El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 133: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
Título
Canción de los grados; de David. No vemos razón alguna para privar a David de la autoría de este centelleante soneto. Conocía por experiencia la amargura que causan las divisiones en las familias, y estaba bien preparado para celebrar en la más escogida salmodia la bendición de la unidad por la cual suspiraba. Entre los «cánticos de los grados», este himno ha alcanzado ciertamente un buen grado, y aun en la literatura común se cita con frecuencia por su perfume y su rocío. En este salmo no hay una palabra torcida, todo es «dulzura y luz» —un notable ascenso desde el Salmo 120, con el que los peregrinos se pusieron en camino. Aquel está lleno de guerra y lamento, pero este canta paz y amenidad. Los visitantes de Sion estaban por regresar, y este pudo ser su himno de gozo porque habían visto tal unión entre las tribus reunidas en el altar común. El salmo anterior, que canta del pacto, había revelado también el centro de la unidad de Israel en el ungido del Señor y en las promesas hechas a él. No es de extrañar que los hermanos habiten en armonía cuando Dios habita entre ellos y halla en ellos su reposo. Nuestros traductores han dado a este salmo un admirable encabezamiento explicativo: «El beneficio de la comunión de los santos». Estos buenos hombres con frecuencia daban en el blanco del sentido de un pasaje con pocas palabras.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Todo el salmo. Este salmo es un desahogo de santo gozo ocasionado por la vista de Israel reunido como una gran familia en las fiestas anuales... Podría haber también una alusión a los celos y distanciamientos anteriores en la familia de Israel, que parecían trocarse en mutua concordia y afecto con el acceso de David al trono de toda la nación. —Joseph Addison Alexander.
Salmos 133:1
Versículo 1. «Mirad.» Es una maravilla que pocas veces se ve; ¡mirad, pues! Puede verse, porque es la característica de los verdaderos santos; ¡no dejéis, pues, de examinarla! Es digna de admiración; ¡deteneos y contempladla! Os encantará hasta moveros a imitarla; ¡observadla, pues, bien! Dios la mira con aprobación; ¡considerala, pues, con atención! «¡Cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!» Nadie puede decir la sobreabundante excelencia de tal condición; por eso el salmista usa dos veces la palabra «cuán»: ¡Mirad cuán bueno! ¡Y cuán delicioso! No intenta medir ni el bien ni el placer, sino que nos invita a mirar por nosotros mismos. La combinación de los dos adjetivos «bueno» y «delicioso» es más notable que la conjunción de dos estrellas de primera magnitud: que una cosa sea «buena» es bueno, pero que además sea deliciosa es mejor. Todos los hombres aman las cosas agradables, y sin embargo ocurre con frecuencia que el placer es malo; pero aquí la condición es tan buena como deliciosa, tan deliciosa como buena, pues el mismo «cuán» está puesto delante de cada palabra calificativa.
Que los hermanos según la carne habiten juntos no siempre es prudente; pues la experiencia enseña que están mejor un poco separados, y es vergonzoso que habiten juntos en desunión. Más les vale separarse en paz como Abraham y Lot, que habitar juntos con envidia como los hermanos de José. Cuando los hermanos pueden habitar juntos en armonía, y lo hacen, entonces su comunión es digna de ser contemplada y cantada en santa salmodia. Estos espectáculos deberían verse a menudo entre los que son parientes cercanos, pues son hermanos y por tanto deben estar unidos de corazón y de propósito; habitan juntos, y es para su mutuo consuelo que no haya contienda; ¡y sin embargo cuántas familias están desgarradas por fieras discordias y ofrecen un espectáculo que no es ni bueno ni delicioso!
En cuanto a los hermanos en el Espíritu, deben habitar juntos en la comunión de la iglesia, y en esa comunión un asunto esencial es la unidad. Podemos prescindir de la uniformidad si poseemos la unidad: unidad de vida, de verdad y de camino; unidad en Cristo Jesús; unidad de objetivo y de espíritu: esto debemos tenerlo, o nuestras asambleas serán sinagogas de contienda en lugar de iglesias de Cristo. Cuanto más estrecha la unidad, mejor; pues habrá más de lo bueno y de lo delicioso. Puesto que somos seres imperfectos, algo de lo malo y desagradable se introducirá sin falta; pero esto será fácilmente neutralizado y expulsado con facilidad por el verdadero amor de los santos, si de veras existe. La unidad cristiana es buena en sí misma, buena para nosotros, buena para los hermanos, buena para nuestros convertidos, buena para el mundo de afuera; y ciertamente es deliciosa; pues un corazón amante tiene que hallar placer, y darlo, al asociarse con otros de su misma naturaleza. Una iglesia unida durante años en el ferviente servicio del Señor es un pozo de bondad y de gozo para todos los que habitan a su alrededor.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 1. «Mirad cuán bueno y cuán delicioso es», etc. Hay tres cosas en las cuales es muy agradable ver al pueblo de Dios unido.
