El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 85: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
TÍTULO. Al músico principal: Salmo para los hijos de Coré. No hay necesidad de repetir nuestras observaciones sobre un título que aparece con tanta frecuencia; se remite al lector a las notas puestas en los encabezados de los salmos anteriores. Con todo, no estará de más citar Neh 12:46: «Porque en el tiempo antiguo, en los días de David y de Asaf, había cantores principales, y cánticos de alabanza y de acción de gracias a Dios.»
OBJETO Y OCASIÓN. Es la oración de un patriota por su país afligido, en la cual alega las misericordias pasadas del Señor y, por la fe, prevé días más brillantes. Creemos que David lo escribió, pero muchos ponen en duda tal afirmación. Ciertos intérpretes parecen regatear al salmista David la autoría de cualquiera de los salmos, y atribuyen los cánticos sagrados al por mayor a los tiempos de Ezequías, de Josías, del cautiverio y de los macabeos. Es notable que, por regla general, cuanto más escéptico es un escritor, más resuelto está a deshacerse de David; mientras que los comentaristas puramente evangélicos se contentan en su mayoría con dejar al poeta real en el sillón de la autoría. Los encantos de una teoría nueva actúan también poderosamente sobre escritores que no tendrían nada que decir si no inventaran una hipótesis novedosa y no retorcieran el lenguaje del salmo para justificarla. Por supuesto, el presente salmo ha sido referido al cautiverio; los críticos no pudieron resistir la tentación de hacerlo, aunque, por nuestra parte, no vemos necesidad de ello: es verdad que en el v. 1 se menciona un cautiverio, pero eso no exige que la nación hubiera sido llevada al exilio, puesto que el cautiverio de Job fue vuelto, y sin embargo él nunca había salido de su tierra natal; además, el texto habla de que el cautiverio de Jacob fue hecho volver, pero si se hubiera referido a la emigración a Babilonia, habría hablado de Judá, pues Jacob, o Israel, como tal, no regresó. El primer versículo, al hablar de «la tierra», prueba que el autor no era un exiliado. Nuestra propia convicción es que David compuso este himno nacional cuando la tierra estaba oprimida por los filisteos, y que, en espíritu de profecía, predijo los años pacíficos de su propio reinado y el reposo del gobierno de Salomón, teniendo el salmo todo el tiempo un sentido interior del cual Jesús y su salvación son la clave. La presencia de Jesús el Salvador reconcilia la tierra con el cielo, y nos asegura la edad de oro, los días suaves de la paz universal.
División
En los vv. 1-4 el poeta canta las misericordias pasadas del Señor y le ruega que se acuerde de su pueblo; del v. 5 al 7 aboga por la causa de Israel afligido; y luego, habiendo escuchado el oráculo sagrado en el v. 8, publica con gozo la noticia del bien venidero, vv. 9-13.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Todo el salmo. Este hermoso salmo, como algunos otros, ha llegado hasta nosotros sin nombre ni fecha; es la producción de algún genio poético desconocido, tocado, purificado y exaltado por el fuego de la inspiración celestial; una reliquia preciosa de aquella edad de oro en que la música hebrea estaba animada por un espíritu como nunca alentó en Grecia ni en Roma. Es interesante reflexionar sobre el origen anónimo de algunos de los salmos; recordar cuánto debe la iglesia de Dios a ciertos hombres dignos y sin nombre que escribieron para nosotros himnos y cánticos espirituales, llenos de acentos más ricos que los que derramó jamás el más ilustre de los nombres paganos. Esos santos varones han pasado; no han dejado registro de su historia; pero nos han legado tesoros de sentimientos ricos, variados e inspirados, que harán a la iglesia deudora de ellos hasta el fin de los tiempos. John Stoughton. 1852.
Todo el salmo. Este salmo puede dividirse así: los vv. 1-3 expresan la acción de gracias del pueblo por su regreso del cautiverio; los vv. 4-6, su oración por su propia reforma; en el v. 7 oran por la venida del Mesías; el v. 8 contiene las palabras del sumo sacerdote, con la respuesta bondadosa de Dios; a esta respuesta sigue la aclamación agradecida del pueblo, hasta el final del salmo. Para preparar esta interpretación, observemos cuán extrañamente están expresadas hoy las palabras: Escucharé lo que hablará Jehová Dios; PORQUE hablará paz a su pueblo. Ciertamente, no se podía consultar a Dios porque fuera innecesario; ni podía el sumo sacerdote decir que preguntaría a Dios porque sabía lo que Dios respondería; sobre todo cuando tenemos ahora una pregunta dirigida a Dios y, sin embargo, ninguna respuesta de Dios dada en absoluto. En estas dificultades nos vemos felizmente aliviados, pues consta, por autoridades satisfactorias, que en lugar de la partícula traducida porque, la palabra aquí significaba originalmente en o por mí, y esta leve variación disipa la oscuridad y restaura la misma luz que tanto tiempo ha faltado. Habiendo orado el pueblo por la pronta llegada de su gran salvación, el sumo sacerdote dice (como debería expresarse aquí): Escucharé lo que dice el Todopoderoso. —Jehová, POR MÍ, dice PAZ a su pueblo, a sus santos; pero no se vuelvan a la locura. Con lo cual, como los judíos entendían que la paz comprendía toda bendición, y por tanto su mayor bendición, reconocieron al instante la certeza de esta salvación, la gloria de su tierra —la proclaman cercana— y luego, en un arrobamiento verdaderamente profético, ven esta gloria como ya llegada, como habitando ya en Judea —contemplan a Dios cumpliendo con la mayor exactitud lo que había prometido con la mayor gracia— ven, pues, la misericordia de Dios y la verdad de Dios encontradas— ven consumado aquel plan en el cual la justicia (es decir, el derecho) de Dios armoniza con la paz (es decir, la felicidad) del hombre; de modo que la justicia y la paz se besan con el más tierno afecto. En suma, ven la VERDAD brotando de la tierra; es decir, ven a aquel que es el camino, la verdad y la vida, nacido aquí en la tierra; y ven incluso la justicia, o el derecho de Dios, mirando desde el cielo, complacida. El v. 12 está traducido hoy tan desdichadamente que queda despojado de toda su genuina gloria. Pues, ¿podría el profeta, después de todas las cosas arrobadoras dichas antes, decir aquí fríamente que Dios daría lo que es bueno y que Judea tendría una cosecha abundante? No: la coherencia y el buen sentido lo prohíben; y la verdad confirma su protesta. Las palabras expresan aquí las razones de todas las energías precedentes, y significan propiamente: Sí, Jehová concede LA BENDICIÓN; y nuestra tierra concede SU FRUTO. ¿Y qué puede ser la bendición —qué, entre estas imágenes sublimes, puede ser el fruto de Judea— sino ÉL, y solo ÉL, que fue la bendición de todas las tierras en general y la gloria de Judea en particular? ¿Y qué dice el versículo siguiente? La justicia irá delante de ÉL —ciertamente no delante del fruto de la tierra— sino ciertamente delante de aquella persona ilustre, el MESÍAS. La justicia irá delante de ÉL, y sus pasos nos pondrá por camino. En cuanto a la palabra traducida el bien, y aplicada a la redención, la misma palabra es usada así por Jeremías: «He aquí que vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la buena palabra (la bendición) que he hablado… en aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia» (Jer 33:14-15). Y en cuanto a que el Mesías sea descrito aquí en parte como brotando de la tierra, así dice Isaías: «En aquel tiempo el Renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para honra y gloria». Pero este profeta evangélico, en otro lugar, tiene exactamente la misma complicación de imágenes que se halla en el salmo que tenemos delante. Pues también Isaías tiene los cielos, con su justicia; y la tierra, con su salvación: «Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia». Pero «prodúzcanse» —¿quién o qué puede significarse aquí con ello, sino los cielos y la tierra? Son el cielo y la tierra los que se presentan aquí como dando a luz e introduciendo al Salvador del mundo. Porque, ¿qué otra cosa puede significarse aquí como producida por ellos? ¿Qué, sino ÉL solo; quien, derivando su naturaleza divina del cielo y su naturaleza humana de la tierra, fue (lo que ningún otro ser ha sido jamás) a la vez DIOS y HOMBRE? Benjamin Kennicott.
