El tesoro de David · Charles H. Spurgeon

Salmo 78: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)

Resumen del capítulo

Título

Masquil de Asaf. Con razón se titula este un salmo instructivo. No es una simple recapitulación de acontecimientos importantes de la historia israelita, sino que debe verse como una parábola que presenta la conducta y la experiencia de los creyentes de todas las épocas. Es una singular prueba de la torpeza de entendimiento de muchos profesantes el que objeten a los sermones y exposiciones sobre las partes históricas de la Escritura, como si no contuvieran enseñanza en materias espirituales: si tales personas estuvieran verdaderamente iluminadas por el Espíritu de Dios, percibirían que toda la Escritura es provechosa, y se sonrojarían de su necedad al menospreciar cualquier porción del volumen inspirado.

División

La unidad se mantiene bien de principio a fin, pero para comodidad del lector podemos notar que Sal 78:1-8 puede considerarse un prefacio, que expone el propósito del salmista en el poema épico que compone. Desde Sal 78:9-41 el tema es Israel en el desierto; luego interviene un relato de la bondad anterior del Señor hacia su pueblo al sacarlo de Egipto con plagas y maravillas, Sal 78:42-52. La historia de las tribus se reanuda en Sal 78:53 y continúa hasta Sal 78:66, donde llegamos al tiempo del traslado del arca a Sión y del paso del liderazgo de Israel de Efraín a Judá, que se refiere en canto desde Sal 78:67-72.

Sobre Israel en el desierto

«Las peregrinaciones de los hijos de Israel.» Por el difunto Rev. GEORGE WAGNER, 1862.

«La Iglesia en el desierto.» Por WILLIAM SEATON. En dos volúmenes. 1821.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Todo el salmo. Este salmo parece haber sido ocasionado por el traslado del santuario de Silo, en la tribu de Efraín, a Judá, y por el traspaso coincidente de la preeminencia en Israel de la primera tribu a la segunda, como lo muestra con claridad el establecimiento de David como cabeza de la iglesia y de la nación. Aunque esto fue la ejecución del propósito de Dios, el autor muestra aquí que procedió también del juicio divino sobre Efraín, bajo cuyo liderazgo el pueblo había manifestado el mismo carácter pecaminoso y rebelde que había distinguido a sus antepasados en Egipto. B. M. Smith, en "The Critical and Explanatory Pocket Bible," 1867.

Sugerencias para el predicador

Versículos 59-72.

Salmos 78:1

Versículo 1. «Escucha, pueblo mío, mi ley.» El bardo inspirado llama a sus compatriotas a prestar atención a su enseñanza patriótica. Naturalmente esperamos que la nación escogida de Dios sea la primera en escuchar su voz. Cuando Dios da lengua a su verdad y envía a sus mensajeros preparados para proclamar su palabra con poder, lo menos que podemos hacer es darles nuestros oídos y la obediencia sincera de nuestros corazones. ¿Hablará Dios, y sus hijos se negarán a oír? Su enseñanza tiene fuerza de ley: rindámosle oído y corazón. «Inclinad vuestros oídos a las palabras de mi boca.» Presten atención sincera, inclinen sus duras cervices, inclínense hacia adelante para captar cada sílaba. Nosotros, hoy, como lectores de los registros sagrados, estamos obligados a estudiarlos a fondo, explorando su significado y esforzándonos por poner en práctica su enseñanza. Como el oficial de un ejército comienza el ejercicio llamando a «¡Atención!», así todo soldado adiestrado de Cristo es llamado a prestar oído a sus palabras. Los hombres prestan oído a la música; ¡cuánto más deberían escuchar las armonías del evangelio! Se sientan embelesados ante un orador; ¡cuánto más deberían rendirse a la elocuencia del cielo!

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 1. «Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestros oídos.» Inclinar el oído no denota una manera cualquiera de oír, sino la que un discípulo presta a las palabras de su maestro, con sumisión y reverencia de ánimo, callado y atento, para que todo lo que se enuncia con fines de instrucción sea oído y debidamente entendido, y no se deje escapar nada. Es oyente de otra índole el que oye con descuido, no para aprender ni para imitar, sino para criticar, para divertirse, para dar rienda suelta a la animosidad o para matar el tiempo. Musculus.

Versículo 1. «Inclinad vuestros oídos.» Pónganlos junto a mis labios, para que ni una partícula de este lenguaje sagrado caiga al suelo por culpa de ustedes. John Trapp.

Versículo 1. «A las palabras de mi boca.» ¿No bastaba, para el paralelismo, decir «a mis palabras»? Evidentemente. ¿Por qué, entonces, se menciona la boca? Porque quienes pueden prescribir leyes a sus súbditos son también los que desdeñan dirigírseles con su boca. Tal es la costumbre de reyes, príncipes y pontífices, romanos y otros. Pues cuanto más alto sube cada uno en dignidad, menos le parece digno de él hablar al pueblo, enseñarle e instruirle de viva voz. Piensan que nada deben al pueblo, sino que están del todo ocupados en ser admirados como príncipes y así conservar cierta majestad secular de mando. Pero enseñar al ignorante con la propia boca es una singular prueba de amor y de afecto paternal, como conviene al maestro, al pastor y al instructor. Esto lo empleó Cristo constantemente, porque lo movía un afecto paternal hacia las ovejas perdidas, y vino como pastor a buscarlas. Rechazó, pues, la manera de los príncipes terrenales y se revistió de esa costumbre paternal que conviene al pastor y maestro, yendo de lugar en lugar y abriendo su boca para instruir. Véase Mateo 5. Con razón, pues, el profeta no se contentó con decir «Escucha, pueblo mío, mi ley»: añade «Inclinad vuestros oídos a las palabras de mi boca». Así indica que iba a dirigirse a ellos y a instruirlos con afecto paternal. Musculus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1. El deber de atender a la palabra de Dios. Modos de descuidar el deber; maneras de cumplirlo; razones para obedecer; males de la desatención.

Salmos 78:2

Versículo 2. «Abriré mi boca en proverbios.» Las analogías no solo deben imaginarse, sino que Dios quiso que se rastrearan entre la historia de Israel y la vida de los creyentes. Israel fue destinado a ser un tipo; las tribus y sus marchas son alegorías vivas trazadas por la mano de una providencia infinitamente sabia. Las personas no espirituales pueden burlarse de fantasías y misticismos, pero Pablo habló bien cuando dijo «lo cual es una alegoría», y Asaf habló acertadamente en este caso cuando llamó a su narración una «parábola». Que tal era su intención resulta claro de la cita: «Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo». Mt 13:34-35. «Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos»; enigmas de la antigüedad, acertijos de antaño. La mente del poeta profeta estaba tan llena de saber antiguo que lo derramó en un copioso torrente de canto, mientras bajo la corriente desbordada yacían perlas y gemas de verdad espiritual, capaces de enriquecer a quienes pudieran sumergirse en las profundidades y sacarlas. La letra de este canto es preciosa, pero el sentido interior no tiene precio. Mientras que el primer versículo pedía atención, el segundo justifica la petición insinuando que el sentido exterior oculta un sentido interior y escondido, que solo los reflexivos podrán percibir.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 2. Parábola. Dichos oscuros. lvm, un discurso o dicho con autoridad y peso. El término hebreo se corresponde casi exactamente con el griego kuriai doxai, es decir, sentencias o máximas con autoridad, o dichos de peso, que expresan o implican una comparación, como suelen hacer tales dichos. hdyx un enigma, una parábola, que penetra en la mente y, cuando se entiende, deja una honda impresión de lo que con ella se pretende o representa. Aquí twdyx parece referirse a los hechos históricos mencionados en la parte siguiente del salmo, considerados como enigmas de interés espiritual. John Parkhurst.

Versículo 2. Parábola. Las parábolas son los discursos de los sabios; más aún, son el extracto y el espíritu de la sabiduría. La palabra hebrea significa gobernar o tener autoridad, porque tales discursos vienen sobre nosotros con autoridad y someten nuestra razón con su peso. Joseph Caryl.

Versículo 2. «Hablaré.» La metáfora de esta palabra está tomada de una fuente que derrama agua en abundancia. Pues ebg significa propiamente brotar, borbotar. El corazón de los maestros en la Iglesia debe estar lleno y dispuesto a derramar esos arroyos con que se riega la Iglesia. Su manantial no debe agotarse ni fallar en el verano. Mollerus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 2. (primera parte). Prediquen sobre la «Parábola de la nación pródiga», tal como se da en todo el salmo. C. A. Davies, de Chesterfield.

Versículos 2-3.

(a) Son más probadas.

(b) Son mejor testificadas. G. R.

Salmos 78:3

Versículo 3. «Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron.» La tradición fue de la mayor utilidad para el pueblo de Dios en los tiempos antiguos, antes de que la palabra profética más segura se completara y se hiciera generalmente accesible. El recibir la verdad de labios de otros ponía al creyente instruido bajo la solemne obligación de transmitirla a la generación siguiente. La verdad, entrañable para nosotros por sus tiernas asociaciones con padres piadosos y venerables amigos, merece de nuestra parte nuestros mejores esfuerzos para conservarla y propagarla. Nuestros padres nos hablaron, los oímos, y sabemos personalmente lo que enseñaron; nos queda a nosotros, a nuestra vez, transmitirlo. Bendito sea Dios, tenemos ahora el testimonio menos mudable de la revelación escrita, pero esto no disminuye en modo alguno nuestra obligación de instruir de viva voz a nuestros hijos en la verdad divina: antes bien, con tan gracioso auxilio, deberíamos enseñarles mucho más plenamente las cosas de Dios. El Dr. Doddridge debió mucho a los azulejos holandeses y a las explicaciones que su madre le daba de los relatos bíblicos. Cuanta más enseñanza de los padres, mejor; los ministros y los maestros de la escuela dominical nunca fueron concebidos como sustitutos de las lágrimas de la madre y las oraciones del padre.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 3. «Las cuales hemos oído y entendido.» Hemos oído la ley y conocido los hechos. Adam Clarke.

Versículo 3. Padres. Son dignos del nombre de padres en la iglesia, en relación con la posteridad, quienes transmiten a la posteridad la verdad de Dios contenida en la Escritura, como la que aquí se expone en este salmo; y esta es la única clase infalible de tradición, la que entrega a la posteridad lo que Dios entregó a los profetas o a sus predecesores por medio de la Escritura, como es la doctrina que se entrega en este salmo. David Dickson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 3. La conexión entre lo que hemos «oído» y lo que hemos «conocido» personalmente en la religión.

Salmos 78:4

Versículo 4. «No lo encubriremos a sus hijos.» Nuestro silencio negligente no privará a nuestra descendencia, ni a la de nuestros padres, de la preciosa verdad de Dios; sería vergonzoso en verdad que lo hiciéramos. «Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová.» Miraremos a las generaciones futuras y nos esforzaremos por proveer a su educación piadosa. Es deber de la iglesia de Dios mantener en su más plena vigencia toda agencia destinada a la educación religiosa de los jóvenes; a ellos hemos de mirar para la iglesia del futuro, y según sembremos en ellos, así cosecharemos. Los niños han de ser enseñados a engrandecer al Señor; deben estar bien informados de sus maravillosas obras en las edades pasadas, y se les debe hacer conocer «su poder y las maravillas que hizo». La mejor educación es la educación en las mejores cosas. La primera lección para un niño debe tratar del Dios de su madre. Enséñenle lo que quieran: si no aprende el temor del Señor, perecerá por falta de conocimiento. La gramática es pobre alimento para el alma si no está sazonada con gracia. Toda cartera escolar debería llevar una Biblia. El mundo puede enseñar solo conocimientos seculares, que es todo lo que tiene ganas de saber, pero la iglesia no debe tratar así a su descendencia; debe velar por cada Timoteo y procurar que desde niño conozca las Sagradas Escrituras. Alrededor del hogar, los padres deberían repetir no solo los relatos de la Biblia, sino las hazañas de los mártires y de los reformadores, y además los tratos del Señor con ellos mismos, tanto en providencia como en gracia. No nos atrevemos a seguir las vanas y viciosas tradiciones de la iglesia apóstata de Roma, ni compararíamos el registro falible de las mejores memorias humanas con la palabra escrita infalible; pero quisiéramos ver la tradición oral practicada por todo cristiano en su familia, y a los niños enseñados con alegría de viva voz por sus propias madres y padres, además de por las páginas impresas de lo que con demasiada frecuencia consideran libros de texto aburridos y áridos. ¡Qué horas felices y qué agradables veladas han tenido los niños a las rodillas de sus padres escuchando alguna «dulce historia de antaño»! Lector, si tienes hijos, cuida de no fallar en este deber.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 4. «No lo encubriremos a sus hijos», etc. No solo debes alabar tú mismo a Dios, sino procurar transmitir a la posteridad el memorial de su bondad. Los hijos son los herederos de sus padres; sería antinatural que un padre, antes de morir, enterrara su tesoro en la tierra donde sus hijos no pudieran hallarlo ni disfrutarlo; ahora bien, las misericordias de Dios no son la parte menor del tesoro de un buen hombre, ni la menor de la herencia de sus hijos, pues son ayuda para su fe, materia para su alabanza y espuelas para su obediencia. «Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado la obra que hiciste en sus días, cómo con tu mano echaste las naciones», etc., Sal 44:1-2; de ahí fundan su confianza, Sal 44:4: «Tú, oh Dios, eres mi rey; manda salvación a Jacob», y excitan su gratitud, Sal 44:8: «En Dios nos hemos gloriado todo el día, y para siempre alabaremos tu nombre». En verdad, así como los hijos son herederos de sus padres, así quedan en justicia obligados a pagar las deudas de sus padres; y la gran deuda de que el santo es responsable al morir es la que tiene con Dios por sus misericordias; por tanto, es razonable que ate a su posteridad al pago de ella. Así puedes estar alabando a Dios en el cielo y en la tierra al mismo tiempo. William Gurnall.

Versículos 4-6. El paño teñido en la lana es el que mejor conserva el color. Los discípulos en la juventud resultarán ángeles en la vejez. El uso y la experiencia fortalecen y confirman en cualquier arte o ciencia. Cuanto más tiempo haya sido criado tu hijo en la escuela de Cristo, más capaz será de descubrir las astucias y falacias de Satanás y de evitarlas. Cuanto más tiempo haya estado en el oficio, más destreza y deleite tendrá en adorar y disfrutar del Dios bendito. El árbol, cuando es viejo, resiste con firmeza el viento, tal como fue plantado cuando era joven. Los hijos de Merindal respondieron de tal modo unos a otros en materias de religión ante el obispo perseguidor de Cavaillon, que uno de los presentes dijo al obispo: Debo confesar que he estado a menudo en las disputas de los doctores de la Sorbona, pero nunca aprendí tanto como de estos niños. Siete hijos sufrieron a la vez el martirio con Sinforosa, matrona piadosa, su madre. Tal bendición acompaña a menudo a la crianza religiosa; por eso Juliano el apóstata, para estorbar el crecimiento y la expansión del cristianismo, no permitía que se enseñara a los niños ni el saber humano ni el divino.

Filipo se alegró de que Alejandro naciera mientras vivía Aristóteles, para que este lo instruyera en la filosofía. No es pequeña merced que tus hijos hayan nacido en los días del evangelio, y en un valle de visión, una tierra de luz, donde pueden ser instruidos en el cristianismo. ¡Oh, no dejes, pues, de poner a tus hijos al tanto de la naturaleza de Dios, de las naturalezas y oficios de Cristo, de su propia pecaminosidad y miseria naturales, del camino y los medios de su recuperación, del fin y la misión para los cuales fueron enviados al mundo, de la necesidad de la regeneración y de una vida santa, si alguna vez han de escapar de la muerte eterna! ¡Ay! ¿Cómo es posible que lleguen jamás al cielo si no saben el camino que lleva allá? Los habitantes de Mitilene, en un tiempo señores de los mares, si alguno de sus vecinos se rebelaba, le imponían este castigo: les prohibían instruir a sus hijos, estimando esto venganza suficiente. —(Eliano.) Lector, si eres descuidado en este deber, quisiera preguntarte qué mal te han hecho tus hijos para que te vengues de ellos negándoles lo que les es debido. Me refiero a la instrucción piadosa. Los rabinos judíos hablan de una costumbre y un método muy estrictos para la instrucción de sus hijos, según su edad y capacidad. A los cinco años eran filii legis, hijos de la ley, para leerla. A los trece eran filii praecepti, hijos del precepto, para entender la ley. A los quince eran Talmudistae, y pasaban a puntos más profundos de la ley, hasta las dudas talmúdicas. A medida que tus hijos crecen, sigue tú instruyéndolos en la voluntad de Dios. Ellos «nacen como pollino de asno montés», Job 11:12; es decir, indómitos, necios e ignorantes. A menudo llamamos asno a un necio, pero aquí es un «pollino de asno montés», lo más rudo, indómito y necio. ¿Cómo, pues, llegarán tus hijos ignorantes a conocer a Dios o a sí mismos sin instrucción?

Tu deber es poner a tus hijos al tanto de las obras de Dios. Enséñales sus hechos así como sus dichos. «Guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos», Dt 4:9. Las maravillas de Dios deben tenerse en eterna memoria. «Ha hecho memorables sus maravillas», Sal 111:4. Ahora bien, una manera especial de lograrlo es escribirlas en la memoria de nuestros hijos; así se transmiten a la posteridad. Esta fue la práctica piadosa de los patriarcas: instruir a sus hijos acerca de la creación del mundo, la transgresión del hombre, la destrucción del mundo antiguo, la providencia de Dios, el Mesías que había de ser revelado y cosas semejantes. La boca de los padres eran grandes libros en los que sus hijos leían los nobles hechos del Señor. El precepto se urge aquí (Sal 78:2-7) por una doble razón, en parte por la alabanza de Dios, en la perpetuidad de sus dignos hechos: sus palabras son de gran peso y, por tanto, como cuadros curiosos o joyas preciosas, deben legarse en memoria suya de padre a hijo mientras dure el mundo. Si se escriben en papel o pergamino pueden perecer (¿y no es mil veces una lástima que se pierdan registros tan excelentes?); pero si los padres los escriben sucesivamente en el corazón de sus hijos, ningún tiempo los borrará ni desgastará, Éx 12:26-27. Por eso, como observan los rabinos, la noche antes de la pascua los judíos (para guardar en la memoria, para honra de Dios, sus misericordias) solían conversar con sus hijos de esta manera. El niño decía: ¿Por qué se llama pascua? El padre respondía: Porque el ángel pasó por encima de nosotros cuando mató a los egipcios y no nos destruyó. El niño decía: ¿Por qué comemos pan sin levadura? El padre respondía: Porque fuimos obligados a salir de prisa de Egipto. El niño decía: ¿Por qué comemos hierbas amargas? El padre respondía: Para recordarnos nuestras aflicciones en Egipto.

Pero el deber se urge también en parte por su propio provecho, Sal 78:7: «Que pongan en Dios su esperanza», etc. El conocimiento del favor de Dios animará su fe; el conocimiento de su poder les ayudará a creer su promesa. Lector, la obediencia a este precepto puede contribuir mucho a tu provecho y al de tus hijos. Al enseñar a tus hijos los hechos de Dios, los fijarás con más firmeza, y causarán mayor impresión en tu propio espíritu. La mención frecuente de las cosas es el mejor arte de la memoria: lo que la boca predica a menudo, la mente lo medita mucho. Además, puede obrar para el bien de tus hijos; cuanto más conozcan la bondad, la sabiduría, el poder y la fidelidad de Dios que aparecen en sus obras, más lo temerán, amarán y confiarán en él. George Swinnock.

Versículos 5-6. Parecen mencionarse cinco generaciones:

Sugerencias para el predicador

Versículo 4. Una buena resolución y un resultado bendito. C. D.

Versículo 4.

(a) No ocultando nada.

(b) Declarando todo lo que Dios ha hecho. G. R.

Salmos 78:5

Versículo 5. «Él estableció testimonio en Jacob.» La nación favorecida existía precisamente para mantener la verdad de Dios en medio de la idolatría circundante. Suyos eran los oráculos; ellos eran los conservadores y guardianes de la verdad. «Y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos.» El testimonio del Dios verdadero debía transmitirse de generación en generación mediante la cuidadosa instrucción de las familias sucesivas. El mandato de esta transmisión oral se da con mucha frecuencia en el Pentateuco, y bastará citar un caso, de Dt 6:7: «Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes». Lector, si eres padre, ¿has cumplido este deber con conciencia?

Sugerencias para el predicador

Versículo 5. La tradición bíblica, o la herencia del evangelio.

Versículos 5-8. La religión en la familia.

Versículos 5-8.

Versículos 7-8. Sobre el engaño del corazón al desatender en general las dispensaciones providenciales. John Jamieson, "Sermons on the Heart," I. 430.

Salmos 78:6

Versículo 6. «Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán.» Hasta donde nuestra breve vida nos permita disponer, debemos proveer con diligencia a la crianza piadosa de la juventud. Los relatos, mandamientos y doctrinas de la palabra de Dios no se han gastado; están hechos para ejercer influencia mientras exista nuestra raza. «Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos.» El único objeto que se persigue es la transmisión; el testimonio se da solo para que pase a las generaciones siguientes.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 6. Los hijos deben escuchar con empeño la instrucción de sus padres, para que ellos mismos puedan después contar lo mismo a sus hijos, y así se forme una cadena de oro con la cual, atados unos a otros, toda la familia busque los cielos. Mientras el padre atrae al hijo, el hijo al nieto, el nieto a sus hijos hacia Cristo, imán de todos ellos, para que todos sean hechos uno. Thomas Le Blanc.

Salmos 78:7

Versículo 7. «A fin de que pongan en Dios su confianza.» La fe viene por el oír. Los que conocen el nombre del Señor pondrán en él su esperanza, y lograr que sean llevados a hacerlo es el fin principal de toda enseñanza espiritual. «Y no se olviden de las obras de Dios.» La gracia cura las malas memorias; los que pronto olvidan las misericordiosas obras del Señor necesitan ser enseñados; requieren aprender el arte divino de la santa memoria. «Sino que guarden sus mandamientos.» Quienes olvidan las obras de Dios fallarán sin duda en las suyas. El que no guarda en la memoria el amor de Dios difícilmente recordará su ley. El propósito de la enseñanza es práctico; la santidad hacia Dios es el fin que buscamos, y no llenar la cabeza de nociones especulativas.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 7. Pongan en Dios su esperanza. Su esperanza no había de ponerse en la ley que castiga, sino en la gracia dada gratuitamente que redime; por eso se añade y no se olviden de las obras de Dios. Johannes de Turrecremata, 1476.

