reunión fue con razón comparada a una «trilla».

Desde el cauce del río hasta el torrente de Egipto. Con esto quiere decir el Éufrates y el Nilo; porque el pueblo fue desterrado en parte a Caldea o Asiria y en parte a Egipto. Muchos huyeron a Egipto, mientras que otros fueron llevados cautivos a Babilonia. Predice, por tanto, que el Señor reunirá a su pueblo no solo de Caldea y de toda Mesopotamia, sino también de Egipto.

Y vosotros seréis reunidos uno a uno. לאחד אחד (lĕăhăd ĕhād), que hemos traducido «uno a uno», es traducido por otros «cada uno de cada lugar»; pero esta exposición es excesivamente forzada, y la que he expuesto me parece más sencilla. Con todo, las palabras admiten dos sentidos: o bien «os reuniré en un solo cuerpo», o bien «os reuniré, no en compañías ni en grandes números, sino uno tras otro», como suele suceder cuando se reúne a hombres que habían andado errantes y dispersos; porque no se congregan todos de repente, sino que se van acercando unos a otros poco a poco. Los judíos estaban esparcidos y dispersos de tal manera que no podían fácilmente ser reunidos y formar un solo cuerpo; y por eso muestra que esta dispersión no les impedirá ser restaurados a una condición floreciente. Esto se cumplió después; porque los judíos fueron reunidos y devueltos, no por una multitud de jinetes o de carros, ni por fuerzas humanas, ni por espadas ni armas, como declara Oseas, sino únicamente por el poder de Dios. (Os 1:7.)

Isaías 27:13

13. Acontecerá también en aquel día. Esta es la explicación del versículo anterior. Habla metafóricamente y muestra que tan grande será el poder de Dios que hará volver fácilmente a su pueblo. Así como los reyes reúnen grandes ejércitos al son de la trompeta, muestra que al Señor le será fácil reunir a su pueblo, en el cual la profecía no tenía menos eficacia que la trompeta con que se convoca a los soldados.

Y vendrán los que perecían. Los llama los que perecían porque estaban miserablemente esparcidos y parecían hallarse muy cerca de la destrucción, sin esperanza alguna de ser restaurados. Los enemigos, mientras duró su monarquía, nunca habrían permitido que sus cautivos volvieran, ni los habían llevado al destierro en un país lejano con otro propósito que el de ir arrojando poco a poco al olvido el nombre de Israel.

Y los que habían sido esparcidos en la tierra de Egipto. Lo que añade sobre Egipto contiene un testimonio más notable de perdón: que los que huyeron a Egipto, aunque no merecían este favor, serán reunidos. Habían ofendido a Dios en dos aspectos, como Jeremías lo muestra claramente: primero, porque fueron obstinados y rebeldes; y segundo, porque rehusaron obedecer la revelación (Jer 28:10, 11); pues debían haberse sometido al yugo de los babilonios en vez de huir a Egipto contra el mandato de Dios.

Y adorarán a Jehová en el monte santo. Al fin describe el resultado de su liberación: que los judíos, vueltos del cautiverio a su país, puedan adorar de nuevo a Dios su libertador de manera pura y legítima. Por el monte entiende el templo y los sacrificios. Esto se cumplió, en efecto, bajo Darío, pero el profeta sin duda quiso extender más esta profecía; porque aquella restauración fue una especie de oscura prefiguración de la liberación que obtuvieron por medio de Cristo, a cuya venida se oyó el sonido de la trompeta espiritual, es decir, del evangelio, no solo en Asiria o en Egipto, sino en las partes más distantes del mundo. Entonces fue reunido el pueblo de Dios, para afluir al monte de Sión, esto es, a la Iglesia. Sabemos que los profetas emplean con frecuencia este modo de expresarse cuando quieren denotar el verdadero culto de Dios y la armonía en la religión y en la piedad; porque se acomodaban a los usos del pueblo para ser mejor entendidos. Sabemos también que el evangelio salió de Sión; pero sobre este asunto hemos hablado extensamente en el capítulo segundo.

CAPÍTULO 28

Isaías 28:1-29

1. ¡Ay de la corona de soberbia, de los borrachos de Efraín, cuya hermosa gloria es una flor marchita, que están sobre la cabeza de los valles fértiles de los vencidos por el vino!