Salmos 85:1
Versículo 1. «Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová.» Se dirige la oración al JEHOVÁ que existe por sí mismo y todo lo basta: con ese nombre se reveló a Moisés cuando su pueblo estaba en servidumbre, y con ese nombre se le suplica aquí. Es sabio detenerse en aquel aspecto del carácter divino que despierta los recuerdos más dulces de su amor. Más dulce aún es ese querido nombre de «Padre nuestro», con el que los cristianos han aprendido a comenzar sus oraciones. El salmista habla de Canaán como de la tierra del Señor, pues la escogió para su pueblo, se la entregó por pacto, la conquistó con su poder y habitó en ella con misericordia; era propio, pues, que sonriera a una tierra tan peculiarmente suya. Es muy sabio alegar la unión de intereses del Señor con los nuestros, amarrar, por así decirlo, nuestra pequeña barca junto a su gran navío y experimentar una sagrada comunidad en los vaivenes de la tormenta. Es nuestra tierra la que está devastada, pero, oh Jehová, es también tu tierra. El salmista se detiene en el favor del Señor hacia la tierra escogida, que él había mostrado de mil maneras. Lo que Dios ha hecho en el pasado es profecía de lo que hará; de ahí el argumento alentador: «Fuiste propicio a tu tierra», por tanto, trátala de nuevo con gracia. Muchas veces habían sido derrotados los enemigos, detenida la peste, evitada la hambruna y concedida la liberación, a causa del favor del Señor; ese mismo favor es, pues, invocado de nuevo. Con un Dios inmutable este es un razonamiento poderoso; porque él no cambia, nosotros no somos consumidos, y sabemos que nunca lo seremos si una vez nos ha sido propicio. De este ejemplo de oración aprendamos a ordenar nuestra causa delante de Dios. Es claro que Israel no estaba en el exilio, o la oración que tenemos delante no se habría referido a la tierra sino a la nación. «Volviste la cautividad de Jacob.» Cuando estaban pisoteados y oprimidos por sus pecados, el Siempre Misericordioso los había mirado, había cambiado su triste condición, había ahuyentado a los invasores y había dado reposo a su pueblo: esto lo había hecho no una ni dos veces, sino innumerables veces. Muchas veces también nosotros hemos sido llevados a la cautividad del alma por nuestras apostasías, pero no hemos sido dejados en ella; el Dios que hizo volver a Jacob de Padan-aram a la casa de su padre nos ha restituido el disfrute de la santa comunión; ¿no hará lo mismo otra vez? Apelemos a él con luchas como las de Jacob, rogándole que nos sea propicio, o soberanamente misericordioso, a pesar de todas nuestras provocaciones a su amor. Que las iglesias en decadencia recuerden su historia pasada y, con santa confianza, supliquen al Señor que vuelva su cautiverio una vez más.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 1. Tu tierra. El poeta la llama la tierra de Jehová para señalar la estrecha relación de Dios con ella y con su pueblo, y confirmar así el favor de Dios hacia ella. Pues Dios escogió esta tierra como morada de su pueblo, de la verdadera religión y de su propia presencia; ella también fue hollada, a su debido tiempo, por él mismo en la persona de su Hijo, y en ella reunió y fundó por primera vez su Iglesia. Venema.
Versículo 1. La cautividad de Jacob. Todos los verdaderos creyentes son hijos de Jacob y simiente de Abraham; lo mismo que los gentiles creyentes, que son hijos de Jacob según el Espíritu, como los judíos creyentes son hijos de Jacob según la carne; y la Iglesia de estos verdaderos jacobitas e israelitas es la tierra del Señor, y la cautividad aquí mencionada es la servidumbre bajo el pecado. En esta cautividad Satanás es el carcelero, la carne es nuestra prisión, las pasiones impías son los grillos, una mala conciencia es el verdugo, todos ellos contra nosotros; solo Cristo es Emanuel, Dios con nosotros; él hace volver la cautividad de Jacob perdonando todas sus ofensas y cubriendo todos sus pecados. Abraham Wright.
Sugerencias para el predicador
Versículo 1. Hay,
- Cautividad.
(a) Del pueblo de Dios.
(b) Aunque son el pueblo de Dios.
(c) Porque son el pueblo de Dios. «A vosotros solamente he conocido», etc.
- Restauración de la cautividad: «Volviste», etc.
(a) El hecho.
(b) El Autor: Tú: por tu propio poder; a tu propia manera; en tu propio tiempo.
- La causa de la restauración: el favor de Dios: «Fuiste propicio».
(a) A causa del favor pasado: «Fuiste».
(b) A causa del favor en reserva.
Salmos 85:2
Versículo 2. «Perdonaste la iniquidad de tu pueblo.» Muchas y muchas veces lo había hecho, deteniéndose a perdonar aun cuando su espada estaba desnuda para castigar. ¿Quién es un Dios que perdona como tú, oh Jehová? ¿Quién es tan lento para la ira, tan pronto para perdonar? Todo creyente en Jesús goza de la bendición del pecado perdonado, y debe considerar este don inestimable como la prenda de todas las demás misericordias necesarias. Debe alegarlo ante Dios: «Señor, ¿me has perdonado, y me dejarás perecer por falta de gracia, o caer en manos de mis enemigos por falta de ayuda? No dejarás así inconclusa tu obra.» «Todo su pecado cubriste.» Todo, cada mancha y cada arruga: el velo del amor lo ha cubierto todo. El pecado ha sido puesto divinamente fuera de la vista. Escondiéndolo bajo el propiciatorio, cubriéndolo con el mar de la expiación, borrándolo, haciendo que deje de ser, el Señor lo ha apartado tan por completo que ni siquiera su ojo omnisciente lo ve ya. ¡Qué milagro es este! Cubrir el sol sería tarea fácil comparada con cubrir el pecado. No sin una expiación que cubre se quita el pecado, pero por medio del gran sacrificio de nuestro Señor Jesús queda efectivísimamente quitado de un solo acto, para siempre. ¡Qué cobertura nos ofrece su sangre!
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 2. Perdonaste la iniquidad. nvs tsn, nasatha avon, Has llevado, o quitado, la iniquidad. Una alusión a la ceremonia del macho cabrío expiatorio. Adam Clarke.
Versículo 2. Todo su pecado cubriste. Cuando se dice que Dios cubre el pecado, no lo hace como quien cubre una llaga con un emplasto, para meramente esconderla; sino que la cubre con un emplasto que la cura eficazmente y la quita por completo. Belarmino.
Versículo 2. Selah. El rabino Kimchi lo considera una señal para elevar la voz. Los autores de la traducción de los Setenta parecen haberlo considerado una nota musical o rítmica. Herder lo consideró indicador de un cambio de tono; Mathewson, una nota musical equivalente, quizá, a la palabra repetir. Según Lutero y otros, significa silencio. Gesenius lo explica como: «Que toquen los instrumentos y callen los cantores.» Wocher lo considera equivalente a sursum corda —¡arriba, alma mía! Sommer, tras examinar los setenta y cuatro pasajes en que aparece la palabra, reconoce en todos los casos «un verdadero llamamiento o convocatoria a Jehová». Son clamores de auxilio y ruegos de ser oídos, expresados con entera franqueza, o si no en imperativo, «¡Oye, Jehová!» o ¡Despierta, Jehová!, y cosas semejantes, siempre ruegos fervientes a Dios para que se acuerde y oiga, etc. La palabra misma, según él, indica un toque de trompetas por los sacerdotes. Selah, en sí, piensa que es una expresión abreviada, usada por Higaion Selah —indicando Higaion el sonido de los instrumentos de cuerda y Selah un vigoroso toque de trompetas. De la "Bibliotheca Sacra", citado por Plumer.
Sugerencias para el predicador
Versículo 2.
- Los sujetos del perdón: Tu pueblo.
(a) Por elección.
(b) Por redención.
(c) Por llamamiento eficaz.
- El tiempo del perdón: «Perdonaste», etc.
- El método del perdón.
(a) Perdonaste. En hebreo, llevaste, la misma palabra que en Lv 16:22: «Aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos».
(b) Cubriste; como el propiciatorio cubría la ley que había sido quebrantada.
- La extensión del perdón: todo su pecado.
