El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 68: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
Título
Al músico principal: Salmo o Cántico de David. Ya hemos dicho bastante sobre este título al tratar los Salmos 65 y 66. Este es evidentemente un cántico para ser entonado en el traslado del arca; y con toda probabilidad fue ensayado cuando David la condujo con santo gozo desde la casa de Obed-edom hasta el lugar preparado en el monte Sion. Es un himno que conmueve el alma. Sus primeros versículos fueron a menudo el canto de batalla de los Covenanters y de los Ironsides; y todo el salmo retrata con acierto el camino del Señor Jesús entre sus santos y su ascenso a la gloria. El salmo es a la vez sobremanera excelente y difícil. Su oscuridad en algunas estrofas es del todo impenetrable. Bien lo llama un crítico alemán un titán muy difícil de dominar. Nuestra escasa erudición nos ha fallado por completo y hemos tenido que seguir a una Guía más segura. Confiamos, sin embargo, en que nuestros pensamientos no resulten infructuosos.
División
Con las palabras de los dos primeros versículos se levanta el arca y la procesión comienza a ponerse en marcha. En Sal 68:3-6 se exhorta a los piadosos de la asamblea a comenzar sus gozosos cantos, y se aducen argumentos que ayuden a su gozo. Luego se canta la gloriosa marcha de Jehová en el desierto: Sal 68:7-10, y se celebran sus victorias en la guerra en los versículos Sal 68:11-14. Los gritos de júbilo crecen al divisarse Sion y al ser llevada el arca colina arriba: Sal 68:15-19. En la cumbre del monte los sacerdotes cantan un himno sobre la bondad y la justicia del Señor, la seguridad de sus amigos y la ruina de sus enemigos: Sal 68:20-23. Entretanto se describe la procesión mientras serpentea colina arriba: Sal 68:24-27. El poeta anticipa un tiempo de conquista más amplia, Sal 68:28-31: y concluye con un noble estallido de canto a Jehová.
Nueva traducción
Para que nuestros lectores vean el salmo de un vistazo en una buena traducción, añadimos la versión de FRANZ DELITZSCH; recomendando a nuestros hermanos ministros que se procuren los volúmenes de su valioso Comentario a los Salmos, publicados por los señores CLARK, de Edimburgo.
Himno de guerra y de victoria al estilo de Débora
2 ¡SE LEVANTE Elohim, sean esparcidos sus enemigos,
y huyan de su rostro los que lo aborrecen! 3 Como se disipa el humo, disípalos tú;
como se derrite la cera ante el fuego,
perezcan los impíos delante de Elohim. 4 Y alégrense los justos, regocíjense delante de Elohim,
y gócense con alegría. 5 Canten a Elohim, entonen salmos a su nombre,
allanen camino al que cabalga por las estepas;
Jah es su nombre, y regocíjense delante de él. 6 Padre de los huérfanos y defensor de las viudas
es Elohim en su santa morada. 7 Elohim hace habitar en familia al solitario,
saca a los cautivos a la prosperidad;
pero los rebeldes habitan en tierra árida. 8 Elohim, cuando saliste delante de tu pueblo,
cuando marchaste por el desierto —Sela. 9 La tierra tembló,
también los cielos destilaron delante de Elohim,
aquel Sinaí delante de Elohim, el Dios de Israel. 10 Con lluvia abundante regaste, Elohim, tu heredad,
y cuando estaba agostada, TÚ la afirmaste. 11 Tus criaturas se establecieron en ella,
con tu bondad proveíste al pobre, Elohim. 12 El Señor hará resonar el mandato;
de las mujeres que anuncian la victoria hay un gran ejército. 13 Los reyes de los ejércitos huirán, huirán,
y la que se queda en casa repartirá el botín. 14 Si ustedes acampan entre los apriscos,
las alas de la paloma están cubiertas de plata,
y sus plumas de oro reluciente. 15 Cuando el Omnipotente dispersa en ella a los reyes,
se pone blanca como la nieve sobre Salmón. 16 Monte de Elohim es el monte de Basán,
monte de muchos picos es el monte de Basán. 17 ¿Por qué miran con envidia, montes de muchos picos,
al monte que Elohim ha escogido para habitar en él?
Sí, Jahvé habitará (allí) para siempre. 18 Los carros de guerra de Elohim son miríadas, millares de millares,
el Señor está entre ellos, es un Sinaí en santidad. 19 Subiste a lo alto, llevaste cautiva la cautividad,
recibiste dones entre los hombres,
aun de los rebeldes, para que Jah Elohim habitara (allí). 20 Bendito sea el Señor:
día tras día lleva nuestra carga,
él, Dios, es nuestra salvación. (Sela.) 21 Él, Dios, es para nosotros un Dios de hechos de liberación,
y Jahvé el Señor tiene salidas para la muerte. 22 Sí, Elohim herirá la cabeza de sus enemigos,
la testa cabelluda del que anda en sus delitos. 23 Dijo el Señor: De Basán haré volver,
haré volver de las profundidades del mar, 24 para que bañes tu pie en sangre,
para que la lengua de tus perros tenga su parte del enemigo. 25 Ven tu espléndida procesión, Elohim,
la espléndida procesión de mi Dios, mi Rey en santidad. 26 Delante iban los cantores, detrás los tañedores de instrumentos de cuerda,
en medio las doncellas que tocaban panderos. 27 En los coros de la congregación bendigan a Elohim,
al Señor, ustedes los que son de la fuente de Israel. 28 Allí está Benjamín el más joven, su gobernante;
los príncipes de Judá, su abigarrada multitud,
los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí. 29 Tu Dios ha ordenado tu supremo poder:
¡confirma con poder, Elohim, lo que has obrado por nosotros! 30 Desde tu templo sobre Jerusalén
presenten los reyes ofrendas a ti. 31 Reprende a la fiera de la caña, a la manada de toros con los becerros de los pueblos,
para que se postren con lingotes de plata.
Ha dispersado a los pueblos que se deleitan en las guerras. 32 Magnates vendrán de Egipto,
Cus: pronto extienden sus manos a Elohim. 33 Reinos de la tierra, canten a Elohim,
alaben al Señor con instrumentos de cuerda —(Sela.) 34 al que cabalga en el cielo de los cielos desde los tiempos primeros;
he aquí que hizo oír su voz, una voz poderosa. 35 ¡Atribuyan poder a Elohim!
Sobre Israel está su majestad,
y su omnipotencia en las alturas de los cielos. 36 Terrible es Elohim desde tus santuarios;
«¡El Dios de Israel da poder y abundante fuerza al pueblo!»
¡Bendito sea Elohim!
Versículo 2. «Como es lanzado el humo.» Con facilidad el viento persigue el humo, lo quita por completo, no queda rastro; así, Señor, haz con los enemigos de tu pueblo. Humean de orgullo, oscurecen el cielo con su malicia, se elevan más y más en arrogancia, contaminan dondequiera que prevalecen. Señor, que tu aliento, tu Espíritu, tu Providencia, los haga desaparecer para siempre de la marcha de tu pueblo. El escepticismo filosófico es tan frágil y tan inmundo como el humo; que el Señor libre a su Iglesia de su hedor. «Como se derrite la cera delante del fuego, así perezcan los impíos delante de Dios.» La cera es dura por sí sola, pero acérquese al fuego, ¡qué blanda se vuelve! Los hombres impíos son altivos hasta que entran en contacto con el Señor, y entonces desfallecen de temor; sus corazones se derriten como cera cuando sienten el poder de su ira. La cera, además, arde y se consume; la vela es del todo devorada por la llama: así será todo el poder jactancioso de los opositores del evangelio, como cosa de nada. Roma, como las velas de sus altares, se derretirá, y con igual certeza desaparecerá la incredulidad. Israel veía en el arca a Dios sobre el propiciatorio —el poder unido a la propiciación— y se regocijaba en la omnipotencia de tal manifestación; esta es aún con más claridad la confianza de la iglesia del Nuevo Testamento, pues vemos a Jesús, la expiación designada, revestido de gloria y majestad, y ante su avance toda oposición se derrite como nieve al sol; la voluntad del Señor será en su mano prosperada. Cuando viene por su Espíritu Santo, el resultado es la conquista; pero cuando se levante en persona, sus enemigos perecerán por completo.
Versículo 3. «Mas alégrense los justos.» La presencia de Dios en el trono de la gracia es una fuente desbordante de deleite para los piadosos; y que no dejen de beber de las corrientes que están destinadas a alegrarlos. «Regocíjense delante de Dios.» Los cortesanos del Dios bienaventurado deben vestir las ropas de la alegría, porque en su presencia hay plenitud de gozo. Esa presencia, que es el espanto y la muerte de los impíos, es el deseo y el deleite de los santos. «Y gócense con alegría.» Que bailen con todas sus fuerzas, como lo hizo David, de puro gozo. No debe ponerse límite al gozo en el Señor. «Otra vez digo: ¡Regocijaos!», dice el apóstol, como si quisiera que añadiésemos gozo a gozo sin medida ni pausa. Cuando se ve a Dios resplandecer propicio desde encima del propiciatorio en la persona de nuestro Emanuel, nuestros corazones han de saltar dentro de nosotros de alborozo, si de veras estamos entre los hechos justos en su justicia y santificados por su Espíritu. Avanza, oh ejército del Dios viviente, con gritos de triunfo desbordante, porque Jesús va a la vanguardia.
Versículo 4. «Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre.» Con compás y melodía, con orden y esmero, celebren el carácter y las obras de Dios, el Dios de su pueblo. Háganlo una y otra vez; y que la alabanza, con resolución de corazón, se dirija toda a él. No canten por ostentación, sino por devoción; no para ser oídos de los hombres, sino del Señor mismo. No canten a la congregación, sino «a Dios». «Exaltad al que cabalga sobre los cielos por su nombre JAH.» Recuerden su nombre grandísimo, incomprensible y temible; reflexionen sobre su existencia por sí mismo y su dominio absoluto; asciendan al más alto grado de gozosa reverencia al adorarlo. El cielo lo contempla cabalgando sobre las nubes en la tormenta, y la tierra lo ha visto marchar majestuoso por sus llanuras. El hebreo parece decir: «Allanad camino al que marcha por el desierto», en alusión a las peregrinaciones de las tribus en el desierto. Las marchas de Dios fueron en el yermo desolado y aullante. Allí se desplegaron su eterno poder y su deidad al alimentar, regir y proteger a las vastas huestes que había sacado de Egipto. El arca traía todo esto a la memoria y lo sugería como tema de canto. El nombre JAH es una abreviatura del nombre Jehová; no es una disminución de ese nombre, sino una palabra intensificada, que contiene la esencia del título más largo y augusto. Solo aparece aquí en nuestra versión de la Escritura, salvo en conexión con otras palabras como Aleluya. «Y alegraos delante de él.» En presencia de aquel que marchó tan gloriosamente al frente de la nación elegida, es muy propio que todo su pueblo muestre un santo deleite. Debemos evitar la apatía en nuestra adoración. Nuestros cantos deben ser graves de solemnidad, pero no pesados de tristeza. Los ángeles están más cerca del trono que nosotros, pero su más profunda reverencia es compatible con la más pura bienaventuranza; nuestro sentido de la grandeza divina no debe traer terror sino alegría a nuestras almas; debemos alegrarnos delante de él. Debe ser nuestro deseo y oración que en este mundo desierto se prepare un camino para el Dios de gracia. «Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios» es el grito de los heraldos del evangelio, y todos debemos esforzarnos celosamente por obedecerlo; porque donde viene el Dios del propiciatorio, se dan incontables bendiciones a los hijos de los hombres.
Versículo 5. «Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.» En el desierto el pueblo era como una nación huérfana, pero Dios fue para ellos más que un padre. Al ir extinguiéndose poco a poco la generación que salió de Egipto, hubo en el campamento muchas viudas y huérfanos, pero no sufrieron necesidad ni agravio, porque las leyes justas y los administradores rectos que Dios había designado velaban bien por los intereses de los necesitados. El tabernáculo era el Palacio de Justicia; el arca era el trono del gran Rey. Esta era una gran causa de gozo para Israel: ser gobernado por el ÚNICO que no permitiría que el pobre y el necesitado fueran oprimidos. Hasta hoy y para siempre, Dios es y será el guardián peculiar de los indefensos. Es el Presidente de los orfanatos, el Protector de las viudas. Es tan glorioso que cabalga sobre los cielos, pero tan compasivo que se acuerda de los pobres de la tierra. ¡Con cuánto celo debe su iglesia cuidar a quienes aquí se señalan como cargo especial de Jehová! ¿No dice él aquí en efecto: «Apacienta mis corderos»? Bendito deber; será nuestro privilegio hacer de esto uno de los más queridos objetivos de nuestra vida. Se advierte al lector que no cite mal este versículo; por lo general se lo altera diciendo «el esposo de la viuda», pero es mejor dejar la Escritura tal como Dios la dio.
Versículo 6. «Dios hace habitar en familia a los desamparados.» El pueblo había sido separado y esparcido por Egipto; los lazos familiares habían sido desatendidos y los afectos aplastados; pero cuando el pueblo escapó de Faraón se reunió de nuevo, y se restauraron todas las tiernas asociaciones de la vida del hogar. Fue un gran gozo. «Saca a los cautivos con grillos.» Los más oprimidos en Egipto estaban encadenados y encarcelados, pero el divino Emancipador los sacó a todos a la libertad perfecta. Quien hizo esto antaño continúa su obra de gracia. El corazón solitario, convencido de pecado y hecho languidecer a solas, es admitido en la familia del Primogénito; el espíritu encadenado es puesto en libertad y su prisión derribada cuando el pecado es perdonado; y por todo esto Dios ha de ser grandemente enaltecido, porque lo ha hecho y ha engrandecido la gloria de su gracia. «Mas los rebeldes habitan en tierra seca.» Si alguno halla pesado el gobierno de Jehová, es porque sus espíritus rebeldes cocean contra su poder. Israel no halló seco el desierto, porque la roca herida dio sus arroyos; pero aun en Canaán misma los hombres eran consumidos por el hambre porque abandonaron su lealtad a su Dios del pacto. Aun donde Dios se revela sobre el propiciatorio, algunos hombres persisten en la rebelión, y estos no deben extrañarse si no hallan paz, ni consuelo, ni gozo, aun donde todo eso abunda. La justicia es la regla del reino del Señor, y por tanto no hay provisión para que los injustos satisfagan sus malos deseos: una tierra perfecta, y aun el cielo mismo, sería tierra seca para quienes solo pueden beber de las aguas del pecado. De las más satisfactorias ordenanzas sagradas, estos rebeldes insensatos exclaman: «¡Qué fastidio es esto!»; y bajo el ministerio que más sustenta el alma, se quejan de «la locura de la predicación». Cuando un hombre tiene un corazón rebelde, por fuerza ha de hallar tierra seca a su alrededor.
Versículo 7. «Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo.» ¡Qué asociación tan dulcemente apropiada, «tú» y «tu pueblo»: tú delante, y tu pueblo siguiéndote! El Señor iba delante y, por tanto, tanto daba que en el camino hubiera el mar Rojo o arena ardiente; la columna de nube y de fuego siempre los conducía por camino recto. «Cuando anduviste por el desierto.» Él era el Comandante en jefe de Israel, de quien recibían todas las órdenes, y la marcha era por tanto su marcha. «Su paso majestuoso vio la comarca desolada.» Podemos hablar, si queremos, de las «peregrinaciones de los hijos de Israel», pero no debemos pensar que fueron vagabundeos sin propósito; eran en realidad una marcha bien ordenada y bien meditada. SELA. Este parece un lugar extraño para una pausa musical o indicación, pero es mejor interrumpir una frase que estropear la alabanza. El sentido está a punto de ser sublime en grado sumo y, por tanto, el sela lo hace saber a los músicos y cantores, para que ejecuten su parte con la solemnidad debida. Nunca es inoportuno recordar a una congregación que la adoración de Dios debe presentarse con reflexión y de todo corazón.
Versículo 8. «La tierra tembló.» Bajo la pisada sublime tembló el suelo firme. «También destilaron los cielos» ante la presencia de Dios, como si se inclinaran ante su Dios; las nubes descendieron, y «unas pocas gotas oscuras de lluvia se deslizaron por doquier». Aun el Sinaí mismo se estremeció ante la presencia de Dios. Moisés nos dice, en Éxodo 19, que «todo el monte se estremecía en gran manera». Aquel monte, tan solitario y alto, se inclinó ante el Dios manifestado. «El Dios de Israel.» El único Dios vivo y verdadero, a quien Israel adoraba y que había escogido a esa nación como suya entre todas las naciones de la tierra. El pasaje es tan sublime que sería difícil hallarle igual. Que el corazón del lector adore al Dios ante quien la tierra y el cielo inconscientes obran como si reconocieran a su Hacedor y se movieran con un temblor de reverencia.
Versículo 9. «Abundante lluvia esparciste, oh Dios.» La marcha de Dios no se señaló solo con despliegues de terror, pues también se hicieron patentes la bondad y la generosidad. Una lluvia como nunca había caído antes cayó sobre la arena del desierto, pan del cielo y aves de vuelo cayeron en torno a la hueste; se derramaron buenos dones sobre ellos, brotaron ríos de las rocas. La tierra tembló de miedo, y en respuesta el Señor, como de una cornucopia, sacudió bendiciones sobre ella; así puede traducirse el original. «A tu heredad exhausta tú la reanimaste.» Al final de cada etapa, cuando hacían alto, cansados de la marcha, hallaban tales lluvias de cosas buenas esperándolos que pronto se reponían. Sus pies no se hincharon en todos aquellos cuarenta años. Cuando ellos estaban exhaustos, Dios no lo estaba. Cuando estaban cansados, él no. Eran su heredad escogida y, por tanto, aunque para su bien permitió que se cansaran, los cuidaba con vigilancia y consideraba con ternura sus angustias. De igual manera, hasta hoy, los elegidos de Dios en este estado de desierto son propensos a cansarse y desfallecer, pero su siempre amante Jehová acude con socorros oportunos, anima al desmayado, fortalece al débil y sacia al hambriento; de modo que, una vez más, al sonar las trompetas de plata, la iglesia militante avanza con paso firme y audaz hacia «el reposo que queda». Por esta fidelidad se confirma la fe del pueblo de Dios y se afirman sus corazones; si el cansancio y la necesidad los hicieron vacilar, el oportuno suministro de gracia los vuelve a sostener sobre los cimientos eternos.
Versículo 10. «Los que son de tu grey han morado en ella.» En el desierto mismo, encerrada como en un muro de fuego, tu iglesia escogida ha hallado un hogar; o más bien, rodeada por la lluvia de gracia gratuita que caía en torno al campamento, tu rebaño ha reposado. La congregación de los fieles halla que el Señor es su «refugio de generación en generación». Donde no había moradas de hombres, Dios era la morada de su pueblo. «Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.» Dentro del círculo guardado había abundancia para todos; todos eran pobres en sí mismos, y sin embargo no había mendigos en todo el campamento, porque el alimento celestial estaba al alcance de quien lo recogiera. También nosotros moramos aún dentro de la protección circundante del Altísimo, y hallamos la bondad dispuesta para nosotros: aunque pobres y necesitados por naturaleza, somos enriquecidos por la gracia; las disposiciones divinas en el decreto, el pacto, la expiación, la providencia y la obra del Espíritu nos han preparado una plenitud de la bendición del Señor. Pueblo feliz, aunque en el desierto, porque todas las cosas son nuestras al poseer el favor y la presencia de nuestro Dios.
