Comentarios bíblicos · Juan Calvino
Josué 22: comentario de Juan Calvino
Josué 22:1-4
1. Entonces Josué llamó a los rubenitas, etc. Aquí se relata la licencia de las dos tribus y media, que habían seguido al resto del pueblo, no para adquirir algo para sí mismos, sino para que, como ya habían obtenido moradas y tierras sin suerte, hicieran la guerra en común con sus hermanos, hasta que también ellos tuvieran una herencia tranquila. Ahora bien, como habían sido compañeros y ayudadores fieles de sus hermanos, Josué declara que tenían derecho a su licencia, y así los envía de vuelta a sus hogares, libres y exentos. Se pregunta, sin embargo, cómo puede considerar que habían cumplido su debida medida de servicio militar, cuando el enemigo aún poseía parte de la tierra, cuya sola posesión había de ser el término propio de la guerra. Pero si tenemos presente lo que dije hace poco, el nudo se desata. Si los israelitas hubieran seguido la invitación de Dios y secundado su acción; más aún, si, cuando él les extendía la mano, no se hubieran retraído vilmente, la parte restante de la guerra se habría terminado sin peligro y con poca molestia. Por su propia pereza, pues, rechazaron lo que Dios estaba dispuesto a conceder. Y así sucedió que el acuerdo con que las dos tribus y media se habían obligado dejó de ser vinculante. Porque la única obligación que habían contraído era acompañar a las diez tribus y combatir por su herencia tan enérgicamente como si su condición hubiera sido exactamente la misma. Ahora bien, cuando han cumplido perseverantemente su parte como fieles aliados, y las diez tribus, contentas con su presente fortuna, no solo no reclaman, sino que más bien repudian tácitamente su ayuda, se les permite con justicia un regreso libre a sus hogares. Ellos, en efecto, merecen alabanza por su paciente aguante, al no permitir que el cansancio del servicio les hiciera pedir su licencia, sino esperar tranquilamente hasta que Josué, de su propia voluntad, los mandase llamar.
Josué 22:5-7
5. Solamente cuidad con diligencia, etc. Así los libera y exime del servicio temporal, para obligarlos para siempre a la autoridad del único Dios verdadero. Les permite, pues, volver a casa, pero con la condición de que dondequiera que estén han de ser soldados de Dios; y al mismo tiempo prescribe el modo, a saber, la observancia de su Ley. Pero como tal es la vanidad e inconstancia del espíritu humano, que la religión se desvanece fácilmente del corazón, mientras se introducen el descuido y el desprecio, les exige celo y diligencia en cumplir la Ley. La llama la Ley de Moisés, para que no sean llevados de acá para allá por especulaciones huecas, sino que permanezcan firmes en la doctrina que habían aprendido del fiel siervo de Dios. Toca también el fin y la suma de la Ley, el amor a Dios y la adhesión a él, porque de otro modo el culto externo valdría poco. Confirma lo mismo con otras palabras, con las cuales se denota la sinceridad, a saber, servir al Señor con todo su corazón y alma.
Josué 22:8-9
8. Volved con muchas riquezas, etc. Como se vio antes que la mayor parte de las dos tribus había quedado en sus territorios al otro lado del Jordán cuando los otros pasaron para hacer la guerra, era justo que, habiendo vivido con comodidad con sus familias, o habiéndose ocupado solo de asuntos domésticos, se contentaran con su propio sustento y con el producto de su propio trabajo. Y ciertamente no podían, sin deshonestidad, haber exigido que se distribuyera entre ellos parte alguna del botín y los despojos, cuando no habían tomado parte en toda la fatiga y el peligro. Josué, sin embargo, no insiste en el punto de vista estrictamente legal, sino que exhorta a los soldados a tratar liberalmente a sus compatriotas, compartiendo con ellos la presa. Aquí alguien podría suscitar inoportunamente la cuestión de si el botín era o no común. Porque Josué no decide de modo absoluto que sea su deber hacer lo que les manda; los amonesta de que, después de haber sido enriquecidos por la bendición divina, sería señal de falta de buen sentimiento no ser liberales y bondadosos con sus hermanos, especialmente por cuanto no fue culpa de ellos que no tomaran parte en la misma expedición. Además, cuando les manda dividir, no exige una partición igual, como la que es usual entre socios e iguales, sino solo dar algo que baste para quitar toda causa de envidia y odio.
