El tesoro de David · Charles H. Spurgeon

Salmo 71: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)

Resumen del capítulo

TÍTULO. Este salmo no tiene título, y de ahí que algunos conjeturen que el Salmo 70 está pensado como preludio suyo y se ha desgajado de él. Tales fantasías no tienen valor para nosotros. Ya hemos encontrado cinco salmos sin título que, sin embargo, son tan completos como los que lo llevan. Tenemos aquí LA ORACIÓN DEL CREYENTE ANCIANO, quien, con santa confianza de fe, fortalecida por una larga y notable experiencia, aboga contra sus enemigos y pide más bendiciones para sí mismo. Anticipando una respuesta llena de gracia, promete engrandecer sobremanera al Señor.

División

Los primeros cuatro versículos son el clamor de la fe pidiendo ayuda; los cuatro siguientes son un testimonio de experiencia. Desde Sal 71:9-13, el santo anciano aboga contra sus enemigos, y luego se regocija en esperanza, Sal 71:14-16. Vuelve a la oración en Sal 71:17-18, repite las confiadas esperanzas que alegraban su alma, Sal 71:19-21; y cierra con la promesa de abundar en acción de gracias. A lo largo de todo él, este salmo puede considerarse la expresión de una fe que lucha, pero que no vacila.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Todo el salmo. Este salmo, que no tiene título en el hebreo, lleva en la Septuaginta el título: De David, de los hijos de Jonadab y de los primeros que fueron hechos prisioneros. Si se concede alguna autoridad a este título, hemos de suponer que fue un salmo escrito por David, que fue usado, por adaptarse particularmente a las circunstancias de su condición, por los recabitas, que descendían de Jonadab (Jer 35), y por los judíos que fueron llevados por los caldeos cautivos a Babilonia. Sea como fuere, parece probable que David fue el autor de este salmo y que lo escribió en su extrema vejez, y poco antes de morir. La línea que sigue al salmo siguiente y cierra el segundo libro tiene quizá referencia a este hecho. Algunos de los Padres interpretan el salmo místicamente de la iglesia en su vejez y de sus pruebas al fin del mundo. «Plain Commentary».

Todo el salmo. El salmo, lo sé, es anónimo, y por eso muchos críticos recientes lo atribuyen a algún escritor posterior; pero estoy convencido de que Venema y Hengstenberg han aducido razones suficientes para mantener la opinión de Calvino y de los expositores más antiguos de que procede de la pluma de David, y es el canto lastimero de su vejez. Nos muestra el alma del santo anciano, oscurecida por el recuerdo de su gran transgresión y por los enjambres de penas con que ese pecado llenó todos sus últimos años. Pero halla consuelo al volver a los días felices de su niñez, y en especial a la confianza inquebrantable que entonces pudo depositar en Dios. Los pensamientos y sentimientos expresados recuerdan los que revisten de un interés tan solemne y tierno la Segunda Epístola a Timoteo, que embalsama los pensamientos moribundos del gran apóstol. Como Pablo, David echa una mirada retrospectiva al trato del Señor con él desde el principio; y declara, en efecto, con el apóstol moribundo: «No me avergüenzo; porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.» 2 Ti 1:12. Solo que hay esta notable diferencia entre ambos: mientras Pablo recogía confirmación de su fe de la experiencia de treinta años de andar con su Señor, la experiencia de David se extendía a más del doble de años; pues comenzó con su niñez. William Binnie.

Todo el salmo. Se preguntará cómo pudo Cristo usar tales versículos como Sal 71:9, 18, ya que parecen mirar hacia la fragilidad de la vejez. La respuesta a esta dificultad sentida es que él usa esas expresiones en simpatía con sus miembros, y que en su propio caso denotan el estado equivalente a la vejez. Su vejez llegó antes de que cumpliera treinta y tres años, como se supone que implica Jn 8:57: pues «los hombres gastados viven aprisa». Barclay parece dar el sentido correcto en las siguientes líneas:

«Envejecido y débil, con dolor y pena,

antes de cumplir la mitad de sus años.»

Además, las palabras significan: «No me desampares desde ahora en adelante, aun si llegara a vivir hasta las canas». Es una perspectiva que lleva precioso consuelo a los ancianos, que podrían estar dispuestos a decir que Cristo no podía entrar del todo en sus sentimientos, por no haber experimentado nunca la debilidad creciente de la edad, la debilidad, el decaimiento, las dolencias corporales tan penosas para el espíritu. Pero este salmo nos muestra que, en efecto, él pasó por esa etapa de nuestra peregrinación, gastado y consumido en cuerpo y sentimiento por haber vivido tanto en tan poco tiempo. Los miembros ancianos de su iglesia pueden hallar su dulce simpatía exhalada en Is 46:3-4; y aquí casi pueden verlo aprendiendo la lección a la manera humana, mientras se dobla bajo el peso de nuestras flaquezas. Por esta razón, entre otras, este salmo fue especialmente estimado por Robert Blair, uno de nuestros piadosos antepasados. Solía llamarlo «Su salmo». Andrew A. Bonar.

Sugerencias para el predicador

Argumentos usados para inducir al Señor a oír, tomados:

Salmos 71:1

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 1. «En ti, oh Jehová, he confiado.» Como si dijera: Oh Señor, no permitas que los que ponen su confianza en ti sean confundidos y expuestos como objeto de burla. He puesto toda mi esperanza en ti, y tú eres aquel Dios que, por amor de tu bondad y verdad, nunca has abandonado a los que esperan en ti. Si permites que yo sea confundido, que los enemigos triunfen y que mi esperanza puesta en ti sea en vano, ciertamente esta vergüenza caerá sobre tu propio nombre… Aprendamos, pues, de este pasaje a preocuparnos más por lo que pueda suceder al nombre de Dios por causa nuestra que por el nuestro; sea por nosotros al obrar, o en nosotros al sufrir. El profeta teme ser confundido a causa de su esperanza puesta en Dios, aunque no estaba en su poder ni podía evitarlo… Es necesario, primero, que seamos de los que ponen su esperanza en Dios; luego, es necesario que esta piedad de nuestros corazones no se limite solo a nosotros, sino que sea conocida de todos los que tratan con nosotros, aun nuestros adversarios y enemigos; de lo contrario no es posible que temamos esta clase de confusión que teme el profeta, cuando nadie sabe que nuestra esperanza está puesta en Dios. Ningún artista sufre confusión si nunca ha gozado de la buena opinión de sus semejantes. A ningún enfermo se le puede decir: Médico, sánate a ti mismo, si su reputación de habilidad médica nunca ha sido alta. Así, de aquellos de quienes nunca se observó que pusieran esperanza alguna en Dios, no puede decirse: Esperaron en Dios, que los salve si es que los quiere. Su solicitud pertenece, pues, solo a quienes su esperanza está en el Señor; sobre otros no puede caer. Musculus.

Versículo 1. «En ti, oh Jehová, he confiado.» Es un buen comienzo, y una recomendación para nuestras oraciones, cuando podemos declarar que nuestra fe y confianza están en Dios solo. Edward Walter, en «A Help to the profitable reading of the Psalms». 1854.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1. La fe es un acto presente; la fe es un acto personal; la fe trata solo con Dios; la fe sabe lo que hace; la fe mata sus temores por la oración.

Salmos 71:2

Versículo 2. «Líbrame en tu justicia, y rescátame.» Sé fiel, oh Dios, a tu palabra. Es cosa justa en ti guardar las promesas que has hecho a tus siervos. He confiado en ti, y no serás injusto para olvidar mi fe. Estoy atrapado como en una red, pero líbrame tú de la malicia de mis perseguidores. «Inclina tu oído, y sálvame.» Inclínate a mi debilidad y oye mis débiles susurros; sé misericordioso con mis flaquezas y sonríeme: pido salvación; escucha tú mis peticiones, y sálvame. Como uno herido y dejado por muerto por mis enemigos, necesito que te inclines sobre mí y vendes mis heridas. Estas misericordias se piden con el ruego de la fe, y por tanto no pueden ser negadas.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 2. Líbrame en tu justicia. Inclina tu oído. Que mi liberación sea fruto de tu promesa y de mi oración; y así será mucho más dulce. John Trapp.

Versículo 2. En tu justicia. La justicia de Dios es en este lugar aquella virtud por la cual cumple sus promesas, venga las injurias y recompensa la piedad, que en otra parte se llama su veracidad. David apela aquí a esta perfección, no porque fuera inocente delante de Dios, sino porque Dios se había obligado con él por promesas, como si él fuera, en presencia de los hombres que lo perseguían, inocente y justo; y, por tanto, digno de ser librado de esta última terrible calamidad en que había caído por causa de Absalón, ya que Dios había obrado así con él. Hermann Venema.

Versículo 2. Tu justicia. No la mía. Sabía que estaba siendo castigado por su pecado contra Urías. No alega mérito alguno propio. Simon de Muis.

Versículo 2. Inclina tu oído. Y puesto que estoy tan herido que no puedo elevar mi clamor a ti, el Altísimo, inclina tú tu oído a mí mientras yazgo medio muerto, dejado por los ladrones que me han herido y despojado. Gerhohus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 2. Una apelación.

Versículo 2. Rescátame. ¿De quiénes? ¿De qué? ¿Cómo? ¿Con qué poder? ¿Para qué fin?