Salmos 78:8

Versículo 8. «Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde.» Había lugar para mejorar. Padres obstinados en su propio camino y rebeldes contra el camino de Dios son tristes ejemplos para sus hijos; y se desea con ardor que una mejor instrucción produzca una mejor raza. Es común en algunas regiones que los hombres consideren la costumbre de su familia como la mejor regla; pero la desobediencia no se excusa por ser hereditaria. La lepra no era menos repugnante por haber estado largo tiempo en la familia. Si nuestros padres fueron rebeldes, debemos ser mejores que ellos, o pereceremos como ellos perecieron. «Generación que no dispuso su corazón.» No tenían decisión por la justicia y la verdad. En ellos no había disposición ni voluntad de corazón para recibir al Salvador; ni los juicios ni las misericordias pudieron ligar sus afectos a su Dios; eran volubles como los vientos y cambiantes como las olas. «Y cuyo espíritu no fue fiel para con Dios.» Las tribus en el desierto solo eran constantes en su inconstancia; no se podía contar con ellas. Era, ciertamente, necesario que sus descendientes fueran advertidos, para no imitarlas a ciegas. ¡Qué bendición sería que cada época mejorara a su predecesora! Pero, ¡ay!, es de temer que la decadencia sea más general que el progreso, y con demasiada frecuencia los herederos de verdaderos santos son mucho más rebeldes de lo que lo fueron sus padres en su estado no regenerado. Que la lectura de este canto patriótico y divino mueva a muchos a trabajar por la elevación de sí mismos y de su posteridad.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 8. «Y no sean como sus padres.» La advertencia se toma de un ejemplo de casa. No dice: Que no sean como las naciones que no conocen a Dios, sino: Que no sean como sus padres. Los ejemplos domésticos de vicio son mucho más perniciosos que los extranjeros. De ahí que alguien diga: Sic natura jubet, velocius et citius nos corrumpunt vitiorum exempla domestica. Aprendamos de este lugar que no es seguro en todo seguir las pisadas de nuestros padres. Habla de aquellos padres que perecieron en el desierto: sobre los cuales véanse Números 14; Deuteronomio 1 y Sal 68:6. Musculus.

Versículo 8. «Como sus padres, generación contumaz y rebelde.» Puesto que esta mala emulación de sus antepasados se arranca con dificultad de la mente de los hombres, por nuestra innata reverencia a nuestros padres, el profeta acumula palabras al describir los crímenes de sus padres. Dice que eran hrm rwd, es decir, una generación que menoscaba la autoridad de Dios, que rompe continuamente las ataduras de la ley y que en su petulancia se sacude el yugo, como un caballo violento y reacio o un novillo sin domar, que no soporta la rienda o se niega a ceder su cuello al yugo, sino que retrocede constantemente y rechaza el freno. Mollerus.

Versículos 8-9. Examina con cuidado el fundamento de tu obediencia activa, para que sea sano y sincero. Los mismos principios rectos por los cuales el alma sincera obra por Cristo la llevarán a sufrir por Cristo, cuando un llamado de Dios venga con tal encargo. «Los hijos de Efraín, armados y flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla.» ¿Por qué? ¿Qué sucede? ¿Tan bien armados y, sin embargo, tan cobardes? Esto parece extraño; lee el versículo anterior y dejarás de asombrarte; allí se les llama generación que no dispuso su corazón, y cuyo espíritu no fue fiel para con Dios. Sea la armadura la que sea; aun si los soldados estuvieran en un castillo cuyos cimientos fueran roca y cuyos muros fueran de bronce, con todo, si sus corazones no son rectos para con su príncipe, una tormenta fácil los echará de los muros, y un pequeño susto abrirá su puerta, que no tiene este cerrojo de la sinceridad para mantenerla firme. En nuestras pasadas guerras hemos visto que los corazones honrados dentro de obras delgadas y débiles han defendido la ciudad, cuando ningún muro podía impedir que la traición entregara la plaza. William Gurnall.

Sugerencias para el predicador

Versículo 8. Obstinación, no firmeza; o la diferencia entre un vicio natural y una cualidad de gracia.

Versículo 8. El corazón falso (parte central), con su mano izquierda, «Obstinación en el mal» (primera parte), y su mano derecha, «Inconstancia en el bien» (última parte). C. D.

Salmos 78:9

Versículo 9. «Los hijos de Efraín, arqueros armados, volvieron las espaldas el día de la batalla.» Bien equipada y provista de las mejores armas de la época, la tribu principal falló en fe y en valor y se retiró ante el enemigo. Hubo varios casos particulares de esto, pero probablemente el salmista se refiere al fracaso general de Efraín en encabezar a las tribus para la conquista de Canaán. ¡Cuántas veces también nosotros, aunque provistos de toda arma de gracia, hemos fallado en hacer una guerra victoriosa contra nuestros pecados! Hemos avanzado con bastante gallardía hasta que ha llegado la hora de la prueba, y entonces, «el día de la batalla», hemos sido infieles a los buenos propósitos y a las santas obligaciones. ¡Qué vano es por completo el hombre no regenerado! Vístanlo con lo mejor que la naturaleza y la gracia puedan darle: seguirá siendo un cobarde indefenso en la santa guerra mientras le falte una fe leal en su Dios.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 9. «Los hijos de Efraín, armados», etc. «Cuando os armasteis cada uno de vosotros con sus armas de guerra, y os apercibisteis para subir al monte, Jehová me dijo: Diles: No subáis ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos. Y os hablé, y no oísteis; antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová, y persistiendo con soberbia subisteis al monte. Y salió el amorreo que habitaba en aquel monte, y os persiguió como lo hacen las abejas, y os derrotó desde Seir hasta Horma.» Dt 1:41-44.

Versículo 9. Muchas personas suponen que el pasaje se refiere al suceso registrado en 1 Cr 7:21-22, donde se menciona a los hijos de Efraín, «a quienes mataron los hombres de Gat naturales de aquella tierra, porque descendieron para tomar sus ganados. Y su padre Efraín hizo duelo por muchos días, y vinieron sus hermanos a consolarlo». La manera de la relación muestra que la matanza debió de ser grande; y se supone que el salmista tiene a la vista aquí esta huida y derrota, y el que no reconocieran su dependencia de Dios. Pero la objeción a esta interpretación es que el suceso al que se refiere el libro de Crónicas ocurrió evidentemente en un tiempo anterior al éxodo de Israel desde Egipto, mientras que Sal 78:11 habla de estos mismos efraimitas como olvidadizos de los hechos de Dios y de las maravillas que hizo en el tiempo de su salida de Egipto. Es, pues, más probable que Myrka ygk pueda designar al pueblo israelita en general, lo cual piensa Mendelssohn que es el caso. Observa que «el sentido del nombre Efraín era el de un término general para Israel antes del reinado de la casa de David, porque Josué hijo de Nun, el primer juez, era de esta tribu; también porque el territorio asignado a esta tribu estaba en la región de Silo: y es posible que, por la reputación de esta tribu en aquellos días, todos los que eran muy estimados fueran llamados también efraimitas». Podría haber añadido otra razón, más fuerte que cualquiera de las anteriores, para esta aplicación del término a Israel, y es que de Jeroboam, que puede considerarse el fundador de la monarquía israelita, se dice en 1 R 11:26 que era descendiente de Efraín. La guerra aludida puede haber sido una de las que se libraron entre las diez tribus y el pueblo de Judá. George Phillips.

Sugerencias para el predicador

Versículo 9. ¿Quiénes eran? ¿Qué tenían? ¿Qué hicieron? ¿Cuándo lo hicieron?

Versículos 9, 67. La apostasía de creyentes prominentes.

Versículos 10-11. Las gradaciones del pecado: descuidar, rechazar, olvidar a Dios. C. D.

Versículos 12-16. Dios revelado en sus hechos. El Dios que obra maravillas —Sal 78:12-16. El Dios vengador —Sal 78:12. El Dios que interviene —Sal 78:13. El Dios que guía —Sal 78:14. El Dios Padre —Sal 78:14-16. C. D.

Versículos 12-17. La obstinación de la incredulidad. Se enfrenta a su majestad —Sal 78:17; a su providencia bondadosa —Sal 78:14-16; a su cuidado que interviene —Sal 78:13; a su justicia vengadora —Sal 78:12; a su gracia que distingue —Sal 78:12-16. C. D.

Versículos 12-17. Los prodigios no pueden convertir el alma. Lc 16:31. C. D.

Versículos 15-16. Los suministros divinos son oportunos, abundantes, de lo mejor, maravillosos.

Versículos 9, 67. La apostasía de creyentes prominentes.

Versículos 70-72. Promociones espirituales.

Versículo 72. A pesar de sus transgresiones, de las cuales siempre se arrepintió amargamente y que, por tanto, fueron borradas del Libro de Dios, sigue siendo para todos los príncipes y gobernantes de la tierra el modelo más noble. En perfecta verdad interior se conocía y se sentía «rey por la gracia de Dios». La corona y el cetro los llevaba solo en depósito del Rey de reyes; y hasta su último aliento procuró con toda seriedad ser hallado como un genuino rey teocrático, que en todo debe conducir su gobierno terrenal conforme a las ordenanzas e indicaciones de Dios. Por eso el Señor hizo prosperar todo lo que emprendía, y nada era más claro para el pueblo que el Señor estaba verdaderamente con el rey. Frederick William Krummacher, en "David, the King of Israel," 1867.

OBRAS SOBRE EL SALMO SETENTA Y OCHO

Valiosa información sobre LAS PLAGAS DE EGIPTO se hallará en las obras siguientes:

«Observaciones sobre las plagas infligidas a los egipcios: en las cuales se muestra la peculiaridad de aquellos juicios y su correspondencia con los ritos y la idolatría de aquel pueblo... Por JACOB BRYANT. 1794.»

«Israel en Egipto; o los libros de Génesis y Éxodo ilustrados por monumentos existentes. Por WILLIAM OSBURN. 1856.»

Salmos 78:10

Versículo 10. «No guardaron el pacto de Dios.» Se quebrantaron votos y promesas, se levantaron ídolos y se abandonó al Dios vivo. Fueron sacados de Egipto para ser un pueblo apartado para el Señor, pero cayeron en los pecados de las demás naciones y no mantuvieron un testimonio puro del único Dios verdadero. «Y no quisieron andar en su ley.» Se entregaron a la fornicación, a la idolatría y a otras violaciones del decálogo, y estuvieron a menudo en estado de rebelión contra la benigna teocracia bajo la cual vivían. Se habían comprometido en el Sinaí a guardar la ley, y luego la desobedecieron deliberadamente, y así se hicieron violadores del pacto.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 10. Andar en su ley. Nótese que debemos andar en la ley de Dios; este es el camino estrecho y sagrado que Cristo traza delante de nosotros. En Atenas había una iera odov, el camino sagrado, por el cual, según relata Harpocración, viajaban los sacerdotes de los misterios a Eleusis. También en Roma había un camino llamado Via Sacra. Para nosotros también hay un camino a los cielos, consagrado por las pisadas de los santos. Nos conviene, pues, no entretenernos, sino estar siempre en marcha. Thomas Le Blanc.

Salmos 78:11

Versículo 11. «Y se olvidaron de sus obras, y de las maravillas que les había mostrado.» Si las hubieran recordado, se habrían llenado de gratitud y se habrían inspirado de santo temor; pero la memoria de las misericordias de Dios para con ellos se borró tan pronto como si hubiera sido escrita sobre agua. Apenas podía una generación conservar el sentido de la presencia divina en poder milagroso; la raza siguiente necesitaba una renovación de las manifestaciones extraordinarias, y ni aun entonces se satisfacía sin muchas exhibiciones de ellas. Antes de condenarlos, arrepintámonos de nuestro propio malvado olvido y confesemos las muchas ocasiones en que también nosotros hemos olvidado favores pasados.

Salmos 78:12

Versículo 12. Egipto, llamado aquí «el campo de Zoán», fue el escenario de cosas maravillosas que se hicieron a plena luz del día a la vista de Israel. Fueron extraordinarias, a gran escala, asombrosas, indiscutibles, y tales que debieron hacer imposible que un israelita fuera desleal a Jehová, el Dios de Israel.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 12. Zoán. El nombre de una ciudad de Egipto (Nm 13:22), aunque no se menciona en la historia del Éxodo, es especificado dos veces por el autor de este salmo, aquí y en Sal 78:43, como el escenario donde Moisés obró las maravillas ante Faraón; sea porque en realidad los primeros y principales milagros se mostraron a Faraón allí, siendo esta ciudad la sede del rey y ciudad antiquísima, como se ve por la expresión usada de Hebrón en Nm 13:22, donde, para poner de relieve la antigüedad de esa ciudad, en la que habitó Abraham, décimo desde Noé, se dice que «fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto»; o quizá solo en estilo poético, pues «el campo» o región de Zoán equivale a la «tierra de Egipto» precedente. Así, en otros escritos proféticos, cuando se amenazan juicios, en lugar de «Egipto» hallamos a veces solo «Zoán», Is 19:11, donde los «príncipes de Zoán» equivalen a los consejeros de Faraón; a veces «los príncipes de Zoán», con la adición de alguna otra ciudad, como en Is 19:13: «Se han desvanecido los príncipes de Zoán, se han engañado los príncipes de Menfis», es decir, de nuevo, los consejeros de aquel reino, que, como sigue, «han engañado a Egipto», llevaron a toda la nación a la ruina. Así en Is 30:4, donde enviaron a Egipto en busca de socorro, se dice que «sus príncipes estuvieron en Zoán, y sus embajadores llegaron a Hanes». Henry Hammond.

Versículo 12. «En el campo de Zoán.» Vemos en este pasaje que no sin razón desplegó Dios con gran poder sus obras maravillosas, su virtud y su gloria en las ciudades más famosas: no que despreciara las más humildes y oscuras, sino para esparcir por este medio con más comodidad el conocimiento y la fama de su nombre. Por esta causa quiso que Moisés hiciera sus milagros en la ciudad real y en su campo; por la misma razón fijó después su morada en la ciudad más famosa de Canaán, en la cual decretó también que Cristo su Hijo fuera crucificado y se pusiera el fundamento de su reino celestial. Musculus.

Salmos 78:13

Versículo 13. «Dividió el mar y los hizo pasar.» Doble maravilla, pues cuando las aguas se dividieron, el fondo del mar estaría naturalmente en un estado muy inadecuado para el paso de una hueste tan vasta como la de Israel; de hecho habría sido intransitable si el Señor no hubiera hecho el camino para su pueblo. ¿Quién más ha conducido jamás a una nación a través de un mar? Sin embargo, el Señor lo ha hecho muy a menudo por sus santos en liberaciones providenciales, haciéndoles un camino real donde nada menos que un brazo omnipotente podría haberlo hecho. «Detuvo las aguas como en un montón.» Prohibió que cayera una gota sobre sus escogidos; no sintieron ninguna salpicadura de los muros de cristal a uno y otro lado. El fuego descenderá y el agua se mantendrá erguida a la orden del Señor de todo. La naturaleza de las criaturas no es suya propia por esencia, sino que se mantiene o se altera por la voluntad de aquel que las creó primero. El Señor puede hacer que los males que amenazan con anegarnos suspendan su acción ordinaria y se vuelvan inocuos para nosotros.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 13. «Detuvo las aguas como en un montón.» La palabra original denota esos grandes montones que se usan como diques o márgenes para contener las aguas. Pero los judíos no solo han entendido estas expresiones literalmente, sino que además se han tomado la libertad de añadir circunstancias particulares, como si la historia fuera tan concisa que necesitara ser completada con ellas. Dicen que el mar había formado, por así decir, doce caminos o calzadas, según el número de las tribus de Israel. James Saurin.

Versículo 13. «Detuvo las aguas como en un montón.» Dios no quiso quitar del todo el mar de la vista de los hebreos, sino interrumpirlo y dividirlo, para que como un muro se mantuviera firme a ambos lados del camino. Esto se hizo, primero, para que el milagro fuera evidente, pues en aquel mar no hay subida ni bajada de mareas. Segundo, para que el pueblo tuviera mayor gozo a la vista de tan gran milagro. Tercero, para que en todo su paso dependieran más de la providencia de Dios, quien en un solo instante podía dejar que el mar volviera a su lecho y los ahogara a todos. La voluntad de Dios es que huyamos a él con tanto más ardor cuanto mayor es el aspecto del peligro presente. Cuarto y último, para que el pueblo pasara más rápidamente, puesto que no sabían cuánto tiempo quería Dios que durara el milagro. Thomas Le Blanc.

Salmos 78:14

Versículo 14. «Les guió de día con nube.» ÉL lo hizo todo. Él solo. Los introdujo en el desierto y los condujo a través de él; no es la manera del Señor comenzar una obra y luego cesar de ella estando incompleta. La nube guiaba y daba sombra a las tribus. De día era una vasta pantalla contra el sol, que hacía soportable el calor feroz del sol y el resplandor de la arena del desierto. «Y toda la noche con resplandor de fuego.» Tan constante era el cuidado del gran Pastor que toda la noche y todas las noches la señal de su presencia estaba con su pueblo. Aquella nube que era sombra de día era como un sol de noche. Así también la gracia que enfría y calma nuestros gozos suaviza y consuela nuestras penas. ¡Qué misericordia tener con nosotros un resplandor de fuego entre los solitarios horrores del desierto de la aflicción! Nuestro Dios ha sido todo esto para nosotros, ¿y le seremos infieles? Hemos sentido que es a la vez sombra y luz, según lo han requerido nuestras cambiantes circunstancias.

«Él ha sido nuestro gozo en la aflicción,

alegró nuestro corazón cuando estaba abatido

y, con avisos suavemente tristes,

calmó nuestro corazón cuando estaba alegre.»

Que esta experiencia tantas veces renovada una nuestros corazones a él con los lazos más firmes.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 14. Que había un misterio en esta columna de nube y de fuego es claro por Is 4:5-6, pues nunca hubo una nube y un fuego literales sobre el monte Sión. Esta columna de fuego cesó cuando entraron en Canaán; Isaías, pues, se refiere con esas expresiones a algo espiritual. Así la presenta el apóstol como representación de un misterio del evangelio: 1 Co 10:2. Significaba y prefiguraba: 1. Algo de Cristo mismo; 2. Los beneficios de Cristo; 3. Las ordenanzas de Cristo.

Versículo 14. «Toda la noche.» No necesitamos detenernos mucho en lo que fue este toda para los israelitas. En las marchas nocturnas y en los descansos nocturnos fue muy precioso; ya estuvieran en movimiento o en reposo, era igualmente necesario, igualmente bueno. Este resplandor de fuego, de no ser continuo, habría valido comparativamente poco. Si se hubiera apagado de repente mientras marchaban, todo Israel se habría sumido en confusión y desaliento; la extinción de la luz habría convertido en una turba desordenada la hueste en formación. Philip Bennett Power, en "Breviates: or Short Texts and Their Teachings."

Salmos 78:15

Versículo 15. «Hendió las peñas en el desierto.» Moisés fue el instrumento, pero el Señor lo hizo todo. Dos veces convirtió el pedernal en arroyo borbotante. ¿Qué no puede hacer? «Y les dio a beber como de grandes abismos.» Como si brotara de los depósitos más recónditos de la tierra. Las corrientes eran tan frescas, tan copiosas, tan constantes, que parecían manar de las fuentes primitivas de la tierra y saltar de golpe desde «el abismo que está abajo». Aquí había un suministro divino para la urgente necesidad de Israel, y tal que debió haberlos mantenido para siempre en inquebrantable fidelidad a su Dios que obraba maravillas.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 15. Las peñas. Eran típicas de Cristo, 1 Co 10:4; a quien se compara con frecuencia con una por su altura, fuerza y duración, sombra, abrigo y protección; y se le llama la «Roca de Israel», la «Piedra de tropiezo para ambas casas de Israel», la «Roca de salvación», la «Roca de refugio», la «Roca de fortaleza», la «Roca más alta» que los santos, y sobre la cual está edificada la iglesia, y que es «la sombra de gran peñasco en tierra calurosa». John Gill.

Versículo 15. Les dio a beber como de grandes abismos. Como si hubiera formado un lago o un océano, proveyendo un suministro inagotable. Albert Barnes.

Salmos 78:16

Versículo 16. El suministro de agua fue tan abundante en cantidad como milagroso en su origen. De las rocas salían torrentes, no hilillos. Las corrientes seguían al campamento; el suministro no era para una hora ni para un día. Fue una maravilla de bondad. Si contemplamos la abundancia de la gracia divina nos perderemos en la admiración. Poderosos ríos de amor han corrido para nosotros en el desierto. ¡Ay, gran Dios!, nuestra respuesta no ha sido proporcionada a ellos, sino todo lo contrario.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 16. «Sacó de la peña corrientes», etc. «Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.» La segunda queja por agua en Cades parece haber sido un acto de rebelión más agravado que el primero, y sin embargo se da el agua en mayor abundancia. ¡Oh, la liberalidad de la gracia soberana de Dios! W. Wilson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 16. Corrientes de la Roca, Cristo Jesús.

Versículos 12-17. La obstinación de la incredulidad. Se enfrenta a su majestad —Sal 78:17; a su providencia bondadosa —Sal 78:14-16; a su cuidado que interviene —Sal 78:13; a su justicia vengadora —Sal 78:12; a su gracia que distingue —Sal 78:12-16. C. D.

Versículos 12-17. Los prodigios no pueden convertir el alma. Lc 16:31. C. D.

