El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 140: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
Este salmo está en su lugar propio, y sigue tan adecuadamente al 139 que casi podría leerse de corrido, sin hacer pausa entre los dos. Se seguiría grave daño para todo el libro de los Salmos si se alterara el orden como proponen ciertos sabihondos. Es El clamor de un alma acosada, la súplica de un creyente incesantemente perseguido y asediado por enemigos astutos que ansiaban su destrucción. David era cazado como una perdiz en los montes y rara vez obtenía un momento de descanso. Esta es su patética súplica a Jehová por protección, una súplica que va intensificándose gradualmente hasta convertirse en una denuncia de sus amargos enemigos. Con este sacrificio de oración ofrece la sal de la fe; pues de una manera muy marcada y enfática expresa su confianza personal en el Señor como Protector de los oprimidos y como su propio Dios y Defensor. Pocos salmos breves son tan ricos en la pedrería de la fe preciosa.
AL MÚSICO PRINCIPAL. El autor quiso que este himno de experiencia quedara al cuidado del maestro principal del canto, para que ni se quedara sin cantar ni se entonara con descuido. Tales pruebas y tales liberaciones merecían ser recordadas y puestas entre los más selectos memoriales de la bondad del Señor. También nosotros tenemos nuestros cantos que no son de clase común, y estos han de cantarse con lo mejor de las fuerzas del corazón y de la lengua. No los ofreceremos al Señor por otra mano que la del «Músico Principal».
SALMO DE DAVID. La vida de David en que entra en contacto con Saúl y Doeg es la mejor explicación de este salmo; y ciertamente no puede haber duda razonable de que David lo escribió, y lo escribió en el tiempo de su destierro y peligro. El tremendo estallido del final tiene el calor que era tan natural en David, que nunca fue tibio en nada; sin embargo, ha de notarse que respecto de sus enemigos era a menudo ardiente en el lenguaje por indignación, y no obstante sereno en la acción, pues no era vengativo. La suya no era una malicia mezquina, sino una ira justa: previó, predijo e incluso deseó la justa venganza de Dios sobre los soberbios y malvados, y sin embargo no quiso aprovechar las ocasiones de vengarse de quienes le habían hecho mal. Puede ser que sus súplicas al gran Rey enfriaran su ira y le permitieran dejar sus agravios sin reparar por acto alguno personal de violencia. «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor»; y David, cuando más herido estaba por la persecución inmerecida y la falsedad malvada, se alegraba de dejar sus asuntos al pie del trono, donde estarían seguros con el Rey de reyes.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Todo el salmo. Otro salmo «de David», para ser cantado por todos los santos, así como lo usó su Cabeza, el Hijo de David. En él tenemos (Sal 140:1-3) el retrato de los impíos, con un «Selah» que nos manda detenernos ante sus oscuros colores. Luego tenemos (Sal 140:4-5) una vista de los lazos tendidos por los impíos, con otro «Selah»: pausa. Después vemos un alma en la actitud de la fe (Sal 140:6-8). Están tendiendo los lazos, pero, serena como Eliseo viendo reunirse el ejército sirio (2 R 6:15), el alma sosegada canta:
«He dicho a Jehová: Dios mío eres tú»; y luego ora, poniendo un «Selah» al final, para que nos detengamos otra vez y contemplemos la escena. —Andrew A. Bonar.
Todo el salmo. No hay duda de que este salmo expresa los sentimientos de David ante la primera noticia de que Saúl salía de nuevo en su persecución (compárese Sal 140:2). Y luego, en el Salmo 141, tenemos su súplica en el tiempo en que este peligro se iba acercando cada vez más. Varias cosas se dicen en este salmo (según el hebreo) primariamente de una sola persona (Saúl): así, p. ej., Sal 140:1, 4; y las numerosas lenguas de que se queja David (Sal 140:3) son precisamente las lenguas de los traidores que informaron de nuevo a Saúl de este nuevo lugar de residencia de David en el desierto de En-gadi, donde él pudo haberse imaginado tan seguro. El tender de lazos (Sal 140:5) concuerda perfectamente en parte con esta traición y en parte con la búsqueda de David por Saúl y su numeroso ejército, mencionada en 1 S 24:2. Del mismo modo, los carbones encendidos de que se habla en Sal 140:10, y asimismo los profundos abismos (en alemán, aguas) allí mencionados, pudieron habérsele ocurrido muy naturalmente a David sobre las rocas de En-gadi, donde tenía el Mar Muerto justo delante. Sal 140:10 parece aludir también a los sucesos que ocurrieron la noche antes de la destrucción de Sodoma. —T. C. Barth, en "The Bible Manual."
Todo el salmo. Como en el Salmo 138 David puso ante su descendencia la promesa de Dios como ancla de la esperanza (2 S 7:1-17), y en el Salmo 139 la omnisciencia de Dios como nuestro consuelo en el peligro y motivo para huir del mal, así en este salmo expone el peligro de los enemigos calumniadores y nuestra única seguridad en Jehová, nuestra fortaleza. —Andrew Robert Fausset.
Versículos 1, 4, 6, 8. Los hombres buenos viven por la oración. El que llega al trono de la gracia queda cubierto por la nube de gloria, a través de la cual ningún sol puede herir de día, ni la luna de noche. —William Swan Plumer.
Versículos 1, 7-11. En la primera lectura de este salmo uno se inclina a pensar que hay en él algo de fiereza y amargura que difícilmente es compatible con el carácter de un hijo de Dios y por tanto impropio de David… Y sin embargo creo de veras que un examen algo mayor del lenguaje de este salmo nos llevará a creer que hacemos injusticia a David al atribuir algo semejante a un significado o deseo de venganza a sus palabras. Ciertamente no podemos hallar falta en quien lleva sus agravios en oración a Dios; que, como Ezequías, toma el rollo de sus cuidados, tristezas y pruebas y lo extiende delante del Señor. Y esto es lo que David hace en el primer versículo mismo: «Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; guárdame de hombres violentos.» No creo que quien hace esto, quien, escociéndole el sentimiento de agravio e injusticia, va de inmediato a Dios y le abre su corazón, vaya probablemente muy descaminado; pues aunque haya comenzado con algo de espíritu poco amable, la oración abre ante nosotros tal visión y sentido de nuestra propia culpa y de nuestros agravios hacia Dios, y ejerce por ello una influencia tan humilladora, y también sanadora y calmante, sobre nuestros sentimientos hacia otros, que casi podríamos estar seguros de que aquel cuya oración comenzara incluso con una vehemente enumeración de sus propios agravios acabaría con algo muy semejante a una resolución de bendecir a los que maldecían y hacer bien a los que lo aborrecían. Observarán también cómo, de principio a fin, David deja su causa en manos de Dios; no es «mi espada y mi arco los que me ayudarán»; los tenía por cosas vanas para ayudar al hombre; y por eso, como había dicho tantas veces en otros salmos: «Jehová era su escudo y su defensa», y como Dios ya había cubierto su cabeza en el día de la batalla, así ruega la misma protección contra sus enemigos ahora. —Barton Bouchier.
Sugerencias para el predicador
Versículos 1-5.
- La fuente particular de la aflicción de David: eran hombres. En esto fue un tipo de Cristo. a) Su maldad: «el hombre malo». b) Su violencia: «el hombre violento». c) Sus designios maliciosos: «que maquinan males en el corazón». d) Su confabulación: «cada día se reúnen para la guerra». e) Sus falsas acusaciones: «aguzaron su lengua como la serpiente», etc. (Sal 140:3). f) Su propósito declarado: «han pensado trastornar mis pasos» (Sal 140:4). g) Sus intrigas (Sal 140:5).
- Su remedio universal: «Líbrame, oh Jehová»; «guárdame» y ayúdame. Su defensa está, a) En Dios. b) En la oración a Dios. —G. R.
