El tesoro de David · Charles H. Spurgeon

Salmo 67: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)

Resumen del capítulo

Título

Al músico principal. Quién fuera no importa, y quiénes seamos nosotros tiene también poca importancia, con tal que el Señor sea glorificado. «En Neginot», o sobre instrumentos de cuerda. Este es el quinto salmo que lleva tal título y, sin duda, como los otros, estaba destinado a cantarse con el acompañamiento de «arpistas que tañían sus arpas». No se da nombre de autor, pero sería muy atrevido quien intentara demostrar que David no lo escribió. Tendríamos que vernos muy apurados antes de buscar otro autor a quien atribuir estas odas anónimas que yacen junto a las atribuidas a David y tienen con ellas un parecido de familia. «Salmo. Cántico.» Aquí se unen solemnidad y viveza. Un salmo es un cántico, pero no todos los cánticos son salmos: este es lo uno y lo otro.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Todo el salmo. ¡Qué admirablemente equilibradas están las partes de este canto misionero! El pueblo de Dios anhela ver a todas las naciones participando de sus privilegios, «visitadas con la salvación de Dios y alegradas con la alegría de su nación» (Sal 106:4-5). Anhelan oír a todas las nacionalidades dando gracias al Señor y santificando su nombre; ver el rostro de toda la tierra, que el pecado ha oscurecido por tanto tiempo, sonriendo con el resplandor de un segundo Edén. Esto no es un sentimiento insípido. El deseo se expresa de modo que lleva consigo el pensamiento del deber y la responsabilidad. Pues ¿cómo esperan que se alcancen los tiempos felices? Confían, en primer lugar, en la difusión general del conocimiento del camino de Dios, en la propagación de la verdad acerca del camino de salvación. Con vistas a ello, claman por un tiempo de avivamiento de parte de la presencia del Señor, y toman aliento en esta oración de los términos de la bendición divinamente señalada. Como si dijeran: «¿No has mandado a los hijos de Aarón que pongan tu nombre sobre nosotros y digan: Jehová te bendiga y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia? Acuérdate de esa palabra tuya segura. Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros. Seamos así bendecidos, y llegaremos a ser a nuestra vez una bendición. Todas las familias de la tierra llegarán, por medio de nosotros, a conocer tu salvación.» Tal es la expectativa de la iglesia. ¿Y quién dirá que es irrazonable? Si la pequeña compañía de ciento veinte discípulos que se reunieron en el aposento alto de Jerusalén, todos ellos personas de condición humilde y talentos poco notables, fueron investidos de tal poder por el bautismo del Espíritu Santo que, en trescientos años, el paganismo del imperio fue derribado, no hay por qué temer afirmar que, para la evangelización del mundo, no se requiere nada más que las iglesias de la cristiandad sean bautizadas con una nueva efusión del mismo Espíritu de poder. William Binnie.

Todo el salmo. Hay siete estrofas: dos veces tres estrofas de dos líneas, con una de tres líneas en medio, que forma el broche o la lentejuela de la septena, circunstancia que concuerda de modo notable con el hecho de que algunos expositores antiguos llaman al salmo «el Padrenuestro del Antiguo Testamento». Franz Delitzsch.