1. Væ coronæ superbiæ temulentorum Ephraim; quia decor gloriæ ejus erit flos deciduus, quæ est super caput vallis pinguium, oppresorum a vino.

2. He aquí que el Señor tiene uno fuerte y poderoso, que como tempestad de granizo y torbellino destructor, como impetuosa inundación de aguas poderosas, derribará a tierra con la mano.

2. Ecce durus et fortis Domino, sicut inundatio grandinis, turbo subvertens; sicut impetus aquarum vehementium inundantium, dejiciens in manu ad terram.

3. Con los pies será pisoteada la corona de soberbia, los borrachos de Efraín:

3. Pedibus conculabitur corona superbiæ temultorum Ephraim.

4. Y la hermosa gloria que está sobre la cabeza del valle fértil será una flor marchita, y como la fruta temprana antes del verano; que, cuando el que la mira la ve, aún en su mano se la come.

4. Et erit flos deciduus decor gloriæ ejus, quæ est super caput vallis pinguium, quasi fructus præcox ante æstivos, quem qui viderit, aspiciens eum dum adhuc in manu est, devorat.

5. En aquel día el Señor de los ejércitos será corona de gloria y diadema de hermosura para el remanente de su pueblo,

5. In illa die Iehova exercituum in corona gloriæ, et diadema decoris reliquiis populi sui,

6. y espíritu de juicio al que se sienta en juicio, y fortaleza a los que rechazan la batalla en la puerta.

6. Et in spiritum judicii sedenti super tribunal, et in fortitudinem propulsantibus prœlium ad portam.

7. Pero también estos erraron por el vino, y por la sidra están fuera de camino: el sacerdote y el profeta erraron por la sidra, fueron absorbidos por el vino, están fuera de camino por la sidra; erraron en la visión, tropezaron en el juicio.

7. At isti quoque præ vino errarunt, præ sicera hallucinati sunt. Sacerdos et propheta errarunt præ sicera, absorpti sunt a vino; hallucinati sunt præ sicera, errarunt in visione, impegerunt in judicio.

8. Porque todas las mesas están llenas de vómito y suciedad, de modo que no hay lugar limpio.

8. Quoniam omnes mensæ plenæ sunt vomitu stercoreo, ut locus non vacet.

9. ¿A quién enseñará conocimiento? ¿Y a quién hará entender doctrina? ¿A los destetados de la leche, a los arrancados de los pechos?

9. Quem docebit scientiam, et quem intelliegere faciet doctrinam? Abductos a lacte, abstractos ab uberibus?

10. Porque mandamiento sobre mandamiento, mandamiento sobre mandamiento; línea sobre línea, línea sobre línea; un poquito allí, otro poquito allá.

10. Quoniam præceptum ad præceptum, præceptum ad præceptum; instructio ad instructionem, instructio ad instructionem; paululum ibi, paululum ibi.

11. Porque con labios tartamudos y con lengua extraña hablará a este pueblo.

11. Quoniam balbis labiis et lingua exotica loquetur ad populum istum.

12. A los cuales dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; pero no quisieron oír.

12. Quoniam illis dixit, Hæc est requies; requiescere facite lassum, et hoc refrigerium; et noluerunt audire.

13. Pero la palabra del Señor les fue mandamiento sobre mandamiento, mandamiento sobre mandamiento; línea sobre línea, línea sobre línea; un poquito allí, otro poquito allá; para que vayan, y caigan de espaldas, y sean quebrantados, y enlazados, y apresados.

13. Erit igitur illis verbum Iehovæ regula ad regulam, regula ad regulam; instructio ad instructonem, instructio ad instructionem; paululum ibi, paululum ibi; propterea ibunt, et corruent retrorsum, conterentur, irretientur et capientur.

14. Por tanto, oíd la palabra del Señor, hombres burladores, que gobernáis a este pueblo que está en Jerusalén.

14. Propterea audite verbum Iehovæ, viri illusores, qui dominamini populo huic, qui est in Ierusalem.

15. Porque habéis dicho: Hemos hecho pacto con la muerte, y con el infierno hemos hecho acuerdo; cuando pase el azote desbordante, no llegará a nosotros: porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y bajo la falsedad nos hemos escondido.

