Comentarios bíblicos · Juan Calvino

Josué 19: comentario de Juan Calvino

Josué 19:1-8

Siguió luego la suerte de la tribu de Simeón, no como señal de honor, sino más bien de deshonra. Jacob había declarado acerca de Simeón y Leví: «Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel.» (Gn 49:7) El castigo de Leví, en efecto, no solo fue mitigado, sino convertido en una excelente dignidad, por cuanto su posteridad fue colocada como en atalayas para mantener al pueblo en los caminos de la piedad. En cuanto a Simeón, la dispersión que Jacob profetizó se cumplió manifiestamente cuando se asignaron a su posteridad, como herencia, ciertas ciudades dentro del territorio de Judá. Pues aunque no fueron enviados a grandes distancias, habitaron dispersos y como forasteros en una tierra que propiamente pertenecía a otro. Por tanto, a causa de la matanza que habían perpetrado con no menos perfidia que crueldad, fueron colocados separadamente en diferentes moradas. De este modo la culpa del padre fue visitada sobre sus hijos, y el Señor ratificó de hecho aquella sentencia que había dictado a su siervo. La verdad de la suerte también quedó claramente probada.

En la circunstancia de que cierta porción fuera retirada de la familia de Judá, percibimos de nuevo que, aunque los repartidores habían procurado cuidadosamente observar la equidad, habían caído en un error, que no se avergonzaron de corregir en cuanto fue descubierto. Y aunque eran guiados por el Espíritu, no es extraño que se equivocaran en parte, porque Dios a veces deja a sus siervos desprovistos del espíritu de juicio, y permite que obren como hombres en diversas ocasiones, para que no se ufanen demasiado de su clarividencia. Podemos añadir que el pueblo fue castigado por su descuido y su confiada precipitación, porque desde el principio debieron haber averiguado con más exactitud cuánta tierra podía asignarse debidamente a cada uno. Esto lo descuidaron. Por su procedimiento poco hábil, los hijos de Judá habían recibido una acumulación desproporcionada de territorio, y la equidad exigía que renunciaran a una parte. Habría sido también mejor para ellos mismos tener sus límites fijados con certeza desde el principio que verse sometidos después a un despojo molesto. Añádase que cada tribu había alimentado la vana esperanza de que sus miembros habitarían ampliamente, como si la tierra hubiera sido de extensión ilimitada.

Josué 19:9

9. De la porción de los hijos de Judá, etc. A la tribu de Judá se debe el elogio de la moderación, por no haber alegado que fuera injusta la sustracción de parte alguna de la herencia que ya se les había asignado. Fácilmente podrían haber alegado el nombre de Dios y afirmado que solo por su autoridad habían obtenido aquel asiento. Pero como se decide por el común consentimiento de todas las tribus que se les ha dado más de lo que pueden poseer sin pérdida y perjuicio de los otros, inmediatamente desisten de todo pretexto para disputar el asunto. Y es cierto que si hubieran alegado la autoridad de Dios, lo habrían hecho falsa e impíamente, por cuanto, aunque su suerte había sido determinada por él en cuanto a su situación, había ocurrido un error en cuanto a su extensión, habiendo sido fijados sus límites por el juicio humano más amplios de lo debido. Por tanto, reconociendo que habría sido injusto darles lo que ocasionaría pérdida a otros, de buen grado lo ceden, y dan una cordial acogida a sus hermanos, que de otro modo habrían quedado sin herencia; más aún, consienten en compartir con ellos lo que suponían haber adquirido sin controversia.

Josué 19:10-31

10. Y la tercera suerte subió para los hijos de Zabulón conforme a sus familias: y el límite de su herencia fue hasta Sarid:

10. Ascendit autem sors tertia filiis Zabulon per familias suas: et fuit terminus haereditatis eorum usque ad Sarid.

11. Y su límite subía hacia el mar, y Marala, y llegaba a Dabeset, y llegaba al río que está delante de Jocneam;

11. Ascenditque terminus eorum ad mare: et Maralah, et pertingit ad Dabbaseth: pervenitque ad flumen quod est e regione Jocneam.

12. Y volvía de Sarid hacia el oriente, hacia donde sale el sol, hasta el límite de Quislot-tabor, y de allí sale a Daberat, y sube a Jafía,

12. Revertiturque a Sarid ad orientem, id est, ad ortum solis, ad terminum Chisloth-Thabor, et illinc egreditur ad Dobrath, et ascendit in Japhia.