Josué 22:10-20
10. Y cuando llegaron a los límites del Jordán que están en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar grande a la vista.
10. Devenerunt autem ad limites Jordanis qui erant in terra Chanaan, et aedificaverunt filii Ruben, et filii Gad, et dimidia tribus Manasse, ibi altare juxta Jordanem, altare magnum visu.
11. Y los hijos de Israel oyeron decir: He aquí que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés han edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en los límites del Jordán, al paso de los hijos de Israel.
11. Audierunt autem filii Israel dici, Ecce aedificaverunt filii Ruben, et filii Gad, et dimidia tribus Manasse, altare e regione terrae Chanaan, in confinibus Jordanis in transitu filiorum Israel.
12. Y cuando lo oyeron los hijos de Israel, toda la congregación de los hijos de Israel se juntó en Silo, para subir a la guerra contra ellos.
12. Audierunt, inquam, filii Israel, et convenerunt universus coetus filiorum Israel in Silo, ut ascenderent contra eos ad pugnam.
13. Y los hijos de Israel enviaron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, a la tierra de Galaad, a Finees hijo del sacerdote Eleazar,
13. Miserunt autem filii Israel ad filios Ruben, et ad filios Gad, et ad dimidiam tribum Manasse, ad terram Gilead, Phinees filium Eleazar sacerdotis.
14. Y con él diez príncipes, de cada casa principal un príncipe por todas las tribus de Israel; y cada uno era cabeza de la casa de sus padres entre los millares de Israel.
14. Et decem principes cum eo, singulos principes per singulas domos avitas ex omnibus tribubus Israel: singuli namque principes familiarum patrum suorum erant in millibus Israel.
15. Y vinieron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, a la tierra de Galaad, y hablaron con ellos, diciendo:
15. Venerunt ergo ad filios Ruben, et ad filios Gad, et ad dimidiam tribum Manasse, ad terram Gilead, loquutique sunt cum eis, dicendo,
16. Así dice toda la congregación de Jehová: ¿Qué transgresión es esta que habéis cometido contra el Dios de Israel, apartándoos hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes hoy contra Jehová?
16. Sic dicunt universus coetus Jehovae, Quae est praevaricatio ista, qua praevaricati estis contra Deum Israel, ut avertamini hodie ne eatis post Jehovam aedificando vobis altare, ut rebelletis hodie contra Jehovam?
17. ¿Nos será poca la iniquidad de Peor, de la cual no estamos aún limpios hasta hoy, aunque hubo mortandad en la congregación de Jehová,
17. An parum nobis est cum iniquitate Peor, a qua nec dum sumus mundati etiam hodie, et tamen fuit plaga in coetu Jehovae?
18. Para que vosotros os apartéis hoy de seguir a Jehová? Y será que, rebelándoos hoy contra Jehová, mañana se irará contra toda la congregación de Israel.
18. Vos autem avertimini hodie ne eatis post Jehovam, et erit, vos rebellabitis hodie contra Jehovam, et cras in totum coetum Israel irascetur.
19. Sin embargo, si la tierra de vuestra posesión es inmunda, pasad a la tierra de la posesión de Jehová, en la cual está el tabernáculo de Jehová, y tomad posesión entre nosotros: pero no os rebeléis contra Jehová, ni os rebeléis contra nosotros, edificándoos altar además del altar de Jehová nuestro Dios.
