El tesoro de David · Charles H. Spurgeon

Salmo 4: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)

Resumen del capítulo

Título

Este salmo parece destinado a acompañar al tercero y formar pareja con él. Si el último puede titularse EL SALMO DE LA MAÑANA, este por su contenido es igualmente digno del título de EL HIMNO DE LA NOCHE. ¡Que las escogidas palabras del versículo 8 sean nuestro dulce canto de reposo cuando nos retiremos a descansar!

«Así, con mis pensamientos serenados en paz,

daré mis ojos al sueño;

tu mano guarda seguros mis días

y guardará mis sueños.» El título inspirado dice así: «Al músico principal; en Neginot. Salmo de David.» El músico principal era el maestro o director de la música sagrada del santuario. Acerca de esta persona lean con atención 1 Cr 6:31, 32; 15:16-22; 25:1, 7. En estos pasajes se hallará mucho que interesa al amante del canto sagrado y muchísimo que arrojará luz sobre el modo de alabar a Dios en el templo. Algunos de los títulos de los salmos derivan, sin duda, de los nombres de ciertos cantores renombrados que compusieron la música con que fueron puestos.

En Neginot, es decir, sobre instrumentos de cuerda, o instrumentos de mano, que se tocaban solo con la mano, como arpas y címbalos. El gozo de la iglesia judía era tan grande que necesitaban música para expresar los deleitosos sentimientos de su alma. Nuestra santa alegría no es menos desbordante porque prefiramos expresarla de un modo más espiritual, como conviene a una dispensación más espiritual. Aludiendo a estos instrumentos que se tocaban con la mano, dice Nacianceno: «Señor, soy un instrumento para que tú me toques». Pongámonos al alcance del toque del Espíritu, y así haremos melodía. Que estemos llenos de fe y de amor, y seremos instrumentos vivos de música. Hawker dice: «La Septuaginta leyó la palabra que en nuestra traducción hemos vertido "músico principal" Lamenetz, en lugar de Lamenetzoth, cuyo significado es hasta el fin. De donde los padres griegos y latinos imaginaron que todos los salmos que llevan esta inscripción se refieren al Mesías, el gran fin. Si es así, este salmo está dirigido a Cristo; y bien puede, pues es todo de Cristo, y hablado por Cristo, y tiene respeto solo a su pueblo como uno con Cristo. El Señor el Espíritu dé al lector verlo, y lo hallará bendecidísimo.

División

En el primer versículo David ruega a Dios por ayuda. En el segundo discute con sus enemigos y sigue dirigiéndose a ellos hasta el fin del versículo 5. Luego, desde el versículo 6 hasta el final, contrasta deleitosamente su propia satisfacción y seguridad con la inquietud de los impíos en su mejor estado. El salmo fue muy probablemente escrito en la misma ocasión que el anterior y es otra flor escogida del jardín de la aflicción. Dichosos somos de que David fuera probado; de lo contrario, probablemente nunca habríamos oído estos dulces sonetos de fe.

Salmos 4:1

Versículo 1. «Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia.» Este es otro ejemplo del hábito común de David de alegar misericordias pasadas como fundamento del favor presente. Aquí repasa sus Ebenezeres y toma consuelo de ellos. No ha de imaginarse que quien nos ha ayudado en seis angustias nos dejará en la séptima. Dios nada hace a medias, y nunca dejará de ayudarnos hasta que dejemos de necesitarlo. El maná caerá cada mañana hasta que crucemos el Jordán.

Observen que David habla primero a Dios y luego a los hombres. Sin duda todos hablaríamos más audazmente a los hombres si tuviéramos un trato más constante con Dios. El que se atreve a enfrentar a su Hacedor no temblará ante los hijos de los hombres.

El nombre con que aquí se dirige al Señor, «Dios de mi justicia», merece atención, pues no se usa en ninguna otra parte de la Escritura. Significa: tú eres el autor, el testigo, el sostenedor, el juez y el remunerador de mi justicia; a ti apelo de las calumnias y los duros juicios de los hombres. En esto hay sabiduría; imitémosla y llevemos siempre nuestra causa no a los tribunales menores de la opinión humana, sino al tribunal superior, el Banco del Rey del cielo. «Estando en angustia, tú me hiciste ensanchar.» Figura tomada de un ejército encerrado en un desfiladero y duramente acosado por el enemigo que lo rodea. Dios ha derribado las rocas y me ha dado espacio; ha roto las barreras y me ha puesto en lugar espacioso. O podemos entenderlo así: «Dios ensanchó mi corazón con gozo y consuelo cuando yo era como un hombre aprisionado por la pena y el dolor». Dios es un consolador que nunca falla. «Ten misericordia de mí.» Aunque justamente podrías permitir que mis enemigos me destruyan, a causa de mis muchos y grandes pecados, yo huyo a tu misericordia y te ruego que oigas mi oración y saques a tu siervo de sus angustias. Los mejores hombres necesitan misericordia tanto como los peores. Todas las liberaciones de los santos, como los perdones de los pecadores, son dádivas gratuitas de la gracia celestial.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 1. «Respóndeme cuando clamo», etc. La fe es un buen orador y un noble disputador en el aprieto; puede razonar desde la disposición de Dios a oír: «Respóndeme cuando clamo, oh Dios.» Y desde la justicia eterna dada al hombre en la justificación de su persona: «Oh Dios de mi justicia.» Y desde la constante justicia de Dios en defender la justicia de la causa de su siervo: «Oh Dios de mi justicia.» Y desde las angustias presentes y las pasadas en que ha estado, y desde las misericordias pasadas recibidas: «Tú me hiciste ensanchar estando en angustia.» Y desde la gracia de Dios, que puede responder a todas las objeciones de la indignidad o del mal merecer del hombre: «Ten misericordia de mí, y oye mi oración.» David Dickson, 1653.