Salmos 67:1

Versículo 1. «Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros.» Este es un estribillo apropiado para la bendición del sumo sacerdote en nombre del Señor, registrada en Nm 6:24-25: «Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia». Comienza por el principio, con un clamor por misericordia. El perdón del pecado es siempre el primer eslabón de la cadena de misericordias que experimentamos. La misericordia es un atributo fundamental en nuestra salvación. Los mejores santos y los peores pecadores pueden unirse en esta petición. Se dirige al Dios de misericordia, por quienes sienten su necesidad de misericordia, e implica la muerte de toda esperanza legal o pretensión de mérito. A continuación, la iglesia ruega una bendición: «nos bendiga», una oración muy comprensiva y de largo alcance. Cuando nosotros bendecimos a Dios, hacemos muy poco, pues nuestras bendiciones no son sino palabras; pero cuando Dios bendice, nos enriquece de verdad, pues sus bendiciones son dones y hechos. Pero su bendición sola no es todo lo que su pueblo anhela; desean una conciencia personal de su favor, y piden una sonrisa de su rostro. Estas tres peticiones incluyen todo lo que necesitamos aquí o en el más allá. Este versículo puede considerarse la oración de Israel y, espiritualmente, de la iglesia cristiana. En este salmo se muestra la mayor caridad, pero comienza por casa. La iglesia entera, cada iglesia y cada pequeña compañía pueden orar con razón: «nos bendiga». Sin embargo, sería muy erróneo dejar que nuestra caridad termine donde empieza, como hacen algunos; nuestro amor debe hacer largas marchas y nuestras oraciones deben tener un amplio alcance; debemos abarcar al mundo entero en nuestras intercesiones. Selah. Levanta el corazón, levanta la voz. Se pide un tono más alto, una nota más dulce.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 1. «Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga», etc. Dios perdona, luego da; hasta que sea misericordioso para perdonar nuestros pecados por medio de Cristo, no puede bendecirnos ni mirarnos con bondad a nosotros, pecadores. Todos nuestros disfrutes no son sino bendiciones en lingote, hasta que la gracia del evangelio y la misericordia que perdona los acuñan y los hacen corrientes. Dios no puede ni siquiera tenernos buena voluntad hasta que Cristo haga la paz por nosotros: «En la tierra paz, buena voluntad para con los hombres». Lc 2:14. ¿Y qué gozo puede tomar un pecador, aunque oiga que un reino le ha tocado en suerte, si no puede tenerlo con la buena voluntad de Dios? William Gurnall.

Versículo 1. «Dios tenga misericordia de nosotros.» Hugo atribuye estas palabras a los penitentes; «nos bendiga», a los que comienzan la vida cristiana; «haga resplandecer su rostro sobre nosotros», a los que han alcanzado la meta, o a los santificados. Los primeros buscan perdón, los segundos paz justificadora, los terceros edificación y la gracia de la contemplación. Lorinus.

Versículos 1-2. Conecta la última parte de Sal 67:1 con la primera de Sal 67:2, y observa que Dios hizo resplandecer su rostro sobre Moisés y le dio a conocer su camino. «Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras», como si el pueblo común solo pudiera ver los hechos del Señor, pero su camino, sus planes, sus secretos fueran revelados solo a aquel sobre quien había resplandecido la luz del rostro de Dios. C. H. S.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1.

Versículo 1. La necesidad de buscar una bendición para nosotros mismos.

Versículos 1-2. La prosperidad de la iglesia en casa, la esperanza de las misiones en el extranjero.

Salmos 67:2

Versículo 2. «Para que sea conocido en la tierra tu camino.» Como las lluvias que caen primero sobre los montes y luego bajan en arroyos a los valles, así la bendición del Altísimo viene al mundo por medio de la iglesia. Somos bendecidos por causa de otros además de nosotros mismos. Dios obra con misericordia con sus santos, y estos dan a conocer ese camino por todas partes, y el nombre del Señor se hace famoso en la tierra. La ignorancia de Dios es el gran enemigo de la humanidad, y los testimonios de los santos, experimentales y agradecidos, vencen a este enemigo mortal. Dios ha trazado un camino y método para repartir misericordia a los hombres, y es deber y privilegio de una iglesia avivada hacer que ese camino se conozca por todas partes. «En todas las naciones tu salvación.» Nos gustan las antiguas palabras inglesas «saving health» (salud salvadora); pero como no son palabras del Espíritu sino solo de nuestros traductores, hay que abandonarlas: la palabra es salvación, y nada más. Esto lo necesitan todas las naciones, pero muchas de ellas no lo saben, ni lo desean ni lo buscan; nuestra oración y nuestro trabajo deben ser que el conocimiento de la salvación llegue a ser tan universal como la luz del sol. A pesar de las ideas sombrías de algunos, nos aferramos a la creencia de que el reino de Cristo abarcará todo el globo habitable, y que toda carne verá la salvación de Dios: para esta gloriosa consumación luchamos en oración.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 2. «Para que sea conocido... tu camino», etc. El salmista supone aquí que hay ciertas reglas o principios conforme a los cuales Dios concede bendiciones a la humanidad; y ora para que esas reglas y principios se den a conocer en todas partes sobre la tierra. Albert Barnes.