19. Et quidem si immunda est terra possessionis vestrae, transite ad terram possessionis Jehovae, in qua habitat tabenaculum Jehovae, et possessiones accipite in medio nostrum et contra Jehovam ne rebellitis: neque a nobis deficiatis, aedificendo vobis altare praeter altare Jehovae Dei nostri.
20. ¿No cometió Acán hijo de Zera una transgresión en cuanto al anatema, y la ira cayó sobre toda la congregación de Israel? Y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad.
20. Nonne Achan filius Zerah praevaricatus est praevaricatione in anathemate, et contra omnem coetum Israel fuit ira? Et ille vir unus non obiit propter iniquitatem suam.
Josué 22:10
10. Y cuando llegaron a los límites, etc. La historia merece aquí particular atención: las dos tribus y media, queriendo erigir un memorial de fe común y de concordia fraternal, se permitieron, por celo poco reflexivo, adoptar un método que sus hermanos sospecharon con razón. Las diez tribus, pensando que el culto de Dios se violaba con impía audacia y temeridad, se inflamaron de santa ira y tomaron las armas para usarlas contra su propia sangre; ni se apaciguaron hasta haber recibido plena satisfacción. El motivo de erigir el altar era recto en sí mismo. Porque el propósito de los hijos de Rubén, Gad y Manasés era testificar que, aunque estaban separados de sus hermanos por la corriente que mediaba, estaban, sin embargo, unidos con ellos en religión y cultivaban un mutuo acuerdo en la doctrina de la Ley. Nada estaba más lejos de su intención que innovar en manera alguna el culto de Dios. Pero pecaron no levemente al intentar una novedad sin hacer caso del sumo sacerdote ni consultar a sus hermanos, y en una forma que era muy susceptible de ser malinterpretada.
Sabemos cuán estrictamente la Ley prohibía dos altares (Éx 20:24), porque el Señor quería ser adorado en un solo lugar. Por tanto, cuando a la primera vista del caso todos fueron llevados enseguida a pensar que estaban edificando un segundo altar, ¿quién no los habría juzgado culpables de sacrilegio, por forjar un ritual de índole degenerada, contrario a la Ley de Dios? Viendo, pues, que la obra podía juzgarse viciosa, debieron al menos, en asunto tan grande y tan grave, haber hecho partícipes de su consejo a sus hermanos; y más especialmente estaban en falta al descuidar consultar al sumo sacerdote, de cuyos labios debía conocerse la voluntad divina. Eran, pues, dignos de censura, porque, como si hubieran estado solos en el mundo, no consideraron qué escándalo podía surgir de la novedad del ejemplo. Por lo cual, aprendamos a no intentar nada temerariamente, aun cuando esté libre de culpa, y atendamos siempre debidamente a la amonestación de san Pablo (1 Co 6:12; 1 Co 10:23) de que es necesario atender no solo a lo que es lícito, sino a lo que conviene; más especialmente guardémonos con esmero de perturbar a los ánimos piadosos introduciendo cualquier clase de novedad.
Josué 22:11-15
11. Y los hijos de Israel oyeron decir, etc. No hay duda de que estaban inflamados de santo celo, ni debe parecer excesiva su vehemencia al tomar las armas para destruir a sus compatriotas por un montón de piedras. Porque juzgaron verdadera y sabiamente que el santuario legítimo de Dios era contaminado y su culto profanado, que las cosas sagradas eran violadas, la concordia piadosa destruida y una puerta abierta a la licencia de las prácticas supersticiosas, si en dos lugares se ofrecían víctimas a Dios, quien por estas razones había atado tan solemnemente a todo el pueblo a un solo altar. No sin razón, pues, las diez tribus, al oír de un altar profano, detestan su sacrílega audacia.