Versículos 1-5. En nuestra posición, época y país no estamos en peligro de violencia de parte de los hombres, como lo estaba David; con todo, ningún hombre está absolutamente a salvo del peligro.
- Mencione algunos casos todavía no imposibles. a) Un obrero cristiano, por no poder plegarse a costumbres injustas, excita la animosidad de sus compañeros de trabajo. Le harán daño, estropearán su trabajo, le robarán las herramientas, hablarán mal de él, hasta que su patrón lo despida para restaurar la paz en la fábrica. b) Un empleado o dependiente cristiano, porque su presencia es un freno para sus compañeros pecadores, puede tener lazos tendidos para él, etc.
- Sugiera consejos útiles, si se diera tal caso. a) Recurrir a Dios con un «Líbrame» y un «Guárdame». b) Mantener la integridad y la rectitud. c) Si los malintencionados lo consiguen, confiar aun así en Dios, que puede hacer que su maldad redunde en provecho de ustedes y que su bondad burle sus tramas. —J. F.
Salmos 140:1
Versículo 1. «Líbrame, oh Jehová, del hombre malo.» Suena como una cláusula del Padrenuestro: «Líbranos del mal». David no suplica tanto contra un individuo como contra la especie que este representa, a saber, el ser cuya mejor descripción es: «el hombre malo». Hay muchos así por ahí; en verdad no hallaremos hombre no regenerado que no sea en algún sentido un hombre malo, y sin embargo no todos son igualmente malos. Es bueno para nosotros que nuestros enemigos sean malos: sería cosa horrible tener a los buenos en contra. Cuando «el hombre malo» se agita contra los piadosos, es un ser tan terrible como un lobo, una serpiente o hasta un demonio. Fiero, implacable, despiadado, inflexible, sin escrúpulos, no se cuida de nada sino de dar rienda suelta a su malicia. El hombre perseguido se vuelve a Dios en oración; no podría hacer cosa más sabia. ¿Quién puede salir al encuentro del hombre malo y derrotarlo sino el mismo Jehová, cuya infinita bondad es más que rival para todo el mal del universo? Nosotros por nosotros mismos no podemos desbaratar la astucia del enemigo, pero el Señor sabe librar a sus santos. Puede mantenernos fuera del alcance del enemigo, puede sostenernos cuando estamos bajo su poder, puede rescatarnos cuando nuestra condena parece sellada, puede darnos la victoria cuando la derrota parece segura; y en todo caso, si no nos salva del hombre, puede guardarnos del mal. Si nos hallamos en este momento oprimidos en alguna medida por hombres impíos, será mejor dejar nuestra defensa a Dios que intentarla nosotros mismos. «Guárdame de hombres violentos.» El mal en el corazón hierve a fuego lento en malicia y al fin hierve en pasión. El mal es cosa de canalla cuando se le da libertad para manifestarse; y así «el hombre malo» pronto se convierte en «el hombre violento». ¿Qué vigilancia, fuerza o valor puede guardar al hijo de Dios del engaño y la violencia? Solo hay un seguro Guardador, y es sabiduría nuestra escondernos bajo la sombra de sus alas. Es cosa común que los buenos sean asaltados por enemigos: David fue atacado por Saúl, Doeg, Ahitofel, Simei y otros; hasta Mardoqueo, sentado humildemente a la puerta, tuvo su Amán; y nuestro Señor, el Perfecto, estuvo rodeado de quienes tenían sed de su sangre. No podemos, pues, esperar pasar por el mundo sin enemigos, pero sí podemos esperar ser librados de sus manos y guardados de su furia, de modo que ningún daño real venga de su malignidad. Esta bendición ha de buscarse por la oración y esperarse por la fe.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículos 1, 11. Se individualizan tres formas especiales de la energía satánica. El hombre malo o impío, el hombre violento y el hombre de lengua: de cada uno de ellos apela el suplicante que habla en la oración de fe. —Arthur Pridham.
Salmos 140:2
Versículo 2. «Los cuales maquinan males en el corazón.» No pueden ser felices a menos que estén tramando y planeando, conspirando y urdiendo. Parecen tener un solo corazón, pues están completamente de acuerdo en su malicia; y con todo su corazón y toda su alma persiguen a su víctima. Una maldad no les basta; trabajan en plural y preparan muchas flechas para su arco. Lo que no pueden realmente hacer, les gusta sin embargo pensarlo y ensayarlo en el escenario de su cruel fantasía. Es cosa terrible tener una enfermedad del corazón como esta. Cuando la imaginación se regodea en hacer daño a otros, es señal segura de que toda la naturaleza está muy avanzada en la maldad. «Cada día se reúnen para la guerra.» Son un comité de oposición en sesión permanente: nunca levantan la sesión, sino que consideran perpetuamente la cuestión absorbente de cómo hacer el mayor daño al hombre de Dios. Son un ejército permanente siempre listo para la refriega: no solo van a las guerras, sino que moran en ellas. Aunque son la peor de las compañías, se soportan unos a otros y están continuamente en la sociedad mutua, confederados para el combate. Los enemigos de David eran tan violentos como malos, tan astutos como violentos y tan persistentes como astutos. Es duro tratar con personas que solo están en su elemento cuando están a cuchillo contigo. Tal caso pide oración, y la oración invoca a Dios.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 2. «Cada día se reúnen para la guerra.» Literalmente, esta cláusula dice que juntan guerras, y así la entienden algunos. Pero es bien sabido que las preposiciones se omiten a menudo en el hebreo, y sin duda quiere decir que levantaban enemistad general con sus falsos informes, que actuaban como una trompeta que llama a la batalla. —Juan Calvino.
Versículos 2-3. Los impíos asaltan a los justos con tres armas: con el corazón, por la conspiración; con la lengua, por la mentira; y con la mano, por la violencia. —John Lorinus, 1569-1634.
Salmos 140:3
Versículo 3. «Aguzaron su lengua como la serpiente.» El rápido movimiento de la lengua de una víbora da la idea de que la afila; así también los malintencionados mueven la lengua a tal velocidad que se diría que están en el acto mismo de gastarla hasta hacerle punta, o de frotarla para sacarle un filo agudo. Era una noción común que las serpientes inyectaban su veneno con la lengua, y los poetas usaron esa idea como expresión poética, aunque es cierto que la serpiente hiere con sus colmillos y no con la lengua. No hemos de suponer que todos los autores que empleaban tal lenguaje se equivocaban en su historia natural, como tampoco puede acusarse de ignorar la astronomía a un escritor que habla del viaje del sol de oriente a occidente. ¿Cómo pueden hablar los poetas sino según la apariencia de las cosas ante un ojo imaginativo? El gran poeta del mundo lo dice en el «Rey Lear»:
«Me hirió con su lengua,
como una serpiente, en pleno corazón.»
En el caso de los calumniadores, hieren tan literalmente con la lengua, que es tan ágil en la malicia y a la vez tan penetrante y cortante, que de ningún modo es injusto hablar de ellas como afiladas. «Veneno de áspid hay debajo de sus labios.» El más mortífero de todos los venenos es la calumnia de los inescrupulosos. Algunos hombres no se preocupan de lo que dicen con tal de poder molestar y dañar. Nuestro texto, sin embargo, no debe limitarse a unos pocos individuos, pues en la epístola inspirada a los Romanos el apóstol lo cita como verdadero de todos nosotros. Tan depravados estamos por naturaleza que las criaturas más venenosas son tipos adecuados de nosotros. La antigua serpiente no solo nos ha inoculado su veneno, sino que ha hecho que nosotros mismos seamos productores de un veneno semejante: yace bajo nuestros labios, listo para usarse, y, ¡ay!, se usa con demasiada libertad cuando nos enojamos y deseamos vengarnos de quienes nos han causado molestia. Es tristemente asombroso lo duras que son las cosas que hasta los hombres buenos dicen cuando se les provoca; más aún, incluso quienes se llaman «perfectos» en sangre fría no son del todo mansos como palomas cuando se ponen en duda sin rodeos sus pretensiones de no tener pecado. Este veneno de la maledicencia nunca caería de nuestros labios, por mucho que se nos provocara, si no estuviera allí en otros momentos; pero por naturaleza tenemos una reserva de palabras venenosas tan grande como la de veneno que tiene una cobra. Oh Señor, quita las bolsas del veneno y haz que nuestros labios no destilen sino miel. Selah. Es una tarea pesada. ¡Sube, sube, corazón mío! No te hundas demasiado. No caigas en el tono más bajo. Levántate hacia Dios.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. «Aguzaron su lengua como la serpiente.» Aguzar o afilar la lengua significa la forma más aguda y extrema de locuacidad, y mucho más aguzarla «como la serpiente». Los naturalistas nos dicen que ningún ser vivo agita su lengua tan velozmente como la serpiente, y por eso se dice que las serpientes tienen una lengua triple, porque, moviendo la lengua tan rápido, parecen tener tres. El salmista quiere decir: los impíos hablan denso y por triplicado, me hieren y me envenenan con sus lenguas. —Joseph Caryl.