Salmos 71:3

Versículo 3. «Sé tú mi roca de refugio.» Permíteme entrar en ti y estar en ti tan en casa como un hombre en su propia casa, y luego déjame permanecer en ti como mi morada permanente. Puesto que los enemigos me molestan, necesito una morada construida y amurallada, que resista un asedio y los ataques de ejércitos; que tu omnipotencia, pues, me asegure y sea para mí como una fortaleza. Vemos aquí a un hombre débil, pero en una habitación fuerte; su seguridad descansa en la torre donde se oculta, y no se pone en peligro por su debilidad personal. «Adonde recurra yo continuamente.» Bien cerrado está este castillo contra todos los adversarios; sus puertas no pueden forzarlas; el puente levadizo está alzado, el rastrillo bajado, los cerrojos firmes en su sitio; pero hay una puerta secreta por la que los amigos del gran Señor pueden entrar a toda hora del día o de la noche, tantas veces como quieran. No hay hora en que sea ilícito orar. Las puertas de la misericordia están de par en par, y lo estarán hasta que, al final, el Señor de la casa se levante y cierre la puerta. Los creyentes hallan que su Dios es su morada, fuerte y accesible, y esto es para ellos remedio suficiente para todos los males de su vida mortal.

«Tú has dado mandamiento para salvarme.» A la naturaleza se le ordena ser tierna con los siervos de Dios; a la providencia se le manda obrar su bien, y las fuerzas del mundo invisible han sido designadas como sus guardianes. David ordenó a todas sus tropas que respetaran al joven Absalón, y sin embargo cayó. El mandamiento de Dios es de virtud mucho más alta, pues obliga a la obediencia y asegura su fin. La destrucción no puede destruirnos, el hambre no puede matarnos de hambre; nos reímos de ambas mientras el mandato de Dios nos escuda. Ninguna piedra del campo puede derribarnos mientras los ángeles nos llevan en sus manos; ni las bestias del campo pueden devorarnos mientras el Dios de David nos libra de su ferocidad, o el Dios de Daniel les infunde temor de nosotros. «Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.» En Dios tenemos toda la seguridad que podrían dar la naturaleza, que provee la roca, y el arte, que construye la fortaleza; él es el conservador completo de su pueblo. La inmutabilidad puede representarse con la roca, y la omnipotencia con la fortaleza. Dichoso el que puede usar el pronombre personal «mi», no una sola vez, sino tantas veces como los muchos aspectos del Señor lo hagan deseable. ¿Es él una habitación fuerte? Lo llamaré «mi habitación fuerte», y será mi roca, mi fortaleza, mi Dios (Sal 71:4), mi esperanza, mi confianza (Sal 71:5), mi alabanza (Sal 71:6). Todo lo mío será suyo, todo lo suyo será mío. Esta era la razón por la cual el salmista estaba persuadido de que Dios había mandado su salvación: porque le había capacitado para ejercer una fe serena y apropiadora.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 3. Adonde recurra yo continuamente. ¿Querría, pues, acudir siempre a él? Nuestras necesidades, nuestro trabajo, nuestro peligro lo exigen constantemente. Se nos manda orar sin cesar. Y si, mientras reconocemos y sentimos la obligación, somos renovados en el espíritu de nuestra mente, no lo lamentaremos. Amándolo, además de depender de él, hallaremos bueno acercarnos a Dios y deleitarnos en el Todopoderoso; y nunca lo hallaremos inaccesible cuando lo necesitemos. Hay un camino a nuestra habitación fuerte, y conocemos el camino. Hay una puerta, y tenemos la llave. Ningún centinela nos detiene; la morada es nuestra: ¿y quién se atreve a prohibirnos todas sus comodidades y contenidos? Los reyes, por bien dispuestos que estén, no pueden ser siempre accesibles. Por la multitud de sus obligaciones, la limitación de sus poderes y la importancia de mantener el sentido de su dignidad, solo son accesibles en ciertos momentos y con solemnes formalidades. Pero el Rey de reyes nos permite acercarnos confiadamente al trono de la gracia, y nos manda que en todo, por oración y ruego, presentemos nuestras peticiones a él. No podemos ser demasiado insistentes, ni cansarlo con nuestro continuo venir. William Jay.

Versículo 3. Tú has dado mandamiento para salvarme. Observemos sus palabras; atribuye a la palabra y al mandato de Dios una virtud salvadora que ningún poder en la tierra, ninguno en el infierno, ni la muerte misma puede resistir. Solo da, dice, el mandato de que yo sea salvado, y, en un momento, seré salvado por completo. Musculus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 3. (primeras dos partes). El creyente que mora en Dios y recurre continuamente a él.

Versículo 3. (tercera parte). Un mandato basado en la promesa divina, revestido de poder divino, dirigido a todos los agentes necesarios y que abarca todas las necesidades.

Salmos 71:4

Versículo 4. «Dios mío, líbrame de la mano del impío.» Dios está del mismo lado que nosotros, y los que son nuestros enemigos son también suyos, porque son impíos; por tanto, el Señor ciertamente rescatará a sus propios aliados, y no permitirá que el malo triunfe sobre el justo. El que dirige tal oración al cielo hace más daño a sus enemigos que si hubiera vuelto contra ellos una batería de cañones Armstrong. «De la mano del perverso y violento.» Siendo impíos para con Dios, se hacen injustos con los hombres y crueles en sus persecuciones de los piadosos. Se mencionan aquí dos manos: agarran y aplastan; golpean y matarían si Dios no lo impidiera; aunque tuvieran tantas manos como Briareo, el dedo de Dios los superaría con creces.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 4. El violento es literalmente el hombre leudado, leudado con aborrecimiento de la verdad y enemistad contra Dios; y por eso es un opositor violento de su pueblo. Así, en 1 Co 5:8 se nos advierte contra la «levadura de malicia y de maldad», que, de acuerdo con la figura, puede penetrar todo el carácter natural de un hombre impío, sus facultades y afectos. W. Wilson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 4.

Salmos 71:5

Versículo 5. «Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza.» Dios, que nos da gracia para esperar en él, cumplirá sin falta nuestra esperanza, y por eso podemos alegarla en la oración. Su nombre es «Jehová, esperanza de Israel» (Jer 17:13); y como no puede ser una esperanza falsa o fallida, podemos esperar ver justificada nuestra confianza. «Seguridad mía desde mi juventud.» David había probado su fe con notables hazañas cuando era joven y rubio; le era un recuerdo alentador, y estaba persuadido de que el Dios de su juventud no lo abandonaría en su vejez. Muy favorecidos son quienes pueden, como David, Samuel, Josías, Timoteo y otros, decir: «Tú eres mi confianza desde mi juventud».

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 5. Tú eres mi esperanza. No solo nuestra esperanza está en él, sino que él mismo es nuestra esperanza. «Dios nuestro Salvador, y el Señor Jesucristo nuestra esperanza», dice san Pablo. 1 Ti 1:1. Más aún, hay una profundidad más honda, más cercana: «La gloria del misterio del evangelio —dice san Pablo— es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria». Cristo mismo es nuestra esperanza, como único Autor de ella; Cristo es nuestra esperanza, como Fin de ella; y Cristo, que es el Principio y el Fin, es también nuestra esperanza en el camino; pues dice: «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria». Col 1:27. Cada anhelo de nuestros corazones, cada rayo de esperanza que nos resplandece, cada toque que nos estremece, cada voz que susurra en lo más íntimo de nuestro corazón sobre las cosas buenas guardadas para nosotros, si amamos a Dios, son la luz de Cristo que nos ilumina, el toque de Cristo que nos levanta a nueva vida, la voz de Cristo: «Al que a mí viene, no le echo fuera»; es «Cristo en nosotros, la esperanza de gloria», que nos atrae por su Espíritu, que mora en nosotros, hacia sí mismo, nuestra esperanza. Porque nuestra esperanza no es la gloria del cielo, ni el gozo, ni la paz, ni el descanso del trabajo, ni la plenitud de nuestros deseos, ni el dulce contentamiento de toda el alma, ni el entendimiento de todos los misterios y de todo conocimiento, ni solo un torrente de deleite; es «Cristo nuestro Dios», «la esperanza de gloria». Nada de lo que Dios pudiera crear es lo que esperamos; nada de lo que Dios pudiera darnos fuera de sí mismo, ninguna gloria creada, ni dicha, ni belleza, ni majestad, ni riquezas. Lo que esperamos es a nuestro Dios Redentor mismo, su amor, su dicha, el gozo de nuestro mismo Señor, que tanto nos ha amado, para ser nuestro gozo y nuestra porción para siempre. E. B. Pusey.

