El tesoro de David · Charles H. Spurgeon
Salmo 89: comentario de Charles H. Spurgeon (El tesoro de David)
Resumen del capítulo
Hemos llegado ahora al majestuoso Salmo del pacto, que, según la ordenación judía, cierra el libro tercero de los Salmos. Es la voz de un creyente que, ante un gran desastre nacional, ruega a su Dios, urgiendo el gran argumento de los compromisos del pacto y esperando liberación y socorro por la fidelidad de Jehová.
Título
Masquil. Con toda propiedad se lo llama Masquil, pues es sumamente instructivo. Ningún tema es más importante ni es tanto la llave de toda la teología como el del pacto. Quien es enseñado por el Espíritu Santo a tener claridad sobre el pacto de gracia será un escriba bien instruido en las cosas del reino; aquel cuya teoría doctrinal es una mezcolanza de obras y gracia apenas es apto para ser maestro de niños. De Etán ezraíta: quizá la misma persona que Jedutún, que fue músico en el reinado de David; se hizo notar por su sabiduría en los días de Salomón y probablemente sobrevivió hasta los problemas del período de Roboam. Si este es el hombre, debió de escribir este salmo en su vejez, cuando las aflicciones venían densas y pesadas sobre la dinastía de David y la tierra de Judá; esto no es nada improbable, y hay mucho en el salmo que apunta en esa dirección.
División
El poeta sagrado comienza afirmando su fe en la fidelidad del Señor a su pacto con la casa de David, y hace su primera pausa en el Sal 89:4. Luego alaba y magnifica el nombre del Señor por su poder, justicia y misericordia, Sal 89:5-14. Esto lo lleva a cantar la felicidad del pueblo que tiene tal Dios por su gloria y defensa, Sal 89:15-18. Recita los términos del pacto por extenso, con evidente deleite, Sal 89:19-37, y luego vierte dolorido su queja y su petición, Sal 89:38-51, cerrando el todo con una cordial bendición y un doble Amén. Que el Espíritu Santo bendiga ricamente para nosotros la lectura de este preciosísimo salmo de instrucción.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Todo el salmo. El presente salmo forma pareja con el precedente. Es un Allegro espiritual frente a aquel Penseroso… Aquel salmo era un treno del tiempo de la Pasión; este salmo es un villancico de Navidad. Christopher Wordsworth.
Todo el salmo. Hay muchos pasajes en este salmo que evidencian claramente que debe interpretarse de Cristo; sí, hay muchas cosas en este salmo que nunca pueden aplicarse clara, pertinente y adecuadamente a nadie sino a Jesucristo. Como muestra, véase Sal 89:19: «He puesto el socorro sobre uno que es poderoso», poderoso para perdonar, reconciliar, justificar, salvar, llevar a la gloria; conforme a lo del apóstol en He 7:25: «puede salvar perpetuamente», es decir, a todos los fines y propósitos, perfecta, completa, plena, continua y perpetuamente. Cristo es un Salvador cabal, un Salvador poderoso: Is 63:1, «poderoso para salvar». No hace falta que venga nadie después de él para terminar la obra que él ha comenzado. Sal 89:19: «he exaltado a un escogido de mi pueblo», que es el título mismo que se da a nuestro Señor Jesús: Is 42:1, «He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento». Sal 89:20: «Hallé a David mi siervo.» Cristo es llamado con muchísima frecuencia por ese nombre, como el más querido de Dios y el más estimado y valorado por Dios, y como tipificado por él tanto en cuanto rey como en cuanto profeta de su iglesia. Sal 89:20: «Lo ungí con mi santo óleo»; conforme a lo de Cristo en Lc 4:18: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres»; y por tanto no hemos de dudar de la excelencia, autoridad, certeza y suficiencia del evangelio. Sal 89:27: «Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra.» Cristo es el primogénito de toda creación, y en todo tiene la preeminencia. Sal 89:29: «Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos.» Esto se dice principalmente de Cristo y su reino. El cielo visible es corruptible, pero el reino de los cielos es eterno; y tal será la descendencia, el trono y el reino de Cristo. Sal 89:36: «Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí.» «Verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada», Is 53:10. «Y su trono como el sol delante de mí»; es decir, perpetuo y glorioso, como lo explica el targum caldeo: resplandecerá como el sol. Otros reinos y tronos tienen sus tiempos y sus turnos, su auge y su ruina, pero no así el reino y el trono de Jesucristo. El dominio de Cristo es «dominio eterno, que nunca pasará; y su reino uno que no será destruido», Dn 7:13-14. Podría dar más ejemplos tomados de este salmo, pero basta, que lo bastante es tan bueno como un banquete. Ahora dice Dios: «Con él he hecho pacto»; así pues, hay un pacto que Dios el Padre ha hecho con Cristo el Mediador; pacto que el Padre se compromete con el Hijo a que permanecerá firme, y no habrá cancelación ni anulación de él. Dios el Padre no solo ha hecho un pacto de gracia con los santos en Cristo, sino que ha hecho también un pacto de redención, como lo llamamos para distinguirlo, con Jesucristo mismo: «Mi pacto será firme con él»; es decir, con Cristo, como hemos demostrado plenamente. Thomas Brooks.
Salmos 89:1
Versículo 1. «Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente.» Una resolución devota, y muy encomiable cuando un hombre se ve ejercitado con gran aflicción por una aparente desviación del Señor de su pacto y su promesa. Sea lo que fuere lo que observemos fuera o experimentemos en nuestras propias personas, debemos seguir alabando a Dios por sus misericordias, ya que ciertísimamente permanecen las mismas, las percibamos o no. El sentido canta solo de vez en cuando, pero la fe es una cantora eterna. Canten o no canten los demás, los creyentes nunca deben cesar; en ellos debe haber constancia de alabanza, ya que el amor de Dios hacia ellos no puede de ninguna manera haber cambiado, por mucho que la providencia parezca fruncir el ceño. No solo hemos de creer la bondad del Señor, sino regocijarnos en ella siempre; es la fuente de todo nuestro gozo, y como no puede secarse, así el arroyo nunca debe dejar de fluir ni de destellar en el cristal centelleante del canto. No tenemos una sola, sino muchas misericordias de que gozarnos, y debemos por tanto multiplicar las expresiones de nuestra gratitud. Es Jehová quien se digna repartirnos nuestros beneficios diarios, y él es el Dios todo suficiente e inmutable; por eso nuestro regocijo en él nunca debe sufrir merma. De ningún modo se prive al tesoro de su gloria de la renta continua que le debemos. Ni siquiera el tiempo mismo debe poner límite a nuestras alabanzas: deben saltar a la eternidad; él nos bendice con misericordias eternas: cantémosle perpetuamente.
«De generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca.» Las declaraciones del presente instruirán a las generaciones futuras. Lo que cantó Etán es ahora un libro de texto para los cristianos, y lo será mientras dure esta dispensación. En todo lo que escribimos debemos tener puesto el ojo en la posteridad, pues somos los maestros de escuela de las edades venideras. Etán habló primero con su boca lo que registró con su pluma: digno ejemplo de usar ambos medios de comunicación; la boca tiene un modo más cálido que la pluma, pero el habla de la pluma vive más tiempo y se oye más lejos y más ampliamente. Al leer este salmo es tal la frescura del estilo que uno parece oírlo brotar de la boca del poeta; hace que las letras vivan y hablen, o más bien, que nos canten. Nótese que en esta segunda frase habla de fidelidad, que es la misericordia de las misericordias de Dios, la joya más brillante en la corona de la bondad. La gracia de un Dios infiel sería un pobre tema para la música, pero el amor inmutable y las promesas inmutables exigen cantos eternos. En tiempos de aflicción, la fidelidad divina es de lo que el alma se cuelga; esta es el ancla de esperanza del alma, su asidero y su sostén. Porque Dios es, y será siempre, fiel, tenemos un tema de canto que no pasará de moda para las generaciones futuras; nunca se gastará, nunca será refutado, nunca será innecesario, nunca será un tema ocioso y sin valor para la humanidad. Será también siempre deseable darlo a conocer, pues los hombres son demasiado propensos a olvidarlo, o a dudar de él, cuando los tiempos difíciles los apremian. No podemos multiplicar demasiado los testimonios de la fiel misericordia del Señor: si nuestra propia generación no los necesitara, los necesitarán otras; los escépticos están tan prontos a repetir viejas dudas y a inventar otras nuevas que los creyentes deberían estar igualmente prontos a aportar pruebas, tanto antiguas como nuevas. Quienquiera que descuide este deber, los que son muy favorecidos, como lo fue Etán, no deben quedarse atrás.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 1. Este versículo breve contiene el resumen, la médula y el argumento de todo el largo salmo; en él observa el tema del canto, la misericordia y la verdad del Señor, manifestadas al mundo entero en general, y a la casa de David (es decir, la iglesia) en especial. El deber del cantor: magnificar siempre las misericordias de Dios, de una generación a otra. Y por todos los medios: con su boca, pues eso se expresa en este versículo; con su mente, pues eso está implícito en el siguiente: «Dije», etc., es decir, creí en mi corazón, y por eso lo hablé con mi lengua, Sal 116:10. «Porque de la abundancia del corazón habla la boca», Mt 12:34. John Boys.
Versículo 1. «Cantaré.» Hay que observar que no dice: hablaré de la bondad del Señor, sino: cantaré. La celebración de la bondad divina ha unido a sí el gozo y el alborozo de un espíritu piadoso, que no puede derramarse mejor que en el canto. Esa amenidad y exuberancia de un espíritu feliz, que cantando se infunde en los oídos de los oyentes, tiene un maravilloso poder de mover los afectos; de modo que no en vano los espíritus piadosos fueron enseñados por el Espíritu Santo a inculcar la maravillosa obra de Dios en cantos compuestos para este fin, a confiarlos a la memoria y a disponer que se cantaran. Musculus.
Versículo 1. «Cantaré.» El salmista tiene que hacer una queja muy triste sobre la deplorable condición de la familia de David en este tiempo, y sin embargo comienza el salmo con cantos de alabanza; porque en todo, en cualquier estado, debemos dar gracias. Pensamos que cuando estamos en aflicción nos aliviamos quejándonos; pero hacemos más: obtenemos gozo alabando. Que nuestras quejas se conviertan, pues, en acción de gracias; y en estos versículos hallamos lo que será materia de alabanza y de acción de gracias para nosotros en los peores tiempos, sea en lo personal o en lo público. Matthew Henry.