15. Quia dixitis, Percussimus fœdus cum morte, et cum inferno fecimus pactum; flagellum inundans cum transierit, non veniet ad nos; quia posuimus mendacium refugium nostrum, et sub vanitate sumus absconditi.

16. Por tanto, así dice el Señor Jehová: He aquí que yo pongo en Sión por fundamento una piedra, una piedra probada, angular, preciosa, de cimiento seguro: el que creyere no se apresurará.

16. Quare sic dicit Donminus Iehova: Ecce ego ponam in Sion lapidem, lapidem probationis, angulum pretiosum, fundamentum solidum. Qui credit non festinabit.

17. Y ajustaré el juicio a cordel, y la justicia a nivel; y el granizo barrerá el refugio de la mentira, y las aguas inundarán el escondrijo.

17. Et ponam judicium ad regulam, et justitiam ad mensuram (vel, trutinam.) Everret grando fiduciam mendacii, et latibulum aquæ inundabunt.

18. Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro acuerdo con el infierno no será firme; cuando pase el azote desbordante, seréis por él pisoteados.

18. Et abolebitur pactum cum morte; visio vestra cum inferno non stabit, flagellum inundans cum transierit, tunc eritis ei in conculcationem.

19. Desde que salga, os arrebatará; porque cada mañana pasará, de día y de noche; y será solo espanto el hacer entender el rumor.

19. Ex quo transierit, rapiet vos utique mane quotidie, transibit interdiu et noctu. Et erit ut terror (vel commotio) duntaxat intelligere faciat auditum.

20. Porque la cama es más corta de lo que se necesita para estirarse en ella, y la cubierta más angosta de lo que se necesita para envolverse en ella.

20. Quoniam contractus est lectus, ut non sufficiat; angusta erit stragula colligendo.

21. Porque el Señor se levantará como en el monte Perazim, se enojará como en el valle de Gabaón, para hacer su obra, su extraña obra; y para ejecutar su acto, su extraño acto.

21. Quoniam sicut in monte Perazim stabit Iehova, et sicut in valle Gibeon, irascetur (vel, tumultuabitur) ad faciendum opus suum, alienum opus suum; ad designandum facinus suum, alienum facinus suum.

22. Ahora, pues, no seáis burladores, para que no se aprieten vuestras ataduras; porque de parte del Señor Dios de los ejércitos he oído una consumación, y ya determinada, sobre toda la tierra.

22. Nunc itaque ne sitis illusores; ne forte constringantur vincula vestra. Quoniam consumptionem et finitionem audivi a Domino Iehova exercituum super universam terram.

23. Estad atentos, y oíd mi voz; escuchad, y oíd mi discurso.

23. Auscultate, et audite vocem meam; advertite et audite sermonem meum.

24. ¿Acaso ara el labrador todo el día para sembrar? ¿Abre y quebranta los terrones de su tierra?

24. An quotidie arat arator, ut seminet? aperit et confringit glebas agri sui?

25. Cuando ha igualado su superficie, ¿no derrama la neguilla, esparce el comino, y echa el trigo en hileras, la cebada en su lugar señalado, y la avena en su borde?

25. Annon cum æquaverit faciem ejus, tunc sparget viciam, seret cyminum, et ponet triticum in mensura, hordeum demensum, et speltam suo modo?

26. Porque su Dios le instruye en el juicio recto, y le enseña.

26. Docet eum rectitudinem Deus suus, et instituit eum.

27. Porque la neguilla no se trilla con trillo de dientes, ni sobre el comino se hace girar la rueda de carreta; sino que con un palo se sacude la neguilla, y el comino con una vara.

27. Certe non triturabitur vicia tabula dentata, nec rota plaustri super cyminum circumferetur; quia baculo excutitur vicia, et cyminum virga.

28. El trigo para pan se machaca; pero no lo trillará para siempre, ni hará crujir sobre él la rueda de su carreta, ni lo quebrantará con sus caballos.

28. Triticum licet trituretur, non in perpetuum triturat ipsum, nec rotam plaustri sui perpetuo strepere facit, ne dentibus suis conterat ipsum.

29. También esto salió del Señor de los ejércitos, que es maravilloso en consejo y grande en sabiduría (o: excelente en su obra).

29. Etiam hoc ab Iehova exercituum egressum est, qui mirificus est, consilio et magnificus opere.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.