Versículo 5. Desde mi juventud. El recordar y reconocer a Dios en la juventud será gran satisfacción en la vejez. ¡Oh, qué gozo dará la reflexión sobre la piedad juvenil! Aun Séneca, un pagano, pudo decir: «Una juventud bien empleada es el mayor consuelo de la vejez». David pudo alegar con confianza ante Dios la liberación de la mano de los impíos: Porque, dice, tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza; seguridad mía desde mi juventud. «No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares» (Sal 71:9, 17-18). Un amo noble no despide a un siervo envejecido. Cuando el procónsul mandó a Policarpo negar a Cristo y jurar por el emperador, él respondió: «Hace ochenta y seis años que sirvo a Cristo, y ni una vez me ha hecho daño, ¿y ahora lo voy a negar?». Jacob pudo decir: «Dios me ha pastoreado toda mi vida hasta este día; ha sido bueno conmigo todos mis días, y confío en que cuidará de mí hasta el fin; ¿y le voy a dar ahora la espalda?». ¿A dónde puedo ir para mejorar de amo? «Tú solo tienes palabras de vida eterna.» El que ha sido el sostén de mi juventud será el báculo de mi vejez. Me atrevo a aventurar mi alma sobre la promesa de aquel que hasta ahora me ha mantenido con su providencia. «En los días de mi juventud, el secreto de Dios estaba sobre mi tabernáculo, su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y a su luz caminé por las tinieblas»; y aunque ahora «el sol, y la luz, y la luna y las estrellas se oscurezcan» en este mi horizonte natural, sin embargo «Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?». «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.» Tengo abundante experiencia de su gracia y presencia. ¡Oh, los días de misericordia que tuve hace muchos años! Un buen hombre dijo: «Obtuve en mi juventud lo que por nada del mundo querría tener que obtener ahora». Oliver Heywood. 1629-1702.

Sugerencias para el predicador

Versículo 5. Dios, esencia de la esperanza y de la fe.

Salmos 71:6

Versículo 6. «En ti he sido sustentado desde el vientre.» Antes de poder entender el poder que lo preservaba, fue sustentado por él. Dios nos conoce antes de que conozcamos cosa alguna. Los elegidos de antaño reposaron en el seno de Dios antes de ser puestos en el seno de sus madres; y cuando su debilidad infantil no tenía pies bastante fuertes para llevarla, el Señor la sostuvo. Hacemos bien en reflexionar sobre la bondad divina para con nosotros en la niñez, pues está llena de motivos de gratitud. «De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó.» Aun antes de la vida consciente, el cuidado de Dios vela sobre sus escogidos. El nacimiento es un misterio de misericordia, y Dios está con la madre y con el niño. Si los matrimonios se registran en el cielo, podemos estar seguros de que los nacimientos también. Las mujeres santas hacen bien en bendecir a Dios por su misericordia con ellas en la hora peligrosa de la naturaleza; pero todo el que nace de mujer tiene igual motivo de agradecimiento. La que conserva la vida debe dar gracias, y así también aquel a quien se le da la vida. «De ti será siempre mi alabanza.» Donde se ha recibido bondad sin cesar, debe ofrecerse alabanza sin cesar. Dios es el círculo donde la alabanza debe comenzar, continuar y girar sin fin, puesto que en él vivimos, y nos movemos, y somos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 6. No reconocía, como la mayoría de los hombres, la mano de Dios solo cuando se hacía manifiesta de modo extraordinario en la vida; sino que su ojo de fe considera milagros las obras ordinarias de Dios. El paso del seno de su madre a la luz del día es para él objeto de alabanza. (Sal 22:9-10.) Y, de verdad, ¿no es un milagro la conservación del embrión en sus estrechos confines? ¿No es una garantía, simultánea con el nacimiento del hombre, de nuestra posterior experiencia en la vida: que tenemos un Dios «que nos saca de la muerte a la luz»? (Sal 68:20.) ¿No habrá que buscar la razón de que hallemos tan poco motivo de alabanza en que no tenemos ojos para sus milagros diarios? El salmista sí tiene ojos para los milagros diarios del Señor; y por eso su boca está cada día llena de alabanza al Señor. Augustus F. Tholuck.

Versículo 6. Bendito sea Dios de que yo haya nacido. Halyburton.

Versículo 6. Este versículo corresponde al precedente, salvo que David va más lejos. No solo celebra la bondad de Dios que había experimentado desde su niñez, sino también aquellas pruebas de ella que había recibido antes de su nacimiento. Una confesión casi semejante se contiene en Sal 22:9-10, con la cual se magnifica el poder admirable y la bondad inestimable de Dios en la generación de los hombres, cuyo modo y manera serían del todo increíbles si no fuera un hecho con el que estamos muy familiarizados. Si nos asombramos de aquella parte de la historia del diluvio en que Moisés declara (Gn 8:13) que Noé y su familia vivieron diez meses en medio del ofensivo hedor producido por tantas criaturas vivientes, cuando no podía respirar el aliento de vida, ¿no tenemos igual razón para maravillarnos de que el niño, encerrado en el seno de su madre, pueda vivir en una condición que ahogaría al hombre más fuerte en media hora? Pero así vemos cuán poco caso hacemos de los milagros que Dios obra, a causa de nuestra familiaridad con ellos. El Espíritu, pues, reprende justamente esta ingratitud, recomendando a nuestra consideración este memorable ejemplo de la gracia de Dios que se muestra en nuestro nacimiento y generación. Cuando nacemos al mundo, aunque la madre cumpla su oficio, y la partera pueda estar con ella, y muchos otros presten su ayuda, si Dios no nos recibiera en su seno, poniendo, por así decir, su mano debajo de nosotros, ¿qué sería de nosotros? ¿Y qué esperanza habría en la continuación de nuestra vida? Más bien, de no ser por esto, nuestro mismo nacimiento sería una entrada en mil muertes. Con toda propiedad, pues, se dice de Dios que nos saca de las entrañas de nuestra madre. A esto corresponde la parte final del versículo: De ti será siempre mi alabanza, con lo cual el salmista quiere decir que se le ha proporcionado materia para alabar a Dios sin interrupción. Juan Calvino.

Salmos 71:7

Versículo 7. «Como prodigio he sido a muchos.» «Para mil ojos soy blanco y espectáculo.» Los santos son hombres que causan asombro; a menudo su lado oscuro es sombrío hasta el pasmo, mientras que su lado brillante es glorioso hasta el estupor. El creyente es un acertijo, un enigma que desconcierta a los no espirituales; es un monstruo en guerra con esos deleites de la carne que son el todo para los demás hombres; es un prodigio inexplicable para los juicios de los hombres impíos; una maravilla que se mira con fijeza, se teme y, poco después, se escarnece con desdén. Pocos nos entienden, muchos se sorprenden de nosotros. «Y tú mi refugio fuerte.» Aquí está la respuesta a nuestro enigma. Si somos fuertes, es en Dios; si estamos seguros, nuestro refugio nos ampara; si estamos serenos, nuestra alma ha hallado su apoyo en Dios. Cuando se entiende la fe y se ven los fundamentos de su confianza, el creyente deja de ser una maravilla; pero la maravilla es que quede tanta incredulidad entre los hijos de los hombres.

Sugerencias para el predicador

Versículo 7. (primera parte). Puede acomodarse:

(a) lo que fue una vez;

(b) lo que es ahora;

(c) lo que será en lo sucesivo.

(a) los ángeles;

(b) los santos;

(c) los demonios y las almas perdidas. Warwell Fenn. 1830.

Versículo 7. Considera el texto con referencia a David, a Cristo y al cristiano.

(a) David fue una maravilla como hombre.

(b) Como rey.

(c) Como siervo de Dios.

(a) Cristo fue una maravilla en su persona.

(b) En su vida.

(c) En sus milagros.

(d) En su enseñanza.

(e) En sus sufrimientos.

(f) En su ascensión y gloria mediadora.

(a) El cristiano es una maravilla para sí mismo.

(b) Para el mundo.

(c) Para los espíritus malignos.

(d) Para los ángeles del cielo. John Cawood. 1830.

Salmos 71:8

Versículo 8. «Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.» ¡Qué bendito bocado! Un hombre nunca siente náuseas aunque su sabor esté todo el día en su boca. El pan de Dios está siempre en nuestra boca; así debe estar su alabanza. Él nos llena de bien; llenémonos también de gratitud. Esto no dejaría lugar para murmuraciones ni maledicencia; por eso bien podemos unirnos al santo David en este sagrado deseo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 8. Sea llena mi boca de tu alabanza. Sea mi boca, digo, tan llena de tu alabanza que, desde el fondo de mi corazón hasta los labios de mi boca, la plenitud de tu gracia, oh Dios, infundida en mi corazón y difundida sobre mis labios, te engrandezca lealmente; así no seré hallado como aquel pueblo del cual dices: «Este pueblo con su boca se acerca a mí, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí». Is 29:13. Gerhohus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 8.

(a) El día entero.

(b) Cada día; buena preparación para el cielo.

Salmos 71:9

Versículo 9. «No me deseches en el tiempo de la vejez.» David no estaba cansado de su Maestro, y su único temor era que su Maestro se cansara de él. El amalecita de la historia bíblica dejó morir de hambre a su siervo egipcio cuando enfermó, pero no así el Señor de los santos; aun hasta las canas nos sufre y nos lleva. ¡Ay de nosotros si nuestro Dios nos abandonara, como a muchos cortesanos los ha abandonado su príncipe! La vejez nos roba la belleza personal y nos priva de fuerza para el servicio activo; pero no nos rebaja en el amor y el favor de Dios. Una patria ingrata deja a sus defensores gastados morir de hambre con una escasa pensión, pero los pensionados del cielo se sacian de bienes. «Cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.» Soporta mis flaquezas y ten paciencia conmigo. Ser abandonado de Dios es el peor de todos los males concebibles, y si el creyente puede librarse de ese temor angustioso, es feliz: ningún corazón santo ha de tener aprensión alguna sobre este punto.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 9. No me deseches en el tiempo de la vejez, etc.; porque ahora es cuando más te necesito. La rosa blanca es la primera en estropearse; así también la cabeza blanca es la primera en corromperse. Saepe nigrum cor est, caput album. Satanás hace presa del anciano Salomón, de Asa, de Lot y de otros, a quienes de jóvenes nunca pudo engañar así. Los paganos, pues, nos advierten con razón que cuidemos bien de nuestra vejez, que no viene sola, sino que es infestada de muchas enfermedades, tanto del cuerpo como de la mente. Esto lo sabía David, y por eso oró como aquí: No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares. Es un anciano raro el que puede decir con Caleb (Jos 14:10, 14): «He aquí Jehová me ha hecho vivir», etc. John Trapp.