Versículo 1. «Respóndeme.» El gran Autor de la naturaleza y de todas las cosas nada hace en vano. No instituyó esta ley, y, si así puedo expresarlo, arte de orar, como cosa vana e insuficiente, sino que la dota de maravillosa eficacia para producir las mayores y más felices consecuencias. Quiso que fuera la llave con que se abrieran todos los tesoros del cielo. La ha construido como una poderosa máquina con la cual, con fácil y agradable labor, podemos apartar de nosotros las más terribles y desdichadas maquinaciones de nuestro enemigo y atraer a nosotros con igual facilidad lo más propicio y ventajoso. El cielo y la tierra y todos los elementos obedecen y sirven a las manos que con frecuencia se alzan al cielo en ferviente oración. Más aún, todas las obras y, lo que es todavía más y mayor, todas las palabras de Dios la obedecen. Bien conocidos en las Sagradas Escrituras son los ejemplos de Moisés y de Josué, y el que Santiago (5:17) menciona en particular de Elías, a quien llama expresamente æotoäns, hombre sujeto a las mismas debilidades que nosotros, para ilustrar la admirable fuerza de la oración por la común y humana debilidad de la persona que la ofreció. Y bien conocida y justamente celebrada es aquella legión cristiana bajo Antonino, que por el singular ardor y eficacia de sus oraciones obtuvo el nombre de keraunoboloz, la legión fulminante. Robert Leighton, D.D., arzobispo de Glasgow, 1611-1684.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1. Está lleno de material para un sermón sobre las misericordias pasadas como argumento para la ayuda presente. La primera frase muestra que los creyentes desean, esperan y creen en un Dios que oye la oración. El título Dios de mi justicia puede proporcionar un texto (véase la exposición), y la última frase puede sugerir un sermón sobre: «Los mejores santos deben apelar todavía a la misericordia y a la gracia soberana de Dios».

Salmos 4:2

Versículo 2. «Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?» En esta segunda división del salmo se nos lleva del aposento de la oración al campo del conflicto. Noten el valor intrépido del hombre de Dios. Concede que sus enemigos son hombres grandes (pues tal es el sentido de las palabras hebreas traducidas hijos de los hombres), pero aun así los cree necios, y por eso los reprende como si fueran niños. Les dice que aman la vanidad y buscan la mentira (leasing), es decir, fantasías vacías y mentirosas, vanas presunciones, malvadas fabricaciones. Les pregunta hasta cuándo piensan hacer de su honra una burla y de su fama una mofa. Un poco de tal diversión es demasiado; ¿por qué han de seguir entregándose a ella? ¿No habían estado ya bastante tiempo al acecho de su tropiezo? ¿No los habían convencido los repetidos chasco de que el ungido del Señor no iba a ser vencido por todas sus calumnias? ¿Pensaban burlarse hasta hundir sus almas en el infierno y seguir riendo hasta que la rápida venganza convirtiera su regocijo en aullidos? Al contemplar su perversa persistencia en sus vanas y mentirosas ocupaciones, el salmista hace una pausa solemne e inserta un Selah. Sin duda también nosotros podemos detenernos un momento y meditar en la arraigada necedad de los impíos, en su continuar en el mal y en su segura destrucción; y podemos aprender a admirar esa gracia que nos ha hecho diferentes y nos ha enseñado a amar la verdad y a buscar la justicia.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 2. «Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia? ¿Hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira? Selah.» La oración se eleva por encima de la violencia e impiedad de los hombres y con ala veloz se encomienda al cielo, con feliz agüero, si puedo aludir a lo que los eruditos nos dicen del augurio de los antiguos, que no discutiré minuciosamente. Las oraciones fervientes extienden un ala fuerte y ampliamente extendida, y mientras las aves de la noche revolotean abajo, ellas se remontan y señalan, por así decirlo, las moradas apropiadas a las que debemos aspirar. Porque ciertamente nada hiende el aire tan velozmente, nada emprende un vuelo tan sublime, tan feliz, tan auspicioso como la oración, que lleva al alma sobre sus alas y deja muy atrás todos los peligros, y aun los deleites, de este nuestro bajo mundo. Miren a este santo varón, que poco antes clamaba a Dios en medio de la angustia y con urgente importunidad rogaba ser oído, ahora, como si ya poseyera todo lo que había pedido, tomando sobre sí con audacia reprender a sus enemigos, por muy encumbrados que estuvieran y por muy poderosos que fueran aun en el palacio real. Robert Leighton, D.D.

Versículo 2. «Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia?», etc. Podríamos imaginar cada sílaba de este precioso salmo usada por nuestro Maestro alguna tarde, cuando iba a dejar el templo por el día y se retiraba a su acostumbrado descanso en Betania (v. 8), después de otra infructuosa exhortación a los hombres de Israel. Y todavía podemos leerlo como la expresión misma de su corazón, anhelando por el hombre y deleitándose en Dios. Pero además, no solo es esta la expresión de la Cabeza, es también el lenguaje de uno de sus miembros en plena simpatía con él en santo sentimiento. Es un salmo con el cual los justos pueden hacer resonar sus moradas, mañana y tarde, mientras dirigen una triste mirada a un mundo que rechaza la gracia de Dios. Pueden cantarlo mientras se aferran cada día más a Jehová como su heredad toda suficiente, ahora y en el siglo venidero. Pueden cantarlo también en la feliz confianza de la fe y la esperanza, cuando se acerque la tarde del día del mundo, y entonces pueden dormirse en la certeza de lo que saludará sus ojos en la mañana de la resurrección:

«Durmiendo en el seno de su gracia,

hasta que huyan las sombras de la mañana.» Andrew A. Bonar, 1859

Versículo 2. «Amáis la vanidad.» Los que aman el pecado aman la vanidad; persiguen una burbuja, se apoyan en una caña, su esperanza es como tela de araña. «Mentira.» Esta (leasing) es una antigua palabra sajona que significa falsedad.

