El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 58: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
Al músico principal. Aunque David tenía en mente su propio caso, no escribió como persona privada sino como profeta inspirado, y por eso su canto se presenta, para uso público y perpetuo, al guardián designado de la salmodia del Templo. «Sobre No destruyas.» Aquí se juzga y condena a los impíos, pero sobre los piadosos se pronuncia solemnemente el sagrado «No destruyas». Mictam de David. Este es el cuarto de los Salmos del Secreto de Oro, y el segundo de los «No destruyas». Estos nombres, si no sirven para otra cosa, pueden ser útiles para ayudar a la memoria. Los hombres dan nombres a sus caballos, joyas y otros objetos de valor, y esos nombres no pretenden tanto describirlos como distinguirlos, y en algunos casos expresar la alta estima del dueño por su tesoro; de la misma manera el poeta oriental daba un título al canto que amaba, y así ayudaba a su memoria y expresaba su estima por la melodía. No siempre hemos de buscar un significado en estos encabezamientos, sino tratarlos como trataríamos los títulos de poemas o los nombres de melodías.
División
El enemigo impío es acusado, Sal 58:1-5; se pide juicio al juez, Sal 58:6-8; y se ve en visión profética como ya ejecutado, Sal 58:9-11.
Notas explicativas y dichos pintorescos
TÍTULO. El significado propio de la raíz de Mictam es grabar o estampar un metal. Por tanto, en rigor, significa un grabado o una escultura. De ahí que en la Septuaginta se traduzca sthlografia, una inscripción en una columna. Me atrevería a ofrecer una conjetura en perfecta armonía con esta opinión. Por los títulos de cuatro de estos seis Salmos aparece que fueron compuestos por David mientras huía y se escondía de las persecuciones de Saúl. ¿Qué impide, pues, que imaginemos que fueron inscritos en las rocas y en las paredes de las cuevas que tan a menudo le sirvieron de refugio? Esta opinión concordaría con el significado etimológico estricto de la palabra, y explicaría la traducción de la Septuaginta. John Jebb, en "A Literal Translation of the Book of Psalms," 1846. (Véanse también las Notas explicativas sobre los Salmos 6 y 56. "Treasury of David", vol. 1, pp. 222-23; vol. 3, p. 40.)
Todo el salmo. Kimchi dice que este Salmo fue escrito a causa de Abner y de los demás príncipes de Saúl, que juzgaban a David como rebelde contra el gobierno, y decían que correspondía a Saúl perseguirlo para matarlo; pues si ellos lo hubieran contenido, Saúl no lo habría perseguido; y en verdad parecen ser jueces malvados los que son aquí interpelados; no destruyas. Arama dice que declara la maldad de los jueces de Saúl. John Gill.
Salmos 58:1
Versículo 1. «Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia?» Los enemigos de David eran una banda numerosa y unida, y como condenaban tan unánimemente al perseguido, tendían a dar por sentado que su veredicto era justo. «Lo que todos dicen debe de ser verdad» es un proverbio mentiroso, fundado en la presunción que viene de las grandes alianzas. ¿No hemos acordado todos acosar al hombre hasta la muerte, y quién se atreve a insinuar que tantos grandes puedan equivocarse? Sin embargo, el perseguido pone el hacha a la raíz al exigir a sus jueces que respondan si actuaban o no conforme a la justicia. Sería bueno que los hombres se detuvieran a veces a considerar esto con franqueza. Algunos de los que rodeaban a Saúl eran perseguidores más pasivos que activos; callaban cuando el objeto del odio real era calumniado; en el original, esta primera frase parece dirigirse a ellos, y se les pide que justifiquen su silencio. Quien calla otorga. El que se abstiene de defender lo recto es cómplice del mal. «¿Juzgáis con rectitud, hijos de los hombres?» Vosotros también sois solo hombres, aunque vestidos de una breve autoridad. Vuestro cargo para con los hombres y vuestra relación con los hombres os obligan a la rectitud; pero ¿lo habéis recordado? ¿No habéis dejado de lado toda verdad cuando habéis condenado a los piadosos y os habéis unido para procurar la ruina del inocente? Con todo, al hacerlo no estéis demasiado seguros del éxito, pues solo sois «hijos de los hombres», y hay un Dios que puede revocar vuestros veredictos y lo hará.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 1. ¿Estáis mudos (cuando) debéis pronunciar justicia (y) juzgar con equidad, hijos de los hombres? Las primeras palabras son sumamente oscuras. Una de ellas, mla, que no se expresa en el inglés, y las versiones antiguas, significa mudez, como en Sal 61:1, y parece usarse aquí como expresión fuerte para enteramente sin habla. En qué aspecto estaban así mudos lo indica el verbo que sigue, pero la conexión solo puede aclararse en inglés mediante un circunloquio. La interrogación, ¿estáis en verdad?, expresa asombro, como ante algo apenas creíble. ¿Puede ser así? ¿Es posible? ¿Estáis realmente callados vosotros, cuyo mismo oficio es hablar por Dios y contra los pecados de los hombres? Joseph Addison Alexander.
Versículo 1. Oh congregación, oh banda o compañía. El hebreo alem, que tiene el significado de atar como una gavilla o haz, parece ser aquí una compañía de gente unida o confederada. Henry Ainsworth.
