El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 83: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
TÍTULO. Salmo o Cántico de Asaf. Esta es la última ocasión en que nos encontraremos con este elocuente escritor. El poeta patriota canta de nuevo guerras y peligros inminentes, pero no es el canto impío de una nación irreflexiva que entra en guerra con ligereza. Asaf el vidente es muy consciente de los graves peligros que proceden de las poderosas naciones confederadas, pero su alma se apoya con fe en Jehová, mientras que, como poeta predicador, anima a sus compatriotas a la oración por medio de este lírico poema sagrado. El Asaf que escribió este cántico fue con toda probabilidad el mencionado en 2 Cr 20:14, pues la evidencia interna que refiere el tema del salmo a los tiempos de Josafat es abrumadora. La división en el campamento de los pueblos confederados en el desierto de Tecoa no solo rompió su alianza, sino que condujo a una matanza mutua que debilitó el poder de algunas de las naciones durante muchos años después. Pensaron destruir a Israel y se destruyeron unos a otros.
División
Una apelación a Dios en términos generales llena Sal 83:1-4; luego el salmista entra en los detalles de la alianza, Sal 83:5-8. Esto conduce a una ferviente súplica por el derrocamiento del enemigo, Sal 83:9-15, con la expresión del deseo de que la gloria de Dios sea promovida con ello.
Título
«Cántico» o «Salmo». Cuando las dos palabras (Shir, Mizmor) aparecen juntas, el significado parece ser el de un poema lírico destinado a ser cantado. John Jebb.
Título. Este salmo, según el título, fue compuesto por Asaf. De acuerdo con ello, leemos en 2 Cr 20:14 que el Espíritu de Jehová vino sobre Jahaziel, de los hijos de Asaf, en medio de la congregación. Este Jahaziel es probablemente el autor del salmo. Nuestro salmo es un verdadero retrato del estado de ánimo que prevalecía en todo el pueblo durante el peligro bajo Josafat. Según la historia de Crónicas, alabaron entonces a Dios, en medio de su peligro, con fuerte voz, 2 Cr 20:19; y aquí en el título, que es un apéndice del del Salmo 48, el salmo es llamado cántico de alabanza; y lo es en realidad, aunque tiene la forma de una oración: un canto de triunfo entonado antes de la victoria; sin combate, sin duda, la angustia se encomienda simplemente a Dios. La mención de los amalecitas entre los enemigos de Israel, en Sal 83:7, hace imposible descender a tiempos posteriores al de Josafat. Los últimos restos de los amalecitas fueron, según 1 Cr 4:43, extirpados por los simeonitas bajo Ezequías. Desde entonces desaparecen por completo de la historia. La afirmación de Ewald de que Amalec está aquí «solo como nombre de infamia aplicado a partidos bien conocidos en aquel tiempo» debe considerarse un miserable subterfugio. El salmo debe de haberse compuesto antes de la extensión del imperio de los asirios sobre el Asia occidental. Pues los asirios, nombrados en último lugar, en el versículo ocho, aparecen aquí en el carácter muy extraordinario de aliados de los hijos de Lot. E. W. Hengstenberg.
Versículo 1. «Oh Dios, no guardes silencio.» En la Escritura hay tres razones por las que el Señor guarda silencio cuando su pueblo está en peligro, y permanece quieto cuando hay más necesidad de dar ayuda y socorro. Una es que el Señor lo hace para probar su fe, como vemos claramente en Mt 8:24, donde se dice que nuestro Señor Cristo dormía: Se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y lo despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Leemos más ampliamente en Marcos 4 y Lucas 8 que los dejó, cuando la barca estaba cubierta de olas y ellos remaban por salvar la vida; su Señor dormía entretanto, y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Y se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Es cierto que el Señor no permitirá que su pueblo sea anegado, pero permitirá que se acerque mucho, hasta que las olas los cubran, y el miedo y el horror cubran sus almas, y todo para probar su fe... Hallo otra razón en Isaías 59, y es que el Señor guarda silencio en medio de las tribulaciones de su pueblo para probar la rectitud de corazón de los hombres. Porque si Dios apareciera siempre en favor de su causa, Dios y su causa tendrían muchos favoritos y amigos; pero a veces Dios abandona su causa, y abandona a su pueblo, y abandona su evangelio y sus ordenanzas al ancho mundo, para ver quién abogará por ello y se aferrará a ello... Hay una tercera razón: Dios, por así decirlo, guarda silencio en medio de las mayores tribulaciones para juntar a los impíos en un solo haz, en un solo manojo, para que sean destruidos juntos. Cuesta mucho trabajo «juntar a los santos» en este mundo; y en verdad cuesta también algún trabajo juntar a los impíos. Así Dios se retira de su pueblo, y sin embargo tiene un gancho dentro de sus corazones; los sostiene secretamente por su Espíritu para que no lo dejen; pero el mundo no verá sino que Dios los ha abandonado del todo, junto con todas sus ordenanzas, su evangelio y todo; y entonces los impíos se juntan e insultan, y así Dios puede venir sobre ellos de una vez y destruirlos, como hallamos diez naciones en el salmo. Y así en Génesis Dios levanta a las naciones contra Abraham y su posteridad, y hay diez naciones que Dios prometió exterminar delante de Abraham de una vez: los ferezeos, los jebuseos, los cananeos, etc. Así Dios las amontona y las quema como rastrojo. Los que queman rastrojo tienen rastrillos y lo reúnen en montones, y luego le prenden fuego. Esta es la manera del silencio de Dios entre su pueblo, y de su quedarse quieto en medio de sus miserias: así Dios junta a sus enemigos en montones como rastrojo, para quemarlos juntos. Gualter (Walter) Cradock, en "Divine Drops." 1650.
Versículo 1. No guardes silencio, etc. Las palabras hebreas tienen gran énfasis y expresan las principales causas del silencio: la boca cerrada, el oído sordo y una tranquilidad mantenida hasta tal punto que rechaza toda inquietud.
La primera parte, que tu boca no esté cerrada y tu lengua no se pegue inmóvil al paladar, denota propiamente, por la fuerza inherente a la palabra jqs, cuya raíz significa fijar y unir firmemente, lo que se sujeta con cal o se embadurna con yeso...
La segunda parte, no te hagas el sordo, pertenece propiamente a los oídos, como Mi 7:16: Sus oídos se ensordecerán. La tercera, no te estés quieto, sugiere el curso de los pensamientos del ánimo cuando llega a un estado de clara tranquilidad, apartados todos los cuidados y conmociones. La palabra (heb.) significa propiamente asentarse, posarse, como cuando las heces removidas de un licor se asientan y buscan el fondo; de ahí que se aplique al ánimo liberado de una gran fermentación de cuidados y de los sedimentos de las ansiedades y la amargura, un ánimo sereno, claro y depurado...