Versículo 1. «Cantaré perpetuamente las misericordias de Jehová.» San Gregorio Magno plantea aquí la cuestión de cómo es compatible un canto perpetuo de las misericordias de Dios con la bienaventuranza sin mezcla del cielo, ya que el pensamiento de la misericordia lleva consigo el recuerdo del pecado y del dolor que necesitaron misericordia, mientras que Isaías dice que «las angustias antiguas serán olvidadas», y «no habrá memoria de las cosas primeras, ni vendrán más al pensamiento» (Is 65:16-17). Y responde que será como el recuerdo de una enfermedad pasada en tiempo de salud, sin mancha, sin pesar, y sirviendo solo para realzar la felicidad de los redimidos, por contraste con el pasado, y para aumentar su amor y gratitud hacia Dios. Y así canta el cluniacense (Bernardo de Cluny):
«Sus pechos están llenos de alegría,
sus bocas afinadas para la alabanza,
cuando, ya a salvo para siempre,
contemplan sus antiguos pecados:
cuanto más vil fue el error,
cuanto más triste fue la caída,
tanto más amplias son las alabanzas
de aquel que lo perdonó todo».
Nótese también que dice «con mi boca», no con la de ningún delegado; haré notoria, no en secreto ni con timidez, no en un susurro, sino que predica con denuedo tu fidelidad, o verdad, no mi propia opinión, y mucho menos mi propia falsedad, sino tu Verdad, que es tu Hijo unigénito. Gregorio, Bernardo, Hugo y Agustín, citados por Neale y Littledale.
Versículo 1. Misericordias. La palabra puede traducirse gracias, bondades, benignidades, y designa la abundancia de gracia. John Gill.
Versículo 1. Las misericordias. Sus múltiples y diversas misericordias: como si dijera, hemos gustado más de una; sí, hemos sentido todas sus misericordias; por tanto, las alabaré por siempre. Cantaré su misericordia por haber creado este universo, que es el macrocosmos, un gran mundo; y por haber hecho al hombre, que es el microcosmos, un pequeño mundo.
- Mi canto expondrá su bondad por haberme dado el ser.
- Por haber añadido a mi ser la vida, que niega a las piedras.
- A la vida, el sentido, que niega a las plantas.
- Al sentido, el habla y el entendimiento, que niega a las bestias brutas…
Estoy sobremanera obligado a Dios por haberme creado cuando no era, y por haberme guardado bajo sus alas desde que fui; pero estoy aún más obligado a su misericordia por haberme redimido, por haberme bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo su Hijo (Ef 1:1-23; 3:1-21), por haberme elegido, por haberme llamado, por haberme justificado, por haberme santificado. Estas gracias son las riquezas de su bondad y de su gloria, misericordiæ in æternum, misericordias eternas, pues se extienden desde la predestinación eterna hasta la glorificación eterna. Oh Señor, cantaré siempre tus misericordias al prometer, y mostraré siempre tu verdad al cumplir la promesa hecha a David, tu siervo escogido, acerca de tu Hijo, mi Salvador, al decir: «Confirmaré tu descendencia para siempre». Así exponen los padres nuestro texto: cantaré siempre tus misericordias al dignarte enviar a tu Hijo a visitar a tus siervos, enfermos de muerte por el pecado. Primero cantaré siempre tu misericordia, y luego mostraré siempre tu fidelidad. Neque enim exhiberetur veritas in impletione promissorum nisi præcederet misericordia in remissione peccatorum. (Pues la verdad, en el cumplimiento de las promesas, no se mostraría, si no la precediera la misericordia en el perdón de los pecados.) Y ¿qué es la misericordia de Dios edificada para siempre, y su verdad afirmada en los cielos, sino lo que Isaías llama «las misericordias firmes a David»; es decir, como interpreta Pablo a Isaías, la santa promesa hecha a David, y la promesa hecha a David es brevemente esta: «Confirmaré tu descendencia para siempre, y edificaré tu trono por todas las generaciones». John Boys.
Versículo 1. Perpetuamente. Sé que algunos unen in æternum al sustantivo misericordias, y no al verbo cantabo, dando este sentido: cantaré siempre tus misericordias que duran para siempre. Pero siempre se refiere tan bien, si no mejor, al verbo cantaré: como quien dijera: Señor, tus misericordias son tan manifiestas y tan múltiples, tan grandes en su número y tan buenas en su naturaleza, que siempre, mientras tenga ser alguno, cantaré alabanzas a ti. Quizá algunos objeten: «Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo; la hierba se seca, y se marchita la flor» (Is 40:6-7). David, perseguido por Saúl, dijo: «No hay más que un paso entre mí y la muerte» (1 S 20:3). No, David, tu vida es más corta que un paso, sino «de un palmo», como tú mismo testificas, Sal 39:5. ¿Cómo puede, pues, el que mendiga su pan solo para un día prometer gastar su aliento en magnificar al Señor para siempre? Se responde que el profeta no solo alabará las misericordias del Señor de palabra, sino que también las consignará por escrito. Ut sciat hæc ætas, posterítasque legat (Eobanus Hessus). (Para que esta edad lo sepa, y la posteridad lo lea.) Así como la lengua del profeta se llama en otro lugar «pluma de escribiente», así el escrito del profeta se llama aquí su boca, como dice Eutimio sobre el lugar (Hch 4:25): Liber Psalmorum os David (El libro de los Salmos es la boca de David). Se propone anotar las misericordias de Dios y exponer su verdad en un libro, que dejará tras de sí (como instrumento) para transmitirlas de generación en generación, de la generación de los judíos a la generación de los cristianos. O del Antiguo Testamento al Nuevo: pues los bienaventurados apóstoles en sus sermones citan por lo común sentencias de los Salmos. San Pedro nos dice que el evangelio fue predicado a los muertos (1 P 4:6); así podemos decir que el evangelio es predicado por los muertos. Pues los padres más antiguos y otros autores juiciosos, que han gastado sus días escribiendo doctas exposiciones y piadosas meditaciones sobre las Santas Escrituras, aunque estén muertos, «cantan todas las misericordias del Señor y muestran la verdad de su palabra de una generación a otra». Se cuenta en nuestras crónicas de Athelstan: parum ætati vixit, multum gloriæ (vivió poco de tiempo, pero mucho de gloria). Así han vivido muchos doctores celosos y laboriosos (en cuanto a su edad) poco, pero en cuanto a sus obras mucho tiempo, brillando todavía en sus trabajos y escritos como luminares del mundo. O puede decirse que el profeta canta siempre por intención, aunque no de hecho. Pues como el impío, si pudiera vivir siempre, pecaría siempre, así el bueno (si Dios le permitiera respirar siempre en la tierra) cantaría siempre las misericordias del Señor. John Boys.
Versículo 1. Con mi boca. El autor ha oído alabanzas continuas de una lengua medio devorada por el cáncer. ¿Qué uso estás haciendo, amado lector, de tu lengua? Philip Bennett Power.
Sugerencias para el predicador
Versículo 1.
- Misericordias celebradas. ¿Cuándo? «Perpetuamente».
- ¿Por quién? Por quienes son sus objetos.
- Por tanto, deben vivir para siempre para celebrarlas.
- Fidelidad declarada. (a) A nuestra propia generación. (b) A las generaciones siguientes, por su influencia sobre otros.
Salmos 89:2
Versículo 2. «Porque dije: Para siempre será edificada misericordia.» Su corazón estaba persuadido de ello, y lo había afirmado como una verdad indiscutible. Estaba seguro de que sobre un fundamento firme el Señor pensaba levantar un glorioso palacio de bondad, una casa de refugio para todos los pueblos, en la cual el Hijo de David sería para siempre glorificado como dispensador de la gracia celestial. «En los cielos mismos afirmarás tu verdad.» Este divino edificio, sentía seguro, se alzaría hasta los cielos y estaría rematado de torres de fidelidad divina, así como sus cimientos estaban puestos en amor eterno. La fidelidad de Dios no es cosa de la tierra, pues aquí nada es firme y todo tiene el sabor de los cambios de la luna y la inconstancia del mar: el cielo es el lugar de nacimiento de la verdad, y allí mora en vigor eterno. Como el arco azul sobre nosotros permanece sin menoscabo por la edad, así la verdad del Señor; como en el firmamento cuelga su arco de pacto, así en los cielos más altos la fidelidad de Dios está entronizada en gloria inmutable. Esto dijo Etán, y esto podemos decir nosotros: pase lo que pase, la misericordia y la fidelidad son edificadas por «el Constructor eterno», y su propia naturaleza es la garantía de su perpetuidad. Esto debe recordarse siempre que la iglesia esté en aflicción o nuestro propio espíritu esté abatido por el pesar.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 2. «Dije.» La palabra ytrma, «dije», se usa en el libro de los Salmos para expresar dos cosas: o un propósito firme, o una opinión asentada de quien habla. El salmista, pues, pronuncia todo este segundo versículo en su propia persona, y no introduce a Dios hablando hasta el siguiente. Samuel Horsley.