- Cuando se unen o son uno en opinión y en juicio, cuando todos piensan lo mismo y son de un mismo sentir en la verdad.
- Cuando se unen y son uno en afecto, cuando todos son de un solo corazón, aunque quizá no todos sean de un mismo parecer; o cuando se encuentran en el afecto, aunque no en la opinión. Después de hablar con admiración de esta hermosa vista, David habló declarando su bondad (Sal 133:2): «Es como el buen óleo sobre la cabeza». Así es, primero, por su dulzura; así es, segundo, por su difusión (como sigue): «el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras».
- Es cosa bendita verlos unidos en el deber, ya sea que se considere el deber —primero— en hacer lo que es bueno; o cuando, como dice la palabra del apóstol (2 Co 6:1), son, entre ellos, «colaboradores» en cualquier buena obra: decimos (para completar el texto) «colaboradores con Dios». Esa es en verdad una vista bendita, cuando nos unimos con Dios y Dios se une con nosotros en su obra. Es también una vista bendita cuando todos los ministros de Jesucristo, y muchos como miembros de Jesucristo, se unen en cualquier buena obra, en esta especialmente: rogar a todos aquellos con quienes tratamos «que no recibáis en vano la gracia de Dios». Segundo, en apartarse del mal y alejar de sí la iniquidad; en orar por el perdón del pecado y hacer su paz con Dios. Es buena obra apartarse del mal, sobre todo cuando todos los interesados se unen en ello... Así como unirse en el pecado y ser hermanos en la iniquidad es la peor de las uniones, en verdad una conspiración contra Dios, así unirse como hermanos en lamentar el pecado y arrepentirse de nuestras iniquidades es una unión bendita y sumamente agradable a Dios. —Joseph Caryl.
Versículo 1. «Cuán bueno y cuán delicioso es», etc. Los términos de este elogio y recomendación, o los detalles en que consiste, se toman de una doble cualidad.
- La concordia fraternal, y su cultivo en todas las ocasiones que se presentan, es un bien muy grande. Lo es y se verá que lo es por varias consideraciones.
Así, primero, con respecto al autor y dueño de ella, que es Dios mismo, quien reclama especialmente este derecho. Por eso en la Escritura lo hallamos denominado y titulado así. 1 Co 14:33: «Dios no es Dios de confusión (o de alboroto), sino de paz». 2 Co 13:11: «El Dios de paz y de amor». A la paz se la llama «la paz de Dios»: Fil 4:7. Y a Dios se le llama el «Dios de paz»; cada una de estas expresiones la refiere y la remite a él, y con ello la realza. Mirad, pues, hasta qué punto se dice que Dios mismo es bueno; hasta ese punto es también buena esta habitación en armonía, por cuanto él la manda y la reconoce como suya, según así aparece. Segundo. Es buena en su naturaleza; es buena, como lo es cualquier gracia. Es buena moralmente. El amor es fruto del Espíritu: Gá 5:22. Y así, habitar en amor y armonía unos con otros es una bondad reducible a eso. Es buena espiritualmente; no es solo un bien como el que enseña la filosofía moral y practican sus estudiantes, sino que lo enseña el Espíritu Santo mismo, y es parte de la obra de la regeneración y de la nueva criatura en nosotros, especialmente si la tomamos en toda su amplitud y extensión, como nos conviene hacer. Tercero. Es buena en sus efectos, consecuencias y concomitancias: tiene mucho bien. Es bonum utile. Gran provecho viene de que los hermanos habiten juntos en armonía, especialmente provecho espiritual, y para hacer y recibir el bien.
- La segunda cualidad es su dulzura, porque es «deliciosa»: no solo es bonum utile y bonum honestum, sino también bonum jucundum; tiene mucho placer en sí. El placer es una clase de bien tal, especialmente para cierta clase de personas, que casi no les importa lo que hagan o de lo que se desprendan para obtenerlo, y todo otro bien no es nada para ellas si carece de este. Por tanto, para recomendarnos aún más esta unidad fraternal, hay que considerar también que es «deliciosa». Lo es respecto de toda clase de personas, sean las que sean, que llegan a percibirla. Primero. Es deliciosa para Dios, le es muy agradable; es algo en lo que se deleita mucho dondequiera que la observa; siendo él mismo un Dios de paz, se deleita tanto más en los cristianos pacíficos y en los que se relacionan con él. ¡Cuánto se alegran los padres naturales de la buena avenencia de sus hijos, de verlos cariñosos, amigables, bondadosos y corteses unos con otros; ah, les agrada y los alegra hasta lo más hondo del corazón! Y así es también con Dios respecto de los que son verdaderamente suyos. Segundo. Esta unidad fraternal es también deliciosa para nosotros mismos, que por consiguiente tendremos tanto mayor placer en ella y por ella. Tercero. Es también agradable para otros, en verdad para todos los demás hombres que son espectadores y testigos de ella. «Mirad cuán deliciosa es», etc. Es deliciosa para todos los que la contemplan: «El que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres», dice el apóstol: Ro 14:18. —Thomas Horton, —1673.
