Comentarios bíblicos · Juan Calvino

Josué 24: comentario de Juan Calvino

Josué 24:1

1. Y reunió Josué a todas las tribus, etc.: Explica ahora, en mi opinión, más ampliamente lo que antes había relatado con más brevedad. Pues no habría sido conveniente sacar al pueblo dos veces a un lugar extraño por la misma causa. Por tanto, con la repetición se continúa el curso de la narración. Y ahora declara lo que antes no había observado, que todos estaban de pie delante del Señor, expresión que designa la mayor dignidad y solemnidad sagradas de la reunión. He introducido, por eso, la partícula expletiva Por tanto, para indicar que la narración que se había comenzado prosigue ahora. Pues no cabe duda de que Josué invocó, de manera ordenada y solemne, el nombre de Jehová y, como en su presencia, habló al pueblo, para que cada uno considerara que Dios presidía todo lo que se hacía, y que no se ocupaban allí de un asunto privado, sino que confirmaban un pacto sagrado e inviolable con el mismo Dios. Podemos añadir, como se observa poco después, que allí estaba su santuario. De aquí es probable que el arca del pacto fuera llevada allá, no con el fin de cambiarla de lugar, sino para que en una acción tan seria se presentaran ante el tribunal terrenal de Dios. Pues no había obligación religiosa que prohibiera mover el arca, y la situación de Siquem no estaba muy distante.

Josué 24:2

2. Vuestros padres habitaron al otro lado, etc.: Comienza su discurso refiriéndose a su adopción gratuita, por la cual Dios se había anticipado a cualquier petición de parte de ellos, de modo que no podían jactarse de ninguna excelencia ni mérito particular. Pues Dios los había atado a sí con un vínculo más estrecho, habiéndolos reunido, cuando no eran mejores que los demás, para ser su pueblo peculiar, sin consideración a ninguna otra cosa que su mero beneplácito. Además, para que apareciera claramente que no había nada de que pudieran gloriarse, los lleva de nuevo a su origen y les recuerda cómo sus padres habían habitado en Caldea, adorando ídolos en común con los demás y sin diferir en nada de la gran masa de sus compatriotas. De aquí se infiere que Abraham, cuando estaba sumido en la idolatría, fue levantado, por así decirlo, de lo más profundo del abismo.

Los judíos, ciertamente, para dar una falsa dignidad a su raza, relatan fabulosamente que Abraham se hizo desterrado de su país porque se negó a reconocer como Dios al fuego de los caldeos. Pero si atendemos a las palabras del escritor inspirado, veremos que no está más exento de la culpa de la idolatría popular que Taré y Nacor. Pues ¿por qué se dice que los padres del pueblo sirvieron a dioses extraños, y que Abraham fue rescatado del país, sino para mostrar cómo la libre misericordia de Dios se manifestó en su mismo origen? Si Abraham hubiera sido distinto del resto de sus compatriotas, su propia piedad lo habría distinguido. Se menciona expresamente, sin embargo, lo contrario para mostrar que no tenía ninguna excelencia propia que pudiera disminuir la gracia que se le concedió, y que por eso su posteridad debía reconocer que, cuando él estaba perdido, fue levantado de la muerte a la vida.

Parece casi increíble y monstruoso que, viviendo aún Noé, la idolatría no solo se hubiera extendido por todas partes del mundo, sino que hubiera penetrado incluso en la familia de Sem, en la cual por lo menos debía florecer una religión más pura. Cuán insensata e indomable es en esto la necedad humana lo prueba el hecho de que el santo patriarca, sobre quien se había concedido especialmente la bendición divina, no pudo refrenar a su posteridad ni impedir que abandonara al Dios verdadero y se prostituyera a la superstición.

Josué 24:3

3. Y tomé a vuestro padre Abraham, etc.: Esta expresión da una confirmación adicional a lo que mostré hace poco: que Abraham no salió de la profunda ignorancia y del abismo del error por su propia virtud, sino que fue sacado por la mano de Dios. Pues no se dice que buscó a Dios por su propia voluntad, sino que fue tomado por Dios y trasladado a otra parte. Josué amplía luego la bondad divina al preservar milagrosamente a Abraham sano y salvo durante su larga peregrinación. Lo que sigue, sin embargo, engendra alguna duda, a saber, que Dios multiplicó la descendencia de Abraham y, no obstante, solo le dio a Isaac, porque no se menciona a ningún otro sino a él. Pero esta comparación ilustra la singular gracia de Dios hacia ellos, en que, siendo por otra parte numerosa la prole de Abraham, solo su antepasado ocupó el lugar de heredero legítimo. En el mismo sentido se añade enseguida que, siendo Esaú y Jacob hermanos y gemelos, uno de los dos fue retenido y el otro pasado por alto. Vemos, pues, por qué tanto en el caso de Ismael y su hermano como en el de Esaú, enaltece en alta voz la misericordia y bondad divinas hacia Jacob, como si dijera que su raza no sobresalía entre las demás en ningún aspecto, sino en el de haber sido especialmente escogida por Dios.

Josué 24:4-7

4. Pero Jacob y sus hijos descendieron, etc.: Tras mencionar el rechazo de Esaú, pasa a referir cómo Jacob descendió a Egipto, y aunque se limita a una sola expresión, es una que indica la amplia, exuberante y clara manifestación del paternal favor de Dios. No puede dudarse de que, aunque el historiador sagrado no habla en términos elevados de cada milagro realizado, Josué dio al pueblo una exposición sumaria de su liberación tal que podía bastar. Primero, señala los milagros hechos en Egipto; luego, celebra el paso del Mar Rojo, donde Dios les dio el auxilio de su poder inestimable; y en tercer lugar, les recuerda el período durante el cual anduvieron errantes por el desierto.

