Comentarios bíblicos · Juan Calvino
Levítico 13: comentario de Juan Calvino
Levítico 13:2-28
2. Cuando el hombre tuviere en la piel. Puesto que no toda erupción era lepra ni hacía inmundo al hombre, al designar Dios a los sacerdotes como jueces, distingue por ciertas señales una erupción común de la lepra; y luego añade la diferencia entre las diversas clases de lepra. Pues la enfermedad no era siempre incurable, sino solo cuando la sangre estaba del todo corrompida, de modo que la piel misma se había endurecido por su corrosión, o hinchado por su estado enfermo. Hay que observar, pues, en primer lugar, que la palabra griega y latina lepra, y la hebrea צרעת, tzaragmath, se extienden más allá de la enfermedad incurable que los médicos llaman elefantiasis, tanto por la dureza de la piel como por su color moteado; no porque haya una total concordancia entre el grosor de la piel del hombre y el de un elefante, sino porque esta enfermedad produce insensibilidad de la piel. A esto los griegos lo llaman Ψώρα, y si no es una especie de lepra, está muy emparentada con ella. Vemos así que había una distinción entre la sarna y la lepra; como hoy, si fuera necesario juzgar respecto de la sarna (que comúnmente se llama el mal de san Menano), habría que observar las señales que la distinguen de la lepra. Pero, en cuanto a las diversas clases de lepra, confieso que no soy médico para discutirlas con exactitud, y me abstengo adrede de investigarlas de cerca, porque estoy persuadido de que la enfermedad de que aquí se trata afectaba a los israelitas de un modo extraordinario, que ahora desconocemos; pues ¿qué sabemos hoy de una casa leprosa? De hecho es probable que, como los escritores paganos sabían que el pueblo judío padecía esta enfermedad, la tomaran como fundamento de su falsedad de que todos los descendientes de Abraham estaban infectados de sarna y fueron expulsados de Egipto para que otros no la contrajeran de ellos. Que esta era una calumnia antigua se ve en Josefo, tanto en el libro noveno de sus Antigüedades como en su tratado contra Apión; y la repiten tanto C. Tácito como Justino. Sin embargo, no dudo de que los egipcios, nación muy orgullosa, para borrar la memoria de su propia deshonra y de la venganza que Dios ejerció sobre ellos, inventaron esta mentira, y así volvieron groseramente contra este pueblo inocente lo que les había ocurrido a ellos mismos cuando fueron heridos con úlceras y ampollas. Pero veremos más adelante, entre las maldiciones de Dios, que Él castigó a su pueblo con las mismas plagas con que había afligido a los egipcios:
«Jehová te herirá con la llaga de Egipto, con tumores, con sarna», etc. (Dt 28:27).
De donde puede inferirse con probabilidad que Dios vengó los crímenes de su pueblo antiguo con juicios especiales, que ahora nos son desconocidos; así como después surgieron nuevas enfermedades, de las cuales estaban libres los de los tiempos antiguos. De todos modos, Josefo, con argumentos claros y sólidos, pone de manifiesto lo absurdo de esta acusación de que Moisés fue expulsado de Egipto con una multitud de desterrados para que no infectaran el país con su enfermedad; pues, si hubieran estado todos afectados de este mal, él nunca habría impuesto leyes tan severas para separar a los leprosos de la sociedad común.
