Comentario conciso de toda la Biblia · Matthew Henry

Génesis 13: comentario de Matthew Henry

Resumen del capítulo

Génesis 13:1-4

Abram era riquísimo; era muy pesado, que es lo que dice la palabra hebrea, porque las riquezas son una carga; y los que quieren enriquecerse no hacen sino cargarse de barro espeso (Hab 2:6). Hay una carga de preocupación al adquirir las riquezas, de temor al conservarlas, de tentación al usarlas, de culpa al abusar de ellas, de tristeza al perderlas, y al final una carga de la cuenta que habrá que dar por ellas. Sin embargo, Dios en su providencia a veces hace ricos a hombres buenos, y así la bendición de Dios enriqueció a Abram sin añadir tristeza (Pr 10:22). Aunque es difícil que un rico entre en el cielo, en algunos casos puede ser (Mr 10:23-24). Más aún, la prosperidad externa, bien administrada, es un adorno de la piedad y una oportunidad para hacer más bien. Abram se trasladó a Bet-el. Su altar había desaparecido, de modo que no podía ofrecer sacrificio; pero invocó el nombre del Señor. Antes hallarás a un hombre vivo sin aliento que a uno del pueblo de Dios sin oración.

Génesis 13:5-9

Las riquezas no solo dan materia para la contienda, y son las cosas por las que más comúnmente se contiende, sino que además despiertan un espíritu de discordia, haciendo a la gente orgullosa y codiciosa. «Lo mío» y «lo tuyo» son los grandes sembradores de discordia del mundo. La pobreza y el trabajo, las necesidades y los peregrinajes no pudieron separar a Abram y a Lot; pero las riquezas sí. Los malos siervos causan a menudo mucho daño en las familias y entre los vecinos por su orgullo y su ira, sus mentiras, calumnias y chismes. Lo que empeoraba la contienda era que el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. Las disputas de los que profesan la religión son el oprobio de la religión y dan ocasión a los enemigos del Señor para blasfemar. Lo mejor es guardar la paz para que no se rompa; pero lo segundo mejor, si surgen diferencias, es apagar cuanto antes el fuego que se ha encendido.

El intento de detener esta contienda lo hizo Abram, aunque era el mayor y el más importante de los dos. Abram se muestra como un hombre de espíritu sereno, que dominaba su ira y sabía apartar el enojo con la blanda respuesta. Los que quieren guardar la paz nunca deben devolver maldición por maldición. Y de espíritu condescendiente: estaba dispuesto a rogar aun a su inferior que vivieran en paz. Sea lo que sea lo que busquen otros, el pueblo de Dios debe buscar la paz. El ruego de Abram en favor de la paz fue muy poderoso. Que la gente de la tierra contienda por menudencias; pero no riñamos nosotros, que conocemos cosas mejores y buscamos una patria mejor. Los que profesan la religión deben cuidarse más que nadie de evitar las contiendas. Muchos dicen estar por la paz, pero no hacen nada por ella; no así Abram. Si Dios se digna rogarnos que nos reconciliemos, bien podemos rogarnos unos a otros. Aunque Dios le había prometido a Abram dar esta tierra a su descendencia, él ofreció una parte igual o mejor a Lot, que no tenía el mismo derecho; y no quiso, al amparo de la promesa de Dios, tratar con dureza a su pariente. Es noble estar dispuesto a ceder por amor a la paz.

Génesis 13:10-13

Cuando Abram le ofreció a Lot escoger, este aceptó enseguida. La pasión y el egoísmo vuelven descorteses a los hombres. Lot se fijó en la bondad de la tierra, y por eso no dudó que en un suelo tan fértil ciertamente prosperaría. Pero ¿qué salió de ello? Los que al escoger relaciones, oficios, viviendas o lugares donde establecerse se dejan guiar y gobernar por los deseos de la carne, los deseos de los ojos o la vanagloria de la vida, no pueden esperar la presencia ni la bendición de Dios. Por lo común quedan defraudados aun en aquello que principalmente buscan. En todas nuestras decisiones debe regir este principio: lo mejor para nosotros es lo mejor para nuestra alma.

Lot apenas consideró la maldad de los habitantes. Los hombres de Sodoma eran pecadores descarados y atrevidos. «Esta fue la maldad de Sodoma [...]: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad» (Ez 16:49). Dios da a menudo gran abundancia a grandes pecadores. Muchas veces ha sido la penosa suerte de hombres buenos vivir entre vecinos malvados; y ha de ser más doloroso aún si, como Lot aquí, lo han traído sobre sí mismos por una mala elección.

Génesis 13:14-18

Los mejor preparados para las visitas de la gracia divina son aquellos cuyo espíritu está sereno y no alterado por la pasión. Dios compensará abundantemente, con paz espiritual, lo que perdemos por conservar la paz con el prójimo. Aunque nuestros parientes se separen de nosotros, Dios no lo hace. Observa también las promesas con que Dios consoló y enriqueció entonces a Abram. Le asegura dos cosas: una buena tierra y una descendencia numerosa que la disfrute. Las perspectivas que se ven por la fe son más ricas y hermosas que las que vemos a nuestro alrededor. Dios le mandó recorrer la tierra, no para que pensara en establecerse en ella, sino para que esperara estar siempre sin asiento fijo, recorriéndola camino de una Canaán mejor. Edificó un altar en señal de su gratitud a Dios. Cuando Dios sale a nuestro encuentro con promesas de gracia, espera que nosotros le respondamos con humildes alabanzas. En las dificultades externas es muy provechoso para el verdadero creyente meditar en la gloriosa herencia que el Señor le tiene reservada al final.

Traducción del inglés hecha con IA (Claude) para Berea.