Salmos 85:3
Versículo 3. «Reprimiste todo tu enojo.» Quitado el pecado, quitada también la ira. ¡Cuántas veces la paciencia de Dios apartó de Israel los castigos que justamente se le habían impuesto! ¡Cuántas veces también ha sido retirada de nosotros la mano castigadora del Señor, cuando nuestra rebeldía pedía golpes más duros! «Te apartaste del ardor de tu ira.» Aun cuando los juicios habían sido más severos, el Señor, en su misericordia, había detenido su mano. En plena descarga había contenido su trueno. Cuando estaba listo para destruir, había apartado su rostro de su propósito de juicio y permitido que la misericordia interviniera. El libro de Jueces está lleno de ilustraciones de esto, y el salmista hace bien en citarlas mientras intercede. ¿No está nuestra experiencia igualmente tachonada de casos en que el juicio ha sido detenido y ha reinado la ternura? ¡Qué diferencia entre la feroz ira que aquí se teme y se deprecia, y el hablar paz que se predice en el v. 8! Hay muchos cambios en la experiencia cristiana, y por eso no debemos desesperar cuando atravesamos la porción más sombría de la vida espiritual, pues pronto, muy pronto, puede transformarse en alegría.
«El Señor puede despejar los cielos más oscuros,
puede darnos día por noche,
hacer que las gotas de sagrada tristeza se alcen
en ríos de deleite.»
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. Reprimiste todo tu enojo. O lo recogiste; el pecado ocasiona ira, y el pueblo de Dios la merece tanto como los demás; pero el Señor la ha recogido y la ha derramado sobre su Hijo, y Fiador suyo; por tanto, nada de esta clase caerá jamás sobre ellos, ni aquí ni en lo por venir; y les es quitada de modo que no tengan sentido, aprehensión ni conciencia de ella, la cual antes la ley había obrado en ellos, cuando se les aplica el perdón, que es lo que aquí se significa. John Gill.
Versículo 3. Te apartaste. Aquí hay seis hiciste que atraen el siguiente vuélvenos, v. 4. Dios ha hecho, y por tanto Dios hará: es un fuerte medio de esperanza, si no una demostración de la lógica de la Escritura. Véase 2 Co 1:10. John Trapp.
Sugerencias para el predicador
Versículo 3.
- El lenguaje de la penitencia. Se implica aquí que la ira era,
(a) Grande:
(b) Justa: tu ira.
- El lenguaje de la fe.
(a) En la gracia del perdón: Apartaste la ira. No podíamos hacerlo por nada que pudiéramos hacer o sufrir.
(b) En el método del perdón: Apartaste. La volviste de nosotros hacia nuestro Fiador.
- El lenguaje de la alabanza: Tú hiciste —tú hiciste.
Salmos 85:4
Versículo 4. «Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación.» Este era el asunto principal. Si las tribus extraviadas pudieran ser hechas penitentes, todo estaría bien. No es tanto que Dios necesite ser apartado de su ira como que nosotros necesitamos ser apartados de nuestro pecado; aquí está el quicio de todo el asunto. Nuestras pruebas surgen con frecuencia de nuestros pecados, y no se irán hasta que se vayan los pecados. Necesitamos ser vueltos de nuestros pecados, pero solo Dios puede volvernos: Dios el Salvador debe poner su mano en la obra: es, en verdad, una parte principal de nuestra salvación. La conversión es el alba de la salvación. Volver un corazón a Dios es tan difícil como hacer girar el mundo sobre su eje. Sin embargo, cuando un hombre aprende a orar por conversión, hay esperanza para él; el que se vuelve a la oración ha comenzado a volverse del pecado. Es una vista bienaventurada ver a todo un pueblo volverse a su Dios; que el Señor envíe así su gracia convertidora sobre nuestra tierra, para que vivamos y veamos al pueblo acudir al amoroso culto de Dios como las palomas a sus palomares. «Y haz cesar tu ira de sobre nosotros.» Ponle fin. Que no arda más. Cuando los pecadores dejan de rebelarse, el Señor deja de airarse contra ellos; cuando vuelven a él, él vuelve a ellos; es más, él es el primero en la reconciliación, y los vuelve cuando de otro modo nunca se volverían por sí mismos. Que todos los que ahora soportan el ocultamiento del rostro de Jehová busquen con profundo fervor ser vueltos de nuevo al Señor, porque así llegarán a su fin todos sus abatimientos. Así el dulce cantor pide para su nación bendiciones inestimables, y cita el mejor de los argumentos. Porque el Dios de Israel ha sido tan rico en favor en los años pasados, por eso se le suplica que reforme y restaure a su nación apóstata.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 4. Haz cesar tu ira de sobre nosotros. La frase quebranta tu indignación hacia nosotros (esto es, con la cual estás airado contra nosotros, a fin de que cese por sí misma) comprende la abolición de las señales y de los efectos de la ira. La palabra drk, pues esa es la raíz que ha de tomarse, denota propiamente un quebrar mediante muescas y mellas, como cuando el filo de algo se quiebra con muchas muescas y mellas y queda totalmente gastado e inútil. La indignación, mientras es vigorosa y extiende sus efectos, tiene un filo que hiere y traspasa; pero se considera embotada y quebrada cuando deja de ejercerse y ya no produce males; esto afirman de la ira de Dios. Venema.
Sugerencias para el predicador
Versículo 4.
- En qué consiste la salvación.
(a) En quitar de nosotros la enemistad de Dios.
(b) En quitar nuestra enemistad hacia él.
- Por quién se realiza. Por el Dios de salvación.
(a) Él hace cesar su ira hacia nosotros, y
(b) Nuestra ira hacia él.
- ¿Cómo se obtiene? Por la oración: «Restáuranos», etc.
Salmos 85:5
Versículo 5. «¿Estarás enojado contra nosotros para siempre?» Mira cómo se atreve el salmista a suplicar. Estamos todavía en el tiempo y no en la eternidad, ¡y no llega el tiempo a su fin, y con él tu ira! ¿Estarás siempre airado, como si fuera la eternidad? ¿No hay límite para tu indignación? ¿No terminará nunca tu ira? Y si estás airado para siempre, ¿lo estarás con nosotros, tu pueblo favorecido, la simiente de Abraham, tu amigo? Que nuestros enemigos estén siempre airados es natural, pero ¿lo estarás tú, nuestro Dios, siempre encendido contra nosotros? Cada palabra es un argumento. Los hombres en aflicción nunca malgastan palabras. «¿Extenderás tu enojo de generación en generación?» ¿Sufrirán los hijos por las faltas de sus padres, y se volverá el castigo una herencia vinculada? Oh Dios misericordioso, ¿tienes ánimo de alargar tu ira y hacerla tan larga como los siglos? Cesa, como has cesado antes, y reine la gracia como ha reinado en los días de antaño. Cuando estamos bajo abandono espiritual podemos rogar de igual manera que se acorten los días de tribulación, no sea que nuestro espíritu desfallezca por completo bajo la prueba.
Salmos 85:6
Versículo 6. «¿No volverás a darnos vida?» La esperanza se vuelve aquí casi confiada. Siente seguro que el Señor volverá con todo su poder para salvar. Estamos muertos o muriendo, desmayados y débiles; solo Dios puede avivarnos; en otros tiempos refrescó a su pueblo, él es todavía el mismo, repetirá su amor. ¿No lo hará? ¿Por qué no habría de hacerlo? Apelamos a él: ¿No lo harás? «Para que tu pueblo se regocije en ti.» Tú amas ver a tus hijos felices con esa mejor de las felicidades que tiene su centro en ti; por tanto, avívanos, porque el avivamiento nos traerá el mayor gozo. Las palabras que tenemos delante nos enseñan que la gratitud tiene puesto el ojo en el dador, más allá del don: tu pueblo se regocijará en ti. Los que fueran avivados se regocijarían no solo en la nueva vida sino en el Señor que fue su autor. El gozo en el Señor es el fruto más maduro de la gracia; todos los avivamientos y renovaciones conducen a él. Por nuestra posesión de él podemos estimar nuestra condición espiritual; es un indicador seguro de la prosperidad interior. Un avivamiento genuino sin gozo en el Señor es tan imposible como una primavera sin flores o un amanecer sin luz. Si, ya sea en nuestras propias almas o en los corazones de otros, vemos decadencia, nos conviene hacer mucho uso de esta oración; y si, por el contrario, estamos disfrutando de visitaciones del Espíritu y de rocíos de gracia, abundemos en santo gozo y hagamos de nuestro deleite constante el gozarnos en Dios.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 6. ¿No volverás a darnos vida? El hebreo dice: ¿No volverás y nos avivarás? Nosotros traducimos el verbo volver por el adverbio de nuevo: ¿No nos avivarás de nuevo? Nos has dado muchos avivamientos: cuando éramos como hombres muertos, y como cadáveres que se pudren en la tumba, nos avivaste; ¿no nos avivarás una vez más, y obrarás una vez más, o de nuevo, aquellas obras poderosamente misericordiosas y aquellas fuertes salvaciones? Joseph Caryl.
