El tesoro de David · Charles H. Spurgeon

Salmo 86: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)

Resumen del capítulo

TÍTULO. Oración de David. Tenemos aquí uno de los cinco salmos titulados Tefilot u oraciones. Este salmo consiste en alabanza así como en oración, pero en todas sus partes está dirigido tan directamente a Dios que se le llama muy propiamente «una oración». Una oración no es menos oración, sino más bien lo es más, porque vetas de alabanza la recorran. Este salmo parece haber sido conocido especialmente como la oración de David; así como el noventa es «la oración de Moisés». David lo compuso, y sin duda se expresó a menudo en lenguaje semejante; tanto la materia como las palabras son adecuadas a sus variadas circunstancias y expresivas de las diferentes características de su mente. En muchos aspectos se parece al Sal 17, que lleva el mismo título, pero en otros es muy diferente; las oraciones de un hombre bueno tienen un aire de familia, pero varían tanto como coinciden. Podemos aprender de este salmo que los grandes santos de antaño solían orar muy de la misma manera que nosotros; los creyentes de todas las edades son de un mismo género. El nombre de Dios aparece muy frecuentemente en este salmo, a veces es Jehová, pero más comúnmente Adonai, que muchos eruditos creen que fue escrito por los copistas judíos en lugar del título más sublime porque su temor supersticioso los llevaba a ello: nosotros, que no sufrimos tal temor atormentador, nos regocijamos en Jehová, nuestro Dios. Es singular que quienes tenían tanto miedo de su Dios que no se atrevían a escribir su nombre tuvieran sin embargo tan poco temor piadoso que se atrevieron a alterar su palabra.

División

El salmo es irregular en su construcción, pero puede dividirse en tres porciones, cada una de las cuales termina con una nota de gratitud o de confianza: leeremos, pues, del v. 1 al 7 y luego (tras otra pausa al final del v. 13) continuaremos hasta el fin.

Notas explicativas y dichos pintorescos

TÍTULO. —El profeta David ha escrito dos salmos que se ha apropiado de manera eminente como suyos: uno se titula oración de David, aunque muchos otros salmos son oraciones: es el Sal 86; el otro, alabanza de David, Sal 145. El primero es su tefila, el segundo su tehila; en cada uno de ellos hace una solemne repetición de las mismas palabras de Moisés en Éx 34:6-7. En el Sal 86 las trae como un apoyo para su fe en sus angustias por pecados y miserias, uso al cual las pone en los vv. 3-4, 6-7. Y de nuevo, en los vv. 16-17, hace de estas palabras un alegato a modo de oración. En el Sal 145 las trae como un elogio o celebración de la gloriosa naturaleza y excelencias de Dios, para excitar a los hijos de los hombres a amarlo y alabarlo. Thomas Goodwin.

Título. —Este salmo se publicó bajo el título de Oración de David; no como si David cantara todas sus oraciones, sino que en algunos de sus cánticos insertó oraciones; pues un salmo admite la expresión de cualquier afecto piadoso y devoto. Pero es de observar cuán llano es el lenguaje de este salmo, y cuán poco hay en él de vuelos o figuras poéticas, en comparación con otros salmos; porque los floreos del ingenio no son los adornos propios de la oración. Matthew Henry.

Título. —Mucho, muchísimo del carácter peculiar de Dios, de su glorioso nombre, se puso a la vista al final del último salmo. Esto puede explicar que le siga otro, Oración de David, casi igualmente lleno del carácter de Jehová. La nota clave de este salmo es el nombre de Jehová. Andrew A. Bonar.

Todo el salmo. Cristo ora a lo largo de todo este salmo. Todas las palabras son pronunciadas exclusivamente por Cristo, que es Dios y hombre. Psalt. Cassiodori, 1491.

Todo el salmo. En este salmo Cristo, el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres, a quien oramos como Dios, ora en forma de siervo. Pues ora por nosotros, y ora en nosotros, y es orado por nosotros. Ora por nosotros como nuestro Sacerdote. Ora en nosotros como nuestra Cabeza. Es orado por nosotros como nuestro Dios. Psalt. Pet. Lombard. 1474.

Salmos 86:1

Versículo 1. «Inclina, oh Jehová, tu oído, y respóndeme.» Por condescendencia a mi pequeñez, y en compasión a mi debilidad, «inclina, oh Jehová, tu oído». Cuando nuestras oraciones son humildes por nuestra humildad, o débiles por nuestra enfermedad, o carecen de alas por nuestro abatimiento, el Señor se inclinará hacia ellas, el infinitamente exaltado Jehová las tendrá en cuenta. La fe, cuando tiene en la lengua el más excelso nombre de Dios y lo llama Jehová, se atreve sin embargo a pedirle los actos de amor más tiernos y condescendientes. Grande como es, ama que sus hijos sean osados con él. «Porque estoy afligido y menesteroso»: doblemente hijo de la pobreza, porque, primero, pobre y sin provisión para mis necesidades, y luego menesteroso, y así lleno de carencias, aunque incapaz de suplirlas. Nuestra angustia es una razón poderosa para ser oídos por el Señor Dios, misericordioso y clemente, pues la miseria es siempre el argumento maestro ante la misericordia. Un razonamiento como este nunca sería adoptado por un hombre soberbio, y cuando lo oímos repetir en la congregación pública por esos grandes de la tierra que consideran al campesinado poco mejor que la tierra que pisan, suena como una burla del Altísimo. De todos los pecadores despreciables, los peores son los que usan el lenguaje de la pobreza espiritual mientras se creen ricos y enriquecidos de bienes.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 1. Inclina, oh Jehová, tu oído. Como hace el médico cuidadoso con su paciente débil: así lo glosa aquí Basilio. John Trapp.

Vers. 1-4. Pobre, santo, confía, clamo. El suplicante es descrito primero como pobre, luego santo, después confiado, luego clamando, y por fin elevado a Dios. Y cada epíteto tiene su verbo apropiado: inclina a los pobres, guarda al santo, salva al que confía, ten misericordia del que clama, alegra al elevado. Es toda la escala del amor, desde la Encarnación hasta la Ascensión; nos dice que la humillación de Cristo será nuestra gloria y gozo. Neale and Littledale's Commentary.

Sugerencias para el predicador

Versículo 1.

