El tesoro de David · Charles H. Spurgeon

Salmo 105: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)

Resumen del capítulo

Este salmo histórico fue evidentemente compuesto por el rey David, pues los primeros quince versículos se usaron como himno en el traslado del arca desde la casa de Obed-edom, y leemos en 1 Cr 16:7: «Entonces, en aquel día, David lo primero para alabar a Jehová por mano de Asaf y sus hermanos». Tal canto era adecuado para la ocasión, pues describe los movimientos del pueblo del Señor y su cuidado guardián sobre él en todo lugar, y todo ello a causa del pacto del cual el arca, que entonces se trasladaba, era un símbolo. Nuestro último salmo cantó los primeros capítulos del Génesis, y este toma sus últimos capítulos y nos conduce al Éxodo y a Números.

Los primeros versículos están llenos de alabanza gozosa e invitan al pueblo a ensalzar a Jehová, vv. 1-7; luego se describen los primeros días de la nación infante, vv. 8-15; la ida a Egipto, vv. 16-23; la salida de allí con el brazo extendido del Señor, vv. 24-38; el peregrinar por el desierto y la entrada en Canaán.

Estamos ahora entre los salmos largos, como otras veces hemos estado entre los cortos. Estas longitudes variadas de los poemas sagrados deberían enseñarnos a no establecer ninguna ley de brevedad ni de prolijidad ni en la oración ni en la alabanza. Las peticiones breves y los versículos sueltos de los himnos son a menudo lo mejor para las ocasiones públicas, pero hay ocasiones en que una noche entera de lucha o un día entero de lanzar salmos no será demasiado largo. El Espíritu es siempre libre en sus operaciones y no ha de ser confinado con las reglas del decoro convencional. El viento sopla de donde quiere, y unas veces se precipita en un barrido corto y rápido, mientras que otras sigue refrescando la tierra hora tras hora con su aliento vivificador.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Todo el salmo. Este es el primero de una serie de salmos «Confitemini Domino», «Dad gracias a Jehová» (Sal 105:1; 106:1; 107:1; 118:1; 136:1). Christopher Wordsworth.

Todo el salmo. El salmo 105 es una meditación sobre el pacto tal como lo cumplió Dios por su parte; el 106, sobre el pacto tal como lo guardó Israel. Ambos se detienen en la voluntad predestinadora de Dios, que elige a los hombres para la santidad y la obediencia, y en el modo en que el pecado humano se opone a esa voluntad y, sin embargo, no puede invalidarla. Plain Commentary.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1.

Salmos 105:1

Versículo 1. «Alabad a Jehová.» Jehová es el autor de todos nuestros beneficios; por tanto, démosle toda nuestra gratitud. «Invocad su nombre», o llamadlo por su nombre; proclamad sus títulos y llenad el mundo de su renombre. «Dad a conocer sus obras en los pueblos», o entre las naciones. Que los paganos oigan hablar de nuestro Dios, para que abandonen sus ídolos y aprendan a adorarle. El traslado del arca era una ocasión propicia para proclamar en voz alta las glorias del gran Rey y para publicar a toda la humanidad la grandeza de sus hechos, pues tenía una historia relacionada con las naciones que les convenía recordar con reverencia. El resto del salmo es un sermón, del cual estos primeros versículos constituyen el texto.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 1. Los primeros quince versículos fueron escritos cuando se subió el arca, 1 Cr 16. Dicen que es la gracia soberana la que gobierna sobre todo: es un Dios soberano. De un mundo caído toma a quienes él quiere: individuos, familias, naciones. Escogió a Israel hace mucho, para que fueran objetos de gracia y su tierra el teatro de su despliegue. Volverá aún otra vez a Israel, cuando se acerquen los días de su Reino de Gloria; e Israel tendrá una parte plena —la más plena y rica— en sus bendiciones, temporales y espirituales. Andrew A. Bonar.

Versículo 1. Invocad su nombre. El significado original de esta frase es llamadlo por su nombre, es decir, dadle el título descriptivo más expresivo de sus perfecciones divinas; o más específicamente, llamadlo por su nombre Jehová, es decir, atribuidle los atributos que denota, a saber, eternidad y autoexistencia, junto con aquella relación de pacto con su pueblo que, aunque no está denotada por el nombre, estuvo constantemente asociada a él y, por tanto, es necesariamente sugerida por él. El significado de la frase siguiente queda oscurecido, si no del todo encubierto, en la versión común, «en los pueblos». La forma plural y el sentido de la expresión original son esenciales al propósito del escritor, que es glorificar al Dios de Israel entre las naciones. Joseph Addison Alexander.

Versículo 1. Dad a conocer sus obras en los pueblos. El pueblo de Dios no fue encerrado en aquel estrecho rincón de la tierra para confinar dentro de sus angostos territorios el verdadero conocimiento y culto de Dios; sino que Dios quiso que aquel fuera la sede fija de la iglesia, desde la cual el sonido de la doctrina celestial saliera a todas las naciones. Por eso escogió Canaán, que está interpuesta entre las naciones más poderosas del mundo, para que desde ella, como de una fuente, pudiera fluir más fácilmente la doctrina de Dios a las demás naciones, como dice Isaías: «De Sion saldrá la ley». Mollerus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1. Una serie de ejercicios santos.

«Alabad» —

«invocad su nombre» —

«dad a conocer» —

«cantad» —

«hablad» —

«gloriaos» —

«alégrese» —

«buscad» —

«acordaos».

Versículo 2.

Salmos 105:2

Versículo 2. «Cantadle, cantadle salmos.» Traed vuestros mejores pensamientos y expresadlos en el mejor lenguaje con los sonidos más dulces. Cuidad de que vuestro canto sea «a él», y no meramente por la música ni para deleitar los oídos de otros. Cantar es un ejercicio tan delicioso que es una lástima que tanto de él se malgaste en trivialidades o en cosas peores que trivialidades. Oh vosotros que podéis emular al ruiseñor y casi rivalizar con los ángeles, oramos con todo fervor para que vuestros corazones sean renovados, a fin de que vuestras torrentes de melodía se derramen a los pies de vuestro Hacedor y Redentor. «Hablad de todas sus maravillas.» A los hombres les encanta hablar de prodigios, y los demás suelen alegrarse de oír cosas sorprendentes; sin duda el creyente en el Dios vivo tiene ante sí la más asombrosa serie de maravillas que jamás se oyó o imaginó; sus temas son inagotables y son tales que deberían mantener a los hombres embelesados. Deberíamos tener más de esta «conversación»: nadie sería tachado de señor Hablador si este fuera su tema constante. Hablad, todos vosotros: todos sabéis algo por experiencia de la maravillosa misericordia del Señor: «hablad». De esta manera, al dedicarnos todos a este bendito tema, «todas» sus maravillas serán publicadas. Uno solo no puede hacerlo, ni diez mil veces diez mil, pero si todos hablan para honra del Señor, al menos se acercarán más a cumplir la tarea. Deberíamos tener un alcance amplio al conversar sobre las obras del Señor, y no cerrar los ojos a ninguna parte de ellas. Hablad de sus maravillas en la creación y en la gracia, en el juicio y en la misericordia, en las intervenciones providenciales y en el consuelo espiritual; no omitáis ninguna, o será en vuestro perjuicio. La obediencia a este versículo dará a toda lengua santificada algo que hacer: los músicos adiestrados pueden cantar, y las voces más comunes pueden hablar, y de ambos modos el Señor recibirá una medida de las gracias que se le deben y sus obras serán dadas a conocer entre los pueblos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 2. Hablad de todas sus maravillas, נִפְלְאוֹתָיו niphleothaiv, «de sus milagros». ¡Quiénes tienen tantos de estos de qué jactarse como los cristianos! El cristianismo es un tejido de milagros, y cada parte de la obra de la gracia en el alma es un milagro. Los genuinos convertidos cristianos pueden hablar de milagros de la mañana a la noche; y deben hablar de ellos y recomendar a otros a su Dios y Salvador obrador de milagros. Adam Clarke.

Versículo 2. Cantad... hablad, etc. La música y la conversación son dos cosas por las cuales la mente del hombre recibe mucho bien o muchísimo daño. Los que hacen de «Jehová» y de sus «maravillas» el tema de ambas gozan de un cielo sobre la tierra. Y los que en realidad aman al Salvador se hallarán siempre inclinados a «cantarle» y a «hablar de él». George Horne.

Versículo 2. Cantadle salmos. No basta ofrecer a Dios el vaso vacío de nuestro gozo, o solo nuestra voz cantora en tono musical; es necesario también que llenemos nuestra voz gozosa de materia santa y buen propósito, con lo cual solo Dios pueda ser razonablemente alabado: «Cantadle salmos». David Dickson.

Versículo 2. Cantadle salmos. La salmodia es la calma del alma, el reposo del espíritu, el árbitro de la paz. Silencia la ola y aplaca el torbellino de nuestras pasiones, serenando al impetuoso y templando al impúdico. Es engendradora de amistad, sanadora de disensiones, reconciliadora de enemigos. Pues ¿quién podrá seguir teniendo por enemigo a aquel con quien ha elevado hasta el trono de Dios el mismo canto? La salmodia repele a los demonios y atrae el ministerio de los ángeles. Es arma de defensa en los terrores nocturnos y tregua de la fatiga diaria. Para el niño es un genio tutelar; para el hombre maduro, una corona de gloria; para el anciano, un bálsamo de consuelo; para las mujeres, un adorno congenial. Basilio.

Sugerencias para el predicador

Versículo 2. La conversación de sobremesa del cristiano.

Versículo 3.

Versículo 3 (segunda parte). Alégrese el que busca de que haya un Dios tal a quien buscar, de que nos invite a buscarle, nos mueva a buscarle, nos capacite para buscarle y prometa ser hallado de nosotros. La tendencia del que busca es desanimarse, pero hay muchos motivos de consuelo.

Salmos 105:3

Versículo 3. «Gloriaos en su santo nombre.» Haced motivo de gozo el tener un Dios así. Su carácter y atributos son tales que nunca os harán sonrojar al llamarlo vuestro Dios. Bien pueden avergonzarse los idólatras de las acciones atribuidas a sus imaginarias deidades: sus nombres están sucios de lujuria y rojos de sangre; pero Jehová es enteramente glorioso; cada obra suya soportará el más estricto escrutinio; su nombre es santo, su carácter es santo, su ley es santa, su gobierno es santo, su influencia es santa. En todo esto podemos jactarnos, y nadie puede negarnos el derecho a hacerlo. «Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.» Si aún no lo han hallado tan plenamente como desean, aun así el que se les permita y capacite para buscar a un Dios tal es motivo de alegría. Adorar al Señor y buscar su reino y su justicia es el camino seguro a la felicidad, y en verdad no hay otro. Los verdaderos buscadores ponen su corazón en la empresa; por eso sus corazones reciben gozo; según el texto, tienen un permiso para alegrarse y tienen la promesa de que lo harán. ¡Qué felices son todas estas frases! ¿Dónde tienen los oídos los hombres cuando hablan de la tristeza de cantar salmos? ¿Qué canciones mundanas están más llenas de verdadero regocijo? En cada versículo se oye el sonido del pandero y del arpa. Aun los que buscan hallan dicha en el nombre del Señor Jesús; pero en cuanto a los que lo han hallado, podemos decir con el poeta:

«Y los que te hallan, hallan una dicha que ni lengua ni pluma pueden mostrar: el amor de Jesús, qué es, nadie lo sabe sino sus amados.»

Salmos 105:4

Versículo 4. «Buscad a Jehová y su poder.» Ponceos bajo su protección. No lo consideréis un Dios endeble, sino mirad a su omnipotencia y buscad conocer el poder de su gracia. Todos necesitamos fuerza; miremos al Fuerte para obtenerla. Necesitamos poder infinito para ser llevados con seguridad a nuestro lugar de reposo eterno; miremos al Todopoderoso Jehová para obtenerlo. «Buscad siempre su rostro.» Buscad, buscad, buscad: tenemos la palabra tres veces, y aunque las palabras difieren en el hebreo, el sentido es el mismo. Debe de ser una cosa bendita el buscar, o no seríamos así estimulados a hacerlo. Buscar su rostro es desear su presencia, su sonrisa, su favor disfrutado conscientemente. Primero lo buscamos a él, luego su poder y luego su rostro; de la reverencia personal pasamos al poder impartido, y luego al favor consciente. Esta búsqueda no debe cesar jamás: cuanto más sabemos, más hemos de procurar saber. Habiéndolo hallado, debemos «inflamar nuestras mentes para buscarle más y más». Él busca adoradores espirituales, y los adoradores espirituales lo buscan a él; por tanto, es seguro que se encontrarán cara a cara muy pronto.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 4. Buscad al Señor, y sed fortalecidos; así lo leen diversas versiones antiguas. Los que quieren ser «fortalecidos en el hombre interior» deben traer fuerza de Dios por la fe y la oración. «Buscad su poder», y luego buscad su rostro; pues por su poder esperamos prevalecer con él para obtener su favor, como Jacob, Os 12:3-4. «Buscad siempre su rostro», es decir, procurad tener su favor por la eternidad, y por tanto seguid buscándolo hasta el fin del tiempo de vuestra prueba. Buscadlo mientras vivís en este mundo, y lo tendréis mientras viváis en el otro mundo, y aun allí estaréis para siempre buscándolo, en un progreso infinito, y sin embargo para siempre satisfechos en él. Matthew Henry.

Versículo 4. Su poder. En lenguaje clásico, su égida, o protección; su arca, el símbolo de la presencia divina. John Mason Good.