Versículo 11. En el versículo siguiente no cantamos de marchas, sino de batalla y victoria. «El Señor daba la palabra.» El enemigo estaba cerca, y la trompeta de plata a la puerta del tabernáculo era la boca de Dios para avisar al campamento: entonces hubo ir y venir apresurado y un anuncio general de la noticia; grande era la multitud de las que la publicaban. Las mujeres corrían de tienda en tienda y despertaban a sus señores para la batalla. Dispuestas como siempre estaban a entonar la victoria, eran igualmente prontas a publicar el hecho de que había sonado la nota de batalla. Las diez mil doncellas de Israel, como buenas siervas del Señor, despertaban a los dormidos, llamaban a los rezagados e instaban a los hombres valientes a acudir presurosos al combate. Oh, que haya igual celo en la iglesia de hoy, para que, al publicarse el evangelio, tanto hombres como mujeres difundan con ardor las buenas nuevas de gran gozo.
Versículo 12. «Huyeron, huyeron reyes de ejércitos.» Los señores de las huestes huyeron ante el Señor de los Ejércitos. Apenas avanzó el arca, el enemigo volvió la espalda: aun los caudillos principescos no se detuvieron, sino que se dieron a la fuga. La derrota fue completa, la retirada precipitada y desordenada; «huyeron, huyeron», a trompicones y atropelladamente, como solemos decir.
«¿Dónde están los reyes de poderosas huestes?
Huidos lejos, huidos lejos y ancho.
Su triunfo y sus jactanciosos trofeos
se los reparten las doncellas en sus aposentos.»
«Y las que se quedaban en casa repartían los despojos.» Las mujeres que habían publicado el grito de guerra compartieron el botín. La más débil de Israel tuvo parte en la presa. Valientes guerreros echaron sus despojos a los pies de las mujeres y les dijeron que se vistieran con esplendor, tomando cada una «una presa de diversos colores, de diversos colores bordados por ambos lados». Cuando el Señor da éxito a su evangelio, los mejores de sus santos son alegrados y se sienten partícipes de la bendición.
Versículo 13. «Bien que fuisteis echados entre los tiestos.» ¿Quiere decir que las mujeres en casa, que habían estado pobremente vestidas mientras hacían sus faenas domésticas, serían ataviadas tan magníficamente con el botín que parecerían palomas de alas de plata y plumaje de oro? ¿O querría decir que Israel, que había estado tiznado en los hornos de ladrillo de Egipto, saldría resplandeciente y feliz en triunfo y libertad? ¿O significaba el cántico que el arca sería traída de su pobre morada con Obed-edom a una morada más hermosa? Es un pasaje difícil, una nuez para que los eruditos la partan. Si supiéramos todo lo que se sabía cuando se compuso este antiguo himno, la alusión nos parecería sin duda hermosamente apropiada, pero como no lo sabemos, la dejaremos entre las cosas sin descifrar. Alexander lo lee: «Cuando os acostéis entre los lindes, seréis como las alas», etc., lo cual entiende que significa: «cuando se asiente en paz, la tierra gozará de prosperidad»; pero esta versión no nos parece más clara que la nuestra autorizada. No hay fin en hacer muchas conjeturas; pero el sentido parece ser que desde la más baja condición el Señor levantaría a su pueblo al gozo, la libertad, la riqueza y la belleza. Sus enemigos pueden haberlos llamado agazapados entre las ollas —en alusión a su esclavitud en Egipto—; pueden haberse burlado de ellos como pinches de la cocina de Faraón; pero el Señor los vengaría y les daría belleza en lugar de negrura, gloria en lugar de mugre. «Seréis como alas de paloma cubiertas de plata, y sus plumas con amarillez de oro.» El ala de la paloma lanzaba destellos como de plata y luego reluce con el resplandor del «oro pálido y puro». Los hermosos colores cambiantes de la paloma bien podían representar la belleza suave y radiante de la nación, cuando estaba ataviada de blanco en ropa de fiesta, adornada con sus gemas, joyas y adornos de oro. Los santos de Dios han estado en lugares peores que entre las ollas, pero ahora se elevan a los lugares celestiales en Cristo Jesús.
Versículo 14. «Cuando esparció el Omnipotente a los reyes en ella, fue como si nevase en Salmón.» La victoria se debió al brazo del Omnipotente solo; él esparció a los soberbios que vinieron contra su pueblo, y lo hizo con tanta facilidad como se barre la nieve de las áridas laderas de Salmón. La palabra blanca parece haber sido introducida en el texto, y omitiéndola el sentido es fácil. Un viajero informó al autor que, en un día crudo y ventoso, vio la ladera de lo que suponía que era el monte Salmón barrida de pronto por una ráfaga de viento, de modo que la nieve fue lanzada de acá para allá por el aire como el vilano de los cardos o la espuma del mar: así esparció el Omnipotente a todos los potentados que desafiaban a Israel. Si ha de mantenerse nuestra versión autorizada, las conjeturas de que los huesos blanqueados del enemigo, o los mantos reales arrojados en la huida, emblanquecían el campo de batalla, parecen demasiado rebuscadas para la poesía sagrada. Otra opinión es que Salmón estaba cubierto de bosques oscuros y parecía negro, pero presentaba un aspecto muy distinto cuando la nieve lo cubría, y que por este notable cambio de sombría penumbra a blancura reluciente el poeta expresa el cambio de la guerra a la paz. Sea cual fuere el sentido preciso, se pretendía retratar la gloria y lo completo del triunfo divino sobre los mayores enemigos. Regocíjense en ello todos los creyentes.
Versículo 15. Aquí los sacerdotes, en la cumbre del monte elegido, comienzan a enaltecer al Señor por haber escogido a Sion como su morada. «Monte de Dios es el monte de Basán», o con más exactitud, «un monte de Dios es Basán», es decir, Basán es un monte eminente, que supera con mucho a Sion en altura. Según la costumbre hebrea, toda cosa grande o notable se designa así. Donde nosotros hablamos del Dique del Diablo, la Zanja del Diablo, el Cuenco de Ponche del Diablo, etc., el modo de hablar más loable de los hebreos habla del monte de Dios, los árboles del Señor, el río de Dios, etc. «Monte alto el de Basán», o más bien, «un monte de picos es Basán». No parece que Sion se compare con Basán, sino que se contrasta con él. Sion ciertamente no era un monte alto en comparación; y aquí se concede que Basán es un monte mayor, pero no tan glorioso, porque el Señor al escoger a Sion la había exaltado por encima de los montes más elevados. La altura de la naturaleza queda reducida a nada ante el Señor. Él escoge como le place y, conforme al consejo de su propia voluntad, elige a Sion y pasa por alto los picos soberbios y alzados de Basán; así hace que las cosas viles de este mundo y las menospreciadas lleguen a ser monumentos de su gracia y soberanía.
Versículo 16. «¿Por qué observáis, oh montes altos?» ¿Por qué os mueve la envidia? Envidiad cuanto queráis, la elección del Señor está fijada. Alzaos, y saltad incluso de vuestros asientos, no podéis alcanzar la sublimidad que la presencia de Jehová ha concedido al pequeño monte Moria. «Este es el monte que deseó Dios para su morada.» Elohim hace de Sion su morada, sí, Jehová reside allí. «Ciertamente Jehová habitará en él para siempre.» Espiritualmente el Señor mora eternamente en Sion, su iglesia escogida, y la gloria de Sion fue ser tipo de ella. ¡Qué eran el Carmelo y el Sirión, con toda su altura, comparados con Sion, el gozo de toda la tierra! La elección de Dios es un título de nobleza. Son hombres escogidos aquellos a quienes Dios ha escogido, y ese lugar es honrado sobremanera al que él honra con su presencia.
Versículo 17. «Los carros de Dios son veinte mil.» Otros países, que en el versículo anterior fueron simbólicamente aludidos como «montes altos», se gloriaban en sus carros de guerra; pero Sion, aunque mucho más humilde, era más fuerte que ellos, porque la omnipotencia de Dios era para ella como dos miríadas de carros. El Señor de los Ejércitos podía convocar más fuerzas al campo que todos los pequeños señores que se jactaban de sus ejércitos; sus caballos de fuego y sus carros de fuego serían más que rivales para sus corceles de fuego y sus carros relucientes. El original es grandiosamente expresivo: «los carros de guerra de Elohim son miríadas, millares de millares». La lectura marginal de nuestras Biblias, «muchos millares», es mucho más correcta que la traducción «millares de ángeles». No es fácil ver dónde hallaron nuestros venerables traductores estos «ángeles», pues no están en el texto; sin embargo, como es una bendición hospedarlos sin saberlo, nos alegra encontrarlos en inglés, aunque el hebreo no los conozca; y más aún porque no puede dudarse de que constituyen un noble escuadrón de las miríadas de huestes de Dios. Leemos en Dt 33:2 de la venida del Señor «con diez millares de santos», y en He 12:22 hallamos en el monte de Sion «una compañía innumerable de ángeles», de modo que nuestros dignos traductores, juntando los textos, infirieron los ángeles, y la cláusula es tan fielmente explicativa que no tenemos reproche que hacerle. «El Señor viene del Sinaí a su santuario», o «es un Sinaí en santidad». Dios está en Sion como el Comandante en jefe de sus innumerables huestes, y donde él está, hay santidad. El trono de la gracia en Sion es tan santo como el trono de la justicia en el Sinaí. Los despliegues de su gloria pueden no ser tan terribles bajo el nuevo pacto como bajo el antiguo; pero son aún más maravillosos si se ven con el ojo espiritual. El Sinaí no tiene excelencia de gloria que supere a Sion; más bien palidece su luz de ley ante los esplendores de mediodía de la gracia y la verdad de Sion. ¡Qué gozoso era para un hebreo piadoso saber que Dios estaba tan verdaderamente con su pueblo en el tabernáculo y en el templo como entre los terrores del monte Horeb! Pero es aún más alentador para nosotros estar seguros de que el Señor mora en su iglesia y la ha escogido para ser su reposo para siempre. Seamos celosos por mantener la santidad en la casa espiritual que Dios se digna ocupar; que el sentido de su presencia consuma, como con llamas de fuego, todo camino falso. La presencia de Dios es la fuerza de la iglesia; todo poder es nuestro cuando Dios es nuestro. Veinte mil carros llevarán el evangelio hasta los confines de la tierra; y miríadas de agentes obrarán para su éxito. La Providencia está de nuestro lado y «tiene siervos por doquier». No hay lugar para una sombra de duda o desaliento, sino toda razón para el alborozo y la confianza.
Versículo 18. «Subiste a lo alto.» El arca fue conducida a la cumbre de Sion; Dios mismo tomó posesión de los lugares altos de la tierra, siendo enaltecido y muy elevado. El antitipo del arca, el Señor Jesús, ha subido a los cielos con señales de triunfo. Para combatir a nuestros enemigos, el Señor descendió y dejó su trono; pero ahora, terminado el combate, vuelve a su gloria; muy por encima de todas las cosas es ahora exaltado. «Cautivaste la cautividad.» Una multitud de hijos de los hombres son los cautivos voluntarios del poder del Mesías. Así como grandes conquistadores de antaño llevaban naciones enteras al cautiverio, Jesús saca del territorio de su enemigo una vasta compañía como trofeos de su poderosa gracia. Por el carácter misericordioso de su reinado ocurre que ser llevados cautivos por él es que cese nuestro cautiverio, o que este mismo sea llevado cautivo; un resultado en verdad glorioso. El Señor Jesús destruye a sus enemigos con sus propias armas: da muerte a la muerte, sepulta el sepulcro y cautiva la cautividad. «Tomaste dones para los hombres», o «recibiste dones entre los hombres»: te han pagado tributo, oh poderoso Conquistador, y lo seguirán haciendo en todas las edades de buena gana, deleitándose en tu reinado. La traducción de Pablo es la del evangelio: Jesús ha «recibido dones para los hombres», de los cuales hace abundante distribución, enriqueciendo a su iglesia con los frutos inestimables de su ascensión, como apóstoles, evangelistas, pastores y maestros, y todos sus variados dones. En él, el hombre que recibió dones para el hombre, somos dotados de tesoros inestimables y, movidos por la gratitud, le devolvemos dones, más aún, nos damos a nosotros mismos, nuestro todo. «Y también para los rebeldes.» De estos dones se permite participar a los rebeldes; sometidos por el amor, se ven favorecidos con los beneficios peculiares de los escogidos. El original dice: «aun los rebeldes», o «aun de los rebeldes», cuyo sentido es que los rebeldes llegan a ser cautivos del poder del Señor y tributarios de su trono.
«Gran Rey de gracia, somete mi corazón;
quiero ser llevado también en triunfo;
como cautivo voluntario de mi Señor,
para reconocer las conquistas de su palabra.»
«Para que habite entre ellos JAH Dios.» En el territorio conquistado, Jah Elohim habitaría como Señor de todo, bendiciendo con su condescendiente cercanía a quienes fueron antes sus enemigos. Cuando Canaán fue conquistada y tomada al asalto la fortaleza de Sion, entonces se halló lugar de reposo para el arca de Dios; y así, cuando las armas de la gracia victoriosa han vencido los corazones de los hombres, el Señor Dios, en toda la gloria de su nombre, los hace sus templos vivos. Además, la ascensión de Jesús es la razón del descenso del Señor Dios, el Espíritu Santo. Porque Jesús mora con Dios, Dios mora con los hombres. Cristo en lo alto es la razón del Espíritu abajo. Convenía que el Redentor subiera para que el Consolador descendiera.
Versículo 19. «Bendito sea el Señor.» Al mencionarse la presencia de Dios entre los hombres, los cantores profieren una ferviente aclamación sugerida por el amor reverente, y devuelven bendiciones a quien tan copiosamente bendice a su pueblo. «Cada día nos colma de beneficios.» Nuestra versión contiene una verdad grande y preciosa, aunque probablemente no la doctrina que aquí se pretende. Los beneficios de Dios no son pocos ni ligeros, son cargas; ni son intermitentes, sino que vienen «cada día»; ni se limitan a uno o dos favoritos, pues todo Israel puede decir: nos colma de beneficios. Delitzsch lo lee: «Cada día lleva nuestra carga»; y Alexander: «Quienquiera que ponga una carga sobre nosotros, el Dios Poderoso es nuestra salvación». Si él mismo nos carga de aflicción, da fuerza suficiente para sostenerla; y si otros procuran oprimirnos, no hay motivo de temor, porque el Señor acudirá al rescate de su pueblo. Dichosa nación, la sometida a un Rey cuyo yugo es fácil y que libra a su pueblo de todo temor de cargas extranjeras que sus enemigos pudieran intentar imponerle.
«El Dios de nuestra salvación.» Un nombre lleno de gloria para él y de consuelo para nosotros. Por fuerte que sea el enemigo, seremos librados de sus manos; porque Dios mismo, como Rey, se compromete a salvar a su pueblo de todo mal. ¡Qué estrofa tan gloriosa es esta! Es oscura solo por su exceso de luz. Un mundo de significado se condensa en pocas palabras. Su yugo es fácil y ligera su carga; por tanto, bendito sea el nombre del Salvador por los siglos. ¡Salve, tres veces bendito Príncipe de Paz! Todos tus salvados te adoran y te llaman bendito. Sela. Bien pueden necesitar afinación las cuerdas, pues han soportado una tensión sin igual en este poderoso canto. Más alto, y todavía más alto, hombres de música, levanten el canto. Bailen delante del arca, doncellas de Israel; saquen el pandero y canten al Señor que ha triunfado gloriosamente.
Versículo 20. «Dios nuestro es Dios de salvaciones.» El Todopoderoso que ha entrado en pacto con nosotros es la fuente de nuestra seguridad y el autor de nuestras liberaciones. Tan cierto como que es nuestro Dios, nos salvará. Ser suyo es estar a salvo. «Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte.» Tiene caminos y medios para rescatar de la muerte a sus hijos: cuando están al límite de su ingenio y no ven camino de escape, puede hallarles una puerta de liberación. Las puertas del sepulcro nadie puede abrirlas sino él; solo entraremos en ellas a su mandato; mientras que del lado del cielo ha abierto las puertas para todo su pueblo, y disfrutarán de salidas triunfantes de la muerte. Jesús, nuestro Dios, salvará a su pueblo de sus pecados y de todo lo demás, en la vida o en la muerte.
Versículo 21. «Pero Dios herirá la cabeza de sus enemigos.» El Preservador es también el Destructor. Hiere a sus enemigos en la cima de su orgullo. La simiente de la mujer aplasta la cabeza de la serpiente. No hay defensa contra el Señor; en un momento puede herir con total destrucción las altivas crestas de sus soberbios enemigos. «La testa cabelluda del que camina en sus pecados.» Puede gloriarse en su apariencia exterior y hacer de su cabellera su orgullo, como Absalón; pero la espada del Señor lo hallará y derramará su alma. Los pecadores obstinados descubrirán que la providencia los vence a pesar de sus cabezas duras. Los que persisten en el pecado verán venir sobre ellos los juicios; y el adorno de su orgullo puede convertirse en el instrumento de su perdición. Cubre la cabeza de sus siervos, pero aplasta la cabeza de sus enemigos. En la segunda venida del Señor Jesús, sus enemigos hallarán que sus juicios son terribles más allá de toda concepción.
Versículo 22. Este versículo, con la inserción de las palabras «de mi pueblo», se hace portador del sentido que los traductores juzgaron mejor; pero si se omite la palabra interpolada, probablemente nos acercamos más al sentido. «El Señor dijo: De Basán haré volver; te haré volver de las profundidades del mar.» Aunque sus enemigos procuren escapar, no podrán. Amós describe al Señor diciendo: «Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará mi mano; aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender. Si se escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los tomaré; y aunque se escondieren de mis ojos en lo profundo del mar, allí mandaré a la serpiente y los morderá.» Así como no hay resistir al Dios de Israel, tampoco hay escapar de él; ni las alturas de Basán ni las profundidades del gran mar pueden amparar de su ojo que descubre y de su mano que hace justicia. Los poderes del mal pueden huir hasta los últimos confines de la tierra, pero el Señor los apresará y los hará volver encadenados para adornar su triunfo.
Versículo 23. «Para que tu pie se enrojezca en la sangre de tus enemigos.» Se concederá venganza al pueblo oprimido, y muy completa y terrible. «Y de ella la lengua de tus perros.» Tan arrolladora debía ser la derrota del enemigo que los perros lamerían su sangre. Aquí «el severo gozo que sienten los guerreros» se expresa en lenguaje muy natural para el oído oriental. Para nosotros, salvo en sentido espiritual, el versículo suena duro; pero léanlo con un sentido interior, y también nosotros deseamos la derrota total y aplastante de todo mal, y que el error y el pecado sean objeto de profundo desprecio. Terrible es el Dios de Israel cuando sale como hombre de guerra, y espantoso es aun el Cristo de Dios cuando desnuda su brazo para herir a sus enemigos. Contemplen Apocalipsis 19 y noten lo siguiente: «Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS... Y vi a un ángel que estaba en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan por en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.»