Salmos 86:2

Versículo 2. «Guarda mi alma.» Que mi vida esté a salvo de mis enemigos, y mi naturaleza espiritual segura de sus tentaciones. Se siente inseguro si no está cubierto por la protección divina. «Porque soy piadoso.» Estoy apartado para usos santos; por tanto, no permitas que tus enemigos cometan sacrilegio hiriéndome o contaminándome: estoy libre de los crímenes que se me imputan, y en ese sentido soy inocente; por tanto, te ruego que no permitas que sufra por cargos injustos: y soy inofensivo, manso y suave con los demás; por tanto, trátame con misericordia como yo he tratado a mis semejantes. Cualquiera de estas traducciones puede explicar el texto; quizá todas juntas lo expongan mejor. No es farisaico en los hombres buenos alegar su inocencia como razón para escapar de las consecuencias de pecados que se les atribuyen injustamente; los penitentes no se embadurnan de lodo por amor a él, ni se hacen peores de lo que son por cortesía hacia el cielo. No: el santo más humilde no es un necio, y está tan consciente de las cosas en que es inocente como de aquellas en que debe clamar «peccavi». Declararse culpable de ofensas que nunca hemos cometido es una mentira tan grande como negar nuestras faltas reales. «Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.» Para que nadie suponga que David confiaba en su propia santidad, declara de inmediato su confianza en el Señor, y ruega ser salvado como quien no era santo en el sentido de ser perfecto, sino que tenía aún necesidad de los mismísimos elementos de la salvación. ¡Cuán dulce es ese título, «Dios mío», unido al otro, «tu siervo»; y cuán dulce la esperanza de que sobre este fundamento seremos salvados, viendo que nuestro Dios no es como el amo amalecita que dejó perecer a su pobre siervo enfermo! Nótese cómo el pobre yo soy de David (o más bien el yo repetido sin el soy) apela al gran YO SOY con esa santa osadía engendrada por la necesidad que atraviesa muros de piedra, ayudada por la fe que remueve montañas.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 2. Piadoso. La palabra ha sido traducida de diversas maneras: Piadoso, De Muis, Ainsworth y otros; caritativo o benéfico, Piscator; misericordioso o de tierno corazón, Mariana; diligente o ardientemente compasivo, Vatablus; manso, Calvino; un amado, versión de la American Bible Union; uno a quien amas, Perowne; un hombre devoto o dedicado, Weiss.

Versículo 2. Porque soy piadoso. Algunos han objetado que David alegue su propio buen carácter; pero si no iba más allá de la verdad, y la ocasión lo requería, no había nada malo en que lo hiciera. Job, David, Pedro, Juan y Pablo lo hicieron todos, Job 27:5; Sal 116:16; Jn 21:15-17; Ap 1:10; 1 Co 9:1. Ni es presuntuoso pedir a Dios que tenga misericordia de nosotros porque la mostramos a otros; o que nos perdone porque nosotros perdonamos a otros, Mt 5:7; 6:14-15. William S. Plumer.

Versículo 2. Soy piadoso… tu siervo que en ti confía. Los que son santos, con todo, no deben confiar en sí mismos ni en su propia justicia, sino solo en Dios y en su gracia. Matthew Henry.

Versículo 2. Salva a tu siervo que en ti confía. Cuando Dios salva a su siervo, salva lo que le pertenece; y cuando salva al que confía en él, se muestra justo y fiel al cumplir lo que prometió. Belarmino.

Vers. 2-5. Las aspiraciones a la santidad que se hallan en este salmo, unidas a su ferviente invocación de la misericordia del Dios en quien hay perdón, lo hacen peculiarmente aplicable a quienes acuden diariamente a un trono de la gracia necesitada. Los cristianos saben que, mientras su posición es la perfección irreprochable del Señor su justicia, son todavía ofensores en muchas cosas. Tampoco probamos plenamente jamás lo precioso que es Jesús como nuestra porción, a menos que seamos atraídos a él por ese Espíritu que nos revela una desnudez y una pobreza dentro de nosotros mismos que solo su bendita plenitud puede remediar. Hay una conciencia de santificación personal por la fe (v. 2) asociada con una percepción agudamente sensible de la intrínseca indignidad, tal que solo halla alivio en el recuerdo de la gracia inalterada (v. 5), la cual, para el espíritu ejercitado de quien realmente crece en el conocimiento de Dios, se dirigirá con una acogida especial. Arthur Pridham.

Sugerencias para el predicador

Versículo 2.

(a) Que pertenecemos a Dios: «Soy piadoso».

(b) Que Dios nos pertenece: «Dios mío».

(c) Nuestra fe, que tiene la promesa.

(d) Nuestros frutos, que prueban nuestra fe: «tu siervo».

Salmos 86:3

Versículo 3. «Ten misericordia de mí, oh Jehová.» Los mejores hombres necesitan misericordia, y apelan a la misericordia, sí, a nada más que a la misericordia; la necesitan para sí mismos, y la imploran con ansia de su Dios como requisito personal. «Porque a ti clamo todo el día.» ¿No hay una promesa de que la importunidad prevalecerá? ¿No podemos, pues, alegar nuestra importunidad como argumento ante Dios? El que ora cada día, y todo el día, pues así puede significar la palabra, puede descansar seguro de que el Señor lo oirá en el día de su necesidad. Si clamáramos a veces a los hombres, o a otras falsas confianzas, podríamos esperar que se nos remitiera a ellos en la hora de nuestra calamidad; pero si en todos los tiempos pasados hemos mirado solo al Señor, podemos estar seguros de que no nos desamparará ahora. Mira cómo David alegó, primero, que era afligido y menesteroso; luego, que era el apartado del Señor; después, que era siervo de Dios y había aprendido a confiar en el Señor; y por último, que se le había enseñado a orar diariamente; ciertamente son estos ruegos tan santos que cualquier creyente probado puede emplearlos cuando lucha con un Dios que oye la oración, y con tales armas el suplicante más trémulo puede esperar ganar el día.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 3. Ten misericordia de mí. Para que nadie sospeche, por las palabras anteriores («soy piadoso»), que es un mercader de méritos, mendiga misericordia con instancia y constancia en la petición. John Trapp.

Versículo 3. A ti clamo todo el día. Una gran diferencia entre santos y pecadores en la oración es que los pecadores, si es que oran, oran solo cuando están en aflicción, mientras que los santos claman diariamente a Dios. Compárese Job 27:10. William S. Plumer.

Sugerencias para el predicador

Versículo 3. La importunidad.

Versículo 3. Clamaré todo el día por misericordia que perdone, santifique, auxilie, preserve, provea y guíe. William Jay.

Salmos 86:4

Versículo 4. «Alegra el alma de tu siervo.» Alegra mi corazón, oh mi Hacedor, pues cuento como honra llamarme una y otra vez tu siervo, y tengo tu favor por todo el salario que pudiera desear. Espero toda mi felicidad solo en ti, y por eso a ti, oh Señor, levanto mi alma. Como el heliotropo mira al sol para recibir su sonrisa, así vuelvo yo mi corazón a ti. Eres como la serpiente de bronce para mi naturaleza enferma, y levanto el ojo de mi alma hacia ti para vivir. Sé que cuanto más cerca estoy de ti, mayor es mi gozo; por tanto, dígnate acercarme más mientras me afano por acercarme. No es fácil levantar un alma de ningún modo; se necesita un hombro fuerte en la rueda cuando un corazón se atasca en el lodo cenagoso del abatimiento: es menos fácil levantar un alma hasta el Señor, pues la altura es grande y el peso opresivo; pero el Señor tomará la voluntad por la obra, y vendrá con mano de gracia omnipotente a levantar a su pobre siervo de la tierra y subirlo al cielo.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 4. Alegra el alma de tu siervo, etc. Como no he hallado reposo en nada creado, he levantado mi alma, sobre las alas del pensamiento y del deseo, hacia ti, mi Creador. El amor sostiene el alma; y se ha dicho con verdad que el alma está más donde ama que donde realmente se halla. El pensamiento y el deseo son las alas del amor; pues el que ama es llevado hacia lo que ama y permanece en ello, pensando constantemente en el objeto de su amor y anhelándolo. Quien ama a Dios verdaderamente y de corazón, pensando en él y anhelándolo, levanta su alma a Dios; mientras que, por el contrario, quien ama la tierra, pensando en las cosas de la tierra y codiciándolas, baja su alma a su nivel. Belarmino.