Versículo 9. No me deseches en el tiempo de la vejez, etc. No es antinatural ni impropio que un hombre que ve acercarse la vejez ruegue una gracia especial y una fuerza especial para poder afrontar lo que no puede evitar y no puede dejar de temer; porque ¿quién puede contemplar las flaquezas de la vejez, viniendo sobre sí mismo, sin sentimientos tristes y pensativos? ¿Quién desearía ser un anciano? ¿Quién puede mirar a un hombre que vacila bajo el peso de los años y quebrantado por las enfermedades; un hombre cuya vista y oído se han ido; un hombre que está solo entre las tumbas de todos los amigos que tuvo en la juventud; un hombre que es una carga para sí mismo y para el mundo; un hombre que ha llegado a la «última escena de todas, que cierra esta extraña y accidentada historia», esa escena de

«segunda infancia y mero olvido,

sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada»; esa escena en que uno puede decir:

«He vivido bastante; mi camino de vida

ha caído en la hoja amarilla y seca;

y lo que debería acompañar a la vejez,

honor, amor, obediencia, multitud de amigos,

no debo esperar tenerlo»?

¿Quién puede pensar en todo esto y no rogar gracia especial para sí mismo, si viviera para ver esos días de flaqueza y debilidad? ¿Y quién, en vista de tales flaquezas, puede dejar de ver lo oportuno de buscar el favor de Dios en los primeros años? Albert Barnes.

Versículo 9. No me deseches en el tiempo de la vejez, etc. David, recordando las nobles acciones que, con la ayuda de Dios, había realizado en su juventud, le ruega que no abandone a su siervo, perseguido por un hijo rebelde, en su vejez. La debilidad y las tentaciones propias de esa etapa de la vida hacen de esta una petición necesaria para todos antes de que nos alcance. La iglesia halla demasiado motivo para hacer la misma ahora que está avanzada en años; cuando la fe languidece, la caridad se enfría y las flaquezas de una vejez espiritual se le vienen encima rápidamente. George Horne.

Versículo 9. No me deseches. Dios había desechado a su predecesor, Saúl, y las cosas parecían indicar que ahora pensaba desecharlo a él. Su pueblo también parecía dispuesto a desecharlo, al unirse con Absalón; de ahí la fuerza de la petición. Andrew Fuller.

Versículo 9. Cuando mi fuerza se acabe, no me desampares. Tampoco abandonará Cristo a su iglesia en los últimos días de su edad, cuando la debilidad de la fe se hace más prevaleciente. W. Wilson.

Versículo 9. Cuando mi fuerza se acabe, no me desampares. 28 de junio. Hoy entro en mi año ochenta y seis. Ahora veo que envejezco:

Lo que debería temer, si me afanara por el día de mañana, es que mi cuerpo abrume a mi mente y cree o bien terquedad, por la disminución de mi entendimiento, o bien malhumor, por el aumento de las dolencias corporales; pero tú responderás por mí, oh Señor Dios mío. John Wesley.

Sugerencias para el predicador

Versículo 9. Hay algunas circunstancias peculiares de la vejez que hacen necesaria esta bendición: el favor y la presencia de Dios.

Versículo 9. Hay:

(a) Natural a la vejez.

(b) Sugerido por la práctica del mundo.

(a) La vejez no es pecado.

(b) Es corona de gloria si se halla, etc.

Versículos 11-12. Dos grandes mentiras y dos dulces oraciones.

Versículos 13-14.

Salmos 71:10

Versículo 10. «Porque mis enemigos han hablado de mí.» Los perros aúllan sobre un león moribundo. Cuando el brazo de David podía castigar a sus enemigos, aun entonces eran lo bastante descarados para calumniarlo, y teme que ahora se tomarán nueva licencia en la hora de su debilidad. El texto significa muy propiamente que sus enemigos habían dicho que Dios lo abandonaría; y por eso ruega con mayor empeño que el trato fiel del Señor les desmienta. «Y los que acechan mi alma consultaron juntamente.» El salmista tenía enemigos, y eran sumamente malévolos; buscando su destrucción total, eran muy perseverantes, y permanecían largo tiempo al acecho; a esto añadían astucia, pues se ponían en emboscada para sorprenderlo y tomarlo en desventaja; y todo esto lo hacían con la más completa unanimidad y deliberación, sin estropear su plan por falta de prudencia ni malograr su cumplimiento por falta de unidad. El Señor nuestro Dios es nuestro único y suficiente refugio frente a toda forma de persecución.

Salmos 71:11

Versículo 11. «Diciendo: Dios lo ha dejado.» ¡Oh amarga burla! No hay peor flecha en todos los carcajes del infierno. Nuestro Señor sintió esta saeta con lengüeta, y no es de extrañar que sus discípulos sientan lo mismo. Si esta exclamación fuera verdad, sería ciertamente un mal día para nosotros; pero, gloria a Dios, es una mentira descarada. «Perseguid y tomadle.» Soltad sobre él los perros de la persecución, apresadlo, acosadlo, porque no hay quien lo libre. Abajo con él, pues no tiene amigos. Es seguro insultarlo, porque nadie vendrá a rescatarlo. ¡Oh jactancias cobardes de un enemigo fanfarrón, cómo herís el alma del creyente! Y solo cuando su fe clama a su Señor puede soportar vuestra crueldad.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 11. Toda clase de angustias están expuestas a los peores juicios errados de mentes malévolas. Los sufrimientos de Cristo produjeron esta burla censuradora: «Líbrele ahora si le quiere» (Mt 27:43). La aflicción de David llevó fácilmente a sus adversarios a concluir que Dios lo había dejado y que no había quien lo librara. Pero en aflicciones de esta naturaleza, donde en especial hay quejas espantosas contra uno mismo, los hombres se dejan arrastrar más fácilmente a ser terminantes en sus juicios faltos de caridad acerca de ellos, porque la aflicción misma es algo rara y propensa a engendrar impresiones horribles, y, además, el desahogo que los afligidos dan lamentándose de su estado, con la esperanza de aliviarse con ello, se toma solo como testimonio contra ellos mismos y como eco indudable de sus verdaderos sentimientos. Richard Gilpin (1625-1700), en «Daemonologia Sacra; or, a Treatise of Satan's Temptations». (En la serie de Nichol de teólogos puritanos.)

Salmos 71:12

Versículo 12. «Oh Dios, no te alejes de mí.» La cercanía de Dios es nuestra seguridad consciente. Un niño en la oscuridad se consuela agarrando la mano de su padre. «Dios mío, acude pronto en mi socorro.» Llamar a Dios nuestro, como quien ha entrado en pacto con nosotros, es un ruego poderoso en la oración y un gran sostén para nuestra fe. El clamor de «apresúrate» ha aparecido muchas veces en esta porción de los Salmos, y fue provocado por la fuerte presión de la aflicción. Los dolores agudos pronto ponen fin a las oraciones dilatorias.

Salmos 71:13

Versículo 13. «Sean avergonzados, consumidos los adversarios de mi alma.» Todo esto será para ellos el ver preservado a tu siervo; su envidia y su malicia, al verse frustradas, los llenarán de una amargura que consume la vida. La derrota de sus planes los dejará perplejos, y quedarán confundidos mientras se preguntan la razón de su caída; los hombres que buscan destruir parecen tan débiles, y su causa tan despreciable, que se llenarán de asombro al verlos no solo sobrevivir a toda oposición, sino incluso superarla. ¡Cuán confundido debió de quedar Faraón cuando Israel se multiplicó a pesar de sus esfuerzos por exterminar la raza! ¡Y cuán consumidos de rabia debieron de verse los escribas y fariseos cuando vieron que el evangelio se extendía de tierra en tierra por los mismos medios que ellos empleaban para destruirlo! «Sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal buscan.» Quiere que su vergüenza se haga visible a todos los ojos, llevándola ellos en sus rubores como un manto. Habrían hecho del creyente un hazmerreír si su Dios lo hubiera abandonado; que la incredulidad y el ateísmo se conviertan, pues, en burla pública en la persona de ellos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 13. Sean avergonzados, etc. Que sean avergonzados ellos, que eran tan malvados que jamás esperaron nada bueno de mí, por la evidencia de las bendiciones que manifiestamente caen sobre mí; y que se consuman, quitado el fundamento de sus ultrajes, como se consume el fuego cuando se retiran los leños. Gerhohus.

Versículo 13. Sean avergonzados, etc. Por la ley del talión (talio), podría haber dicho: "Sé tú adversario de sus almas, y busca su mal". Nada de esto se insinúa: su único deseo es que sean confundidos y se consuman, que se cubran de deshonra y de vergüenza. No busca nada más allá de la frustración de sus intentos, para que empiecen a avergonzarse y no tengan motivo para jactarse de haber salido victoriosos. Musculus.