Versículo 1. Delicioso. Es cosa deliciosa para los santos y el pueblo de Dios ponerse de acuerdo; porque la misma palabra que aquí se usa para «delicioso» se usa también en hebreo para la armonía de la música, como cuando se alzan a los acordes más altos de la viola, cuando todas las cuerdas están puestas en orden para formar una armonía; así de deliciosa es, tal es la delicia que hay en el acuerdo de los santos. La misma palabra se usa también en hebreo para lo deleitoso de un campo de trigo. Cuando un campo está vestido de trigo, aunque esté segado, es muy deleitoso, ah, cuán deleitoso es; y tal es el acuerdo de los santos. La misma palabra en el salmista se usa también para la dulzura de la miel y de las cosas dulces en oposición a las amargas. Y así veis lo deleitoso que es, por estar comparado a la armonía de la música, al campo de trigo, a la dulzura de la miel, al óleo precioso que bajó por la barba de Aarón y al rocío que cayó sobre Hermón y los montes de Sion: y todo esto para descubrir lo deleitoso, lo provechoso y la dulzura del acuerdo de los santos. Es cosa agradable contemplar el sol, pero es mucho más agradable contemplar el acuerdo y la unidad de los santos entre sí. —William Bridge.
Versículo 1. Hermanos. Abraham hizo de este nombre, «hermanos», un mediador para guardar la paz entre Lot y él: «¿No somos hermanos?», dice Abraham. Como si dijera: ¿Reñirán los hermanos por bagatelas, como los infieles? Esto bastó para apaciguar a Lot: que Abraham le recordara que eran hermanos; al oír el nombre de hermanos, enseguida su corazón cedió y terminó la contienda. Así debería ser este el abogado para acabar las querellas entre cristianos: recordar que son hermanos. Y los que lo han gastado todo en pleitos han deseado haber tomado a este abogado, para pensar, con Lot, si convenía que los hermanos riñeran como enemigos. —Henry Smith.
Versículo 1. Hermanos. Algunos críticos observan que la palabra hebrea para hermano guarda estrecho parentesco o alianza con otras dos palabras, de las cuales la primera significa uno y la otra semejante o juntos, para mostrar que los «hermanos» deben ser como uno, y semejantes, o juntos; esto último se le une por una elegante paranomasia: «Mirad cuán bueno y cuán delicioso es que los hermanos habiten juntos en armonía», o, como lo ponemos en el margen, «habitar aun juntos». Así pues, la misma palabra con que se expresa «hermanos» indica que debe haber entre ellos una cercanía, una semejanza, sí, una unicidad (si así puedo decirlo) en sus afectos y acciones. —Joseph Caryl.
Versículo 1. Habitar es una palabra de residencia, de morada y de continuidad. También pertenece al amor y a la concordia de los hermanos la perseverancia y la persistencia en ellos; no solo estar juntos, o venir juntos, o reunirse por cierto tiempo; sino habitar juntos en armonía: esto es lo que aquí se ensalza y se nos recomienda. Parece que no es gran cosa, ni que lleve consigo gran dificultad, que los hombres se obliguen a ciertas expresiones de paz y amistad por un breve lapso (aunque hay muchos que de vez en cuando apenas son capaces de eso); pero mantenerse en ello y continuar tanto tiempo, esta resistencia les es casi imposible. Y sin embargo es lo que se les exige como cristianos y como «hermanos» unos de otros: «habitar juntos en armonía»; seguir la paz, el amor, la concordia y el mutuo acuerdo, no solo en algunos encuentros ocasionales, sino a lo largo de toda su vida, mientras conversan y viven juntos. —Thomas Horton.