Versículo 2. «¿Hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?» «Vanidad de vanidades, todo es vanidad.» Esto lo hallaron nuestros primeros padres, y por eso llamaron a su segundo hijo Abel, o vanidad. Salomón, que había probado estas cosas y era quien mejor podía decir su vanidad, predica este sermón una y otra vez: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad». Es triste pensar cuántos miles hay que pueden decir con el Predicador: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad»; es más, jurarlo, y sin embargo van tras estas cosas como si no hubiera otra gloria ni felicidad que la que se halla en esas cosas que llaman vanidad. Tales hombres venderán a Cristo, el cielo y sus almas por una bagatela, los que llaman vanidad a estas cosas pero no creen cordialmente que lo sean, sino que ponen su corazón en ellas como si fueran su corona, la cúspide de toda su realeza y gloria. ¡Oh! Que sus almas se detengan en la vanidad de todas las cosas de aquí abajo, hasta que sus corazones estén tan plenamente convencidos y persuadidos de su vanidad que las pisoteen y las hagan estrado para que Cristo suba y cabalgue en santo triunfo en sus corazones.

Gilimer, rey de los vándalos, llevado en triunfo por Belisario, exclamó: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad». Es muy agradable la fantasía de Luciano, que pone a Caronte en la cima de un alto monte, contemplando todos los asuntos de los hombres vivos y mirando sus mayores ciudades como pequeños nidos de pájaros. ¡Oh, la imperfección, la ingratitud, la ligereza, la inconstancia, la perfidia de aquellas criaturas a las que más servilmente nos aficionamos! ¡Ah, si pesáramos la pena del hombre con su paga, sus cruces con sus misericordias, sus miserias con sus placeres, veríamos entonces que nada se gana en el trato, y concluiríamos: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad». Crisóstomo dijo una vez: «Que si él fuera el más apto del mundo para predicar un sermón a todo el mundo reunido en una sola congregación, y tuviera algún alto monte por púlpito, desde donde pudiera tener a la vista todo el mundo, y estuviera provisto de una voz de bronce, una voz tan fuerte como las trompetas del arcángel, para que todo el mundo lo oyera, elegiría no predicar sobre otro texto que el de los Salmos: Oh mortales, “¿hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?”». Thomas Brooks, 1608-1680.

Versículo 2. «Amáis la vanidad.» Los afectos de los hombres corresponden a sus principios; y cada uno ama más fuera de sí lo que más conviene a algo dentro de sí: el agrado se funda en la semejanza, y por eso se le ha puesto esa palabra. Así es en todo lo que podamos imaginar, ya en lo temporal o en lo espiritual, en las cosas de esta vida o de una mejor. El amor de los hombres corresponde a alguna obra e impresión en sus propios espíritus. Y así es aquí en el punto de la vanidad: los que son personas vanas se deleitan en cosas vanas; como los niños, aman las cosas más conformes a su disposición pueril y que les convienen en ese particular. Del corazón sale toda clase de mal. Thomas Horton, 1675.

Sugerencias para el predicador

Versículo 2. La depravación del hombre demostrada (1) por perseverar en menospreciar a Cristo, (2) por amar la vanidad en su corazón y (3) por buscar mentiras en su vida diaria.

Versículo 2. La longitud del pecado del pecador. «¿Hasta cuándo?» Puede ser acotada por el arrepentimiento, lo será por la muerte, y sin embargo continuará en la eternidad.

Salmos 4:3

Versículo 3. «Sabed, pues.» Los necios no quieren aprender, y por eso hay que decirles una y otra vez lo mismo, especialmente cuando es una verdad tan amarga la que se les ha de enseñar, a saber: que los piadosos son los escogidos de Dios y han sido, por gracia distintiva, apartados y separados de entre los hombres. La elección es una doctrina que los hombres no renovados no pueden soportar, pero no por eso deja de ser una verdad gloriosa y bien atestiguada, y una que debe consolar al creyente tentado. La elección es la garantía de la salvación completa y un argumento para el éxito ante el trono de la gracia. Quien nos escogió para sí sin duda oirá nuestra oración. Los elegidos del Señor no serán condenados, ni su clamor quedará sin respuesta. David era rey por decreto divino, y nosotros somos pueblo del Señor de la misma manera: digamos a nuestros enemigos en su cara que luchan contra Dios y contra el destino cuando se esfuerzan por derribar nuestras almas. Oh amados, cuando estén de rodillas, el hecho de haber sido apartados como tesoro peculiar de Dios debe darles ánimo e inspirarles fervor y fe. «¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?» Puesto que escogió amarnos, no puede sino escoger oírnos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 3. «Jehová ha escogido al piadoso para sí.» Cuando Dios escoge a un hombre, lo escoge para sí; para sí, para conversar con él, para comunicarse a él como amigo, compañero y delicia suya. Ahora bien, es la santidad la que nos hace aptos para vivir para siempre con el Dios santo, pues sin ella no podemos verle (He 12:14), lo cual es el principal propósito de Dios, y más que el que seamos sus hijos; así como debe suponerse que alguien es hombre, de la humanidad, con alma racional, antes de que podamos suponerlo capaz de adopción o de ser heredero de otro hombre. Como esto, por tanto, fue el primer y principal designio ante los ojos de Dios, antes de considerar nuestra felicidad, sea así también ante los nuestros. Thomas Goodwin, 1600-1679.