Versículo 4. A ti, oh Señor, levanto mi alma. Si tuvieras grano en tus aposentos de abajo, lo subirías más alto, para que no se pudriera. ¿Quieres mover tu grano, y permites que tu corazón se pudra en la tierra? Subirías tu grano más alto: levanta tu corazón al cielo. ¿Y cómo puedo?, dices. ¿Qué cuerdas hacen falta? ¿Qué máquinas? ¿Qué escaleras? Tus afectos son los peldaños; tu voluntad, el camino. Amando asciendes, por descuido desciendes. De pie sobre la tierra estás en el cielo, si amas a Dios. Pues el corazón no se levanta como se levanta el cuerpo: el cuerpo, para ser levantado, cambia de lugar; el corazón, para ser levantado, cambia de voluntad. Agustín.

Versículo 4. A ti, oh Señor, levanto mi alma, da a entender que se había presentado al Señor como sacrificio vivo, como la ofrenda elevada en el tabernáculo, que era alzada por las manos de los sacerdotes para mostrar que pertenecía a Dios y a su altar y que el hombre no tenía parte en ella. Benjamin Weiss.

Versículo 4. Levanto mi alma. Denota la devoción, el fervor, el ánimo y la sinceridad de su oración; el hacerla con corazón verdadero, el levantar el corazón con las manos a Dios, Lm 3:41; o a modo de ofrenda al Señor, no solo del cuerpo sino también del alma o corazón; o como un depósito puesto en sus manos. John Gill.

Versículo 4. Señor. Aquí, y en todos los versículos de este salmo donde aparece ynda Adonai, muchos manuscritos leen hwhy, Yehovah. Los judíos, por reverencia al nombre incomunicable Jehová, pronuncian ynda donde el texto tiene hwhy. No es, pues, improbable que hwhy sea la lectura verdadera en todos estos lugares. Nota a Calvino in loc.

Sugerencias para el predicador

Versículo 4.

Versículo 4.

Salmos 86:5

Versículo 5. «Porque tú, Señor, eres bueno, y perdonador.» Bueno para dar y para perdonar: nos provee de su bien y quita nuestro mal. He aquí la gran razón por la que el salmista miraba solo al Señor para su gozo: porque todo atributo que produce gozo se halla en perfección únicamente en Jehová. Algunos hombres que quieren pasar por buenos se indignan tanto, con tanta autocomplacencia, por las ofensas que otros les hacen, que no pueden perdonar; pero podemos estar seguros de que cuanto mejor es un ser, tanto más dispuesto está a perdonar, y el mejor y más elevado de todos siempre está listo para borrar las transgresiones de sus criaturas. «Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.» Dios no reparte su misericordia de un pequeño depósito que quizá se empobrezca hasta agotarse del todo, sino que, como de una cornucopia, derrama las riquezas infinitas de su misericordia: su bondad fluye en corrientes abundantes hacia los que oran y, en adoración, mencionan su nombre. David parece haberse puesto en la hendidura de la peña con Moisés, y haber oído proclamar el nombre del Señor como lo oyó el gran legislador, pues en dos lugares de este salmo cita casi palabra por palabra el pasaje de Éx 34:6: «¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.»

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 5. «Porque tú, Señor, eres bueno»; ¿y adónde han de ir los mendigos sino a la puerta de la casa del buen amo? —Matthew Henry.

Versículo 5. «Perdonador.» La misericordia de Dios es una misericordia dispuesta, y sus perdones están listos para su pueblo; sus perdones y misericordias no hay que ir a buscarlos: los tiene a mano, él es bueno y está listo para perdonar. En cambio la mayoría de los hombres, aunque perdonen, no están listos para perdonar: les cuesta mucho llegar a ello, aunque al final lo hagan. Pero Dios está «listo para perdonar»; tiene, por así decirlo, los perdones ya redactados (como el hombre que quiere despachar pronto un asunto y tiene preparados los documentos que se requieren para ello); no queda más que poner la fecha y el nombre; es más, la fecha y el nombre están puestos desde toda la eternidad. Así habla la Escritura para mostrar cuán dispuesto está Dios a hacer el bien; no necesita disponer su corazón para ello; su corazón está siempre en la más exacta disposición. —Joseph Caryl.

Versículo 5. «Grande en misericordia.» Es algo maravillosamente satisfactorio y agradable al corazón del hombre estar siempre tomando de un gran montón; y sobre este fundamento se basan aquellos dichos proverbiales: No hay pesca como la pesca en el mar; no hay servicio como el servicio de un rey. Porque en lo uno hay la mayor abundancia de la clase de placer que buscan los pescadores; y para los que sirven y han de vivir de su servicio, no hay otro como el de los príncipes, porque tienen abundancia de recompensa y oportunidad para retribuir los servicios de los que los atienden y esperan en ellos. […] Y sobre el mismo fundamento las Escrituras, en varios lugares, no solo afirman y testifican que Dios es misericordioso y clemente, sino abundante en misericordia y lleno de gracia; y no simplemente que en él hay redención, sino abundancia de redención: Sal 103:8; 130:7; Is 55:7: «Deje el impío su camino», etc.; «y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.» La mercancía que necesitamos es la misericordia y el perdón de nuestros pecados, si hemos sido criaturas impías y sin Dios; esta mercancía está en Dios en abundancia. Allí está atesorada como las aguas en el almacén del mar; no hay fin para los tesoros de su gracia, misericordia, perdón y compasión. No hay hombre en necesidad que no prefiera diez veces ir a la puerta de un rico para ser socorrido que a la de un pobre, si sabe que el rico es tan liberal y generoso como lo puede ser el pobre. —John Goodwin.

Sugerencias para el predicador

Versículo 5. —Pensamientos alentadores acerca de Dios.