Versículo 1. Juntos en armonía. Si no hay sino un solo Dios, así como Dios es uno, que sean uno los que le sirven. Esto es lo que Cristo pidió con tanto fervor: «Para que todos sean uno»: Jn 17:21. Los cristianos deben ser uno, 1. En el juicio. El apóstol exhorta a ser todos de un mismo sentir. 1 Co 1:10. ¡Qué triste es ver a la religión vestida con una túnica de muchos colores; ver a los cristianos de tantas opiniones, yendo por tantos caminos diferentes! Es Satanás quien ha sembrado esta cizaña de división. Mt 13:39. Primero dividió a los hombres de Dios, y luego a un hombre de otro. 2. Uno en el afecto. Deben tener un solo corazón. «La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma»: Hch 4:32. Como en la música, aunque haya varias cuerdas en una viola, todas forman una dulce armonía; así, aunque haya varios cristianos, debe haber entre ellos una dulce armonía de afecto. No hay sino un solo Dios, y los que le sirven deben ser uno. Nada haría más amable la verdadera religión, ni le ganaría más prosélitos, que ver a quienes la profesan atados unos a otros con las fibras del corazón del amor. Si Dios es uno, que todos los que lo profesan sean de un mismo sentir y de un mismo corazón, y así cumplan la oración de Cristo: «para que todos sean uno». —Thomas Watson.
Sugerencias para el predicador
Versículo 1. La unidad cristiana.
- Sus admirables excelencias.
- Las señales de su existencia.
- Las causas de su decadencia.
- Los medios de su renovación.
Versículo 1. Aquí se contempla a los santos:
- En su hermandad.
- En su concordia.
- En su felicidad. —W. J.
Versículos 1-3. Seis bendiciones que moran con la unidad.
- Bondad.
- Deleite.
- Unción.
- Rocío.
- Bendición de Dios.
- Vida eterna.
Versículos 1-3.
- La contemplación: hermanos que habitan juntos en armonía.
(a) En una familia.
(b) En una iglesia cristiana.
(c) Hermanos de una misma denominación.
(d) De diferentes denominaciones.
- Su recomendación.
(a) Literalmente: «buena y deliciosa».
(b) Figuradamente: fragante como la unción sacerdotal; fructífera como el rocío sobre Hermón.
(c) Espiritualmente, tiene una bendición de Dios, que da vida y continúa para siempre. —G. R.
Versículos 1-3. Sobre los cristianos que habitan juntos en armonía como iglesia.
- Su corrección, a causa de la relación fraternal: «Los hermanos». La hermandad cristiana es tan singular, sagrada y duradera, que la falta de unidad es una vergüenza. Son hermanos, a) Porque han nacido de Dios, que es «el Dios de paz». Su derecho a la hermandad depende de su semejanza con él: Mt 5:9. b) Porque están unidos a Cristo, quien como hermano mayor desea la unidad: Jn 17:20-21. No buscarla es virtualmente desconocerlo. c) Porque «por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo» (1 Co 12:13), en el cual la unidad debe guardarse: Ef 4:3. d) Porque están destinados a «habitar juntos en armonía» para siempre en el cielo; por tanto debemos aspirar a ella aquí.
- Su peculiar excelencia: «buena y deliciosa» a la vez. a) Buena, respecto de la obra y la influencia de la iglesia; de la mutua edificación y el crecimiento en la gracia (2 Co 13:11); del éxito de la oración (Mt 18:19); de recomendar el evangelio a otros. b) Deliciosa, como productora de felicidad: como agradable a Dios.
- Su promoción y mantenimiento. a) Buscar la gloria de Dios une; en oposición a la honra propia, que divide. b) El amor a Cristo, como poder que constriñe, une a unos con otros al ligar a todos estrechamente a Cristo. c) La actividad en servir a otros, más que el deseo de ser servidos, une corazón con corazón. —J. F.