Versículo 6. Para que tu pueblo se regocije en ti. Bernardo, en su Sermón 15 sobre el Cantar de los Cantares, dice que Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, gozo en el corazón. ¿Hay alguno entre nosotros triste? Entre Jesús en el corazón, y de allí brote al semblante, y he aquí que ante el brillo naciente de su nombre toda nube se disipa y vuelve la serenidad. Orígenes, en su Homilía 10 sobre Génesis, hace esta observación: Abraham no se regocijó en las cosas presentes, ni en las riquezas de las palabras, ni en las obras del tiempo. ¿Pero quieres oír de dónde sacó su gozo? Escucha al Señor que habla a los judíos, Jn 8:56: «Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó»: la esperanza acumuló sus gozos. Le Blanc.
Versículo 6. Para que tu pueblo se regocije en ti. Cuando Dios cambia el semblante de su pueblo, su gozo no debe estar en el don, sino en el Dador. David Dickson.
Versículo 6. Es lo más natural, lo más deleitoso, que el pueblo de Dios se regocije en Dios. Dios es la fuente del gozo, ¿y a quién ha de llenar de él sino a su pueblo? ¿Y a quién ha de devolverlo su pueblo sino a él? En esta postura se deleita Dios en tenerlos; en esta postura se deleitan ellos en estar; pero esto no puede ser en aquel estado de muerte y cautividad en el que Dios los encierra por largo tiempo. «Los vivos, los vivos te alabarán»; pero, ay, los muertos no pueden. John Pennington, 1656.
Versículo 6. En verdad el pecado mata. Los hombres están muertos en delitos y pecados, muertos ante la ley, muertos en sus afectos, muertos por la pérdida de la comunión consoladora con Dios. Probablemente la mayor herejía práctica de cada época es una idea baja de nuestra condición perdida bajo la culpa y el dominio del pecado. Mientras esta prevalezca, seremos lentos para clamar por avivamiento o vivificación. Lo que los pecadores y las iglesias necesitan es ser vivificados por el Espíritu Santo. William S. Plumer.
Vers. 6-7. ¿No nos avivarás por la primera resurrección, la espiritual, y así tu pueblo, vivificado de una vida de pecado a una vida de gracia, se regocijará en ti, no en sí mismo, sin presumir nada de su propio poder? Y para que estas cosas se cumplan en nosotros, «muéstranos, oh Jehová, tu misericordia», es decir, a Cristo, por quien te has compadecido del género humano; muéstranoslo después de este destierro, para que lo veamos cara a cara. Richardus Hampolus.
Sugerencias para el predicador
Versículo 6.
- Los avivamientos implican decadencia.
(a) Que hay gracia que avivar.
(b) Que esta gracia ha decaído.
- Los avivamientos vienen de Dios: «¿No volverás tú?», etc.; no pueden ser organizados por los hombres.
- Los avivamientos se necesitan con frecuencia: «¿No volverás a darnos vida?»
- Los avivamientos responden a la oración: «¿No volverás…?», etc.
- Los avivamientos son ocasión de gran gozo.
(a) Para los santos.
(b) En Dios.
Salmos 85:7
Versículo 7. «Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia.» Revélala a nuestros pobres ojos medio cegados. No podemos verla ni creerla a causa de nuestras largas penas, pero tú puedes hacérnosla clara. Otros la han contemplado; Señor, muéstranosla a nosotros. Hemos visto tu ira; Señor, déjanos ver tu misericordia. Tus profetas nos han hablado de ella, pero, oh Señor, despliégala tú mismo en esta hora de nuestra necesidad. «Y danos tu salvación.» Esto incluye la liberación del pecado así como del castigo; llega desde la profundidad de su miseria hasta la altura del amor divino. La salvación de Dios es perfecta en su género, amplia en su extensión y eminente en su grado; concédenosla, oh Señor, y lo tenemos todo. Habiendo ofrecido ferviente intercesión por la nación afligida pero penitente, el poeta sagrado, con verdadero espíritu de fe, espera una respuesta del oráculo sagrado. Se detiene con gozosa confianza, y luego, en éxtasis de triunfo, da voz a sus esperanzas en la forma más rica del canto.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 7. Tu misericordia. No es solo por las misericordias del Señor que no somos consumidos, sino que todo es misericordia, de principio a fin: misericordia que nos salió al encuentro en el camino, misericordia que nos miró en nuestra miseria, misericordia que nos lavó de nuestros pecados en su propia sangre, misericordia que cubrió nuestra desnudez y nos vistió con su propio manto de justicia, misericordia que nos condujo y guió por el camino, y misericordia que nunca nos dejará ni nos desamparará hasta que la misericordia haya llevado a cabo su obra perfecta en la salvación eterna de nuestras almas por medio de Jesucristo. Barton Bouchier.
Sugerencias para el predicador
Versículo 7.
- La salvación es obra de Dios: Tu salvación.
(a) El plan es suyo.
(b) La provisión es suya.
(c) La condición es suya.
(d) La aplicación es suya.
(e) La consumación es suya.
- La salvación es don de Dios.
(a) De su misericordia: «Muéstranos tu misericordia».
(b) De su gracia: «Danos», etc.
- La salvación es respuesta de Dios a la oración.
(a) Es el primer objeto de la oración.
(b) Incluye todos los demás.
Salmos 85:8
Versículo 8. «Escucharé lo que hablará Jehová Dios.» Cuando creemos que Dios nos oye, es natural que estemos ansiosos de oírlo a él. Solo de él puede venir la palabra que hable paz a los espíritus turbados; las voces de los hombres son débiles en tal caso, un emplasto demasiado estrecho para la llaga; pero la voz de Dios es poder, él habla y es hecho, y por eso, cuando lo oímos, nuestra angustia termina. Dichoso el suplicante que tiene gracia para yacer con paciencia a la puerta del Señor y esperar hasta que su amor obre conforme a su antigua costumbre y ahuyente lejos toda pena. «Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos.» Aunque por un tiempo su voz sea severa con merecida reprensión, no reñirá siempre; el gran Padre retomará su tono natural de ternura y compasión. El hablar paz es la prerrogativa peculiar del Señor Jehová, y profunda, duradera, sí, eterna, es la paz que así crea. Sin embargo, la palabra divina no trae paz a todos, sino solo a su pueblo, al que se propone hacer santo, y a los que ya ha hecho tales. «Pero que no se vuelvan a la locura.» Porque si lo hacen, su vara caerá de nuevo sobre ellos, y su paz será invadida. Quienes quieren gozar de comunión con Dios deben ser celosos de sí mismos y evitar todo lo que entristezca al Espíritu Santo; no solo los pecados más groseros, sino incluso las necedades de la vida deben ser evitadas por quienes son favorecidos con los deleites de la comunión consciente. Servimos a un Dios celoso, y por tanto debemos estar incesantemente vigilantes contra el mal. Los que se han apartado deberían estudiar este versículo con sumo cuidado: los consolará y a la vez los advertirá, atraerá a los descarriados a su lealtad y al mismo tiempo les inspirará un saludable temor de extraviarse más. Volverse otra vez a la locura es peor que ser necio una vez; arguye terquedad y obstinación, y envuelve al alma en pecado séptuplo. No hay necio como el hombre que quiere ser necio cueste lo que cueste.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 8. Escucharé, etc. La actitud verdadera que el pecador ha de tomar en presencia de la revelación divina es la de oyente. Entrar en el lugar de hacedor antes de haber ocupado el de oyente es invertir el orden de Dios y echarlo todo en confusión. Adán probó este plan y lo halló un fracaso. Probó las «obras». «Cosió hojas de higuera», pero de nada sirvió. No pudo ni siquiera satisfacer su propia conciencia ni quitar su temor culpable. Tuvo que escuchar la voz de Dios, prestar oído a la revelación divina. "Things New and Old." 1859.