Salmos 78:17

Versículo 17. «Pero aún volvieron a pecar contra él.» Superando sus pecados anteriores, adentrándose en mayores honduras del mal: cuanto más tenían, más fuerte clamaban por más y murmuraban porque no tenían todo lujo que los apetitos mimados pudieran desear. Bastante malo era desconfiar de su Dios por lo necesario, pero rebelarse contra él en una furia codiciosa por lo superfluo era mucho peor. Es siempre propio de la enfermedad del pecado ir de mal en peor; los hombres nunca se cansan de pecar, sino que aumentan su velocidad en la carrera de la iniquidad. En el caso que tenemos delante, la bondad de Dios fue pervertida en razón para un pecado mayor. Si el Señor no hubiera sido tan bueno, ellos no habrían sido tan malos. Si hubiera obrado menos milagros antes, no habrían sido tan inexcusables en su incredulidad, tan licenciosos en su idolatría. «Rebelándose contra el Altísimo en el desierto.» Aunque estaban en una posición de obvia dependencia de Dios para todo, hallándose en un desierto donde el suelo no podía darles sustento, tuvieron con todo la falta de gracia de provocar a su benefactor. Unas veces provocaban sus celos con su anhelo de dioses falsos; otras excitaban su ira con sus desafíos a su poder, sus calumnias contra su amor, sus rebeliones contra su voluntad. Él era todo generosidad de amor, y ellos todo exceso de maldad. Fueron favorecidos sobre todas las naciones, y sin embargo ninguna fue más desfavorecida. Para ellos el cielo destiló maná, y ellos devolvieron murmuraciones; las rocas les dieron ríos, y ellos respondieron con torrentes de maldad. En esto, como en un espejo, nos vemos a nosotros mismos. Israel en el desierto representó, como en un drama, toda la historia de la conducta del hombre hacia su Dios.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 17. «Pero aún volvieron a pecar contra él.» No dice que solo pecaron, sino que pecaron contra Dios. Y pecaron aún más contra él, es decir, contra Dios. ¿Contra qué Dios? Contra el que los había librado de Egipto con grandes e inauditas maravillas, que los había conducido como hombres libres a través del Mar Rojo a pie enjuto, que había continuado guiándolos y protegiéndolos con columnas de nube y de fuego de día y de noche, y les había dado a beber abundantemente agua sacada de la roca árida. Contra este Dios habían añadido pecado a pecado. Pecar simplemente es humano y les ocurre a los santos aun después de haber recibido la gracia; pero pecar contra Dios arguye un singular grado de impiedad. Pecar contra Dios es injuriarlo y deshonrarlo en cosas que le pertenecen inmediatamente a él. Así pecaron contra Dios, porque después de tantas distinguidas pruebas y testimonios de su cuidado que se les habían manifestado, siguieron pensando y hablando mal contra él. Todos los pecados, ciertamente, de cualquier clase que sean, se cometen contra Dios, porque se oponen a su voluntad; pero los que se cometen peculiarmente contra Dios son sin duda mayores que los demás. Tales son los que se cometen contra su nombre, bondad, providencia, poder, verdad y culto, y contra aquellas cosas que le conciernen de manera especial, sean las que fueren. Así leemos de los pecados de los hijos de Elí, 1 S 2:24-25: «No es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?». Musculus.

Versículo 17. Pecaron aún más. Su pecado no era solo murmurar, pecaminoso como es eso, sino un deseo descontrolado. ¿Y de qué era ese deseo? De carne. Se habían cansado tanto del pan del cielo que Dios tan misericordiosamente proveía; y querían algo adicional, algo, además, que no era absolutamente necesario para su existencia. Cuando murmuraron por agua en Masah, murmuraron por algo necesario. Su pecado entonces estuvo en murmurar en lugar de orar. Pero aquí codiciaron algo innecesario, y esto agravó su pecado. Y así el salmista, comparando evidentemente este pecado con la murmuración en Masah, dice: «Pecaron aún más contra él». George Wagner, en "The Wanderings of the Children of Israel."

Sugerencias para el predicador

Versículo 17. El pecado, en su progreso, se alimenta de las misericordias divinas para ayudar a su avance, como también de cualquier otra circunstancia que lo rodea.

Versículos 17-21.

Versículos 18-21. El progreso del mal.

«Cayeron sus cadáveres.» C. D.

Versículos 21-22. Consecuencias malas de la incredulidad.

Salmos 78:18

Versículo 18. «Y tentaron a Dios en su corazón.» Él no fue tentado, pues no puede ser tentado por nadie, pero ellos obraron de una manera calculada para tentarlo, y siempre es justo imputar a los hombres lo que es la tendencia obvia de su conducta. Cristo no puede morir otra vez, y sin embargo muchos lo crucifican de nuevo, porque tal sería el resultado legítimo de su conducta si sus efectos no fueran impedidos por otras fuerzas. Los pecadores del desierto habrían querido que el Señor cambiara sus sabios procederes para complacer sus caprichos; por eso se dice que lo tentaron. «Pidiendo comida a su gusto.» ¿Querrían que Dios se hiciera proveedor de su glotonería? ¿No había más remedio sino que les diera todo lo que sus apetitos enfermos pudieran ansiar? El pecado comenzó en sus corazones, pero pronto llegó a sus lenguas. Lo que al principio deseaban en silencio, pronto lo exigieron a gritos con amenazas, insinuaciones y reproches.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 18. Tentaron a Dios. Sabemos que, aunque «Dios no puede ser tentado por el mal», se puede decir con justicia que es tentado siempre que los hombres, por estar descontentos con sus tratos, le piden virtualmente que los altere y proceda de una manera más acorde con sus sentimientos. Si reflexionan un poco, difícilmente dejarán de percibir que, en un sentido muy estricto, esto y cosas parecidas pueden llamarse tentar a Dios. Supongan que un hombre está descontento con las disposiciones de la Providencia; supongan que murmura y se queja de lo que el Todopoderoso le asigna hacer o soportar: ¿no se le ha de acusar de provocar a Dios a cambiar su propósito? Y ¿qué es esto sino «tentar» a Dios, un empeño en inducirlo a desviarse de sus planes, aunque todos ellos hayan sido fijados por sabiduría infinita? O también, si alguno de nosotros, no obstante las multiplicadas pruebas de la bondad divina, duda o pone en cuestión si Dios de veras lo ama, ¿de qué es culpable sino de tentar al Señor, viendo que solicita de Dios pruebas adicionales, como si hubiera deficiencia, y lo desafía a nuevas demostraciones de lo que ya ha exhibido abundantemente? Esto se llamaría tentar entre los hombres. Si un niño mostrara con sus actos que duda o no cree en el afecto de sus padres, se consideraría que con ello se esfuerza por arrancarles nuevas pruebas de ese afecto, aunque ya han hecho tanto como en justicia o en sabiduría debían haber hecho; esto sería un claro tentarlos, y ello en el sentido ordinario del término. En suma, toda incredulidad, de cualquier clase y grado, puede decirse que es tentar a Dios; pues no creer con la evidencia que él ha tenido a bien dar es tentarlo a dar más de lo que ya ha dado, ofreciendo nuestro posible asentimiento, si se aumentara la prueba, como un aliciente para que vaya más allá de lo que su sabiduría ha prescrito... No pueden desconfiar de Dios sin acusarlo de falta de poder o de bondad; no pueden quejarse —ni siquiera en pensamiento— sin decirle virtualmente que sus planes no son los mejores ni sus dispensaciones las más sabias que podrían haberse dispuesto respecto de ustedes. De modo que su temor, su desánimo o su ansiedad en circunstancias de perplejidad o de peligro no es menos que un llamado a Dios para que se aparte de su curso fijo, una sospecha, o más bien una afirmación, de que podría proceder de una manera más digna de sí mismo, y por tanto un desafío a que altere sus tratos si quiere probar que posee los atributos que reclama. Puede que no intenten acusar o provocar así a Dios siempre que murmuran; pero su murmuración hace todo esto y no puede dejar de hacerlo. No pueden estar descontentos sin decir virtualmente que Dios podría ordenar mejor las cosas; no pueden decir que podría ordenar mejor las cosas sin exigir virtualmente que cambie su modo de obrar y dé otras pruebas de sus infinitas perfecciones. Y así lo tientan, lo tientan tal como lo hicieron los israelitas en el desierto. Henry Melvill.

Versículo 18. Pidiendo comida a su gusto. Dios les había dado comida para su hambre en el maná, alimento sano y agradable, y en abundancia; les había dado comida para su fe, de las cabezas de Leviatán, que quebrantó, Sal 74:14. Pero todo esto no bastaba: debían tener comida a su gusto; manjares y variedades para satisfacer un apetito lujurioso. Nada provoca más a Dios que nuestro disputar con nuestra suerte y dar satisfacción a los deseos de la carne. Matthew Henry.

Salmos 78:19

Versículo 19. De este versículo aprendemos que la incredulidad hacia Dios es una calumnia contra él. Sí, «hablaron contra Dios». Pero ¿cómo? La respuesta es: Dijeron: «¿Podrá poner mesa en el desierto?» Poner en duda la capacidad de quien es manifiestamente Todopoderoso es hablar contra él. Esta gente fue tan baja que dijo que, aunque su Dios les había dado pan y agua, no podía disponer ni servir debidamente una mesa. Podía darles comida tosca, pero no preparar un banquete debidamente dispuesto, o eso declararon con ingratitud. Como si el maná fuera un mero recurso de ocasión y el arroyo de la roca un expediente pasajero, piden tener una mesa regularmente servida, como la que habían tenido en Egipto. ¡Ay, cuántas veces también nosotros hemos disputado con nuestras misericordias y nos hemos consumido quejumbrosamente por algún bien imaginario, contando por nada nuestros goces reales porque no resultaron conformarse exactamente a nuestras necias fantasías! Los que no se contentan hablarán contra la providencia aun cuando los colma diariamente de beneficios.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 19. Debe observarse particularmente que el pecado de que fueron culpables los hijos de Israel en esta ocasión no estuvo en desear pan y agua, sino en pensar por un solo momento que, después de que el Señor los había sacado de Egipto, permitiría que, por falta de alguna cosa necesaria, no llegaran a Canaán. No era pecado tener hambre y sed; era una necesidad de su naturaleza. No hay nada viviente que no desee y requiera alimento: cuando no lo hacemos, estamos muertos, y que ellos lo hicieran no era pecado. Su pecado fue dudar de que Dios pudiera o quisiera sostenerlos en el desierto, o permitir que quienes seguían su guía carecieran de algún bien. Este fue su pecado. Lo mismo ocurre ahora con el cristiano. Estos israelitas no requerían más literalmente un suministro de alimento diario para sus cuerpos que el cristiano para su alma. No requerirlo es señal de muerte, y el alma viva pronto moriría sin él. Y lejos de ser pecado, nuestro Señor ha declarado bienaventurado al que tiene hambre y sed de justicia, añadiendo la preciosísima promesa de que todos ellos serán saciados. Pero es pecado, y pecado muy grande, que, si este alimento no se suministra de manera perceptible, y a la evidencia de nuestros sentidos, de inmediato, murmuremos y temamos. Fue para la prueba de su fe que estas cosas les sucedieron a los israelitas, como las pruebas de todos los cristianos de todas las épocas: y es «después que hayáis padecido un poco de tiempo» cuando podemos esperar ser establecidos, fortalecidos, afirmados. Brownlow North, en "Ourselves. A Picture sketched from the History of the Children of Israel," (1865).

Versículos 19-20. Después de toda su experiencia, dudaron de la omnipotencia divina, como si hubiera de tenerse en nada cuando se negaba a satisfacer sus apetitos. La incredulidad está tan hondamente arraigada en el corazón humano que, cuando Dios hace milagros en la tierra, la incredulidad duda si puede hacerlos en el cielo, y cuando los hace en el cielo, si puede hacerlos en la tierra. Augustus F. Tholuck.

Salmos 78:20

Versículo 20. «He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, y torrentes inundaron la tierra.» Admiten lo que había hecho y, sin embargo, con superabundante necedad e insolencia, exigen más pruebas de su omnipotencia. «¿Podrá dar también pan?, ¿dispondrá carne para su pueblo?» Como si el maná fuera nada, como si solo la carne fuera verdadero alimento para los hombres. Si hubieran argumentado: «¿Acaso no puede darnos carne?», el argumento habría sido razonable; pero cayeron en la insensatez cuando, habiendo visto muchas maravillas de la omnipotencia, se atrevieron a insinuar que otras cosas estaban más allá del poder divino. Sin embargo, también en esto hemos imitado su conducta insensata. Cada nueva dificultad ha excitado nueva incredulidad. Seguimos siendo necios y tardos de corazón para creer a nuestro Dios, y esta es una falta que debe lamentarse con la más honda penitencia. Por esta causa el Señor se enoja a menudo con nosotros y nos castiga duramente; pues la incredulidad contiene un grado de provocación del orden más alto.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 20. «¿Podrá dar también pan?» Debieron haber dicho: «¿Servirá a nuestros apetitos?», pero les daba vergüenza decirlo. John Trapp.

Versículo 20. ¿Quién dirá que un hombre es agradecido a su amigo por una bondad pasada si alberga una mala opinión de él para el futuro? Esto fue todo lo que el ingrato Israel devolvió a Dios por haber abierto milagrosamente la roca para apagar su sed: «He aquí ha herido la peña... ¿Podrá dar también pan?» Este era, en verdad, su oficio todo el tiempo que estuvieron en el desierto. Por eso Dios les da su carácter, no por lo que parecían ser mientras sus misericordias estaban ante ellos —entonces podían decir que «Dios era su roca, y el Dios Altísimo su redentor»—, sino por su temple y su conducta en las estrecheces: cuando se retiró el mantel y el banquete fue quitado de su vista, ¿qué opinión tenían entonces de Dios? ¿Podían honrar su nombre hasta el punto de confiar en él para su comida de mañana, quien los había banqueteado ayer? Verdaderamente no: en cuanto sienten que vuelve el hambre, como niños díscolos, claman como si Dios pretendiera matarlos de hambre. Por eso Dios rechaza sus alabanzas, no reconoce sus hipócritas confesiones, sino que deja constancia de su ingratitud: se olvidaron de sus obras, y no esperaron su consejo. ¡Oh, qué triste es que, después de haber agasajado Dios a un alma en su mesa con selectas misericordias y liberaciones, estas sean tan mal administradas que no quede ni un bocado de ellas para dar a la fe una comida, para evitar que el corazón desfallezca cuando Dios no viene a librar tan pronto como se desea! Es el más agradecido el hombre que atesora las misericordias de Dios en su memoria y puede alimentar su fe con lo que Dios ha hecho por él, para caminar en su fuerza en las estrecheces presentes. William Gurnall.

Salmos 78:21

Versículo 21. «Por tanto, oyó Jehová, y se indignó.» No fue indiferente a lo que dijeron. Moraba entre ellos en el lugar santo y, por tanto, lo insultaron en su cara. No oyó un informe de ello, sino que el lenguaje mismo llegó a sus oídos. «Se encendió fuego contra Jacob.» El fuego de su ira, que fue acompañado también de quemaduras literales. «Y el enojo subió también contra Israel.» Ya los considerara bajo la luz inferior o la superior, como Jacob o como Israel, se enojó con ellos: aun como simples hombres debían haberle creído; y como tribus escogidas, su perversa incredulidad no tenía excusa. Bien hace el Señor en airarse ante un insulto tan ingrato, gratuito y cobarde como el poner en duda su poder.

Salmos 78:22

Versículo 22. «Por cuanto no habían creído a Dios, ni confiado en su salvación.» Este es el pecado maestro, el pecado que clama. Como Jeroboam hijo de Nabat, peca y hace pecar a Israel; es en sí mismo malo y padre de males. Fue este pecado el que cerró a Israel la entrada a Canaán, y cierra a miríadas la entrada al cielo. Dios está dispuesto a salvar, uniendo el poder con la voluntad, pero el hombre rebelde no quiere confiar en su Salvador y, por tanto, ya ha sido condenado. En el texto parece que todos los demás pecados de Israel fueran nada comparados con este; es la mancha peculiar que el Señor señala, la provocación especial que lo airó. De esto aprenda todo incrédulo a temblar más ante su incredulidad que ante cualquier otra cosa. Si no es fornicario, ni ladrón, ni mentiroso, reflexione que le basta para condenarlo el no confiar en la salvación de Dios.

Salmos 78:23

Versículo 23. «Sin embargo, mandó a las nubes de arriba.» Tal maravilla debió haber hecho imposible la incredulidad: cuando las nubes se vuelven graneros, ver debería ser creer, y las dudas deberían disolverse. «Y abrió las puertas de los cielos.» Las grandes puertas del almacén se abrieron de par en par, y el grano del cielo se derramó en montones. Los que no creyeron en tal caso estaban en verdad endurecidos; y, con todo, nuestra propia situación es muy semejante, pues el Señor ha obrado para nosotros grandes liberaciones, igualmente memorables e innegables, y sin embargo nos asedian sospechas y presentimientos. Pudo haber cerrado sobre nosotros las puertas del infierno, y en lugar de ello ha abierto las puertas del cielo; ¿no creeremos en él y lo engrandeceremos por esto?

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 23. Abrió las puertas de los cielos. Hay aquí una alusión al diluvio, como en Sal 78:15. A. R. Fausset.

Versículo 23. Abrió las puertas de los cielos. Dios, que tiene la llave de las nubes, abrió las puertas del cielo, lo cual es más que abrir las ventanas, que con todo se menciona como una gran bendición, Mal 3:10. Matthew Henry.

Versículo 23. Abrió las puertas de los cielos. Es una metáfora tomada de un granero, del cual se saca el grano; y con abrir las puertas se significa que el maná cayó muy abundantemente. Compárese Gn 7:11. Thomas Fenton.

Versículos 24-25. El maná. El profeta celebra este milagro, primero, por el lugar insólito de donde fue enviado el maná. Pues no produjo frutos de la tierra con que alimentarlos, sino que hizo llover este alimento desde las nubes y desde las profundidades de los cielos. Segundo, por la facilidad de la distribución. Por el solo mandato de Dios, sin trabajo alguno de los hombres, más aún, mientras dormían, se preparaba este alimento. Por eso se dice: Les dio, etc. Tercero, celebra su gran abundancia, que bastó para proveer a tan gran multitud. Cuarto, la excelencia del alimento. Lo llama alimento de los excelentes o de los fuertes, tal que no era agradable solo a la multitud común, sino también a los príncipes y a los héroes, pues era el alimento de los poderosos. Mollerus.

Salmos 78:24

Versículo 24. «Y les hizo llover maná para que comiesen.» Había tanto que los cielos vertían alimento, las nubes reventaban de provisiones. Era un alimento apropiado, hecho no para mirarlo sino para comerlo; podían comerlo según lo recogían. Aunque era misterioso, de modo que lo llamaron maná, o «¿qué es esto?», era eminentemente adecuado para la nutrición humana; y así como era abundante y adecuado, ¡también estaba al alcance! No tenían que ir lejos a buscarlo; estaba cerca de ellos y solo tenían que recogerlo. ¡Oh Señor Jesús, bendito maná del cielo, cómo concuerda todo esto contigo! Aun ahora nos alimentaremos de ti como de nuestra comida espiritual, y te rogaremos que ahuyentes de nosotros toda perversa incredulidad. Nuestros padres comieron maná y dudaron; nosotros nos alimentamos de ti y nos llenamos de seguridad. «Y les dio trigo de los cielos.» Todo fue un don sin dinero y sin precio. Alimento que caía de lo alto, y de la mejor calidad, tanto que se le llamó trigo del cielo, les fue concedido gratuitamente. El maná era redondo, como semilla de culantro, y por eso se llamó con razón grano; no brotaba de la tierra, sino que descendía de las nubes, y por eso las palabras del versículo son literalmente exactas. Lo que debe notarse es que esta maravilla de maravillas dejó a los que la veían, y a los que se banqueteaban, tan propensos como siempre a desconfiar de su Señor.

Salmos 78:25

Versículo 25. «Pan de nobles comió el hombre.» Se superaron las delicias de los reyes, pues se suministraron los manjares de los ángeles. El pan de los poderosos cayó sobre el hombre débil. Los que son menores que los ángeles se alimentaron igual de bien. El maná no cayó para los sacerdotes ni para los príncipes, sino para toda la nación, para todo hombre, mujer y niño en el campamento; y hubo suficiente para todos ellos, pues «les envió comida hasta saciarles». Los banquetes de Dios nunca son escasos; da la mejor dieta, y en abundancia. Las provisiones del evangelio merecen todo elogio que podamos acumular sobre ellas; son gratuitas, plenas y sobresalientes; son preparadas, enviadas y concedidas por Dios. Bien alimentado está aquel a quien Dios alimenta; la comida del cielo es nutritiva y abundante. Si alguna vez nos hemos alimentado de Jesús, hemos probado algo mejor que el pan de los ángeles; porque

«Nunca probaron los ángeles en lo alto

algo como la gracia redentora y el amor moribundo.»

Será sabiduría nuestra comer hasta saciarnos de él, pues Dios lo ha enviado de tal modo que no estamos limitados en él, sino en nuestras propias entrañas. Dichosos peregrinos que en el desierto tienen su comida enviada desde el propio palacio del Señor allá arriba; coman abundantemente del banquete celestial y engrandezcan la gracia suficiente que provee a todas sus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 25. Hombre. Más bien, como en Éx 16:6, todo hombre. Ninguno de ellos quedó sin él. A. R. Fausset.

Versículo 25. Pan de nobles comió el hombre. Se le llama pan de ángeles no porque los ángeles se alimenten de él diariamente, sino porque fue hecho y administrado por el ministerio de ángeles, y esa frase pone de relieve su excelencia. Christopher Ness (1621-1705), en "The Sacred History and Mystery of the Old Testament."

Versículo 25. Pan de ángeles. El maná se llama pan de ángeles porque fue traído por su ministerio; y era tan agradable al gusto que, si los ángeles hubieran comido pan, les habría servido. John Weemse.

Versículo 25. Pan de ángeles. Así se llamó su maná, o bien:

Y así, en verdad, la extraordinaria gloria del rostro de Esteban se pone de relieve diciendo que «vieron su rostro como el rostro de un ángel», Hch 6:15; y Pablo llama a una lengua excelente «lenguas... de ángeles», 1 Co 13:1. Arthur Jackson.

Versículo 25. Cuanto más excelente es el beneficio que Dios da, mayor es la ingratitud de quien no lo estima ni lo aprovecha como conviene; como vemos en el pecado de Israel, que no estimó el maná como debía. Si el Señor los hubiera alimentado con polvo de la tierra, o raíces de hierba, o cualquier otra cosa vil, no habrían tenido razón para quejarse; pero cuando les da un alimento nuevo, creado cada mañana por causa de ellos, enviado del cielo como provisión fresca cada día, de tan excelente color, sabor, olor y salubridad, ¡qué provocación a Dios fue no contentarse ahora, en especial cuando se lo dio abundantemente! Les envió comida hasta saciarles. David Dickson.

Sugerencias para el predicador

Versículo 25. Diferentes clases de alimento. Comida de bestias, Lc 15:16. Comida de pecadores, Os 4:8. Comida de formalistas, Os 12:1. Comida de santos, Jer 15:16, Jn 6:53-57. Comida de ángeles. Comida de Cristo, Jn 4:34. C. D.

Versículos 29-31. Oraciones peligrosas. Cuando la concupiscencia dicta, puede responder la ira. Que la gracia dicte, y responderá la misericordia. C. D.

Versículos 34-37. Los pies del hipócrita, Sal 78:34. La memoria del hipócrita, Sal 78:35. La lengua del hipócrita, Sal 78:36. El corazón del hipócrita, Sal 78:37. O bien: el manto del hipócrita y el corazón del hipócrita. C. D.