Tenemos aquí, pues, una ilustre muestra de piedad, que nos enseña que si vemos corrompido el culto puro de Dios, debemos esforzarnos al máximo de nuestra capacidad en vindicarlo. La espada, en verdad, no ha sido confiada a las manos de todos; pero cada uno debe, según su llamamiento y oficio, procurar varonil y firmemente mantener la pureza de la religión contra toda corrupción. Más especialmente digno del más alto elogio fue el celo de la media tribu de Manasés, que, dejando a un lado toda consideración de la carne, no perdonó a su propia familia. Admito, sin embargo, que este celo, aunque piadoso, no estaba libre de impetuosidad turbulenta, por cuanto se apresuran a declarar la guerra antes de informarse del parecer de sus hermanos y de averiguar debidamente el estado del caso. La guerra, admito, se declaró solo bajo condiciones; pues envían embajadores para traer respuesta después de haber investigado cuidadosamente el asunto, y no mueven un dedo para infligir castigo hasta estar ciertos de la existencia del crimen. Puede, pues, excusarse el fervor de su pasión, mientras se preparan para el combate en caso de que se descubra alguna defección.
Josué 22:16
16. Así dice toda la congregación, etc. Como si se hubiera sabido que este segundo altar se oponía al único altar de Dios, comienzan reprochándoles, y de manera muy dura y severa. Dan así por confesado que las dos tribus habían edificado el altar con la mira de ofrecer sacrificios sobre él. En esto se equivocan, pues estaba destinado a un uso y fin diferentes. Además, si la idea que habían concebido hubiera sido correcta, toda la reconvención que emplean habría sido justa; porque era un claro caso de rebelión criminal hacer cualquier cambio en la Ley de Dios, quien estima la obediencia más que todos los sacrificios (1 S 15:22), y habría habido perfecto fundamento para condenarlos como apóstatas al apartarse del único altar.
Josué 22:17-20
17. ¿Nos será poca la iniquidad de Peor?, etc. Presentan el crimen como más atroz por su perversa obstinación en no cesar de provocar al Señor una y otra vez con sus abominaciones. Aducen un ejemplo señalado de ocurrencia reciente. Mientras rodeaban el santuario de Dios desde los cuatro puntos cardinales, como buenos centinelas de Dios, y cuando habían recibido la forma del culto debido y estaban habituados a él por el ejercicio constante, se habían dejado, por los seductores halagos de rameras, contaminar con inmundas supersticiones y habían adorado a Baal-peor. Como todo el pueblo estuvo implicado en este crimen, los diez embajadores no vacilan en admitir que fueron partícipes de la culpa. Preguntan, pues: ¿No nos basta la iniquidad que contrajimos en el asunto de Baal-peor? Añaden que aún no estaban purificados de ella, como si hubieran dicho que el recuerdo de ella aún no estaba enteramente sepultado, o que la venganza de Dios aún no se había extinguido; y de aquí infieren que las dos tribus y la media tribu, mientras con impía contumacia se apartan de Dios y sacuden su yugo, no solo miran mal por sí mismas, sino que están atrayendo una destrucción semejante sobre todo el pueblo, porque Dios vengará más extensamente la afrenta que se le haga. Esto lo confirman con el ejemplo de Acán, quien, aunque estaba solo cuando hurtó en secreto del anatema, no sufrió solo el castigo de su sacrilegio, sino que arrastró también a otros consigo, como se vio cuando algunos cayeron en la línea de batalla, mientras todos fueron puestos en fuga vergonzosamente, porque la contaminación se había adherido al pueblo.
Razonan de lo menor a lo mayor. Si la ira de Dios se encendió contra muchos por la fechoría clandestina de un hombre, mucho menos permitiría que el pueblo escapara si connivían con una idolatría manifiesta. Se inserta, sin embargo, una consideración intermedia: que si las dos tribus y media edificaron un altar, y si su condición era peor por no habitar en la tierra de Canaán, vengan más bien y obtengan también un asiento en la tierra de Canaán, pero no provoquen a Dios con una rivalidad malvada. De aquí inferimos que no los movía algún impulso hinchado, puesto que, aun a su propia pérdida y costa, están dispuestos a ofrecer benignamente participación a quienes habían pedido un asiento y domicilio para sí en otra parte.
