El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 142: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
TÍTULO. Masquil de David. Este Masquil está escrito para nuestra instrucción. Nos enseña principalmente con el ejemplo cómo ordenar nuestra oración en tiempos de angustia. Tal instrucción es de las partes más necesarias, prácticas y eficaces de nuestra educación espiritual. El que ha aprendido a orar ha sido enseñado en la más útil de las artes y ciencias. Los discípulos dijeron al Hijo de David: «Señor, enséñanos a orar»; y aquí David nos da una valiosa lección registrando su propia experiencia en cuanto a la súplica desde debajo de una nube.
Oración cuando estaba en la cueva. Estaba en uno de sus muchos escondites, ya fuera Engadi, Adulam u otra caverna solitaria donde pudiera ocultarse de Saúl y de sus sabuesos. Las cuevas son buenos aposentos para la oración; su penumbra y soledad ayudan al ejercicio de la devoción. Si David hubiera orado tanto en su palacio como en su cueva, quizá nunca habría caído en el acto que trajo tanta miseria a sus últimos días. TEMA. Hay poca duda de que este cántico data de los días en que Saúl perseguía duramente a David, y el mismo David estaba en angustia de alma, probablemente producida por aquella debilidad de fe que lo llevó a asociarse con príncipes paganos. Su fortuna estaba evidentemente en su punto más bajo y, lo que era peor, su reputación había caído terriblemente; sin embargo, mostró una fe verdadera en Dios, a quien dio a conocer sus apremiantes penas. La penumbra de la cueva está sobre el salmo, y sin embargo, como de pie a la boca de ella, el profeta poeta ve una luz brillante un poco más allá.
Notas explicativas y dichos pintorescos
TÍTULO. Llama a esta oración Masquil, «salmo de instrucción», por las buenas lecciones que él mismo había aprendido en la cueva, aprendidas de rodillas, y tan bien aprendidas que deseaba enseñarlas a otros. —Matthew Henry.
Título. Oración cuando estaba en la cueva. Cada parte de este salmo muestra lo apropiado de su inscripción o título. Menciona expresamente que estaba en un lugar donde se hallaba completamente encerrado, donde no veía método posible de escapar, por no tener amigos que se atrevieran a reconocerlo y aparecer en su liberación, y cuando todos parecían abandonarlo y haber desistido de todo cuidado de su seguridad y de su vida. Esto lo describe patéticamente, y en términos que no pueden dejar de mover los tiernos afectos de todo el que los considere. Al primer sentimiento de su peligro, encerrado en una cueva, rodeado por tres mil soldados escogidos, estrechamente vigilado por un enemigo atento que no escatimaría arte ni esfuerzo para apresarlo, parece casi haber desesperado de sí mismo, y declara que su espíritu está completamente abrumado por la grandeza de su angustia. Por fin, recordando sus principios y las promesas que Dios le había hecho, suplica con ahínco la protección de Dios y se asegura de que aún alabará a Dios por su liberación, y de que los buenos compartirán su gozo y rodearán el altar de Dios con acción de gracias por la misericordia que le había mostrado. —Samuel Chandler.
Título. «La cueva.» Dejando nuestros caballos al cuidado de unos árabes, y tomando a uno por guía, partimos hacia la cueva hoy conocida como Mughâret Khureitûn, que se cree que es la cueva de Adulam, con una garganta pavorosa debajo, gigantescos riscos encima y el sendero serpenteando a lo largo de una estrecha cornisa de la roca. Por fin, desde una gran roca que colgaba al borde de la cornisa, entramos de un largo salto por una ventana baja que se abría en la cara vertical del risco. Estábamos entonces dentro del tradicional refugio de David y, arrastrándonos medio doblados por una estrecha grieta durante unas varas, nos hallamos bajo la bóveda oscura de la primera gran cámara de aquella misteriosa y opresiva caverna, 1 S 22:1-2, 2 S 23:13-17. Toda nuestra colección de luces hizo poco más que hacer visible la húmeda oscuridad. Tras tantear por allí todo el tiempo que pudimos dedicar, volvimos a la luz del día plenamente convencidos de que, con David y sus seguidores de corazón de león dentro, toda la fuerza de Israel bajo Saúl no habría podido forzar la entrada, ni siquiera lo habría intentado. —William M. Thompson.
Salmos 142:1
Versículo 1. «Con mi voz clamaré a Jehová.» Fue un clamor de tal angustia que lo recuerda mucho después y deja constancia de él. En la soledad de la cueva podía usar su voz cuanto quisiera; y por eso hizo que sus lóbregas bóvedas resonaran con sus apelaciones al cielo. Cuando no había alma en la caverna que buscara su sangre, David, con toda su alma, se ocupaba en buscar a su Dios. Sentía como un alivio para su corazón usar la voz en sus súplicas a Jehová. Había una voz en su oración cuando usó su voz para orar: no era vox et praeterea nihil. Era una oración vivo corde tanto como vivâ voce. «Con mi voz pediré a Jehová misericordia.» Insiste en el hecho de que habló en voz alta al orar; evidentemente lo tenía bien grabado en la memoria, y por eso duplica la expresión y dice: «con mi voz; con mi voz». Es bueno que nuestras súplicas sean tales que nos dé placer mirar atrás hacia ellas. El que se anima con el recuerdo de sus oraciones volverá a orar. Mira cómo la apelación del buen hombre fue solo a Jehová: no dio rodeos por los hombres, sino que corrió directamente a Jehová, su Dios. ¡Qué verdadera sabiduría hay aquí! Considera cómo la oración del salmista fue tomando forma a medida que avanzaba. Al principio derramó sus anhelos naturales: «Clamaré»; y luego reunió todo su ingenio y ordenó sus pensamientos: «Pediré misericordia». Las oraciones verdaderas pueden diferir en su dicción, pero no en su dirección: un grito improvisado y una súplica premeditada han de ascender por igual hacia el único Dios que oye la oración, y él aceptará cada una con igual prontitud. Es notable el intenso carácter personal de la oración: sin duda el salmista se alegraba de las oraciones de otros, pero no se contentaba con callar él mismo. Mira cómo todo está en primera persona: «Con mi voz clamaré; con mi voz pediré». Es bueno orar en plural —«Padre nuestro»—, pero en tiempos de angustia nos sentiremos forzados a cambiar la nota por «pase de mí esta copa».
