Comentarios bíblicos · Juan Calvino

Levítico 21: comentario de Juan Calvino

Levítico 21:1-6

1. Habla a los sacerdotes. Todas estas cosas que siguen tienden al mismo fin, esto es, que los sacerdotes se diferencien del resto del pueblo por señales notables, como separados de los hombres ordinarios; pues una pureza especial convenía a quienes representaban la persona de Cristo. Parece, en verdad, como si Dios diera aquí preceptos sobre cosas pequeñas y sin importancia; pero hemos dicho en otro lugar que los ritos legales eran como peldaños por los cuales los israelitas podían ascender al estudio de la verdadera santidad. La declaración de Pablo era siempre verdadera, que «el ejercicio corporal para poco es provechoso» (1 Ti 4:8); pero el uso de las antiguas sombras bajo la Ley debe estimarse por su fin. Aunque, por tanto, la observancia de las cosas de que ahora se trata no agradaba mucho a Dios por sí misma, sin embargo, por cuanto tendía a algo más alto, era pecado tenerla en poco. Ahora bien, aunque así se advertía a los sacerdotes que debían cultivar la santidad con peculiar diligencia, como lo exigía la santidad de su oficio, el designio principal de Dios era presentar la imagen de la santidad perfecta que al fin se contempló en Cristo. La primera ley contiene una prohibición de hacer duelo, absolutamente y sin excepción en cuanto al sumo sacerdote, y en cuanto a los hijos de Aarón con ciertas restricciones especificadas; pues aunque Dios prohíbe en otro lugar al pueblo en general imitar la costumbre de los gentiles en el duelo excesivo, aquí exige algo más de los sacerdotes, a saber, que se abstengan incluso del duelo ordinario, como el que se permitía a otros. Esta prohibición se repitió ciertamente de nuevo, como veremos, a raíz de un hecho real; pues cuando Nadab y Abiú, que habían ofrecido incienso con fuego extraño, fueron consumidos por fuego del cielo, Dios permitió que todo el pueblo hiciera duelo por ellos, excepto los sacerdotes; pero en aquella ocasión la ley general fue de nuevo ratificada, para que los sacerdotes no se contaminaran haciendo duelo por los muertos; salvo que allí se prohibió el duelo incluso por una pérdida doméstica, para que se conformaran al juicio de Dios, por triste que fuera. Pues de este modo se veían impedidos en el desempeño de sus deberes; porque no era lícito a los que estaban de duelo entrar en el santuario. Por eso Dios los amenaza con la muerte si no refrenaban su dolor incluso por la muerte de un pariente cercano. Pero esta (como se dice en otro lugar) es una virtud rara: reprimir así nuestros sentimientos cuando somos privados de hermanos o amigos, de modo que la amargura de nuestro dolor no venza nuestra resignación y serenidad de ánimo. De esta manera, pues, se ponía a prueba la piedad ejemplar de los sacerdotes. Además, la abstención del duelo manifiesta la esperanza de la bienaventurada resurrección. Por eso se prohibió a los sacerdotes hacer duelo por los muertos, para que el resto del pueblo buscara en ellos consuelo en su tristeza. Esto se cumplió verdadera y ampliamente en Cristo, quien, aunque soportó no solo el dolor, sino el extremo horror de la muerte, estuvo libre de toda mancha y triunfó gloriosamente sobre la muerte; de modo que el solo recuerdo de su cruz enjuga nuestras lágrimas y nos llena de gozo. Ahora bien, cuando se dice: «No profanarán el nombre de su Dios»; y en el caso del sumo sacerdote: «ni saldrá del santuario»; esta razón confirma lo que acabo de afirmar, que se les prohibió el duelo porque les impedía desempeñar sus deberes; pues su mismo desaliño habría contaminado en cierto modo el santuario de Dios, en el cual no había de verse nada indecoroso; y estando además contaminados, no podían interceder como suplicantes por el pueblo. Dios les manda, pues, permanecer puros y limpios de toda contaminación, para que no se vieran obligados a abandonar su oficio y a dejar el santuario, del cual eran guardianes. Además, aprendemos que el cumplimiento de esta figura estaba en Cristo, por la razón que se añade inmediatamente: a saber, porque el aceite santo está sobre la cabeza del sumo sacerdote; con lo cual Dios da a entender que de ningún modo es justo que su gloria y dignidad sean profanadas por contaminación alguna.