Salmos 133:2
Versículo 2. «Es como el buen óleo sobre la cabeza.» Para que podamos contemplar mejor la unidad fraternal, David nos da una semejanza, de modo que como en un espejo percibamos su bienaventuranza. Tiene un dulce perfume, comparable a aquel precioso ungüento con que fue ungido el primer sumo sacerdote en su ordenación. Es una cosa santa, y por eso otra vez es como el aceite de la consagración que solo había de usarse en el servicio del Señor. ¡Qué cosa tan sagrada debe ser el amor fraternal, cuando puede compararse con un aceite que nunca debía derramarse sobre hombre alguno sino sobre el sumo sacerdote del Señor! Es una cosa difusiva: derramado sobre su cabeza, el fragante aceite fluía sobre la cabeza de Aarón, y de allí goteaba sobre sus vestiduras hasta que el borde más extremo quedaba ungido con él; y así también el amor fraternal extiende su benigno poder y bendice a todos los que están bajo su influencia. La concordia sincera trae una bendición sobre todos los interesados; su bondad y su deleite los comparten los miembros más humildes de la casa; hasta los siervos son mejores y más felices por la amable unidad entre los miembros de la familia. Tiene un uso especial; porque así como por el aceite de la unción Aarón fue apartado para el servicio especial de Jehová, así los que habitan en amor están mejor dispuestos para glorificar a Dios en su iglesia. No es probable que el Señor use para su gloria a los que carecen de amor; les falta la unción necesaria para hacerlos sacerdotes para el Señor. «El cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón.» Este es un punto principal de comparación: así como el aceite no quedó confinado al lugar donde cayó primero, sino que fluyó por el cabello del sumo sacerdote y bañó su barba, así el amor fraternal, descendiendo desde la cabeza, destila y desciende, ungiendo mientras corre y perfumando todo lo que toca. «Y baja hasta el borde de sus vestiduras.» Puesto una vez en movimiento, no cesaría de fluir. Podría parecer que habría sido mejor no manchar de aceite sus vestiduras, pero el sagrado ungüento no podía ser contenido, y corrió sobre sus túnicas santas; así también el amor fraternal no solo fluye sobre los corazones sobre los cuales fue derramado primero, y desciende a los que son una parte inferior del cuerpo místico de Cristo, sino que corre adonde no se lo busca, sin pedir permiso ni licencia para abrirse paso. El afecto cristiano no conoce límites de parroquia, nación, secta ni edad. ¿Es el hombre creyente en Cristo? Entonces está en el único cuerpo, y debo concederle un amor duradero. ¿Es uno de los más pobres, uno de los menos espirituales, uno de los menos amables? Entonces es como el borde de la vestidura, y el amor de mi corazón debe caer aun sobre él. El amor fraternal viene de la cabeza, pero cae hasta los pies. Su camino es hacia abajo. «Desciende» y «baja»: el amor por los hermanos se humilla ante los hombres de baja condición, no se envanece, sino que es humilde y manso. Esto no es pequeña parte de su excelencia: el aceite no ungiría si no fluyera hacia abajo, ni el amor fraternal difundiría su bendición si no descendiera.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 2. El buen óleo sobre la cabeza. Aunque todo sacerdote era ungido, solo el sumo sacerdote era ungido en la cabeza, y hay una tradición de que este rito se omitió después del cautiverio, de modo que hay un énfasis especial en el nombre de Aarón. —Neale y Littledale.
Versículo 2. El buen óleo... que desciende sobre la barba... y baja hasta el borde de sus vestiduras. La magnificencia, mal llamada por los tacaños extravagancia y derroche, es el atributo invariable de todo amor verdadero. David reconoció esta verdad cuando escogió la profusa unción de Aarón con el aceite de la consagración, en su investidura como sumo sacerdote, como un emblema apropiado del amor fraternal. Había derroche también en aquella unción, como en la que tuvo lugar en Betania. Pues el aceite no fue rociado sobre la cabeza de Aarón, aunque eso habría bastado para el propósito de una simple ceremonia. El vaso fue vaciado sobre la persona del sumo sacerdote, de modo que su contenido fluyó de la cabeza sobre la barba, y aun hasta el borde de las vestiduras sacerdotales. En ese mismo derroche estaba para David el punto de la semejanza. Era un rasgo que con toda probabilidad impresionaría su mente; pues él también era un hombre derrochador a su manera. Había amado a Dios de un modo que lo exponía a la acusación de extravagancia. Había danzado delante del Señor, por ejemplo, cuando el arca fue traída de la casa de Obed-edom a Jerusalén, olvidado de su dignidad, excediendo los límites del decoro y, según podría parecer, sin excusa, pues una demostración mucho menos fervorosa habría servido para el propósito de una solemnidad religiosa. —Alexander Balmain Bruce, en "The Training of the Twelve," 1877.
Versículo 2. El ungüento precioso... que desciende. De los perfumes hebreos se fabricaba y consumía anualmente una inmensa cantidad, de lo cual tenemos una indicación muy significativa en el hecho de que el santo aceite de la unción del tabernáculo y del templo no se hacía nunca en cantidades menores que 750 onzas de sólidos mezcladas con cinco cuartos de aceite, y se empleaba tan profusamente que, al aplicarlo a la cabeza de Aarón, fluía sobre su barba y su pecho, hasta el borde mismo de sus vestiduras. —Hugh Macmillan, en "The Ministry of Nature," 1871.
Versículo 2. Desciende... baja, etc. La gracia de Cristo se difunde tanto, que nos comunica santidad, «descendiendo de la cabeza hasta el borde», a todos sus miembros. Él no solo fue ungido, sino que es nuestro ungidor. Por eso se le llama «óleo de alegría», porque regocija nuestros corazones dándonos gozo espiritual y paz de conciencia. —Thomas Adams.