Salmos 78:26

Versículo 26. «Movió el solano en el cielo.» Él es Señor supremo, por encima del príncipe de la potestad del aire: las tormentas se levantan y las tempestades soplan a su mandato. Los vientos duermen hasta que Dios los despierta, y entonces, como Samuel, cada uno responde: «Heme aquí, pues me llamaste». «Y trajo con su poder el viento sur.» O bien estos vientos se sucedieron, y así empujaron las aves en la dirección deseada, o bien se combinaron para formar un viento del sudeste; en ambos casos cumplieron el designio del Señor e ilustraron su poder supremo y universal. Si un viento no sirve, servirá otro; y si es necesario, soplarán ambos a la vez. Hablamos de vientos inconstantes, pero su obediencia a su Señor es tal que merecen una palabra mejor. Si nosotros mismos fuéramos la mitad de obedientes que los vientos, seríamos muy superiores a lo que somos ahora.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 26. «Movió el solano en el cielo, y trajo con su poder el viento sur.» Aquí, al examinar la posición geográfica de los israelitas, vemos exactamente cómo el viento del sudeste traería las codornices. Los israelitas acababan de pasar por el Mar Rojo y habían empezado a experimentar un anticipo de las privaciones que debían esperar en el desierto por el que tenían que pasar. Pasando hacia el norte en sus migraciones habituales, las aves llegarían a la costa del Mar Rojo y allí esperarían hasta que un viento favorable les permitiera cruzar el agua. El viento del sudeste les prestó justo la ayuda que necesitaban, y naturalmente la aprovecharían. J. G. Wood, en "Bible Animals," 1869.

Salmos 78:27

Versículo 27. «E hizo llover sobre ellos carne como polvo.» Primero hizo llover pan y luego carne, cuando bien pudo haber hecho llover fuego y azufre. Las palabras indican la rapidez y la abundancia con que descendían las codornices. «Como arena del mar, aves que vuelan»; no había manera de contarlas. Por una providencia notable, si no por un milagro, cantidades enormes de aves migratorias fueron hechas posar en torno a las tiendas de las tribus. Sin embargo, era una bendición dudosa, como lo son por lo común las riquezas fácilmente adquiridas y sobreabundantes. Que el Señor nos libre de la carne sazonada con la ira divina.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 27. Como polvo. El punto de comparación son las asombrosas nubes de polvo fino o de arena que un viento violento levanta en los desiertos de Oriente. William Keatinge Clay.

Versículo 27. Aves que vuelan. En hebreo, «ave de ala», es decir, aves voladoras, a diferencia de las aves de corral. Williams, en las notas a Calvino sobre este pasaje.

Versículos 27 y 31. Si el cementerio de Sarbut el Khadem es, como todas las evidencias previas concurren en indicar, obra de los israelitas (un gran cementerio de su fatal campamento en Kibrot-hataava), es muy razonable esperar que sus monumentos contengan representaciones simbólicas del milagro de las «aves que vuelan» y de la terrible plaga que lo siguió. Pues bien, Niebuhr nos permite felizmente satisfacer esta justa expectativa con sus copias de los jeroglíficos de tres de aquellas lápidas, publicadas en las láminas 45 y 46 de su primer volumen y precedidas, en la lámina 44, por un plano del cementerio mismo, que vale más que todas las descripciones posteriores juntas. El presente autor descubrió (como se afirma en una obra anterior, «The Voice of Israel»), por el testimonio de no menos de cuatro inscripciones sinaíticas, que las aves del milagro, llamadas por Moisés, de manera genérica, wlv, salu, y por el salmista, de manera todavía más general, Pgk Pwe, aves de ala, o más correctamente «aves de alas largas», no eran (como las traducen todas nuestras versiones, antiguas y modernas) codornices, sino un ave rojiza semejante a la grulla y parecida a un ganso, llamada en árabe nuham. El descubrimiento recibió después una singular y notable confirmación cuando el deán Stanley, y antes que él Schubert, descubrieron inmensas bandadas de esos mismos nuhams en el supuesto escenario del milagro, en Kibrot-hataava. Con estos antecedentes en la mente, vuelva ahora el lector a los tres monumentos copiados por Niebuhr en el cementerio de Sarbut el Khadem. Verá enseguida que un ave semejante a la grulla y parecida a un ganso, de cuerpo esbelto y patas largas, es el símbolo jeroglífico principal en las tres tablas. No menos de veinticinco de estas aves simbólicas aparecen en la primera, diez en la segunda y quince en la tercera. El ganso aparece de vez en cuando, pero los ejemplares principales tienen el aire del ganso y la forma de la grulla. En una palabra, son la misma especie de aves que vio el deán Stanley, tanto en este punto del Sinaí como en la primera catarata del Nilo, y que aparece de continuo también en los monumentos egipcios; como si el mismo alimento de Egipto, tras el cual suspiraban los israelitas, hubiera sido enviado para ser a la vez su presa y su plaga. «Y les decían los hijos de Israel: ¡Qué más quisiéramos haber muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne!» Éx 16:3. Tiene aquí el lector ante sí el hecho irrefutable de que las mismas aves que, por toda suerte de evidencias, quedan identificadas con los salus, o aves de patas largas y alas largas del milagro, son las mismas aves representadas en las lápidas de Sarbut el Khadem, posadas, volando y aun, al parecer, atadas y cocinadas... La inferencia inevitable es... que estas lápidas registran el milagro de las «aves que vuelan» y se alzan sobre las tumbas de los glotones que las consumieron. Charles Forster, en "Israel in the Wilderness," 1865. El señor Forster descifra así, por su alfabeto, algunas de las leyendas y emblemas mezclados:

«Desde el mar las grullas se congregan en un lugar;

Los arqueros disparan a las grullas que cruzan la llanura.

De estómago malsano se lanzan tras la presa;

El sepulcro, su destino; su médula, corrompida por Dios;

El búho adormilado, emblema de muerte; Dios envía destrucción entre ellos.»

«La madre de los sepulcros: los gansos negros y blancos;

Muerte repentina: codiciando con avidez la carne, mueren los glotones.

A la cumbre del monte suben los hebreos;

Comen, devoran, consumen, hasta que nada queda, rebasando todo límite;

Corrompidos sus cuerpos, mueren por la gula.»

Salmos 78:28

Versículo 28. «Las hizo caer en medio del campamento.» No tenían que hacer viaje alguno; habían clamado por carne, y esta casi les volaba a la boca, alrededor de sus moradas. Esto los alegró por el momento, pero no sabían que las misericordias pueden enviarse con ira; de otro modo habrían temblado al ver las cosas buenas que habían codiciado.

Salmos 78:29

Versículo 29. «Comieron, y se saciaron.» Devoraron las aves con avidez, hasta la hartura. El Señor les mostró que podía «preparar carne para su pueblo», más que suficiente y de sobra. Les mostró también que cuando la concupiscencia logra su deseo queda defraudada, y por el camino de la saciedad llega al hastío. Primero el alimento sacia, después da náuseas. «Les cumplió, pues, su deseo.» Se llenaron de sus propios caminos. La carne les era dañina, pero, como la pidieron a gritos, la tuvieron, y con ella una maldición. Oh Dios mío, niégame mis ruegos más urgentes antes que responderlos con enojo. Mejor es tener hambre y sed de justicia que estar bien saciado con los manjares del pecado.

Versículos 30-31. No habían quitado de sí su anhelo. La concupiscencia crece con lo que la alimenta. Si, hartos de tanta carne, los hombres no se cansan sin embargo de la concupiscencia, cambian de objeto y siguen codiciando. Cuando un pecado se comprueba amargo, los hombres no desisten, sino que persiguen otra iniquidad. Si, como Jehú, se apartan de Baal, se ponen a adorar los becerros de Bet-el. Pero «aún estaba la comida en su boca»; antes de que pudieran digerir la carne codiciada, se les volvió destrucción. La ira de Dios vino sobre ellos antes de que pudieran tragar su primera comida de carne. Breve fue el placer, repentino el castigo. El festín terminó en funeral. «E hizo morir a los más robustos de ellos, y derribó a los escogidos de Israel.» Quizá estos eran los cabecillas de la codicia; son los primeros en el castigo. La justicia de Dios no hace acepción de personas: caen el fuerte y el valiente igual que el débil y el humilde. Lo que comieron en la tierra lo digirieron en el infierno, como muchos han hecho desde entonces. ¡Con qué rapidez murieron, aunque no sintieron el filo de la espada! ¡Cuán terrible fue la mortandad, aunque no en el estruendo de la batalla! Alma mía, mira aquí el peligro de las pasiones satisfechas; son los porteros del infierno. Cuando los hijos del Señor tienen hambre, Dios los ama; Lázaro es su amado, aunque se consuma por migajas; pero cuando engorda a los impíos, los aborrece; Epulón es aborrecido del cielo cuando hace cada día banquete con esplendidez. Nunca debemos atrevernos a juzgar la felicidad de los hombres por su mesa; el corazón es el lugar donde hay que mirar. El más pobre y hambriento de los creyentes es más digno de envidia que el más repleto de los favoritos del mundo. Más vale ser el perro de Dios que el niño mimado del diablo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 29. Nota: El profeta establece en este salmo, por así decirlo, un conflicto entre Dios y el hombre. Dios contiende con bendiciones; el hombre, con pecados. Dios despliega su poder en beneficio del hombre inmerecedor, Sal 78:12, «Hizo maravillas a vista de sus padres»; el hombre paga el poder divino con infidelidad, Sal 78:17, «Pero aún volvieron a pecar contra él». Y más adelante, en Sal 78:19, «¿Podrá poner mesa en el desierto?» En segundo lugar, Dios derrama su generosidad para abrumar a los pecadores ingratos con sus dones, Sal 78:23, «Mandó a las nubes de arriba... e hizo llover sobre ellos maná». Estos hombrecillos (homunciones) oponen su glotonería a la liberalidad de Dios y abusan de los dones recibidos, Sal 78:29, «Comieron, y se saciaron». En tercer lugar, la justicia divina renueva el conflicto para azotar de una vez su estupidez, Sal 78:30-31, «Aún estaba la comida en su boca, cuando vino sobre ellos la ira de Dios». Todavía obstinados, dan coces contra el aguijón, Sal 78:32, «Con todo esto, pecaron aún». En cuarto lugar, la misericordia baja volando del cielo para invitarlos a la paz, Sal 78:38, «Pero él, misericordioso». Los hombres se envalentonan con su compasión y recaen con más facilidad en el pecado, Sal 78:40, «¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto!» En quinto y último lugar, cuando todo parece perdido, el amor se acerca y obra prodigios inauditos para tocar su dureza y librarlos de los peligros que los oprimían, Sal 78:43, «Cuando puso en Egipto sus señales». A estas flechas de su amor oponen los pecadores el olvido de todos sus beneficios, Sal 78:42, «No se acordaron de su mano, del día que los redimió de la mano del opresor». Y todo esto sucedió antes de que entraran en la tierra prometida. El conflicto que hubo entre los hebreos y Dios en la tierra prometida se relata en la sección siguiente del salmo. Thomas Le Blanc.

Versículos 29-31. Oraciones peligrosas. Cuando dicta la concupiscencia, puede responder la ira. Que dicte la gracia, y responderá la misericordia. C. D.

Salmos 78:30

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 30. «No habían quitado de sí su anhelo.» Esto implica que seguían ardiendo en su concupiscencia. Si se objeta que esto no concuerda con la frase anterior, donde se dice que «comieron, y se saciaron», respondería que, como es bien sabido, cuando el ánimo de los hombres no se mantiene dentro de los límites de la razón y la templanza, se vuelve insaciable; y por eso una gran abundancia no apagará el fuego de un apetito depravado. John Calvin.

Versículo 30. «No habían quitado de sí su anhelo.» Estaban hartos, pero no satisfechos. Es tan fácil apagar el fuego del Etna como los pensamientos encendidos por la concupiscencia. John Trapp.

Versículo 30. «No habían quitado de sí su anhelo.» Considera que hay más satisfacción verdadera en mortificar las concupiscencias que en proveer para ellas o en cumplirlas; hay más placer verdadero en contrariar y castigar nuestra carne que en complacerla; si hubiera algún placer verdadero en el pecado, el infierno no sería infierno, pues a más pecado, más gozo. No puedes satisfacer una sola concupiscencia, aunque hagas todo lo posible y te hagas esclavo suyo del todo; piensas que si tuvieras el deseo de tu corazón descansarías; te equivocas mucho; ellos lo tuvieron. Alexander Carmichael.

Salmos 78:31

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 31. «Cuando vino sobre ellos la ira de Dios, e hizo morir a los más robustos de ellos.» Aquí hay dos cosas dignas de notarse. 1. La primera: por qué les dio abundancia y suficiencia de codornices y después castigó a los murmuradores e incrédulos. Si los hubiera castigado antes, habría parecido tener más capacidad para destruirlos que para darles carne. Por tanto, para declarar primero su poder, y así poner más en claro la incredulidad del pueblo y mostrar cuán merecedores eran del castigo, mostró primero que podía dar, porque ellos creían que no podía, y luego los castigó por su incredulidad... 2. La otra: que destruyó a los gordos y escogidos del pueblo, aunque se dice que todos murmuraron. Sin duda eran los primeros en el delito y por eso se los menciona de modo especial en el castigo. Musculus.

Versículo 31. «Hizo morir a los más robustos de ellos.» Fueron cebados como ovejas para el matadero. El carnicero toma primero las más gordas. Podemos suponer que hubo algunos israelitas piadosos y contentos que comieron de las codornices con moderación y no sufrieron daño alguno; pues no fue la carne lo que los envenenó, sino su propia concupiscencia. Lean aquí su suerte los epicúreos y sensualistas; los que hacen «dios al vientre, su fin es perdición», Fil 3:19. Matthew Henry.

Versículos 31-34. El cristiano tiene más placer verdadero de la criatura que el impío, pues le llega más refinado que a este. El desdichado impío chupa todo, heces incluidas: heces de pecado y heces de ira; la copa del cristiano no está así condimentada. Primero, heces de pecado: cuantos más deleites de la criatura se le dan, más peca con ellos. ¡Ah, es triste pensar en el estrago que hacen en su corazón perverso! No son sino leña para que su concupiscencia se encienda; se van corriendo con sus gozos, como el pródigo con sus bolsas, o como los cerdos en tiempo de sacudir las bellotas; no hay modo de verlos ni de pensar en su regreso mientras puedan conseguir algo fuera, entre los deleites del mundo. Nadie es tan prodigiosamente malo como los que se alimentan en abundancia de placeres carnales. Son para el impío lo que el estiércol y la inmundicia para el cerdo, que engorda revolcándose en ellos; así se engruesan y engordan sus corazones, y sus conciencias se vuelven más estúpidas e insensibles al pecado por causa de ellos; mientras que los consuelos y deleites que Dios da a un alma santa por medio de la criatura se convierten en alimento espiritual para sus gracias y las sacan a ejercicio, como a otros les sacan las concupiscencias. Segundo, heces de ira. Los israelitas tuvieron poco placer de sus manjares, pues la ira de Dios cayó sobre ellos antes de que pudieran hacerlos bajar por la garganta. Apenas se sirve el banquete del pecador, la justicia divina prepara la cuenta que vendrá tras él, y la temible expectativa de esto no puede sino echar a perder el sabor de lo otro. William Gurnall.

Salmos 78:32

Versículo 32. «Con todo esto, pecaron aún.» Los juicios los conmovieron tan poco como las misericordias. Desafiaron la ira de Dios. Aunque había muerte en la copa de su iniquidad, no la quisieron apartar, sino que siguieron bebiéndola como si fuera una poción saludable. ¡Cuán verdaderamente podrían aplicarse estas palabras a los hombres impíos que han sido afligidos muchas veces, postrados en lecho de enfermo, quebrantados de espíritu y empobrecidos de hacienda, y sin embargo han perseverado en sus malos caminos, sin que los terrores los conmuevan ni las amenazas los muevan! «Y no dieron crédito a sus maravillas.» Su incredulidad era crónica e incurable. De nada valieron los milagros, ni de misericordia ni de juicio. Se los podía hacer maravillarse, pero no se los podía enseñar a creer. La permanencia en el pecado y en la incredulidad van juntas. De haber creído, no habrían pecado; de no haber estado cegados por el pecado, habrían creído. Hay una acción recíproca entre la fe y el carácter. ¿Cómo puede creer el amante del pecado? ¿Cómo, por otra parte, puede el incrédulo cesar de pecar? Los caminos de Dios con nosotros en su providencia son en sí mismos convincentes y convertidores, pero la naturaleza no renovada se niega a ser convencida o convertida por ellos.

Salmos 78:33

Versículo 33. «Por tanto, consumió sus días en vanidad.» Sin la fe, la vida es vanidad. Vagar de un lado a otro por el desierto era en verdad cosa vana, cuando la incredulidad los había dejado fuera de la tierra prometida. Era justo que quienes no quisieron vivir para cumplir el propósito divino creyendo y obedeciendo a su Dios fueran hechos vivir sin propósito y morir antes de tiempo, insatisfechos, sin bendición. Los que malgastaron sus días en el pecado tenían poco motivo de asombro cuando el Señor acortó sus vidas y juró que nunca entrarían en el reposo que habían despreciado. «Y sus años en tribulación.» Las fatigosas marchas eran su tribulación, y no llegar a ningún lugar de reposo era su vanidad. Innumerables tumbas quedaron a lo largo de todo el camino de Israel, y si alguien pregunta: «¿Quién mató a todos estos?», la respuesta ha de ser: «No pudieron entrar a causa de su incredulidad.» Sin duda gran parte de la vejación y del fracaso de muchas vidas proviene de que la incredulidad las mina y las pasiones malas las socavan como panal. Nadie vive tan estérilmente y tan miserablemente como los que dejan que los sentidos y la vista se impongan a la fe, y que su razón y su apetito dominen su temor de Dios. Nuestros días pasan bastante deprisa según el curso ordinario del tiempo, pero el Señor puede hacer que se consuman con una amargura mayor, hasta que sintamos como si el dolor royera de veras el corazón de nuestra vida y, como un cáncer, devorara nuestra existencia. Tal fue el castigo del Israel rebelde; conceda el Señor que no sea el nuestro.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 33. «Consumió sus días en vanidad.» Dice con gran sentido: en vanidad se consumieron sus días, porque fueron claramente privados de su esperanza y soportaron en vano todos sus sufrimientos. No alcanzaron lo que habían esperado; solo sus hijos entraron en la tierra. Mollerus.

Versículo 33. Los días se ponen en primer lugar, y luego los años; con lo cual se da a entender que la duración de su vida fue cortada por la maldición de Dios, y que era del todo evidente que fallecieron a mitad de su carrera. John Calvin.

Versículos 34-36. Hay algunos que, si caen en aflicciones, o enferman, o les da una fiebre y Dios sacude la muerte sobre su cabeza, o si se hallan en algunas ordenanzas solemnes, se ponen a resolver y a proponerse, y fácilmente se echan encima votos, de pacto personal con Dios; pero así como se obtienen con facilidad, con facilidad se desvanecen: «Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; entonces se volvían solícitos en pos de él». Varias veces nuestras aflicciones son como un canalón: cuando cae un gran aguacero, rebosamos de propósitos hacia Dios. «Pero le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían; pues sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron firmes en su pacto»; y sin embargo, cuando los hacía morir, lo buscaban y se volvían solícitos en pos de él; de modo que en las acciones deliberadas y en el pacto con Dios, así como se engendran de prisa, se desvanecen no menos de repente; la acción debe ser entonces deliberada cuando nos obligamos con el Fiador y nos comprometemos a más vigilancia y más ternura, o pronto se desvanecerá. Alexander Wedderburn, en "David's Testament, opened up in Forty Sermons," 1701.

Versículos 34-37. En estas palabras ven claramente que esta gente era muy pronta y ferviente en buscar a Dios para que quitara su mano y retirara los juicios que pesaban sobre ellos, pero no para que los sanara de aquellos pecados que lo provocaron a desenvainar su espada y a embriagarla con su sangre; pues, no obstante las tristes matanzas que la justicia divina había hecho entre ellos, no hacían sino lisonjear, mentir y hacer de hipócritas con Dios; de buena gana se habrían librado de sus sufrimientos, pero no les importaba librarse de sus pecados. ¡Ah, pero el alma que ha recibido gracia clama: Señor, quítame solo mis pecados, y eso me contentará y me alegrará, aunque jamás retires tu pesada mano! Un verdadero Natanael lo exhala en su mayor aflicción, como aquel buen hombre: A me, me salva, Domine (Agustín): líbrame, Señor, de ese hombre malo que soy yo mismo. Ninguna carga como la carga del pecado. ¡Señor!, dice el alma creyente: líbrame de mi carga interior, y échame la carga exterior que quieras. Thomas Brooks.

Versículos 34-37. Hay una clase de hombres que yacen en la enemistad de su naturaleza y en un estado no reconciliado, viviendo en la iglesia visible, los cuales no solo están muy refrenados y se muerden la enemistad por dentro, sino que, por medio de una obra inferior de la palabra y del Espíritu de Dios en sus corazones, son llevados a buscar a Dios para tener su amistad, y aun hacen mucho por él en acciones externas, y se ponen de parte de sus amigos; y sin embargo, como sus corazones no han cambiado, y la maldita enemistad de su naturaleza sigue viva y no ha sido quitada, permanecen en hiel de amargura. Por ejemplo, miren a los de Sal 78:34-37. Se dice que buscaban a Dios con premura como su Redentor mientras los hacía morir; sin embargo, solo le lisonjeaban con su boca, etc. Un adulador, ya saben, se diferencia de un amigo en que aparenta mucha bondad, pero le falta la buena voluntad interior, y obra por sus propios fines. Así buscan a Dios muchos a quienes él considera enemigos, pues lo buscan cuando ellos mismos están en apuros con él. Ahora bien, es difícil descubrirlos, porque fingen mucha amistad y externamente (puede ser) hacen tantas bondades externas como los verdaderos amigos; pues los aduladores abundan en bondades externas tanto como los amigos verdaderos, y aun a menudo los superan, para no ser descubiertos. Ahora bien, si ninguna de las señales anteriores los alcanza ni los toca, no queda mejor camino que escudriñar el fundamento de todo lo que hacen y examinar si procede de una buena voluntad verdadera, interior, pura y constante, sí o no, o de miras egoístas. Como cuando vemos a un mono hacer muchas cosas que hace un hombre, ¿cómo distinguimos entonces esas acciones en el uno y en el otro? Pues por los principios interiores de que brotan, diciendo que proceden de la razón en el uno, pero no en el otro. Si, por tanto, se puede demostrar que todo lo que alguien parece hacer por Dios no viene de buena voluntad hacia él, basta para convencerlos de que son personas no reconciliadas; pues si todas las bondades externas y expresiones de amistad no proceden de disposiciones propias de amigos y de pura buena voluntad, sino del todo de miras egoístas, no es más que lisonja fingida, aun entre los hombres; y una vez descubierta, engendra doble odio. Y hay mucha más razón para que así sea con Dios, porque, siendo un Dios que conoce el corazón, adularle es la mayor burla; pues eso es lo que principalmente provoca a los hombres a odiar a quienes disimulan amistad: que va unida a ella la burla. Ahora bien, que Dios tiene por adulador a todo el que no se vuelve a él por pura buena voluntad es claro por estas palabras de Sal 78:36-37: «Pero le lisonjeaban con su boca... ni estuvieron firmes en su pacto». Si los corazones de los hombres no están interiormente por Dios y con él, como un amigo lo estaría con un amigo, él los estima en sus acciones como contrarios a él. «Tu corazón —dice Pedro a Simón el mago— no es recto delante de Dios», Hch 8:21, y por eso le dice que estaba «en hiel de amargura». Thomas Goodwin.