Versículo 3. «Aguzaron su lengua como la serpiente.» Esta es una descripción exacta del modo en que la serpiente lanza la lengua antes de infligir la herida. Mírenla: tiene la cabeza erguida, y su ojo penetrante está fijo, salvaje y fiero, en el objeto; la lengua aparece y desaparece rápidamente, como si con ese proceso se afilara para el combate. Así afilaban sus lenguas los enemigos de David para destruirle. —Joseph Roberts, en "Oriental Illustrations of the Sacred Scriptures," 1835.
Versículo 3. «Aguzaron su lengua como la serpiente», etc. ¿No es un hecho que hay muchos hombres cuya misma existencia es, por así decirlo, un veneno pernicioso? Lanzan su lengua lívida como la lengua de una serpiente; y el veneno de su carácter corroe todo objeto sobre el que se concentra; siempre vilipendiando y calumniando, como el ave nocturna de mal agüero. —Plinio.
Versículo 3. «Aguzaron su lengua como la serpiente.» Así como la víbora se prepara con destreza para su obra de muerte, así los desdichados hijos de la calumnia y la falsedad se preparan, con todo esfuerzo posible, para dañar a sus víctimas inocentes. —John Morison.
Versículo 3. En los días de Santiago, como ahora, parece que había hombres ociosos y mujeres ociosas que andaban de casa en casa, dejando caer la calumnia a su paso, y sin embargo no se podía tomar esa calumnia y descubrir en ella la falsedad. No se podía evaporar la verdad en el lento proceso del crisol y mostrar luego el residuo de falsedad, reluciente y visible. No se podía aferrar a ninguna palabra o frase y decir que era calumnia; porque para que haya calumnia no es necesario que la palabra pronunciada sea falsa: las verdades a medias son a menudo más calumniosas que las falsedades enteras. Ni siquiera es necesario que se pronuncie una palabra claramente; un labio caído, una ceja arqueada, un encogimiento de hombros, una mirada significativa, una expresión incrédula del semblante, e incluso un silencio enfático pueden hacer la obra; y cuando la cosa ligera y baladí que ha causado el daño ha echado a volar, el veneno queda atrás, para obrar y enconarse, para inflamar los corazones, para febrilizar la existencia humana y envenenar la sociedad humana en las fuentes mismas de la vida. Muy enfáticamente lo dijo uno cuyo ser entero había sufrido bajo tal aflicción: «Veneno de áspid hay debajo de sus labios.» —Frederick William Robertson.
Versículo 3. La maledicencia y la calumnia deben siempre preceder y acompañar a la persecución, porque la malicia por sí sola no puede levantar a la gente contra un hombre bueno, como tal; para lograrlo, primero hay que presentarlo como un hombre malo. ¿Qué puede decirse de quienes se ocupan de este modo sino que son «generación de víboras», cría de la antigua «Serpiente», ese gran acusador y calumniador de los hermanos, que tienen bajo la lengua una bolsa de «veneno» que transmite muerte instantánea a la reputación a la que se aferran? Así fue David perseguido como rebelde, Cristo fue crucificado como blasfemo, y los primeros cristianos fueron torturados como culpables de incesto y asesinato. —George Horne.
Versículo 3. El hombre consta de alma y cuerpo; el cuerpo no es sino la sombra, o a lo sumo el portador del alma: es el alma la que lleva la imagen de Dios; es el alma, especialmente, por la que Cristo murió. Ahora bien, cuanto más preciosa es el alma que el cuerpo, tanto más excelentes son los auxilios y más peligrosos los enemigos que los del cuerpo. El cuerpo se alimenta con comida; pero es comida perecedera (1 Co 6:13); mas el alimento del alma es el maná celestial (Jn 6:27). De modo correspondiente, los enemigos son más dañinos, pues lo que hiere o mata el cuerpo no toca el alma; pero lo que hiere o mata el alma mata con ella el cuerpo y destruye al hombre entero. La conclusión es que, por lo tanto, el veneno del alma es mucho más horrible, espantoso y odioso que el del cuerpo; y de ese veneno habla la presente Escritura: «veneno de áspid hay debajo de sus labios».
Un texto extraño, dirán algunos, y es verdad; pero es tanto más apropiado para estos tiempos extraños en que el veneno, tanto del alma como del cuerpo, prevalece tanto. Las palabras describen en parte la naturaleza maligna y maliciosa del hombre no regenerado y pecador; y con ese fin las cita el apóstol en Romanos (Ro 3:13). El áspid es solo una criaturita, pero no poco venenosa. Una criatura tan pequeña ha sido la ruina y la muerte de muchas personas grandes; baste una por todas. Aquella real y renombrada Cleopatra, reina de Egipto, prefirió morir por la mordedura de dos áspides antes que ser llevada en triunfo a Roma por Augusto. La manera en que envenenan es esta: quien es mordido por el áspid cae de inmediato en un suave sudor y en un dulce sueño, y sus fuerzas y espíritus vitales decaen y se debilitan poco a poco hasta que muere; así, el dolor presente es leve, pero el golpe es mortal. Y tales aguijones son las lenguas, y tales espadas las palabras de los malvados. Y no es de extrañar; porque ¿qué puede salir sino palabras y acciones venenosas de quienes llevan dentro una naturaleza que es toda veneno?
El veneno del alma es solo el pecado, y este se parece al veneno en muchos aspectos. El veneno, dondequiera que entra, no se queda allí, sino que se difunde por todo el cuerpo y nunca cesa hasta haberlo infectado todo. Tal es la naturaleza del pecado: entre donde entre, se arrastra de un miembro del cuerpo a otro, y del cuerpo al alma, hasta haber infectado al hombre entero; y luego de hombre a hombre, hasta toda una familia; y no se detiene allí, sino que corre como fuego salvaje de familia en familia, hasta haber envenenado a todo un pueblo, y así a todo un país y a todo un reino. La dolorosa experiencia prueba que esto es verdad, tanto en lo tocante a las opiniones papistas, las modas ociosas, las costumbres vanas y los malos ejemplos de toda clase que, una vez puestos en marcha, se extienden por el cuerpo político de la iglesia y del estado, como una gangrena o una lepra por el cuerpo natural, o como un veneno por toda la sangre. El veneno, habiendo entrado en cualquier parte, así como busca extenderse enseguida por todo, desea sobre todo apoderarse del corazón; tal malicia y orgullo hay en su naturaleza maligna que aspira al corazón; y tal astucia y habilidad se esconde en él que, una vez que ha entrado, se arrastra en silencio y sin ser sentido hasta llegar al corazón; pero habiéndose apoderado de esa parte soberana del hombre, entonces, como un tirano, reina y se enfurece, e infectando primero la sangre vital y las partes nobles, se difunde por todas y cada una de las partes. Y tal es la naturaleza del pecado, el veneno espiritual del alma: entre donde entre, es al corazón adonde apunta, y nunca se detendrá hasta llegar allí. La verdad de esto es tan clara que las pruebas son innecesarias; porque ¿quién no sabe que los sentidos no son sino las puertas o las ventanas, pero el corazón es el trono, y el alma misma la sede del pecado? De ahí que Salomón aconseje: «Mi hijo, guarda tu corazón con toda diligencia» (Pr 4:23). —William Crashaw, en "The Parable of Poyson," 1618.