Versículo 2. Sobre la barba, la barba de Aarón; y baja hasta el borde de sus vestiduras. No el extremo de ellas, como se inclina a entender nuestra versión; pues no se derramó sobre él tanta cantidad de aceite, ni habría sido decoroso tener sus vestiduras así engrasadas de arriba abajo; sino la parte superior de su vestidura, lo alto de su túnica, sobre la cual descansaba la barba, según Zarchi; el cuello o collar de ella, según Kimchi y Ben Melech; el agujero por donde pasaba la cabeza al ponérsela, en torno del cual había una orla para que no se rasgara: Éx 28:32; 39:23; donde la Septuaginta usa la misma palabra que aquí. —John Gill.
Versículos 2-3. En esta oración y canto de la unidad de la iglesia, es digno de notarse cómo, comenzando con la idea fundamental de «hermanos», nos elevamos a la realización del Hermano Mayor, que es nuestro común Sumo Sacerdote ungido. Es el vínculo de su sacerdocio lo que nos une como hermanos. Es la unción común, que fluye hasta el borde de la vestidura de nuestro Sumo Sacerdote, lo que marca que somos hermanos. Ya habitemos en el norte o en el sur, reuniéndonos en Sion y participando de las bendiciones de ese eterno sacerdocio de Cristo, formamos en realidad, y delante de nuestro Padre, una sola familia: «toda la familia en la tierra y en el cielo». Nuestro verdadero vínculo de unión consiste en el «fluir hacia abajo», el «correr» o «descender» de la bendición común, que marca los peldaños en este Salmo de los grados (Sal 133:2-3). Y si «el rocío de Hermón» ha descendido sobre «los montes de Sion», mucho después de salido el sol aparecerá fruto alegre: en unos a veinte, en otros a treinta y en otros a ciento por uno. —Alfred Edersheim
Sugerencias para el predicador
Versículo 2. Debió de haber razones especiales para que se escogiera una unción sacerdotal para la comparación, y la de Aarón antes que la de cualquier otro de los sumos sacerdotes. Son estas:
- El ungüento era «santo», preparado conforme a la prescripción divina: Éx 30:23-25. La unión de la iglesia es sagrada. Debe brotar del amor mandado por Dios; fundarse en los principios establecidos por Dios; y existir para los fines señalados por Dios.
- La unción venía de Dios por medio de Moisés, que actuaba en nombre de Dios en el asunto. La unidad de la iglesia es del Espíritu Santo (1 Co 13:13), por medio de Jesús como mediador. Por tanto debe pedirse en oración y reconocerse con gratitud.
- Por la unción, Aarón quedó consagrado y oficialmente capacitado para actuar como sacerdote. Por la unidad la iglesia, como un todo, vive su vida de consagración y ministra eficazmente en el sacerdocio que se le asignó.
- El aceite era difusivo; no reposó sobre la cabeza de Aarón, sino que fluyó hasta el borde de sus vestiduras. La unidad se abrirá camino con el tiempo de unos pocos a todos, especialmente de los dirigentes de una iglesia al resto de sus miembros. Por tanto, es un asunto personal. Cada uno debe darse cuenta de ello y difundirla con amor y sabia conducta. —J. F.
Versículos 2-3. El amor cristiano esparce bendición al modo de venir de arriba: «desciende», «baja», «descendió».
- De Dios a sus santos.
- De santo a santo.
- De santo a pecador.
Salmos 133:3
Versículo 3. «Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion.» De los montes más elevados la humedad parece ser llevada a las colinas menores: los rocíos del Hermón caen sobre Sion. El Líbano alpino sirve a la menor elevación de la ciudad de David; y así también el amor fraternal desciende de lo más alto a lo más bajo, refrescando y vivificando en su curso. La concordia santa es como rocío, misteriosamente bendito, lleno de vida y crecimiento para todas las plantas de la gracia. Trae consigo tanta bendición que no es un rocío común, sino como el del Hermón, que es especialmente copioso y de largo alcance. La traducción correcta es: «Como el rocío del Hermón que desciende sobre los montes de Sion», y esto concuerda con la figura ya usada, y presenta con un segundo símil la dulce difusión descendente de la unidad fraternal. «Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.» Es decir, en Sion, o mejor aún, en el lugar donde abunda el amor fraternal. Donde reina el amor, reina Dios. Donde el amor desea bendición, allí Dios manda la bendición. Dios no tiene sino que mandar, y se hace. Tanto se complace en ver a sus queridos hijos felices los unos en los otros, que no deja de hacerlos felices en sí mismo. Da especialmente su mejor bendición, la de la vida eterna, pues el amor es vida; habitando juntos en amor hemos comenzado los gozos de la eternidad, y estos no nos serán quitados. Amemos para siempre y viviremos para siempre. Esto hace tan buena y deliciosa la hermandad cristiana: tiene reposando sobre ella la bendición de Jehová, y no puede ser sino sagrada como «el buen óleo», y celestial como «el rocío de Hermón». ¡Oh, si tuviéramos más de esta rara virtud! No el amor que viene y va, sino el que habita; no el espíritu que separa y aísla, sino el que habita junto; no la mente toda dispuesta al debate y la diferencia, sino la que habita junto en armonía. Nunca conoceremos todo el poder de la unción hasta que seamos de un corazón y de un espíritu; nunca descenderá el sagrado rocío del Espíritu en toda su plenitud hasta que estemos perfectamente unidos en un mismo sentir; nunca saldrá del Señor nuestro Dios la bendición pactada y ordenada hasta que una vez más tengamos «un Señor, una fe, un bautismo». Señor, llévanos a esta preciosísima unidad espiritual, por amor de tu Hijo. Amén.