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 1. Clamaré a Jehová. No me has remitido a ningún delegado para oír mi oración, ni exiges que traiga un portavoz que la presente; sino que me has mandado venir yo mismo, y venir a ti mismo. —Sir Richard Baker, sobre el Padrenuestro.
Versículo 1. Con mi voz. El Señor no necesita la lengua como intérprete entre él y los corazones de sus hijos. El que oye sin oídos puede interpretar las oraciones aunque no las pronuncie la lengua. Nuestros deseos son clamores en los oídos del Señor de los ejércitos. La vehemencia de los afectos puede a veces provocar el clamor de la voz; pero ¡ay!, sin ello no es más que un címbalo que retiñe... Hay un uso de las palabras en la oración, para excitar el afecto, transmitirlo y darle salida: Os 14:2, «Llevad con vosotros palabras, y volveos a Jehová; decidle: Quita toda iniquidad, y acéptanos con benevolencia». El profeta no solo prescribe que tomen afectos, sino que tomen consigo palabras. —Thomas Manton.
Sugerencias para el predicador
Versículo 1.
- Un recuerdo vívido: de lo que hizo, y cómo, y cuándo.
- Una declaración pública; de lo cual inferimos que su oración lo animó, le trajo socorro en la angustia y liberación de ella.
- Una inferencia razonable: vuelve a orar.
Versículos 1-2.
- Tiempos especiales para la oración: tiempos de queja y de angustia.
- Oración especial en tales ocasiones: «clamo», «pido misericordia», «expongo mi queja», «manifiesto mi angustia». Exponer todo el caso ante Dios, como Ezequías la carta de Senaquerib. —G. R.
Salmos 142:2
Versículo 2. «Delante de él expondré mi queja.» Su meditación interior llenaba su alma: el agua amarga subió hasta el borde; ¿qué hacer? Tenía que derramar el ajenjo y la hiel, no podía retenerlos; los deja correr como mejor pueden, para que su corazón quede vaciado de la mezcla fermentante. Pero cuidó dónde derramaba su queja, no fuera que hiciera daño o recibiera mala paga. Si la derramaba ante los hombres, solo recibiría desprecio de los soberbios, dureza de corazón de los despreocupados o simpatía fingida de los falsos; y por eso resolvió derramarla ante Dios solo, pues él se compadecería y aliviaría. La palabra apenas es «queja»; pero aun si lo es, podemos aprender de este texto que nuestra queja nunca debe ser de una clase que no nos atrevamos a presentar ante Dios. Podemos quejarnos a Dios, pero no de Dios. Cuando nos quejamos, no debe ser ante los hombres, sino ante Dios solo. «Delante de él manifestaré mi angustia.» Expuso sus penas a quien podía aliviarlas: no cayó en el equivocado plan de tantos que publican sus dolores a quienes no pueden ayudarlos. Este versículo es paralelo al primero; David primero derrama su queja, dejándola fluir de manera natural y espontánea, y luego hace una exposición más elaborada de su aflicción; igual que en el versículo anterior (Sal 142:1) empezó con el clamor y siguió hasta «pedir misericordia». Los hombres que oran oran mejor a medida que avanzan. Nota que no mostramos nuestra angustia ante el Señor para que él la vea, sino para que nosotros lo veamos a él. Es para nuestro alivio, y no para su información, por lo que exponemos claramente nuestros dolores: nos hace mucho bien presentar ordenadamente nuestra pena, pues buena parte de ella se desvanece en el proceso, como un fantasma que no soporta la luz del día; y el resto pierde mucho de su terror, porque el velo del misterio se retira con una exposición clara y deliberada de los hechos penosos. Derrama tus pensamientos y verás lo que son; expón tu angustia y conocerás su alcance: hágase todo delante del Señor, pues en comparación con su gran majestad de amor la angustia parecerá como nada.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 2. Delante de él expondré mi queja. Literalmente, mi meditación; es decir, aquello que tanto ocupaba mis pensamientos en el momento en que lo expresé en voz alta. La palabra «queja» no expresa la idea. El sentido no es que se quejara de Dios ni de los hombres, sino que su mente meditaba en su condición. —Albert Barnes.
Versículo 2. Expondré, etc. Lo hice plena, ferviente y confiadamente. —Matthew Henry.
Versículo 2. Derramé... delante de él. Estas palabras nos enseñan que en la oración no debemos tratar de reservar nada a Dios, sino mostrarle todo lo que hay en nuestro corazón, y ello en su presencia, en nuestro aposento con la puerta cerrada, pero no ante los hombres. El carmelita añade que hay mucha fuerza en las palabras con mi voz, repetidas dos veces (como en el hebreo, la Versión Autorizada, la Vulgata, etc.) para mostrarnos que debemos orar a Dios directamente por nosotros mismos y en persona, y no contentarnos con un Ora pro me dirigido a algún otro. —Casiodoro y Ayguan, en Neale y Littledale.
Versículo 2. Delante de él manifestaré mi angustia. Sé muy concreto en la oración secreta, tanto en cuanto a pecados como a necesidades y misericordias... No te avergüences de exponer todas tus necesidades. David argumenta porque es «pobre y necesitado»; cuatro veces distintas presenta sus necesidades y apuros ante Dios, como un mendigo ferviente pero santo (Sal 40:17; 70:5; 86:1; 109:22). «Manifestó delante de él» su angustia. Presenta «delante» de Dios su condición andrajosa y abre sus heridas secretas; como dijo Job, «expondría» su «causa delante de él»: Job 23:4... Ante Dios podemos expresar plenamente nuestro pensamiento y nombrar a las personas que nos afligen, afrentan y atribulan; ¡y ay de aquellos a quienes un hijo de Dios, tras madura reflexión, nombra en la oración! No hallo que una oración así volviera jamás vacía en la Escritura... Una gran razón de que cosechemos tan poco provecho en la oración es que nos quedamos demasiado en generalidades; y si tenemos éxito, es solo oscuro, de modo que a menudo no sabemos qué pensar de los resultados de la oración. Además, ser concretos en nuestras peticiones mantendría mucho al espíritu de divagar cuando estamos atentos a un caso de peso, y el progreso del alma en la gracia manifestaría su éxito gradual en la oración. —Samuel Lee (1625-1691), en "The Morning Exercises."