Salmos 78:34

Versículo 34. «Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios.» Como perros azotados, lamían los pies de su Amo. Obedecían solo mientras sentían el látigo en los lomos. Duros son los corazones que solo la muerte puede conmover. Mientras miles morían a su alrededor, el pueblo de Israel se volvió de pronto religioso y acudió a la puerta del tabernáculo, como ovejas que corren en masa mientras el perro negro las acosa, pero se dispersan y vagan cuando el pastor lo llama con un silbido. «Entonces se volvían solícitos en pos de él.» No podían ser demasiado celosos; tenían prisa por probar su lealtad a su divino Rey. «Cuando el diablo enfermó, el diablo quiso ser fraile.» ¿Quién no sería piadoso mientras anda suelta la peste? Las puertas, que nunca habían sido tan santificadas, se marcan entonces con la cruz blanca. Hasta los réprobos mandan llamar al ministro cuando yacen moribundos. Así los pecadores rinden un homenaje involuntario al poder del bien y a la supremacía de Dios, pero su homenaje hipócrita vale poco a los ojos del Gran Juez.

Salmos 78:35

Versículo 35. «Y se acordaban de que Dios era su refugio.» Los golpes duros despertaron sus memorias adormecidas. A la aflicción siguió la reflexión. Fueron llevados a ver que toda su dependencia debía ponerse en su Dios; pues solo él había sido su abrigo, su fundamento, su fuente de provisión y su amigo inmutable. ¿Qué pudo hacerles olvidar esto? ¿Sería que tenían el estómago tan lleno de carne que no les quedaba espacio para rumiar las cosas espirituales? «Y el Dios Altísimo su redentor.» Esto también lo habían olvidado. La mano fuerte y el brazo extendido que los redimieron de la servidumbre se habían borrado ambos de su visión mental. ¡Ay, pobre hombre, qué fácilmente olvidas a tu Dios! Vergüenza te dé, gusano ingrato, no tener conciencia de los favores unos pocos días después de haberlos recibido. ¿No habrá nada que te haga guardar en la memoria la misericordia de tu Dios, salvo su total retirada?

Salmos 78:36

Versículo 36. «Pero le lisonjeaban con su boca.» Malos eran en lo mejor de sí. Falsos de rodillas, mentirosos en sus oraciones. El culto de labios debe de ser muy detestable a Dios cuando está separado del corazón: otros reyes aman la lisonja, pero el Rey de reyes la aborrece. Puesto que las aflicciones más agudas solo arrancan de los hombres carnales una sumisión fingida a Dios, tenemos prueba positiva de que el corazón está desesperadamente empeñado en el mal y de que el pecado está arraigado en nuestra misma naturaleza. Si azotas a un tigre con muchos azotes, no lo puedes convertir en oveja. No se puede azotar al diablo fuera de la naturaleza humana, aunque otro diablo, la hipocresía, sí se le puede meter a azotes. La piedad producida por la humedad del dolor y los calores del terror es de crecimiento de hongo; brota rápido —«se volvían solícitos en pos de él»—, pero es un mero hongo sin sustancia, de excitación pasajera. «Y con su lengua le mentían.» Su lenguaje piadoso era cantinela; su alabanza, mero viento; su oración, un fraude. Su arrepentimiento superficial era una película demasiado delgada para ocultar la herida mortal del pecado. Esto nos enseña a poner poca confianza en las profesiones de arrepentimiento hechas por moribundos, o aun en las que se hacen cuando el fundamento es evidentemente un temor servil y nada más. Cualquier ladrón gimoteará arrepentimiento si piensa que con ello el juez se moverá a dejarlo libre sin castigo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 36. Adulación a Dios.

Versículos 36-38. No hay disputa sobre el hecho, que da exactitud al texto, de que Dios se movió por un arrepentimiento que no tenía en sí ni siquiera los elementos de la tristeza piadosa por el pecado; que no pudo ser confundido, ni siquiera por un observador casual, y mucho menos por quien escudriña el corazón, con aquella penitencia que supone un cambio interior y radical; y, sin embargo, aun un arrepentimiento así bastó para alcanzar una recompensa de manos de Dios. Aunque el cilicio estaba en el cuerpo y no en el alma; aunque fue el castigo del pecado y no el pecado mismo lo que llevó a esta humillación externa, Dios no se apartó de la súplica forzada, sino que concedió la liberación que se buscaba de su mano. Sí, Dios, que nunca expresa mayor aborrecimiento de ningún carácter que del hipócrita; Dios, que nada rechaza con más indignación que el homenaje externo cuando no es el índice de una postración interior, se puede decir que quitó la humillación del pueblo como si no pudiera leer sus corazones, o como si, habiéndolos leído y advertido su rebeldía no sometida, aun así juzgara que la aparente contrición merecía alguna recompensa...

Si Dios no quiso dejar sin recompensa la apariencia y semblanza de contrición, ¿se olvidará de la penitencia verdadera? Si «apartó muchas veces su ira» de los que solo le lisonjeaban con su boca y con su lengua le mentían, ¿no tiene nada guardado para los humildes de espíritu que vienen a él con el sacrificio de un corazón quebrantado? ¡Oh! El apartar la ira temporal porque los ídolos fueron abandonados exteriormente es una poderosa garantía de que se apartará la ira eterna si somos heridos por dentro y huimos al Salvador en busca de refugio. Dios debe de tener un bien eterno reservado para sus amigos, si aun a sus enemigos los recompensa con bien temporal. Sí, cuando observo a los filisteos y a los amonitas oprimiendo a los israelitas idólatras, y veo luego a los opresores rechazados en pago aun de un servicio sin corazón, ¡oh!, aprendo que el verdadero arrepentimiento del pecado y la verdadera fe en el sacrificio de Jesucristo harán que todos los enemigos sean dispersados; vuelvo de contemplar al pueblo descarriado, emancipado a pesar del conocido vacío de sus votos, vuelvo seguro de que un reino que ni filisteo ni amonita pueden invadir será la porción de todos los que busquen liberación por medio de Cristo. Henry Melvill.

Salmos 78:37

Versículo 37. «Pues sus corazones no eran rectos con él.» No había profundidad en su arrepentimiento; no era obra del corazón. Eran volubles como una veleta; todo viento los hacía girar; su mente no estaba asentada en Dios. «Ni estuvieron firmes en su pacto.» Sus promesas apenas hechas eran quebrantadas, como si solo se hubieran hecho por burla. Los buenos propósitos llamaban a su corazón como los hombres a las posadas: se quedaban un rato y luego se despedían. Hoy eran ardientes por la santidad, mañana fríos hacia ella. Variables como los matices del delfín, cambiaban de la reverencia a la rebelión, del agradecimiento a la murmuración. Un día daban su oro para edificar un tabernáculo a Jehová, y al siguiente se arrancaban los zarcillos para hacer un becerro de oro. Ciertamente el corazón es un camaleón. Proteo no tenía tantos cambios. Como en la fiebre intermitente ardemos y tiritamos a la vez, así hacen en su religión las naturalezas inconstantes.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 37. «Sus corazones no eran rectos con él.» Dios les agrada cuando los llena a ellos de comida, no su corazón de sus gracias; por eso le pagan con la boca y no con el corazón. Son todo boca y lengua; pero Dios es todo corazón y pecho. Ellos dan palabras; Dios da leche y amor perfecto. El amor no llega a la naturaleza íntima de muchos hombres; se queda en la entrada. Thomas Le Blanc.

Versículo 37. «Sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron firmes», etc. Esta es la queja siempre repetida; véanse Sal 78:8, 22. No hay permanencia, no hay estabilidad en la reforma que se ha producido. Compárese Os 6:4. J. J. Stewart Perowne.

Salmos 78:38

Versículo 38. «Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía.» Aunque ellos estaban llenos de lisonja, él estaba lleno de misericordia, y por eso tuvo piedad de ellos. No por sus lastimosas e hipócritas pretensiones de penitencia, sino por su propia compasión real hacia ellos pasó por alto sus provocaciones. «Y apartó muchas veces su ira.» Cuando se había airado contra ellos, retiraba su enojo. Hasta setenta veces siete les perdonó sus ofensas. Era lento, muy lento para la ira. La espada fue alzada y relampagueó en el aire, pero volvió a su vaina, y la nación siguió viviendo. Aunque el texto no lo menciona, sabemos por la historia que un mediador intervino, el hombre Moisés se puso en la brecha; así también, en esta hora, el Señor Jesús intercede por los pecadores y aparta la ira divina. Muchos árboles estériles siguen en pie porque el viñador clama: «Déjala todavía este año.» «Y no despertó todo su enojo.» Si lo hubiera hecho, habrían perecido en un momento. Cuando su ira se enciende solo un poco, los hombres son consumidos como paja; pero si soltara su indignación, la tierra sólida misma se derretiría y el infierno tragaría a todos los rebeldes. ¿Quién conoce el poder de tu ira, oh Señor? Vemos la plenitud de la compasión de Dios, pero nunca vemos toda su ira.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 38. Según B. Kiddushin 30a, este versículo es el que está en medio de los 5896 Nyqymk, versos, del Salterio. Según B. Maccoth 22b, Sal 78:38, y antes Dt 28:58-59; 29:9, se recitaban mientras se contaban al culpable los cuarenta azotes menos uno, que, según 2 Co 11:24, Pablo recibió cinco veces. Franz Delitzsch.

Versículo 38. «Él, misericordioso», etc. Cuando tenía la mano alzada y estaba dando el golpe, la retiraba, como quien no puede resolverse en su corazón a darlo; y cuando lo daba, no despertaba todo su enojo; dejaba caer algunas gotas, pero no derramaba todo el aguacero; y da la razón de ambas cosas: «se acordó de que eran carne»; y, en verdad, su propósito primordial es mostrar misericordia; y que aflija es solo por ocasiones; por eso es provocado, y muy provocado, antes de hacerlo. Como es natural que la abeja dé miel, pero pica; pero solo pica por ocasión, cuando es provocada; y vemos por experiencia que esto es verdad en Dios, que sufre a los hombres, y los sufre largamente; ellos continúan en sus pecados, y él continúa en sus misericordias y retiene sus juicios. John Preston (1587-1628), en "The Golden Sceptre held forth to the Humble."

Versículo 38. Perdonar es una traducción muy inadecuada de la palabra hebrea, que sugiere necesariamente la idea de expiación como fundamento del perdón. Joseph Addison Alexander.

Versículo 38. «Apartó muchas veces su ira.» Dios es provocado cada día, y sin embargo es lento para la ira. Más aún, a veces, cuando ha determinado traer mal sobre un pueblo, y se ha puesto en actitud de juicio, ha sacado la espada y los ha herido, aunque ellos no cesan de provocarlo, él cesa de castigarlos; como un padre tierno que, al corregir a un hijo rebelde y sin gracia, a veces detiene la mano antes de que el hijo pida misericordia y por pura gracia se abstiene: así hizo Dios con Israel. A pesar de su disimulo con lenguas lisonjeras y corazones que quebrantaban el pacto, «perdonaba la maldad, y no los destruía; y apartó muchas veces su ira, y no despertó todo su enojo». Las palabras son: Multiplicó el apartar su ira: así como ellos multiplicaban el provocarla, él multiplicaba el apartarla; y así, al fin, superó en número sus pecados con sus misericordias, de modo que no fueron destruidos. John Strickland, en "A Sermon preached before the House of Commons," titulado "Mercy rejoicing against Judgment," 1645.

Versículo 38. «No despertó todo su enojo.» Su paciencia se manifiesta en moderar sus juicios cuando los envía. ¿Vacía acaso su aljaba de flechas o agota su arsenal de truenos? No; podría hacer rodar un rayo tras otro sobre todo el género humano; le es tan fácil crear un movimiento perpetuo de relámpagos y truenos como de sol y estrellas, y hacer el mundo tan terrible por lo uno como es deleitable por lo otro. No abre todo su depósito; envía una partida ligera a escaramucear con los hombres y no pone en formación todo su ejército. No despierta todo su enojo; solo pellizca, donde podría haber desgarrado; cuando quita mucho, deja lo bastante para sostenernos. Si hubiera despertado toda su ira, nos habría quitado todo, y la vida además. Solo remueve unas pocas chispas, toma un solo tizón para arrojarlo sobre los hombres, cuando podría descargar sobre ellos todo el horno; solo envía unas gotas de la nube, que podría hacer reventar de golpe y caer sobre nuestras cabezas para aplastarnos; modera mucho de lo que podría hacer. Stephen Charnock.

Sugerencias para el predicador

Versículo 38. (última parte) y Sal 78:50 (primera parte). La ira de Dios ejercida contra su pueblo y contra sus enemigos. C. D.

Salmos 78:39

Versículo 39. «Se acordó de que eran carne.» Ellos se olvidaban de Dios, pero él se acordaba de ellos. Sabía que estaban hechos de materia terrena, frágil y corruptible, y por eso los trató con indulgencia. Aunque en esto no veía excusa para su pecado, lo convirtió en motivo de misericordia; el Señor está siempre dispuesto a descubrir algún alegato u otro por el cual pueda tener compasión. «Soplo que va y no vuelve.» El hombre no es más que un aliento, que se va para no regresar. Espíritu y viento se parecen en esto, en lo que toca a nuestra humanidad: pasan y no se los puede volver a llamar. ¡Qué nada es nuestra vida! ¡Cuán misericordioso de parte del Señor hacer de la insignificancia del hombre un argumento para detener su ira!

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 39. Soplo que va.

«Las ruedas secretas del tiempo presuroso dan

tan corto aviso, y corren tan aprisa,

que estoy muerto antes de parecer vivir.

¿Y qué es una vida? Un cansado peregrinaje

cuya gloria en un día llena tu escenario

con niñez, virilidad y decrépita vejez.

¿Y qué es una vida? El floreciente ejército

del orgulloso prado de verano, que hoy

viste su felpa verde y mañana es heno.

¿Y qué es una vida? Un soplo sostenido con vestido,

mantenido con comida, retenido con vil aborrecimiento de sí,

luego, cansado de sí mismo, de nuevo en nada.» Francis Quarles.

Sugerencias para el predicador

Versículos 39 y 35. La memoria que Dios tiene de su pueblo y la que su pueblo tiene de Dios.

Salmos 78:40

Versículo 40. «¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto!» Se rebelaron veces de sobra: fueron tan constantes en provocar como él en tener paciencia. En nuestro propio caso, ¿quién puede contar sus errores? ¿En qué libro podrían registrarse todas nuestras perversas rebeliones? El desierto era un lugar de manifiesta dependencia, donde las tribus estaban indefensas sin las provisiones divinas, y sin embargo hirieron la mano que los alimentaba mientras los estaba alimentando. ¿No hay semejanza entre ellos y nosotros? ¿No nos trae lágrimas a los ojos el vernos a nosotros mismos, como en un espejo? «Lo enojaron en el yermo.» Sus provocaciones surtieron efecto; Dios no era insensible a ellas; se dice que se entristeció. Su santidad no podía hallar placer en su pecado, ni su justicia en su trato injusto, ni su verdad en su falsedad. ¡Qué será entristecer al Señor de amor! Sin embargo, también nosotros hemos agraviado al Espíritu Santo, y hace mucho que se habría retirado de nosotros, si no fuera porque es Dios y no hombre. Estamos en el desierto donde necesitamos a nuestro Dios; no lo convirtamos en un yermo de pecado entristeciéndolo.

Versículo 41. «Y volvían.» Sus corazones suspiraban por Egipto y sus ollas de carne. Una y otra vez volvían a sus viejos caminos, después de haber sido azotados para sacarlos de ellos. Llenos de rodeos y de vueltas, nunca guardaron el camino recto. «Y tentaban a Dios.» En cuanto de ellos dependía, lo tentaron. Sus caminos eran buenos, y ellos, al desear que se los cambiara, tentaron a Dios. Antes de creer en él exigían señales, desafiando al Señor a hacer esto y aquello, y obrando como si se lo pudiera engatusar para que fuera el lacayo de sus concupiscencias. ¡Qué blasfemia era esta! Con todo, no tentemos a Cristo, no sea que también nosotros seamos destruidos por el destructor. «Y provocaban al Santo de Israel.» Dudaron de su poder y así lo limitaron; dictaron a su sabiduría y así hicieron lo mismo. Trazarle un camino a Dios es impiedad arrogante. El Santo debe hacer lo recto, el Dios del pacto de Israel debe ser veraz; es profanidad misma decirle: harás esto o aquello, o de lo contrario no te adoraré. No ha de ser el Dios eterno llevado de un hilo por su impotente criatura. Él es el Señor y hará lo que bien le parezca.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 40. «¡Cuántas veces se rebelaron contra él!», etc. Provocaron a Dios por lo menos diez veces (Nm 14:22) durante los dos primeros años de su viaje por el desierto: (1) en el mar Rojo (Éx 14:11-12); (2) en las aguas de Mara (Éx 15:24); (3) en el desierto de Sin (Éx 16:2); (4) cuando guardaron el maná hasta el día siguiente (Éx 16:10); (5) cuando se recogió el maná en el sábado (Éx 16:27); (6) en Refidim, donde no había agua (Nm 20:2, 13); (7) en Horeb, cuando se hizo un becerro de fundición (Éx 32:1, etc.); (8) en Tabera (Nm 11:1-3); (9) cuando codiciaron carne (Nm 11:4); (10) cuando murmuraron por las noticias traídas por los hombres que habían sido enviados a reconocer la tierra (Nm 14:1, etc.). Daniel Cresswell.

Versículo 40. ¡Cuántas veces! Dios llevó la cuenta de cuántas veces lo provocaron, aunque ellos no la llevaron, Nm 14:22: «Me han tentado ya diez veces.» Matthew Henry.

Salmos 78:41

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 41. «Volvían.» En cuanto a esa expresión, wbwvyw, que traducimos y volvían, es decir, dicen algunos, a regresar a Egipto, o, según otros, volvieron a su antigua costumbre de rebelión; digo que aquí no tiene tal sentido; es un hebraísmo y debe traducirse volvieron y tentaron, es decir, saepius tentaverunt, lo tentaron muchas veces, o lo tentaron de nuevo. Thomas Froysel, en "Sermons concerning Grace and Temptation," 1678.

Versículo 41. «Tentaban a Dios.» Esto solo expresa el hecho de que los hombres obran hacia él como si pudiera ser tentado, o de una manera apta para ponerlo a prueba, provocar su justo desagrado y hacerlo proceder contra ellos, como si fuera justo que de hecho lo hiciera a causa de sus ofensas. No se opone en lo más mínimo a la afirmación de Santiago: «Dios no puede ser tentado por el mal», que significa que no puede ser influido por el mal de modo que sea arrastrado a él, inclinado hacia él, de modo que sienta su poder o experimente su contaminación. Está infinitamente lejos de él, elevado por encima de él, bajo todas sus formas. Y lo está por la absoluta perfección de su ser y de su bienaventuranza. John Adam, en "Exposition of the Epistle of James," 1867.

Versículo 41. Limitaron al Santo de Israel. Limitaron o

Versículo 41. Limitaron al Santo de Israel. He aquí, pues, una acusación tremenda, y misteriosa nos parece a nosotros como tremenda. ¡Qué horror que el hombre, el gusano, se arrogue eso: decir al que lo hizo: «Hasta aquí llegarás, y no más allá»! Asombrosa, digo, la acusación: contraer las dimensiones y las operaciones de la Deidad. ¡Asombrosa insolencia trazar una línea divisoria más allá de la cual el Creador mismo no debe pasar, definir y prescribir al Legislador de la naturaleza misma la senda de su providencia! La vileza es inmensa. Pero sabemos, amigos míos, que el crimen no es raro; y uno de los resultados naturales del pecado parece ser este: que el espíritu pecador, sea del hombre o del arcángel perdido, incapaz de sacudir los firmes cimientos del Trono Eterno, solaza su malignidad y busca un cese temporal de sus marchitantes cuidados levantando barreras en las afueras y fronteras del imperio del Todopoderoso, esperando en vano molestar al Poseedor del trono que no pueden perturbar. ¡Palabras conmovedoras! ¿Os conmueven como a mí? Volvían y tentaban a Dios, y limitaron al Santo de Israel. De algún modo, parece que ninguna combinación de palabras habría podido ser tan conmovedora. Ellos limitaron a Dios. Limitaron al Todopoderoso. Limitaron al Infinito. ¡No! Estas palabras tienen un tremendo y conmovedor oleaje de significado; pues mientras lo describen a Él, Ser tremendo y autosuficiente cuya esencia es eternidad y poder; cuya existencia por sí mismo es declarada por las asombrosas maravillas de la naturaleza; cuya vida era ser esencial. Lo limitaron a Él: el Uno en cuyo ser todo ser fue tragado y absorbido; el Uno ante cuya mirada huyeron montes y collados y no fueron hallados; el Uno desde la eternidad, Dios; sobre todos, bendito por los siglos. El Uno para quien todas las naciones eran como la gota de un cubo y que alza las islas como polvo menudo: a Él lo limitaron. Habían conocido su carácter como el Santo; era todo lo que sabían de su carácter; pero estaba rodeado de una majestad más terrible aún que el solitario poder y el autorreposo de la Deidad. En palabras y significados tremendos habían oído proclamado su carácter: el Santo. A Él lo limitaron. A Él, cuyo trono estaba cubierto por las temibles alas de arcángeles sin pecado que clamaban a través de la oscuridad de aquel inefable resplandor: ¡Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso!, y cuya santidad era afirmada hasta por los desórdenes del mundo que rueda. Lo limitaron. Más personal, y por tanto más asombrosa, se hizo la enormidad. La generación de su raza había testificado por Él, el Santo de Israel; habían visto las maravillas de su santidad y poder en Egipto, en el mar Rojo; habían oído hablar del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; habían oído de aquel que habló a su Capitán en la zarza que ardía con fuego; veían su columna de fuego y de nube; se sabían divinamente elegidos y escogidos; ¡y al que los escogió lo limitaron! Lo que debía haber asegurado su fe se convirtió solo en la fuente de su criminalidad. E. Paxton Hood.