Salmos 58:2
Versículo 2. «Antes en el corazón maquináis iniquidades.» En lo hondo de vuestras mismas almas ensayáis la injusticia que pensáis practicar, y cuando llega la ocasión, descargáis la venganza con deleite; vuestro corazón está en vuestra obra perversa, y por eso vuestras manos están bien dispuestas. Esos mismos hombres que se sentaban como jueces, y fingían tanta indignación por las faltas imputadas a su víctima, perpetraban en su corazón toda clase de maldad. «Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.» Eran pecadores deliberados, villanos fríos y calculadores. Así como los jueces justos ponderan la ley, equilibran la evidencia y sopesan el caso, los malintencionados dispensan injusticia con premeditación y a sangre fría. Observa en este versículo que los hombres descritos pecaban con el corazón y con la mano; en privado en su corazón, públicamente en la tierra; maquinaban y pesaban: eran activos y sin embargo deliberados. ¡Mira qué generación tienen que tratar los santos! Tales fueron los enemigos de nuestro Señor, generación de víboras, generación mala y adúltera; procuraron matarlo porque él era la justicia misma, y sin embargo disfrazaron su odio a su bondad acusándolo de pecado.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 2. «En el corazón maquináis iniquidades», etc. El salmista no dice que tuvieran la maldad en su corazón, sino que la trabajaban allí: el corazón es un taller interior, un taller subterráneo; allí tramaban en secreto, forjaban y martillaban sus perversos propósitos y los ajustaban a las acciones; más aún, hacían pesar la violencia de sus manos en la tierra. Esto es una alusión a los mercaderes, que compran y venden por peso; pesan su mercancía hasta la onza; no la entregan al por mayor, sino por peso exacto. Así, dice el salmista, hacen pesar la violencia de sus manos; no oprimen burdamente, sino con cierta exactitud y destreza, se sientan y consideran qué violencia y cuánta pueden usar en tal caso, o cuánto puede soportar tal persona, o tal circunstancia. Son más listos que para hacerlo todo de una vez, o todo a uno solo, no sea que lo echen todo a perder. Pesan lo que hacen, aunque lo que hacen sea tan malo que no aguantará peso alguno cuando Dios venga a pesarlo. Ni llegan a esta destreza de inmediato, sino después de haber hecho, por así decirlo, un aprendizaje; y se atan al oficio muy temprano; pues, como sigue en el versículo tercero del salmo, «Se pervirtieron los impíos desde la matriz; desde el vientre se desviaron los que hablan mentira», es decir, están extraviados tanto por naturaleza como por práctica temprana; no pierden tiempo, se ponen a ello jóvenes, incluso «desde que nacen»; en cuanto son aptos para algún uso, o para hacer algo, se aplican y se disponen a obrar mal. Joseph Caryl.
Versículo 2. La palabra twlwe, maldad, significa propiamente la inclinación de la balanza, cuando el platillo pesa hacia un lado; luego se aplica a la acepción de personas, a la injusticia e iniquidad, especialmente en los tribunales y decisiones públicas, como en Sal 82:2: «¿Hasta cuándo juzgaréis lwe injustamente?», es decir, con una inclinación injusta de la balanza. Hermann Venema.
Versículo 2. Los principios de los impíos son aún peores que sus prácticas: la violencia premeditada es doblemente culpable. George Rogers.
Salmos 58:3
Versículo 3. «Se pervirtieron los impíos desde la matriz.» No es de extrañar que algunos hombres persigan a la descendencia justa de la mujer, puesto que todos ellos son de la generación de la serpiente, y la enemistad está puesta entre ellos. Apenas nacidos y ya alejados de Dios: ¡qué condición en que hallarse! ¿Dejamos tan pronto el camino recto? ¿Comenzamos a ser hombres y a ser pecadores en el mismo momento? «Desde el vientre se desviaron los que hablan mentira.» Todo observador puede ver con qué prontitud los niños actúan la mentira. Antes de poder hablar practican pequeñas artes engañosas. Esto ocurre especialmente en quienes crecen hasta ser expertos en la calumnia: comienzan su mal oficio temprano, y no es maravilla que lleguen a ser expertos en él. El que sale temprano por la mañana llegará lejos antes de la noche. Ser mentiroso es una de las pruebas más seguras de un estado caído, y puesto que la falsedad es universal, también lo es la depravación humana.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. «Se pervirtieron los impíos desde la matriz», etc. ¡Cuán temprano pecan los hombres! ¡Cuán tarde se arrepienten! Desde que nacen «se desvían», pero si se los deja a sí mismos no volverán hasta que mueran; nunca volverán. Los niños no pueden andar ni hablar en cuanto nacen, pero en cuanto nacen pueden «desviarse» y «hablar mentira»; es decir, su primer hablar es mentir, y su primer andar es extraviarse; más aún, cuando no pueden andar naturalmente, pueden andar errados moral o metafóricamente: el primer paso que son capaces de dar es un paso fuera del camino. Joseph Caryl.
Versículo 3. «Desde el vientre se desviaron los que hablan mentira.» De todos los pecados, ninguno puede llamar a Satanás padre como la mentira. Toda la corrupción que hay en nosotros vino de Satanás, pero aun así este pecado de forjar y mentir es del diablo más que ningún otro; sabe al diablo más que ningún otro. De ahí que todo hombre sea mentiroso (Ro 3:4), y así todo hombre es todo otro pecador; pero de manera especial todo hombre es mentiroso; porque la primerísima depravación de nuestra naturaleza entró por la mentira, y nuestra naturaleza sabe aún mucho a este viejo tronco para ser dada a la mentira, soplando además el diablo en nosotros un aliento fuerte para incitarnos a mentir. De ahí que apenas hablamos, mentimos. Así como en el cuerpo estamos sujetos a todas las enfermedades, pero algunos a una dolencia más bien que a otra, así en el alma todos somos bastante propensos a todo pecado, y algunos más a un vicio que a otro; pero todos estamos muy inclinados a mentir. Un mentiroso, pues, se parece al diablo cuanto más puede parecerse, y se diferencia de Dios cuanto más puede diferenciarse. Richard Capel, 1586-1656, en "Tentations, their Nature, Danger, Cure."
Versículo 3. La figura de los impíos que se desvían desde que nacen parece tomada de la disposición y el poder de una serpiente joven poco después de nacer. La serpiente más joven puede transmitir veneno a cualquier cosa que muerda; y el sufrimiento es en todos los casos grande, aunque la mordedura rara vez es mortal. Pon un palo cerca del reptil, cuya edad no llega a muchos días, y de inmediato lo morderá. Las crías del tigre y del caimán son igualmente feroces en sus primeros hábitos. Joseph Roberts, en "Oriental Illustrations of the Sacred Scriptures," 1844.
Sugerencias para el predicador
Versículo 3.
- Los efectos naturales del pecado original se ven en el sufrimiento y la muerte tempranos.
- Sus efectos morales se ven en la temprana comisión de pecado actual.
- La depravación temprana se muestra en la culpa consciente de decir mentiras. G. R.
Versículo 3. (primera parte). El pandemonio interior, o el calendario de los crímenes del corazón.