Versículo 3. ¡Qué personas tan raras son los piadosos! «El justo es más excelente que su prójimo» (Pr 12:26). Como la flor del sol, como el vino del Líbano, como el centelleo del pectoral de Aarón, tal es el esplendor oriental de una persona engalanada de piedad. . . . . . . Los piadosos son preciosos, y por eso son apartados para Dios: «Sabed que Jehová ha escogido al piadoso para sí.» Apartamos las cosas que son preciosas; los piadosos son apartados como tesoro peculiar de Dios (Sal 135:4); como su huerto de delicias (Cnt 4:12); como su diadema real (Is 43:3); los piadosos son los íntegros de la tierra (Sal 16:3); comparables al oro fino (Lm 4:2); doblemente refinados (Zac 13:9). Son la gloria de la creación (Is 46:13). Orígenes compara a los santos con zafiros y cristales: Dios los llama joyas (Mal 3:17). Thomas Watson.

Versículo 3. «Jehová oirá cuando yo a él clamare.» Recordemos que la experiencia de uno de los santos acerca de la verdad de las promesas de Dios y de la certeza de los privilegios escritos del pueblo del Señor es prueba suficiente del derecho que todos sus hijos tienen a las mismas misericordias, y fundamento de esperanza de que también ellos participarán de ellas en sus tiempos de necesidad. David Dickson, 1653.

Sugerencias para el predicador

Versículo 3. La elección. Sus aspectos hacia Dios, hacia nuestros enemigos y hacia nosotros mismos.

Versículo 3. «Jehová oirá cuando yo a él clamare.» Respuestas a la oración aseguradas a personas especiales. Señalar quiénes pueden reclamar el favor.

Versículo 3. El separatista misericordioso. ¿Quién es? ¿Quién lo separó? ¿Con qué fin? ¿Cómo hacer que los hombres lo sepan?

Salmos 4:4

Versículo 4. «Temblad, y no pequéis.» ¡Cuántos invierten este consejo y pecan, pero no tiemblan! ¡Oh, que los hombres tomaran el consejo de este versículo y meditaran en su corazón! Ciertamente la falta de reflexión debe de ser una razón por la que los hombres están tan locos como para despreciar a Cristo y odiar sus propias misericordias. ¡Oh, que por una vez sus pasiones se calmaran y los dejaran callar, para que en solemne silencio repasaran el pasado y meditaran en su inevitable destino! Seguramente un hombre que piensa tendría bastante sentido para descubrir la vanidad del pecado y la inutilidad del mundo. Detente, pecador temerario, detente, antes de dar el último salto. Ve a tu cama y piensa en tus caminos. ¡Pide consejo a tu almohada y deja que la quietud de la noche te instruya! ¡No eches tu alma por nada! ¡Que hable la razón! ¡Que el mundo clamoroso calle un rato, y que tu pobre alma te ruegue que reflexiones antes de sellar su suerte y arruinarla para siempre! Selah. ¡Oh pecador! Detente mientras te interrogo un momento con las palabras de un poeta sagrado:

«Pecador, ¿descansa tu corazón?

¿Está vacío de temor tu pecho?

¿No te oprime la culpa?

¿No habla la conciencia a tu oído?

¿Puede este mundo darte dicha?

¿Puede ahuyentar tu tristeza?

Lisonjero, falso y vano es;

¡teme el destino del mundano!

Piensa, oh pecador, en tu fin,

mira aparecer el día del juicio;

allí ha de ir tu espíritu,

allí oirás tu justa sentencia.

Alma desdichada, arruinada, sin amparo,

recurre a la sangre de un Salvador;

solo él puede sanarte:

¡huye a Jesús, pecador, huye!»

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 4. «Temblad, y no pequéis.» Jehová es un nombre de gran poder y eficacia, un nombre que tiene cinco vocales, sin las cuales no puede expresarse ninguna lengua; un nombre que tiene también tres sílabas, para significar la Trinidad de personas, la eternidad de Dios, Uno en Tres y Tres en Uno; un nombre de tal temor y reverencia entre los judíos que tiemblan al pronunciarlo, y por eso usan el nombre Adonai (Señor) en todas sus devociones. Y así debe cada uno «temblar y no pecar» tomando en vano el nombre de Dios; sino cantar alabanza y honra, recordarlo, declararlo, exaltarlo, alabarlo y bendecirlo; porque santo y reverendo, solo digno y excelente es su nombre. Rayment, 1630.

Versículo 4. «Meditad en vuestro corazón.» El lenguaje es semejante al que usamos cuando decimos: «Consulta tu mejor juicio» o «Toma consejo de tu buen sentido». Albert Barnes, en este lugar.