Versículo 2. Encomendar nuestra causa a Dios es a la vez nuestro deber, nuestra seguridad y nuestro descanso. —Abraham Wright.
Sugerencias para el predicador
Versículo 2.
- El verdadero lugar de la oración: «delante de él».
- La libertad de la oración: «expondré» (derramar).
- El descubrimiento del corazón en la oración: «manifestaré delante de él mi angustia».
Salmos 142:3
Versículo 3. «Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda.» Hasta el espíritu más valiente se ve a veces en grandes aprietos. Una densa niebla se asienta sobre la mente, y el hombre parece ahogado y sofocado en ella; cubierto por una nube, aplastado bajo una carga, confundido por las dificultades, vencido por imposibles. David era un héroe, y sin embargo su espíritu se hundió: podía abatir a un gigante, pero no podía mantenerse en pie a sí mismo. No conocía su propia senda ni se sentía capaz de llevar su propia carga. Observa su consuelo: apartó la vista de su propia condición hacia el Dios siempre atento y omnisciente, y se consoló con el hecho de que todo era conocido de su celestial Amigo. En verdad nos conviene saber que Dios sabe lo que nosotros no sabemos. Nosotros perdemos la cabeza, pero Dios nunca cierra los ojos: nuestros juicios pierden el equilibrio, pero la mente eterna siempre está clara. «En el camino en que andaba, me escondieron lazo.» Esto lo sabía el Señor en su momento, y advirtió de ello a su siervo. Mirando atrás, el dulce cantor se regocija de haber tenido un Guardián tan lleno de gracia, que lo guardó de peligros no vistos. Nada se oculta a Dios; ningún lazo secreto puede dañar al hombre que mora en el lugar secreto del Altísimo, pues morará bajo la sombra del Omnipotente. El uso de trampas ocultas es vergonzoso para nuestros enemigos, pero a ellos poco les importa a qué trucos recurran para sus malos fines. Los malvados tienen que hallar algún ejercicio para su malicia, y por eso, cuando no se atreven a asaltar abiertamente, tienden lazos en secreto. Vigilan al hombre piadoso para ver dónde acostumbra andar, y allí ponen su trampa; pero lo hacen con gran cautela, evitando toda observación, no sea que su víctima, advertida, escape de sus redes. Es una gran prueba, pero el Señor es aún mayor, y nos hace andar seguros en medio del peligro, porque nos conoce a nosotros y a nuestros enemigos, nuestro camino y el lazo que se ha tendido en él. Bendito sea su nombre.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí. «Cuando hasta mi espíritu (la facultad superior) está envuelto en tinieblas sobre mí», es decir, cuando hasta mi espíritu (ruach), que debería elevar mi alma (nefesh), cae pesadamente sobre mí, como en un desmayo.
«Cuando pesado, como un velo de dolor,
mi espíritu sobre mí yacía.»
Lo que aquí se dice del espíritu se predica más a menudo del alma, sede de las pasiones. Véanse Sal 42:6; 43:5; 131:2. El abatimiento del espíritu representa una condición aún más triste y desalentada que el desfallecimiento del alma. Véanse Sal 143:3-4, y compárense las palabras de nuestro Señor, «Ahora está turbada mi alma» (Jn 12:27) con la declaración del evangelista: «Jesús se conmovió en espíritu» (Jn 13:21; 11:33). —Christopher Wordsworth.
Versículo 3. Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí. Literalmente, en el embozarse sobre mí mi espíritu. Cuando mi espíritu estaba tan envuelto en angustia y tinieblas, tan «embozado de dolor», que no podía ver la senda ante mí, estaba distraído e incapaz de elegir una línea de conducta, tú (enfático) conociste mi senda. —A. S. Aglen, en "An Old Testament Commentary for English Readers," 1884.
Versículo 3. Os deseo mucho consuelo del pensamiento de David: Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. El Señor no se ha retirado a gran distancia, sino que su ojo está sobre ti. No te ve con la indiferencia de un mero espectador; sino que observa con atención, conoce, considera tu senda; más aún, la dispone, y toda circunstancia en ella está bajo su dirección. Tu angustia comenzó en la hora que él vio mejor, no pudo venir antes; y él ha marcado su grado hasta un pelo y su duración hasta un minuto. Sabe también cómo se ve afectado tu espíritu; y los suministros de gracia y fuerza que él vea necesarios, en las ocasiones que vea necesarias, los dará a su debido tiempo. De modo que cuando las cosas parezcan más oscuras, aún podrás decir: Castigado, mas no muerto. Por tanto, espera en Dios, porque aún has de alabarlo. —John Newton (1725-1807), en "Cardiphonia."
Versículo 3. Tú conociste.
De los ojos humanos es mejor ocultar
mucho de lo que sufro, mucho de lo que siento cada hora;
pero, oh, este pensamiento puede tranquilizar y sanar:
todo, todo es conocido de ti.
Más aún, todo por ti es ordenado, escogido, planeado,
cada gota que llena mi copa diaria, tu mano
la prescribe para males que nadie más puede entender;
todo, todo es conocido de ti. —Charlotte Elliott.
Versículo 3. Aunque nosotros, como cristianos, poseemos la solución plena del problema del sufrimiento, con frecuencia nos hallamos en la situación de Job respecto de tal o cual aflicción particular. Hay penas tan hondas, tan universales; hay pérdidas tan absolutas y golpes tan terribles e inexplicables, que durante un tiempo parece como si estuviéramos envueltos en la más densa oscuridad y como si el secreto del Señor no hubiera sido revelado. ¿Por qué fue herido este hombre y aquel perdonado? ¿Por qué fue retirado tal o cual ser, en quien se centraban tantas esperanzas o que ya había realizado tantas gratas expectativas? ¿Por qué se dejó a aquel otro, un estorbo inútil para la tierra? ¿Por qué fue silenciada de repente aquella voz que hallaba eco en tantos corazones? ¿Por qué he sido yo golpeado? ¿Por qué he perdido lo que hacía hermosa y útil mi vida moral? A menudo el alma parece perderse por un tiempo en pensamientos que la abruman, pierde pie, se agita sin ayuda entre las aguas profundas de la aflicción. Parece como si todo hubiera terminado. No lo creas. Recuerda a Job; no puedes llegar a mayores extremos de desesperación que él, y sin embargo Dios tuvo piedad de él. Hay mucho consuelo para ti en este ejemplo de sufrimiento indescriptible, exasperado al máximo grado, y sin embargo perdonado y consolado. Aférrate al recuerdo de este bendito hecho como a un cable de salvación, una tabla o un madero en medio del naufragio. Y recuerda luego que la aflicción forma parte del plan de Dios, y que él te pide también que manifiestes confianza pronta y absoluta en él. —E. De Pressensé, D.D., en "The Mystery of Suffering," 1869.