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. «Como el rocío de Hermón», etc. «Lo que leemos en el Salmo 133 del rocío del Hermón que desciende sobre los montes de Sion —dice Van de Velde en sus "Travels" (Bd. 1. S. 97)— se me ha vuelto ahora completamente claro. Aquí, sentado al pie del Hermón, comprendí cómo las gotas de agua que se elevan de sus alturas cubiertas de bosque, y de las quebradas más altas, que están llenas de nieve todo el año, después de que los rayos del sol las han hecho tenues y han humedecido con ellas la atmósfera, descienden al atardecer como un rocío pesado sobre los montes más bajos que lo rodean como sus estribaciones. Hay que haber visto el Hermón con su blanca corona dorada resplandeciendo en lo alto, en el cielo azul, para poder entender rectamente la figura. En ningún lugar de todo el país se percibe un rocío tan pesado como en los distritos cercanos al Hermón. A este rocío compara el poeta el amor fraternal. Este es "como el rocío de Hermón": de tan prístina frescura y por eso refrescante, poseedor de tan prístino poder y por eso vivificante, nacido así de lo alto (Sal 110:3), y de hecho como el rocío del Hermón que desciende sobre los montes de Sion —un rasgo del cuadro que está tomado de la realidad natural; pues un rocío abundante, cuando han precedido días cálidos, bien podría ser desviado hacia Jerusalén por la acción de la corriente de aire frío que barre desde el norte sobre el Hermón. Sabemos, en efecto, por nuestra propia experiencia, hasta qué distancia se percibe un aire frío que viene de los Alpes y produce sus efectos. La figura del poeta es, pues, tan fiel a la naturaleza como hermosa. Cuando los hermanos unidos en el amor se reúnen también en un mismo lugar, y de hecho cuando los hermanos del norte se unen con los hermanos del sur en Jerusalén, la ciudad que es madre de todos, en las grandes fiestas, es como cuando el rocío del monte Hermón, cubierto de nieve profunda, casi eterna, desciende sobre los montes desnudos, estériles —y por eso anhelantes de tal vivificación— que rodean a Sion. En Jerusalén deben encontrarse el amor y todo lo bueno.» —Franz Delitzsch.
Versículo 3. «Como el rocío de Hermón», etc. En cuanto a este símil, pienso que el profeta usa la manera común de hablar. Pues como los montes parecen muchas veces, a los que los contemplan de lejos, alcanzar hasta el cielo mismo, el rocío que viene del cielo parece caer de los montes altos sobre las colinas que están debajo de ellos. Por eso dice que el rocío desciende del Hermón al monte Sion, porque así les parece a los que lo contemplan de lejos. —Martín Lutero.
Versículo 3. Como el rocío de Hermón. Los rocíos de las nieblas que subían de las quebradas húmedas, o de las nubes que descansaban sobre la cumbre del Hermón, eran testigos perpetuos de frescura y frescor —las fuentes, según parecía, de toda la humedad, que era para la tierra de Palestina lo que el aceite fragante era para las vestiduras del sumo sacerdote, lo que la influencia del amor fraternal era para toda la comunidad. —Arthur Penrhyn Stanley (1815-1881), en "Sinai and Palestine."
Versículo 3. Rocío de Hermón. En Rasheiya tuvimos prueba sensible de la abundancia del «rocío de Hermón», del que se habla en Sal 133:3, donde «Sion» no es sino otro nombre del mismo monte. A diferencia de la mayoría de los otros montes, que se elevan gradualmente desde altas mesetas y a menudo lejos del mar, el Hermón arranca de golpe hasta una altura de casi diez mil pies, desde una plataforma apenas sobre el nivel del mar. Esta plataforma —el valle del alto Jordán y las marismas de Merom— es en su mayor parte un pantano impenetrable de profundidad desconocida, de donde el vapor hirviente, bajo los rayos de un sol casi tropical, asciende constantemente a la atmósfera superior durante el día. El vapor, al entrar en contacto con las laderas nevadas del monte, se congela rápidamente y se precipita al atardecer en forma de rocío, el más copioso que hayamos experimentado jamás. Penetraba por todas partes y lo empapaba todo. El piso de nuestra tienda estaba empapado, nuestra cama cubierta de él, nuestras escopetas goteaban y las gotas de rocío colgaban por todas partes. No es de extrañar que el pie del Hermón esté vestido de huertos y jardines de tan maravillosa fertilidad en esta tierra de sequías. —Henry Baker Tristram, 1867.