Versículo 4. Si quieres ejercitarte en la piedad en la soledad, acostúmbrate a los soliloquios, quiero decir, a conferenciar contigo mismo. Nunca necesita estar ocioso quien tiene tanto que tratar con su propia alma. Famosa fue la respuesta que dio Antístenes cuando le preguntaron qué fruto cosechaba de todos sus estudios. Por ellos, dijo, he aprendido a vivir y a hablar conmigo mismo. Los soliloquios son las mejores disputas; todo hombre bueno es la mejor compañía para sí mismo entre todas las criaturas. El santo David lo manda a otros: «Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad.» «Meditad en vuestro corazón»; cuando no tengan con quién hablar, hablen consigo mismos. Pregúntense para qué fin fueron hechos, qué vidas han vivido, qué tiempos han perdido, qué amor han abusado, qué ira han merecido. Llámense a cuentas: cómo han aprovechado sus talentos, cuán fieles o infieles han sido a su cometido, qué provisión han hecho para la hora de la muerte, qué preparación han hecho para un gran día de rendir cuentas. «Estando en vuestra cama.» El secreto es la mejor oportunidad para este deber. La noche silenciosa es buen tiempo para este discurso. Cuando no tenemos objetos externos que nos perturben y llamen nuestros ojos, como los ojos de los necios que siempre están en los confines de la tierra, entonces nuestros ojos, como los ojos del sabio, pueden estar en su cabeza; y entonces nuestras mentes, como las ventanas del templo de Salomón, pueden ser anchas hacia adentro. Las búsquedas más fructíferas se han hecho en la noche; el alma está entonces del todo encerrada en la casa terrenal del cuerpo y no recibe visitas de extraños que inquieten sus pensamientos. Los médicos han juzgado los sueños como signo probable por el cual pudieran descubrir las dolencias del cuerpo. Ciertamente, pues, la cama no es mal lugar para examinar e inquirir el estado del alma. «Y callad.» El coloquio con uno mismo ayudará mucho a refrenar sus pasiones obstinadas e impías. La consideración seria, como echar tierra entre las abejas, calmará los afectos desordenados cuando están llenos de furia y hacen tan horrendo ruido. Aunque los apetitos sensuales y los deseos indómitos estén, como el pueblo de Éfeso, en alboroto, reclamando su antiguo privilegio y esperando sus acostumbradas provisiones, como en los días de su predominio, si la conciencia usa su autoridad, mandándoles en nombre de Dios, de quien es oficial, que guarden la paz del rey, y argumenta con ellos, como el escribano de Éfeso: «Hay peligro de que se nos acuse de sedición por lo de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso», todo se acalla con frecuencia por este medio y el tumulto se apacigua sin más daño. George Swinnock, 1627-1673.

Versículo 4. «Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad.» Cuando estamos más retirados del mundo, entonces estamos más aptos para tener, y de ordinario tenemos, más comunión con Dios. Si un hombre se limitara un poco en el sueño y velara con santos pensamientos cuando el sueño profundo cae sobre los hombres afligidos y fatigados, podría ser agasajado con visiones de Dios, aunque no tales visiones como las que tuvieron Elifaz y otros de los santos, visiones al fin tendría. Cada vez que Dios se comunica al alma hay una visión de amor, o de misericordia, o de poder; algo de Dios en su naturaleza o en su voluntad se nos muestra. David nos muestra una obra divina cuando vamos a descansar. La cama no es solo para dormir: «Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad.» Estad quietos o callados, y luego meditad en vuestro corazón; y si queréis meditar en vuestro corazón, Dios vendrá y meditará también con vuestro corazón; su Espíritu os dará una visita de amor y visiones de su amor. Joseph Caryl.

Versículo 4. «Temblad.»

Con sagrado temor pronunciad su nombre,

a quien ni palabras ni pensamientos alcanzan. John Needham, 1768.

Sugerencias para el predicador

Versículo 4. Se dirige al pecador a repasarse a sí mismo para que sea convencido de pecado. Andrew Fuller, 1754-1815.

Versículo 4. «Callad.» Consejo bueno, práctico, pero difícil de seguir. Ocasiones en que es oportuno. Gracias necesarias para poder callar. Resultados de la quietud. Personas que más necesitan el consejo. Ejemplos de su práctica. Aquí hay mucho material para un sermón.

Salmos 4:5

Versículo 5. «Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en Jehová.» Siempre que los rebeldes hubieran obedecido la voz del versículo anterior, estarían ahora clamando: «¿Qué haremos para ser salvos?» Y en el presente versículo se les señala el sacrificio y se les exhorta a confiar en el Señor. Cuando el judío ofrecía sacrificio con justicia, es decir, de manera espiritual, presentaba con ello al Redentor, el gran Cordero que expía el pecado; hay, por tanto, el evangelio completo en esta exhortación del salmista. Oh pecadores, huid al sacrificio del Calvario, y allí poned toda vuestra confianza y fe, pues quien murió por los hombres es el SEÑOR JEHOVÁ.

Sugerencias para el predicador

Versículo 5. La naturaleza de aquellos sacrificios de justicia que se espera que ofrezca el pueblo del Señor. William Ford Vance, 1827.

Salmos 4:6

Versículo 6. Entramos ahora en la tercera división del salmo, en la que la fe del afligido se expresa en dulces palabras de contentamiento y paz.

Había muchos, aun entre los propios seguidores de David, que querían ver en lugar de creer. ¡Ay, esa es la tendencia de todos nosotros! Hasta los regenerados suspiran a veces por sentir y ver la prosperidad, y se entristecen cuando las tinieblas ocultan a su vista todo lo bueno. En cuanto a los mundanos, este es su clamor incesante: «¿Quién nos mostrará el bien?» Nunca satisfechos, vuelven en todas direcciones sus bocas abiertas; sus corazones vacíos están dispuestos a beber cualquier hermosa ilusión que inventen los impostores, y cuando estas fallan, pronto ceden a la desesperación y declaran que no hay cosa buena ni en el cielo ni en la tierra. El verdadero creyente es un hombre de muy distinto molde. Su rostro no mira hacia abajo, como el de las bestias, sino hacia arriba, como el de los ángeles. No bebe de los charcos fangosos de Mamón, sino de la fuente de vida de lo alto. La luz del rostro de Dios le basta. Esa es su riqueza, su honra, su salud, su ambición, su descanso. Dale esto, y no pedirá más. Este es el gozo inefable y glorioso. ¡Oh, si tuviéramos más de la morada del Espíritu Santo, para que nuestra comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo sea constante y permanente!

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 6. Donde Cristo se revela hay satisfacción en la porción más pequeña, y sin Cristo hay vacío en la mayor abundancia. Alexander Grosse, sobre el gozo de Cristo, 1632.

Versículo 6. «Muchos», dijo David, «dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?», refiriéndose a las riquezas, la honra y el placer, que no son bien. Pero cuando llega a la piedad misma, omite «muchos» y ruega en su propia persona: «Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro», como si nadie quisiera unirse a él. Henry Smith.