Josué 22:21-34
21. Entonces los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron, y dijeron a los cabezas de los millares de Israel:
21. Responderunt autem filii Ruben, et filii Gad, et dimidia tribus Manasse, loquutique sunt cum principibus millium Israel.
22. El Dios de dioses, Jehová, el Dios de dioses, Jehová, él sabe, e Israel sabrá; si fue por rebelión, o si por transgresión contra Jehová, (no nos salves hoy,)
22. Deus deorum Jehova, Deus deorum Jehova ipse novit, et Israel cognoscet, si per rebellionem, et si per prevaricationem in Jehovam, ne serves nos die hac.
23. Que nos hemos edificado altar para apartarnos de seguir a Jehová, o si para ofrecer sobre él holocausto u ofrenda, o si para ofrecer sobre él sacrificios de paz, que el mismo Jehová lo demande;
23. Si cogitavimus aedificare nobis altare, ut averteremur ne iremus post Jehovam, et si ad immolandum super illud holocausta et sacrificium, et si ad faciendum super illud sacrificia prosperitatum, Jehova ipse inquirat.
24. Y si no lo hicimos más bien por temor de esto, diciendo: En lo por venir vuestros hijos podrán decir a nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros que ver con Jehová el Dios de Israel?
24. Et si non potius timore hujusce rei fecimus hoc dicendo: Cras dicent filii vestri filiis nostris dicendo: Quid vobis et Jehovae Deo Israel?
25. Porque Jehová ha puesto el Jordán por límite entre nosotros y vosotros, hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en Jehová: así vuestros hijos harán que nuestros hijos dejen de temer a Jehová.
25. Nam terminum posuit Jehova inter nos et vos filii Ruben et filii Gad, Jordanem: non est vobis portio in Jehova: et cessare facient filii vestri filios nostros, ut non timeant Jehovam.
26. Por esto dijimos: Hagamos ahora por edificarnos un altar, no para holocausto, ni para sacrificio:
26. Et diximus, Demus nunc operam ut aedificemus altare, non pro holocausto, nec pro sacrificio:
27. Sino para que sea testigo entre nosotros y vosotros, y entre nuestras generaciones después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; para que vuestros hijos no digan mañana a nuestros hijos: Vosotros no tenéis parte en Jehová.
27. Sed ut testis sit inter nos et vos, et inter generationes nostras post nos, ut serviamus servitutem Jehovae coram eo in holocaustis nostris, et in sacrificiis nostris, et prosperitatibus nostris: et ne dicant filii vestri cras filiis nostris, Non est vobis pars in Jehova.
28. Por esto dijimos: Será que cuando ellos así nos dijeren a nosotros o a nuestras generaciones en lo por venir, nosotros podremos responder: Mirad la semejanza del altar de Jehová que hicieron nuestros padres, no para holocaustos ni para sacrificios, sino que es testimonio entre nosotros y vosotros.
28. Diximus itaque, Et erit, si dixerint nobis aut generationibus nostris cras, tum dicemus, Videte similitudinem altaris Jehovae quod fecerunt patres nostri, non pro holocausto, neque pro sacrificio, sed ut testis sit inter nos et vos.
29. Lejos esté de nosotros rebelarnos contra Jehová, y apartarnos hoy de seguir a Jehová, edificando altar para holocaustos, para ofrendas o para sacrificios, además del altar de Jehová nuestro Dios que está delante de su tabernáculo.
29. Absit a nobis ut rebellemus contra Jehovam, et avertamur hodie ne eamus post Jehovam, aedificando altare pro holocausto, pro oblatione, et pro sacrificio, ultra altare Jehovae Dei nostri quod est ante tabernaculum ejus.
30. Y cuando el sacerdote Finees, y los príncipes de la congregación y los cabezas de los millares de Israel que con él estaban, oyeron las palabras que hablaron los hijos de Rubén, los hijos de Gad y los hijos de Manasés, les pareció bien.