Salmos 86:6

Versículo 6. «Escucha, oh Jehová, mi oración.» Ni siquiera la gloria que su espíritu había contemplado lo apartó de su oración; antes bien lo impulsó a ser más fervoroso en ella; por eso implora al Señor que oiga sus ruegos. «Y está atento a la voz de mis ruegos.» Aquí hay repeticiones, pero no vanas repeticiones. Cuando un niño llora, repite la misma nota, pero cada vez es igualmente sincero, y así lo era el suplicante aquí. Fíjense en la expresión «la voz de mis ruegos», como si no fueran todo voz, sino que en parte estuvieran hechos de ruido inarticulado; sin embargo, en medio de mucho que era superfluo había realmente una voz definida, un significado interior, un sentido vivo que era la intención del corazón. Esto quería que el Señor lo separara de la paja y lo oyera entre el estruendo mezclado. Que nuestras oraciones nunca carezcan de voz; que la intención del alma les dé siempre un núcleo vivo de significado.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 6. Ruegos, ytwnwxt, súplicas. El salmista forma una palabra hebrea peculiar, plural femenino, que no se encuentra en otra parte, para transmitir con más fuerza la idea de la debilidad suplicante. —A.R. Fausset.

Versículos 8-10. —Hay dos clases de duda que suelen asaltar al alma en la hora de la tentación: la duda sobre la voluntad de Dios y la duda sobre su poder para socorrer. La primera ya la ha desechado el salmista; ahora muestra que ha vencido la segunda. Dios es capaz además de dispuesto a ayudar, y todo ser sobre la faz de la tierra que recibe ayuda la recibe de la mano de Aquel que es el único Dios y que un día será reconocido (así habla la fuerte esperanza profética que hay en él, Sal 86:9) como el único Dios. —J.J.S. Perowne.

Versículos 9-10. Todas las naciones adorarán delante de ti, porque, como Rey de las naciones, eres grande, tu soberanía es absoluta e incontestable, tu majestad terrible e insoportable, tu poder universal e irresistible, tus riquezas inmensas e inagotables, tu dominio ilimitado e indiscutible; y como prueba de esto, tú haces maravillas, que todas las naciones admiran, y de donde fácilmente pueden inferir que tú solo eres Dios; no solo que ninguno es como tú, sino que ninguno hay fuera de ti. —Matthew Henry.

Sugerencias para el predicador

Versículo 6. El hombre que ora desea por encima de todo una respuesta. Objeciones a tal expectativa. Fundamentos para seguir esperando, y deberes que incumben a quienes ven cumplidas tales expectativas.

Versículo 6. La voz de los ruegos. Es la voz de la debilidad, del arrepentimiento, de la fe, de la esperanza, de la nueva naturaleza, del conocimiento, etc.

Salmos 86:7

Versículo 7. «En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes.» Un piadoso propósito respaldado por una razón juiciosa. Es inútil clamar a quienes no pueden o no quieren oír; una vez que se convence a los hombres de que la oración no tiene efecto alguno sobre Dios, no querrán saber más de ella. En estos días tan ocupados, y especialmente en tiempos de angustia, los hombres no pueden permitirse perder el tiempo en súplicas que han de ser inútiles. Nuestra experiencia nos confirma en la convicción de que Jehová, el Dios viviente, ayuda realmente a los que lo invocan, y por eso oramos y pensamos orar; no porque estemos tan fascinados por la oración que, por ella misma, seguiríamos en ella aunque resultara ser mera locura y superstición, como afirman los filósofos vanos, sino porque realmente, en efecto y en verdad, la hallamos un medio práctico y eficaz de obtener ayuda de Dios en la hora de la necesidad. No puede haber razón para orar si no hay expectativa de que el Señor responda. ¿Quién se haría escrúpulo de suplicar a los vientos, o hallaría consuelo en rogar a las olas? El propiciatorio es una burla si no hay quien oiga ni responda. David, como muestran los versículos siguientes, creía que el Señor era un Dios vivo y poderoso, y en verdad «tú solo eres Dios», y por esa razón resolvió invocarlo en toda hora de angustia.

Sugerencias para el predicador

Versículo 7.

Versículo 7.

Versículo 7. —La oración es el propósito de la aflicción, la prueba de que ha sido santificada, su consuelo y el medio de liberarse de ella. —William Jay.

Salmos 86:8

Versículo 8. «Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses.» Hay dioses por oficio delegado, como los reyes y los magistrados, pero no son nada en presencia de Jehová; hay también dioses por nombramiento de la superstición, pero estos son la vanidad misma, y no pueden compararse con el Dios vivo y verdadero. Aun si los ídolos de los paganos fueran dioses, ninguno de ellos, en poder ni siquiera en carácter, podría compararse con el Dios de Israel, que existe por sí mismo y lo creó todo. Si cada deidad imaginaria pudiera cobrar existencia real y hacerse verdaderamente divina, aun así escogeríamos a Jehová por nuestro Dios y rechazaríamos a todos los demás. «Ni obras que igualen tus obras.» ¿Qué han hecho o deshecho jamás los falsos dioses? ¿Qué milagros han obrado? ¿Cuándo dividieron un mar, o marcharon por un desierto esparciendo pan desde los cielos? Oh Jehová, en tu persona y en tus obras estás tan por encima de todos los dioses como los cielos por encima del abismo más profundo.

Sugerencias para el predicador

Versículo 8.

Salmos 86:9

Versículo 9. «Todas las naciones que hiciste», y estas incluyen a toda la humanidad, puesto que todos descienden del primer Adán, criatura tuya, y sus vidas son todas creaciones distintas de tu omnipotencia. Todas ellas «vendrán» con corazones arrepentidos, por tu propio camino, a ti mismo, «y adorarán delante de ti, Señor». Porque estás así por encima de todos los dioses, los pueblos que han estado engañados durante tanto tiempo descubrirán por fin tu grandeza y te rendirán la adoración que se te debe: tú los creaste a todos, y a ti te rendirán todos homenaje. Esta era la razón de David para acudir al Señor en la angustia, pues sentía que un día todos los hombres reconocerían al Señor como el único Dios. Nos hace contentarnos con estar hoy en la minoría el saber que mañana la mayoría estará con nosotros, sí, y que la verdad será un día aceptada unánime y cordialmente. David no creía en la teoría de que el mundo irá de mal en peor y de que la dispensación acabará en tinieblas generales e idolatría. El sol de la tierra va a ponerse en una noche diez veces más oscura, si hemos de creer a algunos de nuestros hermanos profetas. No es eso lo que esperamos nosotros, sino que aguardamos el día en que los habitantes de todas las tierras aprenderán justicia, confiarán en el Salvador, te adorarán solo a ti, oh Dios, «y glorificarán tu nombre». La noción moderna ha enfriado mucho el celo de la iglesia por las misiones, y cuanto antes se muestre que no es bíblica, mejor para la causa de Dios. Ni concuerda con la profecía, ni honra a Dios, ni inspira ardor a la iglesia. Que sea echada lejos de aquí.

Sugerencias para el predicador

Versículo 9. La conversión segura del mundo, frente a las teorías modernas.