Versículo 2. «Dije», etc. La perpetuidad de la misericordia es una pieza eminente de este salmo, pues con ella comienza: «Para siempre será edificada misericordia», etc. Y son las misericordias firmes de nuestro David espiritual (Cristo), quiere decir. Ahora bien, para exponer su perpetuidad, usa primero palabras que expresan firmeza, como afirmada, edificada para siempre, Sal 89:2, 4. Luego usa semejanzas tomadas de las cosas que se tienen por más firmes e inviolables entre los hombres, como en el Sal 89:4, fœdus incidi, he cortado o grabado mi pacto (así en el hebreo), aludiendo a lo que entonces estaba en uso cuando se hacían pactos mutuos que pretendían ser inviolables y no quebrantarse jamás; para significarlo, los grababan y cortaban en la materia más duradera, como mármol, bronce o semejante. Puedes ver que esta era la manera de escribir en uso para lo que había de durar para siempre, como en Job 19:23-24: «¡Quién diera ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diera que se escribiesen en un libro; que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre!». ¿Y qué es aquí esa piedra o ese mármol? Ninguna otra cosa que el corazón mismo de nuestro benigno y misericordiosísimo Jehová, y sus propósitos inalterables e inamovibles, su verdad y su fidelidad. Este es el fundamento en los cielos sobre el que la misericordia es edificada para siempre, como en el Sal 89:2, que (como dice el apóstol) «permanece para siempre»; y así llegan a ser «las misericordias firmes a David», Is 55:3. Además, los juramentos solemnes entre los hombres sirven para ratificar y hacer perpetuas las cosas juradas. Esto se especifica también allí como hecho por Dios: «Una vez he jurado por mi santidad», etc., y jurado por aquel que no puede mentir, y jurado a tal fin, «para mostrar la inmutabilidad de su consejo», He 6:17. Y no solo se ilustra la inmutabilidad de su misericordia con estas cosas tomadas de lo que es firme en la tierra, sino que sube a los cielos, y primero hasta los cielos más altos: Sal 89:2, «Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; en los cielos mismos afirmarás tu verdad»: comparándolos a una casa edificada no en la tierra, ni sobre un cimiento de tierra, que los ladrones horadan y la violencia destruye, sino en el cielo, adonde no pueden llegar. Thomas Goodwin.
Versículo 2. «Para siempre será edificada misericordia.» ¿Qué es esta «misericordia» que es «edificada para siempre», sino el glorioso y benigno plan, la gloriosa y benigna fábrica de nuestra salvación, fundada en el propósito eterno de Dios, llevada a ejecución por los trabajos y la muerte de Jesucristo, y luego aplicada y llevada al corazón por el poder iluminador y convertidor del Espíritu Santo? Esta es la «misericordia» que es «edificada para siempre». Fue planeada desde la eternidad y no conocerá ruina ni decadencia a lo largo de la ilimitada línea de la eternidad misma. ¿Quién es el constructor de esta fábrica? No el libre albedrío del hombre. No la propia justicia o sabiduría del hombre. No el poder humano ni la habilidad humana. Todo verdadero creyente estará aquí de acuerdo con David en que es Dios, y solo Dios, quien edifica el templo de su Iglesia; y quien, como su constructor, es el único con derecho a toda la gloria. Los elegidos constituyen y forman una gran casa de misericordia: una casa erigida para exhibir y perpetuar las riquezas de la libre gracia del Padre, del mérito expiatorio del Hijo y de la eficaz obra del Espíritu Santo. Esta casa, contrariamente a la suerte de todos los edificios sublunares, nunca caerá ni será jamás derribada. Como nada puede añadírsele, así nada puede quitársele. El fuego no puede dañarla; las tormentas no pueden derribarla; la edad no puede deteriorarla. Se asienta sobre una roca y es inamovible como la roca en que se asienta: la triple roca del inviolable decreto de Dios, de la redención consumada de Cristo y de la inagotable fidelidad del Espíritu. Augustus Montague Toplady, 1740-1778.
Versículo 2. Edificada. La mención de un edificio de misericordia presupone ruinas miserables y denota que este edificio está destinado al beneficio de un mundo de elegidos arruinado por la caída de Adán. La libre gracia y el amor pusieron en marcha este edificio para ellos, cada piedra del cual, de la más baja a la más alta, es misericordia para ellos; de arriba abajo, desde la piedra del cimiento hasta la piedra de remate, todo es libre y rica misericordia para ellos. Y el fundamento de este glorioso edificio es el pacto de Dios con sus escogidos: «Hice pacto con mi escogido». Thomas Boston.
Versículo 2. Edificada. Las misericordias pasadas son fundamento de las posteriores. Las misericordias que disfrutamos hoy están fundadas en las misericordias de días anteriores, las cuales debemos recontar con gozo y gratitud, con deleite y alabanza, recordando los años de la diestra del Altísimo. John Howe.
Versículo 2. (última parte). El sentido de este pasaje parece ser que la constancia de los movimientos celestes, las regulares vicisitudes del día y de la noche y las alternancias de las estaciones eran emblemas de la propia inmutabilidad de Dios. R. Warner, 1828.
Versículo 2.
Porque dije: Tus misericordias se alzan,
edificio inmortal, hasta los cielos:
los cielos fueron plantados por tu mano,
y, como los cielos, tu verdad permanecerá. Richard Mant.
Sugerencias para el predicador
Versículo 2.
- El testimonio.
(a) De la constancia de la misericordia: (1.) levanta sus trofeos a cada momento. (2.) Los conserva para siempre.
(b) De la constancia de la fidelidad. Permanece como las ordenanzas del cielo.
- Su confirmación. «Dije», etc., lo dije,
(a) sobre la base de la Escritura.
(b) de la experiencia.
(c) de la razón.
(d) de la observación de otros.
Versículos 3-4.
- El pacto hecho. ¿Con quién? Con David, y en él con el Señor e Hijo de David. El verdadero David, el escogido, el siervo del Padre en la redención.
- ¿Para qué?
(a) Para su descendencia. Tendría una descendencia y esa descendencia sería afirmada.
(b) Para sí mismo: «su trono», etc.
- El pacto confirmado.
(a) Por decreto: «Hice», etc.
(b) Por promesa: «Confirmaré».
(c) Por juramento: «Juré».
Salmos 89:3
Versículo 3. «Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo.» Este era el fundamento de la confianza del salmista en la misericordia y la verdad de Dios, pues sabía que el Señor había hecho un pacto de gracia con David y su descendencia y lo había confirmado con juramento. Aquí cita las mismas palabras de Dios, que le fueron reveladas por el Espíritu Santo y son una condensación del pacto original en 2 S 7:1-29. Bien podía escribir en el versículo anterior: «Dije», cuando sabía que Jehová había dicho: «Juré». David era el elegido del Señor, y con él se hizo un pacto que corrió por la línea de su descendencia hasta recibir un cumplimiento final y sin fin en «el Hijo de David». La casa de David debía ser real: mientras hubiera cetro en Judá, la descendencia de David debía ser la única dinastía legítima; el gran «Rey de los judíos» murió con ese título sobre su cabeza en las tres lenguas corrientes del mundo entonces conocido, y hoy es reconocido como rey por hombres de toda lengua. El juramento hecho a David no ha sido quebrantado, aunque la corona temporal ya no se lleve, pues en el pacto mismo se hablaba de su reino como perdurable para siempre. En Cristo Jesús hay un pacto establecido con todos los escogidos del Señor, y estos son llevados por gracia a ser siervos del Señor, y luego son constituidos reyes y sacerdotes por Cristo Jesús. Cuán dulce es ver al Señor no solo haciendo un pacto, sino reconociéndolo en días posteriores y dando testimonio de su propio juramento; esto debería ser terreno sólido para la fe, y Etán el ezraíta evidentemente lo pensó así. Deténganse el lector y el escritor sobre líneas tan gloriosas y canten las misericordias del Señor, que así confiesa los lazos del pacto y, al hacerlo, da una renovada garantía de su fidelidad a él. «Hice», dice el Señor, y de nuevo «juré», como si él mismo no tuviera inconveniente en detenerse en el tema. Nosotros también querríamos demorarnos con amor sobre las ipsissima verba del pacto hecho con David, leyéndolas con cuidado y con gozo. Están así consignadas en 2 S 7:12-16: «Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré descendencia después de ti, la cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo lo castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente». Después de leer esto, recordemos que el Señor nos ha dicho por su siervo Isaías: «Haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David».
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 3. «Hice pacto con mi escogido.» Debemos ponderar aquí con piadoso asombro cómo Dios se ha dignado entrar en pacto con el hombre: el inmortal con el mortal, el más poderoso con el más débil, el más justo con el más injusto, el más rico con el más pobre, el más bienaventurado con el más desdichado. El profeta se maravilla de que Dios se acuerde del hombre y visite al hijo del hombre. ¿De cuánta mayor admiración, digo, es digno que estén también unidos, y no de modo simple, sino con los lazos de un pacto? Si el hombre hubiera afirmado esto de sí mismo, que Dios estaba unido y ligado a él por un pacto, ¿quién no lo habría condenado de temeridad? Ahora se introduce al mismo Dios afirmando esto mismo de sí, que había hecho un pacto con el hombre. ¿Qué santo no ve en esto cuán grande es la filanyrwpia de Dios? Musculus.
Versículo 3. «Hice pacto con mi escogido.» Del lado del cielo está Dios mismo, la parte que propone. Aunque era la parte ofendida, la moción de un pacto viene de él… El Padre de misericordias dice: «Las criaturas perdidas no pueden contratar por sí mismas; y si otro no se encarga de ellas, perecerán; no pueden elegir un fiador por sí mismas. Yo elegiré uno para ellas, y haré pacto con mi escogido». Del lado del hombre está el escogido de Dios, o el Escogido, pues la palabra de Dios está en singular: el Hijo, el postrer Adán. ¿Quién más apto para ser fiador del lado del hombre? ¿Quién más podía ser la elección del Padre para esta vasta empresa? Ningún ángel ni hombre era capaz de ella, sino el Poderoso (Sal 89:19) a quien el Padre nos señala como su escogido, Is 42:1. Thomas Boston.