Versículo 3. «Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion.» —
Así los rocíos sobre la colina del Hermón
que destilan las nubes del verano,
flotando hacia el sur en la noche,
en Sion brillan como perlas. —William Digby Seymour.
Versículo 3. «Allí manda Jehová la bendición.» Dios manda su bendición donde se cultiva la paz; con lo cual se quiere decir que testifica cuánto se complace en la concordia entre los hombres, derramando bendiciones sobre ellos. El mismo sentimiento expresa Pablo con otras palabras (2 Co 13:11; Fil 4:9): «Vivid en paz, y el Dios de paz estará con vosotros». —Juan Calvino.
Versículo 3. Jehová mandó la bendición. Con una simple palabra de mando bendice: «allí manda la bendición», esa bendición de las bendiciones, «la vida eterna»; como se dice: «él mandó, y fueron creados»: Sal 148:5. Así «él manda y somos bendecidos». —Thomas Goodwin.
Versículo 3. Jehová mandó la bendición. Es posiblemente una alusión a personas grandes, a un general o un emperador: «Porque la palabra del rey es con potestad». El centurión dijo: «Digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace». Así Dios manda a una ordenanza: «Ve y edifica a tal santo», y va; dice a otra ordenanza: «Ven, y llama a tal pecador», y lo hace; las palabras de Dios y su obra van juntas. Los hombres no pueden capacitar a otros ni darles poder para obedecerlos; pueden decir a un cojo que ande, o a un ciego que vea; pero no pueden capacitarlos para andar ni para ver: Dios con su palabra da fuerza para hacer lo mandado; como en la antigua, así en la nueva creación: «Él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió»: Sal 33:9. Pero allí el Señor manda su bendición, «la vida eterna». La corriente de la regeneración, o de una vida espiritual, que nunca cesará, sino que seguirá adelante y aumentará, hasta que crezca y sea tragada en el océano de la vida eterna, «la vida eterna». —George Swinnock
Sugerencias para el predicador
Versículo 3. El lugar escogido para la bendición. Una iglesia; una iglesia unida, una iglesia bañada de rocío por el Espíritu. ¡Qué bendición para el mundo que haya un lugar mandado para la bendición!
Versículo 3. (primera parte). Esto debería traducirse: «Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion». De las nieves del elevado Hermón, la humedad levantada por el sol es llevada en forma de vapor, por el viento, hacia las elevaciones menores de Sion, sobre las cuales cae como rocío copioso. Así, la concordia cristiana en la comunión de la iglesia:
- No desprecia a los pequeños, es decir, a los humildes, pobres y menos dotados. a) Reconoce que Dios es el Padre y Cristo el Redentor de todos los creyentes por igual. b) Reconoce la unidad de la fe como la verdadera base de la comunión; no la riqueza, la posición social o el talento. c) Cree que el miembro más pequeño es esencial para la integridad del cuerpo de Cristo. d) Comprende que todo lo que hace a uno en cualquier modo superior a otro es don de Dios.
- Reparte de su abundancia a los necesitados: Hch 4:32-37. a) Los ricos a los pobres: 1 Jn 3:17. b) Los instruidos a los ignorantes. c) Los gozosos a los que sufren. d) Los firmes a los que yerran: Stg 5:19.
- Muestra su valor más por la generosidad amorosa que por una apariencia vistosa ante el mundo. Como el Hermón era más valioso para Sion por su rocío que por adornar el paisaje. a) Una actividad generosa muestra y requiere más gracia verdadera que una arquitectura vistosa o un culto ornamentado. b) Por ella florece la piedad más que por una cacareada respetabilidad. Sion era fertilizada por el rocío, no por la grandeza del Hermón. c) Por ella es tocado el corazón de Cristo y asegurada su recompensa: Mr 9:40, 42. —J. F.
Versículo 3. Misericordia mandada. En otras partes se concede la bondad, pero en Sion se manda.
- La misericordia mandada implica que necesariamente ha de darse.
- La misericordia mandada acompaña a la unidad mandada.
- La misericordia mandada asegura la vida más abundantemente, «vida eterna». —W. B. H.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.