Dios manda primero que, siempre que surgiera sospecha de lepra, el hombre se presentara al sacerdote; si aparecía algún síntoma de lepra, manda que se le encerrara por un período de siete días, hasta que por el avance de la enfermedad apareciera que era lepra incurable. Que Dios haya designado a los sacerdotes como jueces, y además solo a los del orden más alto, es prueba de que se atendía más a su servicio espiritual que a la mera salud corporal. Si alguien pregunta si la lepra no es una enfermedad contagiosa y si no convenía, por tanto, apartar del trato con otros a todos los que estaban afectados por ella, admito, ciertamente, que así es, pero niego que este fuera el objeto principal. Pues, con el transcurso del tiempo, los médicos habrían podido decidir mejor con su arte y su habilidad; en cambio Dios encomendó esta decisión solo a los sacerdotes y les dio la regla por la cual debían juzgar. Ni designó a los levitas indistintamente, sino solo a los hijos de Aarón, que eran el orden más alto, para que la autoridad de la decisión fuera mayor. Fue, pues, por un error grosero, o más bien por impudencia, que los sacerdotes (sacrifici) papistas se atribuyeron esta jurisdicción. Era (dicen) oficio de los sumos sacerdotes bajo la Ley distinguir entre las clases de lepra; y por tanto el mismo derecho se transfiere a los obispos. Pero llevan la burla todavía más lejos: el oficial, representante del obispo, se sienta como juez legítimo; llama a médicos y cirujanos, de cuyas respuestas pronuncia lo que él mismo confiesa ignorar. ¡Mira con cuánta habilidad acomodan a nuestros tiempos un rito legal! La burla, sin embargo, es aún más repugnante cuando, en otro sentido, extienden a toda la tribu de los sacerdotes lo que han dicho que pertenece solo a los obispos; pues, como el pecado bajo el cual todos trabajamos es una lepra espiritual, infieren de ahí que todos están excluidos de la congregación de los fieles hasta que sean purgados y recibidos por la absolución, que sostienen ser oficio común de todos los sacerdotes. Añaden luego que no se puede pronunciar juicio hasta que la causa es oída, y concluyen así que la confesión es necesaria. Pero, si quieren recurrir a sutilezas, la razón nos conduciría más bien a la conclusión contraria; pues Dios no quiso que los sacerdotes tomaran conocimiento de una enfermedad oculta, sino solo después que habían aparecido los síntomas manifiestos: de ahí se seguirá que es absurdo llevar a juicio los pecados secretos, y que se arrastra a los miserables a su confesión contra toda ley y justicia. Pero, dejando a un lado todos estos absurdos, debe observarse una analogía entre nosotros y el pueblo antiguo de Dios. Él prohibió antiguamente que se tolerara en su pueblo la inmundicia externa de la carne. Con la venida de Cristo la figura típica ha cesado; pero se nos enseña que toda inmundicia con que se contamina la pureza de su servicio no ha de ser fomentada ni soportada entre nosotros. Y ciertamente la excomunión corresponde a esta ceremonia; pues por ella se purifica la Iglesia, para que las corrupciones no la asalten por todas partes si los malos y culpables ocuparan en ella un lugar mezclados con los buenos. El mandato de Dios de que, mientras la enfermedad fuera oscura y dudosa, el infectado fuera encerrado por siete días, nos recomienda moderación, para que nadie que todavía tenga cura sea condenado antes de tiempo. De hecho, ha de observarse este medio: que el juez no sea demasiado remiso y precipitado en perdonar, y sin embargo que temple la severidad con la justicia; y especialmente que no sea demasiado precipitado en su juicio. Lo que traducimos «lo declarará limpio, o inmundo» es en hebreo «lo limpiará, o lo hará inmundo»; así se establece más plenamente la dignidad del juicio, como si procediera de Dios mismo; y ciertamente ninguna habilidad médica podría declarar al séptimo día incurable una lepra sobre la cual había duda tan poco tiempo antes, si Dios no descubriera de un modo especial la inmundicia y no guiara con su Espíritu los ojos de los sacerdotes.
Levítico 13:29-43
29. Si el hombre o la mujer. Lo que aquí se dice no es la calvicie que tan a menudo ocurre en la vejez; sino que aquella pérdida de cabello que es consecuencia de la lepra se distingue de cualquier otra cuya causa puede ser alguna indisposición y que, sin embargo, no contamina al hombre. Pero, como algunas clases de calvicie no difieren tanto de la lepra a primera vista —como, por ejemplo, la ofiasis y la alopecia—, es necesario distinguirlas.
Levítico 13:44-57
44. Leproso es, es inmundo. En la primera parte del versículo dice que el leproso debe ser tenido por inmundo; pero en la última manda al sacerdote que dé sentencia contra esta inmundicia, para que no se introduzca en la congregación. Por eso dice: «su llaga está en su cabeza», lo cual equivale a decir que está sentenciado a una justa ignominia, pues Moisés da por sentado que Dios expone a la infamia pública a todo el que hiere con lepra, y de ahí les recuerda que justa y merecidamente llevan este castigo.