Versículo 3. «Me escondieron lazo.» Lazos a la derecha y lazos a la izquierda: lazos a la derecha, la prosperidad mundana; lazos a la izquierda, la adversidad mundana; lazos a la derecha, la adulación; lazos a la izquierda, el espanto. Anda tú en medio de los lazos: no te apartes del camino: que ni la adulación te enrede ni el espanto te aparte de él. —Agustín.
Sugerencias para el predicador
Versículo 3. (primera parte).
- Cuando.
- Entonces.
Versículo 3. (última parte). Las tentaciones.
- ¿Qué forma toman? «Lazos».
- ¿Quién los tiende? «Ellos».
- ¿Cómo los tienden? En secreto, con astucia, «en el camino», con frecuencia.
- ¿Qué sucede con el creyente tentado? Vive para contar la historia, para advertir a otros, para glorificar a Dios.
Salmos 142:4
Versículo 4. «Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer.» No echó de menos a un amigo por falta de buscarlo, ni por falta de buscarlo en un lugar probable. Seguramente se hallaría algún ayudador en el lugar de honor; alguien estaría a su diestra para emprender su defensa. Miró fijamente y vio todo lo que había que ver, pues «observó»; pero su ansiosa mirada no halló una sonrisa que le respondiera. Cosa extraña, todos eran extraños para David. Había conocido a muchos, pero ninguno quería conocerlo. Cuando una persona está en mal olor, es maravilloso lo débil que se vuelve la memoria de sus antiguos amigos: olvidan por completo, se niegan a conocer. Es una calamidad terrible. Mejor es ser combatido por enemigos que ser abandonado por amigos. Cuando los amigos nos buscan, fingen habernos conocido desde nuestro nacimiento, pero cuando somos nosotros quienes buscamos amigos, es maravilloso lo poco que podemos hacerles recordar: el hecho es que en tiempos de abandono no es verdad que nadie nos conociera, sino que nadie nos quería conocer. Su ignorancia es voluntaria. «No tengo refugio.» Donde en días más felices hallaba un puerto dispuesto, ahora no descubrí ninguno. Mi lugar de huida había huido. Mi refugio me dio un rechazo. «Ni hay quien cuide de mi vida.» Que viviera o muriera no importaba a nadie. Fui echado fuera como un proscrito. Ninguna alma cuidaba de mi alma. Habitaba en la tierra de nadie, donde nadie quería tenerme y nadie se preocupaba por mí. Es mala situación: sin lugar donde recostar la cabeza, y sin cabeza dispuesta a buscarnos un lugar. ¡Cuánto gusto daba a sus enemigos ver al amigo de Dios sin amigo! ¡Qué triste estaba él de verse totalmente abandonado en su mayor necesidad! ¿No podemos imaginar a David en la cueva, quejándose de que ni siquiera la cueva era refugio para él, pues Saúl había llegado hasta allí? Sin esperanza era su mirar afuera; pronto lo veremos mirar arriba.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 4. Mira a mi diestra y observa. Los dos primeros verbos deben traducirse como imperativos, como en el margen de la Biblia inglesa. («Mira a la diestra, y ve.») La diestra se menciona como el puesto de un protector. —Joseph Addison Alexander.
Versículo 4. Mira a mi diestra. Se supone que la alusión aquí es a la costumbre de los antiguos tribunales judíos, en los que el abogado, así como el acusador, estaba a la diestra del acusado (Sal 110:5). El salmista se sentía en la condición de quien no tenía a nadie que defendiera su causa y lo protegiera en las peligrosas circunstancias en que se hallaba. —Nota de James Anderson a Calvino, in loc.
Versículo 4. No hay quien me quiera conocer. El hecho de que David, aunque rodeado de una banda de leales súbditos, confiese no tener un verdadero amigo, debe entenderse de modo semejante al lenguaje de Pablo cuando dice en Fil 2:20: «A ninguno tengo del mismo ánimo». Todo amor humano, desde que el pecado se ha apoderado de la humanidad, es más o menos egoísta, y toda comunión de fe y de amor es imperfecta; y hay circunstancias en la vida en que estos lados oscuros se hacen sentir de modo abrumador, de manera que un hombre se siente perfectamente aislado y se vuelve con tanta mayor urgencia a Dios, que es el único capaz de suplir la necesidad del alma de algún objeto de amor cuyo amor sea absolutamente desinteresado, inmutable y sin nubes, a quien el alma pueda confiar sin reservas cuanto la agobia, y que no solo desea sinceramente su bien, sino que puede también lograrlo a pesar de todo obstáculo. Rodeado de enemigos sedientos de sangre, e incomprendido, o al menos no del todo comprendido por sus amigos, David se siente separado de todos los seres creados. —Franz Delitzsch.
Versículo 4. No hay quien me quiera conocer. Nos enseña en qué poca estima tienen los hijos de Dios con el mundo y los hombres mundanos. —Thomas Wilcocks.
Versículo 4. No hay quien me quiera conocer. La persecución de parte de nuestros enemigos oprime duramente, pero el abandono de nuestros amigos, que debían haber estado a nuestro lado como ayudadores y defensores, oprime más duramente aún. —Taube, en Lange's Commentary.
Versículo 4. Observa la hermosa oposición entre «tú conociste» (Sal 142:3) y «no hay quien me quiera conocer». «No tengo refugio»: literalmente, «pereció» de mí (Jer 25:35; Am 2:14). Pero «tú has sido mi refugio en el día de mi angustia»: Sal 59:16. —Andrew Robert Fausset.