13. Y de allí pasa hacia el oriente a Gat-hefer, a Ita-cazín, y sale a Rimón-metoar a Nea;

13. Inde praeterea transit ad orientem, ad ortum, ad Githah-Hepher, et ad Ihtah-casin: et illinc exit in Rimmon, et gyrat ad Neah:

14. Y el límite la rodea por el lado del norte hasta Hanatón: y sus salidas son en el valle de Iftael:

14. Gyrat item idem terminus ab aquilone ad Hannathon: suntque egressus ejus ad vallem Iphthael.

15. Y Catat, Naalal, Simrón, Idala y Belén: doce ciudades con sus aldeas.

15. Et Catthath, et Nahalal, et Simron, et Idalah, et Bethlehem: urbes duodecim, et villae earum.

16. Esta es la herencia de los hijos de Zabulón conforme a sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

16. Haec est haereditas filiorum Zabulon per familias suas: urbes istae, et villae earum.

17. Y la cuarta suerte salió para Isacar, para los hijos de Isacar conforme a sus familias.

17. Ipsi Issachar egressa est sors quarta, filiis inquam, Issachar per familias suas.

18. Y su límite fue hacia Jezreel, Quesulot y Sunem,

18. Et fuit terminus eorum Jezrael, et Chesuloth, et Sunem,

19. Hafaraim, Sión, Anaharat,

19. Et Hapharaim, et Sion, et Anaharath,

20. Rabit, Quisión, Abez,

20. Et Rabbith, et Cicion, et Abeth,

21. Remet, En-ganim, En-hada y Bet-pazez;

21. Et Remeth, et Engannin, et Enhaddah, et Beth-passes.

22. Y el límite llega hasta Tabor, Sahazima y Bet-semes; y las salidas de su límite fueron al Jordán: dieciséis ciudades con sus aldeas.

22. Et pervenit terminus in Thabor, et Sahasima, et Beth-semes: eruntque exitus termini eorum ad Jordanem: urbes sedecim, et villae earum.

23. Esta es la herencia de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias, las ciudades y sus aldeas.

23. Haec est haereditas tribus filiorum Issachar per familias suas: urbes et villae earum.

24. Y la quinta suerte salió para la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias.

24. Egressa est autem sors quinta tribui filiorum Aser per familias suas.

25. Y su límite fue Helcat, Halí, Betén y Acsaf,

25. Fuitque terminus eorum Helcath, et Hali, et Bethen, et Achsaph,

26. Alamelec, Amad y Miseal; y llega al Carmelo hacia el occidente, y a Sihor-libnat;

26. Et Alamelech, et Amad, et Misal, et pervenit in Carmel ad mare, et in Sihor Libnath.

27. Y vuelve hacia donde sale el sol a Bet-dagón, y llega a Zabulón, y al valle de Iftael hacia el lado norte de Bet-emec y Neiel, y sale a Cabul a la izquierda,

27. Et revertitur ad ortum solis in Beth-dagon, et pervenit in Zabulon, et in vallem Iphtahel ad aquilonem, et in Beth-emec, et Neel: et exit ad Chabul a sinistra.

28. Y Hebrón, Rehob, Hamón y Caná, hasta Sidón la grande;

28. Et Ebron, et Rehob, et Hamon, et Canah, usque ad Sidon magnam:

29. Y luego el límite vuelve a Ramá, y hasta la ciudad fuerte de Tiro; y el límite vuelve a Hosa; y sus salidas son al mar desde el cordel de Aczib:

29. Revertiturque terminus in Rama, usque ad urbem munitam petrae: inde revertitur terminus in Hosah: suntque exitus ejus ad mare a funiculo Achzib,