Versículo 2. «Para que sea conocido... tu camino», etc. Por naturaleza sabemos poco de Dios, y nada de Cristo ni del camino de salvación por medio de él. El ojo de la criatura debe, pues, ser abierto para ver el camino de vida antes de que pueda entrar en él por la fe. Dios no suele transportar las almas al cielo como a pasajeros de un barco, encerrados bajo cubierta y sin ver nada durante toda la travesía hacia su puerto; si así fuera, se habría podido ahorrar esa oración que el salmista, inspirado por Dios, exhala a favor de los gentiles ciegos: Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación. Así como la fe no es un asentimiento desnudo, sino con confianza e innitencia (acto de apoyarse) en Cristo, tampoco es un asentimiento ciego, sin algún conocimiento. Si, por tanto, continúas aún en tu ignorancia brutal, y no sabes siquiera quién es Cristo, ni lo que ha hecho para la salvación de los pobres pecadores, ni lo que debes hacer para tener parte en él, estás bien lejos de creer. Si el día no ha amanecido en tu alma, mucho menos ha salido el Sol de justicia por la fe en tu alma. William Gurnall.

Versículo 2. «Para que sea conocido... tu camino.» El judío pecador, obstinado en su incredulidad, verá y odiará. Verá y se enfurecerá por la salvación de los gentiles; pero veamos nosotros y conozcamos, es decir, amemos. Pues conocer se pone a menudo por amar, como en los pasajes: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco; conozco mis ovejas, y las mías me conocen»; es decir, amo a mis propias ovejas, y ellas me aman a mí... Hay aquí una súbita transición de la tercera persona a la segunda, para que, al hablar de Dios, no dijera «su camino» o «su salvación», sino tu camino y tu salvación, mostrando la vehemencia de un suplicante ardiente y la gracia de Dios, que se revela a ese suplicante mientras aún derrama sus oraciones. Gerhohus (1093-1169).

Versículo 2. «Para que sea conocido... tu camino», etc. Como la luz, la participación en la luz de Dios es comunicativa: no debemos orar solo por nosotros, sino por todos los demás, para que el camino de Dios sea conocido en la tierra, y su salud salvadora en todas las naciones. Tu camino; es decir, tu voluntad, tu palabra, tus obras. La voluntad de Dios debe conocerse en la tierra para que se haga en la tierra como en el cielo. Si no conocemos la voluntad de nuestro Señor, ¿cómo la haremos? Ergo, ora primero con David aquí: «Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra»; y luego: «Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben.» La voluntad de Dios se revela en su palabra, y su palabra es su camino en el cual debemos andar, sin desviarnos ni a diestra ni a siniestra. O tu camino; es decir, tus obras, como dice David en otro lugar (Sal 25:10): «Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad». O, como otros (Agustín, Jerónimo, Hilario) con mayor propiedad: Tu camino, es decir, tu Cristo; tu salud salvadora, es decir, tu Jesús: pues «Yo soy el camino», dice nuestro Salvador (Jn 14:6); «nadie viene al Padre, sino por mí»; por tanto: «Sea conocido en la tierra tu Hijo; tu Jesús, en todas las naciones.» John Boys.

Sugerencias para el predicador

Versículo 2.

(a) Un camino de misericordia.

(b) De bendición.

(c) De consuelo.

(a) Por medios externos.

(b) Por enseñanza interior.

Versículo 2. ¿Cuál es la verdadera salud de los hombres?