Versículo 24. «Vieron tus caminos, oh Dios.» En el cántico se habían descrito las marchas del Señor; amigos y enemigos habían visto sus salidas con el arca y su pueblo. Suponemos que la procesión estaba ahora subiendo la colina y entrando en el recinto donde estaba plantado el tabernáculo del arca; era oportuno en este momento declarar con canto que las tribus habían visto el glorioso avance del Señor al conducir a su pueblo. «Los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.» La espléndida procesión del arca, que simbolizaba el trono del gran Rey, estaba ante los ojos de hombres y ángeles mientras ascendía al lugar santo; y el salmista la señala con alborozo antes de proceder a describirla. Toda la naturaleza y la providencia son, por así decirlo, una procesión que acompaña al gran Señor en sus visitas a este globo inferior. Invierno y verano, sol y luna, tormenta y calma, y todas las variadas glorias de la naturaleza engrandecen la pompa del Rey de reyes, cuyo dominio no tiene fin.
Versículo 25. «Los cantores iban delante, los músicos detrás.» Este era el orden de la marcha, y a Dios se le ha de adorar siempre con el debido decoro. Primero los cantores, y al final los músicos, porque el canto debe guiar a la música, y no la música ahogar el canto. En medio de la banda vocal e instrumental, o en torno a ella, estaban las doncellas: entre ellas, las jóvenes que tocaban panderos. Algunos han imaginado que este orden indica la superioridad de la música vocal sobre la instrumental; pero no hace falta ir tan lejos en busca de argumentos, cuando la sencillez y espiritualidad del evangelio ya nos enseñan esa verdad. La procesión descrita en este sublime cántico era de gozo, y se empleaban todos los medios para expresar el deleite de la nación en el Señor su Dios.
Versículo 26. «Bendecid a Dios en las congregaciones.» Que la compañía reunida magnifique al Dios cuya arca seguían. La alabanza unida es como el perfume mezclado que hizo Aarón: debe presentarse toda a Dios. Él nos bendice; sea él bendecido. «Al Señor, vosotros de la fuente de Israel.» Un pasaje paralelo al del cántico de Débora: «Lejos del estruendo de los arqueros, entre los abrevaderos, allí repetirán los hechos de justicia de Jehová.» La sede del arca sería la fuente de refrigerio para todas las tribus, y allí debían celebrar sus alabanzas. «Bebe», dice la vieja inscripción, «bebe, viajero cansado; bebe y ora». Podemos cambiar una palabra y leer: bebe y alaba. Si el Señor rebosa de gracia, nosotros debemos rebosar de gratitud. Ezequiel vio fluir de debajo del altar una corriente siempre creciente, que salía de debajo del umbral del santuario, y dondequiera que fluía daba vida: glorifiquen a «la fuente de Israel» cuantos han bebido de esta corriente vivificante.
Versículo 27. «Allí estaba el joven Benjamín, señoreando a los príncipes.» La tribu era pequeña, muy reducida en número, pero tuvo el honor de incluir a Sion en su territorio. «Y a Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará confiado cerca de él; lo cubrirá siempre, y entre sus hombros morará.» El pequeño Benjamín había sido el predilecto de Jacob, y ahora se hace marchar a la tribu primero en la procesión y habitar lo más cerca del lugar santo. «Los príncipes de Judá y su congregación.» Judá era una tribu grande y poderosa, no con un solo gobernante como Benjamín, sino con muchos príncipes «y su compañía», pues así lo dice el margen. «De allí es el pastor, la piedra de Israel», y la tribu era una cantera de piedras con que edificar a las naciones: algo de esta verdad se insinúa en el hebreo. «Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.» Israel estaba allí, así como Judá; no había cisma entre el pueblo. El norte envió un contingente representativo igual que el sur, y así la larga procesión expresaba la cordial lealtad de todas las tribus a su Señor y Rey. ¡Oh día dichoso en que todos los creyentes sean uno en torno al arca del Señor, no luchando por nada sino por la gloria del Dios de gracia! El profeta pone ahora en boca de la asamblea un cántico que anuncia las conquistas futuras de Jehová.
Versículo 28. «Tu Dios ha ordenado tu fuerza.» Su decreto había ordenado fuerte a la nación, y su brazo la había hecho así. Como comandante en jefe, el Señor hizo desfilar a los valientes en orden de batalla y les mandó ser fuertes en el día del combate. Esta es una frase riquísima aunque breve, y, ya se aplique a un creyente individual o a toda la iglesia, está llena de consuelo. «Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros.» Así como todo poder viene de Dios en el principio, también su mantenimiento continuo es de él. Los que tenemos vida debemos orar para tenerla «en abundancia»; si tenemos fuerza, debemos procurar estar aún más afirmados. Esperamos que Dios bendiga su propia obra. Nunca ha dejado inacabada obra alguna, ni lo hará jamás. «Cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos»; y ahora, reconciliados con Dios, podemos esperar de él que perfeccione lo que nos concierne, pues nunca abandona la obra de sus manos.
Versículo 29. «Por razón de tu templo en Jerusalén los reyes te ofrecerán dones.» Se profetiza que el palacio de Dios, que se erguía sobre Jerusalén, llegaría a ser una maravilla para todas las tierras, y cuando pasó del tabernáculo de David al templo de Salomón, así fue. Tan espléndido era aquel edificio que la reina de la lejana Sabá vino con sus presentes; y muchos príncipes vecinos, sobrecogidos por la riqueza y el poder que allí se desplegaban, vinieron con tributo al Dios de Israel. La iglesia de Dios, cuando es verdaderamente espiritual, gana para su Dios el homenaje de las naciones. En la gloria de los postreros días esta verdad se verificará de forma mucho más literal y amplia.
Versículo 30. «Reprime a la reunión de lanceros»; o «a las fieras de los cañaverales», como traduce con más corrección el margen. Habla a Egipto, que su creciente poder y celos sean mantenidos a raya por una palabra tuya. Israel recuerda a su antiguo enemigo, que ya tramaba el daño que estallaría bajo Jeroboam, y ruega una palabra de reprensión de su Amigo Omnipotente. También el Anticristo, aquel gran dragón escarlata, necesita la palabra eficaz del Señor que reprima su insolencia. «La multitud de toros», los enemigos más fuertes; los toros orgullosos, tercos, desenfrenados, gordos y bramadores, que procuraban cornear a la nación escogida, estos también necesitan la reprensión del Señor, y la tendrán. Todos los toros sagrados de Egipto no podrían valer contra un «así dice Jehová». Bulas papistas y edictos imperiales se han estrellado contra la iglesia del Señor, pero no han prevalecido contra ella, ni jamás prevalecerán. «Con los becerros de los pueblos.» Los más pobres y bajos están igualmente empeñados en el mal, pero la voz divina puede dominarlos; las multitudes no son nada para el Señor cuando sale con poder; toros o becerros, no son sino ganado para el matadero cuando la Omnipotencia se despliega. El evangelio, como el arca, nada tiene que temer de grandes ni de pequeños; es una piedra sobre la cual todo el que tropiece será quebrantado.
«Hasta que se sometan con pedazos de plata.» Se pide al Señor que someta a los enemigos de Israel hasta que rindan tributo en lingotes de plata. Bendita es esa reprensión que no quebranta sino que doblega; porque la sujeción al Señor de los ejércitos es libertad, y el tributo a él enriquece al que lo paga. El impuesto del pecado es infinitamente más exigente que el tributo de la religión. El dedo meñique de la lujuria pesa más que los lomos de la ley. Los pedazos de plata dados a Dios son repuestos con pedazos de oro. «Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra.» De modo que, no obstante la fuerte expresión de Sal 68:23, el pueblo de Dios eran hombres de paz, y solo deseaban el aplastamiento de las naciones opresoras para que no volviera a haber guerra. Que las batallas de la paz sean tan feroces como sea; amontonen ascuas de fuego sobre las cabezas de los enemigos y maten así su enemistad. Que «los que tomen espada, a espada perecerán» es una regla justa para establecer la quietud en la tierra. ¿Qué paz puede haber mientras los tiranos sedientos de sangre y sus esbirros son tantos? Con devoción podemos ofrecer esta oración, y con igual devoción podemos bendecir a Dios porque con seguridad será respondida, pues «quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego».
Versículo 31. «Vendrán príncipes de Egipto.» Los viejos enemigos serán nuevos amigos. Salomón hallará esposa en la casa de Faraón. Cristo reunirá un pueblo del reino del pecado. Grandes pecadores se rendirán al cetro de la gracia, y grandes hombres llegarán a ser buenos hombres al venir a Dios. «Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.» Cus se apresurará a presentar ofrendas de paz. La reina de Sabá vendrá del lejano sur. El eunuco de Candace preguntará a Aquel que fue llevado como cordero al matadero. Abisinia será aún convertida, y África llegará a ser buscadora dispuesta de la gracia, deseando y abrazando con ansia al Cristo de Dios. Pobre Etiopía, tus manos han estado largo tiempo esposadas y endurecidas por un trabajo cruel, pero millones de tus hijos han hallado en su esclavitud la libertad con que Cristo hizo libres a los hombres; y así tu cruz, como la cruz de Simón de Cirene, ha sido la cruz de Cristo, y Dios ha sido tu salvación. ¡Apresura, oh Señor, ese día en que tanto la civilización como la barbarie de la tierra te adoren, Egipto y Etiopía fundiéndose en alegre acuerdo en tu adoración! Esta es la confianza de tus santos, tu propia promesa; apresúrala en tu propio tiempo, buen Señor.
Versículo 32. «Reinos de la tierra, cantad a Dios.» Gloriosa será esa canción en que se unan imperios enteros. Dichosos los hombres, porque Dios es uno que es siempre objeto de adoración gozosa, pues no son así los demonios de los paganos. Cosa tan dulce es el canto que debería ser todo del Señor; un concierto profano casi parece un sacrilegio, una canción licenciosa es traición. «Cantad salmos al Señor.» Una y otra vez ha de ser magnificado Dios; pecamos demasiado contra Dios, pero no podemos cantar demasiado a Dios. Sela. Bien podemos reposar ahora que nuestras contemplaciones han llegado a la gloria milenaria. ¿Qué corazón rehusará elevarse con tal perspectiva?
Versículo 33. «Al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que son de antiguo.» Antes se le describió en sus manifestaciones terrenales, marchando por el desierto; ahora, en su gloria celestial, cabalgando en los cielos de las edades primeras. Mucho antes de que se hicieran este cielo y esta tierra, las moradas más altas de la Deidad estaban firmes; antes de que se crearan hombres o ángeles, los esplendores del Gran Rey eran tan grandes como ahora, y sus triunfos tan gloriosos. Nuestro conocimiento alcanza solo a un pequeño fragmento de la vida de Dios, cuyas «salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad». Bien pudo la iglesia judía entonar himnos al Dios eterno, y bien podemos unir a ello la adoración al Gran Primogénito:
«Antes que naciera el pecado, o cayera Satanás,
él conducía la hueste de las estrellas de la mañana.
Tu generación, ¿quién la contará?
¿O numerará la cuenta de tus años?»
«He aquí dará su voz, poderosa voz.» ¿Se oyó entonces en el cielo un trueno? ¿O voló la mente del poeta hacia atrás, al tiempo en que desde el cielo de los cielos la voz de Jehová rompió el largo silencio y dijo: «Sea la luz», y fue la luz? Hasta esta hora, la voz de Dios es poder. Este evangelio, que pronuncia y revela su palabra, es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Con razón se llama a nuestras voces a alabar a aquel cuya voz nos habló para existir y nos da la gracia eficaz que asegura nuestro bienestar.
Versículo 34. «Atribuid poder a Dios.» Si hasta su voz hiende las rocas y arranca los cedros, ¿qué no podrá su mano? Su dedo sacude la tierra; ¿quién concebirá el poder de su brazo? Que nunca, por nuestras dudas o nuestros audaces desafíos, parezcamos negar poder a Dios; al contrario, sometiéndonos a él y confiando en él, que nuestros corazones reconozcan su poder. Cuando estamos reconciliados con Dios, su omnipotencia es un atributo que cantamos con deleite. «Sobre Israel es su magnificencia.» La nación favorecida es protegida por su majestad; su grandeza es para ellos bondad, su gloria es su defensa. «Y su poder está en los cielos.» No limita su poder a los hijos de los hombres, sino que lo hace como un dosel que cubre los cielos. Lluvia, nieve, granizo y tempestad son su artillería; rige toda la naturaleza con majestad que infunde pavor. Nada hay tan alto que esté por encima de él, ni tan bajo que esté por debajo de él; alábenlo, pues, en lo más alto.
Versículo 35. «Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios.» Inspiras pavor y temor. Tus santos obedecen con temor y temblor, y tus enemigos huyen consternados. Desde tus tres atrios, y especialmente desde el lugar santísimo, tu majestad centellea y hace que los hijos de los hombres se postren con pavor. «El Dios de Israel es el que da fuerza y poder a su pueblo.» En esto tú, que eres el Dios de Israel por pacto, eres temible para tus enemigos al hacer fuerte a tu pueblo, de modo que uno persiga a mil y dos hagan huir a diez mil. Todo el poder de los guerreros de Israel procede del Señor, la fuente de todo poder. Él es fuerte y hace fuertes: bienaventurados los que toman de sus recursos, renovarán sus fuerzas. Mientras los autosuficientes desmayan, el Todosuficiente sostendrá al más débil de los creyentes. «Bendito sea Dios.» Una conclusión breve pero dulce. Que nuestras almas digan Amén a ella, y otra vez, Amén.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Todo el salmo. En este salmo tenemos especial razón para condenar o admirar la timidez, o la cautela y delicadeza, de nuestros traductores, como quiera que se juzgue, por la manera en que han traducido los nombres del Todopoderoso. Casi universalmente los traducen «Dios» o «Señor»; mientras que se ha observado que casi todos los títulos notables de la Deidad se emplean al describir y alabar a la persona a quien aquí se dirige el salmo. Se le llama «Elohim» en Sal 68:2; «Adonai», Sal 68:12; «Shaddai», Sal 68:15; «Jehová», Sal 68:17; «Jah», Sal 68:19; y «El», Sal 68:20. Los nombres hebreos de Dios tienen, cada uno, un significado distinto y peculiar. Ninguna palabra sola basta para todos. El uso vago de los términos «Dios» y «Señor» en nuestra traducción nunca puede transmitir a la mente del lector las importantes ideas que la expresión original, si se tradujera debidamente, comportaría, y hemos perdido una fuerte confirmación adicional de la deidad del Mesías al abandonar el testimonio que daría a esta gran verdad la atribución a él de los títulos peculiares de Dios. R. H. Ryland.
Todo el salmo. Así como el 67 se abría con una referencia a la fórmula de bendición (Nm 6:24-26), así este con una referencia a la oración usada cuando la columna de nube convocaba al campamento a iniciar una marcha. Allí la presencia (panim) de Dios derramaba luz salvadora sobre su pueblo; aquí sus enemigos huyen de ella (mippanayv), Sal 68:1... En el ritual judío el salmo se usa en Pentecostés, el Aniversario de la Entrega de la Ley y la Fiesta de la Cosecha Concluida... El carácter notable del salmo se indica por el hecho de que contiene no menos de trece palabras que no se hallan en otra parte. El don pentecostal de lenguas parece necesario para su plena exposición. William Kay.
Todo el salmo. Estimado por muchos críticos como la más alta efusión de la musa lírica de David. William Binnie.
Todo el salmo. A juzgar por la antigüedad de su lenguaje, la descripción concisa, la expresión de su poesía plenamente fresca, vigorosa y a veces ingenuamente irónica, consideramos este poema como uno de los monumentos más antiguos de la poesía hebrea. Boettcher.
Todo el salmo. Hay que confesar que en este salmo hay tantos precipicios y tantos laberintos como versículos, o incluso palabras. No sin razón se lo ha llamado la cruz de los críticos, el oprobio de los intérpretes. Simon de Muis.
Todo el salmo. El comienzo de este salmo indica claramente que el inspirado salmista recibió luz para ver la marcha de Israel por el desierto, el arca del pacto avanzando delante del pueblo para hallar lugar de reposo. El salmista se llena de alabanza cuando se le permite ver que Dios reveló su amor paternal en todo aquel movimiento: que su ojo estaba sobre el huérfano, la viuda, el solitario y el afligido; pero David es también llevado por el Espíritu al monte de los Olivos, donde ve al Señor que asciende; ve los carros triunfales, con una compañía innumerable de ángeles, y luego contempla al Señor recibido en gloria como el poderoso Conquistador; y no solo eso, sino como quien ha recibido o comprado dones para los hombres, aun para los rebeldes (Sal 68:18), «para que habite entre ellos JAH Dios», o dentro de ellos. «Por lo cual», el mandato de nuestro Padre es: «Salid de en medio de ellos, y apartaos», etc. (2 Co 6:17-18). La doxología del pueblo de Dios es: «Bendito sea el Señor, que cada día nos colma de beneficios». Nuestro bendito Maestro atiende día tras día a todas nuestras necesidades y hace que su amor fluya hacia nosotros, porque es Dios nuestra Salvación. Sela. ¡Qué consuelo debe darnos esto en toda condición! Porque el Señor Jesús va delante de nosotros por el desierto. Se compadece de nuestras debilidades. La viuda, el huérfano, el desolado, todos son objeto de su cuidado y amor. Ha ido delante de nosotros para preparar nuestro reposo celestial; la obra está acabada. Viene ahora, día tras día, a colmarnos de bendiciones, y al final nos llevará a salvo a través de la muerte a la vida y a la gloria. Al Señor nuestro Salvador pertenece el librar de la muerte; entonces, «Muerte, ¿dónde está tu aguijón?», etc. Ridley H. Herschell, en "Strength in Weakness. Meditations on some of the Psalms in time of Trial," 1860.
Sugerencias para el predicador
Versículos 1-2.
Primero. La iglesia de Dios siempre tuvo, y tendrá, enemigos y aborrecedores; pues contra estos se arma el salmista y la iglesia con esta oración.
Segundo. Los enemigos de la iglesia son enemigos de Dios; los que aborrecen a la iglesia, aborrecen a Dios. Tus enemigos, los que te aborrecen.
Tercero. A veces Dios parece dormir o permanecer quieto, y dejar que estos enemigos y aborrecedores hagan lo que quieran por un tiempo. Esto también está implícito: aquel a quien decimos Levántate o duerme o permanece quieto.
Cuarto. Hay un tiempo en que Dios se levantará.
Quinto. El tiempo del levantarse de Dios es el tiempo de la dispersión de los enemigos, el tiempo de la huida de sus aborrecedores.
Sexto. Es deber del pueblo de Dios orar para que se levante cuando parece estar abatido, y enaltecerlo con sus alabanzas cuando se levanta para su rescate y redención; pues estas palabras son a la vez oración y triunfo, como las usaron tanto Moisés como David. Thomas Case, en un sermón de ayuno predicado ante la Cámara de los Comunes, titulado "God's Rising, his Enemies' Scattering," 1644.