Versículo 6. «¿Quién nos mostrará el bien?» Esta no es una traducción correcta. La palabra algún no está en el texto, ni nada equivalente; y no pocos la han citado y han predicado sobre el texto poniendo el énfasis principal en este añadido ilegítimo. El pasaje ya es suficientemente enfático. Hay multitudes que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? El hombre quiere el bien; aborrece el mal como mal, porque por él tiene dolor, sufrimiento y muerte, y desea hallar ese bien supremo que contente su corazón y lo salve del mal. Pero los hombres se equivocan en cuanto a este bien. Buscan un bien que satisfaga sus pasiones; no tienen noción de felicidad alguna que no les llegue por el medio de sus sentidos. Por eso rechazan el bien espiritual, y rechazan al Dios supremo, el único por quien pueden ser satisfechas todas las facultades del alma humana. Adam Clarke.

Versículo 6. «Alza sobre nosotros», etc. Esta era la bendición del sumo sacerdote y es la herencia de todos los santos. Incluye reconciliación, seguridad, comunión, bendición; en una palabra, la plenitud de Dios. ¡Oh, ser llenos de ella! C. H. S.

Versículos 6-7. Para que las riquezas no se consideren malas en sí mismas, Dios las da a veces a los justos; y para que no se consideren el sumo bien, las concede con frecuencia a los impíos. Pero son más generalmente la porción de sus enemigos que de sus amigos. ¡Ay! ¿Qué es recibir y no ser recibido? ¿No tener otros rocíos de bendición que los que serán seguidos de lluvias de azufre? Podemos rodearnos de chispas de seguridad, y después quedar seguros en la miseria eterna. Este mundo es una isla flotante, y tan cierto como que echemos el ancla en ella, seremos arrastrados por ella. Dios, con todo lo que ha hecho, no es más que Dios sin nada de lo que ha hecho. Nunca puede faltarle tesoro al que tiene una mina de oro tal. Él basta sin la criatura, pero la criatura no es nada sin él. Es mejor, por tanto, gozar de él sin ninguna otra cosa, que gozar de todo lo demás sin él. Es mejor ser un vaso de madera lleno de vino que uno de oro lleno de agua. William Secker, en "Nonsuch Professor," 1660.

Sugerencias para el predicador

Versículo 6. El clamor del mundo y el de la iglesia, en contraste. Vox populi no siempre es Vox Dei.

Versículo 6. Los anhelos del alma, todos satisfechos en Dios.

Versículos 6-7. Una seguridad del amor del Salvador, fuente de gozo incomparable.

Salmos 4:7

Versículo 7. «Es mejor», decía uno, «sentir el favor de Dios una hora en nuestras almas arrepentidas, que estar sentados siglos enteros bajo el sol más cálido que este mundo ofrece». Cristo en el corazón es mejor que el trigo en el granero o el vino en el lagar. El trigo y el vino son solo frutos del mundo, pero la luz del rostro de Dios es el fruto maduro del cielo. «Tú estás conmigo» es un clamor mucho más bendito que «Cosecha terminada». Que mi granero esté vacío; estoy lleno de bendiciones si Jesucristo me sonríe; pero si tengo todo el mundo, soy pobre sin él.

No dejemos de notar que este versículo es el decir del justo, en oposición al decir de los muchos. ¡Qué pronto delata la lengua el carácter! «¡Habla, para que yo te vea!», dijo Sócrates a un muchacho hermoso. El metal de una campana se conoce mejor por su sonido. Las aves revelan su naturaleza con su canto. Los búhos no pueden cantar la canción de la alondra, ni puede el ruiseñor ulular como el búho. Pesemos, pues, y vigilemos nuestras palabras, no sea que nuestro hablar demuestre que somos extranjeros y ajenos a la ciudadanía de Israel.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 7. ¡Qué locura y necedad es que los favoritos del cielo envidien a los hombres del mundo, que a lo sumo se alimentan de las migajas que caen de la mesa de Dios! Lo temporal son los huesos; lo espiritual es el tuétano. ¿No es indigno de un hombre envidiar a los perros por los huesos? ¿Y no lo es mucho más de un cristiano envidiar a otros por lo temporal, cuando él mismo goza de lo espiritual? Thomas Brooks.

Versículo 7. «Tú diste alegría a mi corazón.» Los consuelos que Dios reserva a los que lloran son consuelos que llenan (Ro 15:13): «El Dios de esperanza os llene de todo gozo»; (Jn 16:24): «Pedid, para que vuestro gozo sea cumplido». Cuando Dios derrama los gozos del cielo, estos llenan el corazón y lo hacen rebosar (2 Co 7:4): «Sobreabundo de gozo»; el griego dice: rebosa de gozo, como una copa llena de vino hasta derramarse. Los consuelos externos no pueden llenar el corazón más de lo que un triángulo puede llenar un círculo. Los gozos espirituales satisfacen (Sal 63:5): «Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca»; «Tú diste alegría a mi corazón.» Los gozos mundanos ponen alegría en el rostro, pero el Espíritu de Dios la pone en el corazón; los gozos divinos son gozos del corazón (Zac 10:7; Jn 16:22): «Se alegrará su corazón»; (Lc 1:47): «Mi espíritu se regocija en Dios». Y para mostrar cuán llenadores son estos consuelos, de extracción celestial, el salmista dice que producen mayor gozo que cuando «abundaba su trigo y su mosto». El vino y el aceite pueden deleitar, pero no satisfacer; tienen su vacío y su indigencia. Podemos decir, como en Zac 10:2: «En vano consuelan»; los consuelos externos antes empalagan que alegran, y antes cansan al que llenan. Jerjes ofrecía grandes recompensas al que descubriera un placer nuevo; pero los consuelos del Espíritu son satisfactorios, reponen el corazón (Sal 94:19): «Tus consolaciones alegraban mi alma». Hay tanta diferencia entre los consuelos celestiales y los terrenales como entre un banquete que se come y uno pintado en la pared. Thomas Watson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 7. Los gozos del creyente. (1) Su fuente: «Tú»; (2) su tiempo, ahora mismo: «Tú diste»; (3) su lugar: «a mi corazón»; (4) su excelencia: «más que cuando abundaba su trigo y su mosto».