Versículos 4-5. No tengo refugio... Tú eres mi refugio. Los viajeros nos dicen que los que están en la cima de los Alpes pueden ver caer grandes aguaceros debajo de ellos, pero ni una gota de ellos cae sobre ellos. Los que tienen a Dios por su porción están en una torre alta, y por ello a salvo de todas las angustias y aguaceros. Una lluvia de mal arrastrada por el viento entrará por las ventanas de la criatura, por bien ajustadas que estén; todos los vestidos que este mundo puede confeccionar no pueden impedir que los que viajan con tal tiempo se mojen hasta los huesos. Ninguna criatura es capaz de soportar el peso de su semejante; como cañas, se rompen bajo la presión, y como espinos, se clavan en los costados de los que se apoyan en ellos. El arco tensado más allá de su alcance se rompe en dos, y la cuerda tensada por encima de su fuerza salta en pedazos. Tales son las ayudas externas para todos los que confían en ellas en las adversidades. —George Swinnock.
Versículos 4-5. No tengo refugio... Tú eres mi refugio. ¿Hay entre nosotros alguno para quien la faz del mundo haya cambiado del todo, y se hayan secado en él los arroyos de consuelo, y esté tan zarandeado, perseguido y acosado en él que haya olvidado su lugar de descanso? ¿Hay alguno de ustedes que se haya «extrañado de sus hermanos, y extraño a los hijos de su madre»? Sal 69:8. ¿Se ha vuelto el mundo tan extraño que incluso «el hombre de su paz, en quien confiaba, el que de su pan comía, alzó contra ustedes el calcañar»? (Sal 41:9); ¿y que dondequiera que se vuelvan en él para hallar descanso y refugio, se les cierra la puerta en la cara? Aquí hay un refugio para ustedes; aquí hay una puerta abierta; entra, bendito del Señor: «Jehová junta a los desterrados de Israel» (Sal 147:2). Parece que el Señor tiene a bien recibirlos: hace con ustedes lo que un padre con un hijo terco que se fue de la casa de su padre, pensando arreglárselas entre sus amigos y no volver: el padre envía una orden terminante a todos ellos, diciendo: «En casa de quien se esté escondiendo mi hijo, échenlo ahora mismo a la calle, y que ninguno de ustedes lo reciba; y si viene a ustedes, no le den ni una noche de alojamiento; más aún, que no coma en su casa». ¿Para qué es todo esto sino para hacerlo volver a la casa de su padre? —Thomas Boston, 1676-1732.
Versículos 4-5. Cuando todos lo despreciaban, cuando nadie cuidaba de él, ¿qué hace David en este caso? Las palabras del Sal 142:5 nos lo dicen. «Clamé a ti, oh Jehová; dije: Tú eres mi refugio y mi porción en la tierra de los vivientes.» Como si dijera: Con motivo de estas faltas de bondad, desaires y menosprecios que hallé en el mundo, tuve ocasión, más aún, fui movido en mi espíritu a clamar a ti, oh Señor, y a decir: «Tú eres mi refugio», es decir, entonces te hice mi refugio más que nunca. Habiéndote hecho mi elección en mis mejores tiempos, cuando los hombres me honraban y abrazaban, me siento muy animado en estos malos tiempos, en que los hombres no me tienen en cuenta, a resguardar mi persona curtida por la intemperie en tu nombre y poder. Cuando tenemos más amigos en el mundo, entonces Dios es nuestro mejor amigo; pero cuando el mundo nos aborrece y nos mira con ceño, especialmente cuando (como habla el profeta de algunos, Is 66:5) «nuestros hermanos nos aborrecen y nos echan fuera por causa del nombre de Dios mismo», diciendo: «Jehová sea glorificado»; cuando así nos sucede (digo), nuestras almas son como forzadas a entrar en la presencia de Dios, a renovar nuestro interés en su amor y a asegurar a nuestras almas que somos aceptados con él. —Joseph Caryl.
Sugerencias para el predicador
Versículo 4. (última parte). El alma considerada sin valor.
- Considera el valor del alma. a) El alma continuará para siempre. b) Los justos serán más felices, y los malvados más miserables. c) Se ha pagado un gran precio por ella.
- Contrasta el cuidado que ponemos en nuestras almas con nuestra ansiedad por los objetos mundanos. a) La solicitud que mostramos por las riquezas. b) Nuestro cuidado en educar el intelecto de nuestros hijos. c) El afán en perseguir negocios, honores, incluso naderías. d) ¡Qué ansiosos estamos por una vida humana! Describe la búsqueda de un niño perdido. e) Contrasta nuestro cuidado por las almas y el cuidado que de ellas tiene nuestro Salvador: el de Pablo, el de Lutero, el de Whitefield.
- Recuerda algunas cosas que muestran que este cuidado no existe. a) Si no observas regularmente la oración secreta. b) Si tu alma no está cargada con las almas de otros. c) Si descuidas la oración familiar, o la observas como mera formalidad. d) Si no vas regularmente a las reuniones de oración.
Observación: la gran responsabilidad que recae sobre todo cristiano. —Jacob Knapp, en "The Homiletic Monthly", 1882.
Versículo 4. (última parte). La carga de las almas.
- ¿Qué se entiende por cuidar de las almas? a) Tener una firme convicción de su valor. b) Albergar tierna solicitud por su bienestar. c) Sentir alarmantes temores por su peligro. d) Hacer esfuerzos celosos por su salvación.
- ¿Quiénes deben ejercer especialmente este cuidado? a) Los padres. b) Los maestros. c) Los ministros. d) Los miembros.
- La culpabilidad del descuido. a) Es ingrato. b) Es cruel. c) Es fatal. —W. W. Wythe, en "The Pulpit Analyst", 1870.
Versículos 4-5.
- Una situación terrible: ningún amigo, ningún ayudador, ningún corazón compasivo.
- Una oración conmovedora. Un clamor y un decir.
Versículos 4-5.
- La ayuda humana falla más cuando más se necesita. a) En las angustias exteriores: «miré», etc. b) En las angustias del alma: «No hay quien cuide de mi vida».
- La ayuda divina se da más cuando más se necesita. Un refugio y una porción cuando todos los demás fallan. El hombre tiene muchos amigos en la prosperidad, uno solo en la adversidad. —G. R.
Versículos 4-5.
- Por qué los santos hacen de Dios su refugio y el objeto de su fe y esperanza en sus mayores aflicciones. a) Dios se ha dado a los santos, en el pacto de gracia, para ser su Dios, y ha prometido que ellos serán su pueblo. b) Dios está en la más estrecha relación con los santos, y se digna sustentar muchos entrañables caracteres de amor, que cumple en provecho de ellos. c) Los santos, por el poder de la gracia de Dios sobre sus almas, lo han escogido por su porción y su más alta felicidad.