Versículos 1-3. Oración por el segundo advenimiento. A. Macaul.
Salmos 68:1
Versículo 1. «Levántese Dios.» Con palabras semejantes habló Moisés cuando la nube se movía hacia adelante y el arca era llevada adelante. El arca habría sido un pobre guía si el Señor no hubiera estado presente con el símbolo. Antes de movernos, siempre debemos desear ver al Señor abrir el camino. Las palabras suponen que el Señor había estado pasivo por un tiempo, permitiendo que sus enemigos se enfurecieran, pero conteniendo su poder. Israel le suplica que se «levante», como en otras partes que «despierte», «ciña su espada» y otras expresiones semejantes. También nosotros podemos clamar así con insistencia al Señor, para que se digne desnudar su brazo y defender su propia causa. «Sean esparcidos sus enemigos.» Nuestro glorioso Capitán de la vanguardia despeja el camino con facilidad, por muchos que procuren obstruirlo; no tiene más que levantarse, y huyen; con facilidad derribó a sus enemigos en los días de antaño, y lo hará a lo largo de todas las edades venideras. El pecado, la muerte y el infierno conocen el terror de su brazo; sus filas se rompen a su acercamiento. Nuestros enemigos son sus enemigos, y en esto está nuestra confianza de victoria. «Y huyan de su presencia los que le aborrecen.» Aborrecer al Dios infinitamente bueno es infame, y el peor castigo no es demasiado severo. El odio a Dios es impotente. Sus más soberbios enemigos no pueden hacerle daño alguno. Alarmados sobremanera, huirán antes de llegar a los golpes. Mucho antes de que el ejército de Israel pueda entrar en la refriega, los aborrecedores de Dios huirán ante ÉL, que es el campeón de sus escogidos. Viene, ve, vence. ¡Qué oración tan apropiada para el comienzo de un avivamiento! ¡Cómo sugiere el verdadero modo de conducirlo: el Señor abre el camino, su pueblo lo sigue, los enemigos huyen!
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 1. «Levántese Dios», etc. El arca en marcha (véase Nm 10:35-36) es un tipo de Jesús saliendo a derribar a los enemigos rebeldes. Es un gozo supremo seguir la marcha victoriosa del Antitipo. ¡Con qué poder avanzó el Señor! La fuerza de Dios estaba en su brazo. Su espada era la Deidad. Sus dardos estaban erizados con todo el poder de Jehová. «En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.» Ap 19:16. Sus enemigos, en verdad, lucharon con fuerza. No fue tarea fácil rescatar almas del poder de Satanás ni derribar la casa de prisión de las tinieblas. El enemigo se lanzó, revestido de su armadura más feroz, desatado en su más aguda rabia, astuto en sus artimañas más mortales. Empleó todas sus tentaciones como una terrible batería. Pero la verdadera Arca nunca flaqueó. El adversario mordió el polvo. Pasiones malignas enloquecían en los pechos opositores. Los reyes se levantaron; los gobernantes consultaron; se urdieron todas las tramas; se planeó y se ejecutó la muerte ignominiosa. Pero el Arca seguía avanzando. La cruz dio ayuda, no daño. El sepulcro no pudo retenerla. La muerte no pudo vencerla. Las puertas del infierno se abren de par en par. Aparece el poderoso conquistador. Y, como en Canaán el arca subió al monte de Sion entre gritos triunfales, así Jesús sube a lo alto. El cielo de los cielos lo recibe. El Padre da la bienvenida al Salvador que todo lo vence. Las huestes angélicas adoran al glorioso Dios-hombre. La Oración del Levantarse tiene pleno cumplimiento: «Levántate, oh Jehová, y sean esparcidos tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen.» Y ahora, desde el trono de la gloria, anima a sus humildes seguidores en su marcha por el desierto. Sus fatigas, sus luchas y sus temores son muchos. A menudo parecen un pobre gusano bajo pies que aplastan. Pero sobreviven, prosperan, levantan la cabeza. Como antaño el arca era victoria, así Jesús es ahora victoria. Sí, todo hijo de la fe pondrá sin duda un pie vencedor sobre la hueste de enemigos. Oigan esto, opositores insensatos, y desistan. ¿Dónde están las naciones que resistieron a Israel? ¿Dónde los faraones, los reyes sitiados, los Herodes, los principales sacerdotes, los Pilatos? No compartan su malicia, no sea que compartan su fin. Lean en esta palabra su próxima destrucción: «Levántate, oh Jehová, y sean esparcidos tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen.» Y así como la Oración del Levantarse nunca ha fallado, también la Oración del Reposo rebosa ahora de vida. «Vuelve, oh Jehová.» Jesús está listo para volar de regreso. Los muchos millares de Israel esperan, pero no esperan en vano. «Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.» He 10:37. ¡Oh día gozoso, vista triunfante! ¡Qué éxtasis, qué gritos, qué gloria! El Señor de la salvación regresa. ¡Bienvenido, bienvenido sea! Henry Law, en "`Christ is All.' The Gospel of the Old Testament," 1858.
Versículo 1. «Levántese.» La misericordia de Dios se ve en su paciencia con los impíos, implícita en la palabra levántese, pues parece como si durmiera (Sal 44:23) y no advirtiera lo que se hace mal. El Señor es paciente, y no quiere que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Tardó más en destruir una ciudad (Jericó, Jos 6:4) que en edificar el mundo entero; lento para la ira y dispuesto a perdonar, no desea la muerte del pecador, sino más bien que se enmiende. No se levanta para castigos particulares, y menos aún para el juicio general, sino tras larga paciencia y gran bondad. «¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!», dijo nuestro Señor. Mt 23:37. John Boys.
Versículo 1. «Sean esparcidos sus enemigos.» Pueden, si gustan, tomar las palabras ya sea como oración o como profecía: como oración de que sean esparcidos, o como profecía de que serán esparcidos. O pueden leerlo Surgente Domino, Tan pronto como el Señor se levante, sus enemigos serán esparcidos, y hacer de ello un axioma teológico: y así es una proposición aeternae veritatis, de verdad eterna, verdadera en la primera edad del mundo, y verdadera en la última edad del mundo, y será verdadera hasta el fin del mundo. Podemos hacer de ello nuestra oración, para que sean destruidos; y podemos profetizar que serán destruidos. Summa votorum est, non ex incerto poscentis, sed ex cognitione scientiaque sperantis, dice Hilario. Es una oración que no procede de un corazón dudoso y vacilante, como si Dios a veces librara a su iglesia y otras veces fallara y la dejara a la voluntad de sus enemigos; sino fundada en conocimiento cierto y seguridad infalible de que «se levantará, y no guardará silencio», y se vengará de su enemigo. Porque hay una especie de presagio y profecía en la oración: si oramos como debemos, ha prometido conceder nuestra petición; lo cual es una seguridad más hermosa que cualquiera que un profeta pueda darnos. Levántese Dios y Dios se levantará difieren solo en un tiempo verbal, y los hebreos comúnmente usan el uno por el otro...
En esta oración o profecía, o conclusión, pueden, como en un espejo, contemplar la providencia de Dios sobre su pueblo, y el destino y la fatal destrucción de los hombres impíos. O pueden concebir a Dios sentado en el cielo, mirando a los hijos de los hombres y burlándose de todos los designios de sus enemigos; su exsurgat, su levantarse, como tempestad para esparcirlos y como fuego para derretirlos. Y estos dos, exsurgat y dissipabuntur, el levantarse de Dios y la destrucción de sus enemigos, dividen el texto y presentan ante nuestros ojos dos partes o bandos, por así decirlo, en abierta oposición. Ahora bien, aunque el exsurgat esté antes del dissipabuntur, el levantarse de Dios antes de la dispersión, aun así tiene que haber algunas personas que despierten a Dios y lo alerten antes de que se levante para destruir. Consideraremos, pues, como lo exige el mismo orden de la naturaleza, primero las personas que se nos señalan con tres denominaciones distintas, como con otras tantas marcas y hierros en su frente. Son:
- Enemigos;
- Aborrecedores de Dios;
- Hombres impíos.
Pero Dios, levantándose de esta manera, está más especialmente contra el hecho que contra la persona, y contra la persona solo por el hecho. Debemos, pues, escudriñar e indagar eso; y lo hallamos envuelto y oculto en el dissipabuntur, en su castigo; porque la dispersión supone una reunión, como la corrupción supone la generación. Lo que movió a Dios a levantarse es, pues, esto: sus enemigos, los que le aborrecían, los impíos, se habían reunido y consultado contra Dios y su iglesia, como lo vemos hoy; y viéndolo, estamos aquí congregados para postrarnos ante Dios con toda humildad, para que se levante y los esparza. Este es el nunc opportunitatis, el tiempo mismo y el tiempo señalado para que Dios se levante. En esta frase está implícita una especie de pausa y deliberación, como si Dios no estuviera siempre en pie y listo para ejecutar juicio. Y con ello manifiesta:
- Su paciencia con los impíos: no está siempre en pie, por así decirlo, para destruir a sus enemigos;
- Su justicia, que llega al fin, aunque no llegue tan pronto como esperan los hombres en la miseria;
- Su misericordia con sus hijos: aunque por un tiempo parezca dormir y no oír la voz de sus quejas, al fin se levanta y los ayuda.
Por último, notaremos los efectos, o el fin, de este levantarse; y es la destrucción de sus enemigos, aquí trazada ante nuestra vista en cuatro expresiones distintas, como en otros tantos colores:
- Dissipabuntur, serán esparcidos;
- Fugient, huirán;
- Deficient, se desvanecerán como humo;
- Liquefient, se derretirán como cera; todo lo cual converge y se concentra en peribunt, perecerán ante la presencia de Dios. Anthony Farindon.
Nota continuada en Véase Salmos sobre "Job 42:10."
Versículos 1-3. Véase Salmos sobre "Sal 68:1" para más información.
Salmos 68:3
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. «Mas alégrense los justos.» Los impíos huyen de la presencia de Dios, porque les inspira terror; los justos, en cambio, se regocijan en ella, porque nada los deleita más que pensar que Dios está cerca de ellos. Juan Calvino.
Salmos 68:4
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 4. «Exaltad al que cabalga sobre los cielos.» O, como traducen Símaco, Jerónimo, el obispo Lowth, Merrick y otros: «Preparad el camino al que cabalga por los desiertos»: twbre aravoth; es decir, el que cabalgó por el desierto sobre los querubines; alusión al paso del arca. «Comprehensive Bible.»
Versículo 4. Cabalga. Dicho quizá con alusión a los querubines sobre los cuales fue llevado Jehová (Sal 18:10), siendo Dios mismo el Guía y Capitán de su pueblo, que cabalga, por así decirlo, a su cabeza, como un capitán terrenal podría conducir a su ejército montado en un caballo de guerra. J. J. Stewart Perowne.
Versículo 4. Sobre los cielos. Las versiones antiguas en general traducen la palabra twkrek por super occasus u occasum. El significado propio y general de la palabra es desierto o soledad, y no hay autoridad para traducirla por los cielos, salvo la de los rabinos, que en verdad es poca o ninguna, y la de la paráfrasis caldea, que dice twbrek hyrqy hyorwk super thronam gloriae ejus in nono caelo, es decir, el que se sienta sobre el trono de su gloria en el noveno cielo. El salmista alude aquí, según entiendo, al paso de los israelitas por los desiertos camino de la tierra prometida, y lo describe en muchas de sus circunstancias principales en los versículos siguientes; y se dice que Dios cabalga, o es llevado por los desiertos, porque el arca de su presencia fue llevada por ellos y acompañó a los israelitas en todas sus etapas durante su permanencia y peregrinación en ellos. Samuel Chandler.
Versículo 4. Dios va siempre a la cabeza de su pueblo por los desiertos del sufrimiento y de la necesidad; en los desiertos de la aflicción hallan en él un verdadero guía. E. W. Hengstenberg.
Versículo 4. «Su nombre» JAH. JAH, como concentración de Jehová, es el término más enfático (Stier). Aparece por primera vez en Éx 15:2. Frederic Fysh, en "A Lyrical Literary Version of the Psalms," 1850.
Sugerencias para el predicador
Versículo 4.
- El nombre que inspira el canto: Jah.
(a) Existente por sí mismo.
(b) Inmutable.
(c) Eterno.
- El canto inspirado por ese nombre.
(a) De exultación.
(b) De confianza.
(c) De gozo. G. R.
Salmos 68:5
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 5. «Padre de huérfanos.» En sentido espiritual, los huérfanos de quienes Dios es Padre son, dice Hilario, los que han renunciado a su padre el diablo, y aquellos a quienes Cristo, en su partida, envió otro Consolador, conforme a su promesa: «No os dejaré huérfanos». Lorinus.
Versículo 5. ¿No se refiere Stg 1:27 a este versículo? Porque tenemos al huérfano, a la viuda, y luego la santidad del Dios a quien servimos. Andrew A. Bonar.
Versículo 5. «Dios en su santa morada.» Aunque el Señor es infinito y ningún lugar puede abarcarlo, ha señalado sin embargo un lugar de cita donde su pueblo lo halle por ordenanza suya, a saber, la congregación de sus santos, su santo templo, que sombreaba a Cristo, el que había de encarnarse, que ahora está en el cielo, que ahora está encarnado y sentado a la diestra de Dios, en quien habita la Deidad; aquí, aquí se ha de hallar a Dios. David Dickson.
Sugerencias para el predicador
Versículo 5. Los derechos de las viudas y los huérfanos sobre la iglesia de Dios, por la relación de Dios con ellos y su morada en la iglesia.
Salmos 68:6
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 6. «Dios hace habitar en familia a los desamparados.» Puede interpretarse de la fecundidad y el crecimiento de la iglesia con conversos, bajo la dispensación del evangelio, incluso de entre los gentiles, que antes estaban solos, sin Dios y sin Cristo, y ajenos a la ciudadanía de Israel; pero, llamados y convertidos por el ministerio de la palabra, fueron introducidos y colocados en iglesias, o familias, del evangelio... Las iglesias del evangelio, como las familias, tienen un amo sobre ellas, que es Cristo, el Hijo y primogénito, de quien reciben su nombre; en ellas hay santos de varias edades, tamaños y posiciones; unos padres, otros jóvenes y otros niños; hay provisiones adecuadas para ellos, y mayordomos que les dan su porción de alimento a su tiempo, que son los ministros de la palabra; y hay leyes y reglas por las cuales son dirigidos y gobernados, y todo se mantiene en buen orden. John Gill.
Sugerencias para el predicador
Versículo 6. Comparación de las iglesias con las familias. Véase el extracto del Dr. Gill.
Versículo 6.
- Dos males curables: «los desamparados», «los cautivos».
- Dos ricas bendiciones: «hace habitar en familia», «saca».
- Un mal monstruoso y sus miserables consecuencias.
Versículos 7-8.
- Dios tiene sus tiempos para librar a su pueblo de sus angustias: Cuando tú, etc.
- Su liberación es completa: La tierra tembló, etc.; todo cedió ante él.
- La liberación es mayor por la demora.
(a) Lo es en sí misma.
(b) Se aprecia más: como en el caso de Job, Abraham, Israel en el Mar Rojo, Daniel, sus tres compañeros, etc. G. R.
Versículos 7-9.
- La presencia de Dios en su iglesia.
(a) Su preeminencia: «delante».
(b) Como Dios del pacto de Israel.
(c) Como activo y haciendo activos.
(d) Su gobierno interior: ellos lo siguen.
(e) Su propósito exterior: marchando a la guerra.
- Las benditas consecuencias.
(a) Los más impasibles se estremecen.
(b) Los altivos se inclinan.
(c) Las dificultades desaparecen: «Sinaí».
(d) Bendiciones abundantes.
(e) La iglesia avivada.
Salmos 68:8
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 8. «El Dios de Israel.» Sinaí fue la sede no solo de Dios, sino del Dios del pacto del pueblo de Israel; desde allí se proclamó la ley y se selló el pacto entre Dios y su pueblo. Hermann Venema.
Salmos 68:9
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 9. El Tú es enfático en el hebreo: Tu heredad, aun cuando estaba cansada (es decir, agotada), tú la confirmaste; o «la fortaleciste». Tú, que solo podías fortalecer a una heredad agotada, lo hiciste por tu pueblo. A. R. Fausset.
Versículo 9. «Lluvia generosa.» Las palabras traducidas lluvia generosa dicen literalmente en el hebreo lluvia de liberalidades; y coincido con los intérpretes en pensar que alude a la bendición como venida por el ejercicio de un favor gratuito, y a Dios como quien, por su propia bondad espontánea, proveyó todas las necesidades de su pueblo. Algunos leen lluvia deseable; otros, lluvia que fluye sin violencia, o suave; pero ninguna de estas traducciones parece aceptable. Otros leen lluvia copiosa o abundante; pero ya he expuesto lo que me parece el sentido preferible. Juan Calvino.
Versículo 9. Lluvia generosa; es decir, de maná. Edmund Law (1703-1787), citado por Richard Warner in loc., 1828.
Versículo 9. Lluvia. Una sola fuente, dice Cirilo, riega tu paraíso, y la lluvia que cae sobre todo el mundo es la misma; es blanca en la flor del espino, roja en la rosa, púrpura en el jacinto, y de diversas clases, y todo en todo; sin embargo, ella misma es la misma y de la misma naturaleza. . . . Así también el Espíritu Santo, aunque es uno solo y el mismo y no se divide, reparte sin embargo a cada uno la gracia como él quiere. Thomas Le Blanc.
Versículo 9. Lluvia abundante. ¡Tu amor ha sido como un aguacero! La respuesta, apenas una gota de rocío, ¡y esa gota de rocío manchada de pecado! James Harrington Evans, 1785-1849.
Sugerencias para el predicador
Versículo 9.
- La misericordia de Dios comparada a un aguacero.
(a) Viene directamente del cielo; no por medio de sacerdotes.
(b) Es pura y sin mezcla.
(c) Nadie tiene el monopolio de ella.
(d) No hay sustituto para ella.
(e) Se dispensa soberanamente en cuanto a (1) tiempo; (2) lugar; (3) manera; y (4) medida.
(f) Obra con eficacia. Is 55:10.
(g) La oración puede obtenerla.
- Hay épocas en que caen estos aguaceros.
(a) En la casa de Dios.
(b) En los medios de gracia.
(c) En la oración.
(d) En la aflicción.
(e) Cuando los santos están cansados (1) de trabajar; (2) por la enfermedad; (3) por la falta de éxito.
(f) Por el Espíritu Santo que refresca el corazón.
- Estos aguaceros tienen por objeto «confirmar al pueblo de Dios».
- Se necesitan ahora.
Versículo 9.
- La iglesia es la heredad de Dios.
(a) Escogida.
(b) Comprada.
(c) Adquirida.
- Aunque es su heredad, a veces puede estar cansada.
- Cuando está cansada, será refrescada por él. G. R.
Salmos 68:10
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 10. «Tu rebaño.» Las palabras son escogidas y expresivas. Dirigiéndose a Dios, (el poeta) llama intencionada y enfáticamente al pueblo de Israel Ktyx tu congregación unida, en contraste con las divisiones anteriores y las diversas disensiones, para significar que el pueblo estaba ahora soldado en uno, formado en una sola sociedad, y unido a la vez, que estaba bien ordenado y constituido como la sociedad de Dios, en la cual sus leyes florecían y solían observarse. Hermann Venema.