Versículo 4. Buscad siempre su rostro. Se añade «siempre» para que no imaginaran haber cumplido su deber si se reunían dos o tres veces al año en el tabernáculo y observaban los ritos externos conforme a la ley. Mollerus.

Versículo 4. Buscad... buscad. Nadie busca al Señor con tanto afán que no necesite ser estimulado a buscarlo con más afán; ni nadie ha alcanzado tal medida de comunión con Dios que no necesite buscar una medida mayor; por eso se dice: «Buscad a Jehová, buscad su poder, buscad siempre su rostro». David Dickson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 4. ¿Cómo podemos buscar el poder del Señor?

Versículo 4. Triple búsqueda.

Versículo 4 (última parte). Buscar al Señor, la ocupación perpetua del creyente.

Salmos 105:5

Versículo 5. «Acordaos de las maravillas que hizo.» La memoria nunca está mejor empleada que en tales temas. ¡Ay!, estamos mucho más dispuestos a recordar cosas necias y malas que a retener en nuestra mente los hechos gloriosos de Jehová. Si los mantuviéramos en memoria, nuestra fe sería más fuerte, nuestra gratitud más cálida, nuestra devoción más fervorosa y nuestro amor más intenso. ¡Vergüenza para nosotros, que dejamos escapar lo que parecería imposible de olvidar! No deberíamos necesitar exhortación alguna para recordar tales maravillas, sobre todo porque él las ha obrado todas en favor de su pueblo. «De sus prodigios y de los juicios de su boca.» También estos deben tenerse en la memoria. Los juicios de su boca son tan memorables como las maravillas de su mano. Dios no tenía sino que hablar para que los enemigos de su pueblo fueran duramente afligidos; sus amenazas no eran meras palabras, sino que herían terriblemente a sus adversarios. Así como la Palabra de Dios es la salvación de sus santos, así es la destrucción de los impíos: de su boca sale una espada de dos filos con la cual matará a los malvados.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 5. Acordaos. Cómo se sientan otros no lo pregunto. Yo, por mi parte, confieso que no hay cuidado o dolor por el cual me vea tan severamente acosado como cuando me siento culpable de ingratitud para con mi bondadosísimo Señor. No pocas veces me parece una falta tan inexplicable que me alarmo al leer estas palabras, considerándolas dirigidas a mí mismo y a otros como yo. Acordaos, oh olvidadizos, irreflexivos e ingratos, de las obras de Dios que ha hecho con nosotros, con tantas señales y pruebas de su bondad. ¿Qué más pudo haber hecho que no haya hecho? Folengius.

Sugerencias para el predicador

Versículo 5. Temas para la memoria.

Versículo 5. Nuestra memoria y la memoria de Dios. «Acordaos.» «Se acordó.»

Salmos 105:6

Versículo 6. «Oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos.» Aunque todo el mundo olvide, vosotros estáis obligados a recordar. Vuestro padre Abraham vio sus maravillas y juicios sobre Sodoma y sobre los reyes que vinieron de lejos, y Jacob también vio las obras maravillosas del Señor al visitar a las naciones con hambre, proveyendo sin embargo a sus escogidos una herencia selecta en una buena tierra; que los hijos, pues, alaben al Dios de su padre. Los israelitas eran la nación elegida del Señor, y estaban obligados a imitar a su progenitor, que fue el fiel siervo del Señor y anduvo delante de él en santa fe: la descendencia de Abraham no debía ser incrédula, ni debían los hijos de un siervo tan fiel hacerse rebeldes. Al leer este llamamiento directo a la descendencia escogida, debemos reconocer los derechos especiales que el Señor tiene sobre nosotros mismos, pues también nosotros hemos sido favorecidos por encima de todos los demás. La elección no es un lecho para el descanso, sino un argumento para una diligencia siete veces mayor. Si Dios ha puesto en nosotros su elección, procuremos ser hombres selectos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 6. Oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo. Considerad la relación en que estáis con él. Sois «la descendencia de Abraham su siervo»; habéis nacido en su casa y, teniendo por ello derecho al privilegio de sus siervos, protección y provisión, estáis también obligados a cumplir el deber de siervos: atender a vuestro amo, mirar por su honra, obedecer sus mandatos y hacer lo que podáis por promover sus intereses. Matthew Henry.

Salmos 105:7

Versículo 7. «Él es Jehová nuestro Dios.» Bendito sea su nombre. Jehová se digna ser nuestro Dios. Esta frase encierra más riqueza de significado que toda la elocuencia de los oradores, y hay en ella más gozo que en todos los sonetos de los que se divierten. «En toda la tierra están sus juicios», o en toda la región, pues todo el país era instruido por su ley, gobernado por sus estatutos y protegido por su autoridad. ¡Qué gozo es que nuestro Dios nunca esté ausente de nosotros, que nunca sea un gobernante no residente, un soberano ausente; sus juicios están en todos los lugares donde habitamos! Si la segunda parte de este versículo se refiere al mundo entero, es hermoso ver unidas la particularidad de la elección de Israel y la universalidad del reinado de Jehová. No se reveló el Señor solamente a una nación, sino que su gloria resplandeció alrededor del globo. Es asombroso que el pueblo judío haya llegado a ser tan exclusivo y haya perdido por completo el espíritu misionero, pues su literatura sagrada está llena de las simpatías amplias y generosas que tan bien concuerdan con la adoración del «Dios de toda la tierra». Y no es menos doloroso observar que entre cierta clase de creyentes en la elección de gracia de Dios persiste un espíritu duro y exclusivista, fatal para la compasión y el celo. Bien harían estos también en recordar que su Redentor es «el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen».

Sugerencias para el predicador

Versículo 7. La relación de Dios con sus elegidos y con toda la humanidad.

Salmos 105:8

Versículo 8. «Se acordó para siempre de su pacto.» Aquí está el fundamento de todo su trato con su pueblo: había entrado en pacto con ellos en su padre Abraham, y a ese pacto permaneció fiel. La exhortación a acordarse (Sal 105:5) cobra gran fuerza del hecho de que Dios se ha acordado. Si el Señor tiene su promesa en la memoria, sin duda nosotros no debemos olvidar la maravillosa manera en que la cumple. Para nosotros debe ser motivo del más profundo gozo que en ningún caso el Señor haya olvidado sus compromisos de pacto, ni lo hará por los siglos de los siglos. ¡Ojalá nos acordáramos nosotros de ellos como él! «De la palabra que mandó para mil generaciones.» Esto no es sino una ampliación de la declaración anterior, y nos presenta la fidelidad inmutable del Señor a través de las generaciones cambiantes de los hombres. Sus juicios son amenazados sobre la tercera y la cuarta generación de los que le aborrecen, pero su amor corre para siempre, hasta «mil generaciones». Se dice aquí que su promesa fue mandada, es decir, revestida de toda la autoridad de una ley. Es una proclamación de un soberano, el firmán de un Emperador cuyas leyes permanecerán firmes en cada jota y cada tilde aunque el cielo y la tierra pasen. Demos, pues, gracias al Señor y hablemos de todas sus maravillas, tan maravillosas por su fidelidad y su verdad.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 8. «Se acordó de su pacto.» Como había transcurrido una larga serie de años entre la promesa y su cumplimiento, el profeta emplea la palabra «acordarse», dando a entender que la promesa divina no caduca por el paso del tiempo, sino que, aun cuando el mundo imagina que han sido extinguidas y olvidadas por completo, Dios conserva de ellas un recuerdo tan nítido como siempre, para cumplirlas a su debido tiempo. John Calvin.

Versículo 8. «De la palabra que mandó.» Todo lo que Dios dice debe decirse necesariamente con autoridad, de modo que aun sus promesas participan de la naturaleza de los mandatos. Joseph Addison Alexander.

Salmos 105:9

Versículo 9. «Del pacto que concertó con Abraham.» Cuando las víctimas fueron divididas y la lámpara ardiendo pasó entre los pedazos (Gn 15), entonces el Señor hizo, o ratificó, el pacto con el patriarca. Fue un acto solemne, realizado no sin sangre y sin el despedazamiento del sacrificio; nos señala el pacto mayor que en Cristo Jesús está firmado, sellado y ratificado, para que permanezca firme por los siglos de los siglos. «Y de su juramento a Isaac.» Isaac no vio en visión la solemne celebración del pacto, pero el Señor renovó para él su juramento (Gn 26:2-5). Esto le bastó, y debió de afirmar su fe en el Altísimo. Nosotros tenemos el privilegio de ver en nuestro Señor Jesús tanto el sello del sacrificio como el juramento eterno de Dios, por el cual toda promesa del pacto es hecha «sí» y «amén» para toda la simiente escogida.

Sugerencias para el predicador

Versículo 9. La celebración, el juramento y la confirmación del pacto. Véase nuestro comentario a estos versículos, con los pasajes a que se refieren.

Salmos 105:10

Versículo 10. «La estableció a Jacob por estatuto.» Jacob, en su maravilloso sueño (Gn 28:10-15), recibió la garantía de que el modo de proceder del Señor con él sería conforme a la relación del pacto, pues dijo Jehová: «No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho». Así, si podemos decirlo con toda reverencia, el pacto vino a ser una ley para el Señor mismo, por la cual se obligó a obrar. ¡Oh condescendencia sin igual, que el Señor más libre y soberano se ponga bajo las ataduras de un pacto con sus escogidos y se haga una ley a sí mismo, aunque está por encima de toda ley! «Y a Israel por pacto sempiterno.» Cuando cambió el nombre de Jacob no cambió su pacto, sino que está escrito: «Y lo bendijo allí» (Gn 32:29), y fue con la bendición antigua, conforme a la palabra inmutable de la gracia permanente.

Salmos 105:11

Versículo 11. «Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán como porción de vuestra heredad.» Esta repetición de la gran promesa del pacto está registrada en Gn 35:9-12, en relación con el cambio del nombre de Jacob y muy poco después de aquella matanza de los siquemitas que había puesto al patriarca en tan gran alarma y le hizo emplear un lenguaje casi idéntico al del versículo siguiente. «Cuando eran pocos en número, y muy pocos, y forasteros en ella.» Jacob dijo a Simeón y a Leví: «Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me herirán, y seré destruido yo y mi casa». Así se declararon los temores del hombre de Dios, y eran razonables si miramos solo las circunstancias en que se hallaba, pero pronto se ve que carecían de fundamento cuando recordamos que la promesa del pacto, que garantizaba la posesión de la tierra, implicaba necesariamente la preservación de la raza a la cual había sido hecha la promesa. A menudo tememos donde no hay motivo de temor. Las bendiciones prometidas a la descendencia de Abraham no dependían del número de sus descendientes ni de su posición en este mundo. El pacto fue hecho con un solo hombre, y por consiguiente el número nunca podría ser menor; y ese hombre no era dueño de un palmo de terreno en toda la tierra, salvo una cueva en que sepultar a sus muertos, y por tanto su descendencia no podía tener menos herencia que él. La pequeñez de una iglesia y la pobreza de sus miembros no son obstáculo para la bendición divina, si se la busca con fervor alegando la promesa. ¿No eran pocos los apóstoles, y débiles los discípulos, cuando comenzó la buena obra? Tampoco corremos mayor peligro por ser extranjeros y forasteros aquí abajo, como lo fueron nuestros padres: somos como ovejas en medio de lobos, pero los lobos no pueden dañarnos, porque nuestro pastor está cerca.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 11. «La porción de vuestra heredad»: literalmente lbh, el cordel de vuestra heredad, expresión tomada del antiguo método de medir la tierra con cuerda o cordel; de ahí que el cordel de medir se ponga por metonimia en lugar de la parte medida y repartida con el cordel. Así: «Las cuerdas, Mylbx, los cordeles, me cayeron en lugares deleitosos», es decir, como lo explica el salmista: «Es hermosa la heredad que me ha tocado» (Sal 16:6). Samuel Chandler.

Versículo 11. «Vuestra heredad.» El cambio de número (de «a ti» a «vuestra») señala que Dios hizo pacto con todo el pueblo en general, aunque dirigió las palabras solo a unos pocos individuos; así como hemos visto poco antes que era un decreto o una ley eterna. Los santos patriarcas fueron las primeras y principales personas en cuyas manos se depositó la promesa; pero no recibieron la gracia que se les ofrecía como si les perteneciera solo a ellos, sino como una bendición de la que su posteridad había de participar con ellos. John Calvin.

Salmos 105:12

Versículo 12. «Cuando eran pocos en número.» bpom ytm. Literalmente, «homines numeri», hombres de número; tan pocos que podían contarse fácilmente: en oposición a lo que fue después su posteridad, como la arena del mar, sin número. Samuel Chandler.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 12. Cualquiera pensaría que todo el mundo habría caído sobre ellos; pero aquí estuvo la protección: Dios tiene voto negativo. «No consintió que nadie los agraviase.» Muchos tenían (como decimos) un diente dolorido contra el pueblo de Dios, les picaban los dedos por meterse con ellos, y el texto muestra cuatro ventajas que el mundo tenía contra ellos. Primera: «eran pocos». Segunda: «muy pocos». Tercera: «forasteros». Cuarta: sin morada fija. ¿Qué estorbó a sus enemigos? Fue el voto negativo del Señor. «Por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.» Vemos un ejemplo de esto en Gn 35:5. Cuando Jacob y su familia viajaban, «el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob». Tenían intención de perseguirlos, para vengar la matanza de los siquemitas; pero Dios dijo: No persigáis, y entonces no pudieron perseguir, tuvieron que quedarse en casa. Y cuando su pueblo, los judíos, estuvo seguro en Canaán, los anima a subir libremente a adorar a Jerusalén con esta seguridad: «Ninguno codiciará tu tierra cuando subas para presentarte delante de Jehová tu Dios tres veces en el año» (Éx 34:24). Dios puede detener no solo las manos que despojan, sino los corazones que codician. Joseph Caryl.