Veamos ahora qué tenía en mente el poeta cuando derramó estas oraciones, o qué quería indicar. Daba a entender que el pueblo se veía reducido a estas fervientes súplicas porque, a menos que Dios les trajera pronto ayuda, podría parecer que Jehová, el Dios de Israel, es como los dioses falsos, una especie de deidad, o muda, o sorda, o despreocupada. Hermann Venema.
Versículo 1. ¿Calla el Señor? Entonces no calles tú; clama a él hasta que rompa el silencio. Starke, en Bibelwerk de Lange.
Versículo 1. La referencia al tumulto en el versículo siguiente da fuerza a la ferviente apelación de este. En medio de todo el tumulto de los enemigos que se reúnen, pide con fervor a Dios que rompa su silencio y les hable con ira. W. Wilson.
Versículo 2. «Porque he aquí.» La oración comienza con la partícula he aquí, que no solo tiene la fuerza de despertar a Dios, sino que también da la idea de algo presente, con el propósito de señalar el momento oportuno para que Dios se ciña para la obra. Hermann Venema.
Versículo 2. «Tus enemigos se alborotan.» Todo el mundo no es sino como un ejército, una brigada de hombres (por así decirlo) bajo un general; y Dios es el Señor de los Ejércitos, es decir, el Señor de sus ejércitos: ahora bien, cuando hay un tumulto en un ejército, se quejan a los oficiales, y sobre todo al general; y él debe venir y reprimirlo. Por tanto, dice, tú, Señor de los ejércitos, eres el general del mundo; he aquí que hay un tumulto en el mundo, un motín. Walter Cradock.
Versículo 3. «Contra tus protegidos.» Esta descripción del pueblo de Dios merece nuestra atención. Puede tomarse de dos maneras. Primera, como referida a su seguridad. A menudo escondemos solo para preservar. Este es el sentido de la palabra en la parábola, respecto al hallazgo del tesoro en el campo: «el cual, hallado, lo esconde». Su propósito no es ocultar sino asegurar; y se pone la causa por el efecto. Así está escondido el pueblo de Dios. Escondió a Noé en el arca, y las aguas que ahogaron al mundo no pudieron encontrarlo. Cuando sus juicios venían sobre la tierra, «Ven, pueblo mío», dice, «entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, entre tanto que pasa la indignación». De ahí la promesa: «En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas». De ahí la confianza expresada por David: «Él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto». El Salvador pudo decir: «Me cubrió con la sombra de su mano». Y: «Todos los santos están en tu mano». Son guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación. Porque él mismo es su «refugio», su «escondedero». Son sus protegidos. Segunda, como indicando su ocultamiento. Este no es absoluto. Pero se da en diversos aspectos y grados. Es verdad respecto a la naturaleza de la vida espiritual. Nuestra vida, dice el apóstol, está escondida con Cristo en Dios; y que se refiere a su invisibilidad más que a su seguridad es evidente por las palabras siguientes: «Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria». ...El corazón del creyente solo conoce su propia amargura, y un extraño no se entremete en su gozo. El maná de que se alimenta es maná escondido. Y nadie conoce el nombre nuevo escrito en la piedrecita blanca que se le da, sino el que lo recibe... A veces están ocultos por la persecución. Porque aunque esta no impide que sean cristianos, les impide aparecer como tales, especialmente al excluirlos de sus asambleas sociales y públicas... A veces están ocultos por la oscuridad de su posición. No son llamados muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; pero cuando son llamados también son exhibidos. Son como ciudades asentadas sobre un monte, que no pueden esconderse. Un poco de religión en la alta sociedad llega muy lejos y se habla mucho de ella, porque con tanta frecuencia es cosa extraña. Pero Dios ha escogido a los pobres de este mundo; y a menudo son ricos en fe. ¿Y cómo ha de conocerse su riqueza moral? ¡Qué pocas oportunidades tienen de exhibición o actividad religiosa! Puede haber el principio de la benevolencia donde no hay capacidad de dar. Y el Señor ve el corazón, pero los hombres solo pueden juzgar por las acciones. Muchos que son grandes a los ojos del Señor viven en chozas y casuchas, y apenas son conocidos, salvo por unos pocos vecinos igualmente oscuros. A veces están ocultos por su temperamento. Son reservados y se retraen de ser notados. Son tímidos y desconfían de sí mismos. Esto los frena en la conversación religiosa, sobre todo en cuanto a su propia experiencia. Esto les impide hacer profesión de religión y unirse a una iglesia cristiana. José de Arimatea era discípulo de Jesús, pero en secreto, por miedo a los judíos. Y Nicodemo, por la misma causa, fue a Jesús de noche. Tenían dificultades en su situación de las que otros estaban libres. Debieron haberlas vencido; y así lo hicieron al fin, pero al principio era para ellos un día de cosas pequeñas. Otros están en circunstancias y pruebas semejantes: y debemos ser pacientes con todos los hombres. A veces están ocultos por sus flaquezas. No abogaríamos por el pecado; pero la gracia puede hallarse junto con muchas imperfecciones. Los que la poseen tienen lo esencial de la religión; pero no todo lo que es ornamental, y amable, y de buen nombre. Lo mismo se aplica también a los errores. Aquí, de nuevo, estamos lejos de menospreciar la verdad divina. Es bueno que el corazón sea afirmado por la gracia. Pero nos es imposible decir cuánta ignorancia y cuántos errores pueden hallarse incluso en los verdaderos israelitas, en quienes no hay engaño. William Jay.
Versículo 3. Cuanto menos te conozca el mundo, mejor para ti; puedes darte por satisfecho con esto: Dios conoce a los que son suyos: no perdido, aunque escondido, es el símbolo de un cristiano. Frisch, en Bibelwerk de Lange.
Versículo 4. «Y no haya más memoria del nombre de Israel.» Este desesperado y terrible plan, y su miserable designio, no surtió efecto; al contrario, las diversas naciones mencionadas luego, que participaron en esta conspiración, ya no existen y no han tenido nombre en el mundo durante muchos cientos de años; mientras que los judíos siguen siendo un pueblo y se conservan para ser llamados y salvados, como lo será todo Israel en los últimos días, Ro 11:25. Así pensó Diocleciano desarraigar del mundo el nombre cristiano; pero en vano. John Gill.
Versículo 5. «Porque se confabulan de corazón unánime.» Al margen, como en hebreo, corazón. No hay división en sus consejos sobre este asunto. Tienen un solo deseo, un solo propósito, en este asunto. Pilato y Herodes se hicieron amigos entre sí contra Cristo (Lc 23:12); y el mundo, dividido y hostil en otros asuntos, se ha unido habitualmente en su oposición a Cristo y a una religión pura y espiritual. Albert Barnes.