Versículo 13. La vergüenza nace de los desengaños totales. Si la esperanza demorada causa vergüenza, mucho más la esperanza destruida. Cuando un hombre ve sus esperanzas cortadas del todo, de modo que no puede alcanzar de ningún modo lo que esperaba, la vergüenza se apodera de él con fuerza. Joseph Caryl.

Versículo 13. Los adversarios de mi alma. Que lo odiaban con un odio diabólico, como el diablo odia las almas de los hombres, y que tiene su nombre, Satanás, de la palabra que aquí se usa. Todos los impíos son satanases, llenos de enemistad contra Dios y contra todos los buenos; y tales eran los enemigos de David, rencorosos y malintencionados, y nada los satisfacía sino su vida. John Gill.

Salmos 71:14

Versículo 14. La santa fe del santo perseguido se pone de manifiesto en estos tres versículos. «Mas yo esperaré siempre.» Cuando no puedo gozarme en lo que tengo, miraré hacia adelante, a lo que será mío, y aun así me gozaré. La esperanza vive en un páramo desnudo y canta en una rama cargada de nieve. Ninguna fecha ni lugar es inadecuado para la esperanza. Salvo el infierno, la esperanza habita en todas las regiones. Siempre podemos esperar, porque siempre tenemos motivos para ello; siempre esperaremos, porque es un consuelo que nunca falla. «Y te alabaré más y más.» No era remiso en dar gracias; de hecho, nadie lo fue jamás más diligente; sin embargo, no se contentaba con todas sus alabanzas anteriores, sino que prometió ser cada vez más un adorador agradecido. Cuando las cosas buenas son en nosotros a la vez continuas y progresivas, vamos por buen rumbo. Debemos ser avaros en el hacer el bien, y nuestro lema debe ser "más y más". Aunque no desdeñamos "descansar y dar gracias", no podemos conformarnos con descansar en nuestra gratitud. "Superior", grita el águila mientras se eleva hacia el sol; más alto y todavía más alto es también nuestro propósito, al remontarnos en el deber y en la devoción. Nuestra esperanza continua es que podremos magnificar al Señor cada vez más.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 14. Mas yo esperaré siempre. He aquí, oh Señor, que he orado a ti, y estoy consolado. Así me ha enseñado la esperanza. Estoy alegre, porque en ti he confiado y nunca seré confundido. Volvió la Tristeza, equipada con enorme aparato, pertrechada por todas partes de espadas y lanzas, y con gran clamor asedió mi ciudad. El estrépito de sus jinetes me aterró; y, de pie ante las puertas, mandó callar y habló así en voz alta: "He aquí al hombre que confió en Dios; que dijo: No seré confundido para siempre; que tomó a la esperanza por consoladora". Y, al ver que yo enrojecía con estas palabras, se acercó más y dijo: "¿Dónde están las promesas en que confiabas? ¿Dónde el consuelo? ¿Dónde la liberación? ¿De qué te han servido tus lágrimas? ¿Qué ayuda te han traído del cielo tus oraciones? Has clamado, y nadie te ha respondido; has llorado, ¿y quiénes se han movido a compasión por ti? Has invocado a tu Dios, y él ha callado. Has orado a él, y se ha escondido de ti: no ha venido voz ni sonido alguno... Levántate, pues, y huye a pedir ayuda al hombre, para que te libre de tu prisión". Con estas palabras se levantó en el campamento tal estruendo de armas, tal clamor de hombres y sonar de trompetas, que apenas podía yo mantener el ánimo; y, de no haberme traído socorro mi amada Esperanza, la Tristeza me habría apresado y llevado encadenado a su morada. Viene a mí la Esperanza, resplandeciente de claridad divina, y sonriendo me dijo: "Oh soldado de Cristo, ¿cómo está tu corazón? ¿Qué es esta lucha en tu mente?". Ante estas palabras, comencé a sonrojarme. "No temas", dijo ella, "el mal no te capturará; jamás perecerás. Mira, yo estoy contigo para librarte. ¿No sabes lo que está escrito (Sal 12): `Dijo el necio en su corazón: No hay Dios`? Como una de las mujeres insensatas ha hablado esta Tristeza; jamás podrá persuadirte de que no hay Dios, o de que Dios no ejerce providencia sobre todas las cosas". Girolamo Savonarola. 1452-1498.

Versículo 14. Y yo esperaré siempre, y añadiré (literalmente, añadiré sobre, acumularé, aumentaré) a toda tu alabanza. A toda tu alabanza que he proferido hasta ahora, seguiré todavía añadiendo. Joseph Addison Alexander.

Versículo 14. Esperaré continuamente. Pero, ¿qué esperaba? Aquello por lo que oró en el versículo 9: la preservación de su prosperidad, la presencia y la ayuda de Dios hasta el fin mismo de la vida. Por eso añade continuamente, a perpetuidad, en el tiempo de la vejez, usque ad mortem (hasta la muerte). Hermann Venema.

Versículo 14. Así como la misericordia de Jehová no tiene fin, tampoco debe tenerlo nuestra gratitud. La esperanza del cristiano lo capacita para ser agradecido, aun en la estación oscura de la aflicción. Mrs. Thomson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 14. Véase "Spurgeon's Sermons", n.º 998: "More and More".

Salmos 71:15

Versículo 15. «Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación todo el día.» Hemos de dar testimonio según nos lo permita la experiencia, y no negar a otros lo que hemos gustado y palpado. La fidelidad de Dios al salvarnos, al librarnos de la mano de nuestros enemigos y al cumplir sus promesas, debe ser proclamada en todas partes por quienes la han comprobado en su propia historia. ¡Cuán gloriosamente destaca la justicia en el plan divino de redención! Debería ser el tema de la conversación constante. El diablo se enfurece contra el sacrificio sustitutivo, y los errantes de toda clase hacen de este el punto principal de su ataque; sea nuestro, pues, amar la doctrina y difundir sus buenas nuevas por todas partes y en todo tiempo. Las bocas nunca se emplean con tanto provecho como al referir la justicia de Dios revelada en la salvación de los creyentes en Jesús. El predicador que se limitara a este solo tema nunca necesitaría buscar otro: es la medulla theologae (la médula de la teología), el meollo mismo de la verdad revelada. ¿Ha callado nuestro lector sobre este tema escogido? Instémoslo, entonces, a contar fuera lo que disfruta dentro: no hace bien quien guarda para sí tales buenas nuevas. «Aunque no sé su número.» Conocía su dulzura, su seguridad, su gloria y su verdad; pero en cuanto a la cuenta completa de su plenitud, su variedad y su suficiencia, sentía que no podía alcanzar la altura del gran argumento. Señor, donde no puedo contar, creeré; y cuando una verdad supera toda numeración, me entregaré a la admiración. Cuando David habló de sus enemigos, dijo que eran más numerosos que los cabellos de su cabeza; tenía, pues, alguna idea de su número y halló una figura apropiada para expresarlo; pero, tratándose de las misericordias del pacto del Señor, declara: "No sé su número", y no se aventura a comparación alguna. A las criaturas pertenecen el número y el límite; a Dios y a su gracia, ninguno de los dos. Podemos, por tanto, seguir proclamando su gran salvación todo el día, porque el tema es del todo inagotable.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 15. La justicia de Dios, aquí mencionada, incluye no solo la rectitud de su naturaleza y la equidad de sus procedimientos, sino también aquella justicia eterna que su Hijo ha traído para nuestra justificación. La justicia y la salvación de Dios van aquí unidas; que nadie piense, pues, separarlas, ni esperar la salvación sin la justicia. Mrs. Thomson.

Versículo 15. No sé su número. David comenzó su aritmética, en Sal 71:14, con la suma: "Te alabaré más y más"; pero queda claramente vencido en esta primera regla de la matemática sagrada. Le falla el cálculo; la mera enumeración de las misericordias del Señor abruma su mente, y confiesa su insuficiencia. Calcúlese por el tiempo, por el lugar o por el valor, y la salvación de Dios desafía todo poder de estimación. C. H. S.

Sugerencias para el predicador

Versículo 15.

(a) Referir los ejemplos de la fidelidad divina en sus liberaciones.

(b) Referirlos públicamente: Mi boca, etc.

(c) Constantemente: Todo el día.