30. Uma también, Afec y Rehob: veintidós ciudades con sus aldeas.

30. Et Ummah, et Aphec, et Rehob: urbes viginti duae, et villae earum.

31. Esta es la herencia de la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

31. Haec est haereditas tribus filiorum Aser per familias suas: urbes istae, et villae earum.

Josué 19:10-31

10. Y la tercera suerte subió, etc. En la suerte de Zabulón hay un claro cumplimiento de la profecía de Jacob, que había predicho que habitarían en la costa del mar. Un anciano, un desterrado que no podía poner el pie en su propia tierra, asignó un distrito marítimo a la posteridad de su hijo Zabulón. ¿Qué podía haber más extravagante? Pero ahora, cuando la suerte les asigna una región marítima, no podría desearse confirmación más clara de su decisión. Fue exactamente como si Dios tronara dos veces desde el cielo. La tribu de Zabulón, pues, no ocupa la costa por su propia voluntad ni por sufragio humano, sino que una disposición divina fija su morada contigua al mar. Así, aunque los hombres erraran, la luz se veía siempre resplandeciendo con brillo en las tinieblas. Jacob va más lejos, y hace una clara distinción entre Zabulón e Isacar. La primera tribu viajará lejos y por todas partes, dedicada al tráfico y al comercio; la segunda, permaneciendo en sus tiendas, cultivará el reposo y la vida sedentaria. (Gn 49:13-15) De aquí es probable que la costa del mar donde se estableció Zabulón estuviera provista de puertos y bien adaptada para las diversas formas de intercambio comercial, mientras que los hijos de Isacar se contentaban con sus propios productos y consumían en casa los frutos que habían criado con su propio trabajo y cultivo.

Quienes se tiene por bien conocedores de estos países afirman que la tierra de la tribu de Aser era fértil en trigo. Esto concuerda por completo tanto con la letra como con el espíritu de la profecía de Jacob. (Gn 49:20) Del hecho de que solo se designe por nombre un pequeño número de ciudades podemos inferir que entonces había muchas ciudades arruinadas que no se tomaron en cuenta, y del otro hecho, que el pueblo habitaba cómodamente, podemos inferir también que edificaron muchas ciudades, de las cuales es claro por otros pasajes que la tierra estaba adornada. Y ciertamente es evidente que solo se toca brevemente un resumen de la división, y que así se omitieron muchas cosas que ningún sentimiento religioso nos prohíbe investigar, con tal que no nos entreguemos a una curiosidad excesiva que no conduce a provecho alguno. No puede dudarse de que aquellos a quienes se atribuyen veinte, o incluso solo diecisiete ciudades, tenían territorios más extensos. Por tanto, todo lo que tenemos aquí es una descripción compendiosa de la división, tomada de las notas generales y confusas de los agrimensores.

Josué 19:32-48

La suerte siguiente que se menciona es la de Neftalí, y parece corresponder con el carácter y las costumbres de aquella tribu. Pues Jacob había testificado: Neftalí es una cierva suelta; pronunciará dichos hermosos. Por esta razón parecen haber sido contiguos por un lado a los hijos de Judá, y haber estado rodeados por los otros lados por los territorios de sus hermanos. En efecto, en el hecho de que se diga que la tribu de Dan tomó Lesem, parece haber una comparación tácita, porque los hijos de Neftalí no emplearon armas para abrirse paso hacia su herencia, sino que se mantuvieron tranquilos en un territorio sometido, y así gozaron de seguridad y tranquilidad bajo la fe y, por así decir, la protección de Judá y de las demás tribus. La toma de Lesem por los hijos de Dan, conforme a la concesión divina que habían recibido de ella, no tuvo lugar sino después de la muerte de Josué. Pero el hecho, que se detalla más ampliamente en el libro de los Jueces, se menciona aquí de pasada, porque era debido un elogio a su osadía y actividad al abrazar así el derecho que Dios les había concedido, y confiar de tal modo en él que bajaron valientemente y derrotaron al enemigo.

Josué 19:32-51

32. La sexta suerte salió para los hijos de Neftalí, para los hijos de Neftalí conforme a sus familias.

32. Filiis Nephtali exivit sors sexta, filiis inquam, Nephtali, per familias suas.

33. Y su límite fue desde Helef, desde Alón a Zaananim, y Adami, Neceb y Jabneel, hasta Lacum; y sus salidas fueron al Jordán:

33. Fuitque terminus eorum ab Heleph, et ab Elon in Saanannim, et Adami, Neceb, et Jabneel, usque ad Lacum: suntque exitus ejus ad Jordanem.

34. Y luego el límite vuelve hacia el occidente a Aznot-tabor, y sale de allí a Hucoc, y llega a Zabulón por el lado del sur, y llega a Aser por el lado del occidente, y a Judá junto al Jordán hacia donde sale el sol.

34. Postea revertitur terminus ad mare ad Aznoth-thabor: et progreditur illinc in Huccoc, et pervenit ad Zabulon a meridie, et ad Aser pervenit ab occidente, et ad Jehuda in Jordanem, ad ortum solis.