Josué 24:8-14

8. Y os introduje en la tierra, etc.: Comienza por fin a hablar de las victorias que abrieron camino para la ocupación de sus moradas. Pues aunque el país de más allá del Jordán no había sido prometido como parte de la heredad, sin embargo, como Dios, por su decreto, lo unió a la tierra de Canaán como expresión acumulada de su generosidad, Josué, no sin causa, lo conecta con la otra al encarecer la liberalidad divina hacia el pueblo, y declara no solo que, confiando en el auxilio divino, habían resultado superiores en armas y en fuerza, sino que habían sido también protegidos de los lazos mortales que Balac les había tendido. Pues aunque el impostor Balaam no pudo conseguir nada con sus maldiciones e imprecaciones, era sin embargo muy provechoso observar el admirable poder de Dios manifestado al frustrar su malicia. Pues fue como si hubiera venido al cuerpo a cuerpo y hubiera guerreado con todo lo que podía dañarlos.

Para persuadirlos con más firmeza de que habían vencido no solo bajo la dirección de Dios, sino únicamente por su poder, repite lo que leemos en los libros de Moisés (Dt 7:20): que se enviaron avispas para poner en fuga al enemigo sin mano humana. Este fue un milagro más notable que si hubieran sido derrotados, puestos en fuga y dispersados de cualquier otra manera. Pues quienes, contra lo esperado, ganan una victoria sin dificultad alguna, aunque confiesen que el feliz éxito de la guerra es don de Dios, enseguida se dejan cegar por el orgullo y transfieren la alabanza a su propia sabiduría, actividad y valor. Pero cuando la cosa se realiza por medio de avispas, se afirma indudablemente la acción divina. Por eso la conclusión es que el pueblo no adquirió la tierra con su propia espada ni con su arco, conclusión repetida en el Salmo 44 y al parecer tomada de este pasaje. Por último, tras recordarles que comían los frutos preparados con el trabajo de otros, los exhorta a amar a Dios como lo merece su beneficencia.

Josué 24:15-24

15. Y si os parece mal servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis: pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

15. Quod si molestum est vobis servire Jehovae, eligite vobis hodie quos colatis: sive deos, quibus servierunt patres vestri, qui fuerunt trans flumen, sive deos Aemorrhaei, in quorum habitatis terra: ego vero, et domus mea colemus Jehovam.

16. Y el pueblo respondió y dijo: Lejos esté de nosotros abandonar a Jehová para servir a otros dioses;

16. Cui respondit populus, dicens, Absit a nobis ut derelinquamus Jehovam, serviendo diis alienis.

17. Porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, y el que hizo estas grandes señales delante de nuestros ojos, y nos guardó en todo el camino por donde anduvimos, y entre todos los pueblos por en medio de los cuales pasamos:

17. Jehova enim Deus noster ipse est qui eduxit nos et patres nostros e terra AEgypti, e domo servorum, et qui fecit in oculis nostris signa ista magna: servavitque nos in omni via per quam ambulavimus, et in omnibus populis per quorum transivimus medium.

18. Y Jehová echó de delante de nosotros a todos los pueblos, y aun al amorreo que habitaba en la tierra: nosotros también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.

18. Expulitque Jehova omnes populos, atque adeo Aemorrhaeum habitatorem terrae a facie nostra: etiam nos serviemus Jehovae, quiae ipse est Deus noster.

19. Y Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová: porque él es Dios santo, y Dios celoso; no perdonará vuestras rebeliones ni vuestros pecados.

19. Dixitque Josue ad populum Non poteritis servire Jehovae, quia Deus sanctus est, Deus aemulator est: non parcet sceleribus vestris, atque peccatis vestris.

20. Si dejáis a Jehová y servís a dioses extraños, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien.

20. Si dereliqueritis Jehovam, et servieritis deo alieno, convertet se et malefaciet vobis, consumetque vos, postquam benefecerit vobis.

21. Y el pueblo dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

21. Cui respondit populus, Nequaquam: sed Jehovae serviemus.

22. Y Josué dijo al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y dijeron: Testigos somos.

22. Dixitque Josue ad populum, Testes estis contra vos quod vos elegeritis vobis Jehovam ut illi serviatis. Et dixerunt, Testes.

23. Quitad, pues, dijo él, los dioses extraños que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová, Dios de Israel.

23. Nunc ergo auferte deos alienos, qui sunt in medio vestri, et inclinate cor vestrum ad Jehovam Deum Israel.

24. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos.

24. Cui respondit populus Jehovae Deo nostro serviemus, et voci ejus obediemus.

Josué 24:15

15. Y si os parece mal, etc.: Parece aquí como si Josué prestara poca atención a lo que conviene a un jefe honrado y recto de corazón. Si el pueblo hubiera abandonado a Dios y se hubiera ido tras los ídolos, su deber era infligir castigo a su impía y abominable rebelión. Pero ahora, al darles la opción de servir a Dios o no, según les plazca, suelta las riendas y les da licencia para precipitarse audazmente en el pecado. Lo que sigue es aún más absurdo, cuando les dice que no pueden servir al Señor, como si realmente deseara, de propósito deliberado, empujarlos a sacudirse el yugo. Pero no hay duda de que su lengua era guiada por la inspiración del Espíritu al excitar y descubrir sus sentimientos. Pues cuando el Señor somete a los hombres a su autoridad, suelen estar bastante dispuestos a profesar celo por la piedad, aunque al instante caen de ella. Así edifican sin fundamento. Esto sucede porque ni desconfían de su propia debilidad tanto como deberían, ni consideran cuán difícil es ligarse enteramente al Señor. Hay, pues, necesidad de un examen serio, no sea que seamos llevados por los aires por algún impulso vertiginoso y fracasemos así en nuestros primeros intentos. Con este designio, Josué, a modo de prueba, emancipa a los judíos, haciéndolos, por así decirlo, dueños de sí mismos y libres de escoger a qué Dios quieren servir, no con el fin de apartarlos de la verdadera religión, a lo cual ya estaban demasiado inclinados, sino para impedir que hicieran promesas inconsideradas que poco después violarían. Pues el verdadero objeto de Josué era, como veremos, renovar y confirmar el pacto que ya se había hecho con Dios. No sin causa, pues, les da libertad de elección, para que no pretendan después haber estado bajo coacción, cuando se obligaron por su propio consentimiento. Entretanto, para imprimirles un sentimiento de vergüenza, declara que él y su casa perseverarán en el culto de Dios.