Sugerencias para el predicador

Versículo 12. Consuelo para los pocos. El Israel típico y el espiritual, pocos al principio. Unos pocos en el arca poblaron el mundo. Pequeñas compañías han hecho maravillas. La presencia de Cristo está prometida a dos o tres. Dios no salva ni por muchos ni por pocos, etc.

Versículo 13.

Salmos 105:13

Versículo 13. «Y andaban de nación en nación, de un reino a otro pueblo.» Migrando, como lo hicieron los patriarcas, de la región de una tribu al país de otra, fueron singularmente preservados. La pequeña familia errante pudo haber sido destruida de raíz y rama si no se hubiera dado un mandato especial desde el trono para su protección. No fue la mansedumbre de sus vecinos lo que los amparó; los rodeaba la misteriosa custodia del cielo. Ya en Egipto, ya en Filistea, ya en Canaán, los herederos de las promesas, habitando en sus tiendas, estuvieron siempre seguros.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 13. «De un reino a otro pueblo.» Donde habríamos esperado «de reino en reino», el oído se ve algo defraudado por la frase «de un reino a otro pueblo», que puede haber tenido por objeto distinguir a Egipto y otras monarquías de las instituciones más democráticas o patriarcales de los árabes y otras naciones. Joseph Addison Alexander.

Versículo 13. Aunque el mudarse con frecuencia no es ni deseable ni encomiable, a veces hay una ocasión justa y necesaria para ello, y puede ser la suerte de algunos de los mejores hombres. Matthew Henry.

Salmos 105:14

Versículo 14. «No consintió que nadie los agraviase.» Los hombres no pueden agraviarnos a menos que él lo permita; los más grandes de ellos deben esperar su permiso antes de poder ponernos un dedo encima. Los malvados nos devorarían si pudieran, pero ni siquiera pueden estafarnos un céntimo sin la tolerancia divina. «Y por causa de ellos castigó a los reyes.» Faraón y Abimelec tuvieron que respetar a los singulares forasteros que habían venido a peregrinar en su tierra; los más grandes reyes son personajes de segundo orden para Dios en comparación con sus siervos escogidos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 14. «No consintió que nadie los agraviase.» Como se levantaban contra ellos, uno tras otro, tropas de enemigos, el salmista dice de manera indefinida que los hombres eran refrenados de hacerles daño; pues mda, Adam, es la palabra que aquí se usa, la más empleada por lo general para significar hombre. John Calvin.

Versículo 14. Divido las palabras en estas tres partes.

Sugerencias para el predicador

Versículo 14. El Dr. T. Goodwin tiene un excelente sermón sobre estos versículos, titulado «El interés de Inglaterra», en el cual condensa la historia del mundo para mostrar que aquellas naciones que han perseguido y afligido al pueblo de Dios han sido invariablemente despedazadas. (Goodwin's Works, tomo 12, págs. 34-60, edición de Nichol).

Salmos 105:15

Versículo 15. «Diciendo: No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.» Abraham y su descendencia eran, en medio del mundo, una generación de sacerdotes ungidos para presentar sacrificio al Dios Altísimo; puesto que a ellos les fueron confiados los oráculos, eran también los profetas de la humanidad; y eran además reyes, un sacerdocio real; por eso habían recibido una triple unción. Su santo oficio los rodeaba de una sacralidad que hacía sacrilegio el molestarlos. Al Señor le agradó imprimir en las tribus salvajes de Canaán un respetuoso temor hacia los piadosos forasteros que habían venido a morar entre ellas, de modo que no se les acercaron para hacerles mal. Las palabras aquí mencionadas quizá no fueron pronunciadas realmente, pero la impresión de temor que cayó sobre las naciones se describe así poéticamente. Dios no quiere que sean tocados los que han sido apartados para sí. Los llama suyos, diciendo: «Mis ungidos»; declara que los ha «ungido» para ser profetas, sacerdotes y reyes para él, y todavía los reclama como sus profetas: «No hagáis mal a mis profetas». Durante todos los años en que los tres grandes padres habitaron en Canaán, nadie pudo dañarlos; ellos no podían defenderse por la fuerza de las armas, pero el Dios eterno era su refugio. Así también en el presente, el remanente conforme a la elección de la gracia no puede ser destruido, ni siquiera tocado, sin el consentimiento divino. Contra la iglesia de Cristo no prevalecerán las puertas del Hades. En todo esto vemos razones para dar gracias al Señor y proclamar su nombre, conforme a la exhortación del primer versículo del salmo. Aquí termina la porción que se cantó cuando se trasladó el arca; su idoneidad para tal propósito es muy evidente, pues el arca era el símbolo tanto del pacto como de aquella morada misteriosa de Dios con Israel que era a un tiempo su gloria y su defensa. Nadie podía tocar a los peculiares del Señor, porque el Señor estaba en medio de ellos, resplandeciendo en majestad entre los querubines. Habiendo permanecido la presencia de Dios con sus escogidos mientras peregrinaban en Canaán, no los abandonó cuando fueron llamados a descender a Egipto. No fueron allá por su propia elección, sino bajo dirección divina, y por eso el Señor les preparó el camino y los prosperó hasta que juzgó oportuno conducirlos de nuevo a la tierra de la promesa.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 15. «Mis ungidos.» Abraham, Isaac y Jacob no tuvieron unción externa. Sin embargo, fueron llamados «ungidos» porque Dios los separó de la multitud de los hombres malvados y los dotó del Espíritu y de sus dones, de los cuales el aceite era emblema. Mollerus.

Versículo 15. «No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.» Vemos aquí una vívida descripción del pueblo de Dios. Son «sus ungidos», que tienen «el resto del Espíritu»; son sus profetas, a quienes se confía la palabra de vida para que sean testigos en el mundo. A estos les da, por decirlo así, un salvoconducto para atravesar el mundo. Aunque siempre han sido solo hombres contados, estimados como cosa vil, son preciosos a sus ojos. No se distinguen por dignidad externa, números y poder, como Roma presenta las marcas de su comunión. Están en medio de los reinos, pero no son de ellos. Forman por lo general las porciones más humildes de casi todas las comunidades, y sin embargo reciben honra de Dios. Despreciados por el mundo, pero para Dios reyes y sacerdotes, ordenados y ungidos para reinar con Cristo para siempre. W. Wilson.

Versículo 15. Profetas. La palabra aybk designa al profeta, o el que habla en nombre de otro; el término hace hincapié en el mensaje pronunciado y no en la visión. La palabra hebrea viene de una raíz que significa burbujear y desbordarse como de una fuente llena. Pero la plenitud de los verdaderos profetas de Jehová no era la de sus propios pensamientos y emociones. Era la del Espíritu divino dentro de ellos. «Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 P 1:21). La primera aplicación de la palabra es a Abraham (Gn 20:7); aunque mucho antes de Abraham «profetizó Enoc, el séptimo desde Adán» (Jud 14). Donald Fraser, en "Synoptical Lectures on the Books of Holy Scripture," 1873.

Sugerencias para el predicador

Versículo 15. En qué sentido fue Abraham profeta, y hasta qué punto lo son los creyentes.

Versículo 16.

Salmos 105:16

Versículo 16. «Y llamó al hambre sobre la tierra.» No tuvo más que llamarla, como un hombre llama a su siervo, y vino al instante. ¡Cuán agradecidos debemos estar de que no llame a menudo a ese terrible siervo suyo, tan flaco, demacrado y torvo, tan despiadado con las mujeres y los niños, tan amargo para los hombres fuertes, que desfallecen por completo ante él! «Quebrantó todo sustento de pan.» La frágil vida del hombre no puede sostenerse sin su sustento; si le falta el pan, él desfallece. Como un lisiado con el bastón roto cae al suelo, así cae el hombre cuando el pan ya no lo sustenta. Para Dios es tan fácil causar una hambruna como quebrar un bastón. Podría hacer universal esa hambruna, de modo que todos los países estuvieran en igual situación: entonces la raza humana caería de veras, y su sustento se quebraría para siempre. Hay en el asunto este dulce consuelo: que el Señor tiene fines sabios que cumplir incluso mediante el hambre; quería que su pueblo descendiera a Egipto, y la escasez de alimento fue su método de llevarlo allá, pues «oyeron que había trigo en Egipto».

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 16. «Llamó al hambre.» Como un amo llama a un siervo dispuesto a cumplir su orden. Por el contrario, Dios dice (Ez 36:29): «Llamaré al trigo y lo multiplicaré, y nunca más os impondré hambre». Compárense las palabras del centurión sobre la enfermedad como siervo de Cristo, dispuesta a venir o ir a su llamado, Mt 8:8-9. A. R. Fausset.

Salmos 105:17

Versículo 17. «Envió delante de ellos a un varón, a José.» Fue la avanzada y el explorador de todo el clan. Sus hermanos lo vendieron, pero Dios lo envió. Donde es visible la mano de los malvados, la mano de Dios puede estar obrando invisiblemente, dominando su malicia. Nadie era más hombre ni más apto para ir a la vanguardia que José: se necesitaba un intérprete de sueños, y sus hermanos habían dicho de él: «Ahí viene el soñador». «Que fue vendido por siervo», o más bien por esclavo. El viaje de José a Egipto no fue tan costoso como la travesía de Jonás, que pagó su propio pasaje: su pasaje gratuito lo proveyeron los madianitas, quienes además le aseguraron la presentación ante un gran oficial de estado entregándolo como esclavo. Su camino hacia una posición desde la cual pudiera alimentar a su familia pasó por el pozo, la caravana del traficante, el mercado de esclavos y la cárcel, y ¿quién negará que fue el camino correcto, el más seguro, el más sabio y quizá el más corto? Y sin embargo, ciertamente no lo parecía. Si nosotros enviáramos a un hombre en tal misión, lo proveeríamos de dinero: José va como pobre; lo revestiríamos de autoridad: José va como esclavo; lo dejaríamos en plena libertad: José es siervo; con todo, el dinero habría servido de poco siendo el trigo tan caro, la autoridad habría irritado más que influido ante Faraón, y la libertad quizá no habría puesto a José en contacto con el capitán de Faraón y sus otros siervos, y así el conocimiento de su destreza para interpretar quizá no habría llegado al oído del monarca. El camino de Dios es el camino. La senda de nuestro Señor hacia su trono mediador corrió por la cruz del Calvario; nuestro camino a la gloria corre por los ríos del dolor.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 17. José puede ser un tipo apropiado de nuestra liberación espiritual. Consideren que fue vendido a Egipto, no sin el determinado consejo de Dios, que lo había preordenado para bien: «Para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros» (Gn 45:5). Aquí está la diferencia: los hermanos vendieron a José, nosotros nos vendimos a nosotros mismos. Consideren que somos así vendidos al pecado y a la muerte; Dios tuvo el propósito de redimirnos: hay elección. José fue sacado de la cárcel, y nosotros rescatados de la casa de servidumbre: hubo redención. La causa de José fue dada a conocer, y él mismo absuelto; nosotros no podíamos ser hallados inocentes por nosotros mismos, pero fuimos absueltos en Cristo: en lo cual consiste nuestra justificación. Por último, José fue vestido de ropas gloriosas, adornado con cadenas de oro y hecho cabalgar en el segundo carro de Egipto: así nuestro último paso es ser elevados a alta honra, a la gloria misma de la corte celestial: «Gloria será esto para todos sus santos» (Sal 149:9). Thomas Adams.

Versículo 17. En muchas circunstancias de José —en ser amado de su padre, en ser aborrecido de sus hermanos, en sus sufrimientos y profunda humillación, en ser sacado de la cárcel, en su avance y exaltación, en su sabiduría y prudencia, en su provisión para la familia de su padre, en su libre perdón de las injurias sufridas de sus hermanos— puede decirse con verdad que tenemos a Cristo delineado en ellas y presentado por ellas, en tipo, figura y representación. Pero no tengo nada que hacer con esto aquí; solo doy esta indicación al lector. Samuel Eyles Pierce, 1817.

Salmos 105:18

Versículo 18. «Apretaron sus pies con grillos.» De esto aprendemos algo más de los sufrimientos de José que lo que hallamos en el libro de Génesis: la inspiración no había cesado, y David era un historiador tan exacto como Moisés, pues el mismo Espíritu guiaba su pluma. Fue puesto en hierros, o «entró en hierros su persona». La versión del libro de oración, «el hierro entró en su alma», es antigramatical, pero probablemente expresa casi la misma verdad. Sus grillos hirieron su mente tanto como su cuerpo, y bien dijo Jacob: «Le causaron amargura, le asaetearon». Bajo la acusación cruelmente falsa, que no podía refutar, su mente estaba como cercada y trabada con hierro, y de no haber estado el Señor con él, quizá habría sucumbido bajo sus sufrimientos. En todo esto, y en mil cosas más, fue un admirable tipo de aquel que en el sentido más elevado es «el Pastor, la Roca de Israel». Los grillos de hierro lo preparaban para llevar cadenas de oro, y disponían sus pies para estar en lugares altos. Así es con todos los afligidos del Señor: ellos también pasarán un día de sus prisiones a sus tronos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 18. «Entró en hierros su persona» (margen). Se designa a toda la persona por el alma, porque el alma del cautivo sufre aún más que el cuerpo. El encarcelamiento es una de las pruebas más severas para el alma. Incluso a héroes espirituales como un Savonarola y un San Cirano las aguas pasan a menudo sobre el alma. E. W. Hengstenberg.