Versículo 3. «Veneno de áspid hay debajo de sus labios.» La palabra traducida «áspid», bwvke, achsub, aparece solo aquí; y quizá sea imposible determinar qué especie se quiere decir. Como la palabra, en su significado propio, parece expresar enroscarse o doblarse hacia atrás, acto común a la mayoría de las serpientes, el nombre quizá no tiene una referencia determinada; o puede ser otro nombre del pethen, mencionado en Job 20; lo cual parece haber sido también la opinión de los Setenta, pues traducen ambas palabras por aspiv, y los sigue la Vulgata (aspis). En cuanto al veneno, se observará que en las serpientes venenosas hay una glándula bajo el ojo que secreta la materia ponzoñosa, la cual es conducida, por un pequeño tubo o canal, hasta la punta de un colmillo que yace oculto en el paladar. Este colmillo es movible a voluntad de la serpiente, y se proyecta cuando está por atacar a un adversario. La situación de este veneno, que está, en cierto modo, detrás del labio superior, da gran propiedad a la expresión «veneno de áspid hay debajo de sus labios». El uso de la lengua hebrea hace nada improbable que el colmillo mismo se llame Nwvl lashon, una lengua, en el presente texto; y entonces se podría decir que una serpiente afila su lengua cuando, al prepararse para atacar, proyecta sus colmillos. No vemos ninguna explicación por la cual pueda extraerse un sentido más coherente de la expresión aquí empleada. —John Kitto, en la "Pictorial Bible."
Versículo 3. A menudo se habla de la lengua de la serpiente como la sede de su veneno. Es lenguaje popular, no científico. —William Swan Plumer.
Versículo 3. Áspid. La palabra acshub (que se pronuncia ak-shub) aparece solo en este pasaje. Se desconoce la especie precisa que esta palabra representa. Buxtorf, sin embargo, explica la palabra como el Escupidor, "illud genus quod venenum procul exspuit." Ahora bien, si aceptamos esta derivación, debemos tomar la palabra acshub como sinónimo de pethen. Ya hemos identificado el Pethen con la Naja haje, una serpiente que tiene el poder de expulsar el veneno a cierta distancia, cuando está fuera del alcance de su enemigo. Si la serpiente realmente pretende expulsar el veneno, o si simplemente es lanzado de los colmillos huecos por la fuerza del golpe repentinamente detenido, es incierto. Que la cobra Haje puede expulsar su veneno es un hecho reconocido, y los colonos holandeses del Cabo han estado tan familiarizados con este hábito que han llamado a este reptil con el nombre de Spuugh Slange, o Serpiente Escupidora, nombre que, si aceptamos la etimología de Buxtorf, equivale exactamente a la palabra acshub. —J. G. Wood, en "Bible Animals."
Versículos 3, 5, 8. Selah. Encontramos Selah aquí por primera vez desde el Salmo 89. Desde el Salmo 90 hasta el Salmo 140 no aparece ningún Selah. Por qué se omite en estos cincuenta no podemos decirlo, como tampoco por qué se repite tan a menudo en otros. Sin embargo, solo hay unos cuarenta Salmos en total en que se usa. —Andrew A. Bonar.
Sugerencias para el predicador
Versículo 3. El estado depravado del hombre natural en cuanto a su habla.
Salmos 140:4
Versículo 4. «Guárdame, oh Jehová, de manos del impío.» Caer en sus manos sería ciertamente una calamidad. David, en su más lastimosa situación, prefirió caer en la mano de un Dios que castiga antes que ser dejado en poder de los hombres. Ninguna criatura entre las fieras del bosque es un enemigo tan terrible para el hombre como el hombre mismo cuando lo guía el mal y lo impulsa la violencia. El Señor, por su providencia y su gracia, puede guardarnos del poder de los impíos. Solo él puede hacerlo, pues ni nuestra propia vigilancia ni la fidelidad de los amigos pueden asegurarnos contra los asaltos serpentinos del enemigo. Necesitamos ser preservados de las manos suaves tanto como de las ásperas de los impíos, pues sus lisonjas pueden dañarnos tanto como sus calumnias. Las manos de su ejemplo pueden contaminarnos, y así hacernos más daño que las manos de su opresión. Jehová debe ser nuestro guardián, o las manos malvadas harán lo que los corazones malvados han imaginado y los labios malvados han amenazado. «Líbrame del hombre injusto» (violento). Su intensa pasión lo hace terriblemente peligroso. Golpeará como sea, usará cualquier arma, herirá desde cualquier lado: está tan furioso que no le importa su propia vida si puede cumplir su detestable designio. Señor, presérvanos con tu omnipotencia cuando los hombres nos ataquen con su violencia. Esta oración es sabia y apropiada. «Que han resuelto trastornar mis pasos.» Resuelven apartar al hombre bueno de su resolución, quisieran frustrar sus designios, dañar su integridad y arruinar su carácter. Sus propios pasos son malvados, y por eso odian los del justo, pues son para ellos una reprensión permanente. Este es un argumento poderoso para usar en la oración ante Dios: él es el patrono de la santidad, y cuando las vidas puras de su pueblo corren peligro de ser trastornadas, cabe esperar que intervenga. Que los piadosos nunca olviden orar, pues esta es un arma contra la cual no puede resistir el enemigo más decidido.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 4. «Guárdame», etc. De hacer lo que ellos hacen, o lo que querrían que yo hiciera, o lo que ellos se prometen que yo haré. —Matthew Henry.
Versículo 4. «Líbrame del hombre violento.» La segunda parte de la primera frase de este versículo es la misma que la segunda frase de Sal 140:1, que parece el estribillo del canto. —"Speaker's Commentary."
Versículo 4. «Trastornar mis pasos.» Quitarme los pies de debajo, destruir el fundamento de la fe, la fuerza para avanzar en las buenas obras, para que volvamos atrás del camino de salvación, o caigamos en él, o, en todo caso, andemos muy lentamente por él. —Neale y Littledale.
Sugerencias para el predicador
Versículo 4. (primera parte). Una oración sabia. Los impíos calumniarán, oprimirán o extraviarán, adularán y contaminarán. Nadie puede guardarnos sino el Señor.