Versículos 3-4. Hice pacto con mi escogido, etc. ¿Suponen ustedes que esto se dijo a David solo en su propia persona? No, ciertamente; sino a David como el antitipo, figura y precursor de Jesucristo. De ahí que la versión de los Setenta lo traduzca: Hice pacto tois eklektois mou con mi pueblo elegido, o con mis escogidos; es decir, con ellos en Cristo, y con Cristo en su nombre. Juré a David mi siervo, al Mesías, que fue tipificado por David; a mi Hijo coeterno, que se comprometió a tomar sobre sí «la forma de siervo»; tu descendencia, es decir, todos aquellos que te he dado en el decreto de elección, todos aquellos que vivirás y morirás para redimir, los confirmaré para siempre, de modo que su salvación sea irrevocable e inadmisible de anulación; y edificaré tu trono, tu trono mediador, como Rey de los santos y Cabeza del pacto de los elegidos, por todas las generaciones: siempre habrá una sucesión de pecadores favorecidos que serán llamados y santificados, en virtud de tu obediencia federal hasta la muerte; y cada período de tiempo recompensará tus sufrimientos por el pacto con una renta creciente de almas convertidas, hasta que sean recogidos todos los que están ordenados para vida eterna. Obsérvese, aquí, que cuando Cristo recibió del Padre la promesa sobre el establecimiento de su trono (el de Cristo) por todas las generaciones, el sentido claro es que su pueblo será así establecido; pues, considerando a Cristo en su capacidad divina como Hijo de Dios, su trono ya estaba establecido, y lo había estado desde la eternidad, y habría continuado establecido sin fin, aunque nunca se hubiera encarnado. Por tanto, la promesa significa que Cristo reinará, no simplemente como persona en la Deidad (lo cual siempre hizo, siempre hará y siempre debe hacer), sino de manera relativa, mediadora y en su carácter de oficio, como libertador y rey de Sion. De ahí se sigue que su pueblo no puede perderse: pues sería un pobre género de rey el que no tuviera o pudiera no tener súbditos sobre quienes reinar. En consecuencia, ese «trono» de gloria en que Cristo se sienta está ya rodeado en parte, y al fin lo estará por completo y se hará aún más glorioso, por aquella compañía innumerable, aquella asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos. Augustus Montague Toplady.
Salmos 89:4
Versículo 4. «Para siempre confirmaré tu descendencia.» David debe tener siempre una descendencia, y en verdad en Jesús esto se cumple más allá de sus esperanzas. ¡Qué descendencia tiene David en la multitud que ha brotado de aquel que fue a la vez su Hijo y su Señor! El Hijo de David es el gran Progenitor, el segundo Adán, el Padre Eterno; ve a su descendencia, y en ella contempla el fruto del trabajo de su alma. «Y edificaré tu trono por todas las generaciones.» La dinastía de David nunca decae, sino que, al contrario, es consolidada cada vez más por el gran Arquitecto del cielo y de la tierra. Jesús es rey además de progenitor, y su trono se edifica sin cesar: su reino viene, su poder se extiende. Así reza el pacto; y cuando la iglesia decae, nos toca alegarlo ante el siempre fiel Dios, como hace el salmista en los últimos versículos de este sagrado cántico. Cristo debe reinar; pero ¿por qué se blasfema su nombre y se desprecia tanto su evangelio? Cuanto más benignos sean los cristianos, tanto más se moverán a celo por el triste estado de la causa del Redentor, y tanto más argumentarán el caso con el gran Hacedor del pacto, clamando día y noche ante él: «Venga tu reino». Selah. No sería conveniente apresurarse. Descansa, oh lector, a la orden de este Selah, y deja que cada sílaba del pacto resuene en tus oídos; y luego eleva el corazón y prosigue con el poeta sagrado a pregonar las alabanzas del Señor.
Salmos 89:5
Versículo 5. «Los cielos alabarán tus maravillas, oh Jehová.» Mirando hacia abajo lo que Dios había hecho, y estaba a punto de hacer, en relación con su pacto de gracia, todo el cielo se llenaría de adorador asombro. El sol y la luna, que habían sido hechos señales del pacto, alabarían a Dios por tan extraordinaria exhibición de misericordia, y los ángeles y los espíritus redimidos cantarían «como un cántico nuevo». «Tu fidelidad también en la congregación de los santos.» Con lo cual probablemente se alude a los santos de la tierra. De modo que «toda la familia en los cielos y en la tierra» se uniría en la alabanza. La tierra y el cielo son uno en admirar y adorar al Dios del pacto. Los santos de arriba ven con la mayor claridad las alturas y profundidades del amor divino, y por eso alaban sus maravillas; y los santos de abajo, conscientes de sus muchos pecados y de sus multiplicadas provocaciones al Señor, admiran su fidelidad. Los cielos prorrumpieron en música ante las maravillas de misericordia contenidas en las buenas nuevas de Belén, y los santos que se reunieron en el templo magnificaron la fidelidad de Dios en el nacimiento del Hijo de David. Desde aquel día propicio, la asamblea general de lo alto y la sagrada congregación de abajo no han cesado de cantar a Jehová, el Señor que guarda el pacto con sus elegidos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 5. Los cielos, etc. Ahora bien, de este reino suyo se dice que los cielos alaban sus maravillas, lo cual se dice de los ángeles, que a menudo son llamados los cielos por su lugar; como en Job se dice: «Ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos». Y estos, conociendo las maravillas de aquel pacto de gracia, ellos mismos, se dice, alaban: «Los cielos alabarán tus maravillas, oh Jehová». En el hebreo es «tu maravilla» o «tu milagro», en singular, que, en Ef 3:10, se dice que los ángeles adoran; y en Lc 2:14, «cantan gloria al Altísimo»; pues su gracia al hombre es ese milagro. Ahora bien, los cielos materiales no alaban la misericordia de Dios, ni la gracia de Dios, ni el pacto de gracia, ni el trono de gracia que está establecido en los cielos. No entienden nada de Cristo; no, ni siquiera dan materialmente ocasión al hombre de alabar a Dios por estas cosas: y por tanto esto se entiende de los ángeles; y la mayoría de los intérpretes entienden de ellos las palabras siguientes: Tu fidelidad también en la congregación de los santos, los ángeles y los santos hechos perfectos, pues allí está la gran congregación. Pues aun en los cielos, ¿quién puede compararse al Señor, donde todos sus ángeles lo alaban así? ¿Quién entre los hijos de los potentados, entre todos los poderes de la tierra, será semejante a Jehová?, pues él es el «Rey de reyes y Señor de señores»; un Dios sobre todos los dioses, aun los mismos ángeles, como dice en otro lugar el salmista. Y no dice solamente: No hay semejante a ti, sino: ¿Quién será semejante a ti?, tanto lo excede su excelencia. Y en el Sal 89:7 se lo presenta con todos sus santos y ángeles alrededor de él, como quien es muy temible, o terrible en sí mismo por razón de su grandeza, en este su consejo y asamblea de sus santos, y para ser reverenciado por todos los que están a su alrededor. Pues los santos y los ángeles son de su consejo en el cielo (como podría mostrarse) y rodean allí la manifestación de su gloria. Thomas Goodwin.
Versículo 5. Tus maravillas, etc. Así como los cielos son una prueba del poder de Dios, en cuanto a haberlos formado él primero de la nada, así son un modelo de la fidelidad de Dios en su constante y ordenado movimiento conforme a su palabra desde su formación: Los cielos alabarán también tu fidelidad. Aunque el poder y la fidelidad de Dios pueden verse y oírse por todos los hombres en la obra y el lenguaje de los cielos, no son observados ni escuchados sino en la Iglesia por los hijos de Dios; por eso dice: Alabarán tu fidelidad también en la congregación de los santos. David Dickson.
Versículo 5. Tus maravillas. Tu carácter maravilloso (literalmente, maravilla), no «tus obras maravillosas», sino «tu maravillosa y misteriosa naturaleza y ser», como separado y distinto de todos los seres creados. J. J. S. Perowne.
Versículo 5. Tus maravillas, etc. Es una salvación maravillosa, una salvación tal que los ángeles desean mirarla; y es una salvación tal que todos los profetas desearon escudriñarla; hace casi seis mil años que todos los ángeles del cielo cayeron en un mar de asombro ante esta gran salvación; hace casi seis mil años que Abel cayó en un mar de asombro ante esta gran salvación; ¿y qué piensan ustedes que es su ocupación este día? Está maravillándose de esta gran salvación. Andrew Gray, 1616.
Salmos 89:6
Versículo 6. «Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová?» Por eso todo el cielo lo adora, pues nadie puede igualarlo. «¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados?» Por eso las asambleas de los santos en la tierra lo adoran, pues nadie puede rivalizar con él. Hasta que podamos hallar a uno igualmente digno de alabanza, daremos solo al Señor todo el homenaje de nuestra alabanza. Ni entre los hijos de la mañana ni entre los hijos de los potentados se puede hallar par para Jehová; es más, ninguno que pueda mencionarse en el mismo día; por tanto, es justamente alabado. Puesto que el Señor Jesús, tanto como Dios como como hombre, está muy por encima de todas las criaturas, también él ha de ser devotamente adorado. ¡Cuánto fuego poético tiene este versículo! ¡Cuán osado es el desafío! ¡Cuán triunfante la santa jactancia! El dulce cantor se detiene en el nombre de Jehová con evidente exultación; para él, el Dios de Israel es Dios de veras y Dios solo. Sigue de cerca el lenguaje que mucho antes recitó Miriam cuando cantó: «¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú?». Sus pensamientos vuelan evidentemente atrás, a los días de Moisés y a las maravillas del mar Rojo, cuando Dios fue gloriosamente conocido por su nombre incomunicable; hay un tañido de panderos en la doble pregunta y un sonido como de los pies ligeros de doncellas jubilosas. ¿No tenemos ya poetas? ¿No hay entre nosotros un hombre que pueda componer himnos que ardan con este espíritu? Oh Espíritu del Dios viviente, ¡sé tú el inspirador de algunas mentes maestras entre nosotros!
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 6. ¿Quién en los cielos? ¿Quién en el cielo? Así lee Ainsworth. En las nubes, in nubibus, æquabitur, será igualado, dice Calvino, a Jehová, Quis enim in superiore nube par æstimetur Jehova. ¿Quién en las nubes más altas es igual a Jehová?, así lo lee Tremelio. ¿Quién en los cielos?, es decir, dicen algunos, en los cielos estrellados, entre los cuerpos celestes, sol, luna o estrellas, que eran adorados como dioses, no solo por los persas, sino también por algunos judíos idólatras, por su brillo y su belleza, su lustre y su gloria. ¿Cuál de todas aquellas famosas lámparas y luminarias celestes se ha de comparar al Padre de las luces y Sol de justicia? Pueden brillar como luciérnagas en la noche del paganismo, entre los que están cubiertos con el manto de las tinieblas; pero cuando este Sol sale y aparece el día, todas se desvanecen y desaparecen. «¿Quién en los cielos?», es decir, dicen otros, en el cielo de los cielos, el más alto, el tercer cielo, entre los espíritus celestiales, querubines y serafines, ángeles y arcángeles, principados y potestades, tronos y dominios. ¿Quién entre la innumerable compañía de ángeles? ¿Quién entre aquellos espíritus puros y perfectos, que son la casa más antigua y más honorable de la creación, ha de compararse al Padre de los espíritus? George Swinnock.