En cuanto a las palabras mismas: primero, se concede mayor libertad al resto de la posteridad de Aarón que al sumo sacerdote; pero solo para que hicieran duelo por su padre, su madre, sus hijos, sus propios hermanos y sus hermanas solteras. Para que la ambición no los llevara más lejos, se les prohíbe expresamente guardar luto aun por la muerte de un príncipe. Ni podemos dudar de que era impropio el duelo que Dios les permitía por indulgencia; pero se tuvo en cuenta su flaqueza, no fuera que una estrictez inmoderada los empujara a un exceso apasionado; con todo, Dios los trató con tanta consideración que aún los distinguía de la multitud. «Contaminarse» (como hemos visto en otro lugar) equivale a vestirse de luto por los muertos, celebrar los ritos fúnebres o ir al entierro; porque la maldición de Dios se proclama en la muerte del hombre, de modo que un cadáver infecta con contagio a aquellos por quienes es tocado; y además, porque forzosamente donde se da rienda suelta a la lamentación, y por así decirlo se la excita, el afecto mismo ha de estallar en impaciencia. En cuanto a la prohibición de hacerse «calvicie», esto no se permitía ni siquiera al resto del pueblo; pero Dios la prohíbe expresamente a los sacerdotes, para mantenerlos bajo una restricción más estricta. Respecto al sumo sacerdote, además de las excepciones parece decretarse algo mayor, que «no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos»; lo cual se ordena aún en otro lugar a los hijos de Aarón. Pero aquí lo que sería lícito en otros se condena en el sumo sacerdote; y era ciertamente razonable que presentara un ejemplo peculiar de moderación y gravedad; y por eso se le recuerda la dignidad de su oficio, en el cual era superior a los demás, para que reconozca que sus obligaciones son tanto mayores. Esta es, en verdad, la suma: que siendo el sacerdocio la santidad de Dios, no debe mezclarse con contaminación alguna.

Deuteronomio 31

Deuteronomio 31:9

9. Y escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto del SEÑOR, y a todos los ancianos de Israel.

9. Scripsitque Moses Legem istam, et dedit eam sacerdotibus filiis Levi portantibus arcata foederis jehovae, et cunctis senioribus Israel.

Levítico 21:7-8

7. No tomarán mujer. El tercer género de pureza está en el matrimonio mismo, para que la casa de los sacerdotes sea casta y libre de toda deshonra. También en este tiempo manda Dios por boca de Pablo que se elijan pastores que gobiernen bien sus casas, cuyas esposas sean castas y modestas, y sus hijos bien portados (1 Ti 3:2; Tit 1:6). La misma causa existía bajo la Ley, para que los designados para el gobierno de la Iglesia no fueran despreciados ni menospreciados por sus vicios domésticos. Pero Dios miraba muy especialmente al sacerdocio de Cristo, para que no quedara expuesto al desprecio. Se permitía, en verdad, que los hombres se casaran impunemente con una mujer divorciada de su marido, aunque ante los ojos de Dios tal unión era ilícita. Ninguna ley prohibía a los particulares casarse con una mujer deshonrada; pero lo que se permitía a la multitud Dios lo condenó en los sacerdotes, para apartarlos de toda marca de infamia. Y esta razón se expresa también cuando dice que quiere que los sacerdotes sean santos, porque los ha escogido para sí; pues si el pueblo no los hubiera reverenciado, toda la religión habría sido despreciable. Por eso, para que se preservara su dignidad, les manda que tengan diligente cuidado de no exponerse a la ignominia. Finalmente, para recomendar todavía más la reverencia a su santo oficio, les recuerda que se refería al bienestar de todo el pueblo: «Yo el Señor (dice) lo santifico», v. 15. Con estas palabras da a entender que la gracia de la adopción, por la cual fueron escogidos como su heredad, se fundaba en el sacerdocio.