Los dos versículos siguientes contienen la forma en que se ejecuta la sentencia, a saber, que el hombre lleve un rasgón en su vestido, que será la marca de su deshonra, que ande con la cabeza descubierta y la boca cubierta (pues así entiendo el cubrirse el labio); y además de esto, que sea el pregonero de su propia contaminación; finalmente, que habite fuera del campamento, como desterrado de la comunicación con los hombres. Moisés se refiere aquí al estado en que entonces estaba el pueblo, mientras peregrinaba en el desierto; pues después que comenzaron a habitar la tierra, los leprosos eran expulsados de las ciudades y aldeas para vivir aparte. No sé si es sana la opinión de algunos de que se les mandaba cubrirse la boca o el labio para que con el contagio de su aliento no dañaran a otros. Mi opinión es más bien que, como estaban civilmente muertos, llevaban también el símbolo de la muerte en tener el rostro cubierto, ya que su separación los privaba de la vida ordinaria de los hombres. Donde traducimos «gritará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!», algunos, tomando el verbo יקרא, yikra, de manera indefinida, lo construyen en pasiva: «será llamado»; y admito que en muchos pasajes tiene la misma fuerza que si estuviera en plural. Pero, porque la repetición de la palabra «inmundo» es enfática, es probable que el verbo no deba tomarse simplemente por «llamar» (vocare); y por eso me inclino más bien a la opinión de que, por mandato de la Ley, advertían a todos con su propia boca que no se les acercaran, para que nadie se contaminara incautamente tocándolos; aunque quizá su inmundicia se proclamaba públicamente, para que todos se exhortaran mutuamente a guardarse. Y Jeremías parece aludir a este pasaje cuando, hablando de las contaminaciones de la ciudad, dice que todos clamaban:
«¡Apartaos, inmundos! ¡Apartaos, apartaos!» (Lm 4:15).
Levítico 13:58-59
58. Y el vestido. Esta clase de enfermedad Dios, en su infinita clemencia, ha querido que nos sea desconocida. Ha sujetado, en efecto, los vestidos de lana y las pieles a los estragos de la polilla, y los utensilios de diversas clases al orín y a otras corrupciones; de hecho, ha rodeado al género humano de podredumbre, para que por todas partes nuestros ojos tropiecen con el castigo del pecado; pero qué pueda ser la lepra de los vestidos, se ignora. Su expiación bajo la Ley, sin embargo, advertía a su pueblo antiguo que debía guardarse con cuidado incluso de la inmundicia externa, para limpiarse «de toda contaminación de carne y de espíritu». Me ha parecido suficiente tocar la suma del asunto, porque sería trabajo casi superfluo insistir en las palabras, aunque no quisiera condenar la diligencia de quienes examinan también estos puntos; pero mi propósito no es hacer el oficio de gramático.
De la purificación de los leprosos
Levítico 14
Levítico 14:1-57
1. Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
1. Et loquuntus est Jehova ad Mosen, dicendo:
2. Esta será la ley del leproso el día de su purificación: Será traído al sacerdote:
2. Hace erit lex leprosi die pugationis suae, nempe adducetur ad sacerdtem.
3. Y el sacerdote saldrá fuera del campamento; y el sacerdote mirará, y si la llaga de la lepra ha sanado en el leproso,
3. Et egredietur sacerdos foras extra castra, dg inspiciet sacerdos: et su sanata fuerit lepra a leproso;
4. Entonces el sacerdote mandará que se tomen para el que se ha de purificar dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, y grana, e hisopo:
4. Tunc praecipiet scerdos ut tollantur ei qui mundatur dae aves vivae, mundae, et lignum cedrinum, et coccus vermiculi, et hyssopus.
5. Y mandará el sacerdote matar una avecilla en una vasija de barro sobre aguas vivas:
5. Et praecipiet sacerdos ut mactetur avis una super vas fictile super aquas vivas.
6. Después tomará la avecilla viva, y el cedro, y la grana, y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas vivas:
6. Avem vivam tollet, et lignum cedrinum, et cuccum vermiculi, et hyssopum: et tinget illa, et avem vivam in sanguine avis mactatae super aquas vivas.