Versículo 41. Limitaron al Santo de Israel. Dios no puede soportar con paciencia que lo limitemos, ya sea al tiempo, al modo o a los medios de ayuda. Se queja de los judíos por esta presunción: limitaron al Santo de Israel. Es intolerable circunscribir una sabiduría y un poder infinitos. Él obrará, pero cuando le plazca, y como le plazca, y por los instrumentos que le plazca, y si le place, sin instrumentos, y si le place, por instrumentos débiles e improbables, por instrumentos despreciados y desechados. Joseph Caryl, en un "Sermon before the House of Commons," titulado "The Works of Ephesus."

Versículo 41. (última parte). Este fue el pecado de Israel, ¿y no ha sido a menudo el nuestro? Nuestro Dios es el «Santo» y hará lo que sea más para su gloria; es el Santo de Israel y por eso velará por el bienestar de su pueblo. No debemos limitar su sabiduría, porque es infinita; no debemos limitar su poder, porque es omnipotente; no debemos limitarlo al tiempo, porque desplegará su soberanía: no se dejará atar para andar por nuestras reglas ni obligar a guardar nuestro tiempo; pero cumplirá su palabra, honrará nuestra fe y recompensará a los que lo buscan con diligencia. James Smith.

Versículo 41. Limitaron. En el único otro lugar donde aparece la palabra hebrea (Esd 9:4), significa poner una marca sobre una persona, lo cual algunos aplican aquí en el sentido figurado de estigmatizar o insultar. Joseph Addison Alexander.

Versículo 41. Limitaron al Santo de Israel, o lo señalaron; lo señalaron con una señal, así el Targum; lo tentaron pidiéndole una señal, como lo interpreta Jarchi; insistiendo en que se hiciera un milagro por el cual se pudiera saber si el Señor estaba entre ellos o no, Éx 17:7; compárese Mt 16:1; o pusieron límites, así Kimchi, a su poder y bondad, diciendo que esto podía hacerlo y lo otro no; véase Sal 78:19-20; y así limitan los hombres al Señor cuando se fijan en una bendición que quieren, esa y no otra; y en la medida de ella, hasta qué grado se les ha de otorgar, así como en el tiempo señalado en que la quieren; siendo así que la bendición misma, y su grado, y el tiempo de darla, deberían dejarse todos al Señor, que sabe cuál y cuánto de ella nos conviene más, y cuándo es el mejor momento de dárnosla. John Gill.

Versículo 41. Limitaron al Santo de Israel: desconfianza del poder de Dios para llevar a cabo todas sus gracias, para hacer lo que se necesita en cualquier caso por su pueblo y cumplir sus propósitos para ellos. En el momento en que supongo que algo no puede ser para bendición, limito a Dios. Es un gran pecado, doblemente cuando pensamos en todo lo que ha hecho por nosotros. El Espíritu Santo razona siempre desde el amor infinito revelado de Dios hasta todas sus consecuencias. Reconcilió; ciertamente salvará hasta el fin. No escatimó a su Hijo; ¿cómo no nos dará todas las cosas? J. N. Darby.

Salmos 78:42

Versículo 42. «No se acordaron de su mano.» Y sin embargo debió de ser difícil olvidarla. Manifestaciones del poder divino como las que hirieron a Egipto de asombro requirieron sin duda algún esfuerzo más que ordinario para borrarlas de las tablas de la memoria. Probablemente se quiere decir que olvidaron en la práctica más que en realidad. El que olvida las retribuciones naturales de la gratitud puede ser justamente acusado de no recordar la obligación. «Del día que los redimió de la angustia.» El día mismo fue borrado de su calendario, en cuanto a todo resultado debido a él o retorno por él. Extraña es la facultad de la memoria en su olvido como en sus registros. El pecado pervierte las facultades del hombre, las hace vigorosas solo en direcciones equivocadas y prácticamente muertas para fines justos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 42. «No se acordaron de su mano», etc. Dios aborrece el olvido de sus bendiciones. Primero, porque ha mandado que no las olvidemos, Dt 4:9; 8:14. Segundo, porque el olvido es señal de desprecio. Tercero, es propio de un descuido singular. Cuarto, nace de la incredulidad. Quinto, es la mayor marca de ingratitud. Thomas Le Blanc.

Versículo 42. «No se acordaron de su mano», etc. El punto de reunión de la fe en tiempo de prueba es la manifestación primera de la gracia. Para un israelita, el recuerdo de la liberación de Egipto es la prueba de la fe activa. Del mismo modo, para el creyente probado de ahora es la CRUZ la que ofrece la salida de la oscuridad brumosa con que a veces se permite a Satanás envolver nuestra conciencia, cuando no hemos tenido al Señor vigilantemente ante nuestro rostro. Porque Israel olvidó aquella primera liberación, siguió perversamente en el camino del mal. Porque a veces un cristiano se queda corto de la Cruz en sus conflictos espirituales, no logra derrotar al enemigo y permanece infructuoso e infeliz, hasta que, por alguna intervención especial del gran Restaurador, es llevado de nuevo, en espíritu, a aquel lugar donde Dios lo encontró por primera vez y lo recibió en Jesús con plenitud de perdón y de paz. Ninguna experiencia intermedia, por veraz que sea su carácter, remediará su caso. Solo en la cruz recuperamos un criterio cabal tanto sobre nosotros mismos como sobre Dios. Si hemos de glorificarlo, debemos «retener firme hasta el fin nuestra confianza del principio», He 3:14. Arthur Pridham.

Versículo 42. «No se acordaron de su mano», etc. El pan comido pronto se olvida. Nihil citius senescit quam gratia. Nada envejece tan pronto como un favor. John Trapp.

Sugerencias para el predicador

Versículo 42. El día de los días.

Salmos 78:43

Versículo 43. «Cuando puso en Egipto sus señales.» Las plagas fueron estandartes de la presencia de Jehová y pruebas de su odio a los ídolos; estos instructivos actos de poder se obraron a la vista de todos, como se levantan señales para que las observen los de lejos y de cerca. «Y sus maravillas en el campo de Zoán.» En toda la tierra se obraron milagros, no solo en las ciudades, sino en el ancho territorio, en las regiones más selectas y antiguas de la orgullosa nación. Esto no debieron olvidarlo los israelitas, pues eran el pueblo favorecido por quien se obraron aquellos memorables hechos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 43. Zoán, o San, parece haber sido una de las principales capitales, o moradas reales, de los faraones (Is 19:11, 13; 30:4); y por eso el campo de Zoán, o la hermosa llanura aluvial en torno a la ciudad, se describe como el escenario de las obras maravillosas que Dios hizo en tiempo de Moisés. John Kitto.

Versículos 43-51. Moisés obró prodigios destructivos; Cristo, prodigios conservadores: él convirtió el agua en sangre; Cristo, el agua en vino; él trajo moscas, ranas, langostas y orugas, que destruían los frutos de la tierra y la molestaban; Cristo aumentó un poco de estos frutos, cinco panes y unos pocos peces, bendiciéndolos, de modo que con ello alimentó a cinco mil hombres; Moisés hirió a hombres y ganado con granizo, truenos y relámpagos, de modo que murieron; Cristo hizo vivir a algunos que estaban muertos y salvó de la muerte a los enfermos y dolientes; Moisés fue instrumento para traer toda clase de ira y de ángeles malos entre ellos; Cristo echó fuera demonios e hizo toda clase de bien, dando vista a los ciegos, oído a los sordos, habla a los mudos, miembros a los cojos y limpieza al leproso, y calmando el mar cuando estaba tempestuoso; Moisés mató a sus primogénitos, causando así un horrible clamor en toda la tierra de Egipto; Cristo salva a todos los primogénitos, o los hace tales al salvarlos; pues así se les llama, He 12:23. John Mayer.

Salmos 78:44

Versículo 44. «Y volvió sus ríos en sangre.» Las aguas habían sido el medio de la destrucción de los recién nacidos de Israel, y ahora, por así decirlo, delatan el crimen: se sonrojan por él, lo vengan en los asesinos. El Nilo era la vitalidad de Egipto, su verdadera sangre vital, pero a la orden de Dios se convirtió en una maldición que fluía; cada gota era un horror, veneno para beber y terror para mirar. ¡Cuán pronto podría el Todopoderoso hacer esto con el Támesis o el Sena! A veces ha permitido que hombres, que eran su vara, enrojecieran ríos con sangre, y este es un juicio severo; pero el acontecimiento que tenemos ahora ante nosotros fue más misterioso, más general, más completo y debió de ser, por tanto, una plaga de primera magnitud. «Y sus corrientes, para que no bebiesen.» Los arroyos menores participaron de la maldición, los depósitos y canales sintieron el mal; Dios nada hace a medias. Todo Egipto se jactaba de las aguas dulces de su río, pero se les hizo aborrecerlo más de lo que jamás lo habían amado. Nuestras misericordias pueden convertirse pronto en nuestras miserias si el Señor trata con nosotros en ira.

Salmos 78:45

Versículo 45. «Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban.» Las criaturas pequeñas se vuelven grandes atormentadoras. Cuando pululan, pueden picar a un hombre hasta amenazar con devorarlo. En este caso, diversas clases de insectos combatieron bajo la misma bandera; piojos y escarabajos, mosquitos y avispones, avispas y tábanos se lanzaron en fieros batallones y atormentaron sin misericordia a los pecadores de Egipto. Las plagas más diminutas son las más grandes. ¿Qué espada o lanza podía luchar con estas innumerables bandas? Vanas fueron la armadura y las vestiduras de majestad del monarca; los pequeños caníbales no tuvieron más indulgencia con la carne real que con cualquier otra; tenía la misma sangre y el mismo pecado sobre sí. ¡Cuán grande es el Dios que así, por minucias, puede aplastar a los magníficos! «Y ranas que los destruían.» Estas criaturas pululaban por todas partes cuando estaban vivas, hasta que el pueblo se sentía a punto de morir al verlas; y cuando los reptiles murieron, los montones de sus cuerpos hicieron que la tierra hediera tan horriblemente que una pestilencia era inminente. Así no solo la tierra y el aire enviaron ejércitos de horrenda vida, sino que también el agua añadió sus legiones de repugnancia. Parecía como si el Nilo hubiera sido hecho primero nauseabundo y luego obligado a dejar del todo su lecho, arrastrándose y saltando en forma de ranas. Los que contienden con el Todopoderoso poco saben qué flechas hay en su aljaba; el pecado atrevido será visitado con castigo asombroso.

Sugerencias para el predicador

Versículo 45. El poder de las cosas pequeñas cuando se les encomienda plagarnos.

Salmos 78:46

Versículo 46. «Dio también a la oruga sus frutos, y sus labores a la langosta.» Diversas clases de devoradores se comieron toda hierba verde y todo árbol. Lo que uno no comía, lo comía otro. Lo que esperaban de la fertilidad natural del suelo, y lo que aguardaban de su propio trabajo, lo vieron devorado ante sus ojos por una multitud insaciable contra cuya depredación no se halló defensa alguna. Observen en el texto que el Señor lo hizo todo: «envió», «dio», «destruyó», «entregó», etc.; sea cual fuere el agente secundario, la mano directa del Señor está en toda visitación nacional.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 46. Oruga. (>lyox), chasil, es traducido broucos por los LXX en 2 Cr 6:28, y por Aquila aquí, y también por la Vulgata en Crónicas y en Is 33:4, y Jerónimo lo traduce aquí bruchas, «el escarabajo», que todos saben que es un gran devorador de las hojas de los árboles. La versión siríaca en Jl 1:4; 2:25 lo traduce (arwuru) tzartzooro, que Michaelis, a partir del árabe (ruru) tzartzar, un grillo, interpreta como el grillo topo, el cual, en su estado de larva, también es muy destructivo para el trigo, la hierba y otros vegetales, pues carcome las raíces de que se alimenta. Nota editorial a Calvino sobre este pasaje.

Versículo 46. Oruga. En otros tiempos se llamaba así a cualquier criatura rastrera y destructora que aparecía en lugares cultivados; ahora, por consenso general, restringimos el término a la segunda etapa de los insectos del orden de los lepidópteros, es decir, mariposas y polillas. Estas orugas, por la voracidad con que atacan las hojas, el fruto y a veces la madera maciza de plantas y árboles, se hacen notar aun por los poco familiarizados con la historia natural. "Biblical Treasury."

Versículo 46. Langosta. Su cantidad es increíble para todos los que no han presenciado por sí mismos sus asombrosos números; toda la tierra queda cubierta de ellas en el espacio de varias leguas. El ruido que hacen al ramonear los árboles y la hierba puede oírse a gran distancia y se parece al de un ejército que saquea en secreto. Los mismos tártaros son un enemigo menos destructor que estos pequeños animales. Se diría que el fuego ha seguido su avance. Dondequiera que se extienden sus miríadas, desaparece el verdor del país; árboles y plantas despojados de sus hojas y reducidos a sus ramas y tallos desnudos hacen que la lúgubre imagen del invierno suceda en un instante al rico paisaje de la primavera. Cuando estas nubes de langostas emprenden el vuelo, para salvar cualquier obstáculo o para atravesar más rápidamente un suelo desierto, puede decirse literalmente que los cielos se oscurecen con ellas. F. C., conde de Volney.

Salmos 78:47

Versículo 47. «Sus viñas destruyó con granizo.» ¡Ya no exprimirá tu copero los racimos en tu copa, oh Faraón! Los tiernos sarmientos fructíferos fueron quebrados, la vendimia falló. «Y sus higuerales con escarcha.» La escarcha no era usual, pero Jehová no tiene en cuenta ley alguna de la naturaleza cuando los hombres no tienen en cuenta sus leyes morales. El higo del sicómoro era quizá más el fruto de la multitud que la vid; por eso este juicio estaba destinado a herir al pobre, mientras que el anterior cayó con más peso sobre el rico. Observen cómo los cielos obedecen a su Señor y rinden sus almacenes de granizo, y noten que el inconstante tiempo está igualmente sometido a la voluntad divina.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 47. «Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con escarcha.» La vid para los ricos y el higo del sicómoro para los pobres fueron cortados por el justo juicio de Dios sobre la nación. W. Wilson.

Versículo 47. El sicómoro (en inglés sycomore, no sycamore, que es algo del todo distinto, aunque a consecuencia de una errata tipográfica se confunde a menudo con él en nuestras Biblias) era el nombre de un árbol común en Egipto, Am 7:14; Lc 19:4. Este árbol se parecía a la morera en sus hojas y a la higuera en su fruto; y de su producto vivían, por lo general, las clases inferiores del pueblo. El salmista se refiere a una sola clase, pero claramente quiere decir toda clase de árbol valioso. William Keatinge Clay.

Sugerencias para el predicador

Versículo 47. (última parte). A veces no brota. A veces sí. Y cuando lo hace, yerra el blanco.

Salmos 78:48

Versículo 48. «Entregó al pedrisco sus bestias.» ¡Qué granizo debió de ser, con fuerza bastante para derribar bueyes y otras grandes bestias! Dios suele proteger a los animales de tal destrucción, pero aquí retira sus resguardos y los entregó: que el Señor nunca nos entregue a nosotros. Algunos leen «encerró», y entonces la idea de ser abandonado a influencias destructoras se nos presenta de otra forma. «Y sus ganados a los rayos.» Fuego se mezclaba con el granizo, el fuego corría por el suelo, hería al ganado menor. ¡Qué tormenta debió de ser! Sus efectos eran bastante terribles sobre las plantas, pero ver heridas a las pobres criaturas mudas debió de partir el corazón. De diamante era el corazón que no se estremecía bajo tales plagas, más duros que el diamante los corazones que en años posteriores olvidaron todo lo que el Señor había hecho y rompieron su lealtad a él.

Salmos 78:49

Versículo 49. «Envió sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia.» Su última flecha fue la más aguda. Reservó para lo último el fuerte vino de su indignación. Noten cómo el salmista amontona las palabras, y bien podía; pues golpe seguía a golpe, cada uno más aturdidor que el anterior, y luego el golpe aplastante se reservó para el final. «Un ejército de ángeles destructores.» Mensajeros del mal entraron en sus casas a medianoche y hirieron los objetos más queridos de su amor. Los ángeles eran malos para ellos, aunque buenos en sí mismos; los que para los herederos de la salvación son ministros de gracia, para los herederos de la ira son ejecutores del juicio. Cuando Dios envía ángeles, seguro que vienen, y si les manda matar no perdonarán. Vean cómo el pecado pone en orden de batalla contra el hombre a todos los poderes del cielo; no le queda amigo en el universo cuando Dios es su enemigo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 49. «Ángeles malos.» Los males vienen sin ser llamados, pero no sin ser enviados. ¿No se les llama aquí ángeles? Son enviados; la palabra ángel significa mensajero. No solo las cosas sin vida, sino ni siquiera las criaturas vivientes, bestias, ni hombres, ni el mismo Satanás pueden dañar sin que Dios lo mande. Las tres días de tinieblas en Egipto, ¿cómo vinieron? «Envió tinieblas», dice David, Sal 105:28. Así el granizo, los truenos y los relámpagos: el Señor los envió, dice Moisés. Las ranas, moscas, piojos, langostas y orugas que infestaron Egipto, y los leones que mataron a los idólatras en Samaria (2 R 17:1-41), de todos ellos dice el texto: Dominus immisit, el Señor los envió. Y en cuanto a los hombres: «¿Acaso he venido yo sin Jehová?», dice Rabsaces. Él me mandó ir. Sí, el diablo, el arcángel malo que procura devorar, ha de ser enviado antes de poder hacer nada. El espíritu de mentira en la boca de los falsos profetas anhelaba seducir a Acab; Dios debía mandarle primero: Egredere, sal, y hazlo así. La aplicación es fácil sin mi ayuda: no temer, haciendo el bien; ni hombre, ni demonio, ni criatura alguna puede dañaros si Dios no los envía. Pero pecando, temerlo todo. La criatura más débil puede doblegar al hombre más poderoso, si Dios manda: ve. Un ratón (dice el poeta) morderá a un hombre malvado. Sea el orgulloso Herodes, el gran Antíoco, si Dios no hace más que preguntar a las criaturas: Quem mittam, ¿a cuál de vosotras enviaré?, el gusano responderá: Ecce me, envíame a mí; lo devoraré. Y tan pobres, simples y despreciables criaturas son algunos de estos ángeles malos de mi texto. Envió: ¿qué envió? Ángeles malos, lo siguiente en esta Escritura.

¿Ángeles malos? Par dispar, un par de palabras que no parecen bien emparejadas. La segunda puede decir a la primera: Quid mihi et tibi, ¿qué tengo yo contigo? Los ángeles eran las más excelentes y santas de las criaturas de Dios. Todos eran buenos, muy buenos, dice Moisés; pero los ángeles kat exochn, excelentemente buenos. Entonces malos es aquí un epíteto malo para los ángeles. Y no se lee sino aquí, y aquí (piensan algunos) no bien traducido. Pero la frase ángeles malos tiene aquí otro significado: ángeles malos, es decir, los ángeles, es decir, los mensajeros del mal. En el hebreo es no (Mykalm), sino (ykalm); de modo que algunos expositores piensan que el salmista se refiere a las palabras de Moisés y de Aarón; que fueron enviados por Dios para ser los mensajeros del mal, es decir, de todas las plagas que Dios traería sobre Egipto. Ese sentido no lo censuro, pero no lo sigo. Los Padres griegos tienen otro: que por los ángeles malos se entiende los espíritus malos. Cristo los llama ángeles también, los ángeles del diablo. Agustín no aprueba ese sentido. La exposición más corriente es, como habla un escritor judío, que los «ángeles malos» son las diez plagas distintas. Richard Clerke (—1634).

Versículo 49. «Ángeles malos entre ellos.» Que el diablo y sus ángeles son tan malos que para ellos está preparado el fuego eterno, ningún creyente lo ignora; pero que por medio de ellos sea enviada una aflicción de parte del Señor Dios sobre ciertas personas que él juzga merecedoras de ese castigo, parece cosa dura a quienes son poco propensos a considerar cómo la perfecta justicia de Dios usa bien aun las cosas malas. Pues a estos, en cuanto a su sustancia, ¿qué otra persona sino él los ha hecho? Pero malos no los hizo; sin embargo los usa, por ser bueno, de manera conveniente y justa; así como, por el contrario, los hombres injustos usan mal las buenas criaturas de él. Dios, pues, usa ángeles malos no solo para castigar a hombres malos, como en el caso de todos aquellos de quienes habla el salmo, como en el caso del rey Acab, a quien un espíritu de mentira, por voluntad de Dios, engañó para que cayera en la guerra; sino también para probar y manifestar a los hombres buenos, como hizo en el caso de Job. Agustín.

Salmos 78:50

Versículo 50. «Dispuso camino a su furor.» Llegó al punto con ellos por grados lentos; asaltó primero sus defensas exteriores destruyendo sus bienes, y luego entró sobre sus personas como por una brecha abierta en los muros. Derribó todas las comodidades de su vida y luego avanzó contra la vida misma. Nada pudo estorbar su paso; despejó un espacio en que ejecutar la sentencia sobre sus adversarios. «No eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida a la mortandad.» En su alma estaba el origen del pecado, y él lo siguió hasta su fuente y allí lo hirió. Una fiera enfermedad llenó la tierra de incontables funerales; Jehová repartió miríadas de golpes y multitudes de espíritus desfallecieron ante él.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 50. «Dispuso camino a su furor.» Literalmente: «pesó un camino», lo que implica que Dios, al castigar tan severamente a los egipcios, no hizo sino lo que era justo y equitativo, al ser pesado en la balanza del derecho. Pr 4:26. A. R. Fausset.

Versículo 50. «Dispuso camino a su furor.» Como si el salmista hubiera dicho: Si no había camino para su ira, es decir, para la ejecución de su ira, lo forzó; aunque no halló camino, hizo uno, y se abrió paso a través de todas las dificultades que parecían oponerse a la destrucción de sus enemigos. En el margen ponemos: pesó una senda; hizo la senda tan exacta como si la hubiera puesto en una balanza; el camino fue ajustado a la grandeza de su propia ira, y fue ajustado a las dimensiones de su maldad. Así dispuso camino a su furor, tanto adecuando el camino a su ira como quitando todos los impedimentos del camino de su ira. Si Dios quiere obrar para salvar, ¿quién lo estorbará?; y si Dios quiere obrar para destruir, ¿quién o qué lo estorbará? Joseph Caryl.