Salmos 140:5
Versículo 5. «Han escondido lazo para mí los soberbios.» Soberbios como son, se rebajan a esta acción mezquina: usan un lazo, y lo esconden, para que su víctima sea tomada como una pobre liebre a la que se mata sin aviso, matada en su senda habitual, por un lazo que no podía ver. Los enemigos de David querían enlazarlo en su camino de servicio, el curso habitual de su vida. Saúl tendió muchos lazos a David, pero el Señor lo preservó. A nuestro alrededor hay lazos de una clase u otra, y bien guardado, sí, divinamente guardado, estará quien nunca caiga en ninguno de ellos. «Y cuerdas.» Con estas cierran la red, y con estas atan a su cautivo. Así hacen los cazadores de aves y los que atrapan ciertos animales grandes. Las cuerdas del amor son agradables, pero las cuerdas del odio son crueles como la muerte misma. «Tendieron red junto a la senda.» Donde estará cerca de su presa; donde la más leve desviación del camino meterá en ella a la víctima. Sin duda el borde del camino común debería ser seguro: los hombres que se salen del camino bien pueden ser atrapados en una red, pero el camino del deber es proverbialmente el camino de la seguridad; sin embargo, no es seguro en ninguna parte cuando andan sueltas personas malintencionadas. Las aves son atrapadas con redes, y los hombres con engaño. Satanás instruye a sus hijos en el arte de cazar aves, y muy pronto aprenden a tender redes: quizá ya lo han estado haciendo para nosotros; hagamos nuestra súplica a Dios al respecto. «Me han puesto lazos.» Un instrumento de destrucción no basta; tienen tanto miedo de perder su presa que multiplican sus trampas, usando diversos ardides, para que de un modo u otro atrapen a su víctima. Los que evitan el lazo y la red aún pueden caer en una trampa, y por eso las trampas se colocan en todos los lugares probables. Si un hombre piadoso puede ser engatusado, o sobornado, o intimidado, o hecho enojar, los impíos lo intentarán. Están listos para torcer sus palabras, malinterpretar sus intenciones y desviar sus esfuerzos; listos para adular, mentir y rebajarse hasta lo sumo con tal de cumplir su abominable propósito. Selah. El arpa necesita afinarse después de tal tono, y el corazón necesita ser elevado hacia Dios.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 5. «Han escondido lazo para mí los soberbios, y cuerdas.» El siguiente relato ilustra cómo han usado cuerdas los ladrones tan recientemente como el año 1822: «Dos hábiles jefes de dacoits, habiendo reunido unos cuarenta seguidores y repartido entre ellos diez mosquetes de mecha, diez espadas y veinticinco lanzas, tendieron una emboscada a un cargamento de dinero que iba de la tesorería del recaudador nativo en Budrauna a Goruckpore. El botín consistía en 1.200 libras esterlinas, y lo custodiaban un naik, o cabo, con cuatro cipayos y cinco jinetes. Tenía que pasar por una densa jungla, y se resolvió —dijo uno de ellos años después— que el ataque tuviera lugar allí; que atáramos fuertes cuerdas atravesadas en el camino por delante y festoneadas en los árboles a ambos lados, y, a cierta distancia por detrás, cuerdas semejantes festoneadas en los árboles de un lado, y listas para sujetarse al otro tan pronto como la escolta de jinetes y soldados de a pie estuviera bien metida entre ellas. Terminados estos preparativos, la banda se tendió a ambos lados del camino esperando pacientemente a su presa. "Hacia las cinco de la mañana —continuó el narrador— oímos una voz como si invocara el nombre de Dios (Alá), y uno de la banda se levantó al oírla y dijo: '¡Aquí viene el tesoro!' Pusimos cinco hombres al frente con sus mosquetes cargados, no con bala sino con perdigones, para evitar, si era posible, matar a nadie. Cuando tuvimos a los jinetes, la infantería y el tesoro dentro del espacio, las cuerdas de atrás se tendieron a través del camino y se aseguraron a los árboles del lado opuesto, y abrimos fuego sobre el grupo desde todos lados. Los soldados de a pie se metieron en la jungla a los lados del camino, y los jinetes trataron de pasar por encima de las cuerdas en ambos extremos, pero en vano." El cabo y un caballo murieron; dos jinetes quedaron heridos, y el tesoro fue llevado a pesar de una ardiente persecución.» —De "Popular Account of the Thugs and Dacoits of India", de James Hutton, 1857.
Versículo 5. «Han escondido lazo para mí los soberbios, y cuerdas.» Había «una trampa escondida para él con cuerdas»; una trampa hundida en algún sendero frecuentado, siempre cubierta de hierba o de ramaje, con largas cuerdas atadas a cada lado, por las cuales el cazador, emboscado a poca distancia, podía cerrarla cuando viera la presa pisar el lugar. Pero la red tendida para él por sus enemigos se extendía hasta el mismo «borde del campamento», lo cual indica que incluso entre los soldados que estaban acostados a su alrededor había algunos que habían sido sobornados y persuadidos para vigilarlo y traicionarlo. —Benjamin Weiss, en "A New Translation of the Psalms, with Notes," 1858.
Versículo 5. Lazo. Red. Trampas. Los diversos usos a los que se aplicaban respectivamente los artificios designados por las palabras hebreas así traducidas no parecen bien averiguados. En general el salmista alude a los ardides empleados para capturar aves o fieras. Es, sin embargo, una circunstancia curiosa, como observa Thevenot, que algunos orientales emplean literalmente artificios de esta clase contra los hombres además de contra otros animales. «Los ladrones más astutos del mundo —dice— están en este país. Usan cierto lazo con nudo corredizo, que echan con tanta destreza al cuello de un hombre cuando lo tienen al alcance, que nunca fallan, de modo que lo estrangulan en un instante.» —Richard Mast.
Sugerencias para el predicador
Versículo 5. Los peligros de la sociedad.
- El secreto de los ataques de los impíos: «han escondido lazo».
- La variedad de sus armas: «y cuerdas».
- La astuta elección de posición: «junto a la senda».
- El objeto de sus designios: «para mí»: desean destruir al hombre mismo.
Versículo 5. La red junto a la senda, o tentaciones encubiertas; tentaciones traídas cerca y aplicadas a la vida diaria.
Salmos 140:6
Versículo 6. «He dicho a Jehová: Dios mío eres tú.» Este era el sostén y la esperanza de David. Estaba seguro de que Jehová era su Dios, expresó esa seguridad, y la expresó ante el mismo Jehová. Tiene que ser buena y plena la seguridad que un hombre se atreve a presentar ante el rostro del Señor que escudriña los corazones. El salmista, cuando los hombres lo cazaban, se dirigió a Dios. A menudo, cuanto menos digamos a nuestros enemigos y más digamos a nuestro mejor Amigo, mejor nos irá: si hemos de decir algo, que se diga al Señor. David se gozaba en el hecho de haber dicho ya que Jehová era su Dios: estaba contento de haberse comprometido, no deseaba retroceder. El Señor era de David por elección deliberada, a la cual vuelve a poner su sello con deleite. Los impíos rechazan a Dios, pero los justos lo reciben como suyo, su tesoro, su placer, su luz y su deleite. «Escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos.» Ya que eres mío, te ruego que oigas mis clamores. No podemos pedir este favor al dios de otro hombre, pero podemos buscarlo en nuestro propio Dios. Las oraciones de los santos tienen voz; son súplicas expresivas aun cuando suenan como gemidos inarticulados. El Señor puede discernir una voz en nuestras esperas, y puede y quiere atenderla. Porque es Dios puede oírnos; porque es nuestro Dios nos oirá. Con tal que el Señor nos oiga estamos contentos: la respuesta puede ser conforme a su propia voluntad, pero suplicamos ser oídos: un alma angustiada agradece a cualquiera que sea bastante bondadoso y paciente para escuchar su relato, pero especialmente agradece una audiencia con Jehová. Cuanto más consideremos su grandeza y nuestra insignificancia, su sabiduría y nuestra necedad, más nos llenaremos de alabanza cuando el Señor atienda nuestro clamor.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 6. «La voz de mis ruegos.» La única seguridad para la gente sencilla e iletrada cuando la asaltan los argumentos astutos de herejes e incrédulos no es la controversia, sino la oración, un arma que sus adversarios rara vez usan y no pueden entender. —Bruno de Asti, 1123.
Sugerencias para el predicador
Versículo 6.
- El lenguaje de la seguridad.
- El ruego de ser aceptado en la oración.
Versículos 6-7. David se consolaba,
- En su interés en Dios: «He dicho... Dios mío eres tú».
- En su acceso a Dios: tenía permiso para hablarle, y podía esperar una respuesta de paz: «Escucha», etc.
- En la seguridad que tenía de la ayuda de Dios y de la felicidad en él (Sal 140:7).
- En la experiencia que antes tuvo del cuidado de Dios por él: «Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla». —Matthew Henry.
Versículos 6-8. Tres argumentos que alegar en una oración de protección.
- La propiedad pactada del creyente en Dios. «He dicho... Dios mío eres tú».