Versículo 10. Tu rebaño. O Tus seres vivientes, Ktyh, ta zwa, LXX; animalia, Vulgata; probablemente una referencia a la inmensa cantidad de codornices que fueron traídas milagrosamente al campamento de los israelitas y, en cierto modo, habitaron en torno a él. Nota en la "Congregational Bible."
Versículo 10. Tu rebaño. O Tus seres vivientes. Aquel lugar desolado, donde antes solo podían vivir fieras, estaba ahora, gracias a aquellas lluvias de maná (Sal 68:9), en condiciones de sustentar a una multitud de otros seres vivientes más mansos, incluso hombres y todos sus rebaños y manadas. Henry Hammond.
Versículo 10. (primera parte). Mejor: «En cuanto a tu alimento (maná y codornices), habitaron en medio de él». Edmund Law.
Versículo 10. (primera parte). En cuanto a tu alimento, habitaron en medio de él. La ambigüedad de la palabra hyx ha ocasionado diversas traducciones de esta línea. Parkhurst considera que el sentido radical de hyx es «ser vigoroso, fuerte»; de ahí que el sustantivo designe fuerza, un cuerpo de hombres (2 S 23:13); y también lo que da fuerza, el medio de sustento, o alimento (Jue 6:4; 17:10); y compárese Neh 9:6. Nuestros traductores tomaron el término en el primer sentido; yo lo tomo en el segundo, porque la conexión parece exigirlo, y porque (tyx) se refiere siempre a un cuerpo de hombres, como soldados, realmente empeñados en alguna clase de guerra. De ahí que lo que se llama la tropa de los filisteos (2 S 23:13) se llame el campamento de los filisteos. 1 Cr 11:15. Y, por último, porque la versión común no tiene antecedente al que pueda referirse hk, en él, o en medio de él; pero esta versión tiene uno en el sustantivo alimento. Pienso, pues, que hay una referencia no solo al maná, sino a las codornices, que Dios trajo en abundancia en torno al campamento. Éx 16:13; Nm 11:31. Así preparó en su bondad para el pobre. Benjamin Boothroyd.
Versículo 10. «Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.» Por tu propia dulzura, no por la suya. Porque es un necesitado, pues se ha hecho débil para ser perfeccionado: ha reconocido su indigencia para ser llenado. Agustín.
Sugerencias para el predicador
Versículo 10. (segunda parte). Bondad especial, para un pueblo especial, especialmente preparada.
Versículo 10. (segunda parte). Se dice en referencia a los pobres, porque:
- Son la mayor parte de la humanidad; y, piense lo que piense el orgullo, a los ojos de la razón, de la política y de la revelación son, con mucho, la parte más importante, útil y necesaria.
- Se verían afectados de manera más particular por la escasez.
- Para animar a los que están en una vida humilde y probada a depender de él.
- Para exigir nuestra atención hacia ellos desde el ejemplo divino. W. Jay.
Salmos 68:11
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 11. «El Señor daba palabra; había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas.» Hallaréis que, cuando los enemigos de la iglesia son destruidos, Dios hace surgir muchos predicadores que enseñan sus alabanzas... Las palabras en el original son muy significativas, y señalan dos cosas. Primero, la palabra que leéis multitud, en el hebreo es «ejército»: grande era el ejército de predicadores. Un ejército de predicadores es algo grande; más aún, es algo grande tener siete u ocho buenos predicadores en un gran ejército; pero tener todo un ejército de predicadores, eso es glorioso. En segundo lugar, señala el fervor de este ejército que predica, pues la palabra vpg, alma, se ha de entender como en aquel pasaje de Eclesiastés; allí se dice: «Las palabras o el libro del predicador», que, estando en género femenino, supone nephesh, y es como si dijera, según lo tiene Vatablo, las palabras o el libro del que tiene un alma o un corazón predicador, o las palabras de un alma o un corazón predicador. Así aquí, donde se dice: grande es el ejército de predicadores, como la palabra está en género femenino, es como si dijera: grande es el ejército de almas predicadoras, cuyos corazones mismos dentro de ellas predicarán las obras del Señor. Ahora bien, hermanos míos, mucho es tener un ejército que predica; pero si este ejército predica de corazón y con toda el alma la alabanza de Dios, ¡oh, eso es bendito! Así será, sin embargo, cuando los enemigos de Dios sean destruidos. Y por tanto, puesto que Dios no perderá todos esos sermones de sus propias alabanzas, a su debido tiempo los enemigos de la iglesia serán dispersados. William Bridge, en "The True Soldier's Convoy," 1640.
Versículo 11. Se debe a la palabra, al decreto y al poder de Dios que algunas personas sean inducidas o capacitadas para predicar el evangelio. John Newton (1725-1807), en "Messiah."
Versículos 11-12. Este relato de las victorias de Israel es aplicable a las victorias obtenidas por el exaltado Redentor, cuando los enemigos de la salvación del hombre fueron vencidos por la resurrección de Cristo, y las naciones paganas se vieron obligadas a reconocer su poder; y esta gran victoria fue notificada primero por mujeres a los discípulos. De "A Practical Illustration of the Book of Psalms; by the Author of the Family Commentary on the New Testament." (Mrs. Thompson.) 1826.
Versículos 11-12. El Señor dio su palabra en su ascensión, y fue una multitud la que la publicó, y por este medio reyes de ejércitos fueron puestos en fuga: vencieron por la palabra; no hay otro modo semejante de derrotar a reyes y a sus ejércitos. William Strong, 1654.
Versículos 11-14.
¡El Señor da la palabra!
¡Una gran multitud de mujeres anuncia las buenas nuevas!
¡Reyes con sus ejércitos huyen, huyen!
¡Y las que moran en la casa reparten el botín!
Aunque yacen entre las piedras del hogar,
se han vuelto como alas de paloma cubiertas de plata,
y como sus plumas de oro amarillo.
Cuando el Todopoderoso dispersa a los reyes,
ellas resplandecen en ello como nieve sobre Salmón.
Las que moran en la casa, es decir, las mujeres. Se las describe así en alusión a sus hábitos de vida retirada en los países orientales. Yacen entre las piedras del hogar, es decir, se ocupan habitualmente en los oficios domésticos más bajos y por eso su vestido ordinario es pobre y manchado. Las piedras del hogar: en hebreo, los soportes (de las calderas). Se han vuelto: por estar adornadas con los despojos del enemigo. Resplandecen como nieve: en hebreo, (cada mujer) es nevada; en ello, es decir, en los despojos repartidos entre ellas. French y Skinner, traducción y notas.
Sugerencias para el predicador
Versículo 11. La divinidad del evangelio; los diversos medios y agentes para su publicación.
Versículos 11-12.
- La palabra dada: «El Señor», etc.
- La palabra proclamada: «Grande», etc.
- La palabra obedecida: «Reyes», etc. Así fue en los tiempos del Antiguo Testamento, cuando a Josué, a Gedeón, a David, etc., el Señor dio la palabra, y corrió por las huestes, y «reyes de ejércitos», etc. Así fue en los tiempos apostólicos, cuando se dio la palabra de la reconciliación. Así es todavía, y lo será más señaladamente que nunca en lo porvenir. G. R.
Salmos 68:12
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 12. «Huyeron, huyeron reyes de ejércitos.» En el hebreo dice: huyeron, huyeron; «huyeron» dos veces. ¿Por qué? Es decir, huyeron muy apresuradamente, y huyeron de la manera más confusa, huyeron por todos los caminos; huyeron, huyeron, señalando la magnitud de la huida. William Bridge.
Versículo 12. «Los reyes de los ejércitos huyeron.» Los «ejércitos» son los numerosos y bien equipados ejércitos que los reyes de los paganos llevan a la batalla contra el pueblo de Dios. La expresión inusitada «reyes de ejércitos» suena muy parecido a una antítesis irónicamente despectiva del habitual «Jehová de los ejércitos». Bötticher, citado por Delitzsch.
Versículo 12. «La que se quedaba en casa.» Es decir, todos los no combatientes, dice Kimchi. O bien, las mujeres también (aquellas domi portae) salieron al botín. Estos días del evangelio abundan en muchas matronas piadosas y vírgenes santas. Y es fácil observar que el Nuevo Testamento ofrece más abundancia de buenas mujeres que el Antiguo. John Trapp.
Versículo 12. Repartió los despojos, no meramente (como dice Hupfeld) «recibe su porción del botín», sino más bien «reparte entre sus hijas y criadas, etc., la parte del botín» que su marido ha traído a casa. J. J. Stewart Perowne.
Sugerencias para el predicador
Versículo 12. (última parte). La iglesia en la redención, como esposa que se queda en casa; sus deberes en el hogar; el botín de la gloriosa y consumada obra de su Señor, y su reparto de él.
Salmos 68:13
Sugerencias para el predicador
Versículo 13.
- El contraste.
(a) En lugar de humillación, exaltación.
(b) En lugar de contaminación, pureza.
(c) En lugar de inercia, actividad.
(d) En lugar de deformidad, belleza.
- Su aplicación.
(a) A la penitencia y el perdón.
(b) A la depravación y la regeneración.
(c) A la aflicción y la recuperación.
(d) Al abandono y el consuelo.
(e) A la muerte y la gloria. G. R.
Salmos 68:14
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 14. Salmón o Zalmón, propiamente Tsalmón, Nwmlu, una colina boscosa cerca de Siquem (Jue 9:48). Se discute si es esta la que se menciona en Sal 68:14. Algunos intérpretes toman aquí Nwmlu en su significado etimológico de oscuridad, Mlu; así Lutero traduce la cláusula «so wird es helle wo es dunkel ist», así se hace claro donde está oscuro, y la entiende con referencia mesiánica. Ewald adopta casi la misma traducción. La mayoría, sin embargo, conserva el nombre como nombre propio, pero presenta gran variedad en la explicación del pasaje. Hengstenberg piensa que la frase «nieva en Tsalmón» equivale a «hay claridad donde había oscuridad»: la colina, oscura originalmente por el bosque, está ahora blanca de nieve. De Dieu supone una comparación: Tsalmón está blanco de huesos de los reyes muertos, como si fuera de nieve. Algunos suponen que hay aquí una mera indicación de tiempo: era invierno, había nieve en Tsalmón (Herder); y esto lo adopta Hupfeld, con la explicación de que la afirmación se hace con burla, en referencia a los que se quedaron en casa, disuadidos por la nieve del invierno. Él considera el pasaje (Sal 68:12-14) como un fragmento de un canto antiguo que celebra algunas de las primeras conquistas de Israel en Canaán y se burla de los que, por indolencia o miedo, rehuyeron la empresa. Lo traduce así:
«Los reyes de los ejércitos huyen, huyen,
¡y el ama de casa reparte el botín!
¿Vais a yacer entre los establos?
Plumas de paloma cubiertas de plata,
¡y sus alas de oro amarillo!
Cuando el Todopoderoso dispersó allí a los reyes,
nevaba en Tsalmón.» William Lindsay Alexander, en "A Cyclopaedia of Biblical Literature," 1866.
Versículo 14. El verbo puede considerarse en segunda persona: ¡Tú, oh Dios, la hiciste hermosa y blanca como el monte Salmón con nieve! El lector puede adoptar cualquiera de las dos construcciones, pues el sentido es el mismo. Es evidente que David insiste todavía en la figura de la blancura de la plata, que había introducido antes. El país había sido, por así decirlo, ennegrecido o manchado por la confusión hostil en que fue arrojado, y dice que ahora había recobrado su hermoso aspecto y se parecía a Salmón, que se sabe bien que solía estar cubierto de nieves. Otros piensan que Salmón no es el nombre de un lugar, sino un apelativo, que significa una sombra oscura. Yo conservaría la lectura comúnmente recibida. Al mismo tiempo, pienso que puede haber habido una alusión a la etimología. Viene de la palabra Mlu, tselem, que significa una sombra, y el monte Salmón había sido llamado así por su negrura. Esto hace más notable la comparación; pues insinúa que, así como las nieves blanqueaban este monte negro, así el país había recobrado su antigua belleza y tomado un aspecto de gozo, cuando Dios disipó las tinieblas que lo habían cubierto durante la opresión de los enemigos. Juan Calvino.
Versículo 14. Estaba blanco como la nieve en Salmón. Es decir, esta tu heredad, tu pueblo peculiar, aparecía tan brillante y gloriosa a la vista de sus vecinos como la cumbre nevada de Salmón resplandece por el reflejo de los rayos del sol. Thomas Fenton.
Versículo 14. Blanco como nieve en Salmón. La expresión empleada aquí parece denotar que todo parecía tan brillante y alegre a la mente del pueblo de Dios como Salmón lo parece a sus ojos cuando reluce con la nieve. Como la nieve es mucho menos común, y permanece mucho menos tiempo en Judea que en Inglaterra, no es de extrañar que se la admire mucho más; de acuerdo con ello, el hijo de Sirac habla de ella con una especie de arrobamiento: «El ojo se asombrará de la belleza de su blancura, y el corazón se maravillará de su caída». Eclesiástico 43:18 o 20. Samuel Burder.
Versículo 14. Salmón. El deán Stanley conjetura que Salmón es otro nombre del monte Ebal; estaba ciertamente cerca de Siquem (véase Jue 9:48), pero es casi inútil esperar identificarlo, pues el señor Mills, el laborioso autor de "Nablus and the modern Samaritans," no pudo hallar a nadie que conociera el nombre de Salmón, ni descubrir tradiciones referentes a él, ni siquiera alusión alguna a él en la literatura samaritana. La palabra significa una sombra, y quizá pueda aceptarse popularmente como idéntica al nombre «Selva Negra». C. H. S.
Sugerencias para el predicador
Versículo 14.
- Dónde se libran las mayores batallas de la tierra. «Dispersó», «en ella», es decir, en Sion. «Allí quebró», etc.
- ¿Por quién? Por el Todopoderoso.
- ¿Cuándo? En respuesta a la fe y la oración de su pueblo.
- ¿Cómo?
(a) Sin ruido, suavemente: como la caída de la nieve.
(b) Sin ayuda humana: como nieve no hollada.
(c) Sin violencia: «Sin sangre yacía la nieve no hollada». G. R.
Versículos 15-16.
- La superioridad del monte de Sion.
(a) En fertilidad, sobre el monte de Basán; sobre los placeres terrenales.
(b) En gloria, sobre otros montes; sobre las alturas humanas del saber y del poder.
- La razón de esa superioridad.
(a) El lugar de la elección de Dios.
(b) De su deleite.
(c) De su morada.
(d) De su permanencia para siempre. G. R.
Salmos 68:15
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 15. «Monte de Basán.» La grandeza física del mundo debe ceder ante la grandeza espiritual de la iglesia. El «monte de Dios» es aquí un emblema de los reinos del mundo, que (Sal 65:6) son grandes solo por la gracia de Dios. Un gran monte nos recuerda el poder creador de Dios. De ahí que «el monte de Elohim» (el nombre general de Dios como el Creador) contraste con el monte en el cual «Jehová» (Sal 68:16) habitará para siempre. Estaba al norte, en la región al este del Jordán, o la tierra de Hermón, el reino de Og, el enemigo más formidable con que Israel se encontró en su marcha a Canaán. «El monte de Basán es la alta cumbre nevada del Antilíbano, o Hermón, el límite extremo de Basán. Había una propiedad peculiar, por su posición en la frontera entre Judea y el mundo pagano, en emplearlo como símbolo del poderío del mundo (Sal 68:22; 42:6; 89:12)» (Hengstenberg). El nombre original de Hermón era Sion, es decir, elevado (Dt 4:48); parecido en sonido a Sion (Zion), lo cual sugirió aquí el contraste entre los montes del mundo y el monte del Señor. A. R. Fausset.
Versículos 15-16.
«Monte de Dios es el monte Basán,
monte de picos es el monte Basán.
¿Por qué os picáis, montes de picos,
contra el monte en el cual Dios desea habitar?
Sí, Jehová habitará en él para siempre.» Versión de Frederic Fysh.
Salmos 68:16
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 16. «¿Por qué observáis?» («¿Por qué saltáis?») Como quien triunfa y hace ostentación de sus ventajas naturales sobre Sion. O bien, para insultarla, y compararse e igualarse con ella en honor; modos de hablar poéticos. Otros lo traducen: ¿Por qué miráis fijamente, como arrebatados de admiración? John Diodati.
Versículo 16. «Este monte quiso Dios para su morada.» Este pequeño, bajo y árido monte de Sion; y la elección de Dios marca la diferencia, como la marcó la vara de Aarón respecto de las demás, y la marca todavía la iglesia respecto del resto del mundo. El Cordero, Cristo, está sobre el monte de Sion. Ap 14:1. John Trapp.
Sugerencias para el predicador
Versículo 16.
- La iglesia, morada de Dios.
(a) Elegida desde antiguo.
(b) Favorecida para siempre.
(c) Que ofrece reposo, etc., como hogar para Dios.
(d) Que recibe honra, etc., para sí misma.
- La iglesia, por tanto, envidiada por otros.
(a) Sienten superada su propia grandeza.
(b) Saltan de rabia.
(c) Son irrazonables al hacerlo.
Versículos 17-18.
- La comparación entre Sion y Sinaí.
(a) El mismo Señor está allí: «El Señor está entre ellos», etc.
(b) Los mismos acompañantes: «Los carros», etc.
- El contraste.
(a) Dios descendió en Sinaí, ascendió desde cerca de Sion.
(b) Les puso yugo en Sinaí, lleva cautiva la cautividad en Sion.
(c) En Sinaí exigió obediencia, en Sion concede dones.
(d) En Sinaí habló terror, en Sion recibe dones para los rebeldes.
(e) En Sinaí apareció por breve tiempo, en Sion mora para siempre. G. R.
Salmos 68:17
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 17. «Los carros de Dios.» ¿Qué son estos «carros de Dios»? Vamos, no andemos con rodeos: mira alrededor tuyo y verás esos carros y ángeles innumerables de que aquí se habla; pues cuantas criaturas ves, tantos ángeles y carros de Dios ves; todos son su hueste, todos son sus carros en los cuales cabalga; y, lo veáis o no, «El Señor está entre ellos como en Sinaí, en su santuario». La gloria del Señor los llena a todos (si tuviéramos los ojos abiertos para verlo así), y todos están a su mando, y no hay una sola criatura que no haga su voluntad. ¡Oh, hermanos! ¡Qué cosa tan gloriosa y bendita es que, mirando alrededor para contemplar y ver, cuantas criaturas visibles e invisibles veas o concibas en tu mente, tu alma las mire ahora como otros tantos carros de fuego y jinetes para su defensa, protección y preservación! Y, por otra parte, «¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!», que tiene todos estos carros y jinetes a su mando para ejecutar su voluntad y venganza sobre los que lo desprecian, lo aborrecen y se le oponen. John Everard, en "Militia Caelestis, or the Heavenly Host," 1653.
Versículo 17.