Josué 24:16-18

16. Y el pueblo respondió y dijo, etc.: Vemos aquí que no tenía motivo para arrepentirse de la opción dada, cuando el pueblo, sin jurar por las palabras de otro ni someterse servilmente a un dictado ajeno, declara que sería cosa impía rebelarse contra Dios. Y así contribuye en no poca medida a confirmar el pacto que el pueblo se imponga voluntariamente la ley. La sustancia de la respuesta es que, puesto que el Señor los ha adquirido para sí, mediante una redención admirable, como pueblo peculiar, les ha prestado constantemente su auxilio y ha mostrado que está entre ellos como su Dios, sería una ingratitud detestable rechazarlo y rebelarse hacia otros dioses.

Josué 24:19-21

19. Y Josué dijo al pueblo, etc.: Aquí Josué parece obrar del todo absurdamente al aplastar el celo pronto y diligente del pueblo, sugiriéndole motivos de alarma. Pues ¿con qué fin insiste en que no pueden servir al Señor, sino para hacerlos, por el sentimiento de su absoluta impotencia, entregarse a la desesperación y alejarse así necesariamente del temor de Dios? Era necesario, sin embargo, emplear este modo áspero de conjuración para despertar a un pueblo aletargado, hecho más letárgico por la seguridad. Y vemos que el expediente no dejó de obtener, al menos, un éxito momentáneo. Pues ni se desalientan ni se hacen más perezosos, sino que, superando el obstáculo, responden intrépidamente que serán constantes en el cumplimiento del deber.

En suma, Josué no los disuade de servir a Dios, sino que solo les explica cuán rebeldes y desobedientes son, para que aprendan a cambiar de carácter. Así Moisés, en su cántico (Dt 32), cuando parece hacer un divorcio entre Dios y el pueblo, no hace otra cosa que aguijonearlos y aguzarlos, para que se apresuren a cambiar para mejor. Josué, ciertamente, argumenta de modo absoluto a partir de la naturaleza de Dios; pero lo que especialmente tiene en la mira es la conducta perversa y la obstinación indómita del pueblo. Declara que Jehová es un Dios santo y celoso. Esto, ciertamente, no debe impedir de ningún modo que los hombres lo adoren; pero de ello se sigue que los menospreciadores impuros, malvados y profanos, que no tienen religión, provocan su ira y no pueden tener trato con él, porque lo sentirán implacable. Y cuando se dice que no perdonará su maldad, no se establece una regla general, sino que el discurso se dirige, como a menudo en otros lugares, contra su carácter desobediente. No se refiere a las faltas en general ni a faltas especiales, sino que se limita a la grosera negación de Dios, como lo demuestra el versículo siguiente. El pueblo, por consiguiente, responde con más prontitud que servirán al Señor.

Josué 24:22

22. Y Josué dijo al pueblo, etc.: Entendemos ahora cuál era el objeto al que Josué había apuntado hasta aquí. No era aterrorizar al pueblo y hacerlo caer de su religión, sino hacer más sagrada la obligación por haber elegido ellos de su propia voluntad el gobierno de Dios y haberse puesto bajo su guía, para vivir bajo su protección. Reconocen, pues, que su propia conciencia los acusará y los tendrá por culpables de perfidia si resultan infieles. Pero aunque no eran insinceros al declarar que serían testigos de su propia condenación, cuán fácilmente se desvaneció el recuerdo de esta promesa es evidente por el libro de los Jueces. Pues cuando murieron los más ancianos de entre ellos, se desviaron pronto hacia diversas supersticiones. Por este ejemplo se nos enseña cuán multiformes son los engaños que ocupan los sentidos de los hombres, y cuán tortuosos los escondrijos en que ocultan su hipocresía y necedad, mientras se engañan a sí mismos con vana confianza.

Josué 24:23-24

23. Quitad, pues, los dioses extraños, etc.: ¿Cómo puede ser que quienes hace poco eran vengadores tan severos de la superstición hayan dado ellos mismos entrada a los ídolos? Con todo, las palabras mandan expresamente que quiten de en medio de ellos los dioses extraños. Si interpretamos que sus propias casas estaban aún contaminadas por ídolos, podemos ver, como en un espejo brillante, con cuánta complacencia la mayor parte de los hombres puede entregarse a vicios que persiguen con inexorable severidad en otros. Pero como no juzgo probable que osaran, después de la ejecución de Acán, contaminarse con un sacrilegio manifiesto, me inclino a pensar que la referencia es no a su práctica sino a sus inclinaciones, y que se les dice que alejen de sí toda idea de falsos dioses. Pues ya antes, en este mismo capítulo, los había exhortado a quitar los dioses a quienes sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto. Pero nadie supondrá que los ídolos de Caldea estuvieran guardados en sus depósitos, o que hubieran traído consigo desde Egipto deidades impuras, para ser causa de enemistad entre Dios y ellos. El sentido, por tanto, es simplemente que deben renunciar a todos los ídolos y limpiarse de toda profanidad, a fin de adorar puramente a Dios solo. Este parece ser el sentido de la cláusula: inclinad vuestro corazón a Jehová, que puede tomarse como equivalente a: descansad en él, y entregad así vuestro corazón al amor de él, de manera que os deleitéis y os contentéis solo con él.