30. Porro quum audisset Phinees sacerdos, et principes coetus, capitaque millium Israel qui cum eo erant, verba quae loquuti fuerant filii Ruben, et filii Gad, et filii Mannasse, placuit in oculis eorum.
31. Y Finees hijo del sacerdote Eleazar dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: Hoy conocemos que Jehová está entre nosotros, porque no habéis cometido esta transgresión contra Jehová: ahora habéis librado a los hijos de Israel de la mano de Jehová.
31. Dixitque Phinees filius Eleazar sacerdotis filiis Ruben, et filiis Gad, et filiis Manasse, Hodie novimus quod in medio nostri sit Jehova, quod non praevaricati sitis contra Jehovam praevaricationem istam: tunc liberastis filios Israel de manu Jehovae.
32. Y Finees hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes, se volvieron de con los hijos de Rubén y de con los hijos de Gad, de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, y les dieron la respuesta.
32. Reversus est igitur Phinees filius Eleazar sacerdotis, et principes illi a filiis Ruben, et a filiis Gad, de terra Gilead ad terram Chanaan ad reliquos filios Israel, et retulerunt eis rem.
33. Y el asunto agradó a los hijos de Israel; y los hijos de Israel bendijeron a Dios, y no pensaron más en subir contra ellos en batalla, para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y de Gad.
33. Placuitque res in oculis filiorum Israel, atque benedixerunt Deo filii Israel: neque decreverunt ascendere contra eos ad pugnam, ut disperderent terram in qua filii Ruben et filii Gad habitabant.
34. Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron al altar Ed: porque será un testimonio entre nosotros de que Jehová es Dios.
34. Vocaverunt autem filii Ruben et filii Gad altare Hed, dicendo: Quia testis erit inter nos quod Jehova est Deus.
Josué 22:21-25
21. Entonces los hijos de Rubén, etc.: El estado de la cuestión depende de la definición. Pues los hijos de Rubén, de Gad y de Manasés explican que tenían una intención distinta, y así se exculpan de la acusación, ya que la naturaleza de lo hecho era muy diferente de lo que los otros suponían. Al no armar un alboroto ni buscar pleito por la injusticia que se les hacía, dan un ejemplo de rara modestia, que se nos propone para imitarlo; de modo que, si alguna vez algo que hemos hecho rectamente es censurado de manera injusta y falsa por quienes no conocen su naturaleza, juzguemos suficiente refutar la censura solo en cuanto sea necesario para justificarnos. Además, para que se les dé más crédito y para que atestigüen mejor su integridad, rechazan lejos de sí, con una solemne protesta, la maldad de que se les sospechaba. Pues hay fuerza y significado en la repetición: El Dios de dioses, Jehová, el Dios de dioses, Jehová, con la cual afirman con vehemencia cuán fielmente desean perseverar en la doctrina de la Ley y cuánto aborrecen todas las supersticiones contrarias. Pero como su intención no era patente a los hombres, y cada uno la explicaba de distinta manera según su propio parecer, apelan al juicio de Dios y ofrecen someterse al castigo si él decide que habían intentado algo impío. Y para probar que no son como los hipócritas, que con perversidad desenfrenada apelan cien veces a Dios como juez aun cuando su propia conciencia los condena, no solo presentan la conciencia, sino que declaran al mismo tiempo que todo el pueblo será testigo; como si hubieran dicho que el hecho mismo hará palpable que nunca tuvieron la intención de idear una nueva forma de culto; y explican con razón en qué sentido el altar habría sido ilícito, a saber, si lo hubieran edificado para ofrecer sacrificio. Pues la Ley no condenaba el mero levantar montones de piedras, sino que solamente mandaba que los sacrificios se ofrecieran en un solo lugar, a fin de retener al pueblo en una sola fe, para que la religión no se desgarrara, para que no se diera licencia a la presunción humana y cada uno se desviara así tras sus propias invenciones. Vemos, pues, cómo la explicación de la naturaleza del hecho quita la aversión que las diez tribus habían concebido contra él.