- Qué perfecciones hay en Dios que lo hacen un refugio seguro para los santos y un objeto apropiado de su confianza. a) Dios es infinito en misericordia. b) Dios es infalible en sabiduría. c) Dios es ilimitado en poder. d) Dios es omnisciente y omnipresente. d) Dios es un Ser cuyo amor nunca cambia. e) Dios es un Ser independiente, y el Gobernador y Director de todas las cosas.
- Las muchas dulces ventajas que resultan a los santos de esta práctica de hacer de Dios su refugio en sus mayores angustias. a) Han sido preservados de desmayar bajo sus pesadas cargas. b) Han recibido de Dios nuevos y oportunos suministros de gracia y fuerza divinas para el servicio. c) Dios ha refrescado a sus santos con consuelos divinos para el futuro. —John Farmer, 1744.
Salmos 142:5
Versículo 5. «Clamé a ti, oh Jehová.» Como el hombre no quiso atenderlo, David fue llevado a Jehová, su Dios. ¿No fue esto una ganancia sacada de una pérdida? ¿Riqueza ganada con un fracaso? Todo lo que nos lleva a clamar a Dios es una bendición para nosotros. Esta es la segunda vez que en este breve salmo hallamos el mismo registro, «Clamé a ti, oh Jehová»: el hombre santo evidentemente se alegra de recordar su clamor y sus resultados. Oímos a menudo hablar del amargo clamor de la Londres marginada; aquí hay otro amargo clamor, y viene de un proscrito, en miserable alojamiento, olvidado por quienes debían haberlo ayudado. «Dije: Tú eres mi refugio y mi porción en la tierra de los vivientes.» Hay una especie de repetición progresiva a lo largo de este cántico sagrado; primero clamó, pero después dijo: su clamor era amargo, pero su decir era dulce; su clamor era agudo y breve, pero su decir era fresco y pleno. Da gran placer al creyente recordar sus propias palabras de fe: bien puede desear enterrar en el olvido sus murmuraciones de incredulidad, pero los triunfos de la gracia al obrar en él una fe viva, no soñará con olvidarlos. ¡Qué gran confesión de fe fue esta! David habló a Dios y de Dios: «Tú eres mi refugio». No: tú me has provisto un refugio, sino tú mismo eres mi refugio. Huyó solo a Dios; se escondió bajo las alas del Eterno. No solo lo creyó, sino que lo dijo y lo practicó. Y no fue todo; pues David, desterrado de su porción en la tierra prometida y apartado de la porción de bienes que por derecho heredaba, halló su porción en Dios; más aún, Dios era su porción. Esto era así no solo con referencia a un estado futuro, sino aquí entre los hombres vivos. A veces es más fácil creer en una porción en el cielo que en una porción en la tierra: podríamos morir más fácilmente que vivir, al menos eso pensamos. Pero no hay vivir en la tierra de los vivientes como vivir del Dios viviente. Que el hombre de Dios dijera estas cosas preciosas en la hora de su terrible angustia fue un gran logro. Es fácil parlotear con valentía cuando moramos a gusto, pero hablar con confianza en la aflicción es muy otra cosa. Aun en esta sola frase tenemos dos partes, la segunda elevándose muy por encima de la primera. Es algo tener a Jehová por refugio, pero lo es todo tenerlo por porción. Si David no hubiera clamado, no habría dicho; y si el Señor no hubiera sido su refugio, nunca habría sido su porción. El peldaño más bajo es tan necesario como el más alto; pero no es necesario detenerse siempre en el primer travesaño de la escalera.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 5. He clamado a ti, Jehová, he dicho, etc. He clamado y sigo clamando; he dicho y sigo diciendo. —Joseph Addison Alexander.
Versículo 5. Dije. Esto implica:
- Un recuerdo de la solemne transacción, Sal 103:18. Es un hecho que nunca debe olvidarse, sino mantenerse siempre en el recuerdo. Pero, oh los que han dicho esto, recuerden: a) Qué dijeron. Dijeron que Dios en Cristo sería su refugio, que bajo la sombra de sus alas se escondían, y que, renunciando a todos los demás refugios como refugios de mentira, se acogían al abrigo de la justicia de Cristo, y que allí permanecerían como su porción; lo cual fue una aceptación formal del pacto y un asirse a él. b) A quién se lo dijeron. A Dios en Cristo, que les hablaba en la oferta del evangelio y los invitaba al refugio. Lo que los hombres dicen a sus superiores, se creen especialmente interesados en tenerlo presente. Y sin duda lo que ustedes han dicho a Dios deben recordarlo de manera particular, e imponer reverencia a sus corazones con la consideración de la majestad de la parte a quien se lo dijeron, Sal 16:2: «Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres el Señor mío»; pues no es uno con quien se pueda tratar con falsedad. c) Cómo lo dijeron. ¿No lo dijeron en sus corazones, mientras Dios en Cristo se les ofrecía como refugio? Y el lenguaje del corazón es lenguaje claro para un Dios que escudriña los corazones. ¿No lo dijeron algunos de ustedes con la boca? ¿Y no lo dijeron todos los comulgantes solemnemente ante el mundo, los ángeles y los hombres, al recibir los elementos del pan y el vino? d) Sobre qué fundamentos lo dijeron. ¿No vieron la necesidad de un refugio para ustedes y la necesidad de tomar a Dios en Cristo por su refugio? Tenían razones racionales para ello, y fundamentos duraderos que nunca pueden fallar; de modo que nunca pueden tener motivo para retractarse ni para buscar otro refugio. Jer 2:31. e) Dónde lo dijeron. Recuerden el lugar donde lo dijeron en la oración, donde lo dijeron en la mesa de la comunión. Sal 42:6. Las piedras del lugar serán testigos de que lo dijeron. Jos 24:27.
- Mantenerse en ello, sin lamentar haberlo dicho, recordando lo que se dice en Jn 6:66-69: «Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Los hombres a menudo se arrepienten de lo que han dicho, y por eso no admiten haberlo dicho. Pero las almas llenas de gracia no se arrepentirán de haber dicho esto, sino que se mantendrán en ello. Si hubieran de hacer su elección mil veces, habiendo escogido a Dios en Cristo por su refugio y porción, no cambiarían; Jer 3:19: «Yo dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis de en pos de mí». Muchos cambios puede haber en las circunstancias de los hombres en el mundo, pero nunca puede haber uno que dé motivo para retractarse de este dicho.