Salmos 58:4
Versículo 4. «Veneno tienen semejante al veneno de serpiente.» ¿Es también el hombre un reptil venenoso? Sí, y su veneno es como el de la serpiente. La víbora lleva en sus colmillos solo muerte para el cuerpo; pero el hombre no regenerado lleva veneno bajo la lengua, destructivo para la naturaleza más noble. «Son como el áspid sordo que cierra su oído.» Al hablar de serpientes, el salmista recuerda que muchas de ellas han sido vencidas por el arte del encantador, pero a hombres como aquellos con quienes él tenía que tratar ningún arte podía domarlos ni refrenarlos; por eso los compara con una serpiente menos sensible que otras a la música del encantador, y dice que se negaban a oír la razón, como el áspid cierra su oído a los encantamientos que fascinan a otros reptiles. El hombre, en su corrupción natural, parece tener todos los malos rasgos de la serpiente sin sus excelencias. ¡Oh pecado, qué has hecho!
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 4. Veneno. Hay tal cosa como el veneno; pero ¿dónde hallarlo? Ubicunque fuerit, in homine quis quaereret? Dondequiera que esté, ¿quién lo buscaría en el hombre? Dios hizo el cuerpo del hombre del polvo; no mezcló veneno en él. Inspira su alma desde el cielo; no sopla veneno con ella. Lo alimenta con pan; no le transmite veneno con él. Unde venenum? ¿De dónde el veneno? Mt 13:27: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo?» Unde zizaniae: «¿De dónde, pues, tiene cizaña?» ¿De dónde? Hoc fecit inimicus: «Un enemigo ha hecho esto.» Podemos percibir en ello al diablo. Esa gran serpiente, el dragón escarlata, ha vertido este veneno en los corazones malvados. Su propio veneno, malitiam, la maldad. Cum infundit peccatum, infundit venenum: «Cuando infunde pecado, infunde veneno.» El pecado es veneno. La depravación original se llama corrupción; la actual, veneno. La violencia y la virulencia de esta cualidad venenosa no llegan de golpe. Nemo fit repente pessimus: Nadie se hace pésimo de repente. Nacemos corruptos, nos hemos hecho venenosos. Hay tres grados, como si fueran otras tantas edades, en el pecado. Primero: el pecado secreto; una úlcera que yace en los huesos, pero cubierta de piel por la hipocresía. Segundo: el pecado abierto, que estalla en manifiesta villanía. El primero es corrupción, el segundo es erupción. Tercero: el pecado frecuentado y confirmado, y ese es veneno puro, que envenena alma y cuerpo. Thomas Adams, 1614.
Versículo 4. Áspid. Hebreo ntb pethen, la cobra egipcia (Naja hage), una de las serpientes venenosas colubrinas (Colubri). Es una de las llamadas serpientes de capucha, con las que tratan principalmente los encantadores de serpientes. La serpiente de anteojos propiamente dicha (Naja tripudians) es una especie muy emparentada. La conocida cobra capelo es otra. Todas son notorias por su mordedura mortal. Los colmillos huecos comunican con una glándula de veneno que, al ser presionada en el acto de morder, envía unas gotas a la punción. El veneno actúa rápidamente sobre todo el organismo, y pronto sobreviene la muerte. John Duns, D.D., en "Biblical Natural Science," 1868.
Versículo 4. El áspid sordo. Es cierto, dice un escritor moderno sobre los Salmos, que la víbora común de Inglaterra, cuya mordedura, dicho sea de paso, es muy venenosa, si no es del todo sorda, tiene el sentido del oído muy imperfecto. Esto es evidente por el peligro que hay de pisar estos animales, a menos que uno los vea; pues si no te ven y no los molestas, nunca procuran evitarte, cosa que, cuando son molestados y te ven, procuran con mucha solicitud. Admitiendo, pues, que hay una especie de estos animales nocivos que, o bien no tiene el sentido del oído en absoluto, o solo lo tiene en bajo grado, bien puede decirse que es sorda; esto puede ayudar a explicar el presente pasaje poético del salmista. Compara muy elegantemente las prácticas perniciosas y destructivas de los hombres malvados con el veneno de una serpiente; y su mención de esta especie de animales parece haber traído a su mente otra propiedad de al menos una clase de ellos, en la cual también se asemejaban a los pecadores perversos y obstinados, sordos a todo consejo, del todo irreductibles e imposibles de persuadir. En esto se parecía el áspid, que es un animal muy venenoso y, además, sordo, o casi. Y quizá su decir que cierra su oído no sea más que una expresión poética para la sordera; así como el topo, que en el habla común se dice que es ciego, podría decirse en frase poética que cierra los ojos; como de hecho hace cuando se lo expone a la luz. La cláusula siguiente, Que no oye, etc., es otra expresión poética para lo mismo. Samuel Burder, en "The Scripture Expositor," 1810.
Versículo 4. El áspid sordo. Se cree que varias de las serpientes son o bien completamente sordas, o muy duras de oído. Quizá la que se llama puddeyan, la «serpiente castor», lo es más que ninguna otra. Con frecuencia me he acercado mucho a estos reptiles; pero no hicieron esfuerzo alguno por apartarse. Acechan en el camino, y la víctima sobre quien se lanzan expirará pocos minutos después de ser mordida. Joseph Roberts.
Versículo 4. El áspid sordo. El áspid es la haje naja, o cobra de Egipto, según Cuvier. El oído de todas las serpientes es imperfecto, pues todas carecen de cavidad timpánica y de aberturas externas del oído. El áspid sordo no es una especie particular. El punto del reproche es que el pathen, o «áspid», de que aquí se trata, podía oír en cierta medida pero no quería; como los jueces injustos, o perseguidores, de David podían oír con sus oídos externos los llamados que él hace en Sal 58:1-2, pero no querían. El encantador solía poder encantar a la serpiente con sonidos agudos, ya fuera de su voz o de la flauta, haciendo su relativa sordera que fuera más sensible a los sonidos que sí podía oír. Pero ocurrían casos excepcionales de un áspid sordo que lo era solo en el sentido de que se negaba a oír o a ser influido. Véase también Jer 8:17; compárese Ec 10:11. A. R. Fausset.
Versículo 4. El áspid sordo que cierra su oído. En cuanto a lo que se dice de que el animal cierra sus oídos, no es necesario recurrir a la suposición de que lo haga realmente, como algunos han afirmado; basta saber que, mientras algunas serpientes son afectadas del modo arriba descrito, otras son en parte o del todo insensibles al encantamiento. Richard Mant.