Salmos 71:16

Versículo 16. «Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor.» Nuestros traductores dan un buen sentido, pero no el sentido de este lugar, que es este: "Vendré con los hechos poderosos del Señor Jehová". Entraría en esos hechos mediante el estudio admirativo y luego, dondequiera que fuese, seguiría refiriéndolos. Bienvenido ha de ser siempre el huésped que puede hablarnos de los actos poderosos del Señor y ayudarnos a confiar en él. La versión autorizada (inglesa, "Iré en la fuerza del Señor Dios") puede servirnos como propósito en todos nuestros esfuerzos y empresas. En nuestra propia fuerza hemos de fracasar; pero, cuando oímos la voz que dice: "Ve con esta tu fuerza", podemos avanzar sin temor. Aunque el mismo infierno estuviera en el camino, el creyente seguiría la senda del deber, clamando: Iré en la fuerza del Señor Dios. «Haré memoria de sólo tu justicia.» La justicia del hombre no es digna de mencionarse: los trapos de inmundicia se ocultan mejor; ni hay justicia bajo el cielo, ni en el cielo, comparable a la divina. Así como Dios mismo llena todo el espacio y por eso es el único Dios, sin dejar lugar a otro, así la justicia de Dios en Cristo Jesús llena el alma del creyente, y este tiene todo lo demás por basura y estiércol, "para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe". ¿De qué serviría hablar de otra justicia a un moribundo? Y todos somos moribundos. Que quienes quieran exalten la inocencia natural del hombre, la dignidad de la raza, la pureza de los filósofos, la amabilidad de los salvajes sin instrucción, el poder de los sacramentos y la infalibilidad de los pontífices; esta es la resolución inconmovible del verdadero creyente: "Haré memoria de sólo tu justicia". Para siempre dedicada a ti, Señor mío, sea esta pobre e indigna lengua, cuya gloria será glorificarte.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 16. Vendré. La palabra ir debe tomarse aquí en el sentido de ir a la batalla contra los enemigos. Esto, dice, lo hará, confiando no en su propio poder sino en el del Señor, con el corazón encendido por el recuerdo de la justicia de Dios. Así dice en otro lugar: "Éstos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria". Musculus.

Versículo 16. Iré en la fuerza del Señor. El ministro va así cuando realiza esta fuerza y depende de ella. En esta fuerza va por la senda de la comunión con Dios, a los campos de combate, a la intimidad de la vida doméstica y a todos los caminos de la vida activa. Su gloria está en la justicia de Cristo; y la menciona a Dios como fundamento de su confianza, a sí mismo como fuente de sus consuelos, y a otros como esperanza de salvación. Sustancia de un sermón de James Sherman, el primero que predicó tras su instalación en Surrey Chapel, 4 de septiembre de 1836.

Versículo 16. La fuerza del Señor Dios. El poder de Dios se expresa en plural para mostrar su grandeza, que es como una guarnición para el creyente. John Gill.

Versículo 16. La expresión ir en, o con las fuerzas de Dios, no nos enseña que iría por medio de ellas, con su ayuda y asistencia, como muchos han pensado, primero, porque la palabra se usa para significar los hechos ilustres y poderosos de Dios; segundo, porque denota el tema de la alabanza; sino que ir con la fuerza de Jehová, como debe traducirse... es ir como ceñido con sus pasadas obras de poder, ceñido de ellas como con la materia de la alabanza. Hermann Venema.

Sugerencias para el predicador

Versículo 16.

Salmos 71:17

Versículo 17. «Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud.» Era un consuelo para el salmista recordar que desde sus primeros días había sido discípulo del Señor. Nadie es demasiado joven para ser enseñado por Dios, y los alumnos más aprovechados son los que empiezan temprano. «Y hasta ahora he manifestado tus maravillas.» Había aprendido a decir lo que sabía; era un alumno-maestro; siguió aprendiendo y declarando, y no renunció a su primer Maestro; este también era su consuelo, pero es uno que no podrán disfrutar quienes han sido seducidos y sacados de la escuela del evangelio hacia los diversos colegios de la filosofía y del escepticismo. Hace mucha falta un santo conservadurismo en estos días, en que los hombres abandonan las luces antiguas por las nuevas. Nos proponemos tanto aprender como enseñar las maravillas del amor redentor, hasta que podamos descubrir algo más noble o que satisfaga más el alma; por eso esperamos que nuestras cabezas canas se hallen en el mismo camino que hemos recorrido desde nuestra juventud imberbe.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 17. Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud. ¿De dónde venía que David tuviera "más entendimiento que los viejos"? (Sal 119:100). Tenía un Padre que lo enseñaba; Dios era su instructor. Muchos hijos de Dios se quejan de ignorancia y torpeza; recuerda esto: tu Padre será tu maestro; ha prometido dar "su Espíritu para que te guíe a toda la verdad" (Jn 16:13); y Dios no solo informa el entendimiento, sino que inclina la voluntad; no solo nos enseña lo que debemos hacer, sino que nos capacita para hacerlo. (Ez 36:27): "Haré que andéis en mis estatutos". ¡Qué privilegio glorioso es tener la estrella de la palabra que nos señala a Cristo, y el imán del Espíritu que nos atrae! Thomas Watson.

Versículo 17. Me enseñaste desde mi juventud. Si me preguntáis cuáles fueron los caminos por los que David fue enseñado, yo podría preguntaros cuáles no lo fueron... Dios lo enseñó con su cayado de pastor; y con la vara y el cetro de un rey lo enseñó. Lo enseñó con los gritos de la multitud: "Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles"; y lo enseñó tanto, si no más, con el desprecio que halló en la corte de los filisteos. Lo enseñó con las flechas de Jonatán, lanzadas en amistad; y lo enseñó con la lanza de Saúl, lanzada contra su vida. Lo enseñó con la infidelidad de Abiatar y la infidelidad aun de su fiel Joab; y lo enseñó con la fidelidad de Abisai y la fidelidad de Mefi-boset; y permitidme añadir que también con la rebelión de Absalón y el egoísmo de Adonías; todos fueron medios con que el Señor enseñó a este su siervo. Y tened por cierto, los que estáis bajo su enseñanza, que no hay nada en vuestras vidas por lo que él no pueda enseñaros: por los consuelos y por las cruces, por vuestras heridas y vuestras curaciones, por lo que da y por lo que quita. Hace desaprender a su hijo para poder enseñarle; le muestra su necedad para hacerlo sabio; lo despoja de su vana confianza para darle fuerza; le hace saber que no es nada, para mostrarle que tiene todo en el Señor, en Jesús, su Amado. James Harrington Evans.

Versículo 17. Me enseñaste desde mi juventud. La juventud necesita un maestro para abrazar la virtud. Dice Séneca: La virtud es cosa difícil para la juventud; necesita un regidor y guía; los vicios se adquieren sin maestro. Cuán propenso fue en su niñez y juventud a los vicios, podemos verlo en el Salmo 25: "De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes". Jerónimo, en su Epístola a Nepociano, dice: "Como el fuego en la leña verde se ahoga, así la sabiduría en la juventud, estorbada por las tentaciones y la concupiscencia, no despliega su brillo, a menos que con duro trabajo, constante aplicación y oración se rechacen interiormente los incentivos de la juventud". De ahí que casi todas las naciones hayan provisto maestros buenos y sabios para los jóvenes. Entre los espartanos se elegía a uno de entre los magistrados y senadores como paidonomos, rector de los muchachos... En Atenas había doce hombres llamados Sophronistae, elegidos por los sufragios de todas las tribus, para moderar las costumbres de la juventud... Dios es el maestro de sus siervos. Platón dice, oiden einai yeioteron, que no hay nada más divino que la educación de los niños. De Dios Padre, o de toda la Trinidad, dice Ana, la madre de Samuel, en 1 S 2:3: "Jehová es el Dios de todo saber" (Scientiarum, Vulg.); es decir, como lo tiene el caldeo, él lo sabe todo... Sócrates dice que él es la mente del universo. Sin él, pues, todos están demenciados; pero con él, y por medio de él, en un solo instante se vuelven sabios. Filón, en su tratado del sacrificio de Caín y Abel, dice que los maestros no pueden llenar la mente de sus alumnos como quien vierte agua en una vasija; pero cuando Dios, fuente de sabiduría, comunica el conocimiento al género humano, lo hace sin demora, en un abrir y cerrar de ojos... «La unción misma os enseñará todas las cosas.» 1 Jn 2:27. Thomas Le Blanc.

Versículo 17. Desde mi juventud. ¿Es tan gran "corona de gloria" el ser hallado anciano en los caminos de la justicia? Empezad, pues, a ser piadosos temprano; para que, si vivís en este mundo, tengáis esta corona puesta sobre vuestras cabezas cuando seáis ancianos; porque ¿no os es mejor ser plantas de la casa de Dios que hierbas sobre el muladar? Los impíos no son sino como hierbas sobre un muladar, pero vosotros, los piadosos, sois como plantas en el huerto mismo de Dios. En Ro 16:7 hallamos que Andrónico y Junias son elogiados porque estuvieron en Cristo antes que Pablo: "Fueron antes de mí en Cristo". Es cosa honrosa estar en Cristo antes que otros; esto es honroso cuando sois jóvenes; y luego seguir adelante en los caminos de la piedad todo vuestro tiempo joven, y así en la edad madura, hasta que lleguéis a ser ancianos. Jeremiah Burroughs.

Versículo 17. Maravillas. Observa que llama maravillas a la bendición del auxilio divino recibido tantas veces en la aflicción. Con esta expresión nos muestra con cuán graves peligros fue zarandeado, y luego cómo había sido arrebatado de ellos por la mano de Dios, contra la expectativa de todos. Por eso Dios es maravilloso entre sus santos. A esto tienden las adversidades de los santos: a que muestren en ellos las obras maravillosas de Dios. Musculus.

Versículos 17-18. La integridad de nuestros corazones y caminos, en anteriores andanzas tras Dios y servicio a Dios, puede alegarse por la fe en Cristo, como en toda nuestra justificación. Véase también Is 38:3 y Sal 119:10. El Señor mismo lo toma como motivo para mostrar misericordia a su pueblo (Is 63:8; Jer 2:2); solo que debemos usar este argumento más raramente y con moderación, de manera abnegada, en la fe en la justicia de Cristo, hecha nuestra. Thomas Cobbet.