Levítico 21:9-12

9. Y la hija de cualquier sacerdote. La moderación y la castidad (exigidas en el sacerdote) se extienden también a su hija; y por sinécdoque todo lo que se refiere a la buena disciplina se comprende bajo un solo punto: a saber, que sus hijos sean educados en el estudio de la virtud y en una moralidad decorosa y pura. Se pronuncia un castigo severo contra la hija de un sacerdote si se prostituyere, porque el sacrilegio estaría unido a su vergonzosa lascivia. Pero no es un crimen leve violar el santuario de Dios; y si el sacerdote hubiera tolerado tal iniquidad en su hija, no habría sido un vengador severo de la misma torpeza en los extraños; más aún, no habría tenido libertad para castigar los crímenes, a menos que comenzara por su propia casa.

Levítico 21

Levítico 21:16-24

16. Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

16. Loquutus est Jehova ad Mosen, dicendo:

17. Habla a Aarón, diciendo: Ninguno que sea de tu simiente en sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios.

17. Loquere ad Aharon, dicendo, Vir e semine tuo per aetates suas, in quo fuerit macula, non accedet ut offerat panem Dei sui.

18. Porque cualquier varón que sea que tenga defecto, no se acercará: varón ciego, o cojo, o que tenga la nariz chata, o cualquier cosa superflua,

18. Quippe nullus vir in quo fuerit macula, aecedet: vir crocus, vel claudus, aut diminutus, aut superfluus:

19. O varón que tenga quebrado el pie, o quebrada la mano,

19. Aut vir in quo fuerit fractura pedis, vel fractura manus:

20. O jorobado, o enano, o que tenga defecto en su ojo, o que tenga sarna, o tiña, o que tenga quebrado el testículo;

20. Aut gibbosus, aut lippus, aut qui habebit maeulam in oculo suo, aut cui fuerit scabies vel impetigo, aut qui contritus fuerit testiculo.

21. Omnis vir in quo fuerit macula, e semine Aharon sacerdotis, non accedet ad offerendum oblationes ignitas Jehovae: in quo fuertit macula, non accedet ad offerendum panem Dei sui.

22. Comerá el pan de su Dios, tanto de lo santísimo como de lo santo.

22. Panem quidem Dei sui e sanctitatibus sanctitatum et e sanctis comedet.

23. Pero no entrará tras el velo, ni se acercará al altar, porque hay defecto en él; para que no contamine mis santuarios: porque yo Jehová soy el que los santifico.

23. Atqui intra velum non ingredietur, et ad altare non aceedet: quia macula est in eo, ne polluat sanctuaria mea: quoniam ego Jehova qui sanctifico vos.

24. Y Moisés lo dijo a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel.

24. Loquutus est itaque Moses ad Aharon et filios ejus, et ad omnes filios Israel.

Levítico 21:13-16

13. Y tomará mujer en su virginidad. Se exige más del sumo sacerdote: a saber, que no se case con una viuda, ni con una mujer de otra tribu que la suya. Puede en verdad surgir una cuestión acerca de lo segundo: si la palabra en plural debe restringirse a una sola tribu, siendo que en otros lugares se aplica a todas. Pero si lo examinamos más de cerca, es evidente que «sus pueblos» equivale a «de su pueblo» (populares). Mas nada peculiar se exigirá aquí del sacerdote si su mujer ha de tomarse solamente de entre los hijos de Abraham. Admito que los sumos sacerdotes se casaban con mujeres de otras tribus, como Elisabet, descendiente de la tribu de Judá, se casó con Zacarías; pero, puesto que aquí el sumo sacerdote es distinguido de todos los demás, no veo cómo se seguiría que una ley o privilegio que se refiere a él deba ser observado por toda la posteridad de Aarón. Sin embargo, en este punto no porfiaré, si alguna cosa es de otro modo. Pero ciertamente, puesto que él presentaba la imagen más brillante de Cristo, era justo que en él se viera una santidad superior y más perfecta. Pues la restricción tendía a esto: que su mujer, no habiendo conocido a otro hombre, manifestara el recato digno de su condición y de la calidad de un honor sagrado. Si alguien objetara que el matrimonio de un sacerdote anciano con una joven era ridículo y algo indecoroso, además de sujeto a muchos inconvenientes, respondo que las disposiciones particulares deben exponerse de modo que no choquen con los principios generales. Si un viejo decrépito se enamora de una joven, es una lujuria vil y vergonzosa; además, la defraudará si se casa con ella. De ahí nacerán también los celos y una angustia miserable; o, buscando necia y chocheando conservar el amor de su mujer, echará por la borda todo respeto a la gravedad. Cuando Dios prohibió al sumo sacerdote casarse con otra que no fuera virgen, no quiso violar esta regla, que dictan la naturaleza y la razón; sino que, atendiendo a la edad, quiso que se mantuvieran el recato y la decencia en el matrimonio, de modo que, si el sacerdote era de edad avanzada, se casara con una virgen no demasiado lejana a su propia edad; pero si estaba decaído y ya poco apto para el matrimonio a causa de su vejez, la ley de que se casara con una virgen era más bien una exhortación al celibato, antes que a exponerse a muchos disgustos y al ridículo general.