Versículo 8. Escucharé, etc. El ojo, como mero órgano del sentido, debe ceder su lugar al oído. Por eso se ha observado ingeniosamente que nuestro Salvador, al mandar la amputación de la mano, el pie y el ojo que ofenden (Mr 9:43-47), nunca habló del oído. Si tu mano, tu pie o tu ojo te son ocasión de caer, priva de ellos a ti mismo; pero no te desprendas de tu oído, porque es un órgano para derivar a la salvación de tu alma. Como dice Cristo allí, un hombre puede entrar en el cielo cojo de los pies, como Mefiboset, ciego de la vista, como Barzilai, manco de la mano, como el hombre de la mano seca en el evangelio; pero si no hay un oído para oír acerca del camino, no habrá pie para entrar en el cielo. Si Dios no está primero en el oído, no está santamente en la boca ni consoladoramente en el corazón. Los judíos tenían ojos para ver los milagros de Cristo, pero como no tenían oídos para oír su sabiduría, no tuvieron pies para entrar en su reino. El camino a la casa es por la puerta, no por la ventana: el ojo no es sino la ventana del corazón, el oído es la puerta. Ahora bien, Cristo está llamando a la puerta, no a la ventana. Ap 3:20. Y no entrará por la ventana, sino por la puerta. «El que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.» Jn 10:2. Viene ya por sus oráculos, ya por sus milagros. «A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz», Jn 10:3. El modo de abrir y dejarlo entrar es por la puerta: oír su voz. Había en el evangelio un hombre ciego y sordo; ojos ciegos es malo, pero oídos sordos, peor. Es malo tener los ojos cosidos (Seel, cerrar con puntadas: término de cetrería), pero peor tener los oídos sellados. Abrid, pues, vuestros oídos a esta voz celestial. Bernardo tiene esta descripción de un buen oído: El que oye de buena gana lo que se enseña, entiende sabiamente lo que oye y practica obedientemente lo que entiende. Oh, dame tal oído, y colgaré de él joyas de oro, adornos de alabanza. Thomas Adams.
Versículo 8. Escucharé, etc. Mi texto lleva consigo una alusión poética a la consulta de la nube de gloria que estaba entre los querubines, y a la recepción de respuesta de ella en todas las ocasiones críticas. David apartó sus pensamientos de todas las otras perspectivas que pudiera tener, hacia esta: Escucharé lo que hablará Jehová Dios, para poder así depender enteramente de las seguridades que recibiría del favor de Dios, tras el arrepentimiento y las oraciones del pueblo; y, considerando el pacto de Dios con ellos, sabía que la respuesta sería paz; la cual, siendo en aquellos tiempos la forma de saludo entre amigos, significaba una reconciliación completa. De modo que por hablar paz ha de entenderse la seguridad del amor y favor de Dios a su pueblo y a sus santos: es decir, al pueblo que era santificado y dedicado al servicio de Dios por tantos ritos del pacto. Gilbert Burnet, 1643-1714/5.
Versículo 8. Escucharé lo que hablará Jehová Dios. Los hombres carnales se hablan paz a sí mismos por alguna supuesta bondad en ellos. Y los profesantes no sinceros roban paz de las promesas de Dios, tales como Is 55:7; Os 14:4. Pero un corazón recto no se satisfará sin oír a Dios hablar paz a su corazón por su Espíritu. Y por esto orará, y esperará, y escuchará, y cuando Dios habla paz, viene con ella tal dulzura y tal descubrimiento de su amor, que ejerce una poderosa influencia sobre el alma para que no se vuelva a la locura. Esta paz es una paz que humilla y quebranta, que trae humillación al alma así como gozo; pero esto nunca ocurre cuando los hombres se hablan paz a sí mismos. John Berridge, 1716-1793.
Versículo 8. Escucharé lo que hablará Jehová Dios, etc. Terminada su oración, y habiendo hablado, ahora se detiene y escucha, como solemos hacer cuando esperamos un eco, para ver qué eco tendría, qué respuesta sería devuelta del cielo, si su oración había llegado ya: Escucharé lo que hablará el Señor; o, como algunos lo leen, Escucharé lo que el Señor habla: porque a veces hay un eco presente, una respuesta rápida devuelta al corazón del hombre, aun antes de que la oración esté a medio terminar. Hablará paz. Cuando el hijo de Dios necesita paz, no puede tener paz hasta que Dios la hable… Por grande que sea la angustia del pueblo de Dios, es cosa fácil para Dios darle paz. Nótese la expresión aquí usada: es solo hablar paz, es decir, le es tan fácil dar paz como a ti decir una palabra; no le cuesta más. Entonces nuestro consuelo es que, así como solo él debe hacerlo, también fácilmente puede hacerlo, aun con una palabra. Thomas Goodwin.
Versículo 8. Hablará paz a su pueblo y a sus santos, etc. La voz del Señor es consoladora, y sus palabras son dulces para los que le temen. Es señal clara de que no todo está bien con nosotros cuando la voz de Dios nos echa en el temor, cuando tememos oír la palabra predicada, cuando las justas reprensiones de nuestros pecados nos son desagradables y nos enojan y nos hacen pensar menos del ministro que nos reprende y nos amenaza. Una buena vida y una conducta bien gobernada no temen la voz de Dios; la palabra de Dios es la luz que Dios ha puesto en su iglesia para guiar sus pies por los caminos de la paz. Los que hacen lo malo aborrecen la luz y no se acercan a ella, para que sus obras no sean reprendidas; los hijos de la luz acuden a ella e invocan a Dios: «Examina mis entrañas y mi corazón, y mira si hay en mí camino de perversidad.» Edward Marbury.
Versículo 8. A su pueblo y a sus santos. Dará prosperidad al pueblo en general; y a sus santos, sus seguidores, en particular. Adam Clarke.
Versículo 8. A sus santos. Es notable que contamos con el sufragio de un célebre escritor judío, Kimchi, para entender la palabra traducida santos en este lugar como referida a los piadosos entre los gentiles, en distinción del pueblo del Señor, los judíos. John Fry.
Versículo 8. Hablará paz a su pueblo y a sus santos; pero que no se vuelvan otra vez a la locura. Esto da a entender que si sus santos se vuelven otra vez a la locura, lo cual por lamentable experiencia hallamos que se hace con demasiada frecuencia, Dios puede cambiar su voz, y convertir su paz, antes hablada, en un desafío bélico a su conciencia. Thomas Fuller.
Versículo 8. Pero que no se vuelvan a la locura. Si Dios no hablara paz al final, ciertamente volverían a la locura. Pues su fin al hablar paz es que no vuelvan a la locura: Sal 125:3: «Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos; para que los justos no extiendan sus manos a la iniquidad»; por eso, en el último versículo: «Paz sea sobre Israel.» Así como es regla en medicina mantener siempre la naturaleza, y por eso, cuando esta corre peligro de ser destruida, dejan de dar purgantes y dan cordiales, así hace Dios con su pueblo: aunque con purgantes lleva a menudo sus espíritus muy débiles y bajos, sin embargo sostendrá y mantendrá sus espíritus, de modo que no desfallezcan ni se extingan, sino que entonces les dará cordiales para levantarlos de nuevo. Thomas Goodwin.
Versículo 8. Es difícil saber, en los ejercicios espirituales, qué es más arduo: alcanzar algún buen estado de ánimo o conservarlo y mantenerlo una vez alcanzado; si se requiere más seriedad para hacer la paz con Dios o para guardarla una vez hecha; si ha de haber más diligencia en prepararse para una comunión o más vigilancia después de ella; sin duda se requieren ambas cosas; y fue palabra de nuestro bendito Señor, Mt 26:41, tras la primera celebración de su cena: «Velad y orad, para que no entréis en tentación.» Aquí vale eminentemente aquel dicho: "Non minor est virtus, quam quaerere, parta tueri": no menos virtud y valor se requiere para mantener que para hacer una adquisición o conquista. En las palabras hay,
- Una gran misericordia prometida del Señor a su pueblo, a saber: Les hablará paz.