- Las misericordias pasadas de Dios. «Tú pusiste a cubierto», etc.
- Lo impropio de que se anime a los impíos en su impiedad, Sal 140:8. —J. F.
Versículos 6-12. Los consuelos del creyente en tiempo de angustia.
- Qué puede decir.
- Qué puede recordar.
- De qué está seguro.
Versículos 6-7, 12-13. Los tiempos de asalto, calumnia y tentación deben ser tiempos especiales de oración y fe. David pone aquí de relieve cinco cosas.
- Posesión afirmada. a) La posesión: «Mi Dios». Opuesto a los ídolos. Amado por sí mismo. b) La reclamación publicada. c) El testigo elegido. Secreto. Sagrado. Escudriñador. d) La ocasión escogida.
- Petición presentada. a) Sus oraciones eran frecuentes. b) Sus oraciones estaban llenas de significado. c) Sus oraciones iban dirigidas a Dios. d) Sus oraciones necesitaban atención divina.
- Preservación experimentada. a) Dios había sido su escudero. b) Dios había guardado su parte más vital. c) Dios lo había salvado. d) Se había mostrado la fuerza de Dios.
- Protección esperada. a) Dios es un Juez justo. b) Dios es un Amigo compasivo. c) Dios es un Guardián bien conocido.
- Alabanza predicha. a) Alabanza asegurada por la gratitud. b) Alabanza expresada con palabras. c) Alabanza implícita en la confianza. d) Alabanza practicada en la comunión.
Salmos 140:7
Versículo 7. «Oh Jehová Señor, potente salvador mío, tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.» Cuando miraba atrás a los peligros y liberaciones pasados, el hombre bueno sentía que habría perecido si el Señor no hubiera sostenido un escudo sobre su cabeza. En el día del choque de armas, o de ponerse la armadura (como leen algunos), el glorioso Señor había sido su constante Protector. Goliat tenía su escudero, y también Saúl, y cada uno de ellos guardaba a su amo; sin embargo, tanto el gigante como el rey perecieron, mientras que David, sin armadura ni escudo, mató al gigante y burló al tirano. El escudo del Eterno es mejor protección que un yelmo de bronce. Cuando las flechas vuelan espesas y el hacha de guerra restalla a derecha e izquierda, no hay cubierta para la cabeza como el poder del Todopoderoso. ¡Mira cómo el hijo de la providencia glorifica a su Preservador! No lo llama solo su salvación, sino la fortaleza de ella, por cuya fuerza sin rival había podido sobrevivir a la astucia y la crueldad de sus adversarios. Había obtenido una liberación en la que se veía claramente la fuerza del Omnipotente. Esta es una gran expresión de alabanza, un fundamento misericordioso de consuelo, un argumento poderoso en la oración. Quien ha cubierto nuestra cabeza en otro tiempo no nos abandonará ahora. Por tanto, peleemos la buena batalla y no temamos herida mortal: el Señor Dios es nuestro escudo, y nuestro galardón sobremanera grande.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 7. «Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.» Hebreo, de armadura. Pues David en verdad nunca tuvo batalla con Saúl, sino que la rehuyó; pero Saúl se armó a menudo contra él; mas entonces la providencia de Dios lo cubrió como un escudo; pero se menciona solo la cabeza para representar todo su cuerpo, porque es a ella a la que principalmente apunta el enemigo, por ser donde reside principalmente la vida. —John Mayer.
Versículo 7. «Tú pusiste a cubierto mi cabeza», etc. Es decir, yo no tenía otro yelmo ni otra armadura que tu poder omnipotente el día en que luché con Goliat. 1 S 17:39-40, 50. —Thomas Fenton.
Versículo 7. «Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.» Un capitán o príncipe tenía siempre a su lado en la batalla un escudero, cuyo deber era «cubrir la cabeza de su señor», es decir, desviar con el escudo los golpes dirigidos a su cabeza, que, en el calor del combate, hubieran escapado a su propia atención. —Benjamin Weiss.
Salmos 140:8
Versículo 8. «No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos.» Aun ellos dependen de ti; no pueden hacer más de lo que tú permites. Tú los refrenas; ni un perro de ellos puede mover la lengua sin tu venia y licencia. Por eso te ruego que no los dejes salirse con la suya. Aunque se atrevan a orar a ti, no oigas sus oraciones contra los hombres inocentes. Ciertamente el Señor Jehová no será cómplice de los malévolos; sus deseos nunca serán los deseos de él; si tienen sed de sangre, él no satisfará su crueldad. «No saques adelante su pensamiento.» Están tan unidos que son como un solo hombre en sus deseos; pero no oigas sus oraciones. Aunque se den la mano y deseen y tracen planes como un solo hombre, no les prestes tú la ayuda de tu providencia. No permitas que sus malignos proyectos tengan éxito. El Señor puede permitir que el éxito acompañe a la política de los impíos por un tiempo, por razones sabias que desconocemos, pero se nos permite orar para que no sea así. La petición «Líbranos del mal» incluye y permite tal súplica. «Para que no se ensoberbezcan.» Si tienen éxito, los impíos seguramente se enorgullecerán e insultarán a los justos sobre quienes han triunfado, y esto es un mal tan grande y tan deshonroso para Dios que el salmista lo usa en su súplica como argumento para que no se les permita prosperar. La gloria de los impíos se opone a la gloria de Dios. Si Dios parece favorecerlos, se alzan demasiado para este mundo, y sus cabezas chocan contra los cielos. Esperemos que el Señor no permita que esto suceda. Selah. Aquí elevemos nuestros pensamientos y alabanzas por encima de las cabezas de los pecadores que se ensalzan a sí mismos. Cuanto más suban ellos en presunción, más alto subamos nosotros en confianza.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 8. «Su pensamiento impío»; que es destruirme. «Se ensoberbezcan»; no solo contra mí, sino contra ti también, como si con su poder y su política hubieran frustrado tu designio y la promesa que me hiciste. —M. Pool.
Salmos 140:9
Versículo 9. «En cuanto a los que por todas partes me rodean, la maldad de sus propios labios cubra su cabeza.» Al Señor que había cubierto su cabeza en medio del estruendo de las armas, el salmista apela contra sus enemigos, para que sus cabezas sean cubiertas en un sentido muy distinto: cubiertas con la recompensa de su propia malicia. Los enemigos de David eran tantos que lo cercaban, rodeándolo como hacen los cazadores con su presa. No es de extrañar que se vuelva al Señor en su extrema necesidad. El poeta presenta a sus adversarios tan unidos que tienen una sola cabeza; pues a menudo hay entre los espíritus malvados una unanimidad que los hace más fuertes y terribles para sus viles propósitos. La lex talionis, o ley de la retribución, hace caer a menudo sobre los hombres violentos el mal que planearon y de que hablaron contra otros: sus flechas caen sobre ellos mismos. Cuando los labios de un hombre lanzan maldiciones, probablemente, como los pollos, volverán a casa a dormir. Una piedra arrojada hacia el aire suele caer sobre la cabeza del que la lanzó. Las palabras de David pueden leerse en futuro como una profecía; pero en este versículo, en todo caso, no hay necesidad de hacerlo para suavizar su tono. Es tan justo que la maldad que los hombres traman y la calumnia que pronuncian recaigan sobre ellos mismos, que todo hombre justo debe desearlo: quien no lo desea quizá quiera ser considerado humano y semejante a Cristo, pero lo probable es que esté secretamente de acuerdo con los impíos, o carezca de un sentido viril de lo bueno y lo malo. Cuando los hombres malos caen en los hoyos que cavaron para los inocentes, creemos que hasta los ángeles se alegran; ciertamente los más suaves y tiernos de los filántropos, por mucho que compadezcan a los que sufren, deben aprobar también la justicia que los hace sufrir. Sospechamos que a algunos de nuestros críticos excesivamente melosos solo les haría falta ponerse en el lugar de David, y se volverían muchísimo más amargos de lo que él fue jamás.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 9. «En cuanto a los que por todas partes me rodean», etc. Dios, dice, había cubierto su cabeza en el día de batalla; ahora, por el contrario, muestra qué debería cubrir la cabeza de sus enemigos, a saber, que les viniera lo que con sus labios habían hablado maliciosamente contra él; pues puede traducirse así: «La cabeza de mi sitiador, cúbrala la aflicción de sus labios»; y en cuanto a la maldición, «sea cubierto de maldición como con un manto». —John Mayer.