35. Y las ciudades fortificadas son Sidim, Zer, Hamat, Racat y Cineret,

35. Et urbes munitae, Siddim, Ser, et Hammath, Raccath, et Chinnereth.

36. Y Adama, Ramá y Hazor,

36. Et Adamah, et Ramah, et Hasor,

37. Y Cedes, Edrei y En-hazor,

37. Et Cedes, et Hedrei, et En-Hasor,

38. E Irón, Migdal-el, Horem, Bet-anat y Bet-semes: diecinueve ciudades con sus aldeas.

38. Et Iron, et Migdal-el, Horem, et Beth-anath, et Beth-semes: urbes novemdecim, et villae earum.

39. Esta es la herencia de la tribu de los hijos de Neftalí conforme a sus familias, las ciudades y sus aldeas.

39. Haec est haereditas tribus filiorum Nephtali per familias suas, urbes istae et villae earum.

40. Y la séptima suerte salió para la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias.

40. Tribui filiorum Dan per familias suas exivit sors septima.

41. Y el límite de su herencia fue Zora, Estaol e Ir-semes,

41. Fuitque terminus haereditatis eorum, Sorah, et Esthaol, et Itsemes,

42. Y Saalabín, Ajalón e Itla,

42. Et Saalabbin, et Ajalon, et Ithlah,

43. Y Elón, Timnat y Ecrón,

43. Et Elon, et Thimnathah, et Ecron,

44. Y Eltequé, Gibetón y Baalat,

44. Et Elthece, et Gibbethon, et Baalath,

45. Y Jehúd, Bene-berac y Gat-rimón,

45. Et Jehud, et Bene-berak, et Gath-rimon,

46. Y Mejarcón y Racón, con el límite delante de Jope.

46. Et Mehajarcon, et Raccon, cum termino contra Japho.

47. Y el territorio de los hijos de Dan salió demasiado pequeño para ellos: por tanto, los hijos de Dan subieron y combatieron contra Lesem, y la tomaron, y la hirieron a filo de espada, y la poseyeron, y habitaron en ella, y llamaron a Lesem, Dan, por el nombre de Dan su padre.

47. Et exivit terminus filiorum Dan ab eis ascenderuntque filii Dan, et pugnaverunt cum Lesem, ceperuntque eam, ac percusserunt eam acie gladii, et haereditate acceperunt eam, habitaveruntque in ea: et vocaverunt Lesem Dan, secundum nomen Dan patris sui.

48. Esta es la herencia de la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

48. Haec est haereditas tribus filiorum Dan per familias suas, civitates istae, et villae earum.

49. Y cuando acabaron de repartir la tierra en herencia por sus territorios, los hijos de Israel dieron herencia a Josué hijo de Nun en medio de ellos:

49. Quum autem finem fecissent partiendi terram ut possiderent singuli terminos suos, dederunt filii Israel haereditatem ipsi Josue filio Nun in medio sui.

50. Conforme a la palabra de Jehová le dieron la ciudad que él pidió, Timnat-sera, en el monte de Efraín: y él edificó la ciudad, y habitó en ella.

50. Secundum sermonem Jehovae dederunt ei urbem quam petivit, Thimnath-serah in monte Ephraim, et edificavit urbem, habitavitque in ea.

51. Estas son las heredades que Eleazar el sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los cabezas de los padres de las tribus de los hijos de Israel, repartieron por suerte en herencia en Silo delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Así acabaron de repartir la tierra.

51. Istae sunt haereditates quas tradiderunt possidendas Eleazar sacerdos, et Josue filius Nun, et principes patrum tribuum filiorum Israel per sortem in Silo coram Jehova ad ostiam tabernaculi conventionis, et finem fecerunt dividendi terram.

Josué 19:49-51

49. Y cuando acabaron de repartir, etc. Tenemos aquí, por fin, un relato de la gratitud del pueblo hacia Josué. Pues aunque la partición de la tierra de Canaán entre la posteridad de Abraham debía ser equitativa, Josué, por sus excelentes virtudes, merecía alguna recompensa honorífica. Ni podía nadie quejarse de que un solo individuo se enriqueciera a costa de ellos. Porque, en primer lugar, en la demora hubo una notable prueba de la moderación de este santo siervo de Dios. No presta atención a su propio interés hasta que el bien común ha quedado asegurado. ¡Qué pocos encontramos que, después de haber dado una o dos muestras de valor, no se apresuren enseguida a la presa! No así Josué, que no piensa en sí mismo hasta que la tierra ha sido repartida. En la recompensa misma también resplandecen la misma templanza y frugalidad. La ciudad que pide que se le dé a él y a su familia era un mero montón de piedras, ya porque había sido demolida y convertida en un montón de ruinas, ya porque aún no se había edificado ciudad alguna en ella.