Salmos 67:3

Versículo 3. «Te alaben los pueblos, oh Dios.» Haz que reconozcan tu bondad y te den gracias con todo su corazón; que las naciones lo hagan, y lo hagan continuamente, instruidas en tu camino de gracia. «Todos los pueblos te alaben.» Que cada hombre traiga su música, cada ciudadano su cántico, cada campesino su alabanza, cada príncipe su salmo. Todos te están obligados, darte gracias beneficiará a todos, y la alabanza de todos te glorificará grandemente; por tanto, oh Señor, da a todos los hombres la gracia de adorar tu gracia, la bondad de ver tu bondad. Lo que aquí se expresa como oración en nuestra traducción puede leerse como profecía, si seguimos el hebreo original.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 3. «Te alaben los pueblos.» Observa el dulce orden del bendito Espíritu: primero, misericordia; luego, conocimiento; por último, alabanza a Dios. No podemos ver su rostro a menos que sea misericordioso con nosotros; y no podemos alabarlo a menos que su camino sea conocido en la tierra. Su misericordia engendra conocimiento; su conocimiento, alabanza. John Boys.

Versículo 3. «Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben.» ¿Y entonces? «La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.» Nuestros consuelos aumentan cuanto más alabamos a Dios por lo que ya hemos recibido. Cuantos más vapores suben, más lluvias bajan; como los ríos reciben, así derraman, y todos corren de nuevo al mar. Hay un curso y recurso circular constante desde el mar y hacia el mar; así lo hay entre Dios y nosotros; cuanto más lo alabamos, más bajan nuestras bendiciones; y cuanto más bajan sus bendiciones, más lo alabamos de nuevo; de modo que no tanto bendecimos a Dios cuanto nos bendecimos a nosotros mismos. Cuando los manantiales están bajos, echamos un poco de agua en la bomba, no para enriquecer la fuente, sino para sacar más para nosotros. Thomas Manton.

Versículo 3. Este versículo es sumamente enfático.

Sugerencias para el predicador

Versículo 3. Considerado:

Salmos 67:4

Versículo 4. «Alégrense y gócense las naciones», o bien: se alegrarán y triunfarán. Cuando los hombres conocen el camino de Dios y ven su salvación, eso trae a sus corazones mucha felicidad. Nada crea alegría tan rápida, segura y duraderamente como la salvación de Dios. Las naciones nunca serán felices hasta que sigan el liderazgo del gran Pastor; pueden cambiar sus formas de gobierno de monarquías a repúblicas, y de repúblicas a comunas, pero conservarán su miseria hasta que se inclinen ante el Señor de todos. ¡Qué dulce palabra es esa: gócense! Algunos cantan por formalidad, otros por ostentación, unos por deber, otros por diversión; pero cantar de corazón, porque el gozo desbordante tiene que hallar desahogo, eso es cantar de verdad. Naciones enteras lo harán cuando Jesús reine sobre ellas con el poder de su gracia. Hemos oído a cientos e incluso miles cantar a coro, pero ¡qué será oír a naciones enteras levantar sus voces, como el estruendo de muchas aguas y como grandes truenos! ¿Cuándo comenzará la era del canto? ¿Cuándo serán cambiados los gemidos y murmullos por himnos santos y melodías gozosas?

«Porque juzgarás los pueblos con equidad.» La injusticia de parte de los gobernantes es una fecunda fuente de aflicción nacional, pero donde el Señor gobierna, la rectitud es suprema. No hace mal a nadie. Sus leyes son la justicia misma. Corrige todos los agravios y libera a todos los oprimidos. La justicia en el trono es causa apropiada de regocijo nacional. «Y pastorearás las naciones en la tierra.» Las guiará como un pastor a su rebaño, y por su gracia lo seguirán de buena gana; entonces habrá paz, abundancia y prosperidad. Es una gran condescendencia de parte de Dios hacerse el Pastor de las naciones y gobernarlas para su bien; es un crimen espantoso que un pueblo que conoce la salvación de Dios apostate y diga al Señor: «Apártate de nosotros». Hay motivo para temblar no sea que nuestra nación caiga en esta condenación; Dios no lo permita. Selah. Antes de repetir el coro, la nota se eleva de nuevo, para dar plena fuerza al estallido del canto y al acompañamiento de las arpas.

«Cuerdas y voces, manos y corazones,

en el concierto tomad vuestra parte;

todo el que respira, adore a su Señor,

¡alabadle, alabadle por siempre!»