Versículo 9. «Los que me rodean.» Para una explicación de esta expresión remitimos al lector a "The Treasury of David", vol. 1, p. 387, donde encontrará dos extractos muy pertinentes de J. Stevenson y del Dr. Shaw.
Versículo 9. «La maldad de sus propios labios.» El orgullo y la altivez de los judíos en el día de nuestro Señor trajeron sobre ellos las armas romanas y los hicieron caer en una ruina irremediable. Invocaron su propio destino al exponerse a una invasión de Roma; pero lo hicieron aún más en aquel terrible clamor: «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos». —William Hill Tucker, en "The Psalms, with Notes, Shewing their Prophetic and Christian Character," 1840.
Versículos 9-10. Tales pasajes admiten traducción en futuro, y son más predicciones que imprecaciones. —Ingram Cobbin, 1839.
Versículos 9-11. El profeta, en estos tres versículos, predijo aquellos justos juicios que el cielo infligirá a los calumniadores y perseguidores de los justos. Sus labios, que pronunciaron maldad contra otros, serán el medio de cubrirlos de confusión, cuando por su propia boca sean juzgados. Esas lenguas que han contribuido a poner el mundo en llamas serán atormentadas con los ardientes carbones encendidos de la venganza eterna; y quienes con tanto afán y diligencia han preparado hoyos para la destrucción de sus hermanos serán arrojados a un pozo profundo y sin fondo, del cual no se levantarán nunca más. Los maldicientes y los falsos acusadores no lograrán establecimiento duradero, sino que el castigo perseguirá el pecado por todos sus rodeos y lo atrapará al fin como su presa legal. Que estas grandes verdades se arraiguen firmemente en nuestros corazones, y nos mantendrán firmes en los peores tiempos. —George Horne.
Sugerencias para el predicador
Versículo 9. Cómo el pecado de los maldicientes vuelve a ellos. —W. B. H.
Salmos 140:10
Versículo 10. «Caigan sobre ellos brasas.» Entonces sabrán que esparcir los tizones no es el juego que pensaban. Cuando desciendan sobre ellos granizo y brasas de fuego, ¿cómo escaparán? Hasta los cielos sobre los impíos son capaces de repartirles venganza. «Sean echados en el fuego.» Han encendido las llamas de la contienda, y es justo que sean echados en ellas. Han calentado el horno de la calumnia siete veces más de lo acostumbrado, y serán devorados en él. ¿Quién habría compadecido a Nabucodonosor si lo hubieran arrojado a su propio horno de fuego ardiente? «En abismos profundos, de donde no salgan.» Hicieron esas zanjas o fosos para los piadosos, y es conveniente que ellos mismos caigan en ellos y nunca escapen. Cuando un justo cae, se levanta de nuevo; pero cuando el impío cae, «cae como Lucifer, para no volver a tener esperanza». El salmista pinta gráficamente en este pasaje la Sodoma del perseguidor impío: el fuego cae sobre él desde el cielo; la ciudad arde, y él es arrojado a la conflagración; el valle de Sidim está lleno de pozos de asfalto, y a ellos es arrastrado. Un juicio extraordinario alcanza al ofensor extraordinario: arriba, alrededor, abajo, todo es destrucción. Él habría consumido a los justos, y ahora es consumido él mismo. Así será: así sea.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 10. «Caigan sobre ellos brasas», etc. El salmista parece aludir aquí a la destrucción de los sodomitas. En estas imprecaciones consideraba a sus enemigos como enemigos de Dios más que como suyos; y así los maldecía sabiendo, en calidad de profeta, que Dios mismo los había maldecido; y por tanto esta clase de imprecaciones no autorizan a otras personas a maldecir a sus enemigos. —Thomas Fenton.
Versículo 10. «Caigan sobre ellos brasas», etc. Una imprecación que (con la semejante anterior, Sal 9:6, etc.) es una profecía; y una que, aunque no se ha cumplido en el caso de los enemigos de David ni de ningún perseguidor de la iglesia en tiempos pasados, vuelve a presentar vívidamente a la mente el juicio de fuego de la venida del Señor, y la terrible sentencia ya pronunciada contra «la bestia y el falso profeta», los jefes de la confederación de los reyes de la tierra y sus ejércitos, entonces «reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo» —«estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre»: Ap 19:19-20. Así también antes, Sal 55:15; 63:9. —William De Burgh.
Salmos 140:11
Versículo 11. «El hombre deslenguado no será firme en la tierra.» Porque eso sería una plaga establecida, una maldición perpetua. Los hombres de lenguas falsas y crueles son de mayor utilidad cuando van a abonar el suelo donde se pudren como cadáveres: mientras viven son el terror de los buenos y el tormento de los pobres. Dios no permitirá que los oradores especiosos de la falsedad conserven el poder que obtienen temporalmente con su hablar engañoso. Pueden hacerse prominentes, pero no pueden hacerse permanentes. Serán desposeídos y desestablecidos a pesar de todo lo que puedan decir en contra. Todo mal lleva dentro de sí el elemento de la decadencia; pues ¿qué es sino corrupción? Por eso las máximas fuerzas de la oratoria son insuficientes para asentar sobre un fundamento seguro la causa que lleva dentro una mentira. «El mal cazará al hombre injusto para derribarlo.» Él cazó a los buenos, y ahora su propio mal lo cazará a él. Trató de trastornar los pasos de los justos, y ahora su propia injusticia demostrará ser su ruina. Como fue violento, así será violentamente asaltado y acosado. El pecado es su propio castigo; un hombre violento no necesitará condena más terrible que cosechar lo que sembró. Es horrible que un cazador sea devorado por sus propios perros; pero este es el destino seguro del perseguidor.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 11. «No será firme el hombre deslenguado» (hombre lleno de lengua), etc. El hombre dado a la charla, el mentiroso, el adulador, el detractor, el regañón, el pendenciero, «no será firme en la tierra», porque tales personas son aborrecidas tanto por los malos como por los buenos. —Robert Bellarmine.
Versículo 11. «No será firme el hombre deslenguado», etc. Las proposiciones establecidas en este versículo hallarán abundante ilustración en todas las épocas de la iglesia. «El deslenguado», que se deleita en herir la reputación de otros, rara vez se establece o prospera en la tierra. La providencia pelea contra tan desdichado miserable. «El hombre violento», el ismaelita cuya mano está contra todos, es en general derribado por las mismas armas que esgrime contra otros. —John Morison.
Versículo 11. Deslenguado. Con «hombre de lengua», como dice el original, los hebreos expresan un detractor o sicofante; uno que da libertad a su lengua para soltar el daño que le plazca. El caldeo lo expresa aquí con un delator o vil informante de lengua triple o trífida; porque tal hombre hiere a tres a la vez: al que escucha, al que sufre y a sí mismo. —Thomas Fenton.
Versículo 11. «El mal cazará al hombre injusto para derribarlo.» Es una alusión a los sabuesos de olfato rápido, que persiguen la presa con placer; no ven el ciervo ni la liebre, pero siguen el rastro; y aunque a veces el rastro es muy frío y casi muerto, aun así lo siguen y lo descifran. Así «el mal cazará al hombre injusto para derribarlo»; y aunque a veces él, por así decirlo, ha salido de la vista del mal y se cree a cubierto, estos males, como una jauría de perros voraces, perseguirán hasta alcanzarlo y derribarlo. —Joseph Caryl.