Salmos 78:51

Versículo 51. «Hizo morir a todo primogénito en Egipto.» No se hizo excepción alguna; el monarca lloró a su heredero igual que el siervo ante el molino. Hirieron al primogénito del Señor, Israel, y él hiere a los de ellos. «Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.» Blandiendo su guadaña sobre el campo, la muerte segó las flores más altas. Las tiendas de Cam conocieron cada una su pena particular y se les hizo simpatizar con las penas que se habían infligido sin piedad en las moradas de Israel. Así las maldiciones vuelven a casa a posarse. Los opresores son pagados en su propia moneda, sin descuento de un centavo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 51. «Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.» Se había puesto el sol del último día de la estancia de Israel en Egipto. Era el cuarto día después de la entrevista con Moisés. Faraón, sus príncipes y los sacerdotes de sus ídolos sin duda cobrarían ánimo con esta demora inusitada. Jehová y sus ministros están al fin derrotados, pues ahora los dioses de Egipto prevalecen contra ellos. El triunfo se celebraría con pompas y sacrificios, con fiestas y danzas. Nada más probable que los salones de banquete de Faraón en Ramesés estuvieran resplandecientes de lámparas, y que él y sus príncipes derramaran libaciones de vino a sus dioses y urdieran planes, en medio de su jolgorio, para perpetuar la servidumbre de Israel... El faraón Sethos se levantó de su lecho aquella noche aullando en feroz y amarga agonía, y royendo la aguda flecha que se le clavaba en las entrañas, como un león herido. Su hijo, su primogénito, su hijo único, recién llegado a la edad viril, recién coronado rey de Egipto y asociado con su padre en el cuidado de la soberanía, se retorcía ante él en agonías mortales y murió. Sus arrebatos de dolor fueron repetidos, y no con voz fingida, por los príncipes, los consejeros y el sacerdote que participaba de su jolgorio. Cada uno se rasga las vestiduras y aprieta contra su pecho el cadáver estremecido de su hijo primogénito. En aquella noche espantosa «hubo un gran clamor en Egipto»; pero si hemos leído bien su historia, el más fuerte y desatado gemido de angustia remordida se alzaría del salón de banquetes de Faraón. William Osburn, en "Israel in Egypt," 1856.

Salmos 78:52

Versículo 52. «Hizo salir a su pueblo como ovejas.» El contraste es llamativo y el pueblo nunca debió haberlo olvidado. Los lobos fueron muertos a montones; las ovejas fueron reunidas con cuidado y entregadas con triunfo. Se invirtieron las tornas, y los pobres siervos se convirtieron en el pueblo honrado, mientras sus opresores eran humillados ante ellos. Israel salió en cuerpo compacto como un rebaño; eran en sí mismos tan indefensos como ovejas, pero estaban seguros bajo su Gran Pastor; salieron de Egipto con la misma facilidad con que un rebaño deja un pasto por otro. «Y los llevó por el desierto como un rebaño.» Sin saber nada del camino por su propio entendimiento o experiencia, fueron, con todo, rectamente guiados, pues el Dios omnisciente conocía cada rincón del desierto. Hasta el mar, a través del mar y desde el mar, el Señor condujo a sus escogidos, mientras sus antiguos capataces estaban demasiado amedrentados de ánimo y quebrantados de poder para atreverse a molestarlos.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 52. «Hizo salir a su pueblo como ovejas.» No se dice que salieron como ovejas, sino que él los hizo salir como ovejas. No es una descripción del carácter del pueblo, sino un encomio de la providencia y la bondad de Dios, por la cual, a la manera de un buen pastor, sacó de Egipto a su pueblo con toda seguridad, como ovejas arrebatadas de en medio de lobos. Musculus.

Sugerencias para el predicador

Versículo 52.

Salmos 78:53

Versículo 53. «Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor.» Después de la primera pequeña alarma, bastante natural cuando se vieron perseguidos por sus antiguos capataces, cobraron ánimo y se aventuraron con osadía en el mar, y luego en el desierto donde no moraba hombre alguno. «Y el mar cubrió a sus enemigos.» Se habían ido, se habían ido para siempre, para no perturbar más a los fugitivos. Aquel tremendo golpe defendió eficazmente a las tribus durante cuarenta años de todo nuevo intento de hacerlas volver. Egipto halló la piedra demasiado pesada y se alegró de dejarla en paz. Alabado sea el Señor, que así libró eficazmente a su nación elegida. ¡Qué gran narración hemos estado considerando! Bien pudo el más poderoso maestro del canto sagrado escoger «Israel en Egipto» como tema escogido para su genio; y bien puede toda mente creyente detenerse en cada detalle de este asombroso suceso. Lo maravilloso es que la nación favorecida viviera como si lo olvidara todo, y sin embargo tal es la naturaleza humana. ¡Ay, pobre hombre! Mejor dicho, ¡ay, corazón vil! Seguimos ahora, tras una pausa, la cadena de acontecimientos cuya narración había sido interrumpida por una retrospección, y hallamos a Israel entrando en la tierra prometida, para repetir allí sus locuras y aumentar sus crímenes.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 53. «No tuvieran temor.» Primero, no tenían causa de temor en su salida de Egipto. Aunque vieron muertos a los egipcios, contra ellos ni un perro movió la lengua. 2. Todos estaban en perfecta salud. 3. Se enriquecieron con los despojos de los egipcios. 4. Salieron en gran multitud. 5. Se proveyeron de armas. Segundo, no temieron entrar en el mar Rojo, pues el temor suscitado por la llegada de Faraón fue rápidamente sofocado. Tercero, no temieron vagar por el desierto durante cuarenta años, yendo Dios delante en su columna. Cuarto, no temieron aunque los enemigos los atacaron. Thomas Le Blanc.

Salmos 78:54

Versículo 54. «Los trajo después a las fronteras de su tierra santa.» Los condujo a la frontera de la Tierra Santa, donde se proponía que el tabernáculo llegara a ser el símbolo permanente de su morada entre su pueblo. No los dejó a medio camino de su viaje hacia su heredad; su poder y sabiduría preservaron a la nación hasta que las palmeras de Jericó estuvieron a la vista al otro lado del río. «A este monte que ganó su mano derecha.» Ni los dejó entonces, sino que los siguió conduciendo hasta que estuvieron en la región en torno a Sion, que había de ser el asiento central de su culto. El Señor lo había comprado antaño en figura por el sacrificio de Isaac, símbolo apropiado del sacrificio mayor que había de presentarse allí a su debido tiempo; aquel monte fue también redimido por poder, cuando la mano derecha del Señor capacitó a sus valientes para herir a los jebuseos y tomar el monte sagrado al insolente cananeo. Así gozarán los escogidos de Dios de la segura protección del Señor de los ejércitos, hasta la tierra fronteriza de la muerte, y a través del río, hasta el monte del Señor en gloria. El pueblo comprado llegará seguro a la heredad comprada.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 54. «Los trajo a las fronteras de su tierra santa», o de su santidad; es decir, a la tierra santa; así llamada por diversos motivos, pero especialmente a causa de su santuario, el lugar de su residencia; con respecto al cual hace que toda la tierra sea como sus límites y confines, por la eminencia de aquel lugar, cuya santidad se extendía, por así decirlo, a todas las demás partes de la tierra, como si el conjunto hubiera sido un santuario y suelo consagrado. Es, pues, para honra de toda la tierra, así como del santuario, que la llama la santa frontera, una frontera de su santuario. Westminster Assembly's Annotations.

Salmos 78:55

Versículo 55. «Echó las naciones de delante de ellos.» No solo fueron derrotados ejércitos, sino desplazados pueblos enteros. La iniquidad de los cananeos estaba colmada; sus vicios los hacían pudrirse sobre la tierra; por eso la tierra devoró a sus habitantes, los avispones los atormentaron, la pestilencia los destruyó y la espada de las tribus completó la ejecución a que la justicia del cielo, largo tiempo provocado, los había por fin destinado. El Señor fue el verdadero conquistador de Canaán; echó fuera a las naciones como los hombres echan la inmundicia de sus moradas, las arrancó como el labrador extirpa las malas hierbas nocivas. «Con cuerdas repartió sus tierras en heredad.» Repartió la tierra de las naciones entre las tribus por suerte y medida, asignando territorio de heveos, ferezeos y jebuseos a Simeón, a Judá o a Efraín, según el caso. Entre aquellas naciones condenadas había no solo gigantes de estatura, sino también gigantes de crimen: aquellos monstruos de iniquidad habían contaminado la tierra demasiado tiempo; era hora de que no se entregaran más a los crímenes contra natura por los que eran infames; fueron, por tanto, condenados a perder vida y tierras a manos de las tribus de Israel. La distribución del país confiscado se hizo por designio divino; no fue un reparto a la rebatiña, sino una asignación judicial de tierras que habían revertido a la corona por la condena de sus antiguos poseedores. «E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel.» El pueblo favorecido entró en una casa amueblada: halló la despensa provista, pues comieron del grano viejo de la tierra, y las viviendas en que podían habitar ya estaban edificadas. Así entra a menudo otra raza en la suerte de un pueblo anterior, y es triste de veras cuando el cambio que decreta el juicio no resulta ser mucho para mejor, porque los recién llegados heredan los males así como los bienes de los expulsados. Un caso así de visitación judicial debió de haber tenido una influencia saludable sobre las tribus; pero, ¡ay!, eran incorregibles y no quisieron aprender ni de ejemplos tan cercanos y tan terriblemente sugestivos.

Sugerencias para el predicador

Versículo 55. Suplantación divina. Él suplanta a los ángeles caídos en el cielo. Una nación de la tierra por otra (véase toda la historia). Los pensamientos y afectos del corazón en la regeneración, etc. —Is 55:13. C. D.

Versículos 56-57. Sobre el engaño del corazón con respecto al cumplimiento del deber. J. Jamieson. I. 326. Sobre el engaño del corazón con respecto a la omisión del deber. J. Jamieson. I. 353.

Versículos 59-72.

Salmos 78:56

Versículo 56. «Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo.» El cambio de condición no había alterado sus modales. Dejaron sus hábitos nómadas, pero no sus tendencias a apartarse de su Dios. Aunque toda promesa divina se había cumplido al pie de la letra y la tierra que fluye leche y miel era de hecho suya, pusieron de nuevo a prueba al Señor con incredulidad y lo provocaron con otros pecados. Él no es solo alto y glorioso, sino Altísimo, sí, el Altísimo, el único ser que merece ser tenido en tan alta honra; y sin embargo, en vez de honrarlo, Israel lo entristeció con rebelión. «Y no guardaron sus testimonios.» No fueron fieles a nada sino a la traición hereditaria; constantes en nada sino en la falsedad. Conocieron su verdad y la olvidaron, su voluntad y la desobedecieron, su gracia y la pervirtieron convirtiéndola en ocasión de mayor transgresión. Lector, ¿necesitas un espejo? He aquí uno que le va bien al presente expositor; ¿no refleja también tu imagen?

Salmos 78:57

Versículo 57. «Sino que se volvieron.» Dieron vuelta a la hoja vieja, repitieron las mismas ofensas, se desviaron como un arco mal hecho, fueron falsos e infieles a sus mejores promesas. «Y se rebelaron como sus padres»; se mostraron legítimos manifestando la traición de sus progenitores. Eran una generación nueva, pero no una nación nueva; otra raza, pero no otra. Las propensiones malas se transmiten; el nacimiento sigue al progenitor; el asno montés engendra asnos monteses; los hijos del cuervo vuelan hacia la carroña. La naturaleza humana no mejora; las nuevas ediciones contienen todas las erratas de la primera, y a veces se importan errores frescos. «Se volvieron como arco engañoso», que no solo falla en enviar la flecha hacia el blanco en línea recta, sino que rebota en daño del arquero y quizá envía el dardo entre sus amigos, con grave peligro de ellos. Israel se jactaba del arco como arma nacional, cantaba el cántico del arco, y por eso un arco engañoso es hecho tipo y símbolo de su propia inconstancia; Dios puede hacer de la gloria de los hombres la misma divisa de su vergüenza; traza una barra siniestra sobre el escudo de armas de los traidores.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 57. «Se volvieron como arco engañoso.» El arco oriental, que en reposo tiene forma de (1), debe ser recurvado, o vuelto en sentido contrario, para estar lo que se llama tensado y encordado. Si una persona inexperta o débil intenta recurvar y encordar uno de estos arcos, si no pone gran cuidado saltará hacia atrás y recobrará su posición de reposo, y quizá le rompa el brazo. Y a veces he conocido que, estando tensado, se desviaba de golpe y recobraba su posición de reposo, con no poco peligro para mí y, en uno o dos casos, con daño. Esta imagen se usa con frecuencia en los escritos sagrados; pero nadie la ha entendido, por no estar familiarizado con el arco oriental, que debe ser recurvado o doblado en sentido contrario (1), para ser apto para el uso. Si no están bien hechos, se disparan hacia atrás al soltar la flecha. Del arco de Jonatán se dice: «nunca volvió atrás», 2 S 1:22, (rwxa gwsn al), lo nasog achor, «no se torció hacia atrás». Era un buen arco, uno en el que podía confiar. Oseas, Os 7:16, compara a los israelitas infieles con un arco engañoso; pues, tensado, se desviaba de pronto y recobraba su posición anterior. Hallamos el mismo pasaje en Jer 9:3. Y este es precisamente el tipo de arco mencionado por Homero, Odisea 21, que ninguno de los pretendientes de Penélope pudo tensar, llamado toxon palinonon, el arco curvo, en estado de reposo; pero toxon palintonon, el arco recurvado cuando está preparado para el uso. Y de su prueba de fuerza y destreza en tensar el arco de Ulises, ninguno de los críticos y comentaristas ha podido sacar nada, porque no conocían el instrumento en cuestión. Sobre el toxon yhsiv de Homero he escrito en otro lugar una disertación. La imagen es muy exacta; estos israelitas, al ser sacados de su inclinación natural, pronto retrocedieron y recayeron en su estado anterior. Adam Clarke.

Versículo 57. Desviándose como un arco roto (Libro de Oración inglés); pero si un arco se rompe, no se desviará de golpe, pues se destruiría la elasticidad que debería hacerlo saltar. Stephen Street.

Versículo 57. «Se volvieron como arco engañoso.» Cuando el arco está sin tensar, la grieta que tiene puede pasar inadvertida, pero al usarlo, tirando de la flecha hasta la punta, salta en pedazos; así hace un corazón falso cuando se lo pone a prueba. Como la mona de la fábula, vestida de hombre, cuando se le arrojan nueces no puede ya disimular su naturaleza, sino que se muestra mona de veras; un corazón falso se delata antes de darse cuenta cuando se le presenta una buena ocasión para su concupiscencia; mientras que la sinceridad mantiene pura el alma frente a la tentación. William Gurnall.

Versículo 57. La cuarta cosa es el arco engañoso, (hymr tvq), un arco flojo o alabeado, arcus doli vel dolosus seu fallax (hebreo), que ha de engañar sin falta al arquero que dispare con él; se volverá hacia el vientre, como dice la frase de los arqueros; y aunque apunte con el ojo y con la flecha tan derecho como quiera al blanco y piense confiadamente dar en él, con todo, en el resultado, la flecha, por el alabeo del arco, vuela en dirección del todo contraria, y a veces hasta se vuelve contra el arquero mismo. Non semper feriet, quodcunque minabitur arcus: el arco no hiere todo lo que amenaza, y el arco mal hecho o torcido se vuelve en la mano del tirador y envía la flecha unas veces por un lado y otras por otro; y a veces rebota en sus propios costados; o si es un arco podrido (aunque por lo demás hermoso a la vista), cuando se tira de la flecha hasta la punta se rompe en la mano y engaña al arquero. Lo mismo ocurre cuando la cuerda del arco es mala y se rompe al tirar de la flecha. Esto no es menos que una alegoría de la divina Escritura. Mira: un arco así, falaz, alabeado y podrido es el corazón engañoso del hombre; sus propósitos y promesas son las flechas que pone en la cuerda; el blanco al que apunta es el arrepentimiento, al cual (en la aflicción especialmente) mira con ojo atento y cuidadoso, como si de veras fuera a arrepentirse; pero, ¡ay!, su corazón lo engaña, por no ser íntegro en los estatutos de Dios, Sal 119:80; y de ahí que sus promesas y pretensiones caigan a sus pies o se desvanezcan en el aire como humo. Así un corazón engañador, además de engañado, lo desvía, Is 44:20, como a aquellos falsos israelitas: ¡oh, mirad, pues, el alabeo secreto de vuestro propio corazón, y viendo que sois el arco de Dios, debéis ser tensados por él y permanecer tensados para él, Zac 9:13; así seréis como el arco de Jonatán que «nunca volvió vacío», 2 S 1:22. Christopher Ness, en "A Crystal Mirror," 1679.

Versículos 57-59. No estar firmes en la fe provoca a Dios. Desposarse con la verdad y luego apostatar trae mala fama sobre el evangelio, lo cual no quedará sin castigo. «Se volvieron y se rebelaron. Lo oyó Dios y se enojó, y en gran manera aborreció a Israel.» El apóstata cae como fruta caída en la boca del diablo. Thomas Watson.

Salmos 78:58

Versículo 58. «Le enojaron con sus lugares altos.» Este fue su primer error: el culto voluntario, o sea, adorar a Dios de un modo distinto del que él mandó. Muchos lo toman a la ligera, pero no fue un pecado pequeño, y sus tendencias a ofensas mayores son muy poderosas. El Señor quería que su lugar santo fuera el único sitio de sacrificio; e Israel, en rebelión deliberada (sin duda disimulada con el pretexto de una gran devoción), resolvió tener muchos altares en muchos collados. Si solo podían tener un Dios, insistían en no verse limitados a un solo lugar sagrado de sacrificio. ¡Cuánto del culto de nuestros días no es ni más ni menos que puro culto voluntario! Nadie se atreve a alegar un mandato divino para la décima parte de los oficios, fiestas, ceremonias y observancias de ciertas iglesias. Sin duda Dios, lejos de ser honrado por un culto que no ha ordenado, se enoja mucho por él. «Y le provocaron a celos con sus imágenes de talla.» Esto fue solo un paso más; fabricaron símbolos del Dios invisible, pues anhelaban algo tangible y visible a lo que pudieran rendir reverencia. Este es también el pecado clamoroso de los tiempos modernos. ¿No oímos y vemos abundar la superstición? Imágenes, cuadros, crucifijos y una multitud de cosas visibles reciben honra religiosa y, lo peor de todo, hoy los hombres adoran lo que comen, y llaman dios a lo que pasa a su vientre, y de allí a lugares todavía más bajos. Ciertamente el Señor es muy paciente, o visitaría la tierra por esta peor y más baja de las idolatrías. Es un Dios celoso, y aborrece verse deshonrado por cualquier forma de representación que pueda salir de manos de hombres.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 58. Lugares altos. O altares, capillas y lugares semejantes para celebrar el culto divino fuera del único lugar que él había consagrado y que era el único aceptable para él; o quizá también dedicados a los ídolos; y se llamaban así porque escogían para esos fines los collados y cerros más escogidos. John Diodati.

Salmos 78:59

Versículo 59. «Lo oyó Dios y se enojó.» El mero rumor lo llenó de indignación; no pudo soportarlo, se encendió hasta lo sumo, y con toda justicia. «Y en gran manera aborreció a Israel.» Echó a su pueblo idólatra lejos de su favor y lo dejó a sí mismo y a sus propios designios. ¿Cómo podía tener comunión con los ídolos? ¿Qué concordia tiene Cristo con Belial? El pecado es en sí tan ofensivo que hace ofensivo también al pecador. Los ídolos de cualquier clase son sumamente aborrecibles para Dios, y debemos cuidar de guardarnos de ellos por la gracia divina, pues tengan por seguro que la idolatría no es compatible con la verdadera gracia en el corazón. Si Dagón se sienta en lo alto en alguna alma, el arca de Dios no está allí. Donde habita el Señor no se tolerará ninguna imagen de celos. Una iglesia visible pronto se convertirá en una maldición visible si se levantan ídolos en ella, y entonces la podadera la quitará como rama muerta de la vid. Notemos que Dios no desechó del todo a su pueblo Israel ni siquiera cuando lo aborreció en gran manera, pues volvió a ellos con misericordia, como nos dicen los versículos siguientes; así también ahora la simiente de Abraham, aunque por un tiempo esté bajo una densa nube, será reunida otra vez, porque el pacto de sal no será quebrantado. En cuanto a la simiente espiritual, el Señor no la ha menospreciado ni aborrecido; es su tesoro especial y está para siempre cerca de su corazón.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 59. Lo oyó Dios. El salmista representa el ruido de las malas obras del pueblo ascendiendo a los oídos del Eterno. Armand de Mestral, en "Commentaire sur le Livre de Psaumes," 1856.

Salmos 78:60

Versículo 60. «Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres.» Su gloria ya no se manifestaría allí; dejó que Silo se convirtiera en una ruina completa. A la puerta de aquella tienda se había cometido un pecado desvergonzado, y a su alrededor se habían adorado ídolos; por eso la gloria se fue, y Icabod resonó como palabra de espanto sobre Silo y la tribu de Efraín. Así puede quitarse el candelero aunque la vela no se apague. Las iglesias que yerran se vuelven apóstatas, pero una iglesia verdadera permanece; si Silo es profanada, Sion es consagrada. Con todo, es siempre una solemne advertencia para todas las congregaciones de los santos, que les exhorta a andar humildemente con su Dios, cuando leemos palabras como las del profeta Jeremías en su capítulo séptimo: «No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este. Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que hice por la maldad de mi pueblo Israel.» Cuidemos, no sea que, así como el arca nunca volvió a Silo después de su captura por los filisteos, el evangelio nos sea quitado en juicio, para no ser devuelto jamás a la misma iglesia.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 60. Es un engaño pagano y una falsa confianza suponer que Dios está atado a algún lugar o sitio, como pensaban los troyanos, que por tener en su ciudad el templo de Palas creían que no podía ser tomada; y en nuestros días el modo de los papistas es atar a Cristo a Roma y a la silla de Pedro, y luego sostener con desafío: «No seré movido» Sal 10:6. Pues dicen que la nave de Pedro puede hundirse un poco, pero no del todo. Entonces lo único que falta es que ellos no son la nave de Pedro, sino más bien un navío de las Indias Orientales con un cargamento de monos italianos y otras mercancías extranjeras semejantes, perlas, púrpura, seda, bronce, hierro, plata, oro, incienso, plomo, para poder ejercer la simonía y hacer mercadería de la religión, y engañar al mundo entero Ap 18:11-24. Johann Andreas Cramer. 1723-1788.