Versículo 6. ¿Quién será semejante? Los holandeses han traducido estas palabras: ¿Quién puede ser sombreado con él?, es decir, no son dignos de ser tenidos por sombras en tal comparación con él. Thomas Goodwin.
Versículo 6. Entre los hijos de los potentados. Literalmente: «¿Quién es él entre los hijos de» Alim (o de dioses, como en Sal 29:1), es decir, según Suicer, los poderosos, los príncipes de la tierra. Daniel Cresswell.
Sugerencias para el predicador
Versículo 6. Tenemos una comparación entre Dios y lo más excelente del cielo y de la tierra: desafío a ambos mundos.
- El Dios verdadero, soberano del cielo y de la tierra, es incomparablemente grande en su SER y EXISTENCIA;
(a) porque su ser es de sí mismo eterno; (b) porque es un ser perfecto;
(c) porque es independiente; (d) porque es inmutable.
- Dios es incomparablemente grande en sus ATRIBUTOS y PERFECCIONES.
(a) En su santidad; (b) en su sabiduría y conocimiento; (c) en su poder; (d) en su justicia; (e) en su paciencia;
(f) en su amor y bondad.
- Dios es incomparablemente grande en sus OBRAS: creación, providencia, redención y salvación humana. Theophilus Jones, 1830.
Versículo 6. La incomparabilidad de Dios, en su Ser, Atributos, Obras y Palabra. Swinnock. (Edición de Nichol de las Obras de Swinnock, vol. 4, págs. 373-508.)
Versículos 6-7.
- En la creación, Dios está muy por encima de los demás seres. Sal 89:6.
- En la redención, está muy por encima de sí mismo en la creación. Sal 89:7.
Versículos 9-10. El gobierno presente de Dios en medio de la confusión y la rebelión, y su derrocamiento final de todas las fuerzas adversas.
Salmos 89:7
Versículo 7. «Dios temible en la gran congregación de los santos.» Los más santos tiemblan en presencia del tres veces Santo: su familiaridad está sazonada con el más profundo temor reverente. El perfecto amor echa fuera el temor que lleva en sí castigo, y obra en su lugar ese otro temor que es afín al gozo inefable. ¡Cuán reverente debe ser nuestro culto! Donde los ángeles se cubren el rostro, los hombres deben ciertamente inclinarse del modo más humilde. El pecado es pariente de la osadía presuntuosa, pero la santidad es hermana del santo temor. «Y formidable sobre todos los que están alrededor de él.» Cuanto más cerca están, más adoran. Si las meras criaturas se llenan de pavor, los cortesanos y favoritos del cielo deben ser aún más reverentes en presencia del gran Rey. Los hijos de Dios son quienes más ardientemente oran: «Santificado sea tu nombre». La irreverencia es rebelión. Los pensamientos del pacto de gracia tienden a crear un temor más profundo de Dios; nos acercan a él, y cuanto más vemos sus glorias en ese más cercano acceso, tanto más humildemente nos postramos ante su Majestad.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 7. Dios temible. Ainsworth lee: «Dios espantosamente terrible». La palabra original es Uren, de Ure arats, fue quebrantado, magullado, aterrado. «Un epíteto de Dios —dice Bythner—, como quien lo quebranta todo». Nota del editor a Calvino, en el lugar.
Versículo 7. Dios temible. El culto de Dios ha de realizarse con gran temor y reverencia: «Dios temible». Piscator lo traduce Vehementer formidandus, que ha de ser vehementemente temido; y lo opone a aquel espíritu formal, descuidado, frívolo y vano que con demasiada frecuencia se halla en los que se acercan al Señor en los deberes de su culto. John Flavel.
Versículo 7. Dios temible en la gran congregación de los santos. Aquellos santos suyos que andan muy cerca de él tienen en su aspecto un poder que amedrenta. Apelo a las conciencias culpables, a los apóstatas, a los profesantes que tienen guaridas secretas de maldad: alguna vez, cuando llegan a la presencia de un hombre o una mujer verdaderamente piadosos y de gracia, de quienes su conciencia les dice que andan cerca de Dios, ¿no los aterra incluso la sola vista de tal persona? El mismo lustre de esa santidad que ven en ella golpea su conciencia. Piensan entonces: esta persona anda cerca de Dios de veras, pero yo he abandonado vilmente al Señor y he tenido tal guarida de maldad; he traído una espantosa culpa sobre mi alma desde que la vi por última vez. Las historias eclesiásticas nos cuentan de Basilio que, cuando los oficiales llegaron a prenderlo, estando él entonces ocupado en santos deberes, salía de su rostro tal majestad y lustre que los oficiales cayeron de espaldas (como los que vinieron a prender a Cristo), y no pudieron echarle mano. Ciertamente, cuando los santos sean elevados en su santidad, cuando cada uno de ellos tenga su corazón lleno de santidad, causará abundancia de temor aun en todos los corazones de los que traten con ellos. Jeremiah Burroughs.
Salmos 89:8
Versículo 8. «Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú?» O Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú, poderoso Jah? Alexander observa que la infinita superioridad de Dios sobre hombres y ángeles se expresa aquí, o más bien se indica, mediante una acumulación de títulos descriptivos. Aquí tenemos el nombre que muestra su existencia por sí mismo, el título que denota su dominio sobre todas sus criaturas y un adjetivo que expone el poder con que ejerce su soberanía. ¡Y sin embargo este Dios grande y terrible ha entrado en pacto con los hombres! ¿Quién no lo reverenciaría con el más hondo amor? «Y tu fidelidad te rodea.» Él mora en fidelidad; se dice que es el cinto de los lomos de su Hijo unigénito, que es la imagen misma de su persona. Nadie en toda la creación es fiel como él; aun sus ángeles podrían resultar infieles si él los dejara a sí mismos, pero él no puede «mentir a David» ni olvidar guardar su juramento. Los hombres fallan con frecuencia en la verdad porque su poder es limitado, y entonces les resulta más fácil quebrantar su palabra que cumplirla; pero el poderoso Jehová es igual a todos sus compromisos y los cumplirá sin falta. El poder sin rival y la verdad sin par se casan en el carácter de Jehová. Bendito sea su nombre porque es así.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 8. Tu fidelidad te rodea. Pues así como los tiranos de este mundo se mueven por ahí rodeados de impiedad, avaricia, desprecio de Dios y soberbia, como de una guardia personal, así Dios se sienta en su excelso trono, rodeado de majestad, fidelidad, misericordia e igual amor a todo su pueblo, como de un manto de oro. J. Baptista Folengius.
Versículo 8. Tu fidelidad te rodea. Haga lo que haga, se acuerda de su fidelidad y de su pacto, delante y detrás y a cada lado; no puede mirar hacia ninguna parte sin que eso esté ante sus ojos. Y aunque emplee ángeles y los envíe al mundo, y estén alrededor de él, tiene mejores precursores que estos: misericordia, verdad y fidelidad, que esperan a su alrededor. Thomas Goodwin.
Salmos 89:9
Versículo 9. «Tú dominas la braveza del mar.» Siempre, aun en la hora de la más desatada furia del océano, el Señor lo controla. En el mar Rojo las olas espumosas vieron a su Dios y se mantuvieron erguidas de pavor. «Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.» Nadie más puede hacer esto; intentarlo sería locura, pero el «calla» del Señor acalla la tormenta bullente. Así calmó el Ungido del Señor las tormentas de Galilea, pues es Señor de todo; así también el gran Gobernante de la providencia rige sin cesar las voluntades volubles de los hombres y aquieta los tumultos de los pueblos. Como una madre aquieta a su niño para que duerma, así el Señor calma la furia del mar, la ira de los hombres, la tempestad de la adversidad, la desesperación del alma y la rabia del infierno. «Jehová se sienta sobre el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre», y en todo su gobernar y sobregobernar tiene respeto a su pacto; por eso, aunque nuestra casa no esté así con Dios como querría nuestro corazón, nos regocijaremos en su pacto ordenado en todo y seguro, y nos deleitaremos en él como en toda nuestra salvación y todo nuestro deseo.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 9. Tú dominas la braveza del mar. Ciertamente el Espíritu de Dios quiere que nos fijemos en que, aunque el mar sea de veras un gigante tal, un monstruo tal, que hace temblar un corazón de roble o derretirse uno de bronce, ¿qué es para Dios sino un niño? Puede atarlo y hacerlo dormir, como a un niño pequeño. Y si el gran mar está en la mano de Dios como un niño pequeño, ¡qué es grande para Dios!, y ¡cuán grande es Dios! ¡Qué es fuerte para Dios!, y ¡cuán fuerte es Dios! ¿Qué o quién es demasiado grande, o demasiado fuerte, para que Dios trate con ello? Joseph Caryl.
Versículo 9. Tú dominas. Aquí, bajo una figura tomada del gobierno providencial de Dios, tenemos una exhibición del poder de Dios para frustrar los esfuerzos de los enemigos de su Iglesia. Un ejemplo de esto, en sentido literal, lo tenemos en la calma de la tormenta por nuestro Señor. «Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza». Aquí vemos que Dios reina sobre el mar de manera inmediata y altera o modifica las disposiciones de la naturaleza conforme a su soberano beneplácito. Lo que Jesús hizo en una ocasión lo hace constantemente el Dios de la providencia. No ha dejado el océano para que lo perturben al azar los vientos ni para que lo mantengan en paz las leyes de la naturaleza. Él domina la braveza del mar. Levanta las olas y las sosiega. Esto muestra una providencia que obra continuamente. Y lo que hace en la providencia lo hace también en su reino de gracia. Permite que la furia del enemigo se hinche contra su causa, pero la sosiega cuando le place. Alexander Carson.