Sugerencias para el predicador

Versículo 17. Oh Dios, me enseñaste. Solo Dios puede enseñarnos por experiencia; y las lecciones que enseña son siempre útiles e importantes. Enseña a todos sus alumnos a conocerse a sí mismos: su depravación, su pobreza y su esclavitud. Les enseña su ley: su pureza, sus exigencias y su castigo. Les enseña su evangelio: su plenitud, su gratuidad y su sensatez. Les enseña a conocerlo a él: como un Dios reconciliado, como su Padre y fiel amigo. Su enseñanza va acompañada de poder y autoridad. Podemos reconocer la enseñanza divina por sus efectos: siempre produce humildad (se sientan a sus pies); dependencia de él; aborrecimiento del pecado; amor a Dios como maestro; obediencia a las lecciones enseñadas; sed de mayores logros; y nos lleva diariamente a Jesús. James Smith.

Salmos 71:18

Versículo 18. «Y aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares.» Hay algo conmovedor en la vista de los cabellos blanqueados por las nieves de muchos inviernos: el viejo y fiel soldado recibe consideración de su rey, el venerable siervo es amado por su amo. Cuando se multiplican nuestras flaquezas, podemos esperar con confianza mayores privilegios en el mundo de la gracia, que compensen lo que se estrecha nuestro alcance en el campo de la naturaleza. Nada hará que Dios abandone a quienes no lo han abandonado. Nuestro temor es que lo haga; pero su promesa besa ese temor hasta acallarlo. «Hasta que anuncie tu poder a la posteridad.» Deseaba continuar su testimonio y completarlo; tenía en cuenta a los jóvenes y a los niños que lo rodeaban y, sabiendo la inmensa importancia de educarlos en el temor de Dios, anhelaba darles a conocer a todos el poder de Dios para sostener a su pueblo, a fin de que también ellos fueran guiados a andar por fe. Se había apoyado en el brazo omnipotente y podía hablar por experiencia de su todo suficiencia, y anhelaba hacerlo antes de que la vida llegara a su fin. «Y tu potencia a todos los que han de venir.» Dejaría un registro que leyeran las edades por nacer. Pensaba que el poder del Señor era tan digno de alabanza que haría resonar con él las edades hasta que el tiempo ya no fuera más. Para esto viven los creyentes, y deben cuidarse de trabajar con celo en el cumplimiento de esta su obra más propia y necesaria. Bienaventurados los que desde la juventud empiezan a proclamar el nombre del Señor y no cesan hasta que su última hora trae su última palabra para su divino Maestro.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 18. Y aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares. Dios exalta la gracia que perdona en algunos más, y en otros la que santifica; es el Dios de gracia. Esos barcos que han estado en largas travesías por el mar, tres o cuatro años fuera, han pasado por climas cálidos y fríos, han cruzado una y otra vez la línea equinoccial, y han atravesado muchas dificultades y grandes tormentas, y aun así se han mantenido vivos en el mar, como dicen ellos, cuando se encuentran unos con otros en el mar cerca del puerto, ¡cómo se felicitarán! Y los viejos discípulos deberían hacerlo, porque Dios ha mantenido viva la gracia en sus almas. Y os pregunto: ¿cuántos miles de barcos habéis visto naufragar ante vuestros ojos? ¿Cuántos han hecho "naufragio en cuanto a la fe y a una buena conciencia", como dice el apóstol? Tal y cual profesión que ha caído en tal y cual error condenable, o en opiniones y enseñanzas falsas, aunque todas de menor importancia; otros que han dado en los arenales movedizos de los cargos mundanos, y muchos que se han estrellado contra las rocas, y vosotros, sin embargo, habéis sido guardados. Esto debería moveros a bendecir más a este vuestro Dios, el Dios de gracia. Vamos, déjame llamar a vuestros corazones; ¿no hay entre vosotros viejos profesantes, como viejas encinas huecas, que siguen en el bosque entre los profesantes, y mantienen su puesto de profesión, y asisten a las ordenanzas, etc.; pero la "lluvia que beben", como dice la palabra del apóstol, no les sirve para otra cosa que para pudrirlos? "Están próximos a ser maldecidos". ¿O tenéis todavía frutos verdes creciendo en vosotros, como afectos tan vivos y animados hacia Dios y Cristo, y fe y amor, como al principio, y más abundantes? Bendecid a Dios porque estáis tan cerca del puerto, y alzad vuestros corazones, que vuestra redención está cerca; y, a la vez, afirmad vuestra confianza de que ese Dios de gracia, que os ha llamado a su gloria eterna, os guardará para ella y os dará posesión de ella en breve. Thomas Goodwin.

Versículo 18. No me desampares, hasta que, etc. La apostasía en la vejez es terrible. El que sube casi hasta lo alto de una torre y luego resbala hacia atrás, tiene la caída mayor. El enfermo casi recuperado, con una recaída está más gravemente enfermo. Hubo estrellas derribadas del cielo por la cola del dragón (Ap 12:4); más les habría valido no haberse posado tan alto. El lugar donde los israelitas cayeron en aquella gran necedad con las hijas de Moab fue en la llanura, a la vista de la Tierra Santa; veían su heredad, y sin embargo no llegaron a ella. Tan lamentable es que los ancianos caigan cerca de la entrada misma del cielo, como el viejo Elí en su indulgencia (1 S 2); el viejo Judá en su incesto (Gn 38); el viejo David con Betsabé; el viejo Asa confiando más en los médicos que en Dios (2 Cr 16:12); y el viejo Salomón edificó los lugares altos. Algunos han andado como querubines en medio de las piedras de fuego, y sin embargo han sido arrojados como profanos del monte de Dios. Ez 28:14, 16. Así el marino cruza todo el océano y naufraga en el puerto. El trigo promete a menudo una cosecha abundante en la hoja, y mengua en la espiga. Habéis visto árboles cargados de flores que, en la estación de la expectativa, no dan fruto. Una comedia que se sostiene bien muchas escenas y termina cojeando en el último acto, no halla aplauso. Acordaos de la mujer de Lot (Lc 17:32): pensad en aquella columna de sal, para que os sazone. Thomas Adams.

Versículo 18. Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, etc. ¿Se pueden hallar mejores predicadores de las obras de Dios que los padres encanecidos en el círculo de sus hijos, o los abuelos en el de sus nietos? Augustus F. Tholuck.

Versículo 18.

Abrumado por los años, desgastado por las penas,

abatido, acosado, enfermo, desamparado,

a ti, oh Dios, oro;

a ti se alzan mis manos marchitas,

a ti levanto estos ojos que se apagan:

¡Ah, no me deseches!

Tu misericordia oyó mi oración de niño;

tu amor, con todo el cuidado de una madre,

sostuvo mis días infantiles;

tu bondad veló mi juventud en sazón,

y formó mi corazón para amar tu verdad,

y llenó mis labios de alabanza.

¡Oh Salvador! ¿Ha menguado tu gracia?

¿Pueden los años afectar la Mente Eterna,

o el tiempo destruir su amor?

Mil siglos pasan ante tu vista,

y todo su largo y fatigoso vuelo

se ha ido como el día de ayer.

Entonces, aun en la vejez y el dolor, tu nombre

seguirá inflamando mi corazón lánguido

y doblará mi rodilla vacilante:

¡Ah, todavía este pecho siente el fuego,

esta mano temblorosa y esta lira caída

tienen aún una melodía para ti!

Sí, quebrada, desafinada aún, oh Señor,

esta voz, transportada, registrará

tu bondad probada por tanto tiempo;

hasta que, hundiéndose lentamente, con suave declive,

sus débiles murmullos se disuelvan

en el canto de un serafín. —Sir Robert Grant.

Sugerencias para el predicador

Versículo 18. El testimonio peculiar de la ancianidad piadosa: en qué se basa, a quién debe dirigirse y qué podemos esperar de él.

Salmos 71:19

Versículo 19. «Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso.» Muy sublime, insondable, exaltado y glorioso es el carácter santo de Dios y su manera de hacer justos a los hombres. Su plan de justicia levanta a los hombres desde las puertas del infierno hasta las mansiones del cielo. El evangelio es una doctrina elevada, da una experiencia elevada, conduce a una práctica elevada y termina en una felicidad elevada. «Tú has hecho grandes cosas.» Las hazañas de otros son meros juegos de niños comparadas con las tuyas, y no son dignas de mencionarse en la misma época. La creación, la providencia, la redención son únicas, y nada puede compararse con ellas. «Oh Dios, ¿quién como tú?» Como tus obras son tan trascendentes, así eres tú. No tienes par, ni siquiera segundo, y tales son tus obras, y tal, especialmente, tu plan de justificar a los pecadores por la justicia que tú has provisto. La adoración es un estado de ánimo adecuado para el creyente. Cuando se acerca a Dios, entra en una región donde todo es sobremanera sublime; abundan por todas partes los milagros de amor y las maravillas de justicia y gracia entremezcladas. Un viajero por los altos Alpes se siente a menudo abrumado de temor entre sus asombrosas sublimidades; mucho más sucede esto cuando contemplamos las alturas y profundidades de la misericordia y la santidad del Señor. Oh Dios, ¿quién como tú?

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 19. Oh Dios, ¿quién como tú? Sea en grandeza o en bondad, en poder o en misericordia, en justicia, verdad y fidelidad; en las perfecciones de su naturaleza o en las obras de sus manos; y para ser alabado, reverenciado y adorado, tal como es. John Gill.