Versículo 5. «Se confabulan de corazón unánime,» etc. Para impulsar esta guerra impía juntan sus cabezas, y sus cuernos, y también sus corazones. Fas est et ab hoste doceri. ¿Obran los enemigos de la iglesia de común acuerdo para destruirla? ¿Tienen los reyes de la tierra un mismo parecer para dar su poder y su honra a la bestia? ¿Y no serán unánimes los amigos de la iglesia en servir a sus intereses? Si Herodes y Pilato se hacen amigos para unirse en crucificar a Cristo, seguramente Pablo y Bernabé, Pablo y Pedro, pronto se harán amigos para unirse en predicar a Cristo. Matthew Henry.
Versículo 5. «Se confabulan,» etc. Aunque pueda surgir un rencor privado entre los impíos, todos se pondrán de acuerdo y se unirán contra los santos: si dos galgos gruñen por un hueso, pero se les levanta una liebre entre ellos, dejarán el hueso y correrán tras la liebre; así, si los impíos tienen diferencias privadas entre sí, con todo, si los piadosos están cerca de ellos, dejarán de gruñirse unos a otros y perseguirán a los piadosos. Thomas Watson.
Versículo 5. «Han hecho alianza contra ti.» «Han hecho pacto», vtyrkytyrk berith yachriths, «han cortado el sacrificio del pacto». Han matado un animal, lo han partido en dos y han pasado entre las partes de la víctima; y así se han obligado a cumplir su propósito. Adam Clarke.
Versículo 6. «Las tiendas de los edomitas,» etc. Habiendo presentado el profeta su petición y queja en general, pasa a los detalles y le dice a Dios quiénes son los que han hecho esto. Dios podría decir: ¿Quiénes son estos que conspiran contra mí, y contra mi pueblo y mis protegidos? Señor, dice el profeta, te diré quiénes son... Nombra unas diez naciones que se unieron contra un pobre Israel. Es algo que deben observar: cuando se conspira contra el pueblo de Dios, Dios no se contenta con quejas generales, sino que quiere saber quiénes son. Como les dije, él es el Señor de los Ejércitos, el gran general. Cuando hay un motín, el general pregunta qué oficial, o qué cabo, o qué sargento, o quién empezó el motín; y es cosa temible cuando el pobre santo perseguido presenta tu nombre como perseguidor ante el Dios del cielo. Cuando un pobre santo vaya a casa y diga: hay una confederación en Londres, una conspiración contra los santos de Dios; y cuando un pobre santo diga: tal magistrado, tal ministro, tal hombre de tal calle, tal mujer puso a su marido contra los santos y contra tus ordenanzas: es una cosa temible. Por eso recuerdo a una bendita mujer, si es verdad lo que se cuenta de ella en el Libro de los mártires, que cuando los impíos la maltrataban, la injuriaban y la oprimían, no decía más que esto: «Me iré a casa y se lo diré a mi Padre»: desistan, o presentaré sus nombres a Dios y se los diré; eso era todo, y bastaba; porque él lo tomaría en seguida a su cargo. Un hombre soporta mejor una libra de barro en los pies que un grano de barro en el ojo; los santos son «la niña de los ojos de Dios». Walter Cradock.
Versículo 6. Agarenos. Este pueblo habitaba al este de Galaad, y fue casi destruido en los días de Saúl, siendo expulsado del todo de su país, 1 Cr 5:10, pero después recobró algo de fuerza e importancia. Adam Clarke.
Versículos 6-8. Puede observarse que estos estaban por todos lados de la tierra de Israel: los edomitas, ismaelitas y amalecitas estaban al sur; los moabitas, amonitas y agarenos, al este; los asirios, al norte; y los filisteos, los giblitas y los tirios, al oeste; de modo que Israel estaba rodeado por todos lados de enemigos, como el pueblo del Señor es atribulado por todos lados, 2 Co 4:8; y así el ejército de Gog y Magog, en el cual algunos entienden esto, rodeará el campamento de los santos y la ciudad amada, Ap 20:9. John Gill.
Versículos 6-8. Los enemigos de Israel, tal como los enumera el salmista, se dividen en cuatro grupos principales: 1.º, los más estrechamente emparentados con los propios israelitas por lazos de sangre, los descendientes de Esaú e Ismael; 2.º, las dos ramas de los descendientes de Lot junto con sus respectivos auxiliares árabes, es decir, los moabitas, que habían solicitado la ayuda de los agarenos, y los amonitas, que habían reunido en torno a su estandarte a los giblitas y amalecitas; 3.º, los habitantes de la costa, los filisteos y los tirios; 4.º, los asirios, más distantes. De todos ellos, los más amargos en su hostilidad hacia Israel eran los más estrechamente unidos a ellos por la sangre: los edomitas. Su hostilidad se fundaba en el odio. Por su conducta hacia los israelitas durante una larga serie de años parecería que en ellos se perpetuaba duraderamente aquel odio más antiguo con que su antepasado Esaú había aborrecido a Jacob por la bendición de Isaac. Y aunque una y otra vez lograron, conforme a la profecía, quebrar el yugo de Israel de sobre su cuello, nunca pudieron arrebatar a Israel la posesión de la primogenitura, y con ella de las promesas, que sus antepasados habían despreciado profanamente; de Israel, no de Edom, habría de nacer el Redentor del mundo, y en Israel serían benditas todas las familias de la tierra. Los edomitas pueden, por tanto, considerarse apropiadamente tipos de aquellos a quienes la Iglesia de Cristo ha hallado siempre como sus más amargos enemigos: los escépticos que se han negado a reconocer esa redención por medio de un Redentor personal sobre la cual, como sobre su fundamento, se asienta la iglesia; cuyo orgullo intelectual se ofende por las humillantes doctrinas del cristianismo, y que odian a quienes las sostienen por poseer bendiciones que ellos han descuidado voluntariamente; cuyo saber humano ha servido, sin embargo, en conjunto, a la edificación de la iglesia, a pesar de la violencia con que se han esforzado, y por un tiempo, como a veces parecería, con éxito, por obtener el dominio sobre ella oponiéndose a ella y ejerciendo un dominio temporal. Habitando ellos mismos en tiendas, no soportan que otros, más bienaventurados que ellos, tengan en posesión las casas de Dios: «reconociéndose extraviados e incapaces de hallar el camino a la verdad, son con todo muy importunos e imperiosos en que otros abandonen las sendas antiguas y procuren unirse a ellos, o por lo menos anden errantes como ellos andan.» Junto con los edomitas, el salmista menciona a los ismaelitas. Y estos, como descendientes de la esclava, pueden representar bien a esos opositores judíos del cristianismo, todavía, quizá, localmente, si no en general, formidables, que en su rechazo de la doctrina cristiana se han dejado llevar por los mismos sentimientos de orgullo intelectual que los escépticos de ascendencia cristiana; que, profesando aferrarse a aquel pacto del monte Sinaí que engendra para esclavitud, persiguieron, mientras pudieron, a los nacidos según el Espíritu.