Versículo 4. (segunda parte). Esta cláusula admite una construcción diferente: como el áspid sordo, él cierra su oído, que algunos intérpretes prefieren, porque un áspid no puede cerrar sus oídos, y no necesita cerrarlos si es sordo por naturaleza, mientras que es cerrando los suyos como el hombre malvado se hace semejante a un áspid sordo. J. A. Alexander.
Vers. 4-5. Con toda su experiencia y destreza, los encantadores de serpientes no siempre escapan con impunidad. De vez en cuando ocurren desenlaces fatales en estas exhibiciones del arte de los psilos; pues todavía se encuentran «áspides sordos, que no oyen la voz de los que encantan, por más hábil que sea el encantador»... Roberts menciona el caso de un hombre que llegó a casa de un caballero para exhibir serpientes domesticadas y, al decírsele que había en la casa una cobra, o serpiente de capucha, en una jaula, se le preguntó si podía encantarla; al responder él que sí, la serpiente fue soltada de la jaula, sin duda en un estado de gran irritación. El hombre comenzó su encantamiento y repitió sus conjuros; pero la serpiente se lanzó sobre él, se prendió de su brazo, y antes de la noche era un cadáver. Philip Henry Gosse, en "The Romance of Natural History," 1861.
Vers. 4-5. Un día una serpiente de cascabel entró en nuestro campamento. Entre nosotros había un canadiense que sabía tocar la flauta y que, para divertirnos, marchó contra la serpiente con su nueva especie de arma. Al acercarse su enemigo, el altivo reptil se enrosca en línea espiral, aplana la cabeza, infla las mejillas, contrae los labios, muestra sus colmillos envenenados y su garganta audaz; su lengua fluye como dos llamas de fuego; sus ojos son brasas ardientes; su cuerpo, hinchado de rabia, sube y baja como el fuelle de una fragua; su piel dilatada adquiere un aspecto opaco y escamoso; y su cola, de donde procede el sonido que anuncia la muerte, vibra con tal rapidez que parece un vapor ligero. El canadiense comienza a tocar su flauta: la serpiente se sobresalta de sorpresa y echa hacia atrás la cabeza. A medida que se siente herida por las notas mágicas, sus ojos pierden su fiereza; las oscilaciones de su cola se hacen más lentas y los sonidos que produce se debilitan y poco a poco se extinguen. Menos perpendiculares sobre su línea espiral, los anillos de la serpiente encantada se expanden gradualmente y se hunden uno tras otro en el suelo en círculos concéntricos. Los matices de azul, verde, blanco y oro recobran su brillo sobre su piel trémula, y volviendo ligeramente la cabeza, queda inmóvil, en actitud de atención y placer. En este momento el canadiense avanza unos pasos, sacando de su flauta notas dulces y sencillas. La serpiente, inclinando su cuello abigarrado, abre un paso con la cabeza por la hierba alta y comienza a arrastrarse tras el músico; deteniéndose cuando él se detiene, y empezando a seguirlo de nuevo en cuanto avanza. De este modo fue sacada del campamento, acompañada de un gran número de espectadores, tanto salvajes como europeos, que apenas podían creer a sus ojos, que habían presenciado este efecto de la armonía. François Auguste, vizconde de Chateaubriand, 1768-1848.
Vers. 4-5. La serpiente, cuando empieza a sentir al encantador, aplica de inmediato un oído al suelo y se tapa el otro con la cola, aunque, según algunos observan, al escuchar al encantador se sentiría provocada a escupir su veneno y a renovar su edad. (Esto es una muestra de la historia anti*natural a la antigua. Nadie será engañado por ella. *C. H. S.) Tan ardiente está el hombre por su pecado ramera que es sordo a todo lo que quisiera aconsejarle lo contrario; tapa su oído, endurece su corazón, pone rígida su cerviz contra los truenos de la ley, la voz apacible del evangelio, los movimientos del Espíritu y las convicciones de su propia conciencia. Cuando el pecado llama, corren a toda prisa por lo espeso y por lo ralo; cuando el mundo manda, ¡con qué presteza escuchan, con qué rapidez oyen, con qué fidelidad obedecen! Pero cuando el Dios bendito les clama, los conjura con su indiscutible autoridad, les ruega por su propia felicidad inmutable, ellos, como estatuas de hombres más bien que criaturas vivientes, se quedan quietos y no se mueven en absoluto. Las demás cosas se mueven veloces hacia sus centros; las piedras caen rodando hacia abajo, las chispas vuelan rápidas hacia arriba, los conejos corren veloces a sus madrigueras, los ríos con violencia al océano, y sin embargo el necio hombre se retrae de su Hacedor, de modo que ni ruegos ni amenazas, ni la palabra, ni las obras de Dios, ni la esperanza del cielo, ni el temor del infierno, pueden avivarlo o apresurarlo hacia su felicidad. ¿Quién imaginaría que un alma racional actuara tanto contra el sentido y la razón? George Swinnock, 1627-1673.
Sugerencias para el predicador
Versículo 4. (primera parte). Una generación de serpientes. Sermón de T. Adams.
Versículo 4. El pecado como veneno. Los venenos pueden ser atractivos en color y sabor, lentos o rápidos en su acción, dolorosos en su efecto, marchitadores, soporíferos o enloquecedores. En todos los casos, mortales.
Salmos 58:5
Versículo 5. «Que no oye la voz de los que encantan, por más hábil que sea el encantador.» A los hombres impíos no se los gana para el bien con los argumentos más lógicos ni con los llamados más patéticos. ¡Probad todas vuestras artes, predicadores de la palabra! Esforzaos por salir al paso de los prejuicios y gustos de los pecadores, y todavía tendréis que clamar: «¿Quién ha creído a nuestro anuncio?» No está en vuestra música, sino en el oído del pecador, la causa del fracaso, y solo el poder de Dios puede quitarla.
«Puedes llamar a los espíritus desde el vasto abismo,
pero ¿vendrán cuando los llames?»