Sugerencias para el predicador
Versículo 11. (primera parte.)
- Observen algunas variedades de deslenguados. a) Mentirosos; el mentiroso común, el mentiroso de oficio, el mentiroso de la bolsa, el mentiroso político, etc. b) Chismosos. c) Blasfemos y juramentadores. d) Libertinos y seductores. e) Escépticos e inventores de nuevas teologías.
- Lo apropiado de la oración. a) Porque la maledicencia es intrínsecamente una cosa mala. b) Es una cosa ampliamente dañina. c) Quien quiere que se establezca la verdad de Dios necesariamente desea que la maledicencia fracase.
- La limitación de la oración: «En la tierra». a) Es cierto que un deslenguado no puede establecerse en el cielo ni en el infierno. b) La tierra es la única esfera de su influencia; pero, ¡ay!, los hombres en la tierra son demasiado propensos a ser influidos por él. c) Entonces, háganse justos y veraces, por la fe en el Justo y en la «Verdad». —J. F.
Versículo 11. (segunda parte.) El cazador cruel perseguido por sus propios perros.
Versículo 11. (segunda parte.) Tema: los pecados cometidos y no arrepentidos persiguen a los hombres hasta su ruina.
- Ilustrar. a) Pueden levantar una fuerza de oposición de parte de los hombres. Tarquino, Napoleón, etc. b) Pueden precipitar la ruina, como Amán fue cazado por su propio pecado hasta la horca. c) Pueden despertar un remordimiento destructor, como en Judas. d) Ciertamente perseguirán hasta el tribunal del juicio, y cazarán el alma hasta el infierno.
- Aplicar. a) Qué cosa tan terrible debe de ser el pecado. b) Es más terrible por ser creado por uno mismo. c) Huyan de los perseguidores vengadores hacia Cristo, el único y seguro refugio. —J. F.
Versículo 11. (segunda parte.) La caza y persecución del pecador violento.
- El progreso de la cacería. a) Al principio la víctima la ignora. b) Pero pronto encuentra a la Escritura, la conciencia, Dios y la Muerte pisándole los talones. c) Sus propios pecados claman más fuerte tras él.
- El desenlace de la caza. Acorralado, derribado, perdido para siempre, a menos que se arrepienta.
- Otro Cazador. «El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». —W. B. H.
Salmos 140:12
Versículo 12. «Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados.» A lo largo de todo el salmo el escritor está valientemente confiado, y habla de cosas de las que no tenía duda: de hecho, ningún salmo puede ser más grandiosamente positivo que esta protesta contra la calumnia. El santo calumniado conocía el cuidado de Jehová por los afligidos, pues él mismo había recibido pruebas reales de ello. «Yo lo sostendré» es el lema del gran Defensor de los derechos de los necesitados. ¡Qué confianza debería esto crear en el pecho de los perseguidos y empobrecidos! Los prósperos y ricos pueden sostener su propia causa, pero los que no lo son descubrirán que Dios ayuda a quienes no pueden ayudarse a sí mismos. Muchos hablan como si los pobres no tuvieran derechos dignos de atención, pero tarde o temprano descubrirán su error cuando el Juez de toda la tierra empiece a litigar con ellos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 12. «Yo sé.» Porque tengo una promesa de ello, y esa es infalible. —John Trapp.
Versículos 12-13. «Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa», etc. Pero ¿cómo está el salmista tan seguro? «Ciertamente los justos alabarán tu nombre»: como si dijera: Tú tienes un nombre de Dios bondadoso y fiel en tu promesa, y no permitirás nunca que sea manchado por fallar en tu obra. Cristiano, puedes aventurar todo lo que vales sobre la fe pública del Cielo: «Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces». El que no permite que un mentiroso o violador del pacto ponga pie en su santo monte, mucho menos permitirá que entre en su propio santísimo corazón un solo pensamiento de falsedad o infidelidad. —William Gurnall.
Sugerencias para el predicador
Versículo 12.
- El hecho conocido.
- Las razones para estar tan seguro de él.
- La conducta que surge del conocimiento.
Versículo 12. Algo que vale la pena saber.
- Por los afligidos y los pobres que confían en el Señor.
- Por los opresores que afligen y hacen el mal.
- Por todos los hombres, para que confíen en el Señor y lo alaben por su compasión hacia los necesitados y por su justicia imparcial. —J. F.
Versículos 12-13.
- Confianza en todas las circunstancias (Sal 140:12).
- Gratitud por todas las cosas: «Los justos alabarán tu nombre».
- Seguridad en todo tiempo: «Los rectos morarán en tu presencia». —G. R.
Salmos 140:13
Versículo 13. «Ciertamente los justos alabarán tu nombre.» El salmo anterior tuvo su «ciertamente», pero este es más agradable. Tan seguro como que Dios matará a los impíos, salvará a los oprimidos y llenará sus corazones y sus bocas de alabanzas. Quienquiera que calle, los justos darán gracias; y sea cual fuere lo que sufran, el asunto terminará en que vivirán a través de la prueba y magnificarán al Señor por su gracia libertadora. En la tierra dentro de poco, y en el cielo para siempre, los de limpio corazón cantarán al Señor. ¡Cuán fuertes y dulces serán los cantos de los redimidos en la era milenaria, cuando los mansos hereden la tierra y se deleiten en abundancia de paz! «Los rectos morarán en tu presencia.» Así darán gracias del modo más verdadero y pleno. Este permanecer ante el Señor le rendirá «canciones sin palabras», y por eso tanto más espirituales y verdaderas. Su vivir y andar con su Dios será su forma práctica de gratitud. Sentados en santa paz, como hijos a la mesa de su padre, sus miradas y palabras gozosas expresarán su alta estima y ferviente amor a quien ha llegado a ser su morada. ¡Cuán alto hemos subido en este salmo: de ser cazados por el hombre malo a morar en la presencia divina! Así levanta la fe al santo desde las más bajas profundidades hasta las alturas del reposo apacible. Bien podía el canto estar salpicado de Selahs, o elevadores.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 13. «Ciertamente los justos alabarán tu nombre», etc. Nos enseña dos cosas: primero, que conviene a los piadosos mostrarse continuamente agradecidos, porque Dios es continuamente misericordioso con ellos; segundo, cuál es el estado y la condición excelentes de los hijos de Dios, que, aunque todavía no se manifiesta, al final estallará con plenitud de gloria. —Thomas Witcocks.
Versículo 13. «Los rectos morarán en tu presencia.» «Se sentarán en tu presencia», como tus amigos, o huéspedes, o siervos favorecidos. Quizá pueda significar se sentarán (entronizados) ante ti. Compárese con Mt 19:28. Algunos entienden que el sentido es morarán (en la tierra) delante de ti, es decir, bajo tu protección e inspección. —Joseph Addison Alexander.
Sugerencias para el predicador
Versículo 13. Una de las formas más nobles de alabanza: morar en la presencia de Dios. O bien, reverente consideración de la presencia de Dios, santa comunión con el Señor, reposo confiado en el trato de Dios, obediente cumplimiento de la voluntad celestial: la mejor manera de dar gracias a Dios.
Versículo 13. Dos afirmaciones fuera de toda contradicción.
- Los justos darán gracias a Dios sin falta, aunque otros sean tan desagradecidos como quieran. Porque, a) Reconocen que todo su bien viene de Dios. b) Se dan cuenta de que son indignos del bien que reciben. c) Anhelan hacer lo recto, porque son justos; y eso implica acción de gracias. d) La gratitud es parte del gozo que se deriva de lo que disfrutan.
- Los rectos morarán sin falta en la presencia de Dios. a) En el sentido de poner al Señor delante de ellos. b) En el sentido de una comunión presente y permanente con Dios. c) En el sentido de gozar de la aprobación de Dios. d) En el sentido de morar en el cielo para siempre. —J. F.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.