Se sugiere otro excelente tema: «La superioridad de los gozos de la gracia sobre los gozos de la tierra»; o bien, «Dos clases de prosperidad: ¿cuál ha de desearse más?»

Salmos 4:8

Versículo 8. ¡Dulce himno vespertino! No me sentaré a vigilar por miedo, sino que me acostaré; y no me acostaré despierto escuchando cada ruido, sino que me acostaré en paz y dormiré, porque nada tengo que temer. El que tiene sobre sí las alas de Dios no necesita otro cortinaje. Mejor que cerrojos y barras es la protección del Señor. Hombres armados guardaban el lecho de Salomón, pero no creemos que durmiera más profundamente que su padre, cuya cama era el suelo duro y a quien acechaban enemigos sedientos de sangre. Nota la palabra «solo», que significa que solo Dios era su guardián, y que, aunque solo, sin ayuda de hombre, estaba aun entonces bien guardado, pues estaba «solo con Dios». Una conciencia tranquila es buena compañera de lecho. ¡Cuántas de nuestras horas de insomnio podrían atribuirse a nuestra mente desconfiada y turbada! Duermen dulcemente los que la fe mece hasta el sueño. No hay almohada tan suave como una promesa; ni cobertor tan cálido como un interés seguro en Cristo.

Oh Señor, danos este sereno reposo en ti, para que, como David, nos acostemos en paz y durmamos cada noche mientras vivamos; y que nos acostemos con gozo a su tiempo para dormir en la muerte, para descansar en Dios.

La reflexión del Dr. Hawker sobre este salmo merece que se ore sobre ella y que nos alimentemos de ella con santo deleite. No podemos dejar de transcribirla.

«¡Lector! No perdamos de vista al Señor Jesús mientras leemos este salmo. Él es el Señor, justicia nuestra; y por tanto, en todos nuestros acercamientos al propiciatorio, vayamos allí con un lenguaje que corresponda a este que llama a Jesús el Señor, justicia nuestra. Mientras los hombres del mundo buscan en el mundo su sumo bien, deseemos nosotros su favor, que trasciende infinitamente al trigo y al mosto y a todas las cosas buenas que perecen con el uso. Sí, Señor, tu favor es mejor que la vida misma. Tú haces que los que te aman reciban por herencia bienes verdaderos, y llenas sus tesoros.

»¡Oh Dios y Padre bondadoso! ¿Has apartado de manera tan maravillosa a uno de nuestra naturaleza para ti? ¿Has escogido en verdad a uno de entre el pueblo? ¿Lo has contemplado en la pureza de su naturaleza, como uno piadoso en todo punto? ¿Lo has dado por pacto del pueblo? ¿Y has declarado que te complaces en él? ¡Oh, entonces bien puede mi alma complacerse también en él! ¡Ahora sé que mi Dios y Padre me oirá cuando lo invoque en el nombre de Jesús, y cuando levante los ojos a él pidiendo aceptación por amor de Jesús! Sí, mi corazón está dispuesto, oh Señor, mi corazón está dispuesto; Jesús es mi esperanza y mi justicia; el Señor me oirá cuando lo invoque. Y de aquí en adelante me acostaré en paz y dormiré seguro en Jesús, aceptado en el Amado; porque este es el reposo con que el Señor hace reposar al cansado, y este es el refrigerio.»

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 8. Se dice del labrador que, habiendo echado su semilla en la tierra, duerme y se levanta noche y día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo (Mr 4:26-27). Así el hombre bueno, habiendo echado por fe y oración su cuidado sobre Dios, reposa noche y día, y está muy tranquilo, dejando a su Dios que haga todas las cosas por él conforme a su santa voluntad. Matthew Henry.

Versículo 8. Cuando hayas andado con Dios de la mañana a la noche, te queda concluir bien el día, cuando te dispongas a descansar por la noche. Por tanto, primero, mira atrás y examina estrictamente toda tu conducta de aquel día. Corrige lo que halles mal; y alégrate o aflígete según veas que has obrado bien o mal, que has avanzado o retrocedido en la gracia ese día. Segundo, puesto que no puedes dormir seguro si Dios, que es tu guardián (Sal 121:4-5), no vela y vigila por ti (Sal 127:1); y aunque tengas a Dios velando mientras duermes, no puedes estar seguro si el que vigila es tu enemigo, es muy conveniente que por la noche renueves y confirmes tu paz con Dios por fe y oración, encomendándote y entregándote a la tutela de Dios mediante la oración (Sal 3:4-5; 92:2), con acción de gracias, antes de ir a la cama. Entonces te acostarás seguro (Sal 4:8). Hecho todo esto, mientras te quitas la ropa, cuando te acuestas y cuando estás en la cama, antes de dormir, es bueno que hables con tu propio corazón (Sal 4:4). Si te es posible dormirte con alguna meditación celestial, tu sueño será más dulce (Pr 3:21, 24, 25) y más seguro (Pr 6:21-22); tus sueños serán menos, o más consoladores; tu cabeza estará más llena de buenos pensamientos (Pr 6:22), y tu corazón estará en mejor disposición cuando despiertes, sea de noche o de mañana. Resumido de "Daily Walk" de Henry Scudder, 1633.