No: llamamos y llamamos, y llamamos en vano, hasta que se revela el brazo del Señor. Esta es a la vez la culpa y el peligro del pecador. Debería oír pero no quiere, y porque no quiere oír, no puede escapar a la condenación del infierno.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 5. No quieren oír. El Señor tiene algunos de sus escogidos a quienes ve andando por sendas apartadas y caminos torcidos: el Señor da una comisión a sus siervos, los ministros, y dice: Id, invitad y llamad a esa alma para que venga a mí, y decid: Vuélvete, oh sulamita; pero el alma no se mueve; el Señor envía y llama de nuevo; pero como el áspid sordo, no escucha la voz del encantador; bien, dice el Señor: «Si no queréis venir, os traeré»; si los buenos medios no bastan, habrán de usarse los duros; entonces silba a la mosca y a la abeja de la aflicción, y convoca ejércitos de tribulación, y les da comisión de apoderarse de tal hombre o mujer y de sitiarlo, y dice: Hostigadlos con vuestros cañonazos hasta que los hagáis rendirse, entregar las llaves y arriar la vela; envía enfermedad a sus cuerpos, ruina a su hacienda, muerte a sus amigos, vergüenza a su reputación, un incendio a su casa, y cosas semejantes, y les manda saquear y despojar hasta que vean y reconozcan la mano del Señor levantada. J. Votier, en "Survey of Effectual Calling," 1652.
Sugerencias para el predicador
Versículo 5. El encantador de serpientes.
- Encanta con persuasión moral, promesa, amenaza, etc.
- Encanta con sabiduría, con fervor, con afecto, con argumentos. 3. Encanta en vano; la voluntad es contraria. De ahí la necesidad de la gracia divina y del evangelio.
Salmos 58:6
Versículo 6. «Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas.» Si no tienen capacidad para el bien, prívalos al menos de su capacidad para el mal. Trátalos como los encantadores tratan a sus serpientes: extráeles los colmillos, quiébrales los dientes. El Señor puede hacerlo, y lo hará. No permitirá que la malicia de los impíos triunfe; les asestará tal golpe que los incapacite para el daño. «Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos.» Como si una criatura bruta no tuviera bastante maldad en sí para completar el emblema de la naturaleza impía, se trae otro ejemplar de ferae naturae. Por su feroz crueldad se compara a los impíos con leoncillos, monstruos en la flor de su vigor y en el furor de su lozanía; y se pide que sus molares sean machacados, quebrados o arrancados de golpe, para que las criaturas sean en adelante inofensivas. Bien se puede entender cómo el hijo de Isaí desterrado, envenenado por la calumnia ponzoñosa de sus enemigos y atormentado por su cruel poder, apelara al cielo para verse pronta y completamente libre de ellos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 6. Quiebra sus dientes: destruye los colmillos de estas serpientes, en los cuales está contenido su veneno. Esto vendrá a dar el mismo sentido que lo anterior. Líbrame de los áspides, los calumniadores astutos y ponzoñosos; líbrame también de los leones, los hombres tiránicos y sanguinarios. Adam Clarke.
Versículo 6. Muelas. mwetlm, según Michaelis y Gesenius, son los colmillos, que en los leones son agudos y terribles. George Phillips, B.D., en "The Psalms in Hebrew: With a Commentary," 1846.
Vers. 6-9. Los enemigos de David eran fuertes y feroces como leoncillos; por eso oró para que les fueran quebrados los dientes, incluso los más fuertes, sus molares, con los que estaban listos para devorarlo; de modo que quedaran incapacitados para hacer daño. Lo anegaban como una inundación; pero él deseaba que resultara una crecida de campo, que pronto se agota. Estaban a punto de dispararle; pero él quería que sus arcos, o sus flechas, se hicieran pedazos y se volvieran como paja, y no hicieran estrago, y oró para que se consumieran insensiblemente como el caracol, que deja su sustancia a todo lo largo de su rastro; y para que quedaran en nada, como un aborto. Predijo también que su furia próspera (semejante al crepitar de los espinos bajo una olla) pronto se extinguiría y no produciría efecto alguno; mientras que el Señor en su ira los arrebataría a una pronta destrucción, como un furioso torbellino arroja a un hombre vivo por un precipicio o a un pozo espantoso. Thomas Scott, 1747-1821.
Salmos 58:7
Versículo 7. «Sean disipados como aguas que corren.» Como torrentes de montaña secados por los calores del verano, desaparezcan; o como arroyos que corren, cuyas aguas pronto se van, así pasen; o como agua derramada que nadie puede volver a hallar, así se desvanezcan de la existencia. Idos, corrientes inmundas; cuanto antes seáis olvidadas, mejor para el universo. «Cuando disparen sus saetas, sean cortadas.» Cuando el Señor salga a la guerra, que sus juicios caigan de tal modo sobre estos perseguidores que queden del todo hechos pedazos, como un blanco destrozado por muchas flechas. O quizá el sentido es que, cuando el impío marche al combate, sus flechas y su arco caigan hechos fragmentos, la cuerda cortada, el arco quebrado, las flechas sin punta, los filos romos; de modo que el guerrero jactancioso no tenga con qué dañar al objeto de su enemistad. En ambos sentidos la oración del salmo se ha hecho a menudo realidad, y volverá a cumplirse cuantas veces haga falta.
Salmos 58:8
Versículo 8. «Pasen ellos como el caracol que se deslíe.» Como el caracol se abre camino con su baba y así se disuelve a medida que avanza, o como su concha se encuentra a menudo vacía, como si el habitante se hubiera derretido, así los malintencionados consumirán sus propias fuerzas mientras prosiguen sus designios malévolos, y ellos mismos desaparecerán. Destruirse a sí mismo por la envidia y el despecho es la suerte de los mal dispuestos. «Como el abortivo de mujer, no vean el sol.» Solemne es esta maldición, pero ¡con qué seguridad cae sobre muchos miserables sin gracia! Son como si nunca hubieran sido. Su carácter es informe, horrible, repugnante. Son más aptos para ser escondidos en una tumba desconocida que para ser contados entre los hombres. Su vida nunca llega a la madurez, sus metas son abortivas, su único logro es haber traído miseria a otros y horror a sí mismos. Hombres como Herodes, Judas, Alba, Bonner: ¿no les habría sido mejor no haber nacido? ¿Mejor para las madres que los dieron a luz? ¿Mejor para las tierras que maldijeron? ¿Mejor para la tierra en que sus carcasas putrefactas están ocultas del sol? Todo hombre no regenerado es un abortivo. Falla la verdadera forma de la humanidad hecha por Dios; se corrompe en la oscuridad del pecado; nunca ve ni verá la luz de Dios en pureza, en el cielo.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 8. Como el caracol que se deslíe al andar; literalmente, que anda deshaciéndose (o en baba), estando el sustantivo en acusativo para describir la naturaleza de la acción, y siendo la alusión al rastro viscoso que el caracol deja tras sí, de modo que parece consumirse. Evidentemente esto no es más que una hipérbole poética, y no necesita, por tanto, explicarse como un error popular o una equivocación de historia natural. J. J. Stewart Perowne, B.D., en "The Book of Psalms; a New Translation, with Introduction and Notes," 1864.