- Reconocer la obligación que implica: dije, y estoy obligado por ello a mantenerlo, «Porque le he dado palabra a Jehová, y no puedo retractarme», Jue 11:35. Dios en Cristo es de ustedes, y ustedes son suyos por su propio consentimiento; ya no se pertenecen; han dado la palabra, y deben reconocer que los obliga; y deben cuidarse de que después de los votos no hagan indagación. Quienquiera que pretenda tener aún por hacer su elección de refugio y porción para sí, ustedes no pueden: ya están comprometidos, y no tienen libertad para atender otras propuestas, como tampoco una mujer que ya ha firmado su contrato con un hombre.
- Profesarlo con confianza, sin avergonzarse de ello; como si dijeras: «Lo reconozco ante todos los hombres y no me avergüenzo de mi elección». El anticristo permite a algunos de sus vasallos llevar su marca en la mano derecha. Ap 13:16. Pero todos los seguidores del Cordero tienen su marca en la frente, donde no se esconde, Ap 14:1. El mundo querría avergonzar al pueblo de Dios por su refugio y porción, como si hubieran hecho un mal negocio, Sal 14:6: «Del consejo del pobre se burlan, pero Jehová es su esperanza». Pero la sinceridad hará que los hombres desprecien esa vergüenza, como dijo David: «Y aun me haré más vil que esto, y seré bajo a mis propios ojos».
- Una satisfacción de corazón en ello: como si dijeras: «Lo dije», y, oh, qué contento estoy de haberlo dicho; fue lo mejor que pude decir jamás. Sal 16:2, 5-7. Y esto es en efecto decirlo de nuevo. Y hay buena razón para que los que lo han dicho sinceramente estén bien satisfechos en su refugio y se regocijen en su porción. Reflexionar sobre ello puede dar un deleite sólido y contento de corazón. Los que han tomado al Señor por su refugio pueden reflexionar con mucha satisfacción sobre lo que han hecho. —Thomas Boston.
Sugerencias para el predicador
Versículo 5. El alma que escoge a Dios.
- Deliberadamente: «Clamé a ti, dije».
- Por todo en todo: «refugio», «porción».
- Antes que a cualquier otro «en la tierra de los vivientes». —W. B. H.
Versículo 5. «Cómo podemos llevar nuestros corazones a soportar las reprensiones.» Véase el sermón de John Owen en "The Morning Exercises", vol. 2, pág. 600, etc.; y en sus "Works", vol. 16, pág. 23, etc.
Salmos 142:6
Versículo 6. «Escucha mi clamor.» Los hombres de Dios consideran la oración una realidad, y no se contentan sin tener audiencia con Dios; además, tienen tal confianza en la condescendiente gracia del Señor que esperan que atienda incluso esa pobre oración quebrantada que solo puede describirse como un clamor. «Porque estoy muy afligido», y por eso toda la oración que puedo elevar es un clamor lastimero. Este es su argumento ante Dios: está reducido a tan triste condición que si no es rescatado será arruinado. Los hombres piadosos pueden estar no solo abatidos, sino muy abatidos; y esto no debe ser motivo para dudar de la eficacia de sus oraciones, sino más bien un ruego al Señor de por qué han de recibir especial atención.
«Líbrame de los que me persiguen.» Si no salía de sus manos, pronto lo matarían sin demora, y como él mismo no podía efectuar una huida, clamó a Dios: «líbrame». «Porque son más fuertes que yo.» Como antes halló un ruego en su tristeza, así ahora en su debilidad: Saúl y sus cortesanos estaban en el poder y podían ordenar la ayuda de todos los que buscaban el favor real; pero el pobre David estaba en la cueva, y todo Nabal se burlaba de él. Saúl era un monarca, y David un fugitivo; Saúl tenía de su lado todas las formas de la ley, mientras David era un proscrito: de modo que la oración que tenemos ante nosotros viene de los débiles, que proverbialmente van a la pared, buen lugar al que ir si vuelven el rostro hacia ella en oración, como hizo Ezequías en su enfermedad. El Señor suele ponerse del lado de los oprimidos y mostrar su poder frustrando a los tiranos; la súplica de David estaba, pues, segura de prosperar. En estas frases vemos cuán explícitamente describió el hombre de Dios su caso en sus comunicaciones privadas con su Señor: de veras derramó su queja delante de él y manifestó delante de él su angustia.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 6. Escucha mi clamor.
¿Puedo ver el dolor de otro
y no estar también en pena?
¿Puedo ver la aflicción de otro
y no buscar bondadoso alivio?
¿Puedo ver caer una lágrima
y no sentir mi parte de dolor?
¿Puede un padre ver llorar a su hijo
y no llenarse de pena?
¿Puede una madre sentarse y oír
a un niño gemir, a un niño temer?
¡No, no; nunca puede ser!
¡Nunca, nunca puede ser!
¿Y puede él, que sonríe a todos,
oír al reyezuelo con sus penas pequeñas,
oír la pena y el cuidado del pajarillo,
oír los dolores que soportan los niños,
y no sentarse junto al nido
vertiendo piedad en su pecho?
¿Y no sentarse junto a la cuna
derramando lágrima sobre lágrima del niño?
¿Y no sentarse noche y día
enjugando todas nuestras lágrimas?
¡Oh, no! ¡Nunca puede ser!
¡Nunca, nunca puede ser!
Él da su gozo a todos;
se hace un niño pequeño;
se hace un hombre de dolores;
siente también la pena.
No pienses que puedes dar un suspiro
sin que tu Hacedor esté cerca;
no pienses que puedes derramar una lágrima
sin que tu Hacedor esté próximo.
¡Oh! él nos da su gozo
para destruir nuestra aflicción:
hasta que nuestra aflicción haya huido y pasado,
se sienta junto a nosotros y gime. —William Blake (1757-1828), en "Songs of Innocence," 1789.
Versículo 6. «Estoy muy afligido», etc. Por cierto que esto haya sido en David escondido en una cueva, mientras su enemigo Saúl estaba al frente de un poderoso ejército, es más literalmente cierto de Cristo, que pudo decir con verdad: «Estoy muy afligido», porque «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz». También fue «muy abatido» cuando él, que tenía el derecho de sentarse sobre los querubines, colgó entre dos ladrones. Con verdad también eran sus enemigos «más fuertes que él» cuando «llegó su hora» y «se dio poder a las tinieblas», de modo que parecieron, por un tiempo, eclipsar el sol mismo de justicia. —Roberto Belarmino.