Levítico 21:17-21

17. Habla a Aarón, diciendo. Aquí se prohíbe acercarse al altar a los sacerdotes en quienes hubiera algún defecto corporal notable. No indagaré con curiosidad en los defectos que Moisés enumera, puesto que aquí se establece la misma regla que se aplica después a los sacrificios, de los cuales solo debían ofrecerse los perfectos. Pues Dios rechazaba todo lo que fuera defectuoso o mutilado, para que los israelitas supieran que ninguna víctima bastaría para la expiación del pecado, sino la que poseyera perfección completa; y esto se exige con justicia en un sacerdote, que no puede ser mediador entre Dios y los hombres a menos que esté libre de toda mancha. Pero hay que tener presente la analogía entre las figuras externas y la perfección espiritual que existió solamente en Cristo. Dios no podía soportar ningún defecto en los sacerdotes; se sigue, pues, que había de esperarse un hombre de pureza angelical, que reconciliara a Dios con el mundo. Las imperfecciones corporales que aquí se enumeran, por tanto, deben trasladarse al alma. La ofrenda del pan comprende por sinécdoque las demás ofrendas y todo el servicio legal que los sacerdotes solían realizar por turno; y esto lo confirman las palabras de Moisés inmediatamente después, donde menciona todas «las ofrendas encendidas», además del pan. Hemos visto en otro lugar que a cualquiera del pueblo herido en los testículos se le prohibía entrar en el santuario; que ni siquiera debían poner el pie en el atrio; pero había una razón especial para esto en cuanto a los sacerdotes: que no contaminaran el santuario con sus defectos. De ahí se ve cuán necesaria nos es la intercesión de Cristo; pues si su perfecta limpieza no lavara nuestra impureza, ninguna ofrenda podría proceder de nosotros sino lo que fuera inmundo y desagradable. Además, es digno de observarse que el santuario de Dios es contaminado por cualquier defecto o imperfección; y, por consiguiente, que todo lo que los hombres imponen a Dios de su cosecha es condenado como profano, tan lejos están de conciliarse el favor de Dios por mérito alguno.

Levítico 21:22-24

22. Comerá el pan de su Dios. Les permite en verdad comer de los sacrificios, porque ninguna impureza a causa de sus defectos naturales podía impedirles participar de las comidas sagradas; solo se les prohíbe presentarse ante Dios como mediadores para propiciarlo. Y aquí se delata la imperfección del servicio legal; pues no podía hallarse entre los hombres nada que representara plenamente la verdad. Puesto que, entonces, los defectos de los hombres hacían necesario separar las dos cosas conexas, a saber, el honor y la carga, de ahí se advertía a los israelitas que se les prometía otro sacerdote, en quien nada faltaría para la consumación de todas las virtudes y la perfección. Finalmente, Moisés relata que comunicó los mandamientos de Dios no solo a Aarón y a sus hijos, sino también a todo el pueblo; de modo que el más humilde de ellos pudiera ser censor de los sacerdotes si en algo faltaban.

Levítico 22

Levítico 22:1-16

1. Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

1. Loquutus est insuper Jehova ad Mosen, dicendo:

2. Habla a Aarón y a sus hijos, que se separen de las cosas santas de los hijos de Israel, y que no profanen mi santo nombre en aquellas cosas que ellos me santifican: yo soy Jehová.

2. Loquere ad Aharon, et filios ejus ut separent sese a sanctificationibus filiorum Israel et ne polluant nomen sanctitatis mese in his quae ipsi sanctificant mihi: ego Jehova.