Versículo 8. «Como el caracol que se deslíe», etc. Este es un pasaje muy notable y no muy inteligible. La Biblia judía traduce el pasaje de una manera que explica la idea que evidentemente prevalecía cuando se compusieron los Salmos: «Como un caracol, derrítase mientras pasa». Los antiguos tenían la idea de que el rastro viscoso que dejaba el caracol al arrastrarse se restaba de la sustancia de su cuerpo, y que en consecuencia cuanto más se arrastraba más pequeño se volvía, hasta consumirse por completo. Los comentaristas del Talmud adoptaron esta opinión del caso. La palabra hebrea lwlbv, shablul, que sin duda significa algún tipo de caracol, se explica así: «El Shablul es un animal reptante; cuando sale de su concha, la saliva mana de él hasta que se vuelve líquido, y así muere.» Se han ofrecido otras explicaciones de este pasaje, pero no hay duda de que la opinión de estos comentaristas es la correcta, y que el salmista, cuando escribió la terrible serie de denuncias en que se halla el pasaje, tenía en su mente la creencia popular acerca del progresivo consumirse del caracol mientras «pasa». Huelga decir que no se menciona ninguna especie particular de caracol, y casi igual de superfluo es señalar que en Palestina hay muchas especies de caracoles, a cualquiera de las cuales o a todas se aplican por igual estas palabras. J. G. Wood, en "Bible Animals," 1869.
Versículo 8. El abortivo de mujer. Los impíos son todos, por así decirlo, abortos humanos; son y permanecen para siempre seres defectuosos, que no han cumplido el gran propósito de su existencia. El cielo es el único fin para el cual el hombre fue creado, y el que se queda corto de él no alcanza el propósito de su ser; es un abortivo eterno. O. Prescott Hiller.
Versículo 8. (segunda parte). David, cuando maldice las tramas de los hombres malvados: aunque hayan concebido el mal, y aunque lo hayan llevado largo tiempo y estén listos para darlo a luz, dice, sin embargo: Sean (es decir, sean sus consejos y designios) como el abortivo de mujer, para que no vean el sol; es decir, que sean frustrados y marchitados, que nunca den a luz su ponzoñosa cría para daño y turbación del mundo. Joseph Caryl.
Sugerencias para el predicador
Versículo 8. El curso de caracol de los hombres impíos. Su pecado destruye su hacienda, su salud, su tiempo, su influencia, su vida.
Salmos 58:9
Versículo 9. «Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos.» Tan repentino es el derrocamiento de los impíos, tan gran fracaso es su vida, que nunca ven el gozo. Su olla es puesta sobre el gancho para preparar un banquete de alegría, y la leña se coloca debajo, pero antes de que los espinos se enciendan, antes de que pueda aplicarse calor alguno a la olla, más aún, apenas la leña ha tocado la vasija de cocinar, llega una tormenta y se lo lleva todo; la olla es volcada, la leña esparcida por todas partes. Quizá la figura suponga que los espinos, que son la leña, se encienden, y entonces la llama es tan rápida que antes de que se produzca calor alguno el fuego se ha apagado, la carne queda cruda, el hombre se decepciona, su obra es del todo un fracaso. «Los arrebatará él con tempestad.» Cocinero, fuego, olla, carne y todo desaparecen a la vez, arrebatados en torbellino a la destrucción. «Así vivos, así airados.» En medio mismo de la vida del hombre, y en el furor de su rabia contra los justos, el perseguidor es abrumado por un tornado, sus designios son frustrados, sus artimañas derrotadas, y él mismo destruido. El pasaje es difícil, pero este es probablemente su sentido, y muy terrible por cierto. El miserable malicioso pone su gran olla a hervir, junta su leña, piensa hacerse caníbal con los piadosos; pero hace la cuenta sin el huésped, o más bien sin el Señor de los ejércitos, y la inesperada tempestad borra todo rastro de él, y de su fuego, y de su banquete, y eso en un momento.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 9. (primera parte). Antes que vuestras vasijas de cocinar, etc. Desconcertaría al mismo Edipo hacer algún sentido tolerable de la traducción inglesa de este versículo. Se refiere a la costumbre de los viajeros del Oriente que, al atravesar los desiertos, hacen una rápida hoguera con los espinos que recogen, algunos verdes y llenos de savia, otros secos y marchitos, para preparar su comida; en tales circunstancias no es raro que se levanten violentas tormentas de viento que se llevan su leña y todo el aparato antes de que las vasijas que usan se calienten con el calor. Una imagen expresiva y gráfica de la ruina abrumadora de los hombres malvados. William Walford, 1837.
Versículo 9. Antes que vuestras ollas sientan el zarzal. Con esta expresión proverbial describe el salmista la repentina erupción de la ira divina; repentina y violenta como el encenderse del zarzal seco debajo de la olla de la ama de casa. El brillo de la llama que este material proporciona, la altura a que sube en un instante, el furor con que parece rabiar por todos lados de la vasija, dan fuerza, e incluso sublimidad, a la imagen, aunque tomada de uno de los sucesos más comunes de la vida humilde: ¡la esposa de un campesino hirviendo su olla! El sentido, pues, será: «Antes que vuestras ollas sientan el zarzal, él las arrebatará en torbellino y huracán». Samuel Horsley, 1733-1806.