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 4. «Porque juzgarás los pueblos con equidad», etc. Aquí el salmista puede parecer contradecirse; pues si la misericordia hace que los hombres se regocijen, el juicio hace que tiemblen. Se responde que todos los que han conocido los caminos del Señor y se regocijan en la fuerza de su salvación, todos los que tienen asegurado y sellado el perdón de sus pecados, no temen aquel espantoso juicio, porque saben que el juez es su abogado. O bien (como Jerónimo): alégrense todas las naciones, porque Dios juzga con rectitud, siendo el Dios de los gentiles tanto como de los judíos. Hch 10:34. O bien: alégrense las naciones, porque Dios gobierna a todas las naciones; pues, mientras que antes andaban errantes en las necias imaginaciones de sus propios corazones, por caminos torcidos y senderos apartados, ahora son dirigidas por el Espíritu de verdad a andar por el camino real de Dios, que conduce a la Jerusalén celestial; ahora conocerán a Cristo, el camino, la verdad y la vida. Pues juzgar se usa a menudo por gobernar. 1 S 7:15; 2 Co 1:10. Así se explica David a sí mismo aquí: juzgarás, es decir, pastorearás las naciones. John Boys.

Versículo 4. Pastorear. Conducirlas y guiarlas como el pastor a su rebaño. Benjamin Boothroyd.

Versículo 4. Y guiarás (margen) a las naciones. Dios ahora gobierna a las naciones en sus caminos, pero ciertamente son guiadas por otro guía. Hay un freno en sus quijadas que las hace errar. Son zarandeadas y sacudidas en la criba de la vanidad hasta que venga aquel a quien pertenece el gobierno. Arthur Pridham.

Versículos 5-6. ¡Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben! ¿Y entonces? La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Nuestra ingratitud es la causa de la infecundidad de la tierra. Mientras el hombre bendice a Dios por sus misericordias, él bendice al hombre con sus misericordias. William Secker, en "The Nonsuch Professor," 1660.

Sugerencias para el predicador

Versículo 4.

(a) Fiel a su ley.

(b) Fiel a sus promesas de misericordia.

Versículos 5-7.

(a) De bien temporal.

(b) De bien espiritual.

Versículos 6-7. Véase «Spurgeon's Sermons», N.º 819: "The Minstrelsy of Hope."

Salmos 67:5

Versículo 5. Estas palabras no son vana repetición, sino un coro digno de cantarse una y otra vez. El gran tema del salmo es la participación de los gentiles en el culto de Jehová; el salmista está lleno de él, apenas sabe cómo contener o expresar su gozo.