Salmos 86:10

Versículo 10. «Porque tú eres grande.» Antes había dicho: «tú eres bueno»; es algo grandioso cuando se unen la grandeza y la bondad; solo en el Ser divino existe cualquiera de las dos de manera absoluta y esencial. Dichosos nosotros, porque ambas existen en el Señor en igual grado. Ser grande y no bueno podría llevar a la tiranía en el rey, y ser bueno y no grande podría acarrear incontables calamidades a sus súbditos por parte de enemigos extranjeros, de modo que cualquiera de las dos alternativas sería terrible; si se funden las dos, tenemos un monarca en quien la nación puede descansar y regocijarse. «Y hacedor de maravillas.» Siendo bueno, se dice que está listo para perdonar; siendo grande, obra maravillas; podemos fundir ambas cosas, pues no hay maravilla tan maravillosa como el perdón de nuestras transgresiones. Todo lo que Dios hace o crea tiene maravilla en sí; él respira, y el viento es un misterio; habla, y el trueno nos asombra; hasta la margarita más común es un prodigio, y un guijarro encierra sabiduría. Solo para los necios resulta carente de interés cualquier cosa que Dios ha hecho: el mundo es un mundo de maravillas. Fíjense en que el verbo haces está en presente: el Señor está haciendo maravillas, están sucediendo ante nuestros ojos. ¿Dónde están? Miren los brotes que revientan en la primavera o los frutos que maduran en el otoño, contemplen el cielo o recorran el mar, observen los resultados de la providencia y las victorias de la gracia: en todas partes y en todo tiempo el gran taumaturgo extiende la vara de su poder.

«Sólo tú eres Dios.» Solo tú eras Dios antes que existieran tus criaturas; solo en tu deidad sigues siendo ahora que has dado vida a multitudes de seres; solo para siempre serás, pues nadie podrá nunca rivalizar contigo. La verdadera religión no hace componendas, no admite que Baal o Dagón sea un dios; es exclusiva y monopolizadora, y reclama para Jehová nada menos que todo. La cacareada liberalidad de ciertos profesores del pensamiento moderno no ha de ser cultivada por los creyentes en la verdad. La «amplitud filosófica» aspira a construir un Panteón y levanta un Pandemónium; no nos corresponde ayudar en tan mala obra. Con una intolerancia benévola, querríamos, por el bien de la humanidad y por la gloria de Dios, desengañar a los hombres acerca del valor de sus componendas: son pura traición a la verdad. No hemos de adorar a nuestro Dios como uno entre muchos seres buenos y verdaderos, sino como el único Dios; y su evangelio no ha de predicarse como uno de varios sistemas de salvación, sino como el único camino de salvación. Las mentiras pueden mirarse de frente bajo una misma cúpula; pero en el templo de la verdad la adoración es una e indivisible.

Sugerencias para el predicador

Versículo 10.

Salmos 86:11

Versículo 11. «Enséñame, oh Jehová, tu camino.» Instrúyeme así en todo tiempo, déjame vivir en tu escuela; pero enséñame ahora especialmente, puesto que estoy en angustia y perplejidad. Dígnate mostrarme el camino que tu sabiduría y tu misericordia han preparado para mi escape; mira, dejo a un lado toda terquedad y solo deseo ser informado acerca de tu mente santa y llena de gracia. No me des mi camino, sino enséñame tu camino; quiero seguirte a ti y no ser obstinado. «Andaré en tu verdad.» Una vez enseñado, pondré en práctica lo que sé; la verdad no será para mí una mera doctrina o un sentimiento, sino un asunto de la vida diaria. El verdadero siervo de Dios regula su andar por la voluntad de su amo, y por eso nunca anda con engaño, pues el camino de Dios es siempre verdad. La providencia tiene un camino para nosotros, y nuestra sabiduría es mantenernos en él. No hemos de ser como el buey al que hay que arrear y empujar porque no le gusta el camino, sino como hombres que van de buena gana adonde su amigo y ayudador de confianza les señala la senda. «Une mi corazón para que tema tu nombre.» Habiéndome enseñado un camino, dame un solo corazón para andar por él, pues con demasiada frecuencia siento un corazón y otro corazón, dos naturalezas en lucha, dos principios que pugnan por el dominio. Nuestras mentes tienden a dividirse entre una variedad de objetos, como arroyuelos que gotean y malgastan su fuerza en cien regueros; nuestro gran deseo debería ser que todas las aguas de nuestra vida se vertieran en un solo cauce, y que ese cauce se dirigiera solo hacia el Señor. El hombre de corazón dividido es débil; el hombre de un solo objetivo es el hombre. Dios, que creó los lazos de nuestra naturaleza, puede juntarlos, apretarlos, fortalecerlos y sujetarlos, y así fortalecidos y unidos interiormente por su gracia unificadora, seremos poderosos para el bien, pero no de otro modo. Temer a Dios es el comienzo, el crecimiento y la madurez de la sabiduría; por eso debemos entregarnos a ello sin división, en corazón y alma.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 11. Enséñame tu camino; andaré en tu verdad; une mi corazón. Aquí está el «Via, Veritas, Vita» del Evangelio (Jn 14:6). «Via tua, Veritas tua, Vita tua, Christus.» Cristo es nuestro Camino, Verdad y Vida, porque es Hombre unido a Dios y una sola sustancia con el Padre. —Christopher Wordsworth.

Versículo 11. Enséñame. No hay punto en el que el mundo esté más a oscuras que en el de su propia ignorancia; podríamos decir con verdad que «ignora su ignorancia»: sabe bastante cuando aprende de memoria unos pocos primeros principios de la religión; se consuela pensando que no es ateo porque cree que hay un Dios; pero en cuanto a conocer sus caminos, leyes, mente o cosas semejantes, no tiene nada que ver con ellas. La gente del mundo no se preocupa por ser iluminada; no siente una necesidad apremiante de ello; con toda probabilidad tiene el sentimiento instintivo de que, si fuera iluminada, sabría un poco más de lo que desea saber, de que su conocimiento recién adquirido estorbaría sus viejos hábitos y costumbres, y esta es una razón por la que toda enseñanza espiritual que va más allá de la superficie resulta desagradable a la mayoría de los hombres. No soportan ser puestos en contacto con Dios, salvo de manera general; ¡los pormenores de su carácter podrían no concordar muy bien con los pormenores de sus vidas! Hoy está de moda hablar de la ilustración del hombre y presentar la naturaleza humana como levantándose bajo su carga, esforzándose por alcanzar el conocimiento de la verdad; tal no es en realidad el caso, y siempre que hay un esfuerzo en la mente no enseñada por el Espíritu, se dirige hacia Dios como el gran Ser moral y no como el gran Ser espiritual. Un hombre no enseñado por el Espíritu Santo puede anhelar conocer a un Ser moral, pero nunca puede desear conocer a un Ser espiritual. —John Hyatt, 1767-1826.

Versículo 11. Enseña. La versión común del verbo aquí es demasiado vaga, pues no hace resaltar lo apropiado de este término para expresar la clase de enseñanza que se quiere decir específicamente. El significado original de la palabra hebrea es señalar o marcar el camino. —J.A. Alexander.