Versículo 18. «Entró en hierros su persona.» Hasta que lo hemos sentido, no podemos concebir ese desfallecimiento del corazón que a veces se apodera del paciente que sufre; ese sentimiento de soledad, esa debilidad del alma, que viene de las esperanzas diferidas y los deseos no compartidos, del egoísmo de los hermanos y de la dureza de corazón del mundo. Nos preguntamos: Si el Señor estuviera conmigo, ¿sufriría yo así, no solo el desdén de los sabios y el menosprecio de los grandes, sino aun la indiferencia y el abandono de aquellos a quienes he servido, que sin embargo me olvidan? Así pudo haberse preguntado José; y así, hasta ahora, pueden preguntarse los elegidos, cuando están solos, sin el ánimo ni la simpatía de los hombres, no desviados por la falsedad ni el desdén, con el rostro puesto como un pedernal, pero sintiendo hondamente lo que les cuesta. Andrew Jukes, en "The Types of Genesis," 1858.

Salmos 105:19

Versículo 19. «Hasta la hora que se cumplió su palabra.» Dios tiene sus tiempos, y sus hijos deben esperar hasta que se cumpla su «hasta». José fue probado como en un horno, hasta que la obra de ensayo del Señor quedó plenamente cumplida. La palabra del copero mayor no era nada; tuvo que esperar hasta que vino la palabra de Dios, y entre tanto la palabra del Señor lo probó. Creía la promesa, pero su fe fue duramente ejercitada. Una bendición demorada pone a prueba a los hombres y demuestra su temple, si su fe es de esa clase preciosa que puede soportar el fuego. De muchas promesas escogidas podemos decir con Daniel: «la visión era verdadera, pero el tiempo señalado era largo». Si la visión tarda, es bueno esperarla con paciencia. Hay una palabra que prueba y una palabra que libra, y debemos soportar la una hasta que nos llegue la otra. Fácilmente podemos imaginar con cuánta mansedumbre soportó José sus aflicciones y con qué entereza esperaba que se aclarase su reputación calumniada; mejor aún será si, bajo pruebas semejantes, podemos imitarlo y salir del horno tan completamente purificados como él, y tan bien preparados para soportar la prueba todavía más dura del honor y el poder.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 19. «Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó.» Este versículo forma la clave de todo el significado de la misteriosa prueba de José, y a la vez ilustra un profundo misterio en la vida espiritual del hombre. Por «el dicho de Jehová» que «le probó», el salmista se refiere evidentemente a los sueños de su destino futuro que Dios envió a José; y al decir que lo probaron «hasta que se cumplió su palabra», quiere decir evidentemente que su fe en esas promesas fue puesta a prueba por su largo encarcelamiento, hasta que amaneció el día de su liberación. Consideren por un momento su situación, y verán el propósito de esa prueba. Joven educado en medio de toda la tranquila sencillez de la vida patriarcal primitiva, lo asediaban visiones de ensueño de un poderoso destino. Esas visiones anunciaban misteriosamente su gobierno en Egipto y las bendiciones que su sabio y justo mando traería a la tierra; pero aunque no podía comprenderlas, creía que eran voces del futuro y promesas de Dios. Pero la quietud de aquella vida de pastor no era la preparación para el cumplimiento de su destino prometido. La educación que formaría al hombre capaz de resistir con firmeza las tentaciones de la vida egipcia, con sus ciudades y su civilización; la educación que formaría al gobernante cuyo ojo claro juzgara entre el bien y el mal y discerniera el rumbo seguro en la hora del peligro de una nación; todo esto no se había de adquirir a la sombra de la tienda de su padre; debía venir por la prueba, y por una prueba que surgiera de la misma promesa de Dios en la que creía. De ahí que un cambio grande y sorprendente cruzara su vida, que parecía prohibir el cumplimiento de aquella promesa soñada y lo tentaba a dudar de su verdad. Vendido a Egipto como esclavo, arrojado a la cárcel por su fidelidad a Dios, el dicho de Jehová probó su alma con el mayor poder. En la oscuridad de aquel encierro era muy difícil creer en la fidelidad de Dios, cuando su aflicción había surgido de su obediencia; y muy difícil mantener la promesa claramente ante sí, cuando su enorme angustia lo tentaría perpetuamente a considerarla un sueño vano. Pero a través de la tentación adquirió la fuerte confianza que la pompa y la gloria de la corte egipcia no tendrían poder para destruir; y cuando vino la palabra de liberación, salió el hombre, fortalecido por la prueba, para cumplir su glorioso destino de gobernar Egipto en nombre de Dios y asegurarle las bendiciones del cielo. Así su prueba por el dicho de Jehová, su tentación de dudar de su verdad, fue una disciplina divina que lo preparaba para el cumplimiento de la promesa. Y mirado bajo este aspecto, este versículo nos presenta una profunda verdad espiritual: Las promesas de Dios prueban al hombre, para que mediante la prueba sea preparado para su cumplimiento. Nuestro tema es, pues, este: La prueba del hombre por las promesas de Dios. Este versículo sugiere tres grandes hechos que muestran los tres aspectos de esa prueba.

(a) La palabra de Dios debe probar al hombre revelando su incredulidad secreta. Nunca conocemos nuestra falta de fe hasta que alguna gloriosa promesa despierta el alma a la actitud de creer; entonces la frialdad y la infidelidad del corazón son iluminadas por ese destello de creencia, y la promesa es una prueba. Así Pablo, con su profunda penetración en los hechos de la experiencia espiritual, dice: «La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». En ilustración de esto podemos observar que muchas promesas del Señor nos llegan, como llegaron a José, a modo de visiones de ensueño del futuro. Visiones vienen al alma cristiana, tan grandes y maravillosas como las que vinieron al joven hebreo de antaño; y también ellas son profecías de lo que estamos destinados a ser. Llega un tiempo en que la voz de Dios se oye con más claridad y se revela la gran herencia. Ningún sueño de la noche, ningún espíritu de los muertos nos ha visitado; pero como un espíritu, alguna verdad de Dios ha entrado en la cámara del alma y la ha convocado a una noble aspiración y a un esfuerzo semejante al de Cristo. Entonces las arras del futuro brillan en el horizonte de la vida. El día de reposo de la eternidad, con todo su bálsamo y su música, parece cercano, y arrebatados con su gloria, nos despertamos a un celo que todo lo entrega. Pero apelo a su experiencia: ¿no es verdad que tales revelaciones de la promesa se convierten rápidamente en tiempos de prueba? Entonces la voz burlona de la incredulidad nos dice que la aspiración es vana. Las frías corrientes cruzadas de la indiferencia enfrían los ardientes impulsos del corazón. Estamos en prisión como José, no por barrotes materiales, ciertamente, sino por las ataduras invisibles de la incredulidad; y nos resulta muy difícil mantener la promesa clara y brillante, mientras somos tentados a creer que nuestras aspiraciones eran meros sueños vanos. Y ahí está ese despertar, por la promesa, de la incredulidad oculta del alma, que hace de toda promesa una prueba inevitable.

(b) Además: Dios hace que sus promesas prueben la naturaleza humana para cumplir sus propios propósitos de disciplina. Es ley de nuestra naturaleza que ninguna creencia en algo invisible puede pasar jamás a la forma activa de un fuerte empeño por alcanzarlo, hasta que somos tentados a no creerla. Así, la gran idea de una tierra no descubierta al otro lado de los páramos del Atlántico hirió el alma de Colón; pero siguió siendo una fe soñadora hasta que, por la oposición y el ridículo, fue tentado a considerarla un sueño, y entonces se convirtió en esfuerzo heroico, y la tierra fue hallada. Así con todos los hombres de genio. Están al frente de su época, con pensamientos que el mundo no puede entender; pero esos pensamientos son sueños hasta que el sufrimiento y el desprecio prueban a los hombres, y entonces se despiertan al esfuerzo por realizarlos. Por eso Dios nos conduce a circunstancias en las que somos tentados a dudar de sus promesas, para que mediante la tentación discipline la fe hasta darle poder. Hay un desierto de tentación en toda vida, y como Cristo, somos llevados a él a menudo, desde la hora solemne en que oímos la voz: «Tú eres mi Hijo»; pero como Cristo, salimos fortalecidos, tras el largo y silencioso forcejeo con la tentación, para hacer la voluntad de nuestro Padre.

Versículo 19. «El dicho de Jehová le probó.» Así como nosotros probamos la palabra de Dios, la palabra de Dios nos prueba a nosotros; y dichosos si, al ser probados, salimos como oro, y la prueba de nuestra fe resulta más preciosa que la del oro, que perece, aunque sea probado con fuego. William Jay.

Versículo 19. Le probó. No dudo de que los hermanos de José fueron humillados, pero José puede serlo más; debía ser arrojado a la cisterna y a la cárcel, y el hierro debía entrar no solo en sus piernas, sino en su alma. Debía ser más afectado en espíritu, porque había de hacer una obra mayor para Dios y ser elevado más alto que los demás, y por tanto necesitaba más lastre. Thomas Shepard, en "The Sound Believer," 1649.

Versículo 19. Probó. Kdu, «ensayado»; Sal 7:6; 17:3; 18:30. Salió de la prueba, como el oro del crisol, más puro y resplandeciente. William Kay.

Versículo 19. Le probó. «Lo hizo señor de su casa.» Los pies de José fueron lastimados con hierros, para prepararlo a pisar con más delicadeza en el palacio del Rey en Zoán; y cuando llegó el tiempo del Señor, por las mismas escaleras que lo hicieron bajar a la mazmorra subió al carro contiguo al de Faraón. Pocos pueden soportar grandes y repentinas misericordias sin orgullo y petulancia, hasta que son estorbados y humillados para llevarlas con moderación. Samuel Lee, en "The Triumph of Mercy in the Chariot of Praise," 1677.

Sugerencias para el predicador

Versículo 19. La duración de nuestras pruebas, el poder probatorio de la promesa, el desenlace consolador que se nos asegura.

Versículo 24 (segunda parte). En qué aspectos la gracia puede hacer a los creyentes más fuertes que sus enemigos.

Versículo 25.

Salmos 105:20

Versículo 20. «Envió el rey, y le soltó.» Un oficial lo metió en el calabozo, pero fue el monarca mismo quien lo liberó. «El señor de los pueblos, y le dejó ir libre.» La marea había cambiado, de modo que el altivo potentado de Egipto lo llamó de la cárcel al palacio. Había interpretado los sueños de cautivos siendo él mismo cautivo; ahora debía interpretar para un gobernante y llegar a ser gobernante él mismo. Cuando Dios se propone libertar a sus presos, los reyes se vuelven sus carceleros.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 20. «Envió el rey, y le soltó.» Y esto por medio de su propio amo, Potifar, que lo había encerrado allí por instigación de su perversa y desvergonzada mujer. Había sido atado ignominiosamente, pero ahora llega a ser soltado honrosamente. Christopher Ness.

Salmos 105:21

Versículo 21. «Lo estableció por señor de su casa.» Sin reservarse poder alguno, sino diciendo: «Solamente en el trono seré yo mayor que tú». El servidor de esclavos llega a ser señor sobre nobles. ¡Cuán pronto levanta el Señor a sus escogidos del muladar para sentarlos con los príncipes! «Y por gobernador de todas sus posesiones.» Le dio poder para dirigir el almacenamiento de las siete cosechas abundantes y para repartir las provisiones en los días de escasez que vendrían. Todos los tesoros de Egipto estaban bajo su llave y su cerrojo; más aún, los graneros del mundo se sellaban o se abrían a su mandato. Así estaba en la mejor posición imaginable para conservar con vida a la casa de Israel, con la cual se hizo el pacto. Así como nuestro Señor mismo fue resguardado en Egipto de la enemistad de Herodes, así, siglos antes, la raza redimida halló un refugio igualmente disponible en la hora de necesidad. Dios tiene siempre un refugio para sus santos, y si toda la tierra no pudiera ofrecerles santuario, el Señor mismo sería su morada y los tomaría para reposar en su propio seno. Estamos siempre seguros de ser alimentados aunque todo el mundo pasara hambre. Es delicioso pensar en nuestro mayor José gobernando las naciones para el bien de su propia casa, y nos conviene permanecer en tranquila confianza en todo desastre político, pues Jesús está en el trono de la providencia, Rey de reyes y Señor de señores, y lo estará hasta que esta dispensación termine.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 21. «Gobernador de todas sus posesiones.» También en esto fue tipo de Jesucristo, quien, como Dios, es poseedor del cielo y de la tierra, siendo el creador de ellos. John Gill.

Versículo 21. Fue recibido en la Real Sociedad de los muy honorables consejeros privados del rey, y fue constituido presidente de la mesa del consejo, lo cual, aunque Moisés no lo expresa, David lo insinúa en Sal 105:21-22. Todos los consejeros privados, así como los particulares, estaban obligados (posiblemente por juramento) a obedecerle en todo, y, desde la presidencia, enseñaba magistralmente sabiduría a estos senadores. Así corre la lectura hebrea: Ató a los príncipes a su alma (o conforme a su voluntad) e hizo sabios a sus ancianos; enseñándoles no solo sabiduría civil y moral, sino también divina, razón por la cual Dios envió a José (dice él) a Egipto, para que algún eco de la redención de la humanidad caída se oyera en aquel reino, entonces el más floreciente del mundo; ni Moisés calla del todo en esto, pues lo llama maestro de sabiduría, o padre de Faraón (Gn 45:8). Mucho más de sus consejeros, y dice que nadie alzará su mano o su pie (a saber, en los asuntos de estado, dentro del país, o en embajadas extranjeras, fuera) sin orden de José; era el plenipotenciario del rey, Gn 41:44. Christopher Ness.