Salmos 67:6

Versículo 6. «La tierra dará su fruto.» El pecado puso primero una maldición sobre el suelo, y solo la gracia puede quitarla. Bajo gobiernos tiranos las tierras se vuelven improductivas; incluso la tierra que fluía leche y miel es casi un desierto bajo el dominio turco; pero cuando los principios de la verdadera religión hayan elevado a la humanidad y el dominio de Jesús sea reconocido universalmente, la ciencia del cultivo se perfeccionará, se animará a los hombres a trabajar, la laboriosidad desterrará la miseria y el suelo será devuelto a una fertilidad mayor que la más alta que haya tenido. Leemos que el Señor convierte «la tierra fructífera en estéril, por la maldad de los que la habitan», y la observación confirma la verdad de la amenaza divina; pero aun bajo la ley se prometió: «Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia y en el fruto de tu tierra.» Ciertamente hay una íntima relación entre el mal moral y el mal físico, y entre el bien espiritual y el bien físico. Alexander observa que el hebreo está en pasado, y concluye que es antigramatical traducirlo en futuro; pero a nosotros nos parece que el profeta poeta, al oír a las naciones alabar al Señor, habla de la abundante cosecha como ya otorgada en consecuencia. Dando por supuesto que todos los pueblos alaban a Jehová, la tierra ha dado su fruto. El futuro del español parece ser la traducción más clara del hebreo. «Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.» Hará que el fruto de la tierra sea una verdadera bendición. Los hombres verán en sus dones la mano de ese mismo Dios a quien adoró el antiguo Israel, e Israel, en especial, se gozará en la bendición y se alegrará en su propio Dios. Nunca amamos a Dios como es debido hasta que sabemos que es nuestro, y cuanto más lo amamos, más anhelamos estar plenamente seguros de que es nuestro. ¿Qué nombre más querido podemos darle que «Dios mío»? La esposa del Cantar no tiene canto más dulce que «Mi amado es mío, y yo soy suya». Todo judío creyente ha de sentir un santo gozo al pensar que las naciones serán bendecidas por el Dios de Abraham; pero todo creyente gentil se alegra también de que el mundo entero adorará aún al Dios y Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que es nuestro Padre y nuestro Dios.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 6. «La tierra dará su fruto.» Un aumento de riqueza no es sino el resultado natural de una mayor piedad e inteligencia. Hay ciertas cualidades esenciales para la prosperidad temporal: laboriosidad, economía, moderación; y tales son las cualidades que engendra la piedad. . . . Ni es una expectativa irrazonable que nuestro globo, bajo el reinado de la justicia, rinda todas las ventajas temporales de que es capaz. La ciencia, favorecida por la piedad, puede aumentar mucho la fertilidad de la tierra; y el genio mecánico puede abreviar todavía más el trabajo humano y aumentar las comodidades humanas. Los grandes inventos y descubrimientos de la ciencia, por los cuales se alivia el trabajo y se acrecienta el bienestar, son todos producto de mentes cristianas... ¿Podemos, pues, dudar de que en la era que esperamos el trabajo dejará de ser una carga? ¿Podemos creer que la vida de las clases trabajadoras ha de seguir siendo casi un ciclo incesante de fatiga y aflicción, con toda mano extendida para procurar algo que se necesita o para apartar algo que se teme? La Escritura predice la mitigación de la maldición; y en los descubrimientos de la ciencia y los inventos de la mecánica vemos los medios por los cuales se cumplirá la predicción. Esta consumación puede estar aún en un futuro lejano; pero si no regateamos años a la encina para su crecimiento, la gloria que ha de manifestarse bien merece un proceso igualmente gradual. William Reid, en "Things to Come Practically Considered," 1871.

Versículo 6. «Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.» ¡Qué expresión tan arrebatadora es esa: «Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro»! y aquella otra: «Tu Dios, tu gloria». Tras el interés en Dios sigue su interés en la gloria y bienaventuranza de él; la cual es tanto más querida y valiosa cuanto que es suya; su gloria viene de su Dios. Serán bendecidos por Dios, su propio Dios; «beberán aguas de su propio pozo». ¡Qué cosa tan entrañable es lo propio! El hijo de otro es ingenuo, apuesto, de buena presencia; esto puede ser motivo de envidia; pero que el mío lo sea, esto es un gozo. Leo en la vida de un devoto noble de Francia (Monsieur de Renti) que, al recibir una carta de un amigo en la que figuraban estas palabras: «Deus meus et omnia», mi Dios y mi todo, le contesta así: «No sé cuál fue su intención al poner en su carta estas palabras, "Deus meus et omnia," Mi Dios y mi todo: solo que usted me invita con ello a devolvérselas a usted y a todas las criaturas. "Mi Dios y mi todo: mi Dios y mi todo; mi Dios y mi todo." Si acaso toma usted esto por lema y lo usa para expresar cuán lleno de ello está su corazón, ¿cree posible que yo me calle ante tal invitación y no exprese mi sentir al respecto? Sepa usted, pues, que él es "mi Dios y mi todo"; y si lo duda, lo diré cien veces. No añadiré más, porque cualquier otra cosa es superflua para quien está verdaderamente penetrado de "mi Dios y mi todo"; lo dejo, pues, en este feliz estado de júbilo, y le ruego que pida a Dios por mí el sentido sólido de estas palabras.» ¿Y pensamos que «mi Dios y mi todo», o «mi Dios y mi gloria», habrá perdido su énfasis en el cielo? ¿O que será menos significativo entre las almas despiertas? Concurren, pues, estas cosas en cuanto al objeto: es más excelente, incluso divino, entero, permanente, y suyo: ¿cómo no va a satisfacer? John Howe, en "The Blessedness of the Righteous."