Versículo 11. Andaré en tu verdad. Conformarse a la Escritura. Llevemos vidas conforme a la Escritura. ¡Ojalá se viera que la Biblia está impresa en nuestras vidas! Haz lo que manda la Palabra. La obediencia es una excelente manera de comentar la Biblia. Que la Palabra sea el reloj de sol por el que ajustes tu vida. ¿De qué nos sirve tener las Escrituras si no dirigimos todas nuestras palabras y acciones conforme a ellas? ¿De qué le sirve a un carpintero tener su regla consigo si la guarda a la espalda y nunca la usa para medir y escuadrar? Así también, ¿de qué nos sirve la regla de la Palabra si no la usamos y no regulamos nuestras vidas por ella? —Thomas Watson.

Versículo 11. Andaré en tu verdad. Andar, en la Escritura, abarca toda nuestra conducta; y andar en algo da a entender plenitud de ello. Que un hombre ande en soberbia es algo más que ser soberbio: significa que la soberbia es su camino, su elemento; que está enteramente bajo su influencia. —William Jay.

Versículo 11. Une mi corazón para que tema tu nombre. El fin que deseaba asegurar era temer de verdad a Dios, o reverenciarlo y honrarlo como es debido; el medio que veía necesario para ello era que su «corazón» fuera «unido» en este único gran objetivo; es decir, que su corazón fuera sencillo en sus miras y propósitos; que no hubiera propósitos que distrajeran; que un solo gran fin estuviera siempre ante él. La palabra traducida unir, dxy, yahhad, aparece como verbo solo en tres lugares. En Gn 49:6 se traduce unido: «A su compañía, gloria mía, no seas tú unida.» En Is 14:20 se traduce reunido: «No serás reunido con ellos.» El adverbio, dxy, ya-hhad, aparece a menudo y se traduce juntos, Gn 13:6; 22:6, 8, 19; 36:7; et saepe. La idea es la de unión o conjunción; la de estar juntos; la de constituir uno; y esto se logra en el corazón cuando hay un gran objetivo dominante ante la mente al que no se permite que nada estorbe. Puede añadirse que no hay oración más apropiada que un hombre pueda ofrecer que la de que su corazón tenga tal unidad de propósito y que no se permita que nada estorbe ese supremo propósito. —Albert Barnes.

Versículo 11. Une mi corazón, etc. La sinceridad persigue un solo designio, y es agradar a Dios y gozar de él; ¿y qué puede afirmar y fijar más al alma en la hora de la tentación que esto? La razón por la que el hipócrita es inconstante en todos sus caminos nos la da el apóstol: es «hombre de doble ánimo», un hombre de dos almas en un cuerpo; como un malvado profano se jactó una vez de tener un alma para Dios y otra para cualquier cosa. Pero todos los designios de un corazón lleno de gracia están unidos en uno, y así toda la corriente de sus afectos corre con fuerza. Son los fines bajos y los intereses propios los que, como muchas zanjas abiertas en la orilla de un río, desvían la corriente de su cauce propio y hacen que sus aguas fallen. Pero si el corazón está unido para Dios, entonces podemos decir de tal cristiano lo que se dijo de un joven romano: «Lo que hace, lo hace con todas sus fuerzas.» Un hombre de un solo designio emplea toda su fuerza en llevarlo a cabo; nada puede resistírsele. La sinceridad pone la voluntad del hombre en sujeción a la voluntad de Dios; y hecho esto, el mayor peligro y la mayor dificultad han pasado para tal hombre. Este es aquel óleo santo que hace girar ágilmente las ruedas del alma, aun en las sendas difíciles de la obediencia. —John Flavel.

Versículo 11. Une mi corazón.

Dame tu corazón tal como yo te di el mío:

O dámelo al menos como yo

He dado el mío

Para comprar el tuyo.

No lo partí por la mitad cuando morí;

Sino que me entregué entero para ponerte en libertad.

El corazón que te di era un corazón vivo;

Y cuando tu corazón fue muerto por el pecado,

Yo entregué el mío

Para rescatar el tuyo,

Para que tu corazón muerto volviera a vivir,

Y viviera enteramente perfecto, no en parte.

Pero mientras tu corazón esté dividido, está muerto;

Muerto para mí, a menos que viva

Para mí solo,

Todo es lo mismo

Guardarlo todo y dar una parte:

¡Pues qué vale un cuerpo sin cabeza!

Pero esto es peor, que lo que me retienes

Lo concedes a mis enemigos

Y no son solo míos,

Sino tuyos también;

Las causas propias de tus males,

De quienes yo te di mi vida para librarte.

¿Te he desposado conmigo, y habrán de

El diablo y el mundo intrometerse

En mi derecho,

Aun a mi vista?

No pienses que puedes engañarme así:

No quiero nada, a menos que pueda tenerlo todo.

Yo lo hice todo, te lo di todo,

Di todo lo que tenía por él:

Si he de perder,

Prefiero elegir

Renunciar a mi interés en todo:

O guárdalo entero, o dámelo entero a mí. —Francis Quarles, en "The School of the Heart."

Versículo 11. Une mi corazón para que tema tu nombre.

En nudos que jamás se suelten,

Ata mi corazón a ti para siempre,

Para que a tu nombre yo lleve

Un amor temeroso y un temor amoroso. —Francis Davison.

Sugerencias para el predicador

Versículo 11. En la disposición de ánimo que expresan estas palabras, el creyente se opone a cuatro clases de carácter.

Versículo 11. El cristiano como estudioso, como hombre de acción y como hombre de devoción.

Versículo 11. Santidad enseñada, verdad practicada, Dios adorado; y así la vida perfeccionada.

Versículo 11. (cláusula central). Debemos andar en la creencia de la verdad, su práctica, su disfrute y su profesión. —William Jay.

Versículo 11. (tercera parte). La necesidad, el beneficio y lo razonable de entregar todo el corazón en la religión.

Salmos 86:12

Versículo 12. «Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón.» Cuando mi corazón sea uno, te lo daré entero. La alabanza nunca debe rendirse con menos que todo nuestro corazón, alma y fuerzas, o será irreal e inaceptable. Esta es la segunda vez en el salmo que David llama al Señor «mi Dios»; la primera vez estaba en agonía de oración (v. 2), y ahora está en éxtasis de alabanza. Si algo puede hacer que un hombre ore y alabe, es el saber que el Señor es su Dios. «Y glorificaré tu nombre para siempre.» La gratitud prolongará su alabanza por la eternidad. Dios nunca termina de bendecirnos; que nosotros nunca terminemos de bendecirlo a él. Así como él nos da siempre gracia, démosle nosotros siempre la gloria de ella.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 12. Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón; y glorificaré tu nombre. Glorificamos a Dios alabándolo. La doxología, o alabanza, es una obra que exalta a Dios. Sal 50:23: «El que me ofrece sacrificio de alabanza me honrará.» La palabra hebrea Bara, crear, y Barak, alabar, difieren poco, porque el fin de la creación es alabar a Dios. Aunque nada puede añadir a la gloria esencial de Dios, la alabanza lo exalta a los ojos de otros. Cuando alabamos a Dios, difundimos su fama y renombre, exhibimos los trofeos de su excelencia. De esta manera lo glorifican los ángeles; son los coristas del cielo y hacen resonar su alabanza como trompetas. Alabar a Dios es uno de los actos más elevados y puros de la religión. En la oración actuamos como hombres; en la alabanza actuamos como ángeles. A los creyentes se les llama «templos de Dios», 1 Co 3:16. Cuando nuestras lenguas alaban, suenan entonces los órganos del templo espiritual de Dios. ¡Qué triste es que Dios no reciba más gloria de nosotros por este medio! Muchos están llenos de murmuración y descontento, pero rara vez traen gloria a Dios dándole la alabanza debida a su nombre. Leemos de santos que tienen arpas en las manos, emblemas de la alabanza. Muchos tienen lágrimas en los ojos y quejas en la boca, pero pocos tienen arpas en las manos, bendiciendo y glorificando a Dios. Honremos a Dios de esta manera. La alabanza es el canon que pagamos a Dios: mientras Dios renueva nuestro arriendo, nosotros debemos renovar nuestra renta. —Thomas Watson.