«En torno a su carro, innumerables se derramaban
querubines y serafines, potestades y tronos,
y Virtudes, Espíritus alados, y carros tomados
del arsenal de Dios, donde desde antiguo se alzan miríadas.» John Milton, en "Paradise Lost."
Versículo 17. Veinte mil; más bien, dos miríadas, Mytbr, singular wkr; pues twbr solo aquí en dual, el número infinito duplicado. «Millares de millares» («miles de ángeles»), literalmente, miles de repetición; es decir, como en el margen, muchos miles (Bythner, Gesenius, etc.). Nagv solo aquí, de hgv, repetir. La traducción de ángeles fue probablemente sugerida por la referencia a Sinaí en la cláusula siguiente (véase Dt 33:2, donde en vez de santos léase santos seres); carros bkr se usa colectivamente por los que viajaban en ellos, como a menudo en otros lugares. William de Burgh.
Salmos 68:18
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 18. «Subiste a lo alto», etc. Algunos piensan que se refiere a las salidas de Dios en favor de su pueblo Israel, conduciéndolo a la victoria, tomando cautivos a sus enemigos y enriqueciéndolo con los despojos. Supongamos que sea así; estamos autorizados a considerarlo como referido principalmente a Cristo, pues así lo ha aplicado el apóstol. Ef 4:8. El apóstol no solo lo aplica a Cristo, sino que prueba que es aplicable. Así razona (Ef 4:9-10): «Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido?», etc. La cautividad que llevó cautiva eran nuestros enemigos espirituales que nos habían llevado cautivos: Satanás, la muerte; y, habiendo obtenido la victoria, procede a repartir los despojos. Dones a los hombres: como David hacía regalos. Y de ahí vienen nuestras ordenanzas, ministros, etc. Hubo un glorioso cumplimiento inmediatamente después de su ascensión, en una rica profusión de dones y gracias a su iglesia, como los regalos de David. Aquí se dice recibiste; en Efesios, dio. Recibió para dar; recibió el botín para repartirlo. Pero, como deseo aplicar el pasaje a la obra que se me ha asignado, el todo de aquello a lo cual quisiera llamar ahora vuestra atención estará contenido en dos cosas:
- Las grandes bendiciones del ministerio cristiano.
(a) Los ministros son recibidos para vosotros y os son dados por Cristo. Como hombres, y como hombres pecadores, los ministros no son nada, y no desean hacer nada de sí mismos; pero, como dones de Cristo, os conviene estimarlos mucho. (1.) Si amáis a Cristo, estimaréis mucho a vuestro ministro, por ser don suyo, un don destinado en cierto modo a suplir la ausencia de Cristo. Él se ha ido («subió»), pero os da sus siervos. Dentro de poco esperáis estar con él, pero por ahora sois como ovejas en el desierto. Él os da un pastor. (2.) Si teméis a Dios, temeréis tratar mal a vuestro pastor, puesto que es don de Cristo. Dios se ofendió con Israel por despreciar a Moisés. Nm 12:8. Es «mi siervo».
(b) Los ministros no solo os son dados, sino que son recibidos para vosotros de Dios el Padre, como bendición del pacto, entre las bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo. Desde este punto de vista, considerad que Cristo no recibió de la mano de su Padre nada que no le costara caro: le costó la vida. O, si la alusión es al reparto de los despojos, supongamos que decimos que los recibió como un conquistador recibe los despojos de manos del enemigo. Vuestro ministro era uno de los que, como vosotros mismos, eran tizones que se consumían en el fuego. Cristo lo tomó de vuestros enemigos y os lo da. Estimad el don por esta razón. «Esto lo recibí del amorreo».
(c) Considerad vuestra indignidad de tal bendición. Sois hombres, simples hombres, y, lo que es más, hombres rebeldes, que se habían unido a Satanás. ¿Y habéis de participar de los despojos? No es costumbre repartir los despojos entre rebeldes... A los hombres que le dieron muerte se les dieron estos dones; y todos nosotros habríamos hecho lo mismo. Algunos de vosotros, es probable, habéis sido personas viles y abandonadas, y sin embargo, etc...
(d) El fin de ello: Para que habite entre ellos Jehová Dios. «Pero ¿es verdad que Dios habitará con los hombres?» Dios no había habitado con el mundo, ni en él, mientras el pecado llevaba el mando; pero la mediación de Cristo fue para lograrlo. «¿Es verdad que Dios habitará con los hombres?» Lo hará, ¿y cómo? Por medio de las ordenanzas y los ministros. Una iglesia de Cristo es la casa de Dios; y donde alguien construye una casa, es señal de que piensa habitar en ella. ¡Qué bendición para una aldea, para un país, que Dios edifique una casa en ella! Por esto podemos esperar bendición sobre los medios para la conversión de nuestros hijos y amigos, y para la edificación de los creyentes.
- Señalar algunos deberes correspondientes a estos vuestros privilegios.
(a) Asistencia constante y diligente a la casa de Dios. Si la casa de Dios es la morada de Dios, que sea la vuestra, vuestro hogar. Si Dios os da un pastor, recibidlo con gratitud y estimadlo. No ha hecho así con todas las aldeas.
(b) Contribuid alegremente a su sostenimiento. Cristo os ha dado gratuitamente, y vosotros debéis dar gratuitamente. Considerad que no es como un regalo, sino como una deuda, y no como hecho a él, sino a Cristo.
(c) Seguid las cosas que contribuyen a la paz, con las cuales están ligadas la presencia y la bendición de Dios.
(d) Evitad las cosas que tienden a provocar al Señor a retirar sus dones y a dejar de habitar entre vosotros. Bosquejo de sermón de Andrew Fuller, dirigido a la iglesia de Moulton, en la ordenación del señor (luego doctor) Carey, 1 de agosto de 1787.
Versículo 18. Pero ¿quién es aquel de quien está escrito que subió a lo alto? Confieso que el salmo sesenta y ocho, donde estas palabras están escritas por primera vez, ha de entenderse literalmente, no de ningún triunfo por la matanza del ejército de Senaquerib, que ocurrió en tiempos del rey Ezequías (como sueñan fabulosísimamente los judíos), cuando el mero título de este salmo, que lo atribuye a David, basta para refutar esta vanidad; ni tampoco de ninguna de las victorias de David que obtuvo contra sus enemigos fronterizos, los amonitas, los moabitas, los idumeos y los filisteos (como algunos quieren); sino de aquella grande y gloriosa pompa que entonces se hizo y mostró, cuando el rey David con gran gozo y triunfo hizo entrar el arca del pacto en el monte de Sion; y por eso estas palabras, Subiste a lo alto, dignifican de tal manera que el arca, que antes había estado en un lugar oscuro y era llevada de un sitio a otro, había subido ahora y estaba colocada en un lugar ilustre y conspicuo, en el mismo palacio real; y estas palabras, Llevaste cautiva la cautividad, significan aquellos enemigos que antes habían saqueado y devastado diversos países; pero que ahora, vencidos por el rey David, eran llevados cautivos en este triunfo (pues tal era la costumbre de aquellos tiempos, como Plutarco lo declara excelentemente en la vida de Paulo Emilio); y las otras palabras, tomaste dones para los hombres, significan aquellos despojos que fueron ofrecidos libremente como condiciones de paz, y eran llevados triunfalmente en esta exhibición pomposa, para mayor solemnidad de la misma; y entonces (como era costumbre entre los jefes cuando triunfaban, Bellica laudatis dona dedisse viris, conceder dones de guerra a varones dignos de elogio) se otorgaban dones a diversos hombres, de diversa manera, como muestra Sigonio. Sin embargo, digo que, místicamente, este salmo es un epinicio, o canto triunfal, compuesto por el rey David al prever a Jesucristo resucitando de entre los muertos y, con gran gozo y triunfo, subiendo al cielo y desde allí enviando su Santo Espíritu a sus apóstoles y discípulos; y habiendo vencido a todos sus enemigos, reuniendo por el ministerio de sus predicadores a sus iglesias y pueblo escogido, y así guiándolos y defendiéndolos aquí en esta vida, hasta que los reciba en la gloria eterna. Griffith Williams, 1636.
Versículo 18. Llevaste cautiva la cautividad. La expresión es enfática. Él ha vencido y triunfado sobre todos los poderes que nos tenían en cautividad, de modo que la cautividad misma es llevada cautiva. Su espíritu y su fuerza están destruidos; y su pueblo, cuando él lo ha liberado y anda en sus caminos, no tiene más que temer de aquellos de quienes era cautivo que lo que un conquistador tiene que temer de un prisionero encadenado. La energía de la frase no es distinta de la del apóstol: «Sorbida es la muerte en victoria». John Newton.
Versículo 18. Llevaste cautiva la cautividad, etc. La antigua profecía de David se cumple aquí al pie del monte de los Olivos. Tomar «cautiva la cautividad» significa que Cristo venció a los principados y potestades aliados, el diablo, el pecado, la muerte y el infierno; y que los privó de los instrumentos con que esclavizaban a los hombres. No solo silenció los cañones del Gibraltar espiritual, sino que tomó la roca, las fortificaciones y todo. No solo silenció las horribles y destructoras almenas de los poderosos y compactamente unidos enemigos espirituales, sino que derribó las torres, arrasó los castillos y se llevó las llaves de las mazmorras. Él es el Amo desde ahora y para siempre. También salvó, al mismo tiempo, a su pueblo. ¿Dónde está, oh Jesús, el ejército del cual eres Capitán? «¡Aquí! Todos los nombres están escritos en perlas en el pectoral que llevo como sumo sacerdote». No bien salió de la tumba, comenzó a repartir sus dones, y lo hizo a todo lo largo del camino a la casa de su Padre; y, especialmente después de entrar en el cielo de los cielos, derramó dones a los hombres, como un poderoso conquistador cargado de tesoros con los cuales enriquecer y adornar a sus seguidores y a su pueblo. Eran dones de misericordia: dones a los rebeldes; a los que arrojaron sus armas a sus pies en penitente sumisión, para que habite entre ellos Jehová Dios. El apóstol muestra que una parte de estos dones son dones de ministerio. Por tanto, siempre que Dios se digna habitar entre un pueblo y en un país, da a ese pueblo y a ese país este ministerio. Les envía su evangelio en boca de siervos fieles. Establece allí su casa, la mesa y el candelero; y luego, en su Espíritu, habita allí y bendice su heredad. Christmas Evans, 1766-1838.
Versículo 18. El apóstol (Ef 4:8) no cita las palabras del salmo literalmente, sino según el sentido. La frase, Tomaste dones, aplicada a Cristo en su glorificación, no podía ser sino con el propósito de repartirlos, y por eso el apóstol las cita en este sentido: Dio dones a los hombres. Esta frase hebrea puede traducirse tanto «Has recibido dones en la naturaleza humana» como «Has recibido dones por causa del hombre» (véase Gn 18:28; 2 R 14:6). El apóstol usa las palabras en el sentido del propósito para el cual los dones fueron recibidos, y no hay contradicción entre el salmista y el apóstol. Así, las dificultades de esta cita se desvanecen cuando las examinamos de cerca, y el Antiguo y el Nuevo Testamento están en completa armonía. Rosenmüller expone el Salmo 68 y nunca menciona el nombre de Cristo; y los neólogos en general no ven Mesías en el Antiguo Testamento. A estos, ciertamente, Ef 4:8, si tuvieran algo de modestia, les presentaría un obstáculo formidable. Pablo afirma que el salmo pertenece a Cristo, y ellos afirman que se equivoca, y que ha pervertido (De Wette) y destruido su sentido. Afirman que Lamarom, «en lo alto», significa las alturas del monte de Sion, y Pablo dice que significa el cielo. ¿Quién tiene razón? (véase el uso bíblico de la palabra, Sal 7:7; 18:16; 93:4; 102:19; Jer 25:30; Is 37:23). Estos pasajes relacionan la palabra con las moradas celestiales y justifican la aplicación del apóstol. William Graham, en "Lectures on St. Paul's Epistle to the Ephesians."
Versículo 18. No bien Cristo es inaugurado en su trono, esparce su moneda y concede dones. Concede dones, o el don de los dones, el don del Espíritu Santo. «Si conocieras el don de Dios», dijo Cristo a la mujer samaritana (Jn 4:10): aquel don era el agua de vida, y aquella agua de vida era el Espíritu, como Juan, que mejor conocía su pensamiento, dio la interpretación: «Esto dijo del Espíritu». Jn 7:39. ¡Oh alma mía, considera este don principesco de Cristo! Nunca hubo un don semejante, salvo cuando Dios dio a su Hijo. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito»; y Cristo amó tanto al mundo que dio su Espíritu. Pero, oh alma mía, considera especialmente a quién fue dado este Espíritu; la aplicación del don es el alma misma de tu meditación: «un hijo nos es dado», dice el profeta (Is 9:6); y «nos ha sido dado el Espíritu Santo», dice el apóstol (Ro 5:5); y sin embargo, considera sobre todo las razones de este don con referencia a ti mismo. ¿No fue para hacerte templo y receptáculo del Espíritu Santo? ¡Detente un momento en esto! ¡Admira, oh alma mía, el amor condescendiente, glorioso e inefable de Cristo en esto! Fue amor infinito descender a nuestra naturaleza cuando se encarnó; pero esto es más: descender a tu corazón por su Espíritu Santo; entonces se acercó a nosotros, pero, como si eso no fuera lo bastante cerca, ahora se acerca más, porque ahora se une a tu persona, ahora viene y habita en tu alma por su Espíritu Santo. Isaac Ambrose, 1592-1674.
Versículo 18. Tomaste dones para los hombres. La gloriosa ascensión de Dios desde el monte Sinaí, después de dar la ley, era una representación de su «subir por encima de todos los cielos para llenarlo todo», como en Ef 4:10. Y, así como Dios entonces «llevó cautiva la cautividad» en la destrucción de Faraón y los egipcios, que habían tenido largo tiempo a su pueblo en cautividad y bajo cruel esclavitud, así obró ahora el Señor Cristo en la destrucción y cautividad de Satanás y todos sus poderes (Col 2:15); solo que, mientras en el salmo se dice que «tomó dones para los hombres», aquí (Ef 4:8) se dice que «dio dones a los hombres», en lo cual se encierra no pequeño misterio; pues, aunque Cristo es Dios, y así se lo representa tan gloriosamente en el salmo, sin embargo se da a entender que había de hacer lo que aquí se menciona en una condición en la que era capaz de recibir de otro, como lo hizo en este asunto. Hch 2:33. Y así la frase en el original hace más que insinuarlo: Mdab twgtm txql «Has recibido dones en Adán», es decir, en el hombre, de la naturaleza humana. Y significa tanto dar como recibir, especialmente cuando algo se recibe para darlo. Cristo recibió este don en la naturaleza humana para darlo a otros. Ahora bien, ¿con qué fin se prepara, por así decirlo, este glorioso teatro, y se hace toda esta preparación, siendo llamados todos los hombres a prepararlo? Era para poner de relieve la grandeza del don que concedería y la gloria de la obra que realizaría; y esto era proveer a la iglesia de ministros, y a los ministros de dones para el desempeño de su oficio y deber. Y un día se verá que hay más gloria, más excelencia, en dar un pobre ministro a una congregación, dotándolo de dones espirituales para el cumplimiento de su deber, que en la pomposa instalación de mil papas, cardenales o metropolitanos. Los peores hombres, con la observancia de unos pocos ritos y ceremonias exteriores, pueden hacer lo segundo; solo Cristo puede hacer lo primero, y esto en cuanto ha subido a lo alto para ese fin. John Owen.
Versículo 18. Puesto que el pasaje que hemos estado considerando es aplicado por Pablo en un sentido más espiritual a Cristo (Ef 4:8), puede ser necesario mostrar cómo esto concuerda con el sentido y propósito del salmista. Puede establecerse como verdad incontrovertible que David, al reinar sobre el antiguo pueblo de Dios, prefiguraba el comienzo del reino eterno de Cristo. Esto debe ser evidente para todo el que recuerde la promesa que se le hizo de una sucesión que nunca faltaría, y que recibió su verificación en la persona de Cristo. Así como Dios mostró su poder en David, exaltándolo con miras a librar a su pueblo, así ha magnificado su nombre en su Hijo unigénito. Pero consideremos más particularmente cómo se sostiene el paralelo. Cristo, antes de ser exaltado, se despojó de su gloria, no solo tomando forma de siervo, sino humillándose hasta la muerte de cruz. Para mostrar cuán exactamente se cumplió la figura, Pablo observa que lo que David había predicho se cumplió en la persona de Cristo por el hecho de ser abatido hasta las partes más bajas de la tierra, en el oprobio e ignominia a que fue sometido, antes de subir a la diestra de su Padre. Sal 22:7. Para que, al pensar en la ascensión, no limitáramos nuestras miras al cuerpo de Cristo, se nos llama la atención al resultado y fruto de ella, en cuanto sujeta el cielo y la tierra a su gobierno. A los que antes eran sus enemigos inveterados los obligó a someterse y los hizo tributarios; siendo este el efecto de la palabra del evangelio: llevar a los hombres a renunciar a su orgullo y a su obstinación, a derribar todo pensamiento altivo que se exalta, y a reducir los sentidos y los afectos de los hombres a la obediencia a Cristo. En cuanto a los demonios y a los hombres réprobos, instigados a la rebelión y la sublevación por una malicia obstinada, los mantiene atados por un control secreto y les impide ejecutar la destrucción que se proponían. Hasta aquí el paralelo es completo. Ni hay, cuando Pablo habla de que Cristo dio dones a los hombres, ninguna incoherencia real con lo que aquí se dice, aunque haya alterado las palabras, habiendo seguido la versión griega por acomodación al lector no instruido. No fue a sí mismo a quien Dios enriqueció con los despojos del enemigo, sino a su pueblo; y Cristo ni buscó, ni necesitó buscar, su propio engrandecimiento, sino que hizo tributarios a sus enemigos para adornar a su iglesia con el botín. Por la estrecha unión que existe entre la cabeza y los miembros, decir que Dios manifestado en carne recibió dones de los cautivos es lo mismo que decir que los repartió a su iglesia. Lo que se dice al final del versículo no es menos aplicable a Cristo: que obtuvo sus victorias para habitar como Dios entre nosotros. Aunque partió, no fue para alejarse de nosotros, sino, como dice Pablo, «para llenarlo todo». Ef 4:10. Por su ascensión al cielo, la gloria de su divinidad solo se ha mostrado más ilustremente; y, aunque ya no está presente con nosotros en la carne, nuestras almas reciben alimento espiritual de su cuerpo y su sangre, y hallamos, a pesar de la distancia de lugar, que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. Juan Calvino.
Versículo 18. Tomaste dones para los hombres. Hebreo Mdak, en el hombre; «en la naturaleza humana», dice el Dr. Adam Clarke, «y Dios, manifestado en carne humana, habita entre los mortales». «Los dones que Jesucristo reparte al hombre los ha recibido en el hombre, en y por virtud de su encarnación, y es en consecuencia de haberse hecho hombre que puede decirse: `Jehová Dios habita entre ellos'; pues Jesús fue llamado Emanuel, `Dios con nosotros', en consecuencia de su encarnación». Nota del editor a Calvino in loc.