Salmos 105:22

Versículo 22. «Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese.» El que estuvo atado obtiene autoridad para atar. Ya no es mantenido en prisión, sino que guarda todas las prisiones, y echa en ellas a los más grandes nobles cuando la justicia lo exige. «Y a sus ancianos enseñara sabiduría.» Los jefes de los diversos pueblos, los ancianos de las naciones, aprendieron de él la ciencia del gobierno, el arte de proveer para el pueblo. José fue un gran instructor en economía política, y no dudamos de que mezclaba con ella la moral más pura, la jurisprudencia más recta y algo de aquella sabiduría divina sin la cual los senadores más capaces permanecen en tinieblas. La autoridad del rey lo hizo absoluto tanto en los tribunales ejecutivos como en los legislativos, y el Señor le enseñó a usar su poder con discreción. ¡Qué responsabilidades y honores cargaron sobre el hombre que había sido rechazado por sus hermanos y vendido por veinte piezas de plata! ¡Qué glorias coronan la cabeza de aquel mayor que fue «apartado de entre sus hermanos»!

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 22. «Para que reprimiera a sus grandes.» El sentido de wydv doal significa ejercer control sobre los hombres más grandes del reino, poder que Faraón confirió a José: véase Gn 41:40, 43, 44. La capacidad de atar debe considerarse como evidencia de autoridad: un poder de obligar a la obediencia o, a falta de ella, de infligir castigo. George Phillips, 1846.

Versículo 22. «Como él quisiese.» Literalmente, con su alma, lo cual algunos explican como una audaz metáfora que describe la mente o el alma de José como el cordel o la cadena con la que ataba a los egipcios, es decir, los forzaba a cumplir su voluntad. Pero véase Sal 17:9; 27:12; 41:2. Joseph Addison Alexander.

Versículo 22. «Y a sus ancianos enseñara sabiduría.» Para que con aquella sabiduría en que había sido instruido por Dios instruyera también a los príncipes y enseñara prudencia a quienes eran mucho mayores que él. En esto brillan algunas chispas de sabiduría divina: que Dios dispusiera que aun los príncipes y los ancianos aprendieran sabiduría de quien era esclavo y extranjero, aunque los egipcios siempre acostumbran jactarse de que Egipto es la cuna de la sabiduría. Jansenius.

Salmos 105:23

Versículo 23. «Después entró Israel en Egipto.» Vino el anciano patriarca, y con él aquella compañía creciente que llevaba su nombre. Costó hacerlo ir. Quizá nada menos que la esperanza de ver a José pudo haberlo movido a emprender tan largo viaje desde las tumbas de sus antepasados; pero la voluntad divina se cumplió y la iglesia de Dios fue trasladada a un país enemigo, donde por un tiempo fue nutrida. «Y Jacob moró en la tierra de Cam.» Sem el bendito vino a hospedarse un tiempo con Cam el maldito: la paloma estaba en el nido del buitre. Así lo quiso Dios por un tiempo, y por eso era seguro y justo; con todo, era solo una estancia, no un establecimiento. La más hermosa Gosén de Egipto no era la bendición del pacto, ni el Señor quiso que su pueblo la tuviera por tal; así también para nosotros «la tierra es nuestro albergue», pero solo nuestro albergue, pues el cielo es nuestro hogar. Cuando estamos mejor alojados, debemos recordar aún que no tenemos aquí ciudad permanente. Sería mala noticia para nosotros si estuviéramos condenados a residir en Egipto para siempre, porque todas sus riquezas no son dignas de compararse con el oprobio de Cristo. Así el cántico repasaba los traslados del pueblo del Señor, y era un acompañamiento muy apropiado para el traslado del arca, cuando el sacerdote la llevó a la ciudad de David, donde el Señor le había designado lugar de reposo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 23. «Egipto… la tierra de Cam.» Los egipcios eran una rama de la raza de Cam. Vinieron de Asia a través del desierto de Siria para establecerse en el valle del Nilo. Este es un hecho claramente establecido por la ciencia, y confirma plenamente las declaraciones del libro de Génesis. F. Lenormant y E. Chevalier, en "A Manual of Ancient History," 1869.

Salmos 105:24

Versículo 24. «Y Dios hizo fecundo en gran manera a su pueblo.» En Gosén parecen haberse multiplicado rápidamente desde el principio, y esto excitó los temores de los egipcios, de modo que trataron de frenar su aumento mediante la opresión, pero el Señor continuó bendiciéndolos. «Y lo hizo más fuerte que sus enemigos.» Tanto en fuerza física como en número amenazaban con llegar a ser la raza más poderosa. Ni fue impedido este crecimiento de la nación por medidas tiránicas, sino que ocurrió todo lo contrario, dando así un temprano ejemplo de lo que desde entonces se ha vuelto proverbio en la iglesia: «cuanto más los oprimían, más se multiplicaban». Es vano contender con Dios o con su pueblo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 24. «Hizo fecundo en gran manera a su pueblo.» He aquí la bendición oculta en el secreto de la cruz. Bajo ella el pueblo de Dios está en el estado más fructífero. Biblia de Berleburg.

Versículo 24. La prosperidad de la iglesia es deseable. Aumento de números, aumento de vigor. Alcanzable bajo gran persecución y oposición. Divino en su origen: «hizo fecundo». Satisfactorio como texto; solo es verdad de «su pueblo».

Salmos 105:25

Versículo 25. «Cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo.» Fue su bondad para con Israel lo que suscitó la mala voluntad de la corte egipcia, y hasta ahí la causó el Señor; además, se valió de este sentimiento para conducir a la incomodidad de su pueblo y así a su disposición de abandonar la tierra a la que evidentemente se habían apegado mucho. Hasta aquí, pero no más allá, volvió el Señor los corazones de los egipcios. Dios no puede en ningún sentido ser el autor del pecado hasta el punto de ser moralmente responsable de su existencia, pero ocurre a menudo, por el mal inherente a la naturaleza humana, que los actos del Señor despiertan los malos sentimientos de los impíos. ¿Ha de culparse al sol porque ablanda la cera y endurece el barro? ¿Ha de acusarse al astro del día de crear las emanaciones fétidas que su calor extrae del pantano pestilente? El sol causa el hedor del muladar solo en cierto sentido; si hubiera sido un lecho de flores, sus rayos habrían hecho brotar fragancia. El mal está en los hombres, y el honor de volverlo a propósitos buenos y útiles corresponde al Señor. El odio suele aliarse con la astucia, y así en el caso de los egipcios, «usaron de astucia contra sus siervos». Los trataron de manera fraudulenta, los redujeron a servidumbre con sus exacciones, concertaron en secreto la destrucción de sus hijos varones y por fin decretaron abiertamente esa cruel medida, y todo con el fin de frenar su aumento, no fuera que en tiempo de guerra se pusieran del lado de los invasores para obtener su libertad. Ciertamente se alcanzaron aquí las profundidades de la política satánica, pero vana fue la astucia del hombre contra la simiente escogida.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 25. «Cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo.» No poniendo en ellos este odio perverso, lo cual no es compatible ni con la santidad de la naturaleza de Dios ni con la verdad de su palabra, y era del todo innecesario, porque tenían ese y todos los demás males en sí por naturaleza; sino en parte retirando los dones y operaciones comunes de su Espíritu y todos los frenos y obstáculos a ello, y dejándolos por completo a sus propios errores, pasiones y afectos corruptos, que por sí mismos estaban dispuestos a seguir ese camino; y en parte dirigiendo y gobernando ese odio, que estaba enteramente en ellos y provenía de ellos, de modo que cayera sobre los israelitas antes que sobre otros pueblos. Matthew Pool.

Versículo 25. Cuando por la malicia de los enemigos el pueblo de Dios es llevado a las mayores estrecheces, está cerca la liberación que Dios les enviará. «Usaron de astucia contra sus siervos. Envió a su siervo Moisés.» David Dickson.

Salmos 105:26

Versículo 26. «Envió a su siervo Moisés, y a Aarón, al cual escogió.» Cuando la opresión estaba en lo peor, llegó Moisés. Por segunda vez tenemos aquí la expresión «envió»; el que envió a José envió también a Moisés y a su elocuente hermano. El Señor tenía a los hombres listos y todo lo que le quedaba por hacer era comisionarlos e impulsarlos. Eran dos, para consuelo y fortaleza mutuos, como también los apóstoles y los setenta en los días de nuestro Señor fueron enviados de dos en dos. Los hombres eran distintos, y así el uno vino a ser complemento del otro, y juntos pudieron lograr mucho más que si hubieran sido exactamente iguales: lo principal era que ambos fueron enviados, y por tanto ambos revestidos de poder divino.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 26. «Moisés y Aarón.» Dios suele enviar a sus siervos de dos en dos, para ayuda y consuelo mutuos. John Trapp.

Salmos 105:27

Versículo 27. «Puso en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam.» Los milagros que obró Moisés eran del Señor, no suyos: señales, por ser marcas de la presencia de Jehová; por eso se llaman aquí «suyas», y poder. Las plagas eran «palabras de sus señales» (véase el margen), es decir, maravillas que hablaban, que testificaban con más claridad que las palabras de la omnipotencia de Jehová, de su determinación de ser obedecido, de su ira ante la obstinación de Faraón. Nunca hubo discursos más claros, directos, personales ni poderosos, y sin embargo hicieron falta diez de ellos para lograr el fin propuesto. En la predicación del evangelio hay palabras, señales y prodigios, y estos dejan a los hombres sin excusa en su impenitencia; ver acercarse a ellos el reino de Dios y permanecer rebeldes es el desdichado pecado de los espíritus obstinados. Son prodigios de pecado los que ven prodigios de gracia y no se conmueven: por malo que fuera, Faraón no tuvo esta culpa, pues los prodigios que contempló eran maravillas de juicio y no de misericordia.

Salmos 105:28

Versículo 28. «Envió tinieblas, y oscureció la tierra.» No fue una oscuridad natural ni común, explicable por el polvo cegador del simún; estuvo más allá de todo precedente y fuera del orden de los sucesos ordinarios. Fue una horrible oscuridad palpable que los hombres sentían pegada a ellos como si fuera un manto de muerte. Fue una densa oscuridad, una oscuridad total, una oscuridad que duró tres días, una oscuridad en la que nadie se atrevía a moverse. ¡Qué condición en la cual estar! Esta plaga se menciona primero, aunque no es la primera en orden, porque describe con propiedad todo el período de las plagas: la tierra estaba en las tinieblas del dolor y en las tinieblas del pecado todo el tiempo. Si nos estremecemos al pensar en aquella larga y terrible lobreguez, reflexionemos sobre las densas tinieblas que todavía cubren las tierras paganas como resultado del pecado, pues es una de las principales plagas que la iniquidad se crea a sí misma. Venga pronto el día en que el pueblo que está sentado en tinieblas vea gran luz. «Y no fueron rebeldes a su palabra.» Moisés y Aarón hicieron lo que se les mandó, y durante las tinieblas los egipcios quedaron tan intimidados que, aun cuando se disiparon, estaban ansiosos por que Israel se fuera, y de no haber sido por el orgullo de Faraón, se habrían alegrado de despedirlos allí mismo en su viaje. Dios puede forzar a los hombres a obedecer, y hasta hacer que los corazones más duros estén ansiosos de respetar su voluntad, por temor de que sus plagas se multipliquen. Posiblemente, sin embargo, la frase que tenemos delante no se refiere ni a Moisés ni a los egipcios, sino a las plagas que vinieron al mandato del Señor. Las tinieblas, el granizo, las ranas, la mortandad del ganado, fueron otros tantos siervos obedientes del gran Señor de todo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 28. «Envió tinieblas.» Las tinieblas están aquí al comienzo (no en el orden histórico en que ocurrió la plaga particular de las tinieblas), para marcar cómo la ira de Dios pendió sobre Egipto como una nube oscura durante todas las plagas. A. R. Fausset.

Versículo 28. Tinieblas. Hay un significado terrible en esta plaga de tinieblas. El sol era un objeto principal de devoción entre los egipcios, bajo el nombre de Osiris. El mismo nombre Faraón no significa solo el rey sino también el sol, y caracteriza al rey mismo como el representante del sol y con derecho en cierto modo a honores divinos. Pero ahora la luz misma del sol ha desaparecido y parece haber vuelto el caos primitivo. Así todas las formas del culto egipcio de invención propia quedaron cubiertas de vergüenza y confusión por las plagas. James G. Murphy, en "A Commentary on Exodus," 1866.