Versículo 8. «En paz me acostaré, y asimismo dormiré», etc. Debemos retirarnos ahora un momento de la contienda de lenguas y de la hostilidad abierta de los enemigos, a la quietud y la intimidad de la alcoba. Aquí también hallamos el «yo» de la confianza. «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.» Aquí se nos revela a Dios ejerciendo cuidado personal en la alcoba tranquila. Y hay en esto algo inexpresablemente dulce para el creyente, pues muestra lo minucioso del cuidado de Dios, lo individual de su amor; cómo condesciende, se inclina y obra no solo en las grandes esferas, sino también en las pequeñas; no solo donde pudiera obtenerse gloria de grandes resultados, sino donde nada se obtiene sino la gratitud y el amor de una pobre y débil criatura, cuya vida ha sido protegida y preservada en un tiempo de indefensión y sueño. ¡Cuán bendito sería si reconociéramos más a Dios en la alcoba tranquila; si pensáramos en él como presente allí en todas las horas de enfermedad, de cansancio y de dolor; si creyéramos que su interés y su cuidado están tan concentrados en el creyente débil allí como en su pueblo en el campo de batalla más amplio de la contienda de lenguas! Hay algo inexpresablemente conmovedor en este «acostarse» del salmista. Al acostarse así, renunció voluntariamente a toda custodia de sí mismo; se entregó en manos de otro; y lo hizo por completo, pues en ausencia de todo cuidado durmió; había aquí una confianza perfecta. Muchos creyentes se acuestan, pero no para dormir. Quizá se sienten bastante seguros en cuanto al cuerpo, pero los cuidados y las ansiedades invaden la intimidad de su alcoba; vienen a probar su fe y su confianza; amenazan, asustan y, ¡ay!, resultan demasiado fuertes para la confianza. Muchos pobres creyentes podrían decir: «Me acostaré, pero no para dormir». El autor encontró un caso conmovedor de esto en un anciano ministro a quien visitó durante una enfermedad grave. Las circunstancias de este digno hombre eran estrechas y sus pruebas familiares grandes; dijo: «El médico quiere que duerma, pero ¿cómo puedo dormir con la preocupación sentada en mi almohada?» Es la experiencia de algunos del pueblo del Señor que, aunque están a la altura de una emergencia o de una presión continuada, después sobreviene una reacción; y cuando se quedan a solas su ánimo decae, y no sienten esa fuerza de Dios ni esa confianza en él que sentían mientras la presión ejercía su fuerza. . . . . . Hay una prueba en la quietud; y muchas veces la alcoba tranquila exige más confianza amorosa que el campo de batalla. ¡Oh, si pudiéramos confiar más y más a Dios las cosas personales! ¡Oh, si fuera el Dios de nuestra alcoba, así como de nuestros templos y casas! ¡Oh, si pudiéramos traerlo más y más a las minucias de la vida diaria! Si lo hiciéramos, experimentaríamos una medida de descanso que quizá hoy nos es ajena; temeríamos menos la alcoba del enfermo; tendríamos esa mente sin agobio que más conduce al reposo, de cuerpo y alma; podríamos decir: «Me acostaré y dormiré, y dejaré el mañana a Dios». El hermano de Ridley se ofreció a quedarse con él la noche anterior a su martirio, pero el obispo declinó, diciendo que «pensaba acostarse y dormir tan tranquilo como lo había hecho en toda su vida». Philip Bennett Power, en "The 'I Wills' of the Psalms."

Versículo 8. La debida observación de la Providencia engendrará y asegurará la tranquilidad interior en vuestras mentes en medio de las vicisitudes y revoluciones de las cosas en este mundo inestable y vano. «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.» Resuelve que los temores pecaminosos sobre los acontecimientos no le robarán su quietud interior ni atormentarán sus pensamientos con presagios ansiosos; encomendará todos sus asuntos a aquella mano fiel y paternal que hasta entonces había obrado todas las cosas por él; y no piensa perder el consuelo de una noche de descanso ni traer el mal del mañana sobre el día; sino que, sabiendo en manos de quién estaba, disfruta sabiamente la dulce felicidad de una voluntad resignada. Ahora bien, esta tranquilidad de nuestras mentes es engendrada y preservada por la debida consideración de la providencia tanto como por cualquier otra cosa. John Flavel, 1627-1691.

Versículo 8. Dichoso el cristiano que, habiéndose entregado cada noche con este versículo a su cama como a su sepultura, al fin, con las mismas palabras, se entregue a su sepultura como a su cama, de la cual espera levantarse a su tiempo y cantar un himno matutino con los hijos de la resurrección. George Horne, D.D., 1776.

Versículo 8. «Dormir»

«¡Cuán bendito fue el sueño

que conoció el Salvador sin pecado!

En vano soplaron los vientos de la tormenta,

hasta que despertó a los dolores de otros

y acalló las olas hasta el reposo.

¡Cuán hermoso es el sueño,

el sueño que conocen los cristianos!

¡Afligidos, cesad vuestro llanto,

mientras, suave sobre el pecho de su Salvador,

el justo se hunde en reposo sin fin!» Mrs. M'Cartree.

Sugerencias para el predicador

Versículo 8. La paz y la seguridad del hombre bueno. Joseph Lathrop, D.D., 1805.

Versículo 8. Una alcoba para los creyentes, un canto vespertino para cantar en ella y una guardia que cuide la puerta.

Versículo 8. Las buenas noches del cristiano.

Versículos 2 a 8. Los medios que debe emplear un creyente para ganar a los impíos para Cristo. (1) Reconvención, versículo 2. (2) Instrucción, versículo 3. (3) Exhortación, versículos 4-5. (4) Testimonio de la bienaventuranza de la verdadera religión, como en los versículos 6-7. (5) Ejemplificación de ese testimonio por la paz de la fe, versículo 8.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.