En los descendientes de Lot y sus auxiliares árabes tenemos los tipos de una clase diferente de enemigos. El origen histórico de los primeros los señala como los representantes apropiados de los esclavos de las pasiones pecaminosas; que odian a la iglesia no por el tono humillante de sus doctrinas, sino por el estándar de santidad que exige y del cual da continuo testimonio. Y la experiencia muestra cómo tales personas suelen, en sus ataques contra la iglesia, reclutar para su servicio a quienes son más salvajemente, pero también más ignorantemente, impíos que ellos; cómo, para arrancar, si es posible, esas vallas y salvaguardas de la ley de santidad que, habiéndolas transgredido, odian mirar, apelan a las pasiones desenfrenadas de la multitud sin ley, por la cual la existencia misma de esas vallas había sido enteramente desatendida. De los enemigos de la Iglesia animados por sentimientos de odio positivo pasamos a los que obran por cálculo más que por pasión, y cuyas acciones se dirigen todas a su propio engrandecimiento terrenal. Los filisteos y los tirios habían entrado en la confederación hostil con la esperanza de obtener cautivos israelitas, de los cuales pudieran sacar provecho vendiéndolos en el extranjero como esclavos. No parece que consideraran a los israelitas en sí mismos con otros sentimientos que los de mera indiferencia interesada. Ambas naciones habían ofrecido sus servicios a Israel en los días de la prosperidad de Israel; pues los filisteos habían proporcionado probablemente los cereteos y peleteos de la guardia personal de David, y los tirios habían proporcionado a Salomón materiales y obreros para la construcción del templo: ambas naciones buscaban ahora enriquecerse a costa de Israel en los días de la adversidad de Israel. Y estos son, pues, los tipos apropiados de todos los que, en sus variadas profesiones de amistad u hostilidad hacia la Iglesia de Dios, están movidos por el mero deseo mercenario de lucro; que favorecen, e incluso favorecen con celo, sus intereses cuando pueden conseguir una buena recompensa por sus servicios; que se coaligan sin vacilar con sus más amargos enemigos para difamarla y despojarla siempre que se presenta la oportunidad de aumentar con ello sus bienes mundanos. La última clase de enemigos son aquellos de quienes Asiria es el tipo; los potentados mundanos, eclesiásticos o temporales, papales o imperiales, que están sin escrúpulos dispuestos a emplear todos los medios para el logro último de su único objeto, el de extender y consolidar su dominio. Tales potentados parecen representar con la mayor verdad ese egoísmo decidido y resuelto que, a ojos no deslumbrados por la grandeza de sus proporciones ni por la suntuosidad con que se reviste, debe parecer siempre una de las más terribles encarnaciones de la enemistad del mundo contra Dios. Orgullo intelectual e incredulidad, impiedad y desenfreno de vida, codicia, ambición mundana: tales son las características de cuatro importantes clases de los que amenazan a la iglesia de Dios. Joseph Francis Thrupp.
Versículo 7. Gebal.
- Se supone generalmente que indica la región montañosa que se extiende desde el Mar Muerto hacia el sur hasta Petra, todavía llamada Jebal. Pero algunos de los mejores autores la identifican con el n.º 2, mencionado en conjunción con Tiro.
- Un lugar del que se habla en relación con Tiro, Ez 27:9. Muy probablemente la residencia de los giblitas y, por tanto, al norte de Palestina, Jos 13:5. Los giblitas fueron empleados por Hiram, rey de Tiro, en preparar materiales para el templo de Salomón, 1 R 5:18, margen. El nombre griego de este lugar era Biblos. El pueblo se llama Jebeil y tiene una población de unos seiscientos habitantes. Está a unas diecisiete millas al norte de Beirut. Las ruinas antiguas son muy extensas. Inmensas cantidades de columnas de granito están esparcidas por el pueblo y por los campos circundantes. Estas columnas son en su mayoría pequeñas, de uno a dos pies de diámetro. Algunas de las piedras miden casi veinte pies de longitud. La ciudadela es la ruina más notable. El puerto está casi cegado por la arena y los escombros. George H. Whitney, "Hand Book of Bible Geography." 1872
Versículo 8. «También el asirio,» etc. Esto determina la fecha de este salmo en los últimos tiempos del reino judío; porque las otras naciones aquí mencionadas los habían molestado antes, pero los asirios no hasta hacia el fin. William Wall, 1645 o 1646-1727-8.
Versículo 9. «Haz con ellos como con Madián.» Es decir, entrechoca sus cabezas, haz que sus designios se estorben unos a otros. Walter Cradock.
Versículo 9. «En el arroyo de Cisón.» El río Cisón atraviesa la llanura (de Esdrelón) y termina en la bahía de Acre o Akka. Es el arroyo del que está escrito, después que Barac y Débora ganaron su victoria sobre Sísara: «Barrió el torrente de Cisón a los enemigos, el antiguo torrente, el torrente de Cisón. Marchaste, oh alma mía, con poder». Aunque ahora no es un arroyo insignificante, necesita fuertes lluvias para ser realmente considerable en magnitud: es muy desigual en tamaño y parece ser solo temporal en su carácter. En todo caso, cuando Robinson pasó por sus fuentes en pleno verano, halló los cauces secos, y llevaban así todo un año. En cambio, en invierno las aguas son a menudo sumamente abundantes, particularmente en los principales afluentes del norte y del sur; de modo que, en 1799, en el tiempo de la invasión francesa, muchos de los turcos vencidos perecieron en las crecidas que bajaron desde Deburieh y que inundaron la llanura. Fue una escena como la descrita en Jueces 5 respecto a la suerte de las huestes de Sísara. Carl Ritter (1779-1859), en "The Comparative Geography of Palestine and the Sinaitic Peninsula." Traducido por William L. Gage. 1866.
Versículo 10. «Fueron hechos como estiércol para la tierra.» La tierra fue enriquecida o hecha fértil por su carne, su sangre y sus huesos. Albert Barnes.
Versículo 10. «Fueron hechos como estiércol para la tierra.» En el año 1830 se calcula que se importaron del continente europeo al puerto de Hull más de un millón de fanegas de «huesos humanos e inhumanos». Los alrededores de Leipzig, Austerlitz, Waterloo, etc., donde se libraron las principales batallas unos quince o veinte años antes, fueron barridos por igual de los huesos del héroe y del caballo que montaba. Así recogidos de todas partes, fueron embarcados a Hull, y de allí enviados a los molineros de huesos de Yorkshire, quienes, con máquinas de vapor y potente maquinaria, los redujeron a estado granulado. En esta condición fueron enviados sobre todo a Doncaster, uno de los mayores mercados agrícolas del país, y allí vendidos a los agricultores para abonar sus tierras. La sustancia aceitosa que se va desprendiendo a medida que el hueso se calcina da mejor abono que casi cualquier otra sustancia, particularmente los huesos humanos. K. Arvine.