Se conjetura con probabilidad que, con el fin de hacer la concesión lo menos odiosa posible, la ciudad que pidió no era de gran valor. Si a alguien le parece extraño que no diera gratuitamente su trabajo, considere que Josué obedeció liberalmente el llamamiento divino, y no tenía sentimientos mercenarios al soportar tantos trabajos, peligros y fatigas; pero habiendo cumplido espontáneamente su deber, no debía rechazar un memorial del favor de Dios, a menos que quisiera, con perverso desprecio, suprimir su gloria. Porque la concesión que se le votó no era otra cosa que un simple testimonio del poder divino, que se había manifestado por su mano. Verdaderamente no puede descubrirse aquí ambición alguna, por cuanto no desea nada para sí mismo, ni obra temerariamente por un sentimiento de codicia, sino que busca en el consentimiento popular una confirmación del honor que Dios ya le había concedido. Haberse callado en tal caso habría sido más indicio de falta de ánimo que de modestia. La declaración del versículo final del capítulo, de que Josué y Eleazar acabaron de repartir la tierra, apunta a la perpetuidad de los límites que habían sido fijados, y advierte a los hijos de Israel que no se muevan de manera alguna a perturbar un decreto inviolable.

CAPÍTULO 20

Josué 20:1-9

1. Habló también Jehová a Josué, diciendo:

1. Loquutus est autem Jehova ad Josue, dicendo,

2. Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por conducto de Moisés:

2. Alloquere filios Israel, his verbis, Date urbes refugii, de quibus loquutus sum ad vos per manum Mosis:

3. Para que huya allá el homicida que matare a alguna persona por error y sin intención: y os serán por refugio del vengador de la sangre.

3. Ut fugiat illuc homicida qui percusserit animam per errorem, absque scientia: eruntque vobis in refugium a propinquo sanguinis.

4. Y cuando el que huya a una de estas ciudades se detenga a la entrada de la puerta de la ciudad, y declare su causa a oídos de los ancianos de aquella ciudad, ellos lo recibirán consigo en la ciudad, y le darán lugar para que habite entre ellos.

4. Et fugiet ad unam ex civitatibus istis, stabitque ad ostium portae urbis, ac loquetur in auribus seniorum urbis ipsius verba sua, et recolligent eum in urbem ad se, dabuntque ei locum, ac habitabit apud eos.

5. Y si el vengador de la sangre lo persigue, no entregarán al homicida en su mano; porque hirió a su prójimo sin intención, y no tenía con él enemistad antes.

5. Quum autem persequutus fuerit eum propinquus sanguinis, non tradent homicidam in manum ejus: quia absque scientia percussit proximum suum, neque odio habuerat eum ab heri et nudiustertius.

6. Et habitabit in ea civitate donec stet ante coetum ad judicium, aut donec moriatur sacerdos magnus qui erit in diebus illis: tunc enim revertetur homicida venietque ad urbem suam, et ad domum suam, ad urbem unde fugerat.

7. Y señalaron a Cedes en Galilea, en el monte de Neftalí, y a Siquem en el monte de Efraín, y a Quiriat-arba, que es Hebrón, en el monte de Judá.

7. Et addixerunt Cedes in Galil in monte Nephtali, et Sechem in monte Ephraim, et Cirjath-arba (ipsa est Hebron) in monte Jehudae.

8. Y al otro lado del Jordán, frente a Jericó, al oriente, señalaron a Beser en el desierto, en la llanura, de la tribu de Rubén, y a Ramot en Galaad, de la tribu de Gad, y a Golán en Basán, de la tribu de Manasés.

8. De trans Jordane autem Jericho, ad orientem dederunt Beser in deserto in planitie, de tribu Ruben: et Ramoth in Gilead, de tribu Gadi: et Golan in Basan, de tribu Manasse.

9. Estas fueron las ciudades señaladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que morase entre ellos, para que huyese allá cualquiera que hiriese de muerte a alguna persona por error, y no muriese por mano del vengador de la sangre, hasta que compareciese ante la congregación.

9. Istae fuerunt urbes conventionis omnibus filiis Israel, et peregrino qui peregrinatur in medio eorum: ut fugeret illuc quicunque interfecisset aliquem per errorem, et non moreretur manu propinqui sanguinis, donec stetisset coram coetu.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.