No es estrictamente exacto, aunque es bastante apropiado a la tosquedad del entendimiento, colocar a nuestro Dios por encima de todos los dioses. Pues es imposible compararlo con otros, ya que en realidad no existen otros. Por eso, para evitar la aparente absurdidad, algunos intérpretes sustituyen dioses por ángeles; este sentido vale en algunos casos, aunque no en todos. Sin embargo, no debe parecer duro que aquel que es el único y supremo ser sea llamado el Dios de dioses, puesto que no tiene igual, sino que se levanta, conspicuo, por encima de toda otra altura, y así, por su gloria, oscurece y aniquila todos los nombres de deidad que son celebrados en el mundo. Por tanto, este modo de hablar debe considerarse con referencia al sentir común del vulgo.
Josué 22:26-29
26. Por eso dijimos, etc.: La grave impiedad de que se les había acusado quedaba ya bien refutada; y sin embargo parecen no estar libres de culpa en todo sentido, porque la Ley prohíbe erigir cualquier clase de estatuas. Es fácil, no obstante, excusarlo diciendo que no se condenan sino las estatuas destinadas a representar a Dios. Levantar un montón de piedras como trofeo, o en testimonio de un milagro, o como memorial de algún insigne favor de Dios, la Ley no lo ha prohibido en ninguna parte. (Éx 20:4; Lv 26:1; Dt 5:8) De otro modo, Josué y muchos santos jueces y reyes después de él se habrían contaminado con una innovación profana. Lo único que desagradaba a Dios era ver los ánimos de los hombres arrastrados de un lado a otro, de manera que lo adoraran de un modo grosero y terrenal. Los hijos de Rubén, de Gad y de Manasés hacen todo lo que se requiere para su exculpación cuando declaran que usarían el altar solo como vínculo de unión fraterna; y añaden una razón suficiente, a saber, el peligro de que, tras un largo transcurso de tiempo, las diez tribus excluyeran a los demás como extraños, porque no habitaban la misma tierra. Pues como el país de más allá del Jordán no estaba comprendido al principio en el pacto, la diferencia de habitación podía acabar siendo causa de disensión. Por eso se anticipan a velar por su posteridad, a fin de poder defender su derecho por medio del altar, como por una especie de documento público, de reconocerse mutuamente y de unirse en común para servir a un solo Dios.
Josué 22:30-34
30. Y cuando el sacerdote Finees, etc.: Finees y los embajadores atemperan con razón su celo cuando, en lugar de insistir con dureza y de urgir el prejuicio que habían concebido, aceptan con suavidad y de buena gana la excusa. Muchas personas, una vez ofendidas y exasperadas por algún asunto, no se dejan aplacar por ninguna defensa y siempre encuentran algo que criticar con malicia e injusticia, antes que parecer ceder a la razón. El ejemplo que aquí se da es digno de observación. Nos enseña que, si alguna vez concebimos una ofensa a propósito de un asunto no suficientemente conocido, debemos guardarnos de la obstinación y estar prontos a tomar enseguida una consideración equitativa. Además, cuando los hijos de Rubén, de Gad y de Manasés son hallados libres de culpa, Finees y los embajadores lo atribuyen a la gracia de Dios. Pues con las palabras: Sabemos que Jehová está en medio de nosotros, dan a entender que Dios les había sido propicio y había cuidado de su seguridad.
Esto debe observarse con atención; pues podemos inferir de ello que nunca nos rebelamos contra Dios ni caemos en la impiedad a menos que él nos abandone y, así abandonados, nos entregue a una mente reprobada. Toda idolatría, pues, muestra que Dios se había alejado previamente y está a punto de castigarnos infligiéndonos una ceguera judicial. Entretanto, debemos sostener que perseveramos en la piedad solo en la medida en que Dios está presente para sostenernos con su mano y confirmarnos en la perseverancia por la acción de su Espíritu. Finees y los embajadores hablan como si hubieran sido librados por los hijos de Rubén, de Gad y de Manasés, porque ya no había motivo para temer la venganza divina, una vez quitada toda sospecha de culpa. Por último, todo el pueblo muestra una equidad y una humanidad semejantes cuando, aceptando la defensa de sus hermanos, dieron gracias a Dios por haber conservado a su pueblo libre de culpa.