Versículo 19. ¡Quién como tú! Krmk ym, Mi camocha. Dios es único: ¿quién puede parecérsele? Es eterno; no puede tener ninguno antes, ni puede haber ninguno después; porque, en la unidad infinita de la trinidad, es aquel Ser eterno, ilimitado, indivisible, incomprensible, no compuesto, inefable, cuya esencia está oculta a todas las inteligencias creadas, y cuyos consejos no puede escrutar ninguna criatura que su propia mano pueda formar. "¡QUIÉN COMO TÚ!" suscitará el asombro, la admiración, la alabanza y la adoración de ángeles y hombres por toda la eternidad. Adam Clarke.

Sugerencias para el predicador

Versículo 19. Podría elaborarse instructivamente un sermón sobre "las cosas altas de Dios".

Salmos 71:20

Versículo 20. «Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida.» He aquí la inferencia de la fe a partir de la infinita grandeza del Señor. Ha sido fuerte para herir; será también fuerte para salvar. Me ha mostrado muchas pruebas pesadas y severas, y me mostrará también muchas y preciosas misericordias. Casi me ha matado, y pronto me reanimará; y aunque he estado casi muerto y sepultado, me dará una resurrección y me hará subir de nuevo de lo profundo de la tierra. Por muy bajo que el Señor permita que nos hundamos, fijará un límite al descenso, y a su debido tiempo nos hará subir otra vez. Aun cuando estemos tendidos en el sepulcro, la misericordia está en que no podemos bajar más, sino que desandaremos el camino y subiremos a tierras mejores; y todo esto porque el Señor es siempre poderoso para salvar. Un dios pequeño nos fallaría, pero no Jehová el Omnipotente. Es seguro apoyarse en él, pues sostiene las columnas tanto del cielo como de la tierra.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 20. Volverás a darme vida, etc. Aquí Jerónimo triunfa sobre los judíos, desafiándolos a mostrar cuándo se verificó esto en David, pues nunca estuvo muerto y vivificado de nuevo; y por tanto, esto debe exponerse necesariamente de él, como aquello del Salmo 16: "No dejarás mi alma en el Seol"; y a "lo profundo de la tierra" responden aquí aquellas palabras de Ef 4:9: "Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?". Sin embargo, esto puede aplicarse también a David, entendido figuradamente, como un lenguaje semejante de Ana, 1 S 2. John Mayer.

Versículo 20. Y de nuevo me levantarás, etc. Es una alusión a los hombres que han caído desdichadamente en un hondo pozo de agua. El sentido es: Me sacarás del extremo peligro en que estoy sumergido y en el cual perecería sin tu ayuda. Thomas Fenton.

Sugerencias para el predicador

Versículo 20.

Salmos 71:21

Versículo 21. «Aumentarás mi grandeza.» Como rey, David crecía en influencia y poder. Dios hizo grandes cosas para él y por medio de él, y esta es toda la grandeza que desean los creyentes. Ojalá tengamos fe en Dios como la que estas palabras demuestran. «Y volverás a consolarme.» Así como estábamos rodeados de aflicciones, así estaremos circundados de consuelos. Desde arriba y desde todo alrededor vendrá la luz para disipar nuestra anterior lobreguez; el cambio será grande, en verdad, cuando el Señor vuelva a consolarnos. He aquí el voto final de alabanza.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 21. Grandeza que crece con el consuelo, y consuelo que crece con la grandeza; muy raras veces van unidos. George Rogers.

Salmos 71:22

Versículo 22. «Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio.» Un amor tan asombroso reclama la más dulce alabanza. David daría su mejor música, vocal e instrumental, al Mejor de los Maestros. Su arpa no callaría, ni su voz. «Tu verdad, oh Dios mío.» Este es siempre un atributo encantador: la verdad o fidelidad de nuestro Dios del pacto. En ella descansamos, y de ella sacamos ríos del más rico consuelo. Sus promesas son seguras, su amor inalterable, su veracidad indiscutible. ¿Qué santo no lo alabará al recordar esto? «Cantaré yo a ti en el arpa, oh Santo de Israel.» He aquí un nombre nuevo y, por decirlo así, un cántico nuevo. El Santo de Israel es un nombre a la vez elevado y entrañable, lleno de enseñanza. Resolvamos honrarlo por todos los medios a nuestro alcance. He aquí el voto final de alabanza.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 22. Con salterio... con arpa. Había en ellos un significado típico; y por esta causa no solo son rechazados y condenados por todo el ejército de teólogos protestantes, como, por ejemplo, Zuinglio, Calvino, Pedro Mártir, Zepper, Pareo, Willet, Ainsworth, Ames, Calderwood y Cotton, que a una sola voz testifican contra ellos, afirmando la mayoría expresamente que son parte de la pedagogía legal abrogada; de modo que igual podríamos volver a poner en uso el incienso, las velas, los sacrificios, las lunas nuevas, la circuncisión y todas las demás sombras de la ley. Pero el mismo Aquino, aunque escolástico papista, alega contra ellos por la misma razón, quia aliquid figurabant (porque figuraban algo), y dice que la Iglesia en su tiempo no los usaba, ne videatur judaizare (para que no parezca judaizar). Samuel Mather, sobre "The Types".

Versículo 22. Salterio... arpa. Supongamos que cantar con instrumentos no fuera típico, sino solo una solemnidad externa del culto, adecuada para el solaz de los sentidos exteriores de niños menores de edad, como lo eran los israelitas en el Antiguo Testamento (Gá 4:1-3); sin embargo, ahora, en la edad adulta de los herederos del Nuevo Testamento, tales solemnidades externas y pomposas han cesado, y no se reserva más culto externo que el que expresa sencillez y gravedad; ni ha de oírse ahora en la iglesia de Cristo otra voz que la significativa y edificante por su significado (1 Co 14:10-11, 26), lo cual no es la voz de los instrumentos. John Cotton, 1585-1652.

Versículo 22. Santo de Israel. Este nombre de Dios aparece en los Salmos solo en otros dos lugares, Sal 78:41 y 89:18, siendo estos dos últimos, según Delitzsch, salmos más antiguos que este. En Isaías este nombre de Dios aparece treinta veces; en Habacuc una vez; en Jeremías (que pudo adoptarlo de Isaías) dos veces (Jer 50:29; 51:5). J. J. Stewart Perowne.

Sugerencias para el predicador

Versículo 22. Un tema escogido para el canto: "tu verdad", que puede significar la verdad doctrinal o el atributo de la fidelidad, su manifestación en la historia y en nuestra propia experiencia.

Versículos 22-23.

Salmos 71:23

Versículo 23. «Mis labios se alegrarán cuando cante a ti.» No será para mí fatiga alabarte. Será una recreación deliciosa, un solaz, un gozo. La esencia del canto está en el santo gozo del cantor. «Y mi alma, la cual redimiste.» El canto del alma es el alma del canto. Mientras los hombres no son redimidos, son como instrumentos desafinados; pero cuando la sangre preciosa los ha puesto en libertad, entonces están en condiciones de magnificar al Señor que los compró. El haber sido comprados por precio es razón más que suficiente para que nos dediquemos al culto ferviente de Dios nuestro Salvador. He aquí el voto final de alabanza.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 23. Mis labios; mi alma. Los hipócritas alaban a Dios solo con los labios; pero David une el alma a los labios. William Nicholson.

Versículo 23. Mucho. Mira cómo se repite la palabra grande. Grandes cosas hechas, Sal 71:19; grandes angustias mostradas, Sal 71:20; grandeza aumentada, Sal 71:21; y gran regocijo como consecuencia, en Sal 71:23. En un gran Dios que hace grandes cosas, es justo regocijarse mucho. C. H. S.

Salmos 71:24

Versículo 24. «Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día.» Hablaré conmigo mismo, y contigo, Dios mío, y con mis semejantes: mi tema será tu manera de justificar a los pecadores, la gloriosa manifestación de tu justicia y de tu gracia en tu amado Hijo; y este tema novísimo e inagotable estará siempre conmigo, desde la salida del sol hasta su puesta. Otros hablan de sus amados, y a ellos se les hará oír del mío. Me volveré un hablador incesante, mientras este asunto esté en mi corazón, pues en toda compañía este tema vendrá a propósito. «Por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban.» Como en muchos otros salmos, las estrofas finales hablan como de un hecho cumplido de lo que en los versículos anteriores solo se pedía. La fe cree que tiene lo que pidió, y lo tiene. Ella es la sustancia de las cosas que se esperan, una sustancia tan real y tangible que hace cantar al alma gozosa. Ya el pecado, Satanás y el mundo están vencidos, y la victoria es nuestra.

"Pecado, Satanás, Muerte aparecen

para acosar y aterrar:

mas, estando cerca el Señor bondadoso,

retroceden y caen."

"Los encontramos cara a cara,

bendecidos por la conquista de Jesús;

marchamos en el triunfo de su gracia,

derechos hacia nuestro reposo."

Sugerencias para el predicador

Versículo 24. Cómo hacer que la conversación familiar sea edificante y útil.

OBRA SOBRE EL SALMO SETENTA Y UNO

Hieronymi Savonarolae Ferrariensis Meditationes in Psalmos —Miserere —In Te Domine Speravi, et Qui Regis Israel (12mo. Leyden: 1633).

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.