Salmos 89:10
Versículo 10. «Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte.» Egipto fue aplastado como un cadáver bajo las ruedas de los carros del destructor: su pompa y su gloria fueron quebradas como los miembros de los muertos en la batalla. Egipto era el antiguo enemigo de Israel, y su derrocamiento era un tema al que las mentes devotas volvían constantemente, como a un asunto propio de sus cantos más exultantes. Nosotros también hemos visto quebrantado a nuestro Rahab, derrocados nuestros pecados, y no podemos sino unirnos en la ascripción de alabanza al Señor. «Con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.» Tu fuerza ha esparcido muertos a tus enemigos por la llanura, o los ha obligado a huir de un lado a otro, consternados. Jehová ha derrotado a sus enemigos con su propio brazo derecho, sin ayuda y solo. La soberbia Rahab, hinchándose en su furia como el mar, fue completamente quebrada y esparcida ante el Señor de los ejércitos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 10. Quebrantado; esparcido. Dios tiene más de un modo de tratar con sus enemigos y con los de su iglesia. Matthew Henry.
Versículo 10. Rahab. La razón por la que Egipto se expresa en la Escritura con esta palabra procede de sus dos significados: primero, significa fuerza, pues Egipto era una nación muy fuerte, y por eso se reprendía a los israelitas por ir a ellos en busca de ayuda y confiar en su fuerza, que, aunque grande en sí misma, no habría de ser para ellos sino una caña quebrada; segundo, significa soberbia, o los soberbios; los hombres suelen ser soberbios de su fuerza, y siendo Egipto una nación fuerte, era también una nación muy soberbia. Joseph Caryl.
Salmos 89:11
Versículo 11. «Tuyos son los cielos, tuya también la tierra.» Todas las cosas son igualmente de Dios: tanto la tierra rebelde como el cielo que lo adora. No desesperemos del reino de la verdad; el Señor no ha abdicado el trono de la tierra ni lo ha entregado al dominio de Satanás. «El mundo y su plenitud, tú lo fundaste.» La tierra habitable y cultivada, con todos sus frutos, reconoce al Señor como su Creador y su Sustentador, su constructor y su sostén.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 11. «Tuyos son los cielos, tuya también la tierra.» Por eso te alabamos, por eso confiamos en ti, por eso no temeremos lo que el hombre pueda hacernos. —Matthew Henry.
Sugerencias para el predicador
Versículo 11.
- La posesión que Dios tiene del cielo, modelo de su posesión de la tierra.
- La posesión que Dios tiene de la tierra es certísima, y su manifestación en el futuro es segurísima.
- El proceder que estos dos hechos sugieren a su pueblo.
Salmos 89:12
Versículo 12. «El norte y el sur, tú los creaste.» El norte y el sur, polos opuestos, coinciden en esto: que Jehová los formó. «El Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre», es decir, el oriente y el occidente son igualmente obra tuya, y por eso te dan alabanza. Vuélvete a todos los puntos cardinales, y verás que el Señor está allí. Las regiones de la nieve y los jardines del sol son sus dominios; tanto la tierra del alba como el hogar del sol poniente se gozan en reconocer su dominio. El Tabor estaba al oeste del Jordán y el Hermón al este, y parece natural considerar estos dos montes como representantes del oriente y del occidente. Keble parafrasea el pasaje así:
«Tanto el Hermón húmedo como el Tabor solitario
te esperan con gozosa aclamación.»
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 12. «El norte y el sur, tú los creaste.» etc. Las alturas de Hattin, que la tradición suele fijar como el Monte de las Bienaventuranzas, aparecen un poco al oeste de Tiberias. Por encima de ellas se ve la graciosa cumbre del monte Tabor, y más allá el pequeño Hermón, famoso por sus rocíos; y todavía más lejos, y al parecer más altas, las áridas montañas de Gilboa, sobre las cuales David rogó que no cayera rocío ni lluvia. Ver la posición del Tabor y del Hermón desde un lugar como aquel en que nos encontrábamos nos mostró con cuánta exactitud podían considerarse el «umbilicus terrae», el punto central de la tierra, y nos llevó a inferir que esta es la verdadera explicación de la manera en que se los menciona en el Sal 89:12. Es como si el salmista hubiera dicho: el norte, el sur y todo lo que hay entre ellos —o, en otras palabras, toda la tierra desde el norte hasta el sur, hasta su mismo centro y por toda su médula— se regocijará en tu nombre. —R. M. M'Cheyne.
Versículo 12. «El Tabor y el Hermón.» Estos montes, el uno al este y el otro al oeste, en Canaán, eran muy frecuentados por los santos de Dios. David habla del sagrado monte Hermón y compara con su rocío el amor fraternal. Sal 42:6; 133:3. Y el Tabor, aún más eminente por ser el lugar memorable de la transfiguración de Cristo, y desde donde Dios el Padre proclamó su perfecto amor y su aprobación de Jesús como su amado Hijo. Bien podía, pues, este himno, aludiendo a aquellos gloriosos acontecimientos, llamar a los santos montes a regocijarse en el nombre de Jehová. Mt 17:1-5. —Robert Hawker.
Sugerencias para el predicador
Versículo 12. El gozo de la creación en su Creador.
Salmos 89:13
Versículo 13. «Tuyo es el brazo potente»: la omnipotencia es tuya, tanto para herir como para levantar; «fuerte es tu mano», tu poder para crear y para sostener es grande más allá de toda concepción; «exaltada tu diestra»: tu destreza es incomparable, tu favor ennoblece, tu obra es gloriosa. El poder de Dios impresionó tanto al salmista que de muchas maneras repitió el mismo pensamiento; y, en verdad, la verdad de la omnipotencia de Dios es tan refrigerante para los corazones piadosos que nunca se insistirá demasiado en ella, sobre todo cuando se la considera en conexión con su misericordia y su verdad, como en el versículo siguiente.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 13. «Fuerte es tu mano»; aun tu mano izquierda; como si dijera: tu polles utraque manu, ambas manos te son igualmente poderosas. —John Trapp.
Salmos 89:14
Versículo 14. «Justicia y juicio son el cimiento de tu trono.» Son la base del gobierno divino, la esfera dentro de la cual se mueve su soberanía. Dios, como soberano, nunca es injusto ni imprudente. Es demasiado santo para ser injusto, demasiado sabio para equivocarse; esto es motivo constante de gozo para los rectos de corazón. «Misericordia y verdad van delante de tu rostro.» Son los precursores y heraldos del Señor; él los llama al frente para tratar con el hombre culpable y cambiante; los hace, en la persona del Señor Jesús, sus embajadores, y así el pobre hombre culpable puede soportar la presencia de su Señor justo. Si la misericordia no hubiera preparado el camino, la venida de Dios a cualquier hombre habría sido destrucción fulminante. Así ha cantado el poeta las glorias del Dios del pacto. Era justo que antes de derramar su lamento registrara su alabanza, para que su dolor no pareciera haber marchitado su fe. Antes de exponer nuestra causa ante el Señor, lo más conveniente es reconocer que sabemos que él es supremamente grande y bueno, sea cual sea la apariencia de su providencia; este es el camino que tomará todo hombre sabio que desee tener una respuesta de paz en el día de la angustia.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 14. «Justicia y juicio son el cimiento de tu trono.» Como si el salmista hubiera dicho: «Los adornos de que Dios está revestido, en lugar de un manto de púrpura, una diadema o un cetro, son que él es el juez justo e imparcial del mundo, un padre misericordioso y un fiel protector de su pueblo». Los reyes terrenales, como no tienen en sí mismos nada que les procure autoridad y les dé dignidad, se ven en la necesidad de tomar prestado de otra parte lo que los revista de ella; pero Dios, que tiene en sí toda suficiencia y no necesita de otras ayudas, nos muestra el esplendor de su propia imagen en su justicia, misericordia y verdad. —Juan Calvino.
Versículo 14. «Justicia y juicio son el cimiento de tu trono.» El Espíritu Santo alude a los tronos de los príncipes terrenales, que estaban sostenidos con pilares, como el trono de Salomón con leones, 1 R 10:19-20, que eran a la vez un apoyo y un adorno para él. Ahora bien, dice el salmista, la justicia y el juicio son los pilares sobre los que se asienta el trono de Dios, como lo expone Calvino, el manto y la diadema, la púrpura y el cetro, las insignias reales de que está adornado el trono de Dios. —George Swinnock.
Versículo 14. «Justicia y juicio son el cimiento de tu trono.» Jehová es presentado aquí por el sagrado poeta bajo el carácter de Soberano y de Juez, mostrado a nuestra adoradora consideración sobre su trono, el trono del imperio universal y del dominio absoluto, ejerciendo su autoridad y ejecutando sus leyes con mano omnipotente pero imparcial. Porque «justicia y juicio» son la morada, la preparación, el establecimiento o la base de este trono. Nuestra traducción del texto dice morada; la del margen, establecimiento; la Septuaginta, preparación; y, si no me equivoco, nuestros mejores intérpretes modernos traducen el término original por base o fundamento, que en conjunto parece lo más acertado. La base, pues, del gobierno de Jehová, o aquello sobre lo que descansa, es «justicia y juicio». Por «justicia» entiendo que debemos comprender el atributo así llamado; y por «juicio», el ejercicio imparcial de ese atributo en la administración divina. De modo que, si el Altísimo no administrara justicia imparcial en su gobierno moral, podría considerarse —si es lícito usar la expresión— que abdica su trono. —Abraham Booth, 1734-1806.
Versículo 14. Justicia, que defiende a sus súbditos y hace justicia a cada uno. Juicio, que reprime a los rebeldes y aparta las injurias. Misericordia, que muestra compasión, perdona, sostiene a los débiles. Verdad, que cumple todo lo que promete. —William Nicholson.
Versículo 14. «Misericordia y verdad van delante de tu rostro.» Obsérvese:
- Se dice que la misericordia va delante del rostro de Dios porque Dios envía la misericordia antes del juicio, para encontrar menos que castigar: así Belarmino.
- Que Dios no permite que su rostro sea visto antes de haber perdonado nuestros pecados por misericordia: así Rickelius.
- Que nadie llega al conocimiento de Dios sino quien ha obtenido misericordia de antemano.