- Una advertencia especial y aviso que se les da, señalando su riesgo: Pero que no se vuelvan a la locura: es decir, que no vuelvan al pecado su pueblo y sus santos a quienes ha hablado paz; que se guarden de bromear (Bourding: bromear) y jugar con la misericordia de Dios, de convertir su gracia en libertinaje, de enfriarse en sus afectos hacia él, de volver atrás a su antiguo camino y de abrazar a sus antiguos amantes e ídolos: porque eso es locura, y en folio, por así decirlo. James Durham, en "The Unsearchable Riches of Christ."
Sugerencias para el predicador
Versículo 8.
- Debemos esperar una respuesta a la oración. Habiendo hablado a Dios, debemos oír lo que él tiene que decirnos en respuesta.
(a) En su palabra.
(b) En su providencia.
(c) Por su Espíritu en nuestras propias almas.
- Debemos esperar una respuesta de paz: Hablará paz.
- Debemos evitar todo lo que pudiera privarnos de esa paz: Pero que no se vuelvan, etc. G. R.
Versículo 8. Thomas Goodwin tiene tres sermones sobre este versículo (primera parte), titulado El retorno de las oraciones. (Segunda parte). —Nuevas de paz. (Última parte) —La necedad de recaer después de hablada la paz.
Versículo 8. (última parte). No deben volverse a la locura,
- Porque será una mayor agravante en el pecar. Se hace agravante del pecado de Salomón (1 R 11:9) que «Jehová se le había aparecido dos veces».
- La segunda razón está insinuada en la palabra locura: como si el Señor hubiera dicho: Dejad a un lado la desconsideración y el agravio que me hacéis, pues aun así os hacéis necios a vosotros mismos; llevaréis la peor parte. T. Goodwin.
Salmos 85:9
Versículo 9. «Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen.» La fe sabe que un Dios que salva está siempre a la mano, pero solo (pues tal es la traducción verdadera) para quienes temen al Señor y lo adoran con santo temor. En la dispensación del evangelio esta verdad se ilustra de manera conspicua. Si para los pecadores que buscan la salvación está cerca, ciertamente está muy cerca para quienes la han disfrutado una vez y han perdido su goce presente por su necedad; no tienen más que volverse al Señor y la disfrutarán otra vez. No tenemos que dar un largo rodeo de mortificaciones personales o preparaciones espirituales; podemos venir al Señor, por Jesucristo, tal como lo hicimos al principio, y él nos recibirá de nuevo en su abrazo amoroso. Ya sea una nación bajo adversidad, o un solo individuo bajo castigo, la dulce verdad que tenemos delante es rica en aliento para el arrepentimiento y la santidad renovada. «Para que habite la gloria en nuestra tierra.» El objeto del regreso de la gracia será el establecimiento permanente de un mejor estado de cosas, de modo que se rinda continuamente a Dios un culto gloriosamente devoto y se goce en consecuencia de una gloriosa medida de prosperidad. Israel era glorioso siempre que era fiel; su deshonra seguía siempre a su deslealtad; también los creyentes viven vidas gloriosas cuando andan en obediencia, y solo pierden la verdadera gloria de su religión cuando caen de su firmeza. En estos dos versículos tenemos, bajo el velo de la letra, una insinuación de la venida de LA PALABRA DE DIOS a las naciones en tiempos de profunda apostasía y aflicción, cuando los corazones fieles estarían mirando y anhelando la promesa que tanto había tardado. Con su venida la salvación es acercada, y la gloria, la gloria misma de la presencia del Señor, habita en tabernáculo entre los hombres. De esto hablan los versículos siguientes sin oscuridad.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 9. Para que habite la gloria en nuestra tierra. En la tierra en que habitan la verdadera iglesia de Cristo, los santos y los que temen a Dios, allí habita la gloria: allí Dios, allí Cristo, por su Espíritu, trayendo justicia y salvación a tal sociedad, es glorioso; y por su presencia el pueblo es glorioso; y la tierra gloriosa por encima de todas las demás tierras. David Dickson.
Salmos 85:10
Versículo 10. «La misericordia y la verdad se encontraron.» En respuesta a la oración, el salmista exultante ve a los atributos de Dios confederarse para bendecir a la nación otrora afligida. La Misericordia viene de la mano con la Verdad para cumplir la fiel promesa de su Dios lleno de gracia; el pueblo reconoce a un tiempo la gracia y la veracidad de Jehová: para ellos no es ni un tirano ni un engañador. «La justicia y la paz se besaron.» El Señor, cuya justa severidad infligió el dolor, envía ahora, compadecido, la paz para vendar la herida. El pueblo, dispuesto ya a abandonar sus pecados y a seguir la justicia, halla la paz concedida al instante. «El tambor de guerra ya no latía, y las banderas de batalla estaban plegadas»; pues la idolatría fue abandonada y Jehová fue adorado. Este parece ser el sentido inmediato y primario de estos versículos; pero el sentido interior es Cristo Jesús, la Palabra reconciliadora. En él los atributos de Dios se unen en gozosa unanimidad en la salvación de los hombres culpables, se encuentran y se abrazan de un modo que de otra manera sería inconcebible tanto para nuestros justos temores como para nuestras esperanzas iluminadas. Dios es tan verdadero como si hubiera cumplido cada letra de sus amenazas, tan justo como si nunca hubiera hablado paz a la conciencia de un pecador; su amor brilla en esplendor no disminuido, pero ningún otro de sus bienaventurados atributos queda por ello eclipsado. Es costumbre de los pensadores(?) modernos burlarse de esta representación del resultado de la expiación sustitutiva de nuestro Señor; pero si ellos mismos hubieran sentido alguna vez el peso del pecado sobre una conciencia despertada espiritualmente, cesarían en su vano ridículo. Su doctrina de la expiación ha sido bien descrita por el Dr. Duncan como la admisión de «que el Señor Jesucristo hizo algo o lo otro, que de algún modo o de otro estaba de alguna manera u otra conectado con la salvación del hombre». Este es su sustituto de la sustitución. Nuestros hechos son infinitamente superiores a sus sueños, y sin embargo se burlan. Es natural que los hombres naturales lo hagan. No podemos esperar que los animales aprecien mucho los descubrimientos de la ciencia, ni podemos esperar que los hombres sin espíritu estimen rectamente la solución de problemas espirituales: están muy por encima y fuera de su vista. Entretanto, queda para quienes nos gozamos en la gran reconciliación seguir maravillándonos y adorando.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 10. La misericordia y la verdad; la justicia y la paz. Nótese que cuatro virtudes sobresalen en la encarnación: a saber, misericordia, verdad, justicia y paz, o el amor que produce paz. Eran como cuatro gradas del trono de Cristo, o cuatro príncipes que están junto a él y lo acompañan.
- A la derecha, la misericordia presentando el olivo.
- A la izquierda, la verdad sosteniendo el lirio blanco.
- Delante de él camina la justicia llevando la balanza.
- La paz lo sigue, con una cornucopia llena de flores, y esparciendo las flores alrededor. Le Blanc.
Versículo 10. La misericordia y la verdad; la justicia y la paz. Estos cuatro atributos divinos se separaron en la caída de Adán, y volvieron a encontrarse en el nacimiento de Cristo. La Misericordia siempre estuvo inclinada a salvar al hombre, y la Paz no podía ser su enemiga; pero la Verdad exigía el cumplimiento de la amenaza de Dios: «El alma que pecare, esa morirá»; y la Justicia no podía sino dar a cada uno lo suyo; Jehová debe ser veraz en todos sus caminos y justo en todas sus obras. Ahora bien, no hay religión en la tierra, salvo la cristiana, que pueda satisfacer las demandas de todos estos reclamantes y restaurar una unión entre ellos; que pueda mostrar cómo la palabra de Dios puede ser verdadera, y su obra justa, y el pecador, no obstante, hallar misericordia y obtener paz. George Horne.
Versículo 10. Este es un texto notable, y mucho se ha dicho sobre él; pero hay en él una belleza que, creo, no ha sido advertida. La misericordia y la paz están de un lado; la verdad y la justicia del otro. La verdad requiere justicia; la misericordia pide paz. Se encuentran en el camino; una yendo a hacer inquisición del pecado, la otra a abogar por la reconciliación. Habiéndose encontrado, sus diferencias, por ciertas consideraciones que no se mencionan aquí en particular, se ajustan; y sus mutuas pretensiones se funden en un solo interés común; con lo cual la paz y la justicia se abrazan de inmediato. Así, la justicia es dada a la verdad, y la paz es dada a la misericordia. Ahora bien, ¿dónde se encontraron? En Cristo Jesús. ¿Cuándo se reconciliaron? Cuando derramó su vida en el Calvario. Adam Clarke.