Versículo 12. Te alabaré, oh Señor, etc. Un alma como la de David se ensancha para hablar en alto de Dios: Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón; y glorificaré tu nombre para siempre. ¡Ay, pobre criatura, cómo puedes proclamarlo «para siempre»? Un alma encendida de deseo de alabar a Dios arde por cosas más perfectas y más duraderas de lo que puede realizar. «El querer el bien está en ella», etc. ¡Miren los alcances y anhelos de tal alma, cómo se hincha en deseos de glorificar a Dios! —Thomas Goodwin.

Versículo 12. Con todo mi corazón. Cuando mi corazón esté unido para temer tu nombre, entonces te alabaré con todo mi corazón. —Adam Clarke.

Sugerencias para el predicador

Versículo 12. —El arte de alabar a Dios de corazón.

Salmos 86:13

Versículo 13. «Porque tu misericordia es grande para conmigo.» La experiencia personal es siempre la maestra del canto. Seas lo que seas para otros, para mí tu misericordia es la más notable. El salmista pretende cantar entre los que más alto cantan, porque su deuda con la misericordia divina es de las mayores. «Y has librado mi alma de las profundidades del Seol.» De la muerte más espantosa y de la deshonra más profunda había guardado Dios a David, pues sus enemigos habrían hecho más que enviarlo al infierno si hubieran podido. Su sentido del pecado le hacía sentir además como si la destrucción más abrumadora hubiera sido su porción de no haberla impedido la gracia; por eso habla de liberación de la morada más honda de los espíritus perdidos. Hay algunos vivos ahora que pueden usar este lenguaje sin fingimiento, y el que escribe estas líneas confiesa con toda humildad que es uno de ellos. Si me hubieran dejado a mí mismo, a dar rienda suelta a mis pasiones, a lanzarme adelante con mi vehemencia natural y a desafiar al Señor con la temeridad de la ligereza, ¡qué candidato al abismo más profundo me habría hecho ya a esta hora! Para mí no había sino una alternativa: gran misericordia, o el infierno más profundo. Con todo mi corazón canto: «Tu misericordia es grande para conmigo, y has librado mi alma del infierno más profundo.» El salmista toca aquí de nuevo una nota audaz y gozosa, pero pronto la cambia por la cuerda lastimera.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 13. El infierno se pone metafóricamente por peligros grandes y extremos, o miserias que parecen irremediables y sin remedio; se les llama figuradamente infierno porque el infierno, propiamente tomado, es un lugar del que no hay recuperación. No hay liberación de las cadenas de tinieblas: todos los cambios son en la tierra; el cielo y el infierno no conocen ninguno. Cuando David alaba al Señor por haber librado su alma del infierno más profundo, se refiere a un estado en la tierra del más bajo y hondo peligro imaginable: la misericordia lo ayudó en lo peor. Estar tan bajo como el infierno es estar en lo más bajo. —Joseph Caryl.

Versículo 13. El infierno más profundo. Según las tradiciones judías, hay siete regiones distintas en la morada de las almas de los difuntos. —Daniel Creswell.

Versículo 13. Has librado mi alma del infierno más profundo. Alguien con una causa enojosa iba a ser enviado a la cárcel; viene otro y lo defiende; ¿qué dice aquel cuando se lo agradece? Has librado mi alma de la cárcel. Un deudor iba a ser torturado; se paga su deuda; se dice que fue librado de la tortura. No estaban en todos esos males; pero como estaban en tal camino hacia ellos que, si no se les hubiera traído ayuda, habrían caído en ellos, dicen con razón que fueron librados de allí, adonde sus libertadores no permitieron que los llevaran. —Agustín.

Versículos 13, 16. No hay argumento más fuerte de la infalible disposición de Dios a conceder nuestras peticiones que la experiencia de sus concesiones anteriores. Así razona David: «Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo», 1 S 17:37. Este es el argumento a priori, la voz de una fe fuerte, que persuade a la conciencia de que Dios será misericordioso con él porque ha sido misericordioso. Así consolaba a menudo el profeta su alma: «Estando yo en angustia, tú me hiciste ensanchar»; por tanto, «ten misericordia de mí, y oye mi oración», Sal 4:1. Así también: Has librado mi alma del infierno más profundo; por tanto, vuélvete a mí y ten misericordia de mí. Que los justicieros deduzcan argumentos de sus propios méritos presentes; mi alma, de las misericordias anteriores de Dios. Tú, oh Señor, me hiciste bueno, me restauraste cuando era malo; por tanto ten misericordia de mí, miserable pecador, y dame tu salvación. Así fundó Pablo su seguridad: porque el Señor lo había acompañado y lo había librado de la boca del león; por tanto, el Señor me librará todavía de toda obra mala y me preservará para su reino celestial. 2 Ti 4:17-18. —Thomas Adams.

Sugerencias para el predicador

Versículo 13.

Versículo 13. (primera parte). —La misericordia de Dios es grande en la elección, la redención, el llamamiento, el perdón, el sostén, etc. Lo es en este mismo momento, al suplir mis necesidades, preservarme del peligro, consolarme en el dolor, etc. Grande es tu misericordia para conmigo: tan gran pecador, con tales necesidades, tan provocador, tan lleno de dudas, etc.

Versículos 13-15. Los tres versículos describen la salvación, la persecución consiguiente y el consuelo que lo suple todo.

Salmos 86:14

Versículo 14. «Oh Dios, los soberbios se levantaron contra mí.» No podían dejar en paz al pobre siervo de Dios; su andar con Dios era como humo en sus ojos, y por eso resolvieron destruirlo. Nadie odia tan ferozmente a los hombres buenos como los altivos y dominantes. «Y conspiración de violentos ha buscado mi vida.» Unidos buscaban los opresores la vida del hombre bueno; cazaban en jauría, con olfato agudo y pie ansioso. En tiempos de persecución, muchos santos han usado estas palabras refiriéndose a los obispos papistas y a los inquisidores. «Y no te pusieron delante de sí.» No habrían molestado al siervo si les hubiera importado un ápice el amo. Los que no temen a Dios no temen cometer actos violentos y crueles. Un ateo es un misántropo. La irreligión es pariente de la inhumanidad.