Versículo 11. La palabra príncipes se pone en antítesis con los nombres Oreb y Zeeb. La palabra mykyrg, príncipes, denota propiamente hombres liberales, munificentes y benéficos, como deben ser los príncipes y potentados entre los hombres, pero los nombres Oreb y Zeeb tienen la significación exactamente opuesta, pues uno significa cuervo y el otro lobo. Cuando en tales bestias rapaces y feroces han degenerado sus príncipes, como justa recompensa vendrá sobre ellos el choque hostil. Hermann Venema.
Versículo 13. Una rueda. ¿Qué clase de vegetal es este cuyos tallos están cortando y masticando con tanto gusto nuestros arrieros? Es una alcachofa silvestre. Podemos entretenernos un rato con ella y su comportamiento, y posiblemente extraer algo más valioso que el jugo insípido que tanto gusta a nuestros hombres. Observen que al crecer echa numerosas ramas de igual tamaño y longitud en todas direcciones, formando una especie de esfera o globo de un pie o más de diámetro. Cuando está madura y seca en otoño, estas ramas se vuelven rígidas y ligeras como una pluma, el tallo madre se rompe a ras del suelo y el viento lleva estos globos vegetales adonde le place. En la estación propicia, miles de ellos cruzan veloces la llanura rodando, saltando, brincando con enorme estruendo, para consternación del caballo y de su jinete. Una vez, en la llanura al norte de Hamat, mi caballo se volvió completamente ingobernable entre ellos. Se lanzaron sobre nosotros en alas del viento, que los arrancaba de sus amarras y los enviaba dando tumbos por el desierto en incontable número. Nuestro excelente predicador itinerante nativo, A —-F —-, tuvo un encuentro semejante con ellos en el desierto oriental más allá del Haurán, y su caballo se aterrorizó tanto que tuvo que apearse y llevarlo de la brida. Hace tiempo que sospecho que esta alcachofa silvestre es el gulgal, que en Sal 83:13 se traduce rueda, y en Is 17:13, una cosa que rueda. Evidentemente nuestros traductores no sabían cómo llamarla. El primer pasaje dice así: Dios mío, ponlos como una rueda; el segundo: Los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como una cosa que rueda —gulgal— delante del torbellino. Ahora bien, por la naturaleza del paralelismo, el gulgal no puede ser una rueda, sino algo que corresponda al tamo. Tiene que ser también algo que no vuele como el tamo, sino que de manera notable ruede ante el viento. El significado de gulgal en hebreo y su equivalente en otros dialectos semíticos lo requiere, y esta alcachofa rodante cuadra de forma muy enfática, y especialmente cuando rueda ante el torbellino. En el encuentro mencionado al norte de Hamat, mis ojos quedaron medio cegados por el rastrojo y el tamo que llenaban el aire; pero fue el extraordinario comportamiento de esta cosa rodante lo que cautivó mi atención. Cientos de estos globos, todos brincando como gacelas en una dirección sobre el desierto, de pronto giraban en seco a la orden de una ráfaga contraria y se alejaban con igual velocidad en su nuevo rumbo. Un proverbio árabe se dirige a esta «cosa rodante» así: «¡Eh, akkub, ¿dónde pasas la noche?», a lo que ella responde mientras vuela: «Donde la pasa el viento.» También derivan de esta planta una de sus muchas formas de maldecir: «Que seas arrastrado como el akkub ante el viento hasta que te atrapen los espinos o te sumerjan en el mar.» Si esta no es la rueda de David y la cosa rodante de Isaías, de las cuales también tomaron prestadas sus imprecaciones contra los impíos, no he visto nada en el país que sugiera la comparación. W. M. Thomson, en "The Land and the Book."
Versículo 13. Ponlos como una rueda. Es decir, haz que caigan en calamidades tan grandes que no hallen consejo ni remedio para sus desgracias, y que corran de un lado a otro como una rueda o una bola, y sin embargo no vean dónde deben detenerse ni adónde deben escapar. Tales son los ánimos de los impíos en las calamidades: adondequiera que se vuelven no hallan puerto en que reposar, ni pueden descubrir consuelo cierto. Son sacudidos por una inquietud perpetua; corriendo de un lado a otro y buscando diversos remedios solo se fatigan más y se hunden más profundamente en sus males. Esto tiene que suceder necesariamente a quienes procuran curar el mal con el mal. Por eso dice también Isaías: Los impíos son como el mar en tempestad. Mollerus.
Versículo 13. Como una rueda. Los mortales, como cilindros, son hechos rodar de aquí para allá, oprimidos por innumerables males. Aurea Carmina. —Pitágoras
Versículo 13. No hay mayor evidencia contra el error que el que no es constante consigo mismo; ningún argumento mayor contra estos pretendidos grandes espíritus que el que no pueden sentarse, no saben dónde fijarse, están siempre en movimiento, como si la maldición del salmista se hubiera apoderado de ellos, como si Dios los hubiera hecho como una rueda y como hojarasca ante el viento, que no pueden asentarse en ninguna parte, ni descansar en nada, sino dar vueltas de una incertidumbre a otra. El Espíritu Santo es un espíritu que se sienta quieto, y está en paz, permanece y habita. Mark Frank.
Versículos 13-14. En imágenes a la vez obvias y vívidas para todo nativo de los ventosos montes y llanuras de Palestina, aunque comparativamente ininteligibles para nosotros, el salmista los describe como arrastrados sobre las alturas de Galaad como las nubes de tamo que el viento levanta de las eras; ahuyentados como las masas esféricas de malezas secas que corren por las llanuras de Esdrelón y de Filistea; huyendo con la terrible prisa y confusión de las llamas que se lanzan y saltan de árbol en árbol y de monte en monte cuando se incendian por casualidad los montes boscosos de un país tropical. William Smith, en "A Dictionary of the Bible." 1863.
Versículo 14. Montes en llamas. Muchos de los montes de este país están cubiertos de densos bosques. Las hojas que caen cada otoño se acumulan, a veces durante años, hasta que llega un verano particularmente seco, cuando, de un modo u otro, por accidente o a propósito, siempre se les prende fuego y arden a veces durante varios días. Los montes de uno de los Estados de la vecina República están en llamas en este mismo momento mientras escribo, y llevan ardiendo más de una semana, y vemos claramente el resplandor rojo en el cielo sobre ellos, aunque por su gran distancia incluso las cimas de los montes mismos de donde brotan las llamas quedan más allá de los límites de nuestro horizonte. De "Philip Musgrave: or Memoirs of a Church of England Missionary in the North American Colonies." 1846.