Versículo 28. «Oscureció la tierra.» Se describe a menudo a Dios manifestando su desagrado en una nube. Joel habla del día de la venganza de Dios como «día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de entenebrecimiento» (Jl 2:2); y Sofonías emplea casi el mismo lenguaje (Sof 1:15). La columna que iba delante de los israelitas y les daba luz era para los egipcios «nube y tinieblas» (Éx 14:20). Las tinieblas que estaban sobre la faz de la tierra «en el principio» las describe Jehová en el libro de Job como una nube: «Cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad» (Job 38:9). Así, ahora, la tierra de Egipto pudo haber sido envuelta por una nube espesa y palpable, fría, húmeda, impenetrable: el pueblo la sentiría sobre sus miembros, como fajas; el sol quedaría borrado por ella, y todas las cosas reducidas casi a un estado de muerte, de la cual esta novena plaga fue en cierto sentido la sombra proyectada de antemano. Tal nube habría sido aún más terrible en Egipto, la soleada Egipto, que en otros países; pues allí el cielo está casi siempre despejado y las lluvias fuertes son desconocidas. Pero en cualquier lugar y bajo cualesquiera condiciones, debió de ser un cuadro de horror y miseria. Nada podría representarlo con más fuerza que la breve frase: «Ninguno se levantó de su lugar en tres días». Fue un horror de grandes tinieblas; reposaba sobre ellos como un paño mortuorio; no sabían qué peligros podían rodearlos ni qué juicio ocurriría a continuación: no habían sido advertidos de esta plaga y no podían saber si no sería solo el preludio de alguna visitación más terrible: su alma se derretía dentro de ellos, por temor de las cosas que podían sobrevenirles: no se atrevían a moverse de una habitación a otra, ni siquiera de un asiento a otro: dondequiera que estuvieran en el momento en que cayeron sobre ellos las tinieblas, allí debían permanecer. Faraón podía llamar en vano a sus guardias; no podían acudir a él. Moisés y Aarón ya no estaban a su alcance, pues nadie podía ir a buscarlos. Los amos no podían mandar a sus esclavos, ni los esclavos apresurarse a obedecer la llamada de su amo; la esposa no podía correr hacia su marido ni el niño aferrarse a sus padres: el mismo miedo estaba sobre todos, altos y bajos; el mismo terror paralizante y consternación los poseía a todos. Como dice el patriarca Job, echaron mano del horror (Job 18:20). Y esto continuó por tres días y tres noches: no tenían lámparas ni antorchas; o no podían encenderlas, o no se atrevían a moverse para conseguirlas: estaban callados en la oscuridad, como hombres ya muertos. La esperanza y la expectativa de que volviera la luz pudieron sostenerlos al principio; pero la esperanza diferida durante setenta y dos horas fatigosas pronto se extinguiría y los dejaría en la desesperación. Las tinieblas se harían más opresivas e intolerables cuanto más duraran; «palpables» en sus cuerpos como una aflicción física, y «palpables» aún más en sus almas, en agonías de temor y aprensión; una oscuridad como la que, en el libro de Apocalipsis, el quinto ángel derrama sobre el trono de la bestia: «Y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras» (Ap 16:10-11). Si hay algo de verdad en las tradiciones de los judíos sobre este asunto, había todavía mayores alarmas bajo este dosel de tinieblas, esta oscuridad palpable, que cualquiera que surgiera de la aflicción física. Las tinieblas son tipo del reino de Satanás; y Satanás tenía cierta libertad en Egipto para andar de un lado a otro sobre la tierra y recorrerla. Los rabinos judíos nos dicen que el diablo y sus ángeles fueron soltados durante estos tres días espantosos; que tuvieron un campo más amplio y mayor libertad que de costumbre para hacer daño. Describen a estos espíritus malignos yendo entre el pueblo desdichado, pegado a sus asientos como estaba por el terror; asustándolos con apariciones espantosas; taladrándoles los oídos con horribles chillidos y gemidos; llevándolos casi a la locura con la intensidad de su miedo; poniéndoles la carne de gallina y erizándoles los cabellos de la cabeza. A un clímax semejante parece referirse el salmista: «Envió sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia, un ejército de ángeles destructores» (Sal 78:49). Thomas S. Millington, en "Signs and Wonders in the Land of Ham," 1873.

Versículo 28. «Y no fueron rebeldes a su palabra.» La plaga de tinieblas y las demás plagas que Dios mandó; estas, como siervos suyos que eran, no le fueron desobedientes; vinieron a su palabra. Sal 105:31, 34. John Gill.

Versículo 28. «No fueron rebeldes a su palabra»; como lo fue Jonás, que cuando fue enviado a anunciar los juicios de Dios contra Nínive, se fue a Tarsis. Moisés y Aarón no se dejaron mover, ni por un necio temor a la ira de Faraón ni por una necia compasión de la miseria de Egipto, a relajar o retardar ninguna de las plagas que Dios les ordenó infligir a los egipcios; sino que extendieron su mano para infligirlas como Dios lo dispuso. Los que han sido instruidos para ejecutar juicio hallarán que su negligencia se interpreta como rebelión contra la palabra de Dios. Matthew Henry.

Salmos 105:29

Versículo 29. «Volvió sus aguas en sangre, y mató sus peces.» De modo que la plaga no fue una mera coloración del agua con tierra roja, como algunos suponen, sino que el río fue ofensivo y mortal para los peces. El amado Nilo y las demás corrientes fueron igualmente contaminados y ensangrentados. Su misericordia más común se convirtió en su mayor maldición. El agua es una de las mayores bendiciones, y cuanto más abunda, mejor; pero la sangre es una visión horrenda, y ver ríos y charcos de ella es verdaderamente espantoso. Los peces de Egipto proveían buena parte del abastecimiento de alimento, y no fue pequeña aflicción verlos flotar muertos y blancos sobre una corriente carmesí. La mano del Señor los hirió así donde todas las clases del pueblo habrían de enterarse y padecerlo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 29. «Volvió sus aguas en sangre», etc. El Nilo empieza a crecer hacia fines de junio y alcanza su punto más alto a fines de septiembre. Hacia el comienzo de la crecida adquiere un matiz verdoso, es desagradable al gusto, malsano y a menudo del todo inadecuado para beber. Pronto, sin embargo, se vuelve rojo y turbio, y continúa en este estado durante tres semanas o más. En esta condición vuelve a ser sano y apto para el uso. El milagro que se realizó entonces fue totalmente distinto de este cambio anual. Porque,

Versículo 29. «Volvió sus aguas en sangre.» Por el cambio milagroso de las aguas en sangre se dio una reprensión práctica a sus supersticiones. Este río sagrado y hermoso, el benefactor y preservador del país, este lugar de nacimiento de sus dioses principales, esta morada de sus deidades menores, esta fuente de toda su prosperidad, este centro de toda su devoción, se convierte en sangre: las aguas hieden; los canales y charcos, las vasijas de madera y las vasijas de piedra que se llenaban del río, todo queda igualmente contaminado. El Nilo, según Plinio, era la «única fuente de donde los egipcios obtenían agua para beber» (Hist. Nat. 76, c. 33). Esta agua se consideraba particularmente dulce y refrescante; tanto que la gente solía provocarse la sed para poder tomar más libremente de sus suaves y agradables tragos. Ahora se había vuelto abominable para ellos, y les repugnaba beberla. Thomas S. Millington.

Versículo 29. «Y mató sus peces.» Además del pescado curado o enviado al mercado para la mesa, una cantidad muy grande se apartaba expresamente para alimentar a los animales y aves sagrados, como los gatos, los cocodrilos, los ibis y otros; y algunos de los grandes depósitos anexos a los templos se usaban tanto para guardar peces como para las abluciones necesarias de los devotos y diversos fines relacionados con la religión. La cantidad de peces en Egipto era una gran bendición para las clases pobres, y cuando el Nilo desbordaba, los habitantes de las aldeas del interior se beneficiaban de este don anual del río, como la tierra con el limo fertilizante depositado sobre ella. Los canales, estanques y charcas de las tierras bajas seguían abundando en peces aun después de cesar la inundación; y era entonces cuando se interceptaba su regreso al Nilo cerrando las bocas de los canales. Sir J. Gardner Wilkinson, en "A Popular Account of the Ancient Egyptians," 1854.

Salmos 105:30

Versículo 30. «Su tierra produjo ranas.» Si los peces no podían vivir, las ranas sí; más aún, se multiplicaron tanto en tierra como en el agua hasta pulular más allá de toda cuenta. «Hasta en las cámaras de sus reyes.» Penetraron en las estancias más selectas del palacio y se hallaron sobre los lechos de estado. El Señor las llamó y salieron en marcha. Odiosas e incluso repugnantes se hicieron sus multitudes, pero no había resistirlas; parecían brotar del suelo, la tierra misma las producía. Su presencia universal debió de inspirar horror y asco, que causarían enfermedad y harían de la vida una carga; su pulular aun en las propias cámaras del rey fue una reprensión en su cara, que su orgullo debió de sentir. Los reyes no son más que otros hombres ante Dios; menos aún que los demás cuando son los primeros en rebelión; si las ranas hubieran abundado en otras partes, pero se hubieran mantenido fuera de sus aposentos escogidos, el monarca se habría preocupado poco, pues era un ser sin corazón; pero Dios cuidó de que hubiera una horda especial de invasores para el palacio; fueron más abundantes que de ordinario en las cámaras de sus reyes.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 30. «Su tierra produjo ranas en abundancia.» Esta es la apariencia natural que sigue en el orden de ocurrencia al Nilo rojo, y de ella también se valió el Dios de la naturaleza para vindicar su poder ante Faraón y ante Egipto. El Nilo, sus brazos y los grandes canales de riego están llenos hasta el borde, y la exuberante humedad ha despertado de su letargo estival a la vida y la actividad a las ranas del Nilo, en números inconcebibles para quienes no han estado en países cálidos. Aun en años ordinarios, la molestia que causan noche y día estas repugnantes criaturas da una idea de lo que debió de ser esta plaga, y hace sobradamente razonable la creación de una diosa, Ranipula, {1} en el mismo comienzo de la mitología del antiguo Egipto. En toda esta espantosa sucesión de juicios no hay ninguno más personalmente repulsivo que la plaga de las ranas. William Osborne. {1} «Ahuyentadora de ranas.» Su nombre era Heki; Birch, citado en Bunsen. Era la Buto de los autores griegos.

Versículo 30. «Su tierra produjo ranas en abundancia.» No es difícil para un inglés, en un monzón húmedo oriental, formarse una idea pasable de aquella plaga de Egipto en que las ranas estaban en las «casas, aposentos, camas y artesas de amasar» de los egipcios. En la estación lluviosa, miríadas de ellas lanzan su constante croar en todas direcciones; y un hombre no dotado de excesiva paciencia se vuelve tan irritable como el licencioso dios, y está listo para exclamar:

«¡Croac, croac! En verdad me ahogaré,

si siguen fastidiando y aturdiendo mis oídos

con su croac, croac, croac».

Un recién llegado, al verlas saltar por las habitaciones, se disgusta y emprende de inmediato un ataque contra ellas; pero la noche siguiente traerá el regreso de sus activas visitantes. Puede parecer casi increíble, pero en una sola tarde matamos más de cuarenta de estos huéspedes en la casa de la misión de Jaffna. Se habían escondido principalmente en un pequeño túnel conectado con el cuarto de baño, donde su ruido se había vuelto casi insoportable. Joseph Roberts, en "Oriental Illustrations," 1844.

Versículo 30. «Cámaras de sus reyes.» Dios plagó a Faraón en su alcoba: quizá porque quiso mostrar que sus juicios pueden penetrar en la más grande intimidad; pues el campo, el salón, la alcoba y el gabinete son todos lo mismo para Dios. Es bastante probable que a Faraón no le conmoviera mucho que sus fronteras se llenaran de ranas; pero tenían que entrar en su casa y en su alcoba. Mi observación es que los más grandes príncipes del mundo, si ofenden a Dios, no están exentos de juicios. Los príncipes y las personas grandes suelen estar exentos de la reprensión de los hombres. En cuanto a las leyes, a menudo son como telarañas: las moscas grandes las rompen. ¿Quién se atreve a decir a un príncipe: «Eres malvado»? Más aún, uno dice del Papa que no es lícito decir: «¿Qué hace él así?». Ahora bien, cuando no están dentro del alcance de la reprensión humana, Dios los hiere. Josias Shute, en "Judgment and Mercy: or, the Plague of Frogs," 1645.

Salmos 105:31

Versículo 31. «Habló.» Vean el poder de la palabra divina. No tuvo más que decirlo y fue hecho: «y vinieron enjambres de moscas». Insectos de diversas clases molestas subieron en infinitas hordas, una mezcla de mosquitos que muerden, pican y zumban, zancudos, moscas, escarabajos y otras sabandijas que hacen de la carne de los hombres su presa, el lugar de depósito de sus huevos y la sede de tormentos peculiares. «Y piojos en todos sus términos.» Estas indeciblemente repugnantes formas de vida eran como el polvo de la tierra, y cubrían sus personas, sus vestidos y todo lo que comían. Nada es demasiado pequeño para dominar al hombre cuando Dios le manda asaltarlo. Los hijos de Cam habían despreciado a los israelitas, y ahora fueron obligados a aborrecerse a sí mismos. Los más viles mendigos eran más abordables que los orgullosos egipcios; fueron reducidos a la más baja condición de inmundicia y al más doloroso estado de picazón. ¡Qué ejércitos puede enviar el Señor cuando una vez descubre su brazo derecho para la guerra! ¡Y qué desdén derrama sobre las naciones soberbias cuando las combate, no con ángeles, sino con piojos! Poco le quedaba a Faraón de qué enorgullecerse cuando su propia persona fue invadida por inmundos parásitos. Fue una bofetada en la cara que debió haber humillado su corazón; pero, ¡ay!, el hombre, cuando está del todo contaminado, aún mantiene su presunción, y cuando es el objeto más repugnante del universo, todavía se jacta. Ciertamente el orgullo es locura moral.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 31. Moscas. Este término sirve para designar una clase de insecto que se posa en la piel o en las hojas de las plantas, causando con su picadura dolor en un caso y destrucción en el otro. Los enjambres de moscas en Egipto suelen ser numerosos y sumamente molestos. Se posan en la parte húmeda de los párpados y de las fosas nasales e infligen heridas que producen gran dolor, hinchazón e inflamación. Son también ruinosas para las plantas en que ponen sus huevos. Filón (vit. Mos. 2, pág. 110) describe la mosca de perro o tábano como una plaga penosa de Egipto. Los zancudos y mosquitos son también abundantes y virulentos. Una plaga de tales criaturas causaría inmenso sufrimiento y desolación. James G. Murphy.