Aunque se habían inflamado de repente, se retiran con ánimo sereno. De igual modo, las dos tribus y media se esfuerzan con cuidado por cumplir su deber poniendo nombre al altar, el cual, al explicar su uso propio, podía apartar al pueblo de toda superstición.
CAPÍTULO 23
Josué 23:1-11
1. Aconteció, muchos días después que Jehová hubo dado reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué envejeció y llegó a ser de edad avanzada.
1. Fuit autem post dies multos postquam requiem dedit Jehova Israeli ab omnibus inimicis eorum in circuitu, Josue senuit, et venit in dies:
2. Y Josué llamó a todo Israel, a sus ancianos, a sus cabezas, a sus jueces y a sus oficiales, y les dijo: Yo soy viejo y de edad avanzada:
2. Tunc vocavit Josue omnem Israel, seniores ejus, et capita ejus, et judices ejus, et praefectos ejus, dixitque ad eos, Ego senui, et veni in dies:
3. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por causa de vosotros; porque Jehová vuestro Dios es el que ha peleado por vosotros.
3. Vosque vidistis omnia quae fecerit Jehova Deus vester omnibus gentibus istis in conspectu vestro, quod Jehova Deus vester pugnaverit pro vobis.
4. He aquí, os he repartido por suerte estas naciones que quedan, como heredad para vuestras tribus, desde el Jordán, con todas las naciones que he destruido, hasta el gran mar al occidente.
4. Videte, sorte distribui vobis gentes istas residuas in haereditatem per tribus vestras, a Jordane, atque omnes gentes quas disperdidi usque ad mare magnum ab occasu solis.
5. Y Jehová vuestro Dios, él las echará de delante de vosotros y las arrojará de vuestra vista; y poseeréis su tierra, como Jehová vuestro Dios os ha prometido.
5. Jehova autem Deus vester ipse propulsabiteas a facie vestra, et expellet eas a conspectu vestro, et jure haereditario possidebitis terram earum, quemadmodum loquutus est Jehova Deus vester vobis.
6. Esforzaos, pues, mucho para guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, para que no os apartéis de ello ni a la derecha ni a la izquierda;
6. Robrate igitur vos valde, ut custodiatis, et faciatis quicquid scriptum est in libro Legis Mosis, ut non recedatis ab eo neque ad dextram, neque ad sinistram.
7. Para que no os mezcléis con estas naciones, estas que quedan entre vosotros; ni hagáis mención del nombre de sus dioses, ni hagáis jurar por ellos, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos:
7. Neque commisceamini gentibus istis quae remanent vobiscum et nomen deorum earum ne commemoretis, nec adjuretis, neque serviatis eis, neque incurvetis vos eis.
8. Mas allegaos a Jehová vuestro Dios, como habéis hecho hasta este día.
8. Sed Jehovae Deo vestro adhaereatis, sicut fecistis usque ad diem hanc.
9. Porque Jehová ha echado de delante de vosotros naciones grandes y fuertes; y en cuanto a vosotros, nadie ha podido hacer frente delante de vosotros hasta este día.
9. Propterea expulit a facie vestra gentes magnas et fortes, nec stetit quisquam in conspectu vestro usque ad diem hanc.
10. Un varón de vosotros perseguirá a mil: porque Jehová vuestro Dios es el que pelea por vosotros, como él os lo ha prometido.
10. Vir unus ex vobis persequutus est mille, quia Jehova Deus vester est qui pugnat pro vobis sicut loquutus fuerat vobis.
11. Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.
11. Custodite valde super animabus vestris ut diligatis Jehovam Deum vestrum.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.