Josué 24:25-33

25. Así hizo Josué pacto con el pueblo aquel día, y les puso estatutos y ordenanzas en Siquem.

25. Percussit itaque Josue foedus cum populo in die illa: et prosposuit ei praeceptum et judicium in Sechem.

26. Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios, y tomó una gran piedra, y la erigió allí debajo de una encina que estaba junto al santuario de Jehová.

26. Scripsit Josue verba ista in libro Legis Dei: tulit quoque lapidem magnum, statuitque eum ibi subter quercum, quae erat in sanctuario Jehovae.

27. Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí esta piedra nos servirá de testigo; porque ella ha oído todas las palabras de Jehová que él ha hablado con nosotros: será, pues, testigo contra vosotros, para que no mintáis contra vuestro Dios.

27. Dixitque Josue ad universum populum, En lapis iste erit nobis in testimonium: ipse enim audivit omnia verba Jehovae quae loquutus est nobiscum, eritque contra vos in testimonium, ne forte mentiamini contra Deum vestrum.

28. Y envió Josué al pueblo, cada uno a su heredad.

28. Remisitque Josue populum, quemlibet in haereditatem suam.

29. Y aconteció después de estas cosas que murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años.

29. His autem gestis, mortuus est Josue filius Nun servus Jehovae centum et decem annorum.

30. Y lo sepultaron en el término de su heredad en Timnat-sera, que está en el monte de Efraín, al norte del collado de Gaas.

30. Sepelieruntque eum in termino haereditatis ejus in Thimnatserah, quae est in monte Ephraim ad aquilonem montis Gaas.

31. Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, y que habían conocido todas las obras de Jehová que él había hecho por Israel.

31. Servivitque Israel Jehovae cunctis diebus Josue, cunctisque diebus eniorum qui diu vixerunt post Josue, quinque noverunt omne opus Jehovae quod fecerat ipsi Israel.

32. Y los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, los sepultaron en Siquem, en una parcela de campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem por cien piezas de plata: y fue posesión de los hijos de José.

32. Ossa autem Joseph quae detulerant filii Israel ex Aegypto, sepelierunt in Sechem, in parte agri quam acquisierat Jacob a filiis Hamor patris Sechem centum nummis, et fuerunt filiis Joseph in possessione sua.

33. Y murió Eleazar hijo de Aarón, y lo sepultaron en el collado de Finees su hijo, que le había sido dado en el monte de Efraín.

33. Porro Eleazar filius Aharon mortuus est, et sepelierunt eum in Gibeath Phinees filii ejus, qui datus fuit illi in monte Ephraim.

Josué 24:25

25. Así hizo Josué pacto, etc.: Este pasaje demuestra el fin para el cual se había convocado la reunión, a saber, ligar al pueblo más completa y solemnemente a Dios mediante la renovación del pacto. Por eso, en este convenio Josué obró como si hubiera sido designado de parte de Dios para recibir en su nombre el homenaje y la obediencia prometidos por el pueblo. Se añade, pues, explicativamente, en la segunda cláusula, que les puso delante precepto y juicio. Pues el sentido es corrompido y torcido por algunos expositores, que lo explican como referido a algún nuevo discurso de Josué, cuando debe entenderse propiamente de la Ley de Moisés, como si se hubiera dicho que Josué no hizo otro pacto sino que permanecieran firmes en la observancia de la Ley, y que no se propusieron otros puntos principales del pacto; solo se los confirmó en aquella doctrina que antes habían abrazado y profesado. De la misma manera, Malaquías, para mantenerlos bajo el yugo de Dios, no exige nada más que se acordaran de la Ley de Moisés. (Mal 4:4)

Josué 24:26-28

26. Y escribió Josué estas palabras, etc.: Entiéndase aquel volumen auténtico que se guardaba junto al arca del pacto, como si contuviera registros públicos depositados para perpetua memoria. Y no hay duda de que, cuando se leía la Ley, se añadía también la promulgación de este pacto. Pero como sucede a menudo que lo que está escrito permanece oculto en libros sin abrir, se da otra ayuda a la memoria, una que debía estar siempre expuesta a la vista, a saber, la piedra bajo la encina, cerca del santuario. No porque allí estuviera la estación perpetua del arca, sino porque había sido colocada allí a fin de que comparecieran en presencia de Dios. Por tanto, cada vez que venían a su presencia, el testimonio o memorial del pacto que se había concertado estaba a su vista, para que se mantuvieran mejor en la fe.

La expresión de Josué de que la piedra oyó las palabras es, ciertamente, hiperbólica, pero no es inapropiada para expresar la eficacia y el poder de la palabra divina, como si se hubiera dicho que penetra las rocas y piedras inanimadas; de modo que, si los hombres son sordos, su condenación resuena en todos los elementos. Mentir se usa aquí, como con frecuencia en otros lugares, por obrar con astucia y engaño, por frustrar y violar una promesa dada. ¿Quién no supondría que un pacto tan bien establecido sería firme y sagrado para la posteridad durante muchos siglos? Pero todo lo que Josué obtuvo con su grandísima ansiedad fue asegurar su observancia rigurosa durante unos pocos años.

Josué 24:29-31

29. Y aconteció después de estas cosas, etc.: El honor de la sepultura era una señal de reverencia que de suyo daba testimonio del afectuoso aprecio del pueblo. Pero ni esta reverencia ni este afecto estaban hondamente arraigados. El título con que se distingue a Josué después de su muerte, cuando se le llama siervo del Señor, quitó toda excusa a aquellos hombres miserables y abandonados que poco después despreciaron al Señor, que había obrado maravillas entre ellos. Por eso se llama la atención, de manera indirecta, sobre su inconstancia, cuando se dice que sirvieron al Señor mientras Josué vivió y hasta que se extinguieron los más ancianos. Pues hay una antítesis tácita que implica caída y alejamiento, cuando fueron repentinamente tomados por el olvido de los favores divinos. No es extraño, pues, que también hoy, cuando Dios dota a alguno de sus siervos de dones distinguidos y excelentes, su autoridad proteja y conserve el orden y el estado de la Iglesia; pero cuando mueren, enseguida comienza un triste estrago, y la impiedad oculta irrumpe con licencia desenfrenada.