Versículo 31. Como ilustración del poder de las moscas, damos un extracto del «Canadian Dominion» de Charles Marshall: «Hombres de indudable veracidad me han dicho que al mediodía las nubes de mosquitos en las llanuras ocultaban a veces los caballos delanteros de una tropa de cuatro a la vista del conductor. Al ganado solo podía reconocérsele por su forma; todos se ponían igualmente negros con una costra impenetrable de mosquitos. La línea de la ruta sobre las llanuras del río Rojo estaría marcada por los cadáveres de bueyes muertos a picaduras por este insignificante enemigo».

Versículo 31. «Piojos en todos sus términos.» Los sacerdotes, contaminados por esta horrible infección, no podían estar de pie para ministrar ante sus deidades. El pueblo, en su inmundicia, no podía ser admitido en los recintos de sus templos. Si querían ofrecer sacrificio, no había víctimas aptas para el propósito. Hasta los dioses, los bueyes, las cabras y los gatos, estaban manchados con la sabandija. Los egipcios no solo se retorcían bajo el repugnante azote, sino que se sentían humillados y deshonrados por él. Josefo lo observa: «Faraón», dice, «quedó tan confundido ante esta nueva plaga que, entre el peligro, el escándalo y la inmundicia de ella, estaba medio arrepentido de lo que había hecho» (lib. 2, cap. 14). La plaga tomó la forma de una enfermedad, estando «en los hombres» (Éx 8:17). Como dice Josefo de nuevo: «Los cuerpos de la gente los criaban, y estaban todos cubiertos de ellos, que roían y desgarraban intolerablemente, y no había remedio, pues los baños y los ungüentos no servían de nada». Pero, por angustiosa que fuera para sus cuerpos, el carácter inmundo y deshonroso de la plaga, y la ofensa traída a su religión por la profanación de sus deidades y la interrupción de todas sus ceremonias religiosas, fue su rasgo más ofensivo. Thomas S. Millington.

Versículo 31. Piojos. La sabandija de esta clase es una de las molestias comunes de Egipto. Heródoto nos dice (2:37) que los sacerdotes se afeitan todo el cuerpo cada dos días, para que ningún piojo ni otra cosa impura se les adhiera cuando están ocupados en el servicio de los dioses. Es evidente que esta especie de sabandija era particularmente repugnante para los egipcios. James G. Murphy.

Salmos 105:32

Versículo 32. «Les dio granizo por lluvia.» Rara vez tenían lluvia, pero ahora los chubascos tomaron la forma de pesadas tormentas de granizo destructivo, y acompañadas de huracán y tronada, fueron abrumadoras, terribles y destructivas. «Y llamas de fuego en su tierra.» El relámpago fue particularmente vivo, y parecía correr sobre el suelo o caer en copos de fuego. Así todo el fruto de los árboles y las cosechas de los campos fueron quebrantados en pedazos o quemados en el acto, y el temor universal doblegó los corazones de los hombres hasta el polvo. Ningún fenómeno es más espantoso para la mayoría de los hombres que los que acompañan a una tormenta eléctrica; hasta los más audaces blasfemos se acobardan cuando la temible artillería del cielo abre fuego sobre la tierra.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 32. «Les dio granizo por lluvia.» Había salido a caballo a las excavaciones de Gizeh, cuando, al ver acercarse una gran nube negra, envié a un criado a las tiendas para que cuidara de ellas, pero como empezó a llover ligeramente pronto cabalgué yo mismo tras él. Poco después de mi llegada comenzó una tormenta de viento; ordené, pues, asegurar las cuerdas de las tiendas, pero pronto se añadió un violento chubasco, que alarmó a todos nuestros árabes y los empujó a la tumba excavada en la roca, en la cual está nuestra cocina… De repente la tormenta se convirtió en un verdadero huracán, como nunca había presenciado en Europa, y cayó sobre nosotros una granizada que casi convirtió el día en noche… No pasó mucho tiempo antes de que cayera primero nuestra tienda común, y cuando me apresuré a pasar de esa a la mía para sostenerla desde dentro, también esta se vino abajo sobre mí. Carl Richard Lepsius, en "Letters from Egypt, Ethiopia, and the Peninsula of Sinai," 1853.

Versículo 32. Granizo. De períodos de la antigüedad más o menos remotos nos han llegado extraordinarios informes sobre el tamaño de los granizos caídos durante tormentas tan memorables que hallaron lugar en la historia general. Según las «Crónicas», ocurrió una granizada en el reinado de Carlomagno en la que cayeron granizos que medían quince pies de largo por seis de ancho y once de espesor; y bajo el reinado de Tippoo Saib se dice que cayeron granizos de tamaño igual al de elefantes. Dejando aparte estos y semejantes relatos, por participar más del carácter de fábula que de historia, hallaremos bastante para causar asombro en observaciones bien comprobadas sobre este asunto.

En una granizada que tuvo lugar en Flintshire el 9 de abril de 1672, Halley vio granizos que pesaban cinco onzas.

El 4 de mayo de 1697, Robert Taylor vio caer granizos que medían catorce pulgadas de circunferencia.

En la tormenta que asoló Como el 20 de agosto de 1787, Volta vio granizos que pesaban nueve onzas.

El 22 de mayo de 1822, el Dr. Noggerath vio caer en Bonn granizos que pesaban de doce a trece onzas.

Parece, pues, cierto que en diversos países han ocurrido granizadas en las que han caído piedras de peso entre media libra y tres cuartos de libra. Dionysius Lardner, en "The Museum of Science and Art," 1854.

Sugerencias para el predicador

Versículo 32. «Les dio granizo por lluvia.» El juicio sustituido por la misericordia.

Versículo 37 (primera parte). La riqueza que se halla en nosotros después de la aflicción.

Versículo 37 (segunda parte). Una consumación que ha de desearse. Esto fue el resultado directo de la presencia divina. Las circunstancias de las que surgió fueron el trabajo duro y la persecución. Les permitió salir de Egipto, viajar lejos, llevar cargas, combatir enemigos, etc.

Versículo 39.

Salmos 105:33

Versículo 33. «Destruyó sus vides e higueras.» De modo que se perdió toda esperanza de recoger sus mejores frutos, y los árboles quedaron dañados para dar fruto en el futuro. Todas las cosechas fueron destruidas, y estas se mencionan por ser las formas más destacadas de su producción, usadas por ellos tanto en las fiestas como en las comidas comunes. «Y quebró los árboles de su país.» De un extremo a otro de Egipto los árboles fueron golpeados y quebrados por la terrible granizada. Dios va en serio cuando trata con espíritus soberbios: o los acabará o los enmendará.

Salmos 105:34

Versículo 34. «Habló, y vinieron langostas, y pulgón sin número.» Una palabra del Capitán y los ejércitos saltan hacia adelante. La expresión es muy notable y presenta el resultado inmediato de la palabra divina. A la oruga se la llama «lamedora», porque parece lamer todo lo verde en un instante. Quizá la oruga que aquí se significa sea todavía la langosta en otra forma. Que las langostas pululan en ejércitos incontables es un hecho de observación ordinaria, y el caso sería peor en esta ocasión. Nosotros mismos hemos cabalgado millas a través de ejércitos de langostas, y hemos visto con nuestros propios ojos cuán por completo devoran todo lo verde. La descripción no es forzada cuando leemos: «Y comieron toda la hierba de su país, y devoraron el fruto de su tierra». Nada escapa a estas criaturas voraces; trepan incluso a los árboles para alcanzar cualquier resto de follaje que haya sobrevivido. Comisionadas como estaban por Dios, podemos estar seguros de que harían su obra a fondo y no dejarían tras sí sino un desierto desolado.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 34. «Vinieron langostas, y pulgón sin número.» En este país, y en todos los dominios del Preste Juan, hay una plaga muy grande y horrible, que es una innumerable compañía de langostas que comen y consumen todo el trigo y los árboles; y su número es tan grande que resulta increíble; y con su multitud cubren la tierra y llenan el aire de tal modo que es difícil poder ver el sol… Viajamos cinco jornadas por lugares totalmente asolados y destruidos, en los cuales se había sembrado mijo, que tenía tallos tan gruesos como los que ponemos en nuestras viñas, y los vimos todos quebrados y abatidos como si hubiera pasado una tempestad; y esto lo hicieron las langostas. Los árboles estaban sin hojas, y su corteza toda devorada; y no se veía hierba alguna, porque lo habían comido todo; y si no se nos hubiera advertido y aconsejado llevar provisiones con nosotros, habríamos perecido nosotros y nuestro ganado. Todo este país estaba cubierto de langostas sin alas; y nos dijeron que eran la semilla de las que lo habían devorado todo, y que en cuanto les crecieran las alas irían en busca de las viejas. Su número era tan grande que no hablaré de él, porque no se me creería; pero esto sí diré: que vi hombres, mujeres y niños sentados, abandonados y como muertos entre las langostas. Samuel Purchas, 1577-1628.

Versículo 34. Langostas y pulgón. Dios no trajo dos veces la misma plaga; sino que cuando había ocasión de otra, era siempre una nueva; pues tiene muchas flechas en su aljaba. Matthew Henry.

Versículo 34. Sin número. Un enjambre de langostas observado en la India en 1825 ocupaba un espacio de cuarenta millas cuadradas inglesas, contenía por lo menos cuarenta millones de langostas en una sola línea y proyectaba una larga sombra sobre la tierra. Y el mayor Moore describe así un inmenso ejército de estos animales que asoló el país de los mahratas: «La columna que componían se extendía quinientas millas; y era tan compacta cuando iba en el aire que, como un eclipse, ocultaba por completo el sol, de modo que ningún objeto proyectaba sombra». Brown, en sus viajes por África, afirma que una superficie de casi dos mil millas cuadradas estaba literalmente cubierta por ellas; y Kirby y Spence mencionan que una columna de ellas era tan inmensa que tardó cuatro horas en volar sobre el lugar donde estaba el observador. M. Kalisch.

Versículo 34. Vinieron… sin número.

Adelante venían, una nube oscura y continua

de miríadas congregadas, innumerables;

el rugir de cuyas alas era como el sonido

de algún ancho río, despeñado en su curso

desde la cumbre de un monte; o el fragor

de un océano salvaje en la tormenta otoñal,

estrellando sus olas contra una costa de rocas.

Adelante venían, los vientos las empujaban. Robert Southey, 1774-1843.

Salmos 105:35

Versículo 35. «Y comieron toda la hierba de su país.» Las langostas habían devorado toda hierba verde y toda brizna de pasto; y de no haber sido por los juncos de que se alimentó por completo nuestro ganado mientras bordeábamos las orillas del río, el viaje habría tenido que interrumpirse, al menos en la línea que se había propuesto. Las larvas, como suele ocurrir en esta clase de la naturaleza, son mucho más voraces que el insecto perfecto; nada de lo que es verde parece venirles mal. Las huellas de su paso por el país son muy evidentes durante muchas semanas después de que lo han recorrido, pues la superficie parece barrida con una escoba o como si se hubiera pasado una grada sobre ella. John Barrow, 1764-1849.

Salmos 105:36

Versículo 36. «Hirió de muerte a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de toda su fuerza.» Ahora vino el golpe maestro. El Señor había hablado antes, pero ahora hiere; antes solo hirió vides, pero ahora golpea a los hombres mismos. La gloria de la familia muere en una sola noche, lo mejor y más selecto de la nación es cortado, la flor de las tropas, los herederos de los ricos y las esperanzas de los pobres, todos mueren a medianoche. Ahora el blanco fue alcanzado en el centro; no había afrontar esta plaga. Faraón la siente tanto como la esclava del molino: había herido a Israel, el primogénito del Señor, y el Señor le pagó en su propia cara. ¡Qué clamor se alzó por toda la tierra de Egipto cuando cada casa lloraba a su primogénito en lo profundo de la noche! Oh Jehová, tú triunfaste en aquella hora, y con brazo extendido libraste a tu pueblo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 36. «Hirió de muerte a todos los primogénitos.» ¿Oyeron ese grito? Es el momento de la medianoche, y se representa alguna tragedia en aquella morada egipcia, ¡pues qué chillido sobrenatural! Y se repite y resuena, mientras se abren de golpe las puertas y mujeres frenéticas se lanzan a la calle, y mientras las casas de los sacerdotes y los médicos son asediadas, ellos solo sacuden la cabeza en agonía sin palabras y señalan los rasgos sellados por la muerte de su propio primogénito. Luces destellan en las puertas del palacio y revolotean por las cámaras reales; y mientras los mensajeros del rey se apresuran por la ciudad preguntando dónde moran los dos venerables hermanos hebreos, vuela el susurro: «¡El príncipe real ha muerto!». ¡Fuera, hijos de Jacob! ¡Apresúrense a salir de su casa de servidumbre, oprimidos e injuriados israelitas! Y en su afán por «echar fuera» a la raza temible porque el cielo la protegía, les insisten con oro y joyas y los sobornan para que se vayan. James Hamilton.