Versículo 10. La misericordia y la verdad se encontraron.
- Se encuentran en Dios; pues «todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad», Sal 25:10; misericordia al hacer, y verdad al guardar su promesa a su pueblo. Pablo dice que Jesucristo fue ministro de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia. Ro 15:8-9. Dios prometió su Hijo a los judíos, y lo dio en el cumplimiento del tiempo para que fuera luz de los gentiles y gloria de su pueblo Israel; mostrando en esto su misericordia más principalmente a los gentiles, su verdad a los judíos, y así su misericordia y su verdad se abrazaron, de modo que hizo de ambos pueblos uno solo, a saber, un rebaño, en un redil, bajo un pastor. Si tomamos verdad y justicia por la justicia de Dios en castigar, y misericordia y paz por su bondad en perdonar, aun así se encuentran en todos sus caminos para con los que guardan su pacto y sus testimonios. Pues así como las misericordias de los impíos son crueles, los mismos juicios de Dios sobre sus siervos están llenos de misericordia. En su ira se acuerda de la compasión; castiga un poco para perdonar mucho; destruye la carne solo para salvar el espíritu, 1 Co 5:5. Misericordiae est aliquando subtrahere misericordiam. Fue bueno para José ser cautivo; bueno para Naamán ser leproso; bueno para Bartimeo ser ciego, y para David estar en aflicción. Bradford dio más gracias a Dios por su prisión que por cualquier salón o placer. Todas las cosas son para lo mejor para los fieles, y así la misericordia y la verdad de Dios se encontraron; la justicia y la paz se besaron, siendo su misericordia justa y su justicia misericordiosa; pero Dios, al dar a su único Hijo al mundo, mostró más abundantemente su misericordia y su justicia besándose una a otra. Su justicia, en que toda alma que peca debe morir; pero su misericordia no quiere la muerte del pecador. Ez 33:11…
- La justicia y la paz se encuentran en el hombre; así lo expone Agustín: el hombre injusto está lleno de contiendas, como Ismael, «su mano será contra todos, y la mano de todos contra él»; pero el que es justo y da a cada uno lo suyo tendrá paz, hasta donde sea posible con todos los hombres, especialmente consigo mismo y con su propia alma. La justicia y la paz están tan cerca, son tan queridas, que no puedes tener la una sin la otra.
- La justicia y la paz se encuentran en Cristo, el Hombre de Dios; pues por estas dos algunos teólogos entienden el Antiguo Testamento y el Nuevo. La Ley exige justicia, requiriendo del malhechor «ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie»; pero el Evangelio está lleno de misericordia y paz, diciendo al pecador que se arrepiente de veras de sus pecados y cree sin fingimiento la palabra de la promesa: «Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados»; «Hija, tu fe te ha hecho salva»; «Vete, tu fe te ha salvado»; «Mira, has sido sanado; no peques más». Estos dos testamentos se encuentran en Cristo, como en su centro propio; se besaron en este día (de Navidad), porque el evangelio cumplió lo que la ley prometía. John Boys.
Versículo 10. Cuando nuestro Señor dijo aquella parábola del hijo pródigo, y representó al Padre viendo de lejos a su hijo en su miseria, y cómo tuvo compasión de él, y corrió, y se echó sobre su cuello, y lo besó, no podemos sino sentir qué conmovedora y tierna ilustración ha dado de este exquisito pasaje de su propia palabra: La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. Barton Bouchier.
Vers. 10-11. Que se hubieran encontrado la Misericordia y la Paz, o la Verdad y la Justicia, cualquiera de los dos pares, no habría sido extraño. Pero que lo hagan las que parecen estar en oposición, eso hace maravilloso este encuentro a nuestros ojos. ¿Quieren detenerse un poco y examinar a las partes? Cuatro son. Estas cuatro,
- Misericordia, y
- Verdad,
- Justicia, y
- Paz. Cuaternión que a primera vista se divide en dos y dos. Misericordia y Paz, esas dos hacen buena pareja; son collectaneae, como dice Bernardo de ellas en un lugar, «compañeras de lecho», duermen juntas; collectaneae, como en otro lugar, «mamaron una misma leche, un mismo pecho», ambas. Y como estas dos, así las otras dos; Verdad y Justicia parecen ser de una misma complexión y disposición, y de ordinario toman partido juntas. De estas, la Misericordia parece favorecernos; y la Paz no es enemiga nuestra ni de nadie (ya que hemos de hablar de ellas como de personas); personas suaves y amables ambas. En cuanto a la Justicia, no sé bien qué decir: gestat gladium (lleva la espada), y temo que non frustra (no en vano). Ni de la Verdad, que es vera y severa, «severa» también a veces. Temo que estas no están igualmente dispuestas. La razón de mi duda. De una de ellas, la Justicia, se cuenta aquí como gran noticia que solo «miró desde los cielos hacia acá». Antes no habría hecho ni eso. Gran señal de rencor es que alguien no quiera ni mirar a otro, no soporte su vista. No podemos prometernos mucho de ella. Ni de la Verdad. Uno fue tan osado en un lugar como para decir: omnis homo mendax (Ro 3:4), y no temió réplica por ello. Por eso parece que tampoco con ella todo está bien. Así que dos a nuestro favor, dos contra nosotros. En cuanto a su orden. La Misericordia es la primera, y la Paz la última. Con ambos extremos nos irá bastante bien. ¡Quiera Dios que hagamos otro tanto con el medio! Con todo, no está mal que las que nos favorecen menos estén en medio, cercadas por ambos lados, rodeadas por quienes nos desean bien, y ellas entre nosotros y ellos. De un lado, la Misericordia delante; del otro, la Paz detrás; de modo que en este doble encuentro la Misericordia no se junta con la suya, no va a la Justicia; ni la Justicia a ella, sino a la Paz. Hay una especie de encuentro cruzado, por así decirlo: mejor esperanza de acuerdo. La Misericordia y la Justicia no tienen cualidad alguna que las asemeje, ninguna esperanza hay en ellas; pero la Verdad con la Misericordia sí la tiene. Hay verdad tanto en la promesa de misericordia como en la amenaza de justicia. Lancelot Andrewes.
Sugerencias para el predicador
Versículo 10.
- Los atributos manifestados en la salvación del hombre.
(a) Misericordia en la promesa.
(b) Verdad en su cumplimiento.
(c) Justicia en la manera de su cumplimiento.
(d) Paz en sus resultados.
- Estos atributos armonizados en la salvación del hombre.
(a) ¿Cómo? Se encontraron, se besaron.
(b) ¿Por qué? Cada uno por su propia cuenta. Todos por cuenta de los demás.
(c) ¿Dónde? Se encontraron y se besaron: (1.) En el pacto. (2.) En la encarnación. (3.) En la cruz. (4.) En la conversión de cada pecador. (5.) En la consumación de los santos en el cielo. G. R.
Versículo 10. The Pulpit, vol. 28, 1836, contiene un sermón de R. W. Sibthorpe, en el cual el predicador,
- Considera la armonía de las perfecciones divinas en la redención de un pecador.
- La sabiduría de los tratos divinos en el llamamiento y la guía del creyente, de modo que la misericordia, la verdad, etc., se hace sucesivamente notoria en nuestra experiencia.
- La plenitud de la imagen divina en el alma santificada, de modo que el santo perfeccionado abunda en misericordia y verdad, está lleno de paz y es conforme a su justo Señor.