7. Y rociará siete veces al que se purifica de la lepra, y lo declarará limpio, y soltará la avecilla viva en el campo abierto.
7. Et sparget super eum qui mundatur a lepra septem vicibus, mundabitque emu: et emitet avem vivam in superficiem agri.
8. Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días.
8. Et lavabit qui emundatur vestimenta sua, et radet omnem ilum suum, lavabitque se aqua, et mundus erit: postea ingredietur castra, habitabitque extra tabernaculum suum septem diebus.
9. Y al séptimo día raerá todo su pelo, su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos, y raerá todo el resto de su pelo; lavará también sus vestidos, y después de lavar su cuerpo con agua, será limpio.
9. Die autem septimo radet omnem pilum suum, caput suum, et barbam suam, et supercilia oculorum suorum, atque omnem reliquum pilum summ radet: lavbit quoque vestimenta sua, postquam laverit carnem suam aqua, et purificabit se.
10. Y el día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin defecto, y tres décimas de flor de harina para ofrenda, amasada con aceite, y un log de aceite.
10. Die autem octavo tallet duos agnos immaculatos, et agnam unam anniculam immaculatam, et tres decimas mixturae minha mixta oleao, et sextarium unum olei.
11. Y el sacerdote que lo purifica presentará al hombre que se ha de purificar, y aquellas cosas, delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de la congregación:
11. Statuetque sacerdos qui mundat virum mundandum, et illa coram Jehova ad ostium tabernaculi conventionis.
12. Y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá como expiación por la culpa, con el log de aceite, y los mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová:
12. Tolletque sacerdos agnum unum quem offert in sacrificium pro delicto, et sextarium olei, et agitabit ea agitatione coram Jehova.
13. Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar santo; porque como el sacrificio por el pecado, así también el de la culpa es del sacerdote: es santísimo:
13. Mactabitque agmnu in loco in quo mactare solet oblationem pro peccato, et holocaustum *nempe *in loco sanctitatis: quia sicut hostia pro peccato, *ita *oblatio pro delicto, est sacerdotis, sanctitas sanctitatum est.
14. Y tomará el sacerdote de la sangre del sacrificio por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se ha de purificar, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho:
14. Accipietque sacerdos de sanguine oblationis pro delicto, et ponet super tenerum auris mundandi dextrae, et super pollicem manus ejus dextrae, et super pollicem pedis ejus dextri.
15. Tomará luego el sacerdote del log de aceite, y lo echará en la palma de su propia mano izquierda:
15. Accipiet praeterea sacerdos de sextario olei, et fundet in manum suam sinistram.
16. Y mojará el sacerdote su dedo derecho en el aceite que tiene en la mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová:
16. Tingetque ipse digitum suum dextrum in oleum quod est in manu sua sinistra, spargetque de oleo digito suo septem vicibus coram Jehova.
17. Y del resto del aceite que tiene en la mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se ha de purificar, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa:
17. De residuo vero olei quod in manu sua ponet sacerdos super tenerum auris mundandi dextrae, et super pollicem manus ejus dextrae, et super pollicem pedis ejus dextri, ultra sanguinem oblationis pro delicto.
18. Y lo que quede del aceite que tiene el sacerdote en la mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se ha de purificar; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová.
18. Quod autem superest de oleo quod est in manu ejus, ponet super caput mundandi: expiabitque eum sacerdos coram Jehova.
19. Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto:
19. Faciet item sacerdos oblationem pro peccato, emundabitque mundandum ab immunditia sua, et postea mactabit holocaustum.
20. Y el sacerdote ofrecerá el holocausto y la ofrenda sobre el altar; y hará el sacerdote expiación por él, y será limpio.
20. Et ascendere faciet sacerdos holocaustum et minham super altare expiabitque eum sacerdos, et mundus erit.
21. Pero si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda por la culpa, para expiación suya, y una décima de flor de harina amasada con aceite para ofrenda, y un log de aceite;
21. Si autem pauper fuerit, et manus ejus non possit assequi, tum accipiet agnum unum in hostiam pro delicto in elevationem ad expiandum illum, et decimam partem similae unam permistam oleo pro minha, sextariumque olei.