Versículo 14. El fuego tiene mayor fuerza en un monte, donde el viento es más potente, que en un bosque situado en un valle. Honorius Augustodunensis.
Versículo 14. Humboldt vio bosques en llamas en Sudamérica y los describe así: «Varias partes de los vastos bosques que rodean el monte se habían incendiado. Llamas rojizas, medio envueltas en nubes de humo, ofrecían un espectáculo muy grandioso. Los habitantes prenden fuego a los bosques para mejorar el pasto y para destruir los arbustos que ahogan la hierba. Enormes conflagraciones, además, son causadas a menudo por el descuido de los indios, que al viajar omiten apagar los fuegos con que han preparado su comida.»
Versículo 14. Oremos pidiendo el auxilio divino para quebrantar este poder y esta enemistad del hombre natural; para que ceda a la palabra de gracia; y que la madera, el heno y la hojarasca de toda falsa doctrina perezcan ante el resplandor del rostro de Dios. Edward Walter. 1854.
Versículo 18. «Y conozcan que tu nombre es Jehová, tú solo Altísimo,» etc. La historia temprana de Inglaterra nos informa de que unos perseguidores sanguinarios marchaban contra un grupo de cristianos. Los cristianos, viéndolos acercarse, salieron a su encuentro y, a voz en cuello, gritaron: «¡Aleluya, aleluya!» (Alabad a Jehová). Al presentarse el nombre del Señor, la rabia de los perseguidores se calmó. Josefo dice que Alejandro Magno, en su marcha triunfal, al ser recibido cerca de Jerusalén por el sumo sacerdote judío, en cuya mitra estaba grabado el nombre de Jehová, «se acercó solo y adoró ese nombre», y quedó desarmado de su intención hostil. Había significado y poder en el glorioso nombre antiguo tal como lo escribían los judíos. Pero el nombre de Jesús es ahora mucho más poderoso en el mundo que el nombre de Jehová en aquellas edades anteriores. "The Dictionary of Illustrations," 1872.
Versículo 18. JEHOVÁ es uno de los nombres incomunicables de Dios, que significa su esencia eterna. Los judíos observan que en el nombre de Dios, Jehová, se implica la Trinidad. Je significa el tiempo presente, ho el pretérito perfecto, vah el futuro. Los judíos observan también que en su nombre Jehová todas las letras hebreas son literae quiescentes, lo que denota reposo, implicando que en Dios y de Dios viene todo nuestro reposo. Toda alma agraciada es como la paloma de Noé: no puede hallar descanso ni satisfacción sino en Dios. Solo Dios es el arca de reposo y seguridad del hombre piadoso. Jehová es el nombre incomunicable de Dios y nunca se atribuye sino a Dios: Tú solo, cuyo nombre es JEHOVÁ.
Versículo 18. El Altísimo. El ser él el Alto y Sublime señala la trascendencia y superexcelencia de su ser divino en sí mismo, y que es enteramente de otra clase que las criaturas, y que en verdad solo él es verdaderamente ser. Cuando el salmista dice: Y conozcan que tú, cuyo nombre es solo JEHOVÁ, eres el ALTÍSIMO sobre toda la tierra, argumenta así su altura desde su nombre, que su nombre es solo Jehová, y por tanto es altísimo, y precisamente en ese respecto. Ahora bien, Jehová es el nombre de su esencia, «YO SOY», y es ALTÍSIMO por razón de un ser tan glorioso como es propio solo de él. Thomas Goodwin.
Salmos 83:1
Versículo 1. «Oh Dios, no guardes silencio.» El hombre es clamoroso; no seas tú mudo. Él injuria y vilipendia, ¿no responderás tú? Una palabra tuya puede librar a tu pueblo; por tanto, oh Señor, rompe tu quietud y haz que se oiga tu voz. «No calles, oh Dios, ni te estés quieto.» Aquí la apelación es a EL, el Poderoso. Se le suplica que actúe y hable porque su nación sufre y está en gran peligro. ¡Cuán enteramente mira el salmista a Dios! No pide «un caudillo audaz y valiente», ni ninguna forma de fuerza humana, sino que echa su carga sobre el Señor, bien seguro de que su eterno poder y deidad podían hacer frente a todas las dificultades del caso.
Sugerencias para el predicador
Versículo 1. El largo silencio de Dios, las razones de él, y nuestras razones para desear que lo termine.
Salmos 83:2
Versículo 2. «Porque he aquí que rugen tus enemigos.» De ningún modo escatiman sus palabras; son como una jauría de perros hambrientos, que dan voz todos a la vez. Están tan seguros de devorar a tu pueblo que ya gritan sobre el banquete. «Y los que te aborrecen alzan cabeza.» Confiados en la conquista, se conducen con orgullo y se enaltecen como si sus victorias esperadas ya estuvieran obtenidas. Estos enemigos de Israel eran también enemigos de Dios, y aquí se los describe como tales para dar intensidad al argumento de la intercesión. Los adversarios de la iglesia suelen ser una chusma ruidosa y jactanciosa. Su orgullo es un metal que siempre resuena, un címbalo que siempre retiñe.
Salmos 83:3
Versículo 3. «Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente.» Hagamos lo que hagamos, nuestros enemigos usan su ingenio y juntan sus cabezas; en cónclave unido discurren sobre las exigencias y los planes de la campaña, empleando mucha traición y astucia de serpiente en ordenar sus proyectos. La malicia tiene sangre bastante fría para tramar con deliberación; y el orgullo, aunque nunca es sabio, con frecuencia se alía con la astucia. «Y han entrado en consejo contra tus protegidos.» Escondidos de todo mal están los escogidos del Señor; sus enemigos no lo piensan así, sino que esperan herirlos; bien podrían intentar destruir a los ángeles delante del trono de Dios.
Sugerencias para el predicador
Versículo 3. Tus protegidos.
- Escondidos en cuanto a su nueva naturaleza, que es un enigma para los hombres.
- Escondidos para su protección, como cosas preciosas.
- Escondidos para consuelo y reposo.
- Escondidos, porque aún no han sido plenamente revelados.