Versículo 6. Porque son más fuertes que yo. Pero no son más fuertes que tú. Tú puedes hacernos «más fuertes que nuestros enemigos»: Sal 105:24. El que es más fuerte que el hombre fuerte armado (Lc 11:22), el opresor de Israel, y cuya misma «debilidad es más fuerte que los hombres» (1 Co 1:25), la «rescatará» «de mano del que era más fuerte que» ella: Jer 31:11; Sal 18:17. —Andrew Robert Fausset.
Sugerencias para el predicador
Versículo 6. Dos peticiones y dos argumentos.
Versículos 6-7.
- El lenguaje del abatimiento. «Estoy muy afligido.» «Mis enemigos son más fuertes que yo.» «Mi alma está en la cárcel.»
- El de la oración. «Atiéndeme.» «Líbrame.» «Saca mi alma de la cárcel.»
- El de la alabanza. a) Por la felicitación de otros. b) Por su propia liberación y prosperidad. —G. R.
Versículo 6. Abatido y humilde. Aquí está David,
- En un lugar bajo: las profundidades de una cueva.
- En un estado bajo: «muy afligido»; «más fuertes que yo».
- Pero mira, «con los humildes está la sabiduría» (Pr 11:2); ora.
- El Señor «atiende a los humildes», Sal 138:6. No orará en vano. —W. B. H.
Salmos 142:7
Versículo 7. «Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre.» Que Dios sea glorificado es otro argumento notable en labios de un suplicante. Los presos que escapan hablan siempre bien de quienes les dan libertad; la emancipación del alma es la más noble forma de liberación, y pide la más fuerte alabanza: quien es librado de los calabozos de la desesperación magnificará sin duda el nombre del Señor. Estamos en una prisión tal que solo Dios mismo puede sacarnos de ella, y cuando lo hace pone un cántico nuevo en nuestra boca. La cueva no era ni la mitad de calabozo para el cuerpo de David de lo que la persecución y la tentación fueron para su alma. Ser desterrado de los piadosos es peor que la cárcel; por eso David hace de ello un punto de su liberación: que sería restaurado a la comunión de la iglesia. «Me rodearán los justos.» Los santos se reúnen alrededor de un hijo de Dios cuando su Padre le sonríe; vienen a oír su gozoso testimonio, a regocijarse con él y a fortalecer su propia fe. Todos los verdaderos creyentes de las doce tribus se alegraron de agruparse bajo la bandera de David cuando el Señor ensanchó su espíritu; glorificaron a Dios por él, con él y por medio de él. Lo felicitaron, se juntaron con él, lo coronaron y lo defendieron. Fue una dulce experiencia para el justo David, que durante algún tiempo había sufrido la censura de los rectos. Soportó con paciencia sus golpes, y ahora acoge con gratitud su aprobación. «Porque tú me serás propicio.» El trato generoso de Dios traerá consigo la simpatía y la alianza de todos los favoritos del Gran Rey. ¡Qué cambio, de buscar un amigo y no hallar ninguno a esta entusiasta multitud de aliados alrededor del hombre conforme al corazón de Dios! Cuando podemos empezar un salmo con clamor, podemos esperar cerrarlo con cántico. La voz de la oración pronto despierta la voz de la alabanza.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 7. «Saca mi alma de la cárcel», etc. Como si dijera: Oh Señor, confieso que soy un pobre preso del pecado y de Satanás; quisiera ser puesto en libertad para creer tu palabra y hacer tu voluntad, pero, ¡ay!, no puedo. Encuentro en esta cárcel muchas puertas firmemente cerradas, y muchos cerrojos en las puertas, muchos estorbos e impedimentos que nunca soy capaz de quitar; por tanto, Señor misericordioso, haz por mí lo que ni yo mismo ni todos los amigos que pueda hacer somos capaces de hacer: paga las deudas de tu pobre preso en mi bendito Fiador, y abre las puertas de la cárcel: «¡Saca mi alma de la cárcel, oh Señor, para que alabe tu nombre!» —Matthew Lawrence, en "The Use and Practice of Faith," 1657.
Versículo 7. «Me rodearán los justos.» En un círculo, como una corona, que es lo que significa la palabra; una vez librado, acudirían en tropel a él y se juntarían a su alrededor para verlo y mirarlo como un milagro de misericordia, cuya liberación fue maravillosa; para felicitarlo por ello y unirse con él en alabanza a Dios por ello. El Targum dice: «Por mi causa los justos te harán una corona de alabanza.» —John Gill.
Versículo 7. «Porque tú me serás propicio.» Las misericordias de otros deben ser motivo de nuestras alabanzas a Dios; y las alabanzas que otros dan a Dios en favor nuestro deben ser tanto deseadas como celebradas por nosotros. —Matthew Henry.
Sugerencias para el predicador
Versículo 7. Un preso. Un liberto. Un cantor. Un centro. Una maravilla.
Versículo 7. Sueños de prisión.
- Lo que imaginamos en nuestras cadenas. a) La frente de Cristo ceñida de rara alabanza. b) El pueblo de Cristo rodeándonos y acompañándonos en el más costoso servicio. c) Una vida nueva de generosidad y bendición, cuando salgamos.
- ¿Hasta dónde se cumplen nuestros sueños? Antes del peligro y después; bajo convicción y después de la conversión; en el lecho de enfermo y en el servicio activo.
- El deber de fidelidad a los votos y a las lecciones de la prisión. —W.B.H.
Versículo 7. (parte central). Una abeja reina. Un pastor subordinado. Un hogar caliente. Un museo de maravillas. O bien: me rodearán, interesados en mi historia, «de la cárcel»; atraídos por mi canto, «alabe tu nombre»; atraídos por la semejanza de carácter, y admirando la bondad del Señor.
Versículo 7. (última parte). Compárese con Sal 116:7: «Jehová te ha hecho bien.» Deduce el futuro del pasado.
OBRAS SOBRE EL SALMO CIENTO CUARENTA Y DOS
En la "Life of David" de Chandler, vol. 1, pp. 157-160, hay una exposición de este salmo.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.