Salmos 105:37

Versículo 37. «Los sacó con plata y oro.» Esto lo pidieron a los egipcios, quizá hasta lo exigieron, y bien podían hacerlo, pues durante muchos días habían sido robados y despojados, y no era justo que salieran con las manos vacías. Los egipcios se alegraron de entregar sus joyas para aplacar a un pueblo que tenía un amigo tan terrible en las alturas; no hizo falta presión indebida, pues les temían demasiado para negarles lo que pedían. Los israelitas se vieron obligados a dejar atrás sus casas y sus tierras, y era solo justicia que pudieran convertirlas en bienes transportables. «Y no hubo en sus tribus enfermo» alguno, un gran prodigio en verdad. Su ejército era numerosísimo, y sin embargo no había uno en el hospital, ni uno llevado en ambulancia, ni uno cojeando en la retaguardia. La pobreza y la opresión no los habían debilitado. JEHOVÁ ROFE los había sanado; no llevaban consigo ninguna de las enfermedades de Egipto, ni sentían el agotamiento que produce una dura esclavitud. Cuando Dios llama a su pueblo a un largo viaje, lo capacita para él; en la peregrinación de la vida nuestra fuerza será igual a nuestro día. Observa el contraste entre Egipto e Israel: en Egipto, un muerto en cada casa; entre los israelitas, ni uno que siquiera cojeara.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 37. «Y no hubo en sus tribus enfermo alguno» cuando Israel salió de Egipto; lo había mientras vivía allí. Así, ningún santo débil irá al cielo, sino que serán perfectos cuando los ángeles de Dios los lleven de aquí, aunque se quejen de debilidad en este mundo. «No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que no cumpla sus días; porque el niño morirá de cien años» (Is 65:20). Así como en todas las personas que mueren o parten se observa un gran crecimiento de estatura, mucho más lo hay en el alma. El más pequeño de los niños crece en el instante de la disolución hasta un conocimiento tan perfecto de Dios, y a una medida de gracia tal que aquí no se puede alcanzar, que llega a ser «como David»; y el cristiano más alto llega a tal altura que es «como el ángel de Dios» (Zac 12:8). John Sheffield, en "The Rising Sun," 1654.

Versículo 37. «Y no hubo en sus tribus enfermo alguno.» Salieron todos con buena salud, y no trajeron consigo ninguna de las enfermedades de Egipto. ¡Seguramente nunca hubo cosa igual: que entre tantos miles no hubiera un solo enfermo! Cuán falsa fue la versión que los enemigos de los judíos dieron del asunto en épocas posteriores, diciendo que todos estaban enfermos de lepra o de alguna enfermedad repugnante, y que por eso los egipcios los echaron de su tierra. Matthew Henry.

Versículo 37. Enfermo. Un tambaleante o tropezador. La palabra designa a una persona no apta para el servicio militar. Joseph Addison Alexander.

Salmos 105:38

Versículo 38. «Egipto se alegró de que salieran», lo cual no habría sido así si los israelitas hubieran tomado prestados el oro y la plata, pues los hombres no llevan sus bienes a un país lejano. El temor de Dios pesaba sobre Egipto, que temía a su pueblo y se alegró de pagarles para que se fueran. ¡Qué cambio desde los tiempos en que los hijos de Jacob eran los esclavos de la tierra, la escoria de todos, los fabricantes de ladrillos cuyo trabajo solo se pagaba con el látigo o el palo! Ahora eran reverenciados como profetas y sacerdotes; pues «el temor de ellos había caído» sobre los egipcios, que llegaron incluso a un terror supersticioso hacia ellos. Así, con vítores y buenos deseos, sus antiguos capataces los despidieron: Faraón fue frustrado y el pueblo escogido se puso otra vez en marcha, camino del lugar que el Señor les había dado por un pacto de sal. «Alabad a Jehová, invocad su nombre; dad a conocer sus obras en los pueblos.»

Salmos 105:39

Versículo 39. «Extendió una nube por cubierta.» Jamás pueblo alguno fue tan favorecido. ¿Qué no darían ahora los viajeros del desierto por semejante toldo? El sol no podía abrasarlos con su rayo ardiente; todo su campamento estaba resguardado como un rey en su pabellón. Nada parecía demasiado bueno para que Dios se lo diera a su nación escogida; su comodidad era cuidada de todas las maneras. «Y fuego para alumbrar la noche.» Mientras las ciudades estaban envueltas en tinieblas, su ciudad de tiendas gozaba de una luz que el arte moderno, con todos sus recursos, no puede igualar. Dios mismo era su sol y su escudo, su gloria y su defensa. ¿Podían ser incrédulos estando tan bondadosamente a la sombra, o rebelarse caminando a medianoche en tal luz? ¡Ay, la historia de su pecado es tan extraordinaria como este relato de su amor! Pero este salmo escoge el tema más alegre y se detiene solo en el amor y la fidelidad del pacto. Den gracias al Señor, porque él es bueno. También nosotros hemos hallado que el Señor ha sido todo esto para nosotros, pues ha sido nuestro sol y nuestro escudo, y nos ha guardado igualmente de los peligros de las alegrías y de los males del dolor;

«Ha sido mi gozo en la aflicción,

alegró mi corazón cuando estaba abatido;

y con advertencias suavemente tristes

serenó mi corazón cuando estaba alegre.»

Así se nos ha cumplido la promesa: «El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.»

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 39. En el ejército de Alejandro Magno, la marcha se iniciaba levantando una gran almenara sobre un poste como señal desde el cuartel general, de modo que «el fuego se veía de noche, el humo de día»; y el método sigue en uso entre las caravanas de Arabia. Es bastante probable, en aquella tierra que no cambia, que tal fuera la costumbre en tiempos del éxodo, y que Dios enseñara al pueblo así, tanto por parábola como por hecho, que él era su verdadero guía, y el cielo el pabellón general desde donde se daba la orden de marcha. Neale y Littledale.

Versículo 39.

Cuando Israel, amado del Señor,

salió de la tierra de esclavitud,

el Dios de su padre se movía ante ella,

guía imponente en humo y llama.

De día, por las tierras asombradas,

la columna de nube se deslizaba lenta;

de noche, las arenas carmesíes de Arabia

devolvían el resplandor de la columna de fuego.

Allí se alzó el himno coral de alabanza,

y trompeta y pandero respondieron vivos,

y las hijas de Sion derramaron sus cantos,

con voz de sacerdote y de guerrero entre ellas.

Pero presente aún, aunque ahora invisible,

cuando brilla radiante el día próspero,

sean los pensamientos de Ti una pantalla de nube

que temple el rayo engañoso.

Y oh, cuando sobre el sendero de Judá se inclina,

en sombra y tormenta, la noche frecuente,

sé Tú —paciente, lento para la ira—

una luz que arde y brilla. —Sir Walter Scott, 1771-1832.

Sugerencias para el predicador

Versículo 39. La bondad del Señor ejemplificada en nuestras condiciones cambiantes.

Versículo 40.

Salmos 105:40

Versículo 40. «Pidieron.» ¡Pero cuán mal, cuán perversamente! Y sin embargo su gracia perdonó el pecado de sus murmuraciones y atendió su sentido; o quizá podamos considerar que mientras la multitud murmuraba había unos pocos, personas verdaderamente piadosas, que oraban, y por eso vino la bendición. «Hizo venir codornices, y los sació de pan del cielo.» Les dio lo que pidieron mal, así como lo que les convenía, mezclando juicio con bondad, para su disciplina. Las codornices fueron al final más una maldición que una bendición, por su codicia y concupiscencia, pero en sí mismas eran un regalo y un favor singulares: fue culpa de ellos que la carne exquisita trajera consigo la muerte. En cuanto al maná, fue para ellos un bien sin mezcla, y de veras los sació, lo que las codornices nunca hicieron. Era pan del cielo, y el pan de los cielos, enviado por el cielo; es lástima que no fueran llevados a mirar al cielo de donde venía, y a temer y amar al Dios que desde el cielo lo hizo llover sobre ellos. Así estaban alojados bajo el toldo del Señor y alimentados con comida de su propia mesa; nunca pueblo alguno tuvo tal alojamiento y tal mesa. Oh casa de Israel, alaba al Señor.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 40. Codornices. La codorniz se encuentra en abundancia en Siria y Judea, y parece haber poca duda de que es la misma de las codornices mencionadas tan a menudo en las Santas Escrituras. «Tenemos —dice Tristram— una prueba clara de la identidad de la codorniz común con la selac hebrea en su nombre árabe, salwa, de una raíz que significa "ser gordo", muy descriptiva de la forma redonda y rolliza y de la carne grasa de la codorniz... Migra en bandadas inmensas, y cruza regularmente el desierto de Arabia, volando casi siempre de noche, y cuando las aves se posan están tan completamente agotadas que pueden capturarse a mano en cualquier número. A pesar de sus hábitos migratorios, escogen por instinto los pasos más cortos del mar, y se valen de cualquier isla como lugar de descanso. Así, en primavera y otoño las matan en grandes cantidades en Malta y en muchas islas griegas, y casi no se ven hasta que llega de nuevo el período de migración. Vuelan también con el viento, sin enfrentarlo nunca como muchas otras aves.» «Los israelitas las "tendieron" cuando las habían tomado, antes de que estuvieran suficientemente repuestas para escapar; exactamente como nos dice Heródoto que los egipcios solían hacer con las codornices: secarlas al sol.» Brehm menciona haber sido testigo de la llegada de una enorme bandada de codornices a la costa del norte de África, y nos dice que las aves cansadas cayeron de inmediato al suelo, completamente agotadas por su penoso viaje, y permanecieron así unos minutos como atontadas. Cassell's "Book of Birds."

Versículo 40.

Trajo de su despensa, a ruego de Israel,

codornices, en bandadas enteras, tras cada marcha;

él mismo, desde los cielos, para calmar su hambre,

azucara la hierba con dulce rocío cuajado.

Hiere la roca, y la roca herida se hincha;

hinchada, da nuevos arroyos a nuevos cauces,

todo porque la voluntad atenta de Dios no puede ser desviada

de la palabra sagrada dada una vez a su Abraham. —Sir Philip Sidney, 1554-1586.

Salmos 105:41

Versículo 41. «Abrió la peña, y fluyeron aguas.» Con la vara de Moisés y su propia palabra hendió la roca en el desierto, y brotaron raudales abundantes para que bebieran donde habían temido morir de sed. De las fuentes más improbables el Dios todo suficiente puede suplir las necesidades de su pueblo; las duras rocas se vuelven manantiales a la orden del Señor. «Corrieron por los sequedales como un río»: de modo que los que estaban lejos de la roca podían agacharse y refrescarse, y la corriente siguió fluyendo, de manera que en los viajes futuros fueron abastecidos. La arena del desierto naturalmente se habría tragado las corrientes, y sin embargo no fue así: el río refrescante corría «por los sequedales». Sabemos que la roca representaba a nuestro Señor Jesucristo, de quien mana una fuente de aguas vivas que no se agotará hasta que el último peregrino haya cruzado el Jordán y entrado en Canaán.

Sugerencias para el predicador

Versículo 41. Tenemos,

(a) Sin belleza como Horeb: «Cuando le veamos, no hay parecer en él para que le deseemos», etc. (Is 53:2).

(b) Firme e inconmovible: «¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?» (2 S 22:32).

(a) Herida por la vara de la Ley.

(b) Herida hasta el corazón.

Versículo 41.

Versículo 41.

Versículo 42.

Salmos 105:42

Versículo 42. «Porque se acordó de su santa palabra dada a Abraham su siervo.» Aquí está la razón secreta de toda esta gracia. El pacto, y aquel por cuya causa fue hecho, están siempre en el corazón del Altísimo. Se acordó de su pueblo porque se acordó de su pacto. No podía violar aquel gracioso convenio, pues le era sagrado: «su santa palabra». Un Dios santo debe mantener santa su promesa. En nuestro caso el ojo del Señor está sobre su amado Hijo y sobre sus compromisos con él. En favor nuestro, y esta es la fuente y el manantial de aquellos innumerables favores que nos enriquecen en todas nuestras andanzas por el desierto de esta vida.

Salmos 105:43

Versículo 43. «Sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos.» Los sacó del desierto, regocijándose él mismo por ellos y haciéndolos regocijar también a ellos. Eran su pueblo, sus escogidos, y por eso se gozaba en ellos y derramaba sobre ellos sus favores, para que ellos se gozaran en él como su Dios y su porción.

Salmos 105:44

Versículo 44. «Les dio las tierras de las naciones.» Expulsó a los cananeos y repartió las tierras entre las tribus. Se les llamó a pelear, pero el Señor obró tan maravillosamente que la conquista no se logró con su arco ni con su lanza: el Señor les dio la tierra. «Y heredaron el trabajo de los pueblos»: habitaron en casas que no habían edificado, y recogieron fruto de vides y olivos que no habían plantado. No se establecieron en un desierto que hubiera que roturar, sino en una tierra fértil hasta ser proverbial, y cuidadosamente cultivada por sus habitantes. Como Adán, fueron puestos en un huerto. Esta entrada en la buena tierra fue celebrada con toda propiedad cuando el arca era llevada a Sion.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 44. «Heredaron el trabajo de los pueblos.» De igual modo los santos disfrutan de la Canaán celestial sin ningún trabajo suyo; esta herencia no es por la ley, ni por las obras de ella; es don de Dios. Ro 4:14; 6:23. John Gill.

Salmos 105:45

Versículo 45. «Para que guardasen sus estatutos y cumpliesen sus leyes.» Este era el propósito práctico de todo ello. La nación escogida había de ser la conservadora de la verdad, el ejemplo de la moralidad, el modelo de la devoción: todo fue dispuesto de modo que se les colocara en circunstancias ventajosas para cumplir esta custodia. Su llamamiento era elevado, y su elección gloriosa. Implicaba grandes responsabilidades, pero era en sí misma una bendición distinguida, y por la cual la nación estaba obligada a dar gracias. Con toda justicia, pues, la música terminó con el grito jubiloso pero solemne de ALELUYA. Alabad al Señor. Si esta historia no hizo alabar a Dios a Israel, ¿qué lo haría?

Sugerencias para el predicador

Versículo 45. La obediencia a Dios, propósito de sus misericordias para con nosotros.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.