Josué 24:32-33

32. Y los huesos de José, etc.: No se menciona el tiempo en que fueron sepultados los huesos de José; pero es fácil inferir que los israelitas habían cumplido este deber después de obtener una morada pacífica en la ciudad de Siquem. Pues aunque él no había designado un lugar particular para el sepulcro, consideraron una muestra de respeto depositar sus huesos en el campo que Jacob había comprado. Puede ser, sin embargo, que esto se exprese como censura de la lentitud del pueblo, por la cual José no pudo ser sepultado con Abraham, estando todavía aquel lugar en poder del enemigo. Esteban (Hch 7) menciona los huesos de los doce patriarcas, y no es imposible que las otras tribus, por sentimiento de emulación, recogieran las cenizas de sus progenitores. Allí se dice que el campo fue comprado por Abraham; pero evidentemente se ha deslizado un error en el nombre. En cuanto a la sepultura, debemos sostener en general que su muy frecuente mención en la Escritura se debe a que es un símbolo de la futura Resurrección.

FIN DEL COMENTARIO AL LIBRO DE JOSUÉ.

TRADUCCIÓN DE

LA VERSIÓN DE CALVINO

DEL LIBRO DE JOSUÉ

CAPÍTULO 1

1 Y aconteció después de la muerte de Moisés que Jehová habló a Josué, diciendo: —

2 Moisés mi siervo ha muerto: ahora, pues, levántate, pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy, a saber, a los hijos de Israel.

3 Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie, os lo he dado; como dije a Moisés,

4 Desde el desierto y aquel Líbano hasta el gran mar, el río Éufrates, toda la tierra de los heteos, hasta el gran mar hacia donde se pone el sol, será vuestro límite.

5 Ninguno te hará frente en todos los días de tu vida; porque como estuve con Moisés, así estaré contigo: no te dejaré ni te desampararé.

6 Esfuérzate, pues, y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo como heredad la tierra que juré a sus padres que les daría.

7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para que guardes y hagas conforme a toda la ley que Moisés mi siervo te mandó: no te desviarás a la derecha ni a la izquierda, para que actúes con prudencia (o prosperidad) en todas las cosas.

8 El libro de esta ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él de día y de noche, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito. Porque entonces harás prosperar tus caminos, y entonces actuarás con prudencia.

9 ¿No te he mandado que te esfuerces y seas valiente? No temas, ni te desalientes; pues yo, Jehová tu Dios, estoy contigo en todos los lugares adonde vayas.

10 Entonces Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: —

11 Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos provisión; porque dentro de tres días pasaréis este Jordán, para entrar y poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da para que la poseáis.

12 Y a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés habló Josué, diciendo: —

13 Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo y os ha dado esta tierra:

14 Vuestras mujeres, vuestros pequeños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os ha dado al otro lado del Jordán; pero vosotros, todos cuantos sois hombres de guerra, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y los ayudaréis,

15 Hasta que Jehová haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros; y ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da; y entonces volveréis a la tierra de vuestra heredad, y poseeréis la que Moisés, siervo de Jehová, os dio al otro lado del Jordán, hacia donde nace el sol.

16 Entonces respondieron a Josué, diciendo: Todas las cosas que nos has mandado haremos, y a todos los lugares adonde nos envíes, iremos.

17 Como en todas las cosas obedecimos a Moisés, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo como estuvo con Moisés.

18 Cualquiera que sea el que se rebele contra tu boca y no acate tus palabras en todas las cosas que le mandes, sea muerto. Solamente sé tú firme y valiente.

CAPÍTULO 2

1 Y Josué, hijo de Nun, había enviado desde Sitim dos hombres como espías, en secreto, diciendo: Id, examinad la tierra y Jericó. Ellos, pues, partieron y entraron en la casa de una mujer, una ramera, cuyo nombre era Rahab, y durmieron allí.

2 Y fue dicho al rey de Jericó: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido acá esta noche para espiar la tierra.

3 Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca a los hombres que han entrado a ti, que han venido a tu casa; porque han venido para espiar toda la tierra.

4 Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido. Entonces dice: Los hombres, ciertamente, vinieron a mí, pero yo no sabía de dónde eran.

5 Y sucedió que cuando se cerraba la puerta, en la oscuridad, los hombres salieron, y no sé adónde fueron. Seguidlos aprisa, porque los alcanzaréis.

6 Pero ella los había hecho subir al terrado y los había escondido bajo tallos de lino, que ella había dispuesto en el terrado.

7 Y los hombres los persiguieron por el camino del Jordán, hasta los vados; y cerraron la puerta apenas salieron los que los perseguían.

8 Pero antes que ellos durmiesen, ella misma subió al terrado donde estaban.

9 Y dice a los hombres: Yo sé que Jehová os ha dado la tierra, por cuanto vuestro terror ha caído sobre nosotros, y todos los habitantes de la tierra se han derretido ante vuestra presencia.

10 Porque hemos oído cómo el Señor secó las aguas del mar de Suf (el Mar Rojo) delante de vosotros cuando salisteis de Egipto; y lo que hicisteis a los dos reyes del amorreo que estaban al otro lado del Jordán, Sehón y Og, a los cuales matasteis.