- Que Dios no viene a nadie si su gracia no va delante de él. ... La verdad va delante del rostro de Dios porque Dios la mantiene siempre ante sus ojos, para moldear por ella sus acciones. Píndaro llama a la verdad thugatera Dios, hija de Dios. Epaminondas, el general tebano, cultivó la verdad tan asiduamente que se cuenta que nunca dijo una falsedad ni siquiera en broma. En las cortes de los reyes esta es una virtud rara. —Le Blanc.
Versículo 14. Misericordia y verdad. Misericordia al prometer; verdad al cumplir. Verdad, al ser tan bueno como tu palabra; misericordia, al ser mejor. —Matthew Henry.
Versículo 14. «Van.» En su salir activo, la tierna misericordia y la bondad lo anuncian, y la fiel verdad dirá a su pueblo que él está allí cuando sale. Sus actividades son misericordia y fidelidad, porque su voluntad está obrando y su naturaleza es amor. Sin embargo, su trono sigue manteniendo justicia y juicio. —J. N. Darby.
Sugerencias para el predicador
Versículo 14.
- La equidad del gobierno divino: «justicia», etc. Ninguna criatura puede ser tratada injustamente bajo su dominio, y su reino gobierna sobre todo.
- La soberanía del gobierno divino. La verdad antes que la misericordia. La misericordia fundada sobre la verdad. «Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia.» El pacto hecho en misericordia a Abraham se cumple en verdad a Jacob.
Salmos 89:15
Versículo 15. «Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte.» Es un Dios bienaventurado aquel de quien el salmista ha estado cantando, y por eso son un pueblo bienaventurado los que participan de su generosidad y saben exultar en su favor. La alabanza es un sonido singularmente alegre, y bienaventurados los que están familiarizados con sus cantos. Las promesas del pacto tienen también un sonido preciosísimo más allá de toda medida, y muy favorecidos son los que entienden su significado y reconocen su interés personal en ellas. Puede haber además aquí una referencia al toque de las trompetas y otros ruidos de júbilo que acompañaban el culto de Jehová, quien, a diferencia de los dioses de los paganos, no era adorado con los chillidos de víctimas desdichadas ni con los alaridos y gritos de multitudes aterradas, sino con las alegres aclamaciones de su pueblo feliz. «Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro.» Para ellos es gozo suficiente que Jehová les sea favorable; todo el día esto los contenta y los capacita para proseguir con vigor su peregrinación. Solo un Dios del pacto podía mirar con favor a los hombres, y los que lo han conocido en esa relación aprenden a regocijarse en él, sí, a andar con él en comunión y a permanecer en comunión con él. Si damos a Dios nuestro oído y escuchamos el sonido de júbilo, él nos mostrará su rostro y nos alegrará. Mientras brilla el sol, los hombres caminan sin tropezar con los pies, y cuando el Señor nos sonríe vivimos sin pesar en cuanto al alma.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 15. «Bienaventurado el pueblo que conoce el sonido de júbilo.» No que oye, porque entonces la bendición sería barata en verdad. Miles oyen el sonido del evangelio, pero a veces no llegan a diez de mil los que lo conocen. —Thomas James Judkin, 1841.
Versículo 15. «Bienaventurado el pueblo que conoce el sonido de júbilo», a saber, de las trompetas que se tocaban en señal de alegría en las grandes fiestas, y principalmente el primer día del mes séptimo, la fiesta de las trompetas (Lv 23:24), y en ocasiones extraordinarias, sobre todo después de la expiación anual, en el día del jubileo, el día décimo del mes séptimo del año cincuenta, proclamando libertad a los esclavos y la restitución de su heredad a quienes la habían perdido (Lv 25:8-10). Así como el gozo del jubileo no venía sino después de la expiación, así ningún gozo ni libertad del evangelio son nuestros hasta que primero conocemos a Cristo como nuestra expiación. «En el día de vuestra alegría» tocaban las trompetas sobre sus sacrificios, «y os serán por memoria delante de vuestro Dios» (Nm 10:10). David e Israel llevaron el arca de Jehová a Sion «con júbilo y sonido de trompeta» (2 S 6:15). En Nm 23:21, Balaam hace de ello la gloria distintiva de Israel: «Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él». (Compárese Sal 98:6; 27:6, margen.) —A. R. Fausset.
Versículo 15. «El pueblo que conoce el sonido de júbilo.» Aquí se supone que tenemos inteligencia respecto de «el sonido de júbilo». Porque hay un conocimiento no solo de las expresiones y entonaciones, sino del sentido y la sustancia, del pensamiento y el sentimiento que transmiten. Y supongo que este es el significado de las palabras de Cristo: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen»; «al extraño no seguirán, porque no conocen la voz de los extraños». Y a menudo me ha sorprendido observar con cuánta exactitud personas por lo demás poco inteligentes, no muy instruidas, sin agudeza crítica, saben, cuando oyen un discurso, juzgar, discriminar, determinar; son capaces de decir al instante: «Verdad, clara, sin mezcla, sin una nube sobre ella»; o bien: «Doctrina nublada, afirmaciones confusas, no el evangelio lúcido»; o de decir, si es el caso: «Ningún evangelio; contradicción de la verdad de Cristo». Ellos «conocen el sonido de júbilo», tal como rueda desde la plenitud de la propia voz y seno de Dios en sus augustas y benditas revelaciones; tal como está confirmado, autenticado y sellado por la preciosa sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo; tal como da testimonio de él el Espíritu eterno: el «sonido de júbilo» de que hay salvación para hombres perdidos y arruinados por la fe en la sangre y en la obediencia de aquel que murió en el madero y ahora está entronizado en el lugar más alto del cielo. —James Stratten, 1845.
Versículo 15. «Andarán a la luz de tu rostro.» Sin duda, después del amor del corazón de Dios, los creyentes estiman las sonrisas de su rostro; de ellas, como de la acción del sol, brotan los capullos del gozo consciente, las hojas de una profesión inmaculada, la flor variada de los temperamentos santos y los frutos benéficos de la justicia moral. Están totalmente equivocados los que suponen que la luz del rostro de Dios, los privilegios del evangelio y los consuelos del Espíritu contribuyen a hacernos indolentes e inactivos en el camino del deber. El texto corta esta suposición de raíz. Pues no dice: se sentarán a la luz de tu rostro, ni: se acostarán a la luz de tu rostro, sino «ANDARÁN a la luz de tu rostro». ¿Qué es andar? Es un movimiento progresivo de un punto del espacio a otro. ¿Y qué es ese santo andar que el Espíritu de Dios capacita a todo su pueblo para observar? Es un movimiento continuo y progresivo del pecado a la santidad; de todo lo que es malo a toda buena palabra y obra. Y esa misma «luz del rostro de Dios» en la cual tú, oh creyente, puedes andar, y que al principio te dio pies espirituales con que andar, te mantendrá en estado de andar y de obrar hasta el fin de tu batalla. —Augustus Montague Toplady.
Versículo 15. Existe el sonido terrible y existe el sonido de júbilo. El sonido terrible fue el del monte Sinaí. El sonido de júbilo viene del monte Sion. Cuando el pueblo oyó el primero, estaba lejos de contemplar la gloria del rostro de Dios. Solo a Moisés se le permitió ver sus «espaldas»; al pueblo se lo mantuvo a distancia, y la luz de la gloria de Dios que vieron les resultaba tan terrible que no podían soportarla. Pero los que conocen el «sonido de júbilo» serán admitidos cerca, más cerca que Moisés, de modo que vean la gloria del rostro de Dios o el resplandor de su semblante, y no solo de pasada, como Moisés vio las espaldas de Dios, sino de continuo. La luz de la gloria de Dios no les será terrible, sino fácil y dulce, de modo que puedan morar en ella y andar en ella; y les servirá en lugar de la luz del sol; porque el sol ya no será su luz de día, ni la luna de noche, sino que Dios será su luz eterna. Compárese esto con Is 2:5; Ap 21:23-24; 22:4-5. —Jonathan Edwards.
Sugerencias para el predicador
Versículo 15.
- El evangelio es un sonido de júbilo. Buenas nuevas, etc.
- Es un sonido de júbilo para los que lo conocen, lo oyen, lo creen, lo aman, lo obedecen.
- Aquellos para quienes es un sonido de júbilo son bienaventurados. «Andarán», etc.
Versículo 15.
- Hay un conocimiento teórico del evangelio.
- Un conocimiento experimental, y
- Un conocimiento práctico. —W. Drasfield, 1859.
Salmos 89:16
Versículo 16. «En tu nombre se regocijará todo el día.» Y buena razón tienen para hacerlo, pues para el alma que en Cristo Jesús ha entrado en pacto con Dios, cada atributo es una fuente de deleite. No hay hora del día, ni día de nuestra vida, en que no podamos regocijarnos en el nombre, la persona y el carácter del Señor. No necesitamos otra razón para regocijarnos. Así como los filósofos podían alegrarse sin música, así podemos nosotros regocijarnos sin consuelos carnales; el Señor Todosuficiente es una fuente de gozo todosuficiente. «Y en tu justicia será enaltecido.» Por los justos tratos del Señor, los santos son levantados a su debido tiempo, por grande que haya sido la opresión y el abatimiento que hayan sufrido. En la justicia que el pacto provee, que es enteramente del Señor, los creyentes son puestos en alto, en una posición segura y bendita, de modo que están llenos de sagrada felicidad. Si Dios fuera injusto, o si nos considerara sin justicia, tendríamos que estar llenos de miseria; pero como ni lo uno ni lo otro es cierto, somos exaltados en verdad, y querríamos engrandecer el nombre del Señor.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 16. «Y en tu justicia será enaltecido.» En estas palabras podemos observar brevemente:
- La promoción del creyente: es enaltecido. En el primer Adán fuimos rebajados hasta lo más profundo del infierno, habiendo caído la corona de nuestras cabezas; pero en Cristo, el segundo Adán, somos de nuevo enaltecidos; sí, enaltecidos tan alto como el cielo, pues «nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús», dice el apóstol. Esto es una paradoja increíble para un mundo ciego: que el creyente que en este momento está sentado sobre el muladar de esta tierra esté al mismo tiempo sentado en el cielo en Cristo, su gloriosa Cabeza y representante. Ef 2:6.