Versículo 9. En todo el libro de Dios no recuerdo sentencia alguna tan variada y diferentemente traducida como este versículo... Esta variedad de traducciones surge principalmente de la palabra hebrea twrym siroth, que en la lengua hebrea significa, primero, ollas o calderos, en que se cuece la carne, como Éx 16:3; 38:3; Ez 11:11. Segundo, espinos, y pinchos de espinos y zarzas, como Is 34:13; Os 2:8. Tercero, porque los pinchos del gran zarzal son muy agudos y ganchudos, esta palabra se usa para significar anzuelos. Am 4:2. En todas nuestras Biblias inglesas de la traducción antigua, la nueva y la de Ginebra, y en algunas Biblias latinas, esta palabra se toma por ollas o calderos; pero la Septuaginta, Jerónimo, la Vulgata latina, Agustín, Pagnino, Tremellius y todos los demás que he visto toman esta palabra en el segundo sentido, por los agudos pinchos de espinos y zarzas. Aquí, ciertamente, esta palabra significa los agudos pinchos del gran zarzal silvestre, que aquí en el texto hebreo es dj atad, y se usa (Jue 9:14-15) en la parábola de Jotam para significar el zarzal, que, hecho rey de los árboles, encendió un fuego que devoró los cedros del Líbano. Ahora bien, este zarzal, en su tronco y en cada rama suya, está erizado de pinchos agudos y ganchudos, algunos de los cuales son verdes y tienen vida y humedad en ellos, y aunque sean agudos, no son tan rígidos y fuertes como para hacer una herida profunda en la carne de un hombre. Otros son mayores, más ganchudos y endurecidos por el secarse y resecarse con el calor vehemente del sol; y estos hieren hasta lo vivo, y se agarran firme, o desgarran donde prenden la piel o carne del hombre. Los primeros se llaman aquí dja, vivos o verdes; los otros se llaman nwrx, secos, o resecos y endurecidos; y el salmista profeta afirma que «Dios, que juzga en la tierra, arrebatará y destruirá como con torbellino tempestuoso a cada uno de ellos, tanto al verde como al seco», como Tremellius traduce con toda verdad la palabra a partir del original... El texto entero dice así: «Antes que sientan vuestros espinos o pinchos, oh zarzal, arrebatará a cada uno como con torbellino, tanto al verde como al seco.» Antes que ellos, es decir, los justos a quienes odiáis y perseguís; sientan, es decir, tengan pleno sentido y entendimiento de vuestros espinos o pinchos, esto es, de la agudeza, el furor y la maldad que hay en el corazón y la mano de todos y cada uno de vosotros; pues cada uno de vuestra banda y congregación es un espino penoso y un agudo pincho del maldito zarzal, afilado y dispuesto para hacer daño con malicia y furor al pueblo y a la iglesia de Dios. «El que es Dios y juzga en la tierra» (como se expresa en el versículo undécimo, en las últimas palabras) «arrebatará como con torbellino» (es decir, dispersará y destruirá tempestuosamente) «a cada uno, tanto al vivo y verde como al seco y endurecido». Esto es, de toda clase reunidos en banda, tanto a los perseguidores de cabeza verde y jóvenes, afilados pero no tan fuertes para dañar, como a los viejos y secos, endurecidos en la malicia por larga costumbre, y fuertes en poder y política para hacer daño. George Walker, en un sermón de ayuno ante la Cámara de los Comunes, 1644.
Salmos 58:10
Versículo 10. «Se alegrará el justo cuando viere la venganza.» No tendrá mano en repartirla, ni se regocijará con espíritu de venganza, sino que su alma justa asentirá a los juicios de Dios, y se alegrará de ver triunfante la justicia. No hay en la Escritura nada de esa simpatía hacia los enemigos de Dios que los traidores modernos tanto gustan de exhibir como la más fina especie de benevolencia. Al final diremos «Amén» a la condenación de los impíos, y no sentiremos inclinación alguna a cuestionar los caminos de Dios con los impenitentes. Recuerda cómo lo expresa Juan, el discípulo amoroso: «Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.» «Sus pies lavará en la sangre del impío.» Triunfará sobre ellos; serán tan enteramente vencidos que su derrocamiento será final y fatal, y su liberación completa y coronada. La condenación de los pecadores no empañará la felicidad de los santos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 10. «Se alegrará el justo cuando viere la venganza.» Cuando el hombre justo ve la venganza y se regocija, no es por malicia, sino por benevolencia, ya sea esperando que los impíos por el castigo se enmienden, o amando la justicia de Dios por encima de las personas de los hombres, no desagradándole el castigo de los impíos porque procede del Señor, ni deseando que los impíos sean absueltos de la pena porque merecen en justicia ser castigados. Nicholas Gibbens.
Versículo 10. «Se alegrará el justo cuando viere la venganza.» No que se alegre de la venganza puramente como un daño o un sufrimiento para la criatura, sino que el justo se alegrará cuando vea la venganza de Dios en cuanto es un cumplimiento de la amenaza de Dios contra el pecado del hombre, y así evidencia de su propia santidad. Sal 59:9-10. Joseph Caryl.
Versículo 10. «Sus pies lavará», etc. Es decir, recibe consuelo y aliento al ver que el Señor venga su causa contra sus adversarios. Joseph Caryl.
Versículo 10. «Sus pies lavará en la sangre», etc. Como podría decirse del vencedor superviviente de un combate que camina por el campo de batalla. R. T. Society's Notes.
Versículo 10. Cuando los ángeles ejecutan los juicios de Dios sobre los pecadores, los santos ven mucho en ello; ven motivo de temor y de alabanza; de temor, porque en ellos se manifiestan el poder, la ira y el odio de Dios contra el pecado y los pecadores; de alabanza, porque ellos mismos son librados y la justicia se cumple. Cuando los impíos son quitados por un golpe divino, por la mano de la justicia, y Dios tiene la gloria de su justicia, el justo se alegra por ello; pero ¿es solo eso? No: lava sus pies en la sangre del impío; es decir, por este juicio teme y se reforma. Es una metáfora tomada de la práctica de aquellas regiones donde se andaba descalzo, o con sandalias, y así se contraía mucha suciedad, y al llegar solían lavarse y limpiarse los pies; así aquí, el piadoso, viendo la mano de Dios sobre los impíos, teme y se juzga a sí mismo por sus pecados, purga su conciencia y sus afectos, y reverencia ahora a aquel Dios que ha herido a los impíos por esos pecados de los que él mismo es en parte culpable. Valdo, hombre notable de Lyon, viendo caer muerto a uno en su presencia, se lavó las manos en su sangre; pues al punto dio limosna a los pobres, instruyó a su familia en el verdadero conocimiento de Dios y exhortó a todos los que venían a él al arrepentimiento y a la santidad de vida. William Greenhill, 1691-1777.