Salmos 83:4
Versículo 4. «Han dicho: Venid, y destruyámoslos para que no sean ya nación.» Más fácil de decir que de hacer. Pero muestra cuán radicales son los enemigos de la iglesia. La suya era la política del exterminio. Pusieron el hacha a la raíz del asunto. Roma siempre ha amado este método de guerra, y de ahí que se haya regodeado en la matanza de San Bartolomé y en los asesinatos de la Inquisición. «Y no haya más memoria del nombre de Israel.» Querían borrarlos de la historia además de la existencia. El mal es intolerante con el bien. Aunque Israel dejara en paz a Edom, Edom no puede estarse quieto, sino que busca, como su antepasado, matar al escogido del Señor. Los hombres se alegrarían de echar a la iglesia del mundo porque los reprende y es así una amenaza permanente para su paz pecaminosa.
Sugerencias para el predicador
Versículo 4. La inmortalidad de la iglesia.
Salmos 83:5
Versículo 5. «Porque se confabulan de corazón unánime.» Son cordiales y unánimes en sus designios. Parecen tener un solo corazón, y feroz, contra el pueblo escogido y su Dios. «Contra ti han hecho alianza.» Apuntan al Señor mismo a través de los costados de sus santos. Hacen un pacto y lo ratifican con sangre, uniéndose resueltamente para guerrear contra el Dios Poderoso.
Sugerencias para el predicador
Versículo 5. Las confederaciones de los males contra los santos.
Versículos 13-15. La inestabilidad, la inquietud y la impotencia de los impíos; su horror cuando Dios trata con ellos en justicia.
Salmos 83:6
Versículo 6. «Las tiendas de los edomitas.» Los parientes más cercanos, y sin embargo los primeros en enemistad. Su padre despreció la primogenitura, y ellos desprecian a los poseedores de ella. Dejando sus mansiones construidas en la roca por las tiendas de guerra, los edomitas invadieron la tierra de Israel. «Y de los ismaelitas.» Un espíritu perseguidor corría en su sangre; perpetuaron la vieja rencilla entre el hijo de la esclava y el hijo de la libre. «De Moab.» Nacido de incesto, pero aun así pariente cercano, la enemistad de Moab contra Israel fue muy amarga. Poco pudo soñar el justo Lot que su simiente impura sería enemiga tan implacable de la posteridad de su tío Abraham. «Y de los agarenos», quizá descendientes de Agar por un segundo marido. Quienesquiera que fueran, echaron su poder en el platillo equivocado y con todas sus fuerzas procuraron la ruina de Israel. Los hijos de Agar, y todos los demás que habitan en torno al monte Sinaí, que está en Arabia, son de la simiente que engendra para esclavitud y, por tanto, odian a la simiente según la promesa.
Salmos 83:7
Versículo 7. «Gebal» era probablemente vecino cercano de Edom, aunque había un Gebal en la región de Tiro y Sidón. «Amón y Amalec.» Otros dos enemigos hereditarios de Israel, feroces e implacables como lobos rapaces. En el registro de la infamia queden estos nombres detestablemente inmortalizados. ¡Qué apretados están! Su nombre es legión, porque son muchos. ¡Ay, pobre Israel! ¿Cómo te mantendrás contra tan Sanguinaria Liga? Y no es todo. Aquí viene otra tribu de antiguos enemigos, «los filisteos», que una vez cegaron a Sansón y capturaron el arca del Señor; y aquí viejos aliados convertidos en nuevos enemigos; los constructores del templo conspirando para derribarlo, «los habitantes de Tiro». Estos últimos eran mercenarios a quienes no importaba a las órdenes de quién desenvainaban la espada, con tal de sacar algo para su propia ventaja. La verdadera religión ha tenido su querella con los mercaderes y artesanos, y como ha interferido en sus ganancias, han conspirado contra ella.
Salmos 83:8
Versículo 8. «También el asirio se ha juntado con ellos.» Era entonces un poder en ascenso, ansioso de crecer, y así, tan temprano, se distinguió por el mal. ¡Qué grupo abigarrado eran! Una liga contra Israel es siempre atractiva y reúne naciones enteras dentro de sus lazos. Herodes y Pilato son amigos, si Jesús ha de ser crucificado. El romanismo y el ritualismo hacen causa común contra el evangelio. «Sirven de brazo a los hijos de Lot.» Todos estos han venido en ayuda de Moab y Amón, dos naciones entre las más feroces de la conspiración. Eran diez contra uno contra Israel, y sin embargo ella venció a todos sus enemigos. Su nombre no ha sido borrado; pero muchos, más bien la mayoría, de sus adversarios son ahora solo un nombre; su poder y su excelencia se han ido por igual. Selah. Había buena razón para una pausa cuando la nación estaba en tal peligro; y sin embargo hace falta fe para hacer una pausa, porque la incredulidad siempre tiene prisa.
Salmos 83:9
Versículo 9. «Hazles como a Madián.» La fe se deleita en hallar precedentes y citarlos ante el Señor; en el presente caso, Asaf encontró uno muy apropiado, pues las naciones en ambos casos eran muy parecidas, y la situación de los israelitas muy semejante. Sin embargo, Madián pereció, y el salmista confiaba en que los actuales enemigos de Israel hallarían igual derrota de la mano del Señor. «Como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón.» Las huestes fueron barridas por el torrente repentinamente crecido y perecieron por completo; lo cual fue un segundo ejemplo de venganza divina sobre los enemigos confederados de Israel. Cuando Dios quiere, un arroyo puede ser tan mortal como un mar. El Cisón fue tan terrible para Jabín como el Mar Rojo para Faraón. ¡Con qué facilidad puede el Señor herir a los enemigos de su pueblo! Dios de Gedeón y de Barac, ¿no vengarás de nuevo tu heredad de sus sanguinarios enemigos?
Salmos 83:10
Versículo 10. «Que perecieron en Endor.» Allí estaba el centro de la carnicería, donde los montones de muertos yacían más espesos. «Fueron hechos como estiércol para la tierra», abonándola con hombres; haciendo que la tierra, como Saturno, se alimentara de sus propios hijos. La guerra es cruel, pero en este caso sus venganzas fueron muy justas: los que no quisieron dar a Israel un lugar sobre la tierra se ven negados de un escondite bajo la tierra; consideraron al pueblo de Dios como estiércol, y ellos mismos se hicieron estiércol. Asaf querría que la misma suerte sobreviniera a otros enemigos de Israel; y su oración fue una profecía, porque así les sucedió.
Salmos 83:11
Versículo 11. «Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb.» Hiere a los grandes además de a la chusma común. No permitas que escapen los cabecillas. Así como Oreb cayó en la peña y Zeeb en el lagar, así reparte tú la venganza a los enemigos de Sión dondequiera que los alcances. Se comparan jactanciosamente con cuervos y lobos; reciban el destino que se debe a tales fieras. «Como a Zeba y a Zalmuna, a todos sus príncipes.» Estos fueron capturados y muertos por Gedeón, a pesar de que afirmaban haber sido ungidos para el reino. Zeba se hizo sacrificio, y Zalmuna fue enviado a aquellas imágenes sombrías de las que deriva su nombre. El salmista, viendo a estos cuatro culpables colgados en la historia de una alta horca, pide con fervor que otros de carácter semejante compartan su suerte, por amor a la verdad y a la justicia.