Versículo 6. «El Dios nuestro.» ¡Cuán inexpresable fue el gozo interior con que podemos suponer que se pronunciaron esas palabras! ¡Qué deliciosa apropiación! Como si se quisiera decir que la bendición misma tendría menos significado, no tendría ese sabor, si no viniera de nuestro propio Dios. No solo permitan, pues, sino insten a sus espíritus a mirar así hacia Dios, para que se deleiten en él como el Excelente en sí mismo y también como suyo; porque sepan que no solo les es permitido, sino que están obligados a mirarlo, aceptarlo y gozarse en él como tal. John Howe.

Versículos 6-7. La promesa se refiere directamente a la fertilidad visible de la tierra renovada en el tiempo de la recuperación de Israel, pero incluye una referencia más plena a cosas más altas; porque el verdadero fruto que rinde cualquiera de las obras de Dios es la renta de alabanza que redunda en su santo nombre. Tal es, pues, la promesa que tengo que presentarles. En su sentido más amplio, la creación inferior está ahora sujeta a vanidad a causa del pecado del hombre; pero en el reino de Cristo esta maldición será quitada, y todas las obras de Dios darán su pleno fruto: un tributo de honor y alabanza sin mezcla a su nombre. Consideremos (1.) La preparación de este fruto. (2.) El fruto mismo. (3.) La bendición de Dios, que lo coronará.

I. LA PREPARACIÓN DE ESTE FRUTO. ¿Cuáles son los medios? ¿Cuál es el camino de su cumplimiento? ¿De dónde procede? Nuestro salmo está lleno de enseñanza. Consideren:

II. EL FRUTO MISMO. Este fruto tiene muchos aspectos. Veámoslos en una escala ascendente de beneficios.

Versículos 6-7. Doble bendición de parte de Dios: temporal y espiritual; bendiciones propias de los judíos y bendiciones adecuadas a los cristianos. Oh Señor, no rehúso las bendiciones temporales que te place enviarme; las recibiré con humilde gratitud como don de tu bondad; pero te ruego especialmente por las bendiciones espirituales, y que me trates más como a un cristiano que como a un judío. Pasquier Quesnel (1634-1719), en "Les Psaumes de David avec des Reflexions Morales."

Salmos 67:7

Versículo 7. «Bendíganos Dios.» La oración del primer versículo es el canto del último. Tenemos dos veces la misma frase, y en verdad la bendición del Señor es múltiple; bendice, y bendice, y vuelve a bendecir. ¡Cuántas son sus bienaventuranzas! ¡Cuán escogidas sus bendiciones! Son la herencia peculiar de sus elegidos. Él es el Salvador de todos los hombres, pero especialmente de los que creen. En este versículo hallamos un canto para todos los tiempos futuros. Nos bendecirá Dios es nuestra confianza segura; puede herirnos, o despojarnos, o incluso matarnos, pero ha de bendecirnos. No puede dejar de hacer bien a sus elegidos. «Témanlo todos los términos de la tierra.» Los lejanos lo temerán. Los confines de la tierra pondrán fin a su idolatría y adorarán a su Dios. Todas las tribus, sin excepción, sentirán un santo temor ante el Dios de Israel. La ignorancia será quitada, la insolencia sometida, la injusticia desterrada, la idolatría aborrecida, y el amor, la luz, la vida y la libertad del Señor estarán sobre todos, siendo el Señor mismo Rey de reyes y Señor de señores. Amén y Amén.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 7. Nótese cómo se combinan el gozo en Dios y el temor de Dios. Por el gozo se excluyen la tristeza y la ansiedad de la desconfianza, pero por el temor se destierran el desprecio y la falsa seguridad. Así el Salmo 2: «Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor.» Wolfgang Musculus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 7.

OBRA SOBRE EL SALMO SESENTA Y SIETE

En "The Works of JOHN BOYS*,"* 1626, folio, pp. 42-45, hay una exposición de este salmo.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.