Salmos 86:15

Versículo 15. «Mas tú, Señor.» ¡Qué contraste! Nos alejamos de las bravatas y fanfarronadas de hombres soberbios pero insignificantes para llegar a la gloria y la bondad del Señor. Dejamos la espuma bulliciosa de las olas agitadas por el mar de vidrio mezclado con fuego, sereno y en calma. «Eres Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad.» Una doxología verdaderamente gloriosa, en la que no hay una sola palabra superflua. Como ya hemos observado, está transcrita en lo principal de Éx 34:6. Aquí hay compasión para los débiles y afligidos, gracia para los que no la merecen, paciencia para los provocadores, misericordia para los culpables y verdad para los probados. El amor de Dios adopta muchas formas y es amable en todas. En cualquier estado en que seamos arrojados, hay un matiz peculiar en la luz del amor que armonizará con nuestra condición; el amor es uno y sin embargo séptuple, su rayo blanco contiene la escala cromática. ¿Estamos tristes? Hallamos al Señor lleno de compasión. ¿Luchamos con la tentación? Su gracia viene en nuestra ayuda. ¿Erramos? Es paciente con nosotros. ¿Hemos pecado? Es grande en misericordia. ¿Descansamos en su promesa? La cumplirá con abundante verdad.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 15. Tú, oh Señor, Adonai, eres Dios; El, el Dios fuerte, lleno de compasión; las mismas palabras que usa Moisés. En lugar de Jehová se usa Adonai, «oh Señor»; pero El, Dios fuerte, es la misma palabra. El sentido es: que toda la fuerza y el poder que tú, Dios fuerte, tienes en ti sean para mi provecho. Ahora bien, ¿no es una petición atrevida decir: Señor, ¿me darás toda tu fuerza para ayudarme? Una petición muy atrevida en verdad; pero su misericordia lo mueve a concederla. Pídele, pues, así: Tú eres un Dios misericordioso y clemente, ¡dame tu fuerza! Tú, oh Dios, entregas todos tus atributos a tus hijos, para servir a su provecho además de servir a tu propia gloria; ¡dame tu fuerza! —Thomas Goodwin.

Versículo 15. Lleno de compasión. La palabra original Rachum es muy enfática; significa la ternura que tienen los padres hacia sus hijos cuando se les conmueven las entrañas. —"Critical and Practical Exposition of the Pentateuch." 1748.

Sugerencias para el predicador

Versículo 15. Los matices de la luz del amor. Compasión ante el sufrimiento, gracia hacia la indignidad, paciencia ante la provocación, misericordia hacia el pecado, verdad hacia la promesa.

Salmos 86:16

Versículo 16. «Vuélvete a mí.» Como si el rostro de Dios hubiera estado antes apartado con ira, el suplicante pide que vuelva el favor sentido. Un volverse del rostro de Dios convertirá en día todas nuestras tinieblas. «Y ten misericordia de mí»; eso es todo lo que pide, pues es humilde de corazón; eso es todo lo que quiere, pues la misericordia responde a todas las necesidades de un pecador. «Da tu poder a tu siervo.» Cíñeme con él para que pueda servirte, guárdame con él para que no sea vencido. Cuando el Señor nos da su propia fuerza, somos suficientes para todas las emergencias y no tenemos motivo para temer a ningún adversario. «Y guarda al hijo de tu sierva.» Quería decir que era un siervo de Dios nacido en casa. Así como los hijos de los esclavos eran propiedad de su amo por nacimiento, él se gloriaba de ser hijo de una mujer que a su vez pertenecía al Señor. Lo que otros podrían pensar una ilustración degradante, él lo usa con deleite, para mostrar cuán intensamente amaba el servicio del Señor; y también como razón para que el Señor interviniera a rescatarlo, puesto que no era un siervo recién comprado, sino que había estado en la casa desde su mismo nacimiento.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 16. Guarda al hijo de tu sierva. Líbrame a mí, que soy tan enteramente tuyo como el hijo de una esclava nacido en la casa de su amo, que le pertenece por derecho. Gn 14:14; Jer 2:14. —William Keatinge Clay.

Sugerencias para el predicador

Versículo 16.

Versículo 16. En qué aspectos un siervo de Dios puede ser ceñido de poder divino.

Salmos 86:17

Versículo 17. «Haz conmigo señal para bien.» Que yo tenga la seguridad de tu misericordia siendo librado de la angustia.

«Y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados.»

«Muestra alguna señal de tu favor,

Alguna señal que todos mis enemigos vean;

Y llenos de confusión sepan

Que mi consuelo y mi ayuda están en ti.»

Lo que es presagio de bien para mí los hará temblar y ruborizarse. Defraudados y derrotados, los enemigos del hombre bueno se avergonzarían de lo que habían tramado. «Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste.» Dios no hace nada a medias: a los que ayuda también los consuela, y así no solo los pone a salvo, sino gozosos. Esto desagrada en extremo a los enemigos del justo, pero trae al Señor doble honra. Señor, trata así con nosotros para siempre, y te glorificaremos por los siglos de los siglos. Amén.

Notas explicativas y dichos pintorescos

Versículo 17. Haz conmigo señal para bien. Estas palabras no implican necesariamente, como algunos piensan, que David pida una señal específica o milagrosa; él considera la liberación misma como una señal. Preguntamos: ¿no es verdad que, en la misma medida en que reconocemos la influencia misteriosamente rectora de Dios en los acontecimientos de cada día, consideramos como señales y milagros cosas que a otros les parecen corrientes? —Augustus F. Tholuck.

Versículo 17. Quizá la señal para bien signifique aquel gozo espiritual que pidió al comienzo del salmo, cuando dijo: «Alegra el alma de tu siervo», pues tal gozo para un alma santa en la tribulación es la señal más clara de la gracia de Dios, y a la vista de él todo género de perseguidores quedan confundidos; y entonces el sentido sería: «haz conmigo señal para bien»; dame la gracia de aquel gozo espiritual que se manifieste exteriormente en mi semblante, «para que los que me aborrecen» vean tal calma y tranquilidad de alma, «y sean confundidos»; porque tú, oh Señor, me has ayudado en la lucha, me has consolado en mi dolor y ya has convertido mi tristeza en gozo y alegría interior. —Roberto Belarmino.

Versículo 17. Haz conmigo señal para bien puede traducirse «hazme una señal para bien». Weiss lo parafrasea: «hazme de tal modo una señal o monumento de bien que todos mis enemigos queden detenidos por ella y se acobarden de dañar a un hombre tan asistido por el Señor.»

Versículo 17. Me ayudaste, en la lucha; y me consolaste, en el dolor. —Agustín.

Sugerencias para el predicador

Versículo 17. Qué sentimientos interiores y qué providencias exteriores son «señales para bien».

Traducción del inglés hecha con IA para Berea.