Salmos 83:12
Versículo 12. «Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios.» Considerando el templo, y también las moradas de las tribus, como pertenecientes todas a Dios, estos codiciosos saqueadores resolvieron echar fuera a los habitantes, matarlos y hacerse ellos mismos propietarios e inquilinos de todo. Eran palabras grandes y designios oscuros, pero Dios podía reducirlos todos a nada. En vano dicen los hombres «Tomemos», si Dios no da. El que roba la casa de Dios hallará que tiene una propiedad que hiede a maldición; lo atormentará a él y a su descendencia para siempre. «¿Robará el hombre a Dios?» Que lo intente, y hallará que es trabajo ardiente y pesado.
Salmos 83:13
Versículo 13. «Dios mío, ponlos como torbellinos»; como una cosa rodante que no puede descansar, sino que se mueve con cada soplo. No tengan quietud alguna. Que sus mentes giren eternamente y nunca lleguen a la paz. Espárcelos como vilano de cardo, «como hojarasca delante del viento». Dispérsalos, persíguelos, empújalos a la destrucción. Todo patriota ora así contra los enemigos de su país; no sería mejor que un traidor si no lo hiciera.
Salmos 83:14
Versículo 14. «Como fuego que quema el monte.» Largos años han cubierto el suelo con espesos depósitos de hojas; secadas al sol, son muy propensas a prender fuego, y cuando lo hacen el incendio es terrible. La maleza y los helechos arden, los arbustos crepitan, los grandes árboles se encienden y hasta sus copas quedan envueltos en fuego, mientras el suelo entero está rojo como un horno. De este modo, oh Señor, reparte destrucción a tus enemigos y acaba con todos ellos. «Como llama que abrasa el monte.» Subiendo por las laderas, los bosques colgantes brillan como un gran sacrificio, y los bosques de la cima del monte humean hacia el cielo. Así, oh Señor, derrota tú de manera visible y terrible a los enemigos de tu Israel.
Salmos 83:15
Versículo 15. «Así los persigas con tu tempestad, y los atemorices con tu torbellino.» El Señor seguirá a sus enemigos, los alarmará y los perseguirá hasta ponerlos en desastrosa derrota sin remedio. Esto hizo, según la oración del presente salmo, por su siervo Josafat; y de igual modo acudirá al rescate de cualquiera de sus escogidos, o de todos ellos.
Salmos 83:16
Versículo 16. «Llena sus rostros de vergüenza, y busquen tu nombre, oh Jehová.» La vergüenza ha apartado muchas veces a los hombres de sus ídolos y los ha puesto a buscar al Señor. Si este no fue el feliz resultado, en el presente caso, con los enemigos del Señor, lo sería con su pueblo, tan propenso a errar. Se humillarían por su misericordia y se avergonzarían de sí mismos a causa de su gracia; y entonces volverían con sinceridad al ferviente culto de Jehová su Dios, que los había librado.
Sugerencias para el predicador
Versículo 16. Una oración por el Papa y sus sacerdotes.
Salmos 83:17
Versículo 17. Donde no siguió ningún buen resultado, y los hombres permanecieron tan feroces y obstinados como siempre, se invocó la justicia para ejecutar la sentencia capital. «Sean afrentados y turbados para siempre; sean deshonrados, y perezcan.» ¿Qué otra cosa podía hacerse con ellos? Era mejor que perecieran a que Israel fuera desarraigado. ¡Qué terrible destino será el de los enemigos de Dios ser «afrentados y turbados para siempre», ver todos sus planes y esperanzas frustrados, y sus cuerpos y almas llenos de angustia sin fin! De tan vergonzoso perecer sean libradas nuestras almas.
Sugerencias para el predicador
Versículo 17. El justo destino de los perseguidores y alborotadores.
Salmos 83:18
Versículo 18. «Y conozcan que tu nombre es Jehová; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.» Al oír las maravillosas obras del Señor en derrotar a una confederación tan numerosa, los mismos paganos se verían obligados a reconocer la grandeza de Jehová. Leemos en 2 Cr 20:29 que el temor de Dios cayó sobre todos los reinos vecinos cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. Jehová es esencialmente el Altísimo. Aquel que existe por sí mismo está infinitamente por encima de todas las criaturas; toda la tierra no es sino su estrado. La raza impía de los hombres lo desatiende, y sin embargo a veces las obras maravillosas del Señor obligan aun a los más renuentes a adorar su majestad. Así este conmovedor poema lírico se ha elevado de palabras de queja a palabras de adoración; procuremos nosotros hacer siempre lo mismo en nuestro culto. La angustia nacional llamó al poeta laureado de la nación, y bien discurrió él a la vez sobre sus penas, sus oraciones y sus esperanzas. La literatura sagrada debe así mucho al dolor y a la aflicción. ¡Cuán enriquecedora es la mano de la adversidad! El siguiente intento de versificar el salmo y de adaptarlo a los propósitos del evangelio se ofrece con gran timidez.
Oh Dios, no estés ya más callado,
tus enemigos se alían contra tu ley;
descubre tu brazo en el monte de Sión,
gran Capitán de nuestra Santa Guerra.
Como Amalec e Ismael
hicieron guerra perpetua a tu simiente,
así todas las huestes de Roma y del infierno
contra el Hijo condujeron sus ejércitos.
Aunque en nada más se ponen de acuerdo,
contra tu verdad todos se unen;
braman contra el Crucificado
y odian el creciente poder del evangelio.
Junto al arroyo de Cisón toda la banda de Jabín
fue barrida a tu reprensión;
oh Señor, muestra tu mano poderosa,
un solo golpe ganará la jornada.
¡Ven, viento impetuoso, ahuyenta la hojarasca!
¡Ven, fuego sagrado, quema los bosques!
¡Ven, Señor, con toda tu gracia vencedora,
vuelve a Jesús los corazones rebeldes!
Para que los hombres sepan de una vez que tú,
Jehová, amas muy bien la verdad,
y que tu iglesia nunca se doblegará
ante las jactanciosas puertas del infierno.
Sugerencias para el predicador
Versículo 18. La Lección de Oro: cómo se enseña, a quién, por quién, mediante quién.
OBRA SOBRE EL SALMO OCHENTA Y TRES
"Expositions and Observations on Psalm LXXXIII.," en "Divine Drops distilled from the Fountain of Holy Scriptures: delivered in several Exercises before Sermons, upon Twenty and Three Texts of Scripture. By that worthy Gospel Preacher, GUALTER CRADOCK, late Preacher at All Hallows Great in London... 1650."
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.