Versículo 18. «Y también para los rebeldes.» Temía también que esta era la marca que el Señor puso sobre Caín, a saber, temor y temblor continuos bajo la pesada carga de culpa que se le imputaba por la sangre de su hermano Abel. Así me retorcía, me enroscaba y me encogía bajo la carga que había sobre mí, la cual me oprimía de tal modo que no podía estar de pie, ni andar, ni acostarme, ni en descanso ni en quietud. Sin embargo, aquel dicho venía a veces a mi mente: Ha recibido dones para los rebeldes. Sal 68:18. «Los rebeldes», pensaba yo; pues bien, seguramente son aquellos que una vez estuvieron sujetos a su príncipe, aquellos que, después de jurar sujeción a su gobierno, han tomado las armas contra él; y esta, pensaba yo, es mi misma condición; una vez lo amé, lo temí, lo serví; pero ahora soy un rebelde; lo he vendido. He dicho: déjalo ir si quiere; pero él tiene dones para los rebeldes, ¿y por qué no para mí? John Bunyan, en "Grace Abounding."
Versículo 18. (última parte). No tuviste en cuenta su desobediencia anterior, sino que, aunque los veías contradecir, continuaste haciéndoles bien, hasta que los hiciste tu propia morada, oikhthrion. Teodoreto.
Versículo 18. (última parte). El targum caldeo dice: «Sobre los rebeldes que se hacen prosélitos y se vuelven por el arrepentimiento, mora la shejiná de la gloria del Señor Dios».
Sugerencias para el predicador
Versículo 18.
- La ascensión de Cristo.
- Sus victorias.
- Los dones que recibió para los hombres; y
- El gran fin para el cual los concede. John Newton.
Versículo 18. Para que habite entre ellos Jehová Dios. Es motivo de devoto asombro que Dios habite entre los hombres, cuando contemplamos su inmensidad, altura, independencia, santidad y soberanía; y sin embargo lo hace:
- En la venida de Cristo al mundo.
- En la residencia de su Espíritu en el corazón.
- En la presencia de Dios en sus iglesias. William Staughton, D.D., 1770-1829.
Salmos 68:19
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 19. «Bendito sea el Señor», etc. Me parece que el dulce cantor de Israel eleva su nota para emular al coro del cielo en la melodía de sus aleluyas; más aún, permítaseme decir que, ahora que canta arriba en aquel bendito concierto de espíritus gloriosos, su canción no puede ser mejor que esta que cantó aquí en la tierra y en la cual vamos a hacer nuestra parte en este momento. Preparad, os ruego, ambos oídos para el canto de David, y vuestros corazones y lenguas para el vuestro. Y primero, en esta melodía angélica vuestros pensamientos no pueden dejar de observar el contrapunto y el bajo. El contrapunto de la acción de gracias, Bendito sea el Señor, en el cual hay a la vez aplauso y exhortación: un aplauso dado a la bondad de Dios y una exhortación a otros a darlo. El bajo es de triple consideración. De lo que Dios es en sí mismo, Dios y Señor; de lo que Dios es y hace por nosotros, que cada día nos colma de beneficios; de lo que es tanto en sí mismo como para nosotros, el Dios de nuestra salvación; esto último (como alguna piedra rica) se realza con un fondo oscuro: A Dios el Señor pertenecen las salidas de la muerte. Así, en lo primero por causa de él mismo, en lo segundo por causa nuestra, en lo tercero por la suya y la nuestra; como Dios, como Señor, como bienhechor; como Salvador y libertador. Bendito sea el Señor. No es difícil observar que las aleluyas de David son más que sus hosannas, sus acciones de gracias más que sus peticiones. A menudo alaba a Dios cuando no pide nada; rara vez pide un favor sin elevar su alma a una anticipación de gracias; y esto no es otra cosa que el bajo universal de todos sus cantos celestiales, Bendito sea el Señor. Alabanzas (como lo tenía nuestra traducción anterior) es demasiado poco; honra es más que alabanza; bendición es más que honra. Y no es en vano que de esta palabra Krb, bendecir, se derive Krb, la rodilla, que se dobla al bendecir; y el pregonero delante de José proclamó Abrech, reclamando la honra de la rodilla de todos los que miraban. Gn 41:43. Todo ligero y trivial reconocimiento de mérito es una alabanza; la bendición es de un tono más alto de gratitud, que lleva consigo todo el dominio del corazón en una especie de arrobamiento divino. La alabanza es cuestión de cumplido; la bendición, de devoción. La regla del apóstol es que el menor es bendecido por el mayor, Abraham por el Rey de Salem; el encargo del profeta es que el mayor sea bendecido por el menor, es decir, el mayor de los mayores por el menor, Dios por el hombre. Esto concuerda bien; la bendición es un acto que admite reciprocidad; Dios bendice al hombre imperativamente; el hombre bendice a Dios optativamente. Dios bendice al hombre en los actos de misericordia; el hombre bendice a Dios en las nociones, en las expresiones de gracias. Dios bendice al hombre cuando lo hace bueno y feliz; el hombre bendice a Dios cuando confiesa cuán bueno, cuán misericordioso, cuán glorioso es; de modo que la bendición consiste enteramente en reconocimiento, en celebración: en lo uno reconocemos la generosidad de Dios para con nosotros; en lo otro lo magnificamos de palabra, realmente, por esa generosidad. Oh, ved, pues, en qué alta estima tiene Dios los afectos y las acciones de sus pobres, necias criaturas que se arrastran por la tierra; que nos da en ellos poder para bendecirlo a él mismo, y lo considera un honor ser bendecido por nosotros. David se maravilla de que Dios se digne bendecir así al hombre; ¡cuánto más debemos maravillarnos de la misericordia de Dios, que se digna ser bendecido por el hombre, un gusano, un átomo, una nada! Sin embargo, de ambas cosas nos dice Santiago que con la lengua bendecimos a Dios; y el salmista lo pide aquí como un servicio de cara aceptación: Bendito sea el Señor. Aun nosotros los hombres no vivimos (como el camaleón) del aire de las gracias, ni engordamos con las alabanzas; ¡cuánto menos nuestro Hacedor! Oh Dios, bien sabemos que, hagan o no hagan lo que sea los hombres o los ángeles, no puedes sino ser infinitamente bendito en ti mismo; antes de que existiera criatura alguna, disfrutabas igualmente de tu bendito ser desde toda la eternidad: ¿qué puede añadir o quitar a tu infinitud esta despreciable y suelta película de carne? Y sin embargo tú, que te humillas para mirar lo que sucede en el cielo y en la tierra, te humillas también para aceptar el débil aliento de nuestras alabanzas, que se elevan hacia ti de la tierra al cielo. ¡Cómo debe esto alentar los votos y los esfuerzos de nuestra sincera gratitud, al verlos aceptados con gracia! Si los hombres se conformaran con buenas palabras, con buenos deseos, y nos dieran por quitas nuestras deudas con simples gracias, ¿quién sería deudor? Con el Dios de misericordia este pago barato tiene curso. Si él, pues, quiere honrarnos hasta el punto de ser bendecido por nosotros, oh, honrémoslo nosotros hasta el punto de bendecirlo. Joseph Hall, en "A Sermon of Public Thanksgiving for the Wonderful Mitigation of the late Mortality," 1625.
Versículo 19. Bendito sea el Señor. No es poco notable ver a los santos tan cargados y abrumados con el deber de cantar su alabanza que:
- Se ven obligados a salir del paso con un exceso de alabanza, y ofrecen alabarlo y aun lo dejan, por así decirlo, como lo hallaron, y no dicen más, no sea que derramen sus alabanzas; sino, como en Ap 5:12: «El Cordero que fue inmolado es digno de recibir la gloria y la honra», aunque yo no sea digno ni capaz de dárselas.
- Hablan con lenguaje entrecortado y frases a medias en sus cantos, cuando están hondamente cargados con el profundo sentido de su amor, como Bendito sea el Señor, que cada día nos colma de beneficios; no hay más en el original que Bendito sea el Señor, que nos colma. John Spalding, en "Synaxis Sacra," 1703.
Versículo 19. «Que cada día nos colma de beneficios.» Aunque algunos tengan más que otros, cada uno tiene su carga, tanta como puede llevar. No todo navío puede aguantar la misma vela, y por eso Dios, para evitar que zozobremos, nos pone tanta como nos llevará con más seguridad al cielo, nuestro puerto deseado. Ezekiel Hopkins.
Versículo 19. «Que cada día nos colma de beneficios.» Tal es el amor propio del hombre que ningún mérito interior puede atraer sus alabanzas tanto como la beneficencia exterior. Mientras tú haces mucho caso de ti mismo, todos hablarán bien de ti; ¡cuánto más mientras tú haces mucho caso de ellos! Aquí Dios nos ha salido al encuentro también. Sin enredaros con el examen de la variedad de sentidos en que he observado que abunda este salmo, más que ningún otro de David, ved aquí, os ruego, una gradación cuádruple de la bondad divina. Primero, aquí hay beneficios. La palabra no está expresada en el original, pero está necesariamente implícita en el sentido: porque solo hay tres cargas de que el hombre es capaz de parte de Dios: favores, preceptos, castigos; las otras dos están fuera del camino de la acción de gracias. Cuando podíamos, pues, haber esperado juicios, he aquí beneficios. Y estos, en segundo lugar, no dispensados con mano avara, sino dados por cargas enteras: colmados de beneficios. ¿A quién, en tercer lugar, colma sino a nosotros? No a súbditos dignos y de buenos méritos, sino a nosotros, Myrrwm, rebeldes. Y, por último, esto lo hace no en una sola limosna y nada más (como suelen ser abundantes aun las raras fiestas de los avaros), sino Mwy Mwy, sucesivamente, incansablemente, perpetuamente. Un favor habría sido demasiado; aquí hay beneficios; una llovizna habría sido demasiado; aquí hay una carga; una vez habría sido demasiado a menudo; aquí hay una largueza diaria (largueza, generosidad). Poned, pues, los ojos un poco en esta triple exageración de la beneficencia: la medida, una carga de beneficios; el sujeto, nosotros indignos; el tiempo, cada día. Que cada día nos colma de beneficios. ¿Por dónde comenzaremos a examinar esta vasta carga de misericordias? Aunque no fuera más que haber puesto para nosotros un mundo en que vivir, una vida que disfrutar, aire que respirar, tierra que pisar, fuego que nos caliente, agua que nos refresque y limpie, ropa que nos cubra, alimento que nos nutra, sueño que nos repose, casas que nos abriguen, variedad de criaturas que nos sirvan y deleiten, ya sería una carga justa. Pero si añadimos a esto la educación cortés, el aprecio de los amigos, una hacienda suficiente, grados de honor, la honradez o dignidad de la vocación, el favor de los príncipes, el éxito en los negocios, los consuelos domésticos, la paz exterior, la buena reputación, la preservación de peligros, el rescate de males, la carga se ha mejorado bien. Si aún os acercáis más y añadís la debida proporción del cuerpo, la integridad de los miembros, la perfección de los sentidos, la fuerza de la naturaleza, una salud mediana, suficiencia de apetito, vigor en la digestión, saludable temple de las estaciones, libertad de cuidados, esto ha de elevarla todavía más. Si aún añadís a esto el orden, el poder y el ejercicio de nuestras facultades interiores, enriquecidas con sabiduría, arte, saber, experiencia, expresadas con una elocución hermosa, y ponéis ahora todo esto junto, lo que concierne a la hacienda, al cuerpo, a la mente, ¿cómo no ha de crujir el eje del alma bajo la carga de estos favores? Pero si, de lo que Dios ha hecho por nosotros como hombres, miramos a lo que ha hecho por nosotros como cristianos: que nos dio vida por su Espíritu, nos alimentó con su palabra y sacramentos, nos vistió con sus méritos, nos compró con su sangre, haciéndose vil para hacernos gloriosos, maldición para revestirnos de bendición; en una palabra, que se ha dado a sí mismo a nosotros, su Hijo por nosotros, ¡oh, la altura, la profundidad y la anchura de las ricas misericordias de nuestro Dios! ¡Oh, la ilimitada, inalcanzable, insondable carga de beneficios divinos, cuya inmensidad llega desde el centro de esta tierra hasta la extensión sin límites de los mismos cielos imperiales! «¡Alaben los hombres a Jehová por su misericordia, y por sus maravillas para con los hijos de los hombres!» Joseph Hall.
Sugerencias para el predicador
Versículo 19.
- La carga de beneficios.
- La carga de obligación.
- La carga de alabanza debida en retorno.
Versículo 19.
- La salvación no ha de olvidarse en medio de las misericordias diarias.
- Las misericordias diarias no han de olvidarse en el goce de la salvación. G. R.
Salmos 68:20
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 20. «Dios nuestro es Dios de salvación» (es decir, de liberación, de liberación exterior); «y de Jehová el Señor es el librar de la muerte», o las salidas de la muerte; es decir, Dios tiene en su propia custodia todos los caminos que conducen fuera de la muerte, guarda la llave de la puerta que nos deja salir de la muerte. Cuando un hombre está en el valle de sombra de muerte, ¿por dónde saldrá? ¿Dónde tendrá un paso? En ninguna parte, dice el hombre; no escapará. Pero Dios guarda todos los pasos; cuando los hombres piensan que nos han encerrado en las fauces de la muerte, él puede abrirlas y librarnos. A él pertenecen las salidas de la muerte; es una alusión a quien guarda un paso o una puerta: y Dios es un guardián fiel y amigo, que abrirá la puerta para la huida de su pueblo cuando clame a él. Joseph Caryl.
Versículo 20. «Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte.» Los edificios se sostienen por el beneficio de sus cimientos, que los sustentan, los apoyan; y de sus contrafuertes, que los abarcan, los abrazan; y de sus contignaciones (un ensamblaje; de contigno, unir, o disponer con vigas y cabrios), que los traban y unen. El cimiento no les permite hundirse; los contrafuertes no les permiten desviarse; la contignación y la trabazón no les permiten agrietarse. El cuerpo de nuestro edificio está en la primera parte de este versículo; es este: El que es nuestro Dios es el Dios de salvación; ad salutes, de salvaciones, en plural, así es en el original; el Dios que da la salvación espiritual y también la temporal. Pero de este edificio, el cimiento, los contrafuertes, la contignación están en esta parte del versículo que constituye nuestro texto, y en las tres diversas acepciones de las palabras entre nuestros expositores: A Dios el Señor pertenecen las salidas de la muerte. Pues, primero, el cimiento de este edificio (que nuestro Dios es el Dios de toda salvación) se pone en esto: Que a este Dios el Señor pertenecen las salidas de la muerte; es decir, está en su poder darnos una salida y liberación, aun entonces cuando somos llevados a las fauces y dientes de la muerte, y al borde de ese remolino, la tumba; y así, en esta acepción, este exitus mortis, la salida de la muerte, es liberatio a morte, una liberación de la muerte; y esta es la acepción más obvia y ordinaria de estas palabras, y la que toma nuestra traducción: las salidas de la muerte. Y luego, en segundo lugar, los contrafuertes que abarcan y asientan este edificio, que El que es nuestro Dios es el Dios de salvación, se levantan así: A Dios el Señor pertenecen las salidas de la muerte, es decir, la disposición y la manera de nuestra muerte, qué clase de salida y tránsito tendremos de este mundo, si preparada o repentina, si violenta o natural, si en pleno uso de nuestros sentidos o sacudidos o perturbados por la enfermedad; no hay (ninguna) condenación que deducir de eso, ningún juicio que hacer sobre eso; porque como quiera que mueran, estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos, y con él están las salidas de la muerte, los caminos de nuestra partida de esta vida están en sus manos; y así, en este sentido de las palabras, este exitus mortis, la salida de la muerte, es liberatio in morte, una liberación en la muerte; no que Dios nos librará de morir, sino que cuidará de nosotros en la hora de la muerte, de cualquier clase que sea nuestro paso; y este sentido y acepción de las palabras, la trama y contextura natural nos lo suministra bien y con fuerza. Y luego, por último, la contignación y trabazón de este edificio, que El que es nuestro Dios es el Dios de toda salvación, consiste en esto: A este Dios el Señor pertenecen las salidas de la muerte, es decir, que este Dios el Señor, habiendo unido y trabado ambas naturalezas en una, y siendo Dios, habiendo venido también a este mundo, en nuestra carne, no podía tener otro medio de salvarnos, no podía tener otra salida de este mundo, ni retorno a su gloria anterior, sino por la muerte. Y así, en este sentido, este exitus mortis, la salida de la muerte, es liberatio per mortem, una liberación por la muerte, por la muerte de este Dios nuestro Señor, Cristo Jesús; y esta es la acepción de San Agustín de las palabras, y de muchas y grandes personas que se han adherido a él. En estas tres líneas, pues, consideraremos estas palabras: primero, como el Dios de poder, el Padre Todopoderoso rescata a sus siervos de las fauces de la muerte; y luego, como el Dios de misericordia, el glorioso Hijo nos rescata tomando sobre sí la salida de la muerte; y luego (entre estos dos), como el Dios de consuelo, el Espíritu Santo nos rescata de todo desconsuelo, por sus benditas impresiones de antemano; de modo que, cualquier clase de muerte que se nos haya ordenado, este exitus mortis será introitus in vitam, nuestra salida en la muerte será una entrada a la vida eterna. Y estas tres consideraciones, nuestra liberación a morte, in morte, per mortem, de la muerte, en la muerte y por la muerte, cumplirán abundantemente todos los oficios del cimiento, de los contrafuertes, de la contignación de este nuestro edificio, que El que es nuestro Dios es el Dios de salvación, porque A este Dios el Señor pertenecen las salidas de la muerte. John Donne.
Versículo 20. Las salidas de la muerte. Es decir, la salida, o escape, de la muerte, tanto en la resurrección como en los diversos peligros de nuestra vida presente. Thomas Le Blanc.
Versículo 20. Salida de la muerte. La versión inglesa no puede sostenerse por el hebreo; pues l nunca tiene la fuerza de de, y por tanto, como observa el Dr. Hammond, la expresión debe significar las diversas plagas y juicios infligidos por Dios a los enemigos impenitentes, tales como ahogarlos en el mar, matarlos con la espada, etc.; que eran las maneras de castigar y destruir a los egipcios y a los cananeos. Así, los dos miembros del versículo son «antitéticos»: el primero habla de Dios como libertador, y el segundo como castigador; y en este aspecto el versículo corresponde con el anterior. George Phillips, en "The Psalms... with a Critical, Exegetical, and Philological Commentary," 1846.
Sugerencias para el predicador
Versículo 20. La muerte en la mano de Dios.
- Escapes de ella.
- Entradas a ella.
- La salida de ella, más allá.
- La puerta que, cuando se cierra, nos encierra en ella para siempre.
Versículo 20.
- Lo que Dios ha sido para su pueblo.
(a) Su salvación.
(b) Su porción: «Dios nuestro».
- Lo que será: con ellos.
(a) Hasta la muerte.
(b) En la muerte.
(c) Después de la muerte. G. R.
Salmos 68:21
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 21. «La cabelluda cabeza.» Es decir, aun los enemigos más temibles, que con su rostro espantoso, deformado por el largo cabello, infundirían terror en el corazón de quienes los vieran. Edward Leigh.