3. Diles: Cualquier varón de toda vuestra simiente, entre vuestras generaciones, que se acercare a las cosas santas que los hijos de Israel santifican a Jehová, teniendo su inmundicia sobre él, esa persona será cortada de mi presencia: yo soy Jehová.

3. Dic illis, in generationibus vestris omnis vir qui accesserit ex omni semine vestro ad sanctificationes quae sanctificaverint filii Israel Jehovae, et immunditia sua fuerit super ipsum, excidetur anima ipsius a facie mea: ego Jehova.

4. Cualquier varón de la simiente de Aarón que sea leproso, o padezca flujo, no comerá de las cosas santas hasta que esté limpio. Y el que tocare cualquier cosa inmunda por un muerto, o el varón que tuviere emisión de semen;

4. Quicunque e semine Aharon fuerit leprosus, vel seminifluus, de sanctificationibus non comedet donec mundet se: et qui tedgerit immundum super morticinio, ant virex quo egreditur effusio seminis,

5. O el que tocare cualquier reptil por el cual será inmundo, o a un hombre por el cual venga a ser inmundo, cualquiera que sea su inmundicia;

5. Ant vir qui tetigerit quodcunque reptile per quod immundus erit, ant hominem propter quem immundus erit, secundum omnem immunditiam eius:

6. La persona que lo tocare será inmunda hasta la noche, y no comerá de las cosas santas, a menos que lave su carne con agua.

6. Anima inquam quae tetigerit illum, immunda erit usque ad vesperam: et non comedet de sanctificationibus nisi laverit carnem suam aqua.

7. Y cuando el sol se ponga, será limpio, y después comerá de las cosas santas; porque es su alimento.

7. Quum autem occubuerit sol, turn erit mundus, et postea comedet de sanctificationibus: quia cibus ejus est.

8. Lo que muriere de suyo, o fuere despedazado por las fieras, no lo comerá, contaminándose en ello: yo soy Jehová.

8. Cadaver et rapture non comedet, et polluat se in eo: ego Jehova.

9. Guardarán, pues, mi ordenanza, para que no lleven pecado por ello, y mueran por ello, si la profanaren: yo Jehová que los santifico.

9. Et custodiant custodiam meam, et ne portent peccatum propter illud, et moriantur propter illud, quum polluerint illam: ego Jehova sanctificans eos.

10. Ningún extraño comerá de cosa sagrada: el huésped del sacerdote, o el jornalero, no comerá de cosa sagrada.

10. Omnis autem alienigena non comedet sanctificationem: inquilinus sacerdotis, et mercenarius non comedet sanctificationem.

11. Mas si el sacerdote comprare alguna persona con su dinero, ella comerá de ella, y el nacido en su casa: ellos comerán de su alimento.

11. Quod si sacerdos emerit hominem emptione argenti sui: ipsc comedet ex ea, et vernaculus ejus: illi comedent de cibo ejus.

12. Si la hija del sacerdote se casare con un extraño, ella no comerá de la ofrenda de las cosas santas.

12. Filia autem sacerdotis quum fuerit viro alieno: ipsa de oblatione sanctificationum non comedet.

13. Pero si la hija del sacerdote fuere viuda, o repudiada, y no tuviere hijo, y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su juventud, comerá del alimento de su padre: pero ningún extraño comerá de él.

13. Filia vero sacerdotis quum fuerit vidua, ant repudiata, et semen non erit el, et reversa fuerit ad domran parris sui, sicut in pueritia sua, de eibo patris eomedet: onmis autem alienigena non comedet ex co.

14. Y si alguno comiere de la cosa sagrada por yerro, entonces añadirá la quinta parte de ella, y la dará al sacerdote con la cosa sagrada.

14. Quod si aliquis comederit sanctificationem per imprudentiam, addet quintam partem ejus, et dabit sacerdoti eum sanctificatione.

15. Y no profanarán las cosas santas de los hijos de Israel, que ofrecen a Jehová;

15. Et non contaminabunt sanctificationes filiorum Israel, quas obtulerint Jehovae.

16. Ni les harán llevar la iniquidad del delito, cuando coman sus cosas santas: porque yo Jehová los santifico.

16. Neque portare facient cos iniquitatem delicti, dum comederint sanctificationes eorum: ego enim Jehova sanctificans eos.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea la primera vez que se lee cada capítulo.