Salmos 78:61

Versículo 61. «Y entregó a cautiverio su poderío.» El arca fue capturada por los filisteos en la batalla solo porque el Señor, para castigo de Israel, quiso entregarla en sus manos; de otro modo no habrían tenido poder alguno contra ella. La señal de la presencia divina se llama aquí poéticamente «su poderío», y en verdad la presencia del Señor es su fuerza en medio de su pueblo. Fue un día negro cuando se quitó el propiciatorio, cuando los querubines emprendieron el vuelo y fue llevado el paladión de Israel. «Y su gloria en mano del enemigo.» El arca era el lugar de la gloria revelada de Dios, y sus enemigos se regocijaron mucho cuando la llevaron a sus propias ciudades. Nada podría haber mostrado más claramente el desagrado divino. Parecía decir que Jehová prefería morar entre sus adversarios declarados que entre un pueblo tan falso como Israel; prefería soportar los insultos de Filistea antes que las traiciones de Efraín. Fue una caída espantosa para la nación favorecida, y la siguieron juicios terribles de naturaleza pavorosa. Cuando Dios se ha ido, todo se ha ido. Ninguna calamidad iguala al retiro de la presencia divina de un pueblo. ¡Oh Israel, cuán abatido estás! ¡Quién te ayudará ahora que tu Dios te ha dejado!

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 61. Y entregó a cautiverio su poderío, etc. Llama al arca la fuerza de Dios, no porque la virtud de Dios estuviera encerrada en ella, ni tan atada a ella que él no pudiera, sino por medio de ella, ser poderoso y fuerte; sino porque su presencia, de la cual el arca era el símbolo, había revelado siempre su virtud y poder a Israel en la defensa perpetua y en las diversas liberaciones de aquel pueblo. Del mismo modo la llama la hermosura o gloria de Dios, porque Dios con su propia presencia declaraba su gloria entre el pueblo y quería que fuese visible por este símbolo externo. Mollerus.

Salmos 78:62

Versículo 62. «Entregó también su pueblo a la espada.» Cayeron en la batalla porque ya no eran ayudados por la fuerza divina. Aguda era la espada, pero más aguda todavía la causa de que fuera desenvainada. «Y se irritó contra su heredad.» Seguían siendo suyos, y dos veces en este versículo se les llama así; sin embargo, su afecto por ellos no le impidió castigarlos, aun con vara de hierro. Donde el amor es más ferviente, los celos son más crueles. El pecado no puede tolerarse en quienes son un pueblo cercano a Dios.

Salmos 78:63

Versículo 63. «El fuego devoró a sus jóvenes.» Así como el fuego mató literalmente a Nadab y Abiú, así el fuego de la ira divina cayó sobre los hijos de Elí, que contaminaron el santuario del Señor, y un fuego semejante, en forma de guerra, consumió la flor del pueblo. «Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos de nupcias.» No se entonó ningún himno nupcial, a la novia le faltó su novio, el filo de la espada había cortado los lazos de sus desposorios y dejó sin casar a las que de otro modo habrían sido ensalzadas con himnos y felicitaciones. Así fue Israel humillado hasta lo sumo: no podía hallar maridos para sus doncellas y por eso su estado no se renovaba; ningún niño se arremolinaba en torno a las rodillas de sus padres. La nación había fallado en su solemne tarea de instruir a los jóvenes en el temor de Jehová, y era un juicio adecuado que hasta la producción de una posteridad quedara en peligro.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 63. El fuego devoró a sus jóvenes. El fuego aquí puede considerarse una imagen de la guerra destructora, como en Nm 21:28. «Porque fuego salió de Hesbón, llama de la ciudad de Sehón, y consumió a Ar de Moab», etc. Albert Barnes.

Vers. 63 (primera parte). Cuando la religión es derribada entre el pueblo de Dios, que la república no piense en sostenerse: cuando Dios dio su gloria en mano de los enemigos, «entregó también su pueblo a la espada», y el fuego devoró a sus jóvenes. David Dickson.

Versículo 63. No fueron dadas en matrimonio. No fueron loadas: es decir, no habían sido honradas con cantos nupciales conforme a la costumbre de aquellos tiempos; véase Jer 7:34; 16:9; 25:10. El sentido es que no habían sido casadas honrosamente, porque los hombres escaseaban a causa de las guerras, Is 4:1; Jer 21:22. O que se habían casado sin solemnidad alguna, como pobres esclavas; o en privado, como en tiempos de calamidades públicas. John Diodati.

Salmos 78:64

Versículo 64. «Sus sacerdotes cayeron a espada.» Ofni y Finees fueron muertos; estaban entre los principales en el pecado y por eso perecieron con los demás. El sacerdocio no es refugio para los transgresores; el pectoral enjoyado no puede desviar las flechas del juicio. «Y sus viudas no hicieron lamentación.» Sus penas privadas fueron absorbidas por la mayor agonía nacional, porque el arca de Dios había sido tomada. Así como las doncellas no tenían corazón para el canto nupcial, las viudas no tenían ánimo ni siquiera para emitir el lamento fúnebre. Los muertos eran sepultados con demasiada frecuencia y prisa para permitir los ritos habituales de lamentación. Esta fue la profundidad más baja; desde este punto las cosas tomarán un giro de gracia.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 64. Sus viudas no hicieron lamentación. Esto implica la magnitud de la destrucción y está lleno de significado para quien ha estado en una ciudad oriental durante una plaga u otra calamidad devastadora. Al principio el grito de lamento, que siempre sigue a una muerte en circunstancias ordinarias, es fuerte y frecuente; pero tales gritos no aumentan, sino que decrecen, conforme aumentan la calamidad y la desolación. La muerte se vuelve un objeto familiar en cada casa, y cada cual, absorto en sus propias pérdidas, tiene poca simpatía que ofrecer a los demás. De ahí que los lamentos más fuertes dejen de ser notados o de atraer a amigos consoladores a la casa de luto; y por eso, y también por el estupor del sentimiento que las escenas de horror continuo nunca dejan de producir, una nueva muerte se recibe en silencio, o solo con suspiros y lágrimas. De hecho, todas las observancias habituales quedan suspendidas. Los muertos son sacados y sepultados sin ceremonias de duelo y sin la presencia de los amigos supervivientes, por hombres que hacen de ello un oficio, llevándolos a lomos de mulas o asnos desde los hogares que dejan desolados. Hemos visto esto. Kitto, "Pictorial Bible," 1856.

Versículo 64. Sus viudas no hicieron lamentación. El sentido es: 1. Que, abrumadas de dolor, no podían llorar; o 2. Que, estando cautivas entre los filisteos, no se les permitía lamentar la muerte de sus maridos; o 3. Que, muriendo de pena, no vivieron para hacer lamentación por ellos en sus funerales; o 4. Que estaban tan absortas y oprimidas por sus propias miserias, y en especial por las miserias de la iglesia y pueblo de Dios en general, que no tenían ocio para llorar a sus maridos; de lo cual, en cuanto a estas dos últimas, tenemos un claro ejemplo en la mujer de Finees en particular, 1 S 4:19-20, quien, muriendo, no hizo mención de su marido. Arthur Jackson.

Versículo 64. La nuera de Elí, cuando estaba a la vez de parto y muriendo en ese parto, para completar la suma entera del juicio de Dios sobre aquella casa malvada, como insensible a la muerte de su padre, de su marido y de sí misma, en comparación con esta pérdida, llama a su hijo (entonces intempestivo) Icabod, y con su último aliento dice: «Traspasada es la gloria de Israel, porque el arca de Dios fue tomada.» Joseph Hall.

Salmos 78:65

Versículo 65. «Entonces despertó el Señor como quien duerme.» Con justicia inactivo, había permitido que el enemigo triunfara, que su arca fuera capturada y que su pueblo fuera muerto; pero ahora se levanta, su corazón está lleno de compasión por sus escogidos y de ira contra el enemigo insolente. ¡Ay de ti, Filistea! ¡Ahora sentirás el peso de su diestra! Despertando y desplegando su fuerza como un hombre que ha tomado un trago reconfortante, se dice que el Señor es «como un valiente que grita excitado del vino.» Fuerte y lleno de energía, el Señor se lanzó sobre sus enemigos y los hizo tambalear bajo sus golpes. Su arca iba de ciudad en ciudad como vengadora más que como trofeo, y en cada lugar los dioses falsos caían indefensos delante de ella.

Sugerencias para el predicador

Versículo 65. Entonces despertó el Señor. Sepan entender este y otros pasajes semejantes de la Escritura, en cuanto a que el Señor duerme y se olvida de su pueblo, Sal 13:1; 44:23; 77:9. No han de entenderse como un olvido y sueño universal y absoluto de la providencia; porque Dios no tiene tiempo de vacaciones: sigue teniendo las riendas del gobierno en su mano, en todo el mundo. Ni implican tampoco un cese absoluto de la providencia con respecto a aquel asunto que el Señor, según nuestra apreciación, parece olvidar y dejar dormir; porque hay una obra de la providencia que promueve, la cual no vemos ni percibimos por el momento, como se ha mostrado. Además, tal olvido y sueño de la providencia, siendo lo que es, expresa la belleza de la providencia en el modo de llevar las cosas a cabo. Está tan lejos de implicar un interregno, o dejar caer el cetro del gobierno, que es una demostración gloriosa de que Dios ordena los asuntos, y con sabiduría, mientras parece olvidar y estar como dormido. Así como la noche, en cuanto noche, cae bajo la providencia de Dios igual que el día, pues hay ordenanzas del cielo para el tiempo de la noche, Jer 31:35, así la noche oscura, cuando en cuanto a los asuntos el Señor parece dormir, es parte integrante de su sapientísimo modelo de gobierno. Los setenta años de cautiverio fueron una larga noche para la angustia de la iglesia; y sin embargo así debía ser conforme a la ordenanza de la providencia. Jer 29:10. Thomas Crane.

Versículo 65. Como un valiente que grita excitado del vino: cuyo espíritu y valor se reaniman y encienden con un trago abundante de vino generoso; comparación que no injuria a la Majestad divina más que la de un ladrón que viene de noche, con la cual se compara la segunda venida de Cristo. 1 Ts 5:2. Matthew Poole.

Salmos 78:66

Versículo 66. «E hirió a sus enemigos por detrás.» Las almorranas los volvieron ridículos, y sus numerosas derrotas los hicieron todavía más. Huyeron, pero fueron alcanzados y heridos por la espalda, para su eterna deshonra. «Les dio perpetua afrenta.» Los orientales no son muy refinados, y bien podemos creer que las hemorroides fueron tema de muchas burlas contra los filisteos, como lo fueron también sus frecuentes derrotas a manos de Israel, hasta que por fin fueron aplastados, para no existir nunca más como nación distinta.

Sugerencias para el predicador

Versículo 66. E hirió a sus enemigos por detrás. Esto se refiere a que los filisteos fueron heridos con hemorroides, o almorranas, mientras el arca estuvo cautiva entre ellos, 1 S 5:6, 12... La versión griega, según la cita Suidas, dice: hirió a sus enemigos en las partes traseras del asiento; lo cual significa, dice, una enfermedad expresada con pudor. John Gill.

Salmos 78:67

Versículo 67. «Desechó la tienda de José.» Dios había honrado a Efraín, pues a esa tribu pertenecían Josué el gran conquistador y Gedeón el gran juez, y dentro de sus límites estaba Silo, lugar del arca y del santuario; pero ahora el Señor cambiaría todo esto y establecería otros gobernantes. Ya no dejaría los asuntos a la dirección de Efraín, puesto que esa tribu había sido probada y hallada falta. «Y no escogió la tribu de Efraín.» Se había hallado en ellos pecado, necedad e inestabilidad, y por eso fueron apartados como no aptos para dirigir.

Sugerencias para el predicador

Versículo 67. Trasladar el arca no es quitarla; Silo la ha perdido, pero Israel no. Dios tendrá una iglesia en el mundo, y un reino entre los hombres, aunque a este o aquel lugar se le quite su candelero; más aún, el rechazo de Silo es la elección de Sion. Matthew Henry.

Vers. 67-68. Desechó. No escogió. Escogió. Así como el amor de Dios se nos presenta no como fijado de manera independiente, sino teniendo a todas las personas a la vista y en perspectiva, así también por esto, que no lo ha fijado en todos sin distinción. Esto es distinto de lo anterior; porque lo indefinido es no saber en quién lo fijó. Ahora bien, así como sabía en quiénes lo fijó, así lo ha fijado solo en algunos, no en todos... Si Dios había de amar, era justo que fuera libre. Es cosa extraña que ustedes no concedan a Dios lo que tienen por prerrogativa los reyes y los príncipes, y a ellos sí se lo conceden. Ellos tendrán favoritos a quienes amen, y no amarán a otros; y sin embargo los hombres no conceden a Dios esa libertad, sino que debe amar a todo el género humano o ser cruel e injusto. La particularidad de su amor lo aumenta y nos lo hace más querido. Hallarán casi a todo lo largo de la Biblia que, cuando Dios quiere expresar su amor, lo hace con particularidad hacia sus propios elegidos, lo cual ilustra con lo contrario hecho a otros... Y hallarán con frecuencia en la Escritura que, cuando menciona su elección de algunas personas, presenta también a propósito su rechazo de otras... Cuando habla de una elección entre las tribus, no se contenta con decir que escogió a Judá, sino que incluye el rechazo, o al menos la preterición, de José. Desechó la tienda de José, y no escogió la tribu de Efraín; sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sion, al cual amó. ... Habla de los tiempos de los jueces. El rechazo de las diez tribus empezó a mostrarse pronto; dice que desechó la tienda de Efraín, pero escogió a Judá. Después del tiempo de Salomón se dieron a adorar becerros (déjenme decirles que es la decadencia de la elección lo que arruina a una nación, cuando la elección decae y cesa en una época), hasta que al fin las diez tribus fueron desechadas, como lo están hoy; pero la tribu de Judá tuvo elección entre ellas...

Aunque al principio, y durante mucho tiempo, ambos fueron igualmente su pueblo, al fin la elección empezó a pasar por una discontinuidad. Efraín, o las diez tribus, tenía al principio ventaja sobre Judá en lo espiritual; pues el arca, señal de la presencia de Dios, fue confiada a su custodia en Silo; el sello del culto y de las ordenanzas de Dios les fue confiado, y Judá debía subir allá si quería buscar al Señor. Pero Efraín, por pecar contra ese culto, lo perdió y lo perdió por su culpa, y por tanto ya no tendría su custodia, no, ni por siempre jamás; pero Judá lo tuvo en Belén, hasta que al fin quedó establecido firmemente en Sion, «como la tierra que cimentó para siempre» Sal 78:69; y esto por ninguna otra razón sino que los había amado y por amor los había escogido Sal 78:67-69. Porque por lo demás Judá estaba, igual que Efraín, envuelto en la misma culpa de pecado que lo había hecho perder, como muestran claramente los vv. 56-60 del salmo. «Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios», etc. Lo dice de todos en esos versículos, y sin embargo toma ocasión contra Efraín para quitárselo para siempre. Así, los primeros son postreros y los postreros primeros; y aquellos con quienes está por un tiempo la presencia de Dios, por algún pecado eminente Dios empieza a retirarse de ellos, y poco a poco, como hizo con aquel pueblo de las diez tribus, hasta que al fin los desechó de ser pueblo; pero no obró así con Judá, aunque estos perdieron su templo, culto y nación en el cautiverio de Babilonia, pues Dios restauró todo de nuevo a mayor gloria al fin. El fundamento estaba en el Sal 78:68, el monte de Sion, al cual amó. Thomas Goodwin.

Vers. 67-68. Desechó. No escogió. Escogió.

Salmos 78:68

Versículo 68. «Sino que escogió la tribu de Judá.» Para dar a la nación otra oportunidad, esta tribu fue elegida para la supremacía. Esto fue conforme a la profecía de Jacob al morir. Nuestro Señor salió de Judá, y a él es a quien sus hermanos alabarán. «El monte de Sion, al cual amó.» El tabernáculo y el arca fueron trasladados a Sion durante el reinado de David; ninguna honra quedó para los díscolos efraimitas. Junto a este monte el Padre de los fieles había ofrecido a su hijo único, y allí, en días futuros, serían las grandes reuniones de su simiente escogida, y por eso se dice que Sion es amable para Dios.

Salmos 78:69

Versículo 69. «Edificó su santuario a manera de eminencia.» El tabernáculo fue puesto en lo alto; literal y espiritualmente era un monte de hermosura. La verdadera religión fue exaltada en la tierra. Por su santidad era un templo, por su majestad era un palacio. «Como la tierra que cimentó para siempre.» En el templo se veían tanto estabilidad como magnificencia, y así también en la iglesia de Dios. Los profetas vieron ambas cosas en visión.

Salmos 78:70

Versículo 70. «Eligió a David su siervo.» Fue una elección de índole soberanamente graciosa, y obró de manera práctica haciendo del hombre elegido un siervo dispuesto del Señor. No fue elegido porque era siervo, sino para que lo fuera. David tuvo siempre por un alto honor ser a la vez elegido de Dios y siervo de Dios. «Y lo tomó de las majadas de las ovejas.» Había sido pastor de ovejas, y esta era una escuela adecuada para un pastor de hombres. La humildad de una ocupación no excluirá a nadie de los honores que confiere la elección del Señor; el Señor no ve como ve el hombre. Se deleita en bendecir a los de baja condición.

Sugerencias para el predicador

Versículo 70. Lo tomó de las majadas de las ovejas. El arte de apacentar ganado y el arte de gobernar hombres son hermanos, dice Basilio. John Trapp.

Salmos 78:71

Versículo 71. «De tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad.» Ejerciendo el cuidado y el arte de quienes velan por los corderitos, David seguía a las ovejas en sus andanzas; la ternura y la paciencia así adquiridas tenderían a desarrollar las características más propias de un rey. Al hombre así preparado le llegaron a su debido tiempo el cargo y la dignidad que Dios había dispuesto para él, y pudo llevarlos dignamente. Es admirable cuántas veces la sabiduría divina dispone así la parte temprana y oscura de una vida escogida, de modo que sea una escuela preparatoria para un futuro más activo y noble.

Sugerencias para el predicador

Versículo 71. De tras las paridas. Un buen y constante cuidador de corderos es de gran valor para un ganadero, pero aconsejaría a todos los ganaderos que atendieran esta tarea ellos mismos, pues pocos criados prestarán la atención que es necesaria, o que el propio amo daría, y el más leve descuido va seguido en muchos casos de la mayor desventaja. He atendido la práctica de la paridera durante varios años, por lo cual confío en no ser novato en ella ni incapaz de dar una descripción de la misma. Pueden perderse muchos corderos sin que sea posible acusar de descuido o ignorancia al cuidador, aunque una mayor atención de su parte habría podido salvar a muchos que de otro modo perecen... La práctica de la paridera es a veces muy intrincada y tiende a agotar la paciencia del cuidador. Las ovejas son obstinadas, y la paridera presenta una escena de confusión, desorden y trabajo que el cuidador debe corregir, y para lo cual debe estar siempre preparado: algunas de las ovejas quizá abandonan a sus corderos, o los corderos se mezclan, y las ovejas que han perdido a sus corderos corren balando, mientras otras necesitan ayuda. Estos son solo unos pocos de los diversos sucesos que reclaman la atención inmediata del cuidador. Daniel Price, en "A System of Sheep grazing and Management," 1809.

Versículo 71. De tras las paridas. Se ha referido que un docto doctor de Oxford colgó sus calzones de cuero en su estudio como recuerdo para los visitantes de su humilde origen; la verdad no la garantizo, pero la historia nos cuenta de Agatocles, que de alfarero llegó a rey de Sicilia y no quiso ser servido en su mesa con ninguna otra vajilla que de barro, para recordarle su antigua faena. Sería bueno que algunos recordaran de quién han limpiado los zapatos, de quién han llevado el carbón y de quién han tomado dinero prestado, y trataran con gratitud a sus acreedores, como hizo el buen lord Cromwell con el mercader florentino en tiempo de Enrique VIII, cuando Wolsey (el Martyrology de Foxe), como un carnicero, olvidó al rey su amo. Otro fue el caso del santo David, quien, estando en la dignidad real, recuerda con gracia que seguía a las ovejas paridas cuando ahora apacienta las ovejas de Israel. Su cetro de oro apunta a su cayado de madera, y toca las viejas lecciones de su flauta de avena en su arpa de algum, y extiende su tienda de Belén dentro de su palacio de mármol en el monte Sion. Samuel Lee.

Versículo 71. Para que apacentase a Jacob su pueblo. (Este es un curioso ejemplo de espiritualización medieval, y se inserta aquí como tal. Es divertido notar que un expositor tractariano cita el pasaje con evidente e intensa admiración. C. H. S.) Obsérvese que un buen pastor debe ser humilde y fiel; debe tener pan en una alforja, un perro con una correa, un báculo con una vara y un cuerno melodioso. El pan es la palabra de Dios, la alforja es la memoria de la palabra; el perro es el celo con el cual el pastor arde por la casa de Dios, echa fuera a los lobos con ladridos piadosos, siguiendo la predicación y la oración incansable: la correa con que se sujeta al perro es la moderación del celo y la discreción, con que el celo del pastor es templado por el espíritu de piedad y de conocimiento. El báculo es el consuelo de la exhortación piadosa con que los demasiado tímidos son sostenidos y reanimados, para que no desfallezcan en el tiempo de la tribulación; pero la vara es la autoridad y el poder con que se refrena a los turbulentos. El cuerno melodioso, que suena tan dulcemente, significa la dulzura de la bienaventuranza eterna, que el fiel pastor infunde suave y frecuentemente en los oídos de su rebaño. Johannes Paulus Palanterius. 1600.

Salmos 78:72

Versículo 72. «Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón.» David fue recto delante de Dios y nunca se desvió de corazón del culto obediente a Jehová. Cualesquiera fueran sus faltas, fue sinceramente leal al Rey supremo de Israel; pastoreó para Dios con corazón honrado. «Los pastoreó con la pericia de sus manos.» Fue un gobernante sagaz, y el salmista magnifica al Señor por haberlo designado. Bajo David, el reino judío se elevó a una posición honrosa entre las naciones y ejerció influencia sobre sus vecinos. Al cerrar el salmo que ha descrito las condiciones cambiantes de la nación escogida, nos alegra terminar tan pacíficamente, con todo ruido de tumulto o de ritos pecaminosos acallado en silencio. Después de un largo viaje por un mar tormentoso, el arca del Estado judío descansó sobre su Ararat, bajo un reinado sabio y benigno, para no ser llevada ya más de acá para allá por inundaciones y vendavales. El salmista había pensado desde el principio hacer de esta su última estrofa, y también nosotros podemos contentarnos con terminar todos nuestros cantos de amor con el reinado del ungido del Señor. Solo que podemos preguntar con ansia: ¿cuándo vendrá? ¿Cuándo pondremos fin a estas andanzas por el desierto, a estas rebeliones y castigos, y entraremos en el reposo de un reino asentado, con el Señor Jesús reinando como «el Príncipe de la casa de David»? Así hemos terminado esta larga parábola; que en la parábola de nuestra vida haya menos pecado y tanta gracia como se muestra en la historia de Israel, y que la cerremos bajo la guía segura de «aquel gran Pastor de las ovejas». AMÉN.

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.