11 Lo oímos, y se derritió nuestro corazón, ni hubo ya más espíritu en nosotros delante de vosotros. Porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

12 Ahora, pues, os ruego que me juréis por Jehová (pues yo he tenido misericordia de vosotros) que vosotros también tendréis misericordia de la casa de mi padre, y me daréis una señal verdadera,

13 De que salvaréis la vida a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas, y a todos los suyos, y libraréis nuestras almas de la muerte.

14 Los hombres le dijeron: Nuestra vida por la vuestra hasta la muerte; con tal que no reveléis este nuestro asunto; y será que cuando Jehová nos haya entregado la tierra, obraremos con vosotros con verdad y misericordia.

15 Ella, pues, los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en la construcción del muro, y ella misma moraba en el muro.

16 Y les dijo: Id aprisa al monte, no sea que por casualidad los que os persiguen os encuentren, y estaos allí escondidos tres días, hasta que vuelvan los que os persiguen, y después seguiréis vuestro camino.

17 Entonces los hombres le dijeron: Quedaremos libres de este juramento tuyo con que nos has obligado.

18 He aquí, cuando entremos en la tierra, atarás este cordón de hilo de grana en la ventana por la cual nos has hecho descender; y además reunirás en casa contigo a tu padre, a tu madre y a toda la familia de tu padre.

19 Y será que cualquiera que saliere fuera de las puertas de la casa, su sangre será sobre su cabeza, pero nosotros quedaremos libres; y cualquiera que estuviere contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si se pusiere mano sobre él.

20 Pero si tú revelas este nuestro asunto, quedaremos libres del juramento con que nos has obligado.

21 Ella respondió: Como habéis dicho, así sea. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón escarlata en la ventana.

22 Habiendo partido, llegaron al monte, y permanecieron allí tres días, hasta el regreso de los que los habían perseguido, los cuales los buscaron por todo el camino y no los hallaron.

23 Aquellos dos, pues, regresando después que descendieron del monte, pasaron y vinieron a Josué hijo de Nun, y le contaron todas las cosas que les habían acontecido.

24 Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos. Porque todos los habitantes de la tierra se han derretido ante nuestra faz.

CAPÍTULO 3

1 Y Josué se levantó muy de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim, y llegaron hasta el Jordán, y pasaron allí la noche antes de cruzar.

2 Y sucedió que al cabo de tres días los oficiales pasaron por en medio del campamento,

3 Y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y a los sacerdotes que la llevan, partiréis de vuestro lugar y iréis tras ella.

4 Sin embargo, entre ella y vosotros habrá un intervalo de unos dos mil codos de longitud: no os acerquéis a ella, para que sepáis el camino por donde habéis de ir. Porque vosotros no habéis pasado antes por ese camino.

5 Y Josué había dicho al pueblo: Santificaos (o Preparaos): porque mañana Jehová hará maravillas en medio de vosotros.

6 Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto y pasad delante del pueblo. Ellos, pues, llevaron el arca del pacto y caminaron delante del pueblo.

7 Y Jehová había dicho a Josué: Hoy comenzaré a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que sepan que del mismo modo que estuve con Moisés estaré contigo.

8 Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el extremo (el borde exterior) de las aguas del Jordán, os detendréis en el Jordán.

9 Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos acá y oíd las palabras de Jehová vuestro Dios.

10 Dijo también Josué: En esto conoceréis que hay un Dios vivo en medio de vosotros, y que echará por completo de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo.

11 He aquí que el arca del pacto del soberano de toda la tierra pasará delante de vosotros por el Jordán.

12 Ahora, pues, escoged para vosotros doce hombres de las tribus de Israel, uno por cada tribu.

13 Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, soberano de toda la tierra, se hayan posado en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán serán cortadas, y las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.

14 Y fue que cuando el pueblo partió para cruzar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el arca del pacto iban delante del pueblo.

15 Y después que los que llevaban el arca llegaron hasta el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron en el extremo de las aguas (pues el Jordán venía lleno sobre todas sus riberas todo el tiempo de la siega),

16 Las aguas que descendían de arriba se detuvieron, y se alzaron en un montón muy lejos, desde la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del desierto, el mar de la sal, se consumieron, fueron cortadas: y el pueblo cruzó frente a Jericó.

17 Y los sacerdotes que llevaban el arca del pacto del Señor estuvieron desembarazados (o preparados) en seco en medio del Jordán, mientras todo Israel cruzaba por tierra seca, hasta que todo el pueblo acabó de pasar el Jordán.

CAPÍTULO 4

1 Y sucedió después que todo el pueblo acabó de pasar el Jordán; porque Jehová había hablado a Josué, diciendo:

2 Tomad para vosotros del pueblo doce hombres, un hombre de cada tribu;

3 Y mandadles, diciendo: Tomad para vosotros de aquí, de en medio del Jordán, del lugar donde están los pies de los sacerdotes desembarazados, doce piedras que llevaréis con vosotros y depositaréis en el lugar donde pasaréis esta noche.

4 Entonces Josué llamó a los doce hombres que había designado de entre los hijos de Israel, uno de cada tribu.

5 Y Josué les dijo: Pasad delante del arca de Jehová vuestro Dios por en medio del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, según el número de las tribus de los hijos de Israel.

6 Para que esto sea entre vosotros (hebreo: en medio de vosotros), cuando mañana vuestros hijos pregunten a sus padres: ¿Qué son esas piedras junto a vosotros?

7 Entonces les responderéis: Cuando las aguas del Jordán fueron cortadas delante del arca del pacto de Jehová, cuando, digo, ella cruzaba el Jordán, y las aguas del Jordán fueron cortadas, entonces fueron hechas esas piedras para memorial a los hijos de Israel para siempre.

8 Los hijos de Israel hicieron, pues, como Josué había mandado, y tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehová había hablado a Josué, según el número de las tribus de los hijos de Israel, y las llevaron consigo al lugar donde pasaron la noche, y las pusieron allí.