22. Y dos tórtolas, o dos palominos, según pueda, el uno para expiación por el pecado, y el otro para holocausto.
22. Duos praeterea turtures, aut duos filios columbae, quodcunque apprehendere poterit manus ejus: eritque unus in hostiam pro pecccato, et alter pro holocausto.
23. Y al octavo día de su purificación los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de la congregación, delante de Jehová.
23. Afferetque ea octavo die purificationis suae ad sacerdotem, ad ostium tabernaculi conventionis coram Jehova.
24. Y el sacerdote tomará el cordero de la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de Jehová:
24. Suscipietque sacerdos agnum oblationis pro delicto, et sextarium olei, atque agitabit ea sacerdos elevationem coram Jehova.
25. Y degollará el cordero de la culpa, y tomará el sacerdote de la sangre del sacrificio por la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se ha de purificar, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho:
25. Mactabitque agnum oblationis pro delicto, ac tollet sacerdos de sanguine oblationis pro delicto, ponetque super tenerum auris mundandi dextrin, et super pollicem manus ejus dextrae, et super pollicem pedis ejus dextri.
26. Y el sacerdote echará del aceite en la palma de su propia mano izquierda:
26. De oleo quoque fundet sacerdos in manum suam sinistram.
27. Y rociará el sacerdote con su dedo derecho del aceite que tiene en su mano izquierda siete veces delante de Jehová:
27. Spargetque sacerdos digito suo dextro de oleo quod est in manu sua sinistra septem vicibus coram Jehova.
28. Y pondrá el sacerdote del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se ha de purificar, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre del sacrificio por la culpa:
28. Ponet quoque sacerdos de oleo quod est in manu sua super tenerum auris emundandi dextrae, et super pollicem manus ejus dextrae, et super pollicem pedis ejus dextri, in loco sanguinis oblationis pro delicto.
29. Y el resto del aceite que tiene el sacerdote en la mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se ha de purificar, para hacer expiación por él delante de Jehová.
29. Quod autem superest de oleo quod est in manu sacerdotis, ponet super caput emundandi ad emun-dandum illum coram Jehova.
30. Y ofrecerá una de las tórtolas, o de los palominos, según pueda;
30. Faciet item unum de turturibus, vel ex pullis columbarum, ex iis quae apprehenderit manus ejus.
31. De lo que pueda, el uno para expiación por el pecado y el otro para holocausto, con la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar delante de Jehová.
31. Quod *inquam *apprehenderit manus ejus, faciet unum pro peccato, et alterum in holocaustum cum minha, emundabitque sacerdos mundaudum coram Jehova.
32. Esta es la ley del que tuvo llaga de lepra, y no tiene medios para su purificación.
32. Ita est lex ejus in quo fuerat plaga leprae, cujus manus non poterat apprehendere mundationem sui.
33. Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:
33. Et loquutus est Jehova ad Mosen et Aharon, dicendo:
34. Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, y pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión;
34. Quum ingressi fueritis terram Chanaan, quam ego do vobis in possessionem, et posuero plagam leprae in domo terrae possessionis vestrae:
35. Vendrá aquel de quien sea la casa, y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga me ha parecido ver en mi casa:
35. Veniet ille cujus erit domus, renuntiabitque sacerdoti, dicendo,. Tanquam plaga *leprae *visa est mihi in domo.
36. Entonces mandará el sacerdote que desocupen la casa antes que el sacerdote entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinar la casa:
36. Tunc praecipiet sacerdos, et expurgabunt domum antequam ingrediatur sacerdos, ut dispiciat plagam, ne polluatur quicquam quod sit in ea domo: et postea ingredietur sacerdos ad contemplandam domum
37. Y mirará la plaga, y si se vieren manchas en las paredes de la casa, cavidades verdosas o rojizas, que parezcan más profundas que la pared;
37. Tunc considerabit plagam ipsam: et siquidem in plaga quae est in parietibus domus, fuerint nigredines, flavedines, vel rubedines: et aspectus eorum fuerit depressior reliquo pariete:
38. El sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días.
38. Egredietur sacerdos e domo ad ostium domus, et claudet domum septem diebus.
39. Y al séptimo día volverá el sacerdote, y mirará; y si la plaga se ha extendido en las paredes de la casa,
39. Postea revertetur sacerdos die septimo, et contemplabitur: et siquidem creverit plaga in parietibus domus,
40. Entonces mandará el sacerdote que arranquen las piedras en que estuviere la plaga, y las echen fuera de la ciudad en lugar inmundo:
40. Tunc praecipiet sacerdos, et eruent lapides in quibus fuerit plaga illa, projicientque illos extra civitatem in locum immundum:
41. Y hará raer la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el polvo que hayan raído:
41. Domum autem radere jubebit intrinsecus per circuitum, et effundent pulveremquem abraserint extra civitatem in locum immundum.
42. Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otra mezcla y recubrirán la casa.
42. Et accipient lapides altos quos reponent loco lapidum illorum, et latum aliud capient, et complanabunt domum.
43. Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras, y raer la casa, y recubrirla;
43. Quod si reversa fuerit plaga, et effloreat in illa domo postquam erui fecit lapides, et abradi domum, et posteaquam obducta fuit:
44. Entonces el sacerdote entrará y mirará; y si la plaga se ha extendido en la casa, es lepra maligna en la casa: es inmunda.
44. Tunc ingredietur sacerdos, et considerabit: et siquidem creverit plaga in domo, lepra corrodens est ipsa in domo, immunda est.
45. Derribará, por tanto, la casa, sus piedras y sus maderas, y toda la mezcla de la casa; y las sacará fuera de la ciudad a lugar inmundo.
45. Destruetque domum, et lapides ejus, et ligna ejus, atque universum lutum domus, educetque extra civitatem in locum immundum.
46. Además, el que entrare en aquella casa durante todos los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche.
46. Qui autem ingressus fuerit domum illam omnibus diebus quibus jusserit earn claudi, immundus erit usque ad vesperam.
47. Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa, lavará sus vestidos.
47. Et qui dormierit in ea domo, lavabit vestimenta sua: quique comederit in domo, lavabit vestimenta sua.
48. Mas si entrare el sacerdote y miraré, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido.
48. Si autem ingrediendo ingressus fuerit sacerdos: contemplatusque viderit non crevisse plagam in ipsa domo, postquam ipsa obducta fuit: mundam judicabit sacerdos domum, quia sanata sit plaga illa.
49. Y tomará para purificar la casa dos avecillas, y madera de cedro, y grana, e hisopo:
49. Tollet itaque ad purificandam domum duos passeres, et lignum cedrinum, et coccum vermiculi, ct hyssopum.
50. Y degollará una de las avecillas en una vasija de barro sobre aguas vivas:
50. Mactabitque passerera unum super vas fictile, super aquas vivas.
51. Y tomará el madero de cedro, y el hisopo, y la grana, y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas vivas, y rociará la casa siete veces:
51. Capietque lignum cedrinum, et hyssopum, et coccum vermiculi, et passerem vivum, et tinget illa in sanguine passeris mactati, et in aqua vivente: aspergetque domum septem vicibus.
52. Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, y con las aguas vivas, y con la avecilla viva, y con el madero de cedro, y con el hisopo, y con la grana:
52. Purificabitque domum illam sanguine passeris, et aqua viva, et passere vivo, lignoque cedrino, et hyssopo, et cocco vermiculi.
53. Después soltará la avecilla viva fuera de la ciudad, en el campo abierto, y hará expiación por la casa, y será limpia.
53. Postea dimittet passerem vivum extra civitatem super faciem agri, purgabitque domum, et munda erit.
54. Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra, y de tiña,
54. Ista est lex omnis plagae leprae, et maculae nigrae,
55. Y de la lepra del vestido, y de la casa,
55. Et leprae vestis, et domus,
56. Y acerca de la hinchazón, y de la sarna, y de la mancha blanca:
56. Et tumoris, et scabiei, et candentis maculae:
57. Para enseñar cuándo es inmundo, y cuándo es limpio: esta es la ley de la lepra.
57. Ad docendum quid agendum, quo die immundus et quo die mundus declarandus est.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.