Salmos 85:11
Versículo 11. «La verdad brotará de la tierra.» Las promesas que yacen incumplidas, como semillas enterradas, brotarán y darán cosechas de gozo; y los hombres renovados por la gracia aprenderán a ser leales unos con otros y con su Dios, y aborrecerán la falsedad que antes amaban. «Y la justicia mirará desde los cielos», como si abriera las ventanas y se asomara a contemplar a un pueblo penitente, al que antes no habría podido mirar sin una indignación que les habría sido fatal. Es una escena deliciosa. La tierra produciendo flores de verdad, y el cielo resplandeciendo con estrellas de santidad; las esferas haciéndose eco una a otra, o siendo espejos de las bellezas mutuas. «La tierra alfombrada de verdad y entoldada de justicia» será un cielo inferior. Cuando Dios mira hacia abajo con gracia, el hombre envía su corazón hacia arriba en obediencia. La persona de nuestro adorable Señor Jesucristo explica este versículo de la manera más dulce. En él la verdad se halla en nuestra humanidad, y su deidad trae entre nosotros la justicia divina. La obra de su Espíritu crea ya ahora una armonía santa entre su iglesia aquí abajo y la soberana justicia de arriba; y en el día postrero la tierra será universalmente adornada con toda preciosa virtud, y el cielo mantendrá con ella íntimo trato. Hay un mundo de significado en estos versículos, que solo necesita meditación para sacarlo a luz. Lector, «el pozo es hondo», pero si tienes el Espíritu, no se puede decir que «no tienes con qué sacar».
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 11. La verdad brotará. El sentido literal es que las promesas que durante largo tiempo no se cumplen, y parecen semillas o raíces ocultas y encubiertas bajo tierra, cuando se cumplan, se considerará que brotan, crecen, etc. Lorinus.
Versículo 11. Brotará. La metáfora está tomada de las flores y los árboles. En el griego la expresión es aneile, es decir, ha brotado como la mañana, pues anatllw y anatolh se dicen propiamente del salir del sol y de la luna. Le Blanc.
Versículo 11. Mirará desde. Este mirar hacia abajo, pqsg, traducido generalmente parakuptw en el griego, implica una mirada como la de 1 P 1:12, con que los ángeles se inclinan sobre las cosas de la salvación, y una mirada como la que los discípulos echaron en el sepulcro. Es realmente el Justo quien reposa sobre ellos con amor complacido, no como en Sal 14:2; 53:2, sino cumpliendo Sal 102:19-20. Andrew A. Bonar.
Salmos 85:12
Versículo 12. «Jehová dará también el bien.» Siendo él mismo pura bondad, volverá de buena gana de su ira y repartirá cosas buenas a su pueblo arrepentido. Nuestro mal trae mal sobre nosotros, pero cuando somos devueltos a seguir lo bueno, el Señor nos enriquece abundantemente con cosas buenas. El bien material será siempre concedido allí donde pueda disfrutarse en coherencia con el bien espiritual. «Y nuestra tierra dará su fruto.» La maldición de la esterilidad huirá con la maldición del pecado. Cuando el pueblo rendía lo debido a Dios, el suelo recompensaba su labranza. Mira hoy lo que el pecado ha hecho de Palestina, convirtiendo sus jardines en desierto; sus yermos son las cicatrices de sus iniquidades: nada sino el arrepentimiento y el perdón divino recuperará sus desolaciones. El mundo entero resplandecerá también con la misma bendición en los días venideros:
«Libre de la maldición, el agradecido jardín da
su fruto en hermosa renta. Ni escarcha,
ni tizón, ni moho caen, ni gusano roedor,
ni oruga, malogran una sola esperanza que madura.
Las nubes destilan abundancia. Los mismos elementos
están sujetos a la voluntad orante de aquellos
cuyo placer está en unísono con el de Dios.»
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 12. Se ha objetado a veces que la doctrina cristiana de un milenio no puede ser verdadera, pues la tierra no podría sostener a los millones rebosantes que naturalmente se hallarían en ella si las guerras y el vicio dejaran de malgastar su población. Pero, omitiendo otras respuestas pertinentes que se han dado, hallamos aquí una que cubre todo el terreno: la tierra dará su fruto. De vez en cuando la estación es extraordinariamente propicia, y tenemos una muestra de lo que Dios puede hacer cuando quiere. Puede, sin milagro alguno, hacerla muchas veces más fructífera de lo que jamás ha sido. William S. Plumer.
Sugerencias para el predicador
Versículo 12.
- Todo bien espiritual viene de Dios: «Jehová dará», etc.
(a) ¿Es el arrepentimiento algo bueno? El Señor dará el arrepentimiento.
(b) ¿Lo es el perdón? El Señor, etc.
(c) ¿Lo es la fe?
(d) ¿Lo es la justificación?
(e) ¿Lo es la regeneración?
(f) ¿Lo es el crecimiento en la gracia?
(g) ¿Lo es la preservación hasta el fin?
(h) ¿Lo es la gloria eterna? El Señor dará, etc.
- Todo bien temporal viene de Dios. Nuestra tierra, etc.
(a) De manera lícita: nuestra tierra.
(b) Mediante el uso de los medios señalados: Dará su fruto, etc.
(c) En dependencia de la bendición divina. «Que da estaciones fructíferas», etc. El bien espiritual no se da menos mediante el uso de los medios señalados. G. R.
Versículo 12. La fertilidad de nuestras esferas de trabajo es don de Dios.
Salmos 85:13
Versículo 13. «La justicia irá delante de él, y sus pasos nos pondrá por camino.» La marcha de justicia de Dios dejará una huella en la que su pueblo lo seguirá con gozo. El que hirió con justicia también bendecirá con justicia, y en ambas cosas hará manifiesta su justicia, de modo que afecte los corazones y las vidas de todo su pueblo. Tales son las bendiciones del primer advenimiento de nuestro Señor, y tal será, de manera aún más conspicua, el resultado de su segunda venida. Así sea: ven, Señor Jesús.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 13. La justicia irá delante de él, etc. El sentido de este difícil versículo puede ser probablemente el siguiente: la justicia irá delante de Él (Jehová), y hará de sus pisadas un sendero para que sus siervos anden por él. Ernest Hawkins.
Versículo 13. Sus pasos nos pondrá por camino. Cuenta la Historia de Bohemia que san Wenceslao, su rey, yendo una noche de invierno a sus devociones en una iglesia remota, descalzo sobre la nieve y la aspereza del hielo desigual y puntiagudo, su siervo Podivén, que asistía a la piedad de su amo y procuraba imitar sus afectos, empezó a desfallecer por la violencia de la nieve y el frío; hasta que el rey le mandó que lo siguiera y pusiera sus pies en las mismas huellas que los pies del rey marcarían para él: el siervo lo hizo, y o bien imaginó una cura o la halló; pues siguió a su príncipe, ayudado a avanzar con vergüenza y celo para imitarlo, y por las huellas que se le iban formando en la nieve. De la misma manera obra el bendito Jesús; pues, siendo nuestro camino penoso, oscuro, lleno de objeciones y peligro, propenso a ser errado y a espantar nuestro empeño, nos manda marcar sus pisadas, pisar donde sus pies han estado, y no solo nos invita a avanzar con el argumento de su ejemplo, sino que ha allanado gran parte de la dificultad y hecho el camino más fácil y adecuado a nuestros pies. Porque conoce nuestras flaquezas, y él mismo ha sentido su experiencia en todas las cosas, salvo en las cercanías del pecado; y por eso ha proporcionado un camino y una senda a nuestra fuerza y capacidades, y, como Jacob, ha marchado suavemente y a paso parejo con los niños y el ganado, para entretenernos con los consuelos de su compañía y la influencia de un guía perpetuo. Jeremy Taylor.
Versículo 13. (última parte). El pecador que siente su necesidad de salvación es puesto en el camino de sus pasos; como Bartimeo estaba sentado junto al camino mendigando, por el cual camino pasaba Jesús; y cuando llegó adonde él estaba, oyó su oración y le devolvió la vista. Adam Clarke.
Sugerencias para el predicador
Versículo 13.
- La justicia por la cual somos justificados precede largamente a nuestra justificación: esta justicia va delante, etc.
- Nuestra justificación por esa justicia precede a nuestra santificación.
- La justicia de la santificación sigue invariablemente a la de la justificación. G. R.
OBRA SOBRE EL SALMO OCHENTA Y CINCO
En un viejo volumen en cuarto de 788 páginas, que contiene exposiciones de varios pasajes de la Escritura, hay una breve exposición de este salmo (pp. 452-64) titulada "A Taste of the Breathings, Pantings, Waitings, and Hopes of Israel after the true Saviour, and his effectual Redemption." No lleva nombre de autor, pero algún dueño anterior ha escrito "John Pennington" en la portada: fecha 1656.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.