9 Josué también erigió doce piedras en medio del Jordán, bajo el lugar donde se detuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto, y han permanecido allí hasta hoy.

10 Y los sacerdotes que llevaban el arca estuvieron de pie en medio del Jordán hasta que se acabó todo el discurso que Jehová había mandado a Josué que hablase al pueblo; exactamente como Moisés había mandado al mismo Josué: pero el pueblo se apresuró a pasar.

11 Y cuando todo el pueblo hubo acabado de pasar, pasó el arca de Jehová, y los sacerdotes en presencia del pueblo.

12 Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron también armados delante de los hijos de Israel; de la misma manera que Moisés les había hablado.

13 Unos cuarenta mil hombres armados pasaron en presencia de Jehová a la batalla, a los llanos de Jericó.

14 Aquel día Jehová engrandeció a Josué ante los ojos de todo Israel, y le temieron como habían temido a Moisés todos los días de su vida.

15 Y Jehová habló a Josué, diciendo:

16 Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio que suban del Jordán.

17 Y Josué mandó a los sacerdotes, diciendo: Subid del Jordán.

18 Y cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová hubieron subido de en medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes fueron trasladadas a tierra seca, las aguas del Jordán volvieron a su lugar, y corrieron como ayer y anteayer sobre todas sus riberas.

19 Y el pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero, y acamparon en Gilgal, en el lado oriental de Jericó.

20 Y las doce piedras que habían sacado del Jordán, Josué las puso en Gilgal.

21 Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana vuestros hijos pregunten a sus padres, diciendo: ¿Qué significan esas piedras?

22 Explicaréis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán:

23 Pues Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vuestra faz hasta que pasasteis; de la misma manera que Jehová vuestro Dios hizo con el Mar Rojo, que secó delante de nuestra faz hasta que pasamos;

24 Para que todas las naciones de la tierra reconozcan la mano de Jehová, cuán poderosa es; para que vosotros temáis a Jehová vuestro Dios todos los días.

CAPÍTULO 5

1 Y sucedió que cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban junto al mar, oyeron que Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que pasaron, se derritió su corazón, y no hubo ya más espíritu en ellos delante de los hijos de Israel.

2 En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados y circuncida de nuevo, por segunda vez, a los hijos de Israel.

3 Y Josué se hizo cuchillos afilados y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de los prepucios.

4 Y esta es la razón por la cual Josué los circuncidó. Todo el pueblo que había salido de Egipto, todos los varones, hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto.

5 Pues todo el pueblo que salió había sido circuncidado, pero todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto, no lo habían circuncidado.

6 Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto hasta la extinción de toda la generación de los hombres de guerra que habían salido de Egipto, que no habían escuchado la voz de Jehová, a los cuales Jehová había jurado que no les mostraría la tierra que había jurado a sus padres que les daría: tierra que fluye leche y miel.

7 A sus hijos, pues, que él puso en lugar de ellos, Josué circuncidó, porque estaban incircuncisos; pues no los habían circuncidado por el camino.

8 Y cuando todo el pueblo fue circuncidado, permanecieron en su lugar en el campamento hasta que sanaron.

9 Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto. Y llamó el nombre de aquel lugar Gilgal hasta hoy.

10 Los hijos de Israel, pues, acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.

11 Y comieron pan sin levadura del producto de la tierra, el día después de la pascua, y tortas el mismo día.

12 Y el maná cesó el día después que comieron del grano del país, y los hijos de Israel no tuvieron más maná, sino que comieron del fruto de la tierra de Canaán aquel año.

13 Y aconteció que estando Josué en Jericó, alzó sus ojos y miró, y he aquí un hombre estaba de pie frente a él, con una espada desnuda en la mano, y Josué fue a él y le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

14 Y él dijo: No, sino que yo soy príncipe del ejército de Jehová: ahora he venido. Y Josué cayó sobre su rostro en tierra, y adoró, y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

15 Y el príncipe del ejército del Señor dijo a Josué: Quita el calzado de tus pies: porque el lugar donde estás es santidad. Y Josué lo hizo así.

CAPÍTULO 6

1 Y Jericó estaba cerrada y fortificada a causa de los hijos de Israel, y nadie salía ni entraba.

2 Y Jehová dijo a Josué: He aquí, yo he entregado en tu mano a Jericó, a su rey y a sus hombres de valor.

3 Rodearéis, pues, la ciudad, todos los hombres de guerra, dándole una vuelta: así harás seis días.

4 Además, siete sacerdotes llevarán siete cuernos de carnero delante del arca: pero el séptimo día rodearéis la ciudad siete veces, y los mismos sacerdotes tocarán las trompetas.

5 Y cuando hayan prolongado el sonido del cuerno de carnero, tan pronto como hayáis oído el sonido de la trompeta, todo el pueblo gritará con gran vocerío, y el muro de la ciudad se vendrá abajo (sobre sí mismo): y el pueblo subirá cada uno desde su lugar.

6 Josué hijo de Nun llamó, pues, a los sacerdotes, y les dijo: Llevad el arca del pacto, y tomen siete sacerdotes siete trompetas de cuernos de carnero delante del arca de Jehová.

7 Dijo también al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad, y vaya todo hombre armado delante del arca del Señor.

8 Y sucedió que después que Josué habló al pueblo, siete sacerdotes llevaron siete trompetas de cuernos de carnero, y pasando delante del arca de Jehová tocaron las trompetas. Y el arca del pacto de Jehová los seguía.

9 Y todo hombre armado iba delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas; y el que cerraba la marcha seguía al arca mientras andaba y tocaba las trompetas.

10 Y Josué había mandado al pueblo, diciendo: No gritaréis, ni haréis oír vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día en que yo os diga: Gritad: entonces gritaréis.

11 El arca de Jehová, pues, rodeó la ciudad, dando una vuelta, y volvieron al campamento; y permanecieron allí.

12 Josué se levantó de nuevo por la mañana, y los sacerdotes llevaron el arca de Jehová.

13 Y siete sacerdotes que llevaban siete trompetas de cuernos de carnero precedían al arca de Jehová al andar; y tocaban las trompetas. Pero el que estaba armado los precedía, y el que cerraba la marcha seguía al arca de Jehová, al andar y al tocar las trompetas.

14 Rodearon, pues, la ciudad el segundo día otra vez, y volvieron al campamento; así hicieron seis días.

15 Pero cuando llegó el séptimo día, se levantaron tan pronto como amaneció, y rodearon la ciudad de la misma manera siete veces; solamente que aquel día rodearon la ciudad siete veces.

16 Y a la séptima vez, cuando los sacerdotes tocaron las trompetas, Josué dijo al pueblo: Gritad, Jehová os ha entregado la ciudad.

17 Y la ciudad será anatema (apartada) para Jehová, ella y todas las cosas que hay en ella; solamente Rahab, la ramera, vivirá, ella y todos los que estén en casa con ella; porque escondió a los mensajeros que enviamos.

18 Con todo, guardaos vosotros del anatema, no sea que por casualidad toquéis algo del anatema, y toméis del anatema, y hagáis anatema el campamento de Israel y lo turbéis.

19 Pero toda la plata y el oro, y los utensilios de hierro y de bronce, serán santidad para Jehová; entrarán en el tesoro de Jehová.

20 El pueblo, pues, gritó después que tocaron las trompetas. Porque cuando el pueblo hubo oído el sonido de las trompetas, gritó con un vocerío muy grande, y el muro cayó, y el pueblo subió, cada uno desde su lugar, y la tomaron.

21 Y destruyeron todas las cosas que había en la ciudad, desde el hombre hasta la mujer, desde el muchacho hasta el anciano, hasta el buey, y la oveja, y el asno, a filo de espada.

22 Pero a los dos hombres que habían explorado la tierra Josué dijo: Entrad en la casa de la mujer, la ramera, y de allí sacad a ella y todo lo que tiene, como se lo habéis jurado.

23 Los espías, pues, habiendo entrado, sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que tenía, y sacaron a toda su parentela, y los colocaron fuera del campamento de Israel.

24 Pero consumieron la ciudad con fuego, y todo lo que en ella había; solamente el oro y la plata, los utensilios de bronce y de hierro, los colocaron en el tesoro de la casa de Jehová.

25 Así que a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y todo lo que tenía, Josué hizo vivir; y habitó en medio de Israel hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a espiar a Jericó.

26 Y Josué hizo en aquel tiempo un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito echará el cimiento de ella, y sobre su hijo menor pondrá sus puertas.

27 Y Jehová estaba con Josué, y su fama se divulgó por toda la tierra.

CAPÍTULO 7

1 Pero los hijos de Israel cometieron una transgresión (gravemente) en cuanto al anatema, pues Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.

2 Josué, además, envió hombres desde Jericó contra Hai, que estaba junto a Bet-avén, al oriente de Betel, y les habló, diciendo: Subid y explorad la tierra. Los hombres, pues, subieron y exploraron Hai.

3 Y habiendo vuelto a Josué, le dijeron: Que no suba todo el pueblo; suban unos dos mil hombres, o unos tres mil hombres, y herirán a Hai.

4 Subieron, pues, del pueblo unos tres mil hombres, y huyeron delante de los hombres de Hai.

5 Y estos hirieron de ellos unos treinta y seis hombres, y los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los hirieron en la bajada; y así el corazón del pueblo se derritió y fue como agua.

6 Josué, además, rasgó sus vestidos, y cayó sobre su rostro en tierra delante del arca de Jehová hasta la tarde, él y los ancianos de Israel, y echaron polvo sobre su cabeza.

7 Y Josué dijo: ¡Ah, ah! Soberano Jehová, ¿por qué has hecho pasar el Jordán a este pueblo, para entregarnos en mano del amorreo, que nos destruirá? ¡Ojalá nos hubiera agradado quedarnos en el desierto al otro lado del Jordán!

8 Oh Señor, ¿qué diré, después que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?

9 Y el cananeo y todos los habitantes de la tierra lo oirán, y se volverán contra nosotros, y destruirán nuestro nombre de la tierra; ¿y qué harás tú a tu gran nombre?

10 Entonces Jehová dijo a Josué: Levántate. ¿Por qué te postras así sobre tu rostro?

11 Israel ha pecado, y aun han transgredido mi pacto que les mandé, y también han tomado del anatema, y también han hurtado, y también han mentido, y también lo han puesto entre sus enseres.

12 Por eso los hijos de Israel no han podido hacer frente a sus enemigos; volverán la espalda delante de sus enemigos; porque están en anatema, no seguiré estando con vosotros, a menos que destruyáis el anatema de en medio de vosotros.

13 Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque así dice Jehová, Dios de Israel: Anatema hay en medio de ti, Israel.

14 Os acercaréis, pues, por la mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová descubra se acercará por familias; y la familia que Jehová descubra se acercará por casas; y la casa que Jehová descubra se acercará por hombres.

15 Y el hombre que sea descubierto en el anatema será quemado con fuego, él y todas las cosas que le pertenecen, porque ha transgredido el pacto de Jehová y ha cometido iniquidad en Israel.

16 Josué, pues, se levantó de mañana, e hizo acercar a Israel por sus tribus, y fue tomada la tribu de Judá.

17 Luego hizo pasar las parentelas de Judá, y fue tomada la parentela de Zera; luego hizo pasar las familias de Zari por hombres, y fue tomada la familia de Zabdi.

18 Y tomó su casa por hombres, y fue tomado Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.