Versículo 10. Sin duda, a la vista de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim destruidas, los ángeles vieron motivo para regocijarse y cantar: «Aleluya». La maldad fue barrida; la tierra fue aliviada de una carga; la justicia, la justicia de Dios, fue altamente exaltada; el amor a sus otras criaturas se mostró al librarlas de la vecindad de contaminaciones infernales. Sobre los mismos principios (penetrando, sin embargo, aún más hondo en la mente del Padre y simpatizando plenamente con su justicia), el Señor Jesús mismo, y cada uno de sus miembros, clamarán «Aleluya» sobre las huestes arruinadas del Anticristo. Ap 19:3. Se alegrará el justo cuando viere la venganza; sus pies lavará en la sangre del impío. Será refrigerado al final de su jornada (Jn 13:5; Lc 7:44; Gn 18:4), se limpiará todo el polvo del camino y pondrá fin a su cansancio entrando en ese extraño, ese divino gozo por el pecado destruido, la justicia honrada, la ley engrandecida, la venganza tomada por el insulto hecho a la Deidad, el triunfo del Santo sobre lo no santo. No es meramente el tiempo en que el gozo comienza: es también la ocasión y causa del arrobador deleite de aquel día. Andrew A. Bonar.
Versículo 10. Debe hacerse una distinción amplia y vital entre el deseo de satisfacer la venganza personal y el celo por la vindicación de la gloria de Dios. «La gloria de Dios» incluye necesariamente el verdadero bien del ofensor y el bienestar de la sociedad. El deseo de represalia es siempre malo; el deseo de retribución puede ser en sumo grado digno de elogio. Solo por motivos personales puedo desear represalia sobre el que obra mal; pero por motivos muy desinteresados y nobles puedo desear retribución. R. A. Bertram, en "The Imprecatory Psalms," 1867.
Salmos 58:11
Versículo 11. «Entonces dirá el hombre.» Todo hombre, por ignorante que sea, será obligado a decir: Ciertamente, en verdad, sin duda, hay galardón para el justo. Si nada más es verdad, esto lo es. Los piadosos no son, después de todo, abandonados y entregados a sus enemigos; los impíos no se llevarán la mejor parte; la verdad y la bondad son recompensadas a la larga. «Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.» Todos los hombres serán forzados, por la vista del juicio final, a ver que hay un Dios, y que él es el justo gobernante del universo. Dos cosas saldrán a la luz con claridad al final: hay un Dios y hay galardón para el justo. El tiempo quitará las dudas, resolverá las dificultades y revelará los secretos; mientras tanto, el ojo previsor de la fe discierne la verdad ya ahora, y se goza en ello.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 11. «Entonces dirá el hombre: Ciertamente», etc. Esto lo dirá no un hombre, ni ningún hombre en particular, sino los hombres en general, el hombre en cuanto opuesto a Dios. La partícula traducida ciertamente significa realmente solamente, y denota que esto y nada más es verdad. J. A. Alexander.
Versículo 11. Entonces, etc. Hay algo digno de notar por la conexión de este versículo con el contexto, y está implícito en la primera palabra, entonces, que une este versículo con las partes anteriores de este Salmo y muestra que es una inferencia de ellas. ¿Cómo? ¿Derrocó Dios tan de repente, «como con tempestad», a aquellos jueces malvados que se enseñoreaban de su pueblo? ¿Hizo derretirse como caracoles a aquellos «leones»? ¿Afirmó las articulaciones de su pueblo, que poco antes temblaban y chocaban unas contra otras, como si fueran otros tantos desdichados abandonados y arrojados fuera, sin ojo alguno que se compadeciera de ellos; como si flotaran con Moisés sobre el mar en una canasta de juncos, sin piloto alguno que los guiara, y estuvieran a punto de exclamar con el discípulo: «Maestro, ¿no tienes cuidado de que perecemos?» ¿Mandó entonces bonanza, y los llevó al puerto adonde querían llegar? ¿Convirtió su aullar como dragones y su chillar como grullas, bajo los látigos y sierras de tiránicos capataces, en un canto de gozo y de triunfo? ¿Se despojó de aquella nube con que por un tiempo se había envuelto de tal modo que parecía no ver las opresiones de su pueblo? ¿Intervino, digo, entonces para rescatar a su pueblo, rompiendo sus yugos como en el día de Madián y besándolos con besos de su boca? Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. Observa: aunque los pasos de la providencia de Dios parezcan tan ásperos y toscos que sean destructivos para su iglesia y capaces de apagar el ojo de su propia gloria, nuestro Dios los dispondrá de tal modo al final que tendrán una tendencia ventajosa a la manifestación de su honra y de nuestro bien. John Hinckley, 1657.
Versículo 11. Algunos de los juicios de Dios son un bajío, o un vado, que un cordero puede cruzar a pie; todo niño puede leer su sentido; y un hombre, cualquier hombre común, puede decir: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. Joseph Caryl.
Versículo 11. Este juzgar no se refiere aquí al juicio venidero, en el último día, cuando habrá una convocatoria general de vivos y muertos ante el temible tribunal del Señor; aunque así es, y es muy cierto affore tempus, que llegará un tiempo en que Dios recorrerá su circuito aquí de manera solemne, de modo que un hombre dirá: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra; pero ese no es el alcance de este lugar. Está en tiempo presente, o krinwn, que ahora juzga, o está juzgando ahora la tierra y a sus habitantes; y por tanto debe entenderse de un juicio de este lado del juicio del gran día; y así Dios juzga la tierra, o en la tierra, de tres maneras. Primero, por un ordenamiento providencial y sabia disposición de todos los asuntos de todas las criaturas. Segundo, aliviando a los oprimidos y defendiendo la causa de los inocentes. Tercero, derribando y azotando a los malhechores. John Hinckley.
Sugerencias para el predicador
Versículo 11. Casos notables de juicios divinos y sus resultados.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.