Versículo 21. Cabelluda cabeza. Era costumbre entre algunos de los antiguos habitantes de Arabia dejar crecer el cabello exuberantemente en la coronilla, y raparse la cabeza en las demás partes. Francis Hare, 1740.
Sugerencias para el predicador
Versículo 21. El poder, el orgullo, la sabiduría y la vida misma del mal, que han de ser vencidos por Dios.
Salmos 68:22
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 22. «De Basán te haré volver.» («Traeré al enemigo.») Tanto el versículo anterior como el siguiente prueban que este es el sentido, y no, como suplen muchos intérpretes, a mi pueblo. Basán estaba al este de Judea, y el mar al oeste; de modo que el significado es que Dios traería a sus enemigos de todas partes para ser muertos por su pueblo. Benjamin Boothroyd.
Sugerencias para el predicador
Versículo 22.
- Adónde puede ser empujado su pueblo.
- La certeza de su regreso.
- Las razones para estar seguros de esto.
Salmos 68:23
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 23. «Para que tu pie se enrojezca», etc. La sangre de tus enemigos, derramada en tal abundancia que tus perros la lamerán y beberán, será el mar por el cual pasarás, y rojo sin figura. Y en proporción será la destrucción de los enemigos de Cristo y de los cristianos en la era del Mesías. Henry Hammond.
Versículos 26-28. Este salmo fue cantado, es probable, en el traslado del arca a la Ciudad de David. Nm 10. Fue entonces cuando el arca tuvo reposo y las tribus se reunían tres veces al año en Jerusalén, el lugar que Dios había escogido. El texto es una viva descripción de su culto.
- Ofrecer unas pocas observaciones a modo de exposición del pasaje.
(a) Israel tenía sus congregaciones menores de ordinario cada día de reposo, y las nacionales tres veces al año. Su ocupación en todas era bendecir a Dios.
(b) Esta ocupación debía llevarse a cabo por todo Israel, comenzando en la fuente y siguiendo por todos sus arroyos. Dios había bendecido a Israel; que Israel bendiga a Dios.
(c) Se supone que todas las tribus están presentes; cuatro se mencionan en nombre de todas, por habitar en los confines de la tierra. Su unión era fuente de gozo; habían estado divididas por guerras civiles, pero ahora se han reunido.
(d) Las tribus que se nombran tenían cada una algo particular. La pequeña Benjamín (véase Jue 21) casi había sido una tribu que faltara en Israel, pero ahora aparece con su príncipe. Judá había estado en guerra con Benjamín; Saúl era benjamita; David era de Judá; sin embargo, felizmente perdieron su antipatía en el culto a Dios. Zabulón y Neftalí eran tribus lejanas; ¡y sin embargo estaban allí! Oscuras también, y sin embargo allí.
(e) Los príncipes y el pueblo estaban todos juntos.
(f) Se suponía que eran fuertes, pero se les recordaba que la fuerza que tenían era por mandato de Dios. Su unión y éxito, así como aquel grado de justicia entre ellos que engrandecía a la nación, eran de Dios. No son tan fuertes que no necesiten ser fortalecidos, y se les manda orar tanto como alabar: Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros.
- Aplicar el tema. Se ejemplifican aquí dos cosas, a saber: diligencia y unión fraternal; y se recomiendan tres, a saber: alabanza unida; reconocimiento unido de que, por lo que son, están en deuda con Dios; y oración unida por misericordias futuras. Cada una de ellas nos ofrece una regla.
(a) El culto a Dios ha de ir acompañado de diligencia. Allí están los príncipes de Zabulón y de Neftalí. Tenían que viajar unos trescientos veinte kilómetros tres veces al año, de ida y vuelta; es decir, casi dos mil al año, unos cuarenta kilómetros por semana. Los que descuidan el culto a Dios por pequeñas dificultades muestran que su corazón no está en él, y cuando asisten no pueden esperar provecho: «lo han desdeñado». Aquellos cuyo corazón está en él a menudo cosechan gran provecho. Dios bendijo a los israelitas en sus viajes, así como cuando estaban allí (Sal 84:6): «También la lluvia llena los estanques»; y así a los cristianos. Hay una promesa peculiar para los que lo buscan temprano.
(b) Al culto a Dios hay que atender con amor fraternal. Todas las tribus debían subir juntas. Es una ley bondadosa la que ordena el culto social; nos necesitamos unos a otros para estimularnos. «Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre.» Dios nos ha hecho de tal modo que nos influimos mucho unos a otros, tanto para el bien como para el mal. Nos importa mucho cultivar tal espíritu. Para ello hemos de cultivar un trato afectuoso en nuestra relación común: soportar, tolerar y perdonar; y, sean cuales fueren las diferencias que tengamos, no dejar que estorben nuestro culto. Las tribus, como hemos visto, tenían sus diferencias; sin embargo, estaban allí. Cuando todo Israel se reunió en Hebrón para ungir rey a David, ¿qué habríamos dicho si algunos se hubieran quedado lejos porque otros iban?
(c) Nuestra ocupación, cuando nos congregamos, debe ser bendecir a Dios en nuestras congregaciones; y esta es una obra agradable. Israel tenía razones, y buenas razones, y los cristianos más. Dadle gracias por su don inefable; bendecidle por los medios de gracia y las esperanzas de gloria. Bendecidle; él «sana todas tus dolencias», etc. Salmo 103. Esta es una ocupación que prepara para el cielo. Se suponía que las lágrimas de un doliente en la casa de Dios contaminaban su altar. Podemos llorar por el pecado; pero un espíritu quejoso, descontento e ingrato contamina todavía el altar de Dios.
(d) Otra parte de nuestra ocupación es unirnos en reconocer que lo que somos, a Dios solo lo debemos: «Tu Dios ha ordenado tu fortaleza». Poseemos cierto grado de fuerza, tanto individual como socialmente. ¿Eres fuerte en la fe, en la esperanza, en el celo? En él eres fuerte. ¿Somos fuertes como sociedad? Dios es quien nos multiplica en hombres como a un rebaño; él nos mantiene en unión, nos da éxito, etc.
(e) Otra parte de nuestra ocupación debe ser unirnos en oración por misericordias futuras. No somos tan fuertes, ni como individuos ni como sociedades, que no haya lugar para crecer; y este es el objeto propio de la oración. Dios ha obrado una gran obra para nosotros en la regeneración. Dios ha hecho mucho por nosotros como iglesia dándonos crecimiento, respeto y espacio en la tierra. Orad para que cada uno crezca; o, en las palabras del texto: Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros. ¿No hay ninguno que sea extraño a todo esto? Andrew Fuller.
Salmos 68:24
Sugerencias para el predicador
Versículo 24. La procesión permitida en el santuario. El orden ordenado de la doctrina, el andar santo de los creyentes, los estandartes de gozo, la música de las devociones, los vítores al Rey.
Salmos 68:25
Sugerencias para el predicador
Versículo 25. (última parte). Trabajo para mujeres santas en la iglesia.
Salmos 68:27
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 27. «Benjamín, Judá, Zabulón, Neftalí.» Las dos tribus reales:
- La de Benjamín, de la cual salió el primer rey;
- La de Judá, de la cual salió el segundo; y las dos tribus doctas, Zabulón y Neftalí. Y podemos notar que el reino del Mesías habría de ser sometido finalmente por todos los potentados y hombres doctos del mundo. Henry Hammond.
Versículo 27. «Benjamín, Judá, Zabulón, Neftalí.» Las mismas tribus destacan en el Nuevo Testamento como las primeras en la batalla de la iglesia contra el mundo. Pablo, el «más pequeño» de los apóstoles (1 Co 15:8-10), era de origen Saulo de Benjamín (Fil 3:5). Cristo, «el León de la tribu de Judá», Jacobo y Juan, los hermanos, el otro Jacobo, Tadeo y Simón eran de Judá, y los otros apóstoles eran de Neftalí y Zabulón, o Galilea (Mt 4:13). A. R. Fausset.
Versículo 27. «Su príncipe.» El príncipe de aquella tribu. La versión griega dice en éxtasis, tomando el hebreo Mdr como de Mdr, aunque no se halla en otra parte con esta forma; sin embargo, palabras raras usadas una sola vez se hallan varias veces en este y otros salmos. Estas cosas, aplicadas a los tiempos de Cristo y posteriores, son muy místicas. Benjamín, la menor, se pone aquí la primera; así en la Jerusalén celestial el primer cimiento es de jaspe (Ap 21:19), que era la última piedra preciosa en el pectoral de Aarón, en la cual estaba grabado el nombre de Benjamín (Éx 28:10, 20-21). En esta tribu Pablo sobresalió como príncipe de Dios, aunque uno de los más pequeños de los apóstoles (1 Co 15:8-10), quien se convirtió en un trance o éxtasis (Hch 9:3-4, etc.); y en éxtasis vio él y otros apóstoles los misterios del reino de Cristo. Henry Ainsworth.
Versículo 27. Su consejo; o su piedra, el Mesías, que salió de Judá, Gn 49:24; Sal 118:22. John Gill.
Versículos 27-28. Allí están las doce tribus de Israel con sus príncipes presentes, para conducir el arca de Dios al monte en el cual le place morar; pues, aunque no se mencionan todas las tribus, las que se nombran incluyen el todo, ya que Zabulón y Neftalí son las más remotas, y Judá y Benjamín las más cercanas a Sion. Benjamín era una familia reducida por la señalada despoblación de aquella tribu, de la cual nunca se recobró del todo. Jue 20:43-48; 1 Cr 12:29. Edward Garrard Marsh, en "The Book of Psalms translated into English Verse... with Practical and Explanatory Notes," 1832.
Sugerencias para el predicador
Versículo 27.
- La variedad del canto.
(a) La tribu real de Benjamín en tiempos de Saúl.
(b) La tribu principesca de Judá, pues David era príncipe regente en tiempos de Saúl.
(c) La tribu letrada de Zabulón: «De Zabulón» los que manejan la pluma de escriba.
(d) La tribu elocuente: «Neftalí pronunciaba dichos hermosos».
- La armonía del canto. Que todos se unan en alabar al Señor, fuente de Israel. «Diez mil veces diez mil son sus lenguas», etc. G. R.
Versículos 30-31.
- Estorbos al progreso de la verdad divina.
(a) La idolatría. Culto al cocodrilo, las fieras de los juncos (LXX), a toros y becerros, como en Egipto.
(b) La codicia.
(c) La guerra.
- Los medios para quitarlos. La oración y la reprensión divina. Dispersa tú, etc.
- Las consecuencias de esta remoción: Sal 68:31.
Salmos 68:28
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 28. «Tu Dios ha ordenado tu fortaleza.» Singularmente apropiadas a la ocasión para la cual fueron compuestas son estas palabras estimulantes. El arca de Dios había sido guardada durante varios años en casas particulares. David había levantado una tienda para recibirla, y pensaba proveer un santuario mejor; depositaría el arca en el santuario provisional, y reúne a treinta mil hombres escogidos de Israel, y con estos y con una multitud del pueblo se dirige a la casa donde se había guardado el arca. El pueblo puede rendir el servicio del canto, así que «David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, tamboriles, flautas y címbalos» (2 S 6:5). La falta de Uza demoró tres meses la restauración del arca; pero David volvió a la obra, y con alegría, con holocaustos y ofrendas de paz, con banquete, danza y sonido de trompeta, hizo entrar el arca de Jehová y la puso en su lugar en el tabernáculo que le había levantado. David puede proveer un lugar sagrado para el arca de su Dios, y su «Dios ha ordenado su fortaleza». Treinta mil hombres escogidos pueden asistir en esta ocasión, y una multitud además. Entonces, ¿por qué habrían de quedarse en casa? La ocasión es digna de su presencia, y su «Dios ha ordenado su fortaleza». Hay cantores dulces y músicos hábiles en Israel, ¿y por qué habrían de callar? La ocasión pide alabanza, y su «Dios ha ordenado su fortaleza». Hay ganado en los mil collados de Canaán, ¿y no se traerá sacrificio? La ocasión exige ofrendas, y el «Dios de Israel ha ordenado su fortaleza». Hay un monte en Canaán, hermoso por su situación y rico en asociaciones históricas. El arca de Dios puede ser llevada a este monte, y si puede, debe, pues el Dios de Israel ha ordenado la fortaleza de Israel. Hay doce tribus en Israel que pueden unirse para subir el arca de Dios; que ninguna se quede atrás, pues su «Dios ha ordenado su fortaleza». Tu fortaleza es lo mejor de ti, todo lo que hay en ti; todo lo que puedes hacer, y ser, y llegar a ser; y todo lo que tienes: las dos blancas, si es todo, y el vaso de alabastro de nardo, muy costoso, si es esto tu posesión... Por lo que Dios es en sí mismo, por lo que Dios es para nosotros, por la ley en el corazón, y por la ley oral y escrita, por el nuevo reino de su amor y por todos sus beneficios, Tu Dios ordena tu fortaleza. Habla desde el principio y desde el fin del tiempo, desde en medio del caos y desde los nuevos cielos y la nueva tierra, desde Betel y desde Getsemaní, desde Sinaí y desde el Calvario, y nos dice a todos: «Hijo mío, dame tu corazón», consagra a mí lo mejor de ti y dedícame tu fortaleza. Samuel Martin.
Salmos 68:30
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 30. «Reprime a la reina de las cañas.» («Reprende a las fieras de los juncos.») Esta es la versión de nuestro margen, que es la propia. La mayoría de los críticos modernos considera que aquí se alude al león, que con frecuencia hace su guarida entre cañas o matorrales. Innumerables leones andan entre las cañas y los bosquecillos en las riberas de los ríos de Mesopotamia. El río Jordán estaba infestado de ellos (Jer 4:7; 49:19). De ahí que las fieras de los juncos puedan significar a los reyes de Siria, que a menudo contendieron con David. Benjamin Boothroyd.
Versículo 30. El rey idólatra de Egipto está representado aquí enigmáticamente como habitando, como el cocodrilo, entre los juncos del Nilo; y con él se introducen los toros y los becerros, que eran los dioses del pueblo de Egipto, ante los cuales danzaban siempre en sus orgías supersticiosas. «Reprime estos insultos a tu majestad, y no abatas solo la superstición de Egipto, sino también toda su pompa de guerra, para que los gentiles se conviertan a ti y los ídolos queden totalmente abolidos.» Edward Garrard Marsh.
Versículo 30. Cuando los enemigos de Dios se levantan contra su iglesia, es tiempo de que la iglesia se postre ante Dios para implorar su ayuda contra esos enemigos. Las oraciones santas son más poderosas que las espadas profanas. Thomas Wall, en "A Comment on the Times," 1657.
Versículo 30. Estas palabras contienen, primero, una declaración de los enemigos de Dios; segundo, una imprecación contra esos enemigos. Los enemigos están formados en cuatro filas.
- Una compañía de lanceros, o (como leen algunas traducciones) la fiera de los juncos.
- La multitud de los toros.
- Los becerros de los pueblos.
- Los hombres que se deleitan en la guerra.
La imprecación es también doble; la primera más suave; es solo reprender a los lanceros; y esto aun con limitación: hasta que se sometan con piezas de plata. Pues a los que no quieren, sino que se deleitan en la guerra, los trata más severamente: Dispérsalos; Dispersa a los pueblos que se complacen en la guerra.... La iglesia de Dios nunca ha carecido de enemigos, ni carecerá. «No hay paz para los malos», dice Dios; no habrá paz para los piadosos, dicen los malos. Los malos no tendrán paz que Dios pueda dar; los piadosos no tendrán paz que los malos puedan quitar. Thomas Wall.
Versículo 30.
- Escrupulosidad.
- Envidia.
- Ignorancia.
- Ambición u orgullo.
Sobre las cuales estas cuatro fieras del texto ejercen su enemistad contra la iglesia; la escrupulosidad nos representa la fiera de los juncos; la envidia, los toros; la ignorancia, los becerros; y el orgullo, los hombres que se deleitan en la guerra. Thomas Wall.
Este ejemplo de espiritualización puede servir más de aviso que de ejemplo. El autor era un teólogo capaz, pero en este sermón da más rienda a su imaginación que a su sentido común.
Salmos 68:31
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 31. «Etiopía.» Es un hecho, familiar al lector erudito, que los nombres Etiopía y «etíopes» se sustituyen con frecuencia en nuestra versión inglesa del Antiguo Testamento allí donde el hebreo conserva el nombre propio «Cus». Y el nombre «Cus», cuando así se aplica en la Escritura, pertenece uniformemente no a la Etiopía africana, sino a la asiática, o Arabia. Charles Forster, en "The Historical Geography of Arabia."
Salmos 68:33
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 33. «He aquí dará su voz, poderosa voz.» O una voz de fuerza; una voz fuerte y poderosa, como lo es el evangelio cuando va acompañado del poder y del Espíritu de Dios. Es una voz que sacude y despierta el alma; es una que derrite y quebranta el corazón; es una voz vivificadora e iluminadora; vivifica a los pecadores muertos, les da vida, y su entrada da luz a las mentes oscuras; es una que encanta y atrae el alma; atrae a Cristo, compromete los afectos con él y llena de inefable deleite y placer. John Gill.
Versículo 33. «Al que cabalga sobre los cielos de los cielos.» Aquel que gobierna los cielos, dirigiendo su curso e influjo. Formó cada orbe, determinó su movimiento, proporcionó su contenido sólido a la órbita en que había de girar y a los demás cuerpos del mismo sistema; y así como un jinete hábil maneja su caballo, así maneja Dios el sol, la luna, los planetas y toda la hueste del cielo. W. Greenfield, en Comprehensive Bible.
Versículo 33. Las alabanzas de la iglesia se cantan a aquel que, después de sus padecimientos aquí abajo, volvió a subir para tomar posesión de su antiguo trono, muy por encima de todos los cielos; que desde allí habla al mundo por su glorioso evangelio, poderoso y potente, como el trueno, en sus efectos sobre los corazones de los hombres (véase todo el Salmo 29). El poder de la voz de Cristo, cuando estaba en la tierra, se manifestó por los efectos que seguían, cuando dijo: «Joven, levántate»; «Lázaro, ven fuera»; «Calla, enmudece»; y se manifestará aún más, cuando «todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán». George Horne.
Salmos 68:34
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 34. «Su poder está en los cielos» («Su fuerza está en las nubes»). Esto se refiere a los fenómenos del trueno y del relámpago; pues todas las naciones han observado que el fluido eléctrico es un agente irresistible: destruye la vida, hace pedazos torres y castillos, desgaja los robles más fuertes y hiende las rocas más sólidas; y las naciones más ilustradas lo han considerado con justicia como una manifestación especial del poder y la soberanía de Dios. W. Greenfield, en Comprehensive Bible.
Salmos 68:35
Sugerencias para el predicador
Versículo 35.
- Considerar los celos de Dios hacia su pueblo por su santidad en los tres «lugares santos».
(a) En el atrio exterior de la profesión.
(b) En el lugar santo de nuestro sacerdocio.
(c) En el lugar santísimo con su Hijo.
- Considerar su terribilidad para sus enemigos, como se infiere de esos «lugares santos».
Versículo 35. «Bendito sea Dios.» Un texto breve, pero muy sugerente.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.