- Tenemos el fundamento de la preferencia y el enaltecimiento del creyente: es en tu justicia. No es en justicia alguna suya; no, esta la rechaza por completo, considerándola solo «pérdida» y «basura», «trapos de inmundicia», comida de perros; sino que es en tu justicia, es decir, la justicia de Dios, como la llama el apóstol: Ro 1:17; Fil 3:9. La justicia de Dios se toma de diversas maneras en la Escritura. A veces por la infinita rectitud y equidad de su naturaleza: Sal 11:7, «Jehová es justo, y ama la justicia». A veces por su equidad como gobernante, o justicia distributiva, que ejerce en el gobierno del mundo, premiando a los buenos y castigando a los malhechores: Sal 97:2, «Justicia y juicio son el cimiento de su trono». A veces se emplea por su veracidad y fidelidad en cumplir su palabra de promesa, o en ejecutar su palabra de amenaza: Sal 36:5-6, «Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. Tu justicia es como los montes de Dios». A veces se emplea por la justicia perfecta que Cristo, el Hijo de Dios, como nuestro Fiador y Mediador, trajo, por su obediencia a la ley y su muerte en la cruz, para la justificación de los pecadores culpables; y esta, como dije, se llama con frecuencia la justicia de Dios; y en este sentido la entiendo aquí en el texto: «En tu justicia serán enaltecidos». —Ebenezer Erskine.
Sugerencias para el predicador
Versículo 16.
- Exultación.
(a) «En tu nombre», etc., rico en misericordia como el Dios de salvación, de toda gracia, de todo consuelo.
(b) En qué tiempo: «todo el día», mañana, mediodía y noche.
- Enaltecimiento. «En tu justicia», etc.
(a) Cómo no son enaltecidos: no en su propia justicia.
(b) Cómo son enaltecidos: en tu, etc. Procurada para ellos por una persona divina (tu), imputada a ellos. Nuestra, aunque tuya. La justicia de Dios como Dios no podría enaltecernos, pero su justicia como Dios-hombre sí puede. Enaltecidos por encima del infierno, por encima de la tierra, por encima del Paraíso, por encima de los ángeles. Enaltecidos hasta ser amigos de Dios, hijos de Dios, uno con Dios, hasta el cielo.
Versículo 16. (segunda parte). Considérese:
- Aquello por encima de lo cual, o de lo cual, es enaltecido el creyente por la justicia de Dios.
(a) Lo eleva por encima de la ley.
(b) Por encima del mundo.
(c) Por encima del poder y la malicia de Satanás.
(d) Por encima de la muerte.
(e) Por encima de toda acusación (Ro 8:33-34).
- A qué felicidad o dignidad es enaltecido el creyente en virtud de esa justicia.
(a) A un estado de paz y reconciliación con Dios.
(b) A la filiación.
(c) A la comunión y familiaridad con Dios, y al acceso a él.
(d) Y, finalmente, a un estado de gloria sin fin. —E. Erskine.
Salmos 89:17
Versículo 17. «Porque tú eres la gloria de su potencia.» Ciertamente en el Señor Jehová tenemos tanto justicia como fuerza. Él es nuestra hermosura y gloria cuando somos fuertes en él, así como nuestro consuelo y sustento cuando temblamos por la debilidad que sentimos en nosotros mismos. Ningún hombre a quien el Señor hace fuerte puede atreverse a gloriarse en sí mismo; debe atribuir toda honra solo al Señor; no tenemos fuerza ni hermosura fuera de él. «Y por tu buena voluntad será exaltado nuestro poder» (lit., nuestro cuerno). Con el uso de la palabra nuestro, el salmista se identifica con el pueblo bienaventurado, y esto indica cuánto más dulce es cantar en primera persona que acerca de otros. Que tengamos gracia para reclamar un lugar entre los que están en pacto con Dios, en Cristo Jesús, pues entonces el sentido del favor divino nos hará también audaces y gozosos. Una criatura llena de fuerza y de valor alza su cuerno, y así también el creyente se vuelve potente, valiente y atrevido. El cuerno era un adorno oriental, que llevaban hombres y mujeres, o al menos así es hoy, y al alzarlo, quien lo llevaba mostraba que estaba de buen ánimo y en actitud confiada; nosotros no llevamos tales vanidades externas, pero nuestra alma interior se adorna y se hace valientemente triunfante cuando sentimos el favor de Dios. Los hombres del mundo necesitan prosperidad exterior para levantar la cabeza, pero los santos hallan más que suficiente aliento en el amor secreto de Dios.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 17. «Por tu buena voluntad será exaltado nuestro cuerno.» De un hombre de porte altivo se dice que lleva su cuerno muy alto. Al que se entromete con orgullo en los asuntos de otro se le dirá: «¿Por qué muestras aquí tu kombu, tu "cuerno"?». «Mira a ese individuo, qué buen cuerno tiene; hará correr a la gente.» «En verdad, mi señor, tiene usted un gran cuerno.» «Chinnan ha perdido su dinero; sí, y también su "cornamenta".» «¡Ay, ay! Soy como el ciervo al que se le han caído los cuernos.» —Joseph Roberts, "Oriental Illustrations."
Versículo 19 (segunda parte). (Nueva traducción) «Un jefe poderoso he provisto de ayuda.» Literalmente: «He igualado la ayuda», es decir, he puesto o dado ayuda suficiente «sobre uno poderoso». El verbo denota «igualar», o «hacer una cosa igual o equivalente en peso a otra», como medio para el fin, o viceversa. —Richard Mant.
Sugerencias para el predicador
Versículo 17.
- La bienaventuranza de los justos.
(a) Su gloria interior. La confianza en la fuerza divina.
(b) Su honra interior. «Por tu buena voluntad», etc.
- La participación en esa bienaventuranza. El su del pueblo de Dios se convierte en nuestro. Su potencia, nuestro cuerno. Felices los que, respecto de todos los privilegios de los santos, pueden así convertir su en nuestro.
Versículo 17.
- Considérese nuestra debilidad natural.
- Considérese nuestra fuerza en Dios.
- Désele a Dios la gloria de ello.
Salmos 89:18
Versículo 18. «Porque Jehová es nuestro escudo.» Quienquiera que más nos defienda, él es nuestro Defensor y Escudo último. «Y nuestro rey es el Santo de Israel.» Quien protege debe gobernar; nuestro defensor debe ser reconocido como nuestro rey. A los reyes se los llama los escudos de las naciones, y el Dios de Israel es a la vez nuestro Gobernante y nuestra Defensa. Otro sentido puede ser que el defensor y rey de Israel era del Señor, le pertenecía y era enviado por él; de modo que hasta los protectores de la tierra son a su vez protegidos por el Señor. El título «el Santo de Israel» es peculiarmente deleitoso para el corazón renovado. Dios es uno, y no adoramos a ningún otro. Él es la santidad misma, el único ser que puede llamarse «el Santo», y en la perfección de su carácter vemos la razón más excelente de nuestra fe. Quien es santo no puede quebrantar sus promesas ni obrar injustamente respecto de su juramento y su pacto. Además, es el Santo de Israel, siendo especialmente el Dios de sus propios elegidos, nuestro por lazos peculiares, nuestro por siempre jamás. ¿Quién entre los santos no se regocijará en el Dios de la elección? ¿No son en verdad un pueblo grandemente bendito los que pueden llamar a este Dios su Dios por siempre jamás?
Sugerencias para el predicador
Versículo 18.
- Jehová: su poder, su existencia por sí mismo y su majestad, nuestra defensa.
- El Santo de Israel: su carácter, su carácter de pacto y su unidad, nuestro gobierno.
Salmos 89:19
Versículo 19. «Entonces hablaste en visión a tu santo.» El salmista vuelve a considerar el pacto hecho con David. El santo aquí mencionado puede ser David o el profeta Natán, pero lo más probable es que sea este último, pues fue a él a quien vino la palabra del Señor por la noche. 2 S 7:4-5. Dios se digna emplear a sus siervos ministros como medio de comunicación entre él y sus favorecidos; aun a David el rey se le reveló el pacto por medio de Natán el profeta; así el Señor honra a sus ministros. «He puesto el socorro sobre uno que es poderoso.» El Señor había hecho de David un hombre poderoso y valiente, y ahora se compromete a hacerlo ayudador y defensor del estado judío. En un sentido mucho más pleno, el Señor Jesús es esencial e inmensamente poderoso, y sobre él descansa, por designio divino, la salvación de su pueblo, mientras que su éxito está asegurado por el compromiso de la fuerza divina de estar con él. Pongamos nuestra fe donde Dios ha puesto nuestro socorro. «He exaltado a un escogido del pueblo.» David fue el elegido de Dios, elegido de entre el pueblo, como uno de ellos, y elegido para la posición más alta del estado. En su linaje, elección y exaltación fue un eminente tipo del Señor Jesús, que es el hombre del pueblo, el escogido de Dios y el rey de su iglesia. A quien Dios exalta, exaltémoslo nosotros. ¡Ay de los que lo desprecian! Son culpables de desacato ante el Señor de los ejércitos, además de rechazar al Hijo de Dios.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 19. Escogido tiene aquí su sentido estricto, pero no sin alusión a su uso específico para designar a un joven guerrero. —J. A. Alexander.
Sugerencias para el predicador
Versículo 19.
- La obra que se requiere: «Socorro».
(a) ¿Por quién? Por el mismo Dios.
(b) ¿Para qué? Para reconciliar a Dios con el hombre y al hombre con Dios.
- Las personas elegidas para esta obra.
(a) Humana: «escogido del pueblo».
(b) Divina: «tu Santo».
- Sus cualificaciones para la obra.
(a) Su propia capacidad para el oficio: «uno que es poderoso».
(b) Su designación para él por Dios: «He puesto», etc. «He escogido», etc.
Versículo 19. (última parte). Elección, linaje, exaltación.
Versículos 20-21.
- El Mesías sería de la simiente de David. El verdadero David.
- Sería siervo del Padre: «mi siervo».
- Sería consagrado a su oficio por Dios: «con mi santo aceite», etc.
- Lo cumpliría perfectamente: «con quien estará mi mano», etc.
- Sería sostenido en él por el Padre: «mi brazo», etc.
Versículos 22-23.
- Una profecía del conflicto del Mesías con Satanás. Satanás no podría exigirle deuda ni homenaