Comentarios bíblicos · Juan Calvino
Isaías 45: comentario de Juan Calvino
Isaías 45:1
1.* Así dice Jehová. *Prosigue el asunto que había comenzado a tratar. Muestra que no en vano prometió liberación a su pueblo, puesto que el modo de ella estaba enteramente decretado y dispuesto por él; pues cuando se trata de nuestra salvación, siempre indagamos el camino y la manera. Aunque Dios con frecuencia elige mantenernos en suspenso y así nos oculta el método que tiene a mano, en este caso condesciende con la debilidad de su pueblo y explica el modo en que los librará.
*A Ciro, su ungido. *Nombra a la persona por cuya mano los hará volver; pues, como su fe sería duramente probada por otras tentaciones, quiso en este punto prevenir la duda, para que la dificultad del acontecimiento no los sacudiera. Y para dar mayor eficacia a este discurso, se dirige al mismo Ciro: «Te he escogido para que seas rey para mí; tomaré tu mano y sujetaré las naciones a tu autoridad, de modo que te abran paso y se rindan voluntariamente». Estas palabras tienen mayor efecto que si el Señor hablara a su pueblo.
Podría parecer extraño, sin embargo, que llame a Ciro su Ungido; pues esta es la designación que se daba a los reyes de Israel y de Judá, porque representaban la persona de Cristo, que solo, hablando en propiedad, es «el Ungido del Señor». «Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido», dice Habacuc (Hab 3:13). En la persona de David se había levantado un reino que profesaba ser imagen y figura de Cristo; y de ahí que también los profetas en muchos pasajes lo llamen «David» y «el hijo de David» (Ez 37:24, 25). Era, en efecto, una unción especial, destinada a distinguir aquel reino sacerdotal de todos los reinos paganos. Puesto que, por tanto, este título no pertenecía sino a los reyes de Judea, podría parecer extraño que aquí se conceda a un rey pagano y adorador de ídolos; pues aunque fue instruido por Daniel, no leemos que cambiara de religión. Es verdad que miraba con reverencia al Dios de Israel y lo consideraba el Altísimo; pero no era movido por un sincero afecto del corazón a adorarlo, y no avanzó hasta abandonar las supersticiones e idolatrías.
Así Dios se digna llamarlo su «Ungido», no por un título perpetuo, sino porque desempeñó por un tiempo el oficio de Redentor; pues vengó a la Iglesia de Dios y la libró de los asirios, que eran sus enemigos. Este oficio pertenece propiamente a Cristo; y esta denominación ordinaria de los reyes debe limitarse a esta circunstancia: que devolvió al pueblo de Dios el disfrute de la libertad. Esto debe llevarnos a observar cuánto valora Dios la salvación de la Iglesia, porque, por este solo beneficio, Ciro, un hombre pagano, es llamado «el Mesías» o «el Ungido».
*Cuya diestra he tomado. *Con este modo de expresión quiere decir que Ciro prosperará en todas sus empresas, pues hará la guerra bajo la dirección de Dios; y por eso Isaías declara que, por amor a la Iglesia, para librarla, Dios le concederá prosperidad en todo; mientras que de nuevo encomia la providencia de Dios, para que los judíos crean plenamente, en medio de cambios y turbulencias, que Dios en las alturas gobierna todas las cosas de tal manera que promueve el bien de sus elegidos. Ahora bien, puesto que no le era fácil a Ciro penetrar hasta Babilonia, porque toda Asia se había coligado para frustrar sus designios, el profeta testifica que Dios disolverá toda la fuerza que los hombres puedan traer contra él.
*Desataré los lomos de los reyes. *Como toda la fuerza reside en los riñones, los escritores hebreos usan la expresión «abrir» o «desatar los lomos» para indicar «ser privado de fuerza». Podríamos entenderlo también algo distinto, a saber, que el Señor «desnudará» o «desatará sus lomos», según la manera acostumbrada de la Escritura, por la cual se dice que los reyes son desceñidos del cinto, es decir, de la insignia de la realeza, cuando son privados de autoridad. Job (Job 12:18) emplea este modo de expresión, e Isaías lo empleará después: «Yo te ceñiré» (v. 5). Por eso adopto más fácilmente este sentido, para que la fuerza del contraste sea más evidente. Esto muestra claramente que los reyes tienen tanta fuerza y poder como el Señor les concede para la conservación de cada nación; pues cuando determina traspasar su autoridad a otros, no pueden defender su condición con armas ni espadas.
*Para abrir delante de él las puertas. *Con esta expresión quiere decir que ninguna fortaleza puede resistir a Dios, lo cual en efecto todos reconocen, pero no dejan por eso de poner necias confianzas en baluartes y fortalezas; pues donde las ciudades están bien rodeadas de murallas y las puertas están cerradas, los hombres piensan que allí están seguros. Por el contrario, el profeta muestra que todas las defensas son inútiles y que de nada sirve bloquear todas las entradas cuando el Señor quiere abrir camino a los enemigos. Aunque es cierto que las puertas estaban cerradas y firmemente aseguradas, como Ciro se abrió paso tan velozmente como si todas las ciudades hubieran estado abiertas, el profeta afirma con justicia que nada se le cerrará.
Isaías 45:2-3
2. y 3.* Yo iré delante de ti. Estos dos versículos no contienen nada nuevo; pero, en general, muestra que Ciro obtendrá una victoria fácil y rápida, porque tendrá al Señor por guía de su expedición. Por eso promete que todos los caminos *torcidos serán enderezados, porque Dios quitará todo obstáculo. Ahora bien, puesto que el dinero es el nervio de la guerra, y Ciro venía de las áridas y pobres montañas de Persia, Jehová dice que los tesoros antes ocultos y escondidos vendrán a manos de Ciro, de modo que, cargado de rico botín, tendrá bastante para sufragar cualquier gasto; pues por los tesoros de las tinieblas se refiere a los que yacían ocultos y como enterrados en lugares de defensa seguros y profundos. Por la historia está abundantemente claro que todas estas cosas ocurrieron; pues al tomar a Creso, rey de Lidia, que era entonces el más rico de todos los hombres, obtuvo grandes sumas de dinero. Nadie habría esperado que ganara victorias con tanta facilidad; y ahora se añade la razón de tan grande éxito: que el Señor lo llamó y lo dirigió para dar en él una ilustre demostración de su poder; pues añade:
*Para que sepas que yo soy Jehová. *Es verdad que Ciro, como dijimos antes, aunque reconoció que el Dios de Israel es el verdadero Dios y se llenó de admiración, no se convirtió sin embargo a él y nunca abrazó su culto puro conforme a la norma de la Ley. Fue, por tanto, un conocimiento especial, es decir, en cuanto ayudó a la Iglesia, para cuya liberación fue designado; y por eso era necesario que estuviera bajo la influencia de este conocimiento, para poder ejecutar esta obra de Dios. Así, no habla de aquel conocimiento por el cual somos iluminados, ni del Espíritu de regeneración, sino de un conocimiento especial, como el que pueden poseer hombres desprovistos de religión.
*Que te llamo por tu nombre. *Algunos comentaristas han dado a este modo de expresión una interpretación trivial: que «antes que Ciro naciera, Dios lo llamó y lo describió por su nombre». Pero hemos visto en un pasaje anterior (Is 43:1) que el profeta, al usar la misma forma de expresión, quería decir algo distinto; pues se dice que Dios «llama por nombre» a quienes ha escogido y a quienes designa para realizar alguna obra particular, para que sean separados de la multitud. Esta palabra denota un trato más cercano y familiar. Así se dice que un pastor «llama por nombre a sus ovejas» (Jn 10:3), porque las conoce una por una. Esto se aplica, en efecto, en el grado sumo, a los creyentes, a quienes Dios cuenta como pertenecientes a su rebaño y al número de los ciudadanos de su Iglesia. Dios no concedió este favor a Ciro; pero como, al designarlo jefe de una liberación tan excelente, grabó en él señaladas marcas de su poder, con buena razón se le aplica el encomio de un excelente llamamiento.
*El Dios de Israel. *Esto debe observarse con cuidado; pues los hombres supersticiosos atribuyen a sus ídolos las victorias que han obtenido y, como dice Habacuc (Hab 1:16), «sacrifican cada uno a su dios»; y por eso divagan en sus pensamientos y conciben en su corazón cualquier deidad que se les antoja, cuando deberían reconocer que Jehová es el único y verdadero Dios. Lo que se dice de Ciro debe aplicarse mucho más a nosotros, para que no forjemos ningún conocimiento de Dios conforme a nuestra fantasía, sino que lo distingamos de los ídolos, de modo que lo abracemos solo a él y lo conozcamos solo en Cristo, fuera del cual no puede adorarse sino un ídolo, o incluso un diablo. En ese aspecto, pues, superemos a Ciro, a quien fue revelado el conocimiento de Dios, para que dejemos a un lado las supersticiones y todo culto falso y así lo adoremos de manera santa y recta.
Isaías 45:4
4.* Por amor de mi siervo Jacob. *Muestra con qué fin concedería tan feliz e ilustre éxito a este príncipe. Es para conservar a su pueblo; como si el Señor hubiera dicho: «Obtendrás ciertamente una victoria señalada, pero yo miraré a mi propio pueblo más que a ti; pues por amor a ellos sujeto a tu poder reyes y naciones». Con estas predicciones, en efecto, el Señor quiso animar el corazón de los creyentes, para que no desesperaran en medio de aquellas angustias; pero sin duda quiso también incitar a Ciro a reconocer que a aquella nación debía todo lo que lograría, para que estuviera más dispuesto a tratarla con toda benignidad.
*Y de Israel mi escogido. *En esta segunda cláusula hay una repetición que sirve para explicar todavía más aquella razón; y al mismo tiempo muestra en qué fundamento cuenta a los israelitas por «sus siervos». Es porque se dignó escogerlos por pura gracia; pues no está en poder de los hombres hacerse «siervos de Dios» ni obtener tan gran honor por sus propios esfuerzos. Esta cláusula se añade, pues, como antes, por vía de explicación. Pero con todo denota también el fin de la elección; pues, siendo por naturaleza esclavos de Satanás, somos llamados para que, restituidos a la libertad, sirvamos a Dios. Con todo, muestra que ningún hombre es digno de ese honor, como hemos dicho, sino aquel a quien Dios ha escogido; pues ¿quién se jactará de ser digno de tan alto honor, o qué podemos dar u ofrecer a Dios? Así, «no que seamos competentes por nosotros mismos, sino que el Señor nos ha hecho competentes», como dice Pablo (2 Co 3:5). El principio de nuestra salvación es, por tanto, la elección de Dios por pura gracia; y su fin es la obediencia que debemos rendirle.
Pero aunque esto se limita a la historia de Ciro, podemos sacar de ello una doctrina general. Cuando ocurren diversos cambios en el mundo, Dios asegura al mismo tiempo la salvación de su pueblo y, en medio de las tormentas, preserva admirablemente a su Iglesia. Somos, en efecto, ciegos y torpes respecto de las obras de Dios; pero debemos creer firmemente que, aun cuando todo parezca arrastrado al azar y zarandeado de un lado a otro, Dios nunca olvida a su Iglesia, cuya salvación, por el contrario, promueve por métodos ocultos, de modo que al fin se ve que es su guardián y defensor.
Josefo relata una narración memorable sobre Alejandro, quien, mientras sitiaba Tiro, envió embajadores a Jerusalén para exigir el tributo que los judíos pagaban a Darío. El sumo sacerdote Jadúa, que había jurado que pagaría ese tributo, no quiso sujetarse a Alejandro y se negó a pagarle el tributo. Alejandro se ofendió en gran manera y, hinchado de orgullo y de fiereza, determinó destruir Jerusalén y, después de haber vencido a Darío, marchó a Jerusalén con el propósito de entregarla a total destrucción. Jadúa salió a su encuentro, acompañado de otros sacerdotes y levitas, vestido con el traje sacerdotal; y Alejandro, tan pronto como lo vio, saltó del caballo y se arrojó como suplicante a sus pies. Todos se asombraron de una cosa tan extraña y tan incompatible con su natural carácter y pensaron que había perdido el juicio. Parmenión, que fue el único de todos los presentes que preguntó la razón, recibió por respuesta que no adoraba a este hombre, sino a Dios, de quien era siervo; y que, antes de salir de Dión, ciudad de Macedonia, un hombre de ese aspecto y de ese traje, que parecía tener la forma de Dios, se le presentó en sueños, lo animó a tomar Asia y prometió ser el jefe del ejército, de modo que no debía abrigar duda alguna de la victoria, y por eso no podía dejar de sentirse poderosamente conmovido al verlo. De este modo, pues, fue Jerusalén rescatada de las fauces de aquel salvaje salteador que no aspiraba a otra cosa que a fuego y derramamiento de sangre, y obtuvo incluso de él mayor libertad que antes, y también dones y privilegios.
He citado este ejemplo para mostrar que la Iglesia de Dios es preservada en medio de los peligros por métodos extraños e inusitados. Aquellos eran tiempos turbulentos y apenas había un rincón de la tierra en paz; pero, por encima de todos los demás países, podía decirse que Judea estaba destinada a la destrucción. Y he aquí que la Iglesia es rescatada de manera admirable e inusitada, mientras otras naciones son destruidas y casi todo el mundo ha cambiado de faz.
*Aunque no me conociste. *Estas palabras se añaden para dar mayor fuerza a la afirmación, no solo para que Ciro aprenda que esto no se le concede por ningún mérito suyo, sino para que no menosprecie al Dios de Israel, aunque no lo conoce. El Señor, en efecto, nos recuerda con frecuencia sobre este asunto que previene toda la diligencia que existe en los hombres, para abatir todo el orgullo de la carne. Pero hay otra razón en cuanto a Ciro; pues si hubiera pensado que el Señor concedía aquellas cosas por amor a él, habría desdeñado a los judíos y los habría tratado como despreciables esclavos. Por eso el Señor testifica que no sucede por mérito del propio Ciro, sino solo por amor al pueblo, al que ha determinado rescatar de manos de los enemigos. Además, nada era más probable que este hombre, en su ceguera, apropiara a sus ídolos lo que pertenecía al Dios verdadero; porque, hallándose enteramente bajo la influencia de perversas supersticiones, no habría cedido de buen grado el lugar a un Dios extraño y desconocido, si no hubiera sido instruido por esta predicción.
Isaías 45:5
5.* Yo soy Jehová. *Confirma lo dicho antes, y la repetición no es superflua; pues convenía que se le repitiera a menudo a Ciro que hay un solo Dios, por cuyas manos son gobernados todos los gobernantes y naciones, para que fuera apartado de todas las ilusiones y convertido al Dios de Israel. Además, se declara claramente que no debemos tratar de hallar la divinidad en ningún otro; como si dijera: «Guárdate de atribuir esta victoria a los ídolos o de formarte alguna idea confusa de un dios, como los hombres se imaginan; sabe que el Dios de Israel es el único autor de esta victoria». Aunque Ciro no aprovechó esta advertencia hasta el punto de abandonar sus ídolos y consagrarse al Dios verdadero, hizo sin embargo tan honda impresión en su corazón que reconoció que Jehová es Dios y posee la más alta autoridad. Al mismo tiempo, convenía que quienes eran miembros de la Iglesia abrazaran esta doctrina, para despreciar osadamente a todos los pretendidos dioses.
Yo te ceñiré. *Ese ceñir corresponde a la desnudez que mencionó antes (v. 1), cuando dijo que «abría» o «desceñía los lomos de los reyes»; pues se dice que «ciñe» a aquellos a quienes provee de fuerza y valor y hace victoriosos. De ahí debe inferirse que los hombres no tienen valor sino cuando el Señor les imparte su poder y fuerza, que ni las armas ni ninguna fuerza militar pueden nada si él no ayuda y, en una palabra, que él preside todas las guerras y da la victoria a quien le place, para que nadie piense que sucede por casualidad. Repite de nuevo: *Aunque no me conociste, para hacer todavía más cierto que estas cosas se conceden a Ciro por amor a la Iglesia, para que dé evidencia de que lo recuerda con gratitud y muestre benevolencia al pueblo de Dios en retorno de tan señalado favor.
Isaías 45:6
6.* Para que se sepa. *Quiere decir que este favor será tan notable que será reconocido y admirado por todas las naciones. Esto no se cumplió ciertamente de inmediato; pues, aunque la fama de aquella victoria se difundió a lo lejos y a lo ancho, pocos entendieron que el Dios de Israel era su autor; pero fue conocido de inmediato por los vecinos y comunicado de una nación a otra, hasta que su noticia se extendió por todo el mundo. No predice lo que sucederá de inmediato, sino lo que sucederá después, aunque estas cosas estuvieron mucho tiempo ocultas. Dios, pues, no permitió que se desvaneciera el recuerdo de este hecho, sino que determinó que se transmitiera en registros permanentes, para que fuera celebrado en todas las edades y por las naciones más distantes, hasta el fin del mundo. Debemos recordar, por tanto, lo que observé antes: que el profeta entreteje acontecimientos anteriores y posteriores, porque el regreso del pueblo era el preludio de una redención futura, y que así habla de una restauración perfecta de la Iglesia. Además, cuando sucede que las obras ilustres de Dios son sepultadas por la ingratitud y la malicia de los hombres, no deja de ser verdad que serán visibles a todo el mundo; pues resplandecen abierta y brillantemente, aunque los ciegos no las vean.
Isaías 45:7
7.* Que formo la luz. *Como si dijera que quienes antes solían atribuirlo todo a la fortuna o a los ídolos reconocerán al Dios verdadero, de modo que atribuyan solo a él el poder, el gobierno y la gloria de todas las cosas. No habla de un conocimiento perfecto, aunque esta inteligencia es requisito para alcanzarlo. Pero puesto que el profeta dice que será manifiesto aun a los paganos que todo es dirigido y gobernado por la voluntad de Dios, quienes llevan el nombre cristiano deberían avergonzarse cuando lo despojan de su poder y lo confieren a diversos gobernantes que han formado según su fantasía, como vemos que se hace en el papado; pues Dios no es reconocido cuando se le da un nombre desnudo y vacío, sino cuando le atribuimos plena autoridad.
Que hago la paz y creo el mal. *Con las palabras «luz» y «tinieblas» describe metafóricamente no solo la paz y la guerra, sino los acontecimientos adversos y prósperos de toda clase; y extiende la palabra paz, según la costumbre de los escritores hebreos, a todo éxito y prosperidad. Esto queda abundantemente claro por el contraste; pues contrapone la «paz» no solo a la guerra, sino a los acontecimientos adversos de toda suerte. Los fanáticos torturan esta palabra *mal, como si Dios fuera el autor del mal, es decir, del pecado; pero es muy evidente cuán ridículamente abusan de este pasaje del profeta. Esto queda suficientemente explicado por el contraste, cuyas partes deben concordar entre sí; pues contrapone la «paz» al «mal», es decir, a las aflicciones, las guerras y otros sucesos adversos. Si contrapusiera la «justicia» al «mal», habría alguna verosimilitud en sus razonamientos, pero esto es un manifiesto contraste de cosas opuestas entre sí. Por consiguiente, no debemos rechazar la distinción ordinaria: que Dios es el autor del «mal» del castigo, pero no del «mal» de la culpa.
Pero los sofistas se equivocan en su exposición; pues, mientras reconocen que el hambre, la esterilidad, la guerra, la peste y otros azotes vienen de Dios, niegan que Dios sea el autor de las calamidades cuando nos sobrevienen por obra de hombres. Esto es falso y enteramente contrario a la presente doctrina; pues el Señor levanta a hombres malvados para castigarnos por su mano, como es evidente por diversos pasajes de la Escritura (1 R 11:14, 23). El Señor no les inspira, ciertamente, la malicia, pero la usa para castigarnos y ejerce el oficio de juez, de la misma manera que se sirvió de la malicia de Faraón y de otros para castigar a su pueblo (Éx 1:11 y 2:23). Debemos, pues, sostener esta doctrina: que solo Dios es el autor de todos los acontecimientos; es decir, que los adversos y los prósperos son enviados por él, aunque se sirva de la acción de los hombres, para que nadie lo atribuya a la fortuna ni a ninguna otra causa.
Isaías 45:8
8.* Destilad, cielos, rocío desde arriba. *Algunos piensan que aquí se añade una forma de oración que los creyentes debían usar mientras esperaban la redención que aquí se describe; y conectan este versículo con el anterior de la siguiente manera: «El Señor no los librará tan pronto, pero con todo es su deber ocuparse diligentemente en la oración». Pero yo lo interpreto de otro modo. El profeta habla siempre en nombre de Dios, quien, en el ejercicio de su autoridad, llama al cielo y a la tierra a prestar sus servicios para la restauración de la Iglesia.
Este versículo es muy a propósito para confirmar a los piadosos en la esperanza de la redención futura; pues el pueblo, dondequiera que miraba, no veía sino desesperación. Si volvía los ojos al cielo, allí contemplaba la ira de Dios; si a la tierra, también allí se veían aflicciones y castigos; y por eso nada se veía que los llevara a abrigar una esperanza favorable. Por eso el profeta los confirma y manda al cielo y a la tierra, que no ofrecían sino amenazas y terrores, que produzcan salvación y «justicia». Esto es más enfático que si prometiera que será, cuando todos los elementos, que están dispuestos a obedecer a Dios, reciben órdenes sobre lo que él quiere que hagan. Y así la corriente del discurso fluirá de manera continua, mientras que de otro modo se cortará bruscamente, si entendemos este pasaje como una oración.
*Y las nubes destilen la justicia. *Esta forma de expresión se emplea con frecuencia en la Escritura; por ejemplo:
«Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia» (Sal 72:3).
Y de nuevo: «La piedad y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos», donde David describe el reino de Cristo y su prosperidad y muestra que en él «la justicia, la paz, la misericordia y la verdad estarán unidas» (Sal 85:10, 11). Este pasaje trata del mismo asunto. Hay una alusión al alimento ordinario de los hombres, que subsisten del pan y de otros productos del suelo; pues su vida necesita tales auxilios. Ahora bien, para que la tierra produzca frutos, debe recibir su vigor del cielo y sacar agua de las nubes, para hacerse fértil y producir entonces hierbas y frutos tanto para los hombres como para los animales.
Con la palabra justicia no quiere decir sino la fidelidad con que el Señor defiende y conserva a su pueblo. Así el Señor «destila desde el cielo la justicia», es decir, un orden bien establecido, del cual la salvación es el fruto; pues habla de la liberación del pueblo de Babilonia, en la cual el Señor muestra que será su protector. Pero, aunque entendamos el sentido natural del profeta, debemos descender al reino de Cristo, al que estas palabras sin duda tienen un sentido espiritual; pues Dios no limita estas promesas a unos pocos años, sino que continúa sus favores hasta la venida de Cristo, en quien todas estas cosas se cumplieron abundantemente. No cabe duda, pues, de que celebra también aquella justicia y salvación eternas que nos trae Cristo; pero debemos observar primero aquella interpretación sencilla sobre el regreso del cautiverio de Babilonia.
Isaías 45:9-10
9. y 10.* ¡Ay del que contiende con su Hacedor! *Este pasaje se explica de diversas maneras. Algunos piensan que se refiere al rey Belsasar, quien, como es evidente por Daniel, desafió con altivez a Dios cuando profanó los vasos del Templo (Dn 5:3). Pero esa es una exposición demasiado forzada. La segunda podría parecer más probable: que el Señor concede a sus hijos mucho más de lo que un hombre concedería a sus hijos o un artesano a su obra; pues suponen que se hace una comparación de esta clase. «Si el hijo se levanta contra el padre y disputa con él, no será escuchado. El padre preferirá conservar su poder y con razón refrenará a su hijo; y del mismo modo si el barro se levanta contra el alfarero. Pero el Señor permite que se le hagan preguntas y ofrece benignamente satisfacer al pueblo; es más, les manda que le pregunten». Y así unen los versículos 10 y 11 y piensan que la paciencia de Dios se manifiesta al tratarnos con mayor benignidad y condescender a mayor familiaridad que la que los hombres suelen mostrar hacia sus hijos.
La última exposición es, en efecto, más plausible, pero ambas están en desacuerdo con el sentido del profeta; y por eso me parece más sencillo entender que el profeta refrena las quejas de los hombres que en la adversidad murmuran y contienden con Dios. Esta era una advertencia oportuna, para que los judíos, llevando la cruz con paciencia y calma, recibieran el consuelo que se les ofrecía; pues siempre que Dios nos mantiene en suspenso, la carne nos incita a murmurar: «¿Por qué no hace más pronto lo que se propone hacer? ¿De qué le sirve torturarnos con su demora?». El profeta, pues, para castigar esta insolencia, dice: «¿Disputa el tiesto con el alfarero? ¿Disputan los hijos con sus padres? ¿No tiene Dios derecho a tratarnos como le parezca? ¿Qué nos queda sino soportar con paciencia los castigos que nos inflige? Debemos, por tanto, permitir que Dios haga lo que le pertenece y no quitar nada de su poder y autoridad». Considero que הוי, (hoi,) ¡Ay! es una interjección que expresa reprensión y castigo.
*El tiesto con los tiestos. *Es decir, como decimos en lenguaje común, *(Que chacun se prenne a son pareil,) *«Que cada cual pleitee con su semejante», «Contiendan los tiestos con los tiestos de la tierra». Cuando envía a los hombres a sus semejantes, reprende su temeridad y presunción, al no considerar que es imposible sostener una disputa con Dios sin que lleve a la destrucción; como si dijera: «¿Con quién piensan que tienen que habérselas? Sepan que no pueden contender con Dios y que al fin tendrán que ceder. Y si, olvidando su fragilidad, atacan el cielo a la manera de los gigantes, sentirán al fin que hicieron mal en guerrear contra su Hacedor, que puede sin dificultad romper en pedazos, y aun reducir a polvo, los vasos que ha hecho».
Algunos interpretan חשים (charasim) como «artífices» o «alfareros» y suponen que el sentido es: «¿Se levantará el tiesto contra el alfarero?». Pero esos intérpretes cambian el punto y leen ש (schin) en lugar de ש (sin). Reconozco que tal diversidad y cambio puede ocurrir fácilmente, pero prefiero seguir la lectura ordinaria y adoptar este sentido sencillo: «¿Dirá el barro a su hacedor? A un alfarero se le permite hacer cualquier vasija de la forma que quiera, a un padre se le permite mandar a sus hijos; ¿no admitirán que Dios posee un derecho más alto?». Así reprende a quienes en la adversidad se quejan ante Dios y no pueden soportar pacientemente las aflicciones.
Debemos, por tanto, escuchar la advertencia que da Pedro cuando nos manda aprender a someternos a Dios y a «humillarnos bajo la poderosa mano de Dios» (1 P 5:6), de modo que cedamos a su autoridad y no contendamos con él si a veces nos prueba con diversas aflicciones; porque debemos reconocer su justo derecho de gobernarnos según su voluntad. Si hemos de llegar a debatir, él tendrá argumentos tan fuertes y decisivos que nos obligarán, convictos, a quedar mudos. Y cuando refrena la insolencia de los hombres, no es porque carezca de argumentos, sino porque es justo y propio que cedamos y nos rindamos a ser gobernados totalmente según su voluntad; pero al mismo tiempo reclama con justicia este derecho: que sus propias criaturas no lo llamen a rendir cuentas. ¿Qué puede haber más detestable que no aprobar sus juicios si no agradan a los hombres?
Pablo usa la misma metáfora, pero sobre un asunto más elevado; pues argumenta acerca de la predestinación eterna de Dios y reprende los necios pensamientos de los hombres que debaten con Dios por qué escoge a unos y reprueba y condena a otros. Muestra que debemos conceder a Dios, por lo menos, tanto poder como concedemos a un alfarero o artesano; y por eso exclama:
«Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?» (Ro 9:20).
«¿Quién es tan osado que se atreva a oponerse a Dios y a entrar en debate con él?». Así concuerda perfectamente con el profeta, aunque usa esta metáfora sobre un asunto distinto y más intrincado; pues ambos afirman que Dios tiene pleno poder sobre los hombres, de modo que se dejen regir y gobernar por él y soporten con paciencia todos los acontecimientos adversos. Hay solo esta diferencia: que Isaías razona sobre el curso de la vida presente, pero Pablo asciende a la vida celeste y eterna.
*Tu obra no tiene manos. *El profeta habla en lenguaje ordinario, como decimos que alguien «da la última mano» cuando una cosa se completa, y que «faltan manos» cuando una obra está desordenada, confusa o imperfecta. Así, siempre que los hombres murmuran contra Dios por no acceder a sus deseos, lo acusan o de pereza o de ignorancia.
Isaías 45:11
11. *Así dice Jehová. *Ya he dicho que no estoy de acuerdo con quienes conectan este versículo con el anterior, como si Dios, abandonando su justo derecho, diera permiso a los judíos para hacer preguntas más de lo que se permite entre los hombres. Hay otro sentido no muy diferente: que los israelitas son desdichados porque no conocen ni quieren conocer la voluntad del Señor; que no buscan ni siquiera aceptan consuelo; y, en suma, que el profundo dolor que los oprime proviene de la culpa del pueblo, es decir, de que no preguntan a la boca del Señor. Si adoptamos esta exposición, debemos concluir que este pasaje trata de una clase distinta de indagación; pues así como es ilícito meternos en los decretos secretos de Dios, él condesciende bondadosamente a dar a conocer a su pueblo, en cuanto es necesario, lo que se propone hacer; y, cuando abre su sagrada boca, nos manda con justicia que le abramos los oídos y oigamos atentamente todo lo que declara. Ahora bien, también sabemos por experiencia lo que Isaías echa en cara al pueblo antiguo.
Pero es más razonable considerar esta afirmación como dependiente de la anterior, de modo que sea una aplicación de la metáfora en este sentido: «A un hijo no se le permitirá entrar en disputa con su padre, ni se permitirá al barro contender con su alfarero; ¡cuánto más intolerable es esta libertad que se toman los hombres cuando prescriben a Dios de qué manera debe tratar a sus hijos!». Pues de otro modo esta sentencia estaría rota e imperfecta, mientras que aquellas dos cláusulas concuerdan hermosamente entre sí. «El alfarero hará del barro cualquier forma según su voluntad, el hijo de un hombre mortal no se atreverá a reconvenir a su padre; ¿y me negarán a mí, que soy el Padre supremo y Hacedor de todas las cosas, tener igual poder sobre mis hijos y mis criaturas?». Si se prefiere el primer sentido, el profeta echa en cara a los hombres su pereza, al no dignarse hacer preguntas a Dios y aprender de su boca aquellas cosas que se referían a su consuelo; pues por las profecías podían haber aprendido que Dios cuidaba de ellos y podían haber conocido el fin de sus angustias. Y en verdad no hay mejor remedio en la adversidad que preguntar a la boca de Dios, para no fijar nuestros ojos en el estado presente de las cosas, sino abrazar de corazón aquella salvación futura que el Señor promete.
«Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, y aumentará su gracia en nosotros» (1 Co 10:13).
Mandadme a mí. *Esto no debe entenderse como denotando autoridad; pues no nos corresponde «mandar» a Dios ni apremiarlo fuera de sazón; y a nadie le será posible aprovechar la palabra de Dios si no trae un corazón humilde. Pero Dios se presenta a nosotros para que le pidamos lo que nos importa saber; como si dijera: «Ordénenme; estoy dispuesto a revelarles aquellas cosas que más importa que sepan, para que saquen de ellas consuelo». Pero como ese sería un modo de expresión antinatural, considero más sencilla la queja que he expuesto: que a Dios se le roba el derecho de padre si no conserva el gobierno absoluto y sin trabas de su Iglesia. Así, en la cláusula *Preguntadme de las cosas por venir, la palabra preguntar se toma en mal sentido, cuando los hombres, olvidando la modestia, no vacilan en citar a Dios ante su tribunal y en exigir razón de cuanto ha hecho. Esto es todavía más evidente por la palabra mandad; como si dijera: «¡Les corresponderá a ustedes, claro, prescribir qué forma debo dar a mi obra!».
En una palabra, el designio del profeta es exhortar a los hombres a la moderación y la paciencia; pues, tan pronto como comienzan a disputar con él, procuran arrastrarlo de su trono celestial. Ahora bien, no se dirige solo a los judíos, pues necesitaba refrenar las blasfemias que ya entonces corrían entre los infieles. Es como si Dios, queriendo mantener su derecho, refutara así las calumnias del mundo entero: «¿Hasta dónde llevará su insolencia sus excesos, que no me permitirán ser el amo en mi propio taller ni gobernar a mi familia como me parezca?».
Isaías 45:12
12. *Yo hice la tierra. *Parece meramente sostener el poder de Dios, como había hecho antes; de modo que hay un contraste indirecto entre Dios y los ídolos que adoran los supersticiosos. Los hombres necios piden consejo a los ídolos, como si el mundo fuera gobernado a su gusto. Por el contrario, Dios nos llama a sí cuando dice que él
«hizo la tierra y puso sobre ella al hombre, y que sus manos extendieron los cielos» (Gn 1:1, 6, 26).
Pero será más apropiado, en mi opinión, aplicar todo este discurso a la naturaleza del asunto presente. «¿Puede haber algo más necio que el que los hombres mantengan su propio rango y con altivez interroguen y traten como criminal a Dios, cuya majestad está por encima de los cielos?». Así censura indirectamente la locura de los hombres, que no se escrupulizan de exaltarse sobre los mismos cielos. Pero al mismo tiempo les recuerda que, si ha de llegarse a un examen estricto, a Dios no le faltarán argumentos para defender su causa; pues si gobierna todo el mundo, sin duda tiene un cuidado particular de su propio pueblo y no se despreocupa como de extraños, hasta permitir que los miembros de su familia anden dispersos y errantes. Así, pues, entiendo este versículo. «¿Habré yo, cuya vasta e inconcebible sabiduría y poder resplandecen brillantemente en el cielo y en la tierra, no solo de estar atado por leyes humanas, sino de ser rebajado por debajo de la suerte común de los hombres? Y si hay dudas sobre mi justicia, ¿no habré yo, que rijo y gobierno todas las cosas con mi mano, de cuidar de aquellos a quienes he adoptado en mi familia? ¿No velaré por su salvación?».
Es, pues, un argumento de lo menor a lo mayor, y este sentido concuerda con la Escritura. Sabemos que hemos sido adoptados por Dios de tal manera que, recibidos bajo su protección, somos guardados por su mano; y nadie puede dañarnos sino con su permiso. Si «un pajarillo», como nos dice Cristo, «no cae a tierra sin su permiso» (Mt 10:29), ¿seremos nosotros, a quienes estima más que a los pajarillos, expuestos por él al azar a la rabia y crueldad de los enemigos? Y por eso, puesto que Dios sostiene a todas las criaturas por su providencia, no puede desatender a la Iglesia, a la que prefiere al mundo entero. Debemos, pues, acogernos a esta providencia, aun en los asuntos más desesperados, y no ceder a ninguna de las tentaciones con que Satanás nos ataca de diversas maneras.
Isaías 45:13
13. *Yo lo desperté. *Continúa ahora el asunto en que había entrado al comienzo del capítulo; pues, habiendo emprendido consolar su aflicción, que era sumamente aguda y severa, Isaías ofrece la esperanza de liberación y les tiende la mano, para que esperen una redención absolutamente cierta. Aunque piensen que están perdidos, el Señor los protegerá contra la destrucción. Por qué se entremezcló la reprensión que hemos visto puede deducirse fácilmente del propio suceso; pues si Isaías no hubiera hecho bruscamente esta digresión, los judíos, en su vehemente impaciencia, habrían sido arrastrados a la desesperación.
*En justicia. *Esto significa «justa y verdaderamente» y debe entenderse en sentido relativo; pues asigna la razón por la que Dios determinó levantar a Ciro, es decir, porque es un fiel guardián de su Iglesia y no defrauda a quienes lo adoran. Algunos lo explican «con justicia», es decir, para castigar a los babilonios; y otros, «para que reine con justicia»; pero el profeta no quiso decir nada de esta clase. En las Escrituras, sin embargo, la «justicia» significa a menudo fidelidad (Sal 5:8; 22:31), porque el Señor manifiesta su «justicia» cumpliendo sus promesas y defendiendo a sus siervos. La «justicia» de Dios resplandece brillantemente al dar muestra de una rectitud elevada y perfecta salvando a su pueblo; pues, aunque no hay obra de Dios en la que no esté grabada una marca de justicia, se ve una prueba mucho más clara y notable en la salvación de la Iglesia. El sentido es, pues, que «levantó» a Ciro para manifestar su «justicia» en aquel a quien ha designado para guiar y conducir en el regreso de su pueblo.
*Él edificará mi ciudad. *Se refiere a Jerusalén, a la que llama «su ciudad» porque quiso que allí se conservara el recuerdo de su nombre y porque la había consagrado de manera peculiar a sí mismo. De igual modo el mismo Dios había declarado:
«En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré» (Éx 20:24).
Ahora bien, no había otra ciudad que hubiera designado para sacrificios y votos y para invocar su nombre; y por eso también se la llama (Sal 46:4, 5) «la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo; Dios está en medio de ella»; y en otro lugar se dice: «Este es para siempre el lugar de mi reposo» (Sal 132:14). Ciro no edificó esta ciudad con su propia mano, pero por edictos reales prohibió que alguien estorbara su reedificación y proveyó también al pueblo de víveres y dinero (2 Cr 36:23; Esd 1:2; 6:3).
Y soltará mi cautividad, no por precio, *es decir, «de balde». Esto era inusitado; pues si un conquistador suelta a cautivos, o se exige un precio o se les imponen duras condiciones; pero Ciro no hizo nada de eso. De ahí se sigue que esta liberación se realizó por voluntad de Dios y no por voluntad de hombre. La palabra «cautividad» se usa aquí como nombre *colectivo, que denota «cautivos».
Isaías 45:14
14.* Así dice Jehová. *Habla todavía de la restauración que se efectuó después bajo la conducción de Ciro; pero debemos tener presente lo que observamos antes: que aquellas promesas deben extenderse más lejos; pues incluye todo el tiempo que siguió, hasta la venida de Cristo. Quien considere y pese debidamente el estilo ordinario de este profeta no hallará en sus palabras nada extravagante y no tendrá su lenguaje por exagerado.
*El trabajo de Egipto, las mercaderías de Etiopía. *El profeta alude a los gastos que Ciro aportó para edificar y adornar el templo (Esd 6:8). Entonces se cumplió lo que dice: que «el trabajo de Egipto» y «las mercaderías de Etiopía» llegaron a los judíos; pues «Egipto y Etiopía» eran tributarios y súbditos del rey de Persia. De aquellos tributos fue reedificado el templo de Jerusalén. Pero así como aquella restauración era solo el preludio de la que fue cumplida por Cristo, así también el homenaje que las naciones extranjeras rindieron al pueblo de Dios fue solo el comienzo de aquel homenaje que diversas naciones rindieron a la Iglesia de Dios después que Cristo fue revelado al mundo.
Ahora bien, bajo el nombre de «Egipto, Etiopía y los sabeos», que florecían en aquel tiempo, incluye también a las demás naciones. Es como si dijera: «Ahora los oprime la tiranía de naciones extranjeras, pero algún día llegará el tiempo en que estarán sujetas a ustedes». Esto no se cumplió de inmediato, sino solo en el tiempo en que Cristo, con su venida, sometió sus corazones duros como pedernal y hasta entonces indómitos, de modo que se sometieron mansamente al yugo que se les puso. Pero el Señor redimió a su pueblo de Babilonia para conservar alguna Iglesia hasta la venida de Cristo, a cuya autoridad habían de estar sujetas todas las naciones; y por eso no debemos extrañarnos de que el profeta, al hablar del regreso del pueblo, dirija su discurso al mismo tiempo al fin y designio de Dios y haga de ello una sola redención.
*Pasarán con grillos. *Cuando dice que los israelitas serán victoriosos sobre todas las naciones, esto depende de la relación mutua entre la Cabeza y los miembros. Porque el Hijo Unigénito de Dios une consigo a los que creen en él, de modo que son uno con él, sucede con frecuencia que lo que le pertenece se atribuye a
«la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo» (Ef 1:23).
En este sentido se atribuye también el gobierno a la Iglesia, no para oscurecer con altivo dominio la gloria de su Cabeza, ni siquiera para reclamar la autoridad que a él pertenece, ni, en una palabra, para tener algo separado de su Cabeza; sino porque la predicación del evangelio, que le ha sido encomendada, es el cetro espiritual de Cristo, con el cual despliega su poder. En este aspecto nadie puede inclinarse sumisamente ante Cristo sin obedecer también a la Iglesia, en cuanto la obediencia de la fe está unida al ministerio de la doctrina, de modo, sin embargo, que solo Cristo, su Cabeza, reina y solo él ejerce su autoridad.
Ciertamente en ti está Dios. *Relata lo que dirán quienes hagan respetuosas súplicas a la Iglesia. Reconocerán que «Dios está en ella». Algunos traducen אך (*ach) solamente, a lo cual no me opongo y reconozco incluso que está bien adaptado para expresar el sentido del profeta; sin embargo, no será impropio explicarlo en sentido afirmativo: Ciertamente en ti está Dios.
Y no hay otro fuera de Dios. *Explica la manera en que las naciones extranjeras estarán sujetas a los judíos; es decir, reconociendo que no hay otro Dios que aquel a quien adoraban los judíos. Si se objeta que esto nada tiene que ver con los judíos, que ahora están alejados de la Iglesia, respondo que el evangelio procedió, con todo, de ellos y fue difundido por todo el mundo; y así reconocemos que Jerusalén es la fuente de la que fluyó la doctrina pura (Sal 76:2; Lc 24:47). En los tiempos antiguos sin duda no había sino los judíos que entendieran quién es Dios y cuál es la manera propia de adorarlo; los demás estaban entregados a vanidades e ilusiones y adoraban sus propias invenciones. De ahí que también Cristo, dirigiéndose a la mujer samaritana, diga: «Nosotros adoramos lo que sabemos» (Jn 4:22). Con justicia, pues, se dice aquí: «Dios está en ti», porque las demás naciones ignoraban a Dios. Con todo, como hay un contraste implícito, admito de buen grado el adverbio *solamente, de modo que sea un testimonio del arrepentimiento de los gentiles cuando se contentan con el único Dios y abandonan sus ídolos.
El sentido puede resumirse así: «Quienes antes eran altivos y con frente soberbia menospreciaban a la Iglesia se le someterán, cuando se sepa que es el santuario del Dios verdadero»; pues, como hemos dicho, cuando Dios ensalza a su Iglesia, no renuncia a su propia autoridad. Y esta es una señal de verdadera conversión: que no adoremos a un Dios que nos hemos imaginado, sino a aquel que es reconocido en la Iglesia. Debemos observar también este encomio pronunciado sobre la Iglesia: «Dios está en ti»; pues, como citamos antes, «Dios está en medio de ella», porque la ha escogido para su morada (Sal 46:5). Si somos el pueblo de Dios y estamos sujetos a su doctrina que trae salvación, se sigue que nos ayudará; porque no quiere abandonar a su pueblo; pues esta promesa es perpetua y no debe considerarse como referida solamente a aquel tiempo.
Isaías 45:15
15.* Verdaderamente tú eres Dios que te ocultas. *Isaías exclama ahora que se necesita un largo ejercicio de paciencia para que disfrutemos las promesas de Dios; pues el pueblo podía ser movido a la desesperación cuando los impíos tenían todo a su gusto y todo lo adverso les sobrevenía a ellos mismos. Sé que algunos lo explican de otro modo. Los escritores judíos suelen interpretar que el Señor se ocultará a los gentiles, pero se revelará a su pueblo. Los intérpretes cristianos presentan un sentido distinto, pero demasiado rebuscado. Hay ingenio, ciertamente, en lo que dicen: que Cristo es un Dios oculto porque su divinidad yace escondida bajo la flaqueza de la carne. Pero no concuerda con el sentido del profeta; pues se llama «Dios oculto» porque parece retirarse y, en cierta medida, esconderse cuando permite que su pueblo sea afligido y oprimido por diversas calamidades; y, por tanto, nuestros corazones deben ser animados por la esperanza. Ahora bien, como dice Pablo (Ro 8:24), «la esperanza que se ve, no es esperanza»; y en este sentido Isaías lo llama «Dios oculto», porque las cosas que prometió no son de inmediato visibles a nuestros ojos.
Así quiso que apartáramos nuestras mentes de los objetos presentes y las elevásemos por encima de los cielos, lo cual debemos hacer si queremos recibir y aceptar su ayuda. «Necesidad tenéis de paciencia» (He 10:36), pues, para que continuemos dirigiendo nuestros deseos hacia él cuando retarda la ejecución de sus promesas. Había dicho poco antes que los incrédulos, aunque entonces eran ciegos y torpes, sentirían la presencia de Dios; pero, como el tiempo de la manifestación aún no estaba cerca, se introduce oportunamente esta exclamación: que Dios, antes de desplegar su gloria, oculta su poder para probar nuestra fe.
*Dios, Salvador de Israel. *Que el profeta no habla de la esencia de Dios, sino de su socorro, puede inferirse fácilmente del epíteto que ahora se añade, cuando llama a Dios «el Salvador». Explica que Dios «se oculta» en el método que sigue para salvar a su Iglesia, porque esconde su mano por un tiempo de tal manera como si hubiera pensado abandonarlos totalmente. Quiere que nuestra salvación permanezca, por así decirlo, oculta en tinieblas, para que, si deseamos disfrutarla, sepamos que debemos salir de este mundo, pues no se nos presentará de repente ni se hará visible a nuestros ojos. Debemos, por tanto, esperarla con inquebrantable firmeza; pues es sumamente provechoso que Dios pruebe y ponga a prueba así nuestra fe, para que, cuando seamos oprimidos por diversas aflicciones por todos lados, confiemos con todo en Dios y en sus promesas.
Isaías 45:16-17
16. y 17. Todos ellos serán avergonzados. Aquí el profeta compara a los judíos con los gentiles, para salir al paso de una tentación grave y peligrosa que podía asaltarlos al ver a los gentiles gozar de prosperidad; pues, en medio de tan grandes angustias, podían sospechar que Dios favorecía a los gentiles, o que había desechado el cuidado de su pueblo, o que todo era gobernado por el impulso ciego de la fortuna. Por eso el profeta les asegura que, aunque por un tiempo los gentiles florezcan y parezcan elevados hasta el cielo, el resultado ha de ser que ellos perecerán e Israel será salvo. En una palabra, los exhorta a no juzgar el poder de Dios por el estado presente de las cosas, a no tener su mente fija en la felicidad temporal, sino a elevarla a la salvación eterna y, cuando sean heridos por la mano de Dios, a soportar con paciencia su condición y, por otra parte, a no envidiar la prosperidad de los impíos, a la cual seguirá un lamentable revés, como lo describe admirablemente el salmista. (Sal 37:1, 2.)
Esta declaración se añade a la anterior; pues quien sepa que Dios, siendo «Salvador», está «escondido», no se extrañará de que los impíos gocen de prosperidad y de que los buenos sean pobres, despreciados y probados con diversas aflicciones. Así pone el Señor a prueba nuestra fe y paciencia, y sin embargo no se pierde parte alguna de nuestra salvación eterna; pero los que ahora parecen mil veces seguros y felices perecerán al fin, y todas las riquezas que poseen los hundirán en una ruina más profunda, porque abusan de los beneficios de Dios y, como ladrones, se apoderan de lo que pertenece a otros, aunque parezca que lo poseen todo con justo título. Por tanto, cada vez que surja en nuestra mente este pensamiento: «Los impíos viven tranquilos, y por eso Dios los favorece, y las promesas en que confiamos no son dignas de crédito», acudamos a esta declaración del profeta como al ancla más segura y fortalezcámonos con ella: «El Señor no defraudará nuestra esperanza, sino que seremos librados al fin, aunque ahora estemos expuestos a los oprobios, las calumnias, las burlas y la crueldad de los impíos».
Isaías 45:18
18. Porque así dice Jehová. Este versículo tiende a confirmar el anterior; pues el profeta quiere decir que los judíos deben estar plenamente convencidos de que el Señor los librará al fin, aunque estén oprimidos por una miserable servidumbre.
Dios, creador de la tierra. Algunos piensan que por «la tierra» se entiende aquí Judea, pero yo lo considero un argumento de lo menor a lo mayor, como dijimos antes sobre el versículo 12: si la providencia de Dios se extiende universalmente a las criaturas, mucho más se refiere a aquellos a quienes ha adoptado como hijos suyos; pues de ellos tiene un cuidado especial. En suma, el argumento del profeta es este: «Puesto que Dios creó la tierra para que los hombres tuvieran en ella morada y habitación, con mayor razón la creó para que hubiera una residencia para su Iglesia; pues él se preocupa más profundamente por su Iglesia que por todo lo demás». Si, pues, fundó la tierra, si le dio forma y un uso fijo para que los hombres fueran alimentados con los frutos que produjera, sin duda asignó a sus hijos el primer lugar y el más alto rango de honor. Esto no siempre es visible a nuestros ojos, y por eso nuestro corazón debe ser alentado y sostenido por la esperanza, para que permanezcamos firmes frente a todas las tentaciones.
En una palabra, mientras la tierra dure, durará la Iglesia de Dios; mientras duren el sol y la luna, ella no faltará. Más adelante el profeta usará un argumento aún más fuerte: «Si el pacto que Dios hizo con Noé, acerca del orden estable de este mundo, es firme, mucho más firme ha de ser el pacto que ha hecho acerca de la Iglesia. (Is 54:9; Gn 9:9.) El mundo es perecedero y corruptible; pero la Iglesia, es decir, el reino de Cristo, será eterna; y por eso es razonable creer que las promesas relativas a la Iglesia serán sin duda más estables y permanentes que todo lo demás».
No la creó en vano. Como el principal ornato de la tierra es ser morada de habitantes, añade que no fue creada para que, estando vacía, quedara yerma y desolada. Si se objeta, por otra parte, que la tierra estaba «desordenada y vacía» cuando fue creada, como se ve en aquel pasaje donde Moisés emplea la misma palabra que aquí usa el profeta, תהו (tohu), que significa «sin forma y vacío», la respuesta es fácil. El profeta no habla del comienzo de la creación, sino del propósito de Dios por el cual la tierra fue destinada al uso y habitación de los hombres; y por eso nada hay aquí contrario a lo que dice Moisés, pues Isaías contempla el fin y el uso.
Para que fuese habitada la formó. Esta declaración se extiende en verdad a todo el género humano, porque la tierra fue destinada a todos para que habitaran en ella; pues ¿por qué nos alimenta Dios y nos provee de todo lo necesario, y sostiene aun a los impíos, sino porque quiso que se cumpliera su decreto por el cual dio la tierra para ser habitada por los hombres? De otro modo, es extraño que soporte tantos pecados y crímenes y no destruya por completo a la humanidad; pero él atiende a su propio propósito, y no a nuestros méritos. De ahí que se mantengan los reinos y las repúblicas, y de ahí que se conserven los estamentos sociales y las formas de gobierno aun entre bárbaros e infieles; pues, aunque Dios a menudo reduce a desolación algunos países por los pecados de los hombres, y los rocía, por así decirlo, con «salinidad» (Sal 107:34), para que se vuelvan estériles y nunca más puedan sustentar a sus habitantes, siempre añade este alivio: «para que la tierra sea habitada»; pues este es su decreto inviolable. Pero debemos recordar lo que ya dije: mientras la tierra sea habitada, es imposible que Dios deje de sostener a sus adoradores que lo invocan. Además, de este pasaje todos los buenos deben sacar el más alto consuelo: aunque sean despreciados por el mundo y sean pocos y débiles, y aunque, por otra parte, los impíos los superen en número, poder e influencia, mientras ellos son despreciados hasta ser tenidos por menos que «la escoria del mundo» (1 Co 4:13), sin embargo son preciosos a los ojos de Dios, porque los cuenta en el número de sus hijos y nunca permitirá que perezcan.
Yo soy Jehová. Cuando repite que él es Dios, no pretende solo afirmar su esencia, sino distinguirlo de todos los ídolos y mantener a los judíos en la fe pura; pues aun los supersticiosos reconocen que hay un solo Dios, pero lo conciben según su fantasía; y por eso debemos reconocer al Dios que se reveló a los padres y que habló por medio de Moisés. Así, no habla meramente de la esencia eterna de Dios, como algunos piensan, sino de todos los oficios que le pertenecen a él solo, para que ninguna parte de ellos sea atribuida a las criaturas.
Isaías 45:19
19. No hablé en secreto. Ahora hace volver al pueblo a la doctrina de la Ley, porque Dios no puede ser comprendido por las facultades humanas; pero así como está oculto a la razón carnal, así también se revela abundantemente y ofrece el remedio por su palabra, que suple lo que faltaba, para que no deseemos nada más. Si esto no se nos hubiera concedido, no tendríamos esperanza y habríamos perdido todo ánimo. Ahora declara solemnemente que no nos invita en vano, aunque demore su socorro; pues lo que ha prometido es certísimo, y así como mostró claramente a quién debemos acudir y en quién debemos confiar, dará también una demostración práctica de que la esperanza de los que confiaron en su palabra no fue vana, ni carente de fundamento.
Esto nos permite ver claramente cuán impías son las palabras de quienes dicen que de la palabra no puede obtenerse certeza alguna, y que pretenden que es una nariz de cera, para disuadir a otros de leerla; porque así blasfeman los impíos, ya que la mera doctrina de la palabra pone al descubierto y refuta sus errores. Pero respondemos con David:
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.» (Sal 119:105.)
Respondemos con Isaías y los demás profetas que el Señor no ha enseñado nada oscuro, ni ambiguo, ni falso. Respondemos también con Pedro que
«tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.» (2 P 1:19.)
Si esto se dijo de la Ley y los profetas, ¿qué diremos del evangelio, por el cual se nos ha revelado la luz más clara? ¿No diremos con Pablo:
«Si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos»? (2 Co 4:3, 4.)
Que los ciegos y de vista débil se acusen, pues, a sí mismos cuando no pueden soportar este resplandor de la palabra; pero, sean cuales fueren las tinieblas con que intenten envolverla, aferrémonos firme y constantemente a esta luz celestial.
Además, el profeta parece aludir a las predicciones que se pronunciaban desde los bosques y los trípodes de los ídolos. Son inciertas y engañosas, pero nada de esto se encuentra en las respuestas de Dios; pues él habla abiertamente y nada pronuncia que sea engañoso o ambiguo. Pero la experiencia nos dice que la Escritura es en cierto modo oscura y difícil de entender. Esto es verdad, pero debe atribuirse a la torpeza y lentitud de nuestro entendimiento, y no a la Escritura; pues los ciegos o de vista débil no tienen derecho a acusar al sol porque no pueden mirarlo.
No en vano dije a la descendencia de Jacob: Buscadme. Esto sigue siendo un principio establecido: quienes se muestran sumisos y obedientes no gastan su esfuerzo en vano; porque Dios cumple fielmente el oficio de maestro con los pobres y pequeños. Ahora bien, aunque no todos llegan al grado más alto, el esfuerzo de quienes busquen sinceramente a Dios nunca será infructuoso. Con esta expresión, Buscadme, Isaías señala el fin y uso principal de la Ley, que es invitar a los hombres a Dios; y, en verdad, su verdadera felicidad consiste en estar unidos a Dios, y el vínculo sagrado de esa unión es la fe y la piedad sincera.
En esta segunda cláusula no solo afirma que ha hablado con claridad y sin ambigüedad, sino que declara la certeza y firmeza de su palabra; como si dijera que no promete con largueza con intención de engañar, ni entretiene con palabras a hambrientos, sino que cumple de hecho lo que ha prometido. Esto demuestra la ingratitud de quienes, cuando son llamados, no responden; puesto que Dios no tiene otro designio que hacernos partícipes de todas las bendiciones, de las cuales estamos por otra parte vacíos y desprovistos.
Yo Jehová, que hablo justicia. Esto se añade a modo de explicación; como si dijera que la palabra con que atrae a sus escogidos hacia sí no está manchada por mancha alguna de engaño, sino que contiene la más perfecta santidad. «Las palabras de Jehová», como dice David, «son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces». (Sal 12:6.) Así, en la palabra de Dios tenemos una justicia resplandeciente, que brilla al instante en nuestros corazones, cuando se han disipado las tinieblas.
Isaías 45:20
20. Reuníos. Desafía a todos los supersticiosos y, por así decirlo, fija un día para que se sometan a un juicio justo, como hemos visto antes al exponer otros pasajes, a fin de mostrar que no pueden alegar nada que no sea pronto refutado. Ahora, ciertamente, se deleitan en sus supersticiones; pero todo su humo se disipará cuando vengan a defender su causa, y sin dificultad serán convencidos. Que se «reúnan», pues, en multitudes, que conspiren y hagan todo esfuerzo con fraudes, amenazas y terrores; la verdad vencerá al fin. Esta confirmación era muy necesaria para los judíos, porque en toda nación y en todo lugar veían extenderse errores impíos que sepultaban el culto del Dios verdadero. Nosotros también debemos acudir a este refugio cuando vemos cuán pocos y cuán débiles somos. Los mahometanos poseen una gran parte del mundo, los papistas, con la cresta erguida, triunfan por doquier, mientras que nosotros somos un puñado de gente, apenas contados en el número de los hombres. Pero la verdad prevalecerá al fin y abatirá toda esa altivez que ahora deslumbra los ojos de los hombres.
Los escapados de entre las naciones. פליטי (pelite) es traducido por algunos «rechazados», por otros «desterrados» o «los que han escapado»; y se supone que el discurso se dirige a los judíos que habían vuelto del cautiverio. Pero ese sentido es demasiado forzado. La interpretación más comúnmente recibida es «Rechazados de las naciones», porque פלט (palat) significa «rechazar». No que describa a la gente más baja o a la escoria de los hombres; sino que, al contrario, dirige su discurso a los que eran los más elevados en rango, riqueza, poder y saber entre los gentiles. Los llama «rechazados» porque no tienen valor alguno a los ojos de Dios, aunque sean muy estimados por los hombres; pues
«lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.» (Lc 16:15.)
Sin embargo, si se prefiere traducirlo «distantes», no tengo objeción; como si dijera: «Que se reúnan desde los confines más lejanos de la tierra».
Los que llevan el madero de su ídolo de talla. Muestra cuán grande es la locura que se apodera de los idólatras, que adoran imágenes que llevan sobre sus hombros y pasean en carretas. O podemos tomar נשיים (nesum) como «colocar en un lugar alto y elevado», pues fue una astuta artimaña de Satanás levantar estatuas sobre columnas y lugares altos, para excitar la admiración de los hombres y llevarlos a rendir honor y reverencia con solo mirarlas. Pero podemos interpretarlo simplemente como todo culto que se rinde a las imágenes, para convencerlos de vanidad y locura. Los supersticiosos saben que los ídolos necesitan la ayuda y el auxilio de los hombres, en vez de necesitar los hombres la ayuda y el auxilio de los ídolos, que ni siquiera pueden mantenerse en pie sin la intervención de los hombres. Y este es el sentido de lo que sigue: y ruegan a un dios que no salva; pues ¿qué puede haber más necio que dirigir votos y oraciones a la madera y a la piedra? Y, con todo, los infieles corren a estatuas muertas para buscar de ellas la salvación.
Isaías 45:21
21. Declarad. De nuevo desafía a todos los que pudieran haber molestado a los judíos y sacudido su fe con sus burlas; pues siempre tiene presente este objetivo: fortalecer la fe del pueblo contra todos los asaltos de los gentiles. En medio de tentaciones tan numerosas y tan severas, había peligro de que los judíos sucumbieran bajo sus terribles aflicciones, si no hubiera habido poderosos argumentos del otro lado que los indujeran a seguir adorando al Dios verdadero y confiando en él; y por eso permite a los paganos presentar y aducir todo cuanto puedan hallar en apoyo de su causa.
Entren también en consulta. Estas palabras se añaden para inspirar mayor confianza; pues el profeta quiere decir, como ya dijimos, que nada ganarán aunque «tomen consejo» entre sí y se confabulen. Quizá también quiso poner de manifiesto que no hay sino pretexto infundado y falsedad en todo lo que los infieles urden para excusar sus errores. Por muy vistosa que sea, pues, la ostentación con que se jactan de sus invenciones, el profeta muestra que la palabra de Dios será más que fuerte para sostener la fe de los creyentes. Los desafía a un examen riguroso, para comparar con la Ley y los profetas todo lo que los infieles se jactan de haber sido predicho por sus ídolos. Admito de buen grado lo que generalmente se cree: que el profeta habla de la redención del pueblo; pero como el derrocamiento de la monarquía babilónica estaba también unido a ella, pienso que está igualmente incluido.
¿Quién hizo oír esto desde el principio? Como hay repetición de la misma afirmación, מקדם (mikkedem) y מאז (meaz) significan lo mismo; como si dijera: «desde el principio» o «desde antiguo»; pues esta profecía fue publicada mucho antes de que sucediera el hecho. De ahí que los creyentes pudieran concluir con certeza que Dios había hablado.
Y Salvador. A la presciencia añade el poder, como en un pasaje anterior. Pero describe también para qué fines ejerce su poder, esto es, para «salvar» a su pueblo.
Isaías 45:22
22. Mirad a mí. Hasta aquí se dirigió solo a los judíos, como si solo a ellos perteneciera la salvación, pero ahora extiende más su discurso. Invita al mundo entero a la esperanza de salvación y, al mismo tiempo, acusa de ingratitud a todas las naciones que, entregadas a sus errores, evitaban a propósito, por así decirlo, la luz de la vida; pues ¿qué podría ser más vil que rechazar deliberadamente la propia salvación? Por eso manda a todos «mirar a él» y al precepto añade una promesa, que le da mayor peso y lo confirma más que si hubiera empleado un simple mandato.
Y seréis salvos. Así tenemos una prueba notable del llamamiento de los gentiles; porque el Señor, después de haber derribado «la pared intermedia de separación» (Ef 2:14) que dividía a los judíos de los gentiles, invita a todos sin excepción a venir a él. Además, aquí se nos recuerda también cuál es el verdadero método de obtener la salvación; esto es, cuando «miramos a Dios» y nos volvemos a él con todo el corazón. Ahora bien, debemos «mirarlo» con el ojo de la fe, para abrazar la salvación que se ofrece a todos por medio de Cristo; pues «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda». (Jn 3:16.)
Porque yo soy Dios. Cuando exhorta a todos los términos de la tierra, muestra al mismo tiempo que todos los hombres han andado hasta ahora errantes y no han «mirado» al Dios verdadero; pues donde existe la incredulidad no puede haber una mirada definida hacia Dios, que lo distinga de las máscaras vacías. En una palabra, declara que la ruina de todos ha sido ocasionada por haber sido arrastrados por sus invenciones impías y haberse apartado así del Dios verdadero, del conocimiento del cual fluye la salvación cierta y eterna. El Señor, pues, extiende su mano para rescatar a todos y señalar el método de obtener la salvación.
Esto hace evidente que no fue al azar como la doctrina del evangelio se predicó a todas las naciones, sino por decreto de Dios, que lo había ordenado desde hacía mucho. Pero, como señalé un poco antes, acusa a los gentiles de estupidez, por permitir que sus sentidos fueran girados y arrastrados en todas direcciones, adonde los llevara su fantasía. Aunque por naturaleza no podían acercarse a Dios, y aunque incluso mamaron con la leche las supersticiones que los cegaban, Dios podía reprocharles justamente su impío desprecio de su gracia; pues la ignorancia siempre implica hipocresía, cuando los hombres prefieren ser engañados por vanas lisonjas antes que ir directamente a Dios.
Isaías 45:23
23. Por mí mismo he jurado. Añade una confirmación más clara de la afirmación anterior; pues, por ser este llamamiento inusitado y maravilloso, añade un juramento, como suele hacerse en lo que es nuevo y difícil de creer. Los judíos podían objetar que solo ellos eran llamados con el nombre de pueblo escogido; pero, al confirmarlo con juramento, quita toda discusión. El profeta, en verdad, sigue apuntando al mismo objetivo, a saber, que la gloria de Dios será tan visible en la restauración de la Iglesia que despertará al mundo entero a admirarla desde el nacimiento hasta el ocaso del sol; o, para expresarlo más brevemente, que esta demostración del poder de Dios será tan espléndida e ilustre que llenará de temor a todas las naciones. Con todo, de estas palabras podemos inferir justamente lo que he señalado, que los gentiles serán admitidos a la igualdad con los judíos, de modo que Dios será el Padre común de todos y será adorado en todo país.
Ahora bien, Dios «jura por sí mismo» porque no puede tener otro testigo igualmente competente de la verdad; pues solo él es la verdad. «Los hombres», como dice el apóstol, «ciertamente por uno mayor que ellos juran; pero Dios, no teniendo otro mayor, juró por sí mismo». (He 6:16.) Debemos observar la razón por la cual «jura». Es porque quiso socorrer la debilidad de su pueblo, para que no fuera zarandeado en la incertidumbre. Es ciertamente una condescendencia admirable que, para remediar la falta de nuestra desconfianza, no se avergüence de presentar su propio nombre como prenda; y tanto más vil y vergonzosa ha de ser nuestra incredulidad, si ni siquiera un juramento nos satisface. Además, puesto que Dios reclama para sí toda confirmación de la verdad, debemos ser sumamente cuidadosos, cuando lo invocamos con juramento, de no mezclar ningún otro nombre, sea de santos o de cualquier criatura, sino que, usando su nombre con toda la reverencia debida, conservemos íntegro e intacto el honor que le corresponde.
De mi boca salió palabra en justicia. Quiere decir que todo lo que ha mandado publicar por su profeta es firme y duradero, como si dijera que este mandato no salió «de su boca» temeraria o inconsideradamente. Y en este sentido la palabra justicia se usa a menudo en la Escritura, es decir, para una palabra que no es engañosa, que aparecerá claramente como perfectamente verdadera; y así dice que el decreto no puede ser revocado.
Y no volverá. Es otro modo de expresión que transmite la misma idea. Significa que la palabra de Dios seguirá avanzando hasta que el resultado efectivo ponga de manifiesto que ha procedido de un Dios justo, verdadero y todopoderoso. Se dice que alguien vuelve cuando algún obstáculo le impide seguir adelante; pero, como nada puede impedir a Dios ejecutar lo que ha decretado, el profeta infiere con razón que nada puede interrumpir o retardar el curso de esta palabra. La partícula כי (ki), que, debe considerarse como introductora de una cláusula explicativa; como si dijera: «Esta es la palabra:
Que ante mí se doblará toda rodilla. Con este modo de expresión quiere decir que todos los gentiles serán suplicantes ante Dios, porque la asombrosa liberación de la Iglesia infundirá terror a todos. Pero de aquí se sigue también que su culto se extenderá entre todas las naciones; pues no podemos «doblar la rodilla» verdaderamente ante Dios hasta que nos haya sido dado a conocer. A un Dios desconocido, ciertamente, los hombres pueden rendir alguna clase de culto; pero es falso e inútil. Aquí, en cambio, habla de una profesión verdadera, que procede de un conocimiento de Dios arraigado profundamente en nuestros corazones; pues donde no hay fe no puede haber culto a Dios, y la fe no se dirige a una cosa desconocida o incierta. Por eso ha usado el signo para expresar la cosa misma, como se hace con frecuencia.
De aquí debe observarse que Dios exige también el culto externo; pues el profeta no separa la profesión externa de la religión de los sentimientos interiores del corazón. En vano, por tanto, se jactan los fanáticos de que de algún modo adoran a Dios y le rinden homenaje, mientras se postran ante los ídolos. En vano, digo, pretenden que su corazón es recto para con Dios; pues el culto del corazón no puede separarse de la profesión externa. Del mismo modo, el alma no puede estar dedicada y consagrada a Dios mientras el cuerpo está consagrado al diablo; pues ambos deben estar consagrados a Dios, y así el culto del corazón debe ir también acompañado de una profesión externa.
«Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.» (Ro 10:10.)
De ahí que también el Señor, aprobando la piedad y rectitud de su pueblo, diga «que no han doblado la rodilla ante Baal». (1 R 19:18; Ro 11:4.)
Pablo aplica este pasaje de Isaías al juicio final, cuando dice (Ro 14:10, 11) que «todos compareceremos ante el tribunal de Cristo»; aunque el asunto aquí tratado es la redención del pueblo, la publicación del evangelio y el establecimiento del reino de Cristo. Pero da por sentado (lo que todos deben saber) que las declaraciones relativas al reino de Cristo no deben limitarse a ninguna parte de él, sino extenderse a todo su curso, hasta que llegue a su plena perfección. La rodilla se dobla ante Cristo cuando se obedece su doctrina y se acepta la predicación del evangelio. Pero muchos todavía se oponen y lo desprecian con osadía; Satanás urde muchos planes y le hace guerra sin cesar; y por eso estamos muy lejos del pleno cumplimiento de esta profecía. Entonces se doblará verdaderamente toda rodilla ante Cristo, cuando él triunfe sobre adversarios vencidos y totalmente arruinados, y haga visible a todos los hombres su majestad, a la cual ahora se oponen Satanás y los impíos. Así enseña Pablo que, cuando Cristo suba a su tribunal para juzgar al mundo, entonces se cumplirá plenamente lo que comenzó a hacerse al principio del evangelio y que todavía vemos hacerse de día en día.
Toda lengua jurará. Por una figura en que la parte se toma por el todo, la palabra jurar se pone por adorar, reverenciar o someterse. El «juramento» es un departamento del honor que se debe a Dios; pues por él confesamos y reconocemos que él es el Autor, Padre y defensor legítimo de la verdad, y que «todas las cosas están desnudas y abiertas a sus ojos». (He 4:13.) Por tanto, cada vez que este honor se da a los ídolos, la majestad de Dios es deshonrada con un abominable sacrilegio; y, en consecuencia, los que lo adoran con pureza juran exclusivamente por su nombre. Pero sobre este asunto hemos hablado en la exposición de otro pasaje. (Is 19:18.)
Isaías 45:24
24. Ciertamente en Jehová. Muestra cuál es la naturaleza de la verdadera fe y del verdadero culto a Dios; esto es, cuando no solo reconocemos, o percibimos con el entendimiento, que hay un Dios, sino que sentimos también lo que él quiere ser para con nosotros. Quien se contente con un mero conocimiento se aparta muy ampliamente de la fe, que debe invitarnos a Dios de tal manera que lo sintamos en nosotros. Del mismo modo Pablo desea que
«habite Cristo por la fe en los corazones» de los creyentes. (Ef 3:17.)
El que imagina que Dios está sentado ocioso en el cielo, o no se humillará sinceramente ante él, o no hará una profesión abierta y sincera.
Justicia y fuerza. Como estas son las dos partes principales de nuestra salvación, cuando los creyentes reconocen que reciben ambas de Dios, le atribuyen la alabanza íntegra de una vida feliz y testifican que por naturaleza no poseen lo que reconocen deber a su gracia. Así confiesan que en sí mismos no tienen nada de «justicia» ni de «fuerza», sino que las buscan en Dios solo, para que no sea defraudado de su derecho.
A él vendrán. Aquí los comentaristas difieren; pero, por mi parte, tomo este pasaje en un sentido sencillo, como referido a los creyentes que se someten a Dios, para que podamos percibir la naturaleza del contraste entre ellos y los rebeldes, que no cesan de resistir obstinadamente a Dios. Lo explico así: «Los que confiesen que su justicia está puesta en Dios se acercarán a él». Quiere decir que obtenemos acceso a Dios por la fe, de modo que quienes perciben que su justicia está puesta en él sienten que está presente; y, en verdad, ningún hombre, si no está reconciliado con Dios, se acercará jamás a él de buena gana, sino que, al contrario, todos los que temen su majestad huirán a la mayor distancia posible de él. Así el profeta aplaude el resultado deliciosísimo de la gracia, porque unirá a Dios a hombres que antes eran apartados de él por su maldad; y a esto corresponde lo que dice el salmista:
«Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne.» (Sal 65:2.)
Pero todos los que se enardecen contra él serán avergonzados. Después de haber testificado que Dios quiere reunir a los extraños de su dispersión, para introducirlos en un estado de íntima amistad consigo mismo, amenaza con venganza a los despreciadores que, sin Dios y despreciando a Dios, dan rienda suelta a sus pasiones perversas y se revuelcan en los placeres del mundo. Así como solo por la fe obedecemos a Dios, así solo por la incredulidad declara Isaías que su ira es provocada; y distingue a todos los incrédulos por esta marca: que son desobedientes a Dios y hasta lo desafían a un combate. Aunque ahora hablen con lenguaje de triunfo, el profeta declara que serán vestidos de vergüenza y deshonra.
Isaías 45:25
25. En Jehová será justificada. Ahora responde brevemente a una objeción que podría plantearse: que parecía absurdo decir que el Señor llamaba a los gentiles, que siempre habían estado alejados de él. «¿Habrá escogido en vano el Señor la descendencia de Abraham? ¿Es nula su promesa, que repitió tantas veces?» (Gn 15:5; 17:7.) Para quitar esta duda, declara que el Señor, no obstante, se mantendrá fiel a sus promesas; que, aunque escoja a los gentiles, el pacto que hizo con los padres no caerá por tierra, porque el pueblo escogido gozará de los privilegios de su rango. Ni habla en este pasaje, como en muchos otros, del rechazo de aquella nación; sino que el profeta muestra simplemente que la gracia de Dios, que se difundirá por todo el mundo, fluirá de aquella fuente.
En cuanto a que el mayor número fue rechazado por Dios, esto no anulaba el pacto de Dios; porque el remanente de la adopción fue siempre el verdadero y legítimo Israel; y aunque eran pocos en número, eran los primogénitos en la Iglesia. Además, todos aquellos de entre los gentiles que habían sido injertados en ese cuerpo comenzaron también, como hemos visto antes, a ser contados como hijos de Abraham.
«Uno dirá: Yo soy de Jehová; otro se llamará del nombre de Jacob; otro escribirá con su mano: A Jehová, y se apellidará con el nombre de Israel.» (Is 44:5.)
Y por este motivo somos ahora contados como el genuino Israel de Dios, aunque no somos descendientes de Israel. Por eso el profeta añadió esto, tanto para que los judíos no pensaran que el pacto del Señor había fallado, como para que no se jactaran de su nacimiento y despreciaran a los gentiles.
Toda la descendencia de Israel. Extiende más esta descendencia, para que no supongan que debe limitarse a la familia de Abraham; pues el Señor reúne a su pueblo sin distinción de entre judíos y gentiles, y aquí habla universalmente de todo el género humano.
Será justificada y se gloriará. Debe observarse que el profeta dice que «somos justificados y nos gloriamos en el Señor», pues en ningún otro debemos buscar «justicia» ni «gloria». Ha unido a ella la «gloria», que depende de la «justicia» y se le añade. De ahí que también Pablo diga:
«¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por qué ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.» (Ro 3:27.)
Y de nuevo:
«Si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.» (Ro 4:2.)
Se sigue, por tanto, que solo se glorían con razón los que buscan su justicia en Dios y reconocen que en sí mismos no tienen motivo de gloria.
CAPÍTULO 46
Isaías 46:1-13
1. Bel se postra, Nebo se inclina; sus ídolos fueron puestos sobre las bestias y sobre el ganado: vuestros fardos eran pesados, son una carga para la bestia cansada.
1. Incurvatus est *(vel, prostratus est) *Bel; depressus est Nebo. Simulachra eorum bestiae et jumento erunt, gestantia vos a vobis onerata, pondus ad lassitudinem.
2. Se inclinan, se postran juntamente; no pudieron librar la carga, sino que ellos mismos han ido en cautiverio.
2. Incurvata sunt, depressa sunt pariter, (et) non potuerunt se subtrahere oneri; et anima eorum in captivitatem abiit.
3. Oídme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, que sois llevados por mí desde el vientre, que sois traídos desde la matriz:
3. Audite me, domus Iacob, omnes reliquiae domus Israel, qui gestamini ab utero, qui portamini a vulva.
4. Y aun *hasta vuestra vejez yo *soy el mismo, y *aun *hasta las canas os llevaré yo: yo lo hice, y yo os llevaré; yo os traeré y os libraré.
4. Et usque ad senium ego idem, et usque ad caniciem ego portabo. Ego feci, et ego feram, ego portabo et servabo.
5. ¿A quién me haréis semejante, y me igualaréis, y me compararéis, para que seamos semejantes?
5. Cui similem me facitis, et aequatis, et comparatis me, ut similis sim?
6. Derrochan oro de la bolsa, y pesan plata en balanza, y alquilan un platero, y este hace un dios: se postran, y aun adoran.
6. Promentes aurum ex sacculis, argentum in statera ponderantes, conducent aurifabrum, ut ex eo faciant Deum, cui se incurvent, et quem adorent.
7. Lo llevan sobre el hombro, lo cargan, y lo ponen en su lugar, y allí se queda; de su lugar no se moverá: aun si alguien clama a él, no responde, ni lo libra de su aflicción.
7. Portabunt super humerum, deferent, ponent in loco suo; illic stabit, loco suo non movebitur. Adhaec, si quis clamet ad eum, non respondebit, neque ex tribulatione ejus liberabit eum.
8. Acordaos de esto, y mostraos hombres: volved a traerlo a la memoria, oh transgresores.
8. Recordamini hoc, et erubescite *(vel, roboramini;) *redite, praevaricatores ad cor.
9. Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos: porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay otro semejante a mí;
9. Recordamini priora a seculo; quia ego Deus, et nullus praeterea Deus, et nihil mihi simile.
10. Que anuncio el fin desde el principio, y desde los tiempos antiguos las cosas que aún no son hechas, diciendo: Mi consejo permanecerá, y haré todo mi voluntad:
10. Nuntians ab initio novissimum, et a vetustate quae nondum facta erant; dicens, Consilium meum stabit, et quicquid voluero faciam.
11. Que llamo desde el oriente un ave de rapiña, de tierra lejana al hombre que ejecute mi consejo: sí, yo he hablado, y también lo cumpliré; lo he pensado, y también lo haré.
11. Vocans ab Oriente avem *(vel, cogitationem,) *e terra longinqua virum consilii mei. Loquutus sum, ideo adducam hoc; cogitavi, idem faciam.
12. Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia:
12. Audite me praefracti corde, qui procul estis a justitia.
13. Haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se detendrá: y pondré salvación en Sion para Israel mi gloria.
13. Appropinquare faciam justitiam meam, nec elongabitur, et salus mea non morabitur. Et ponam in Sion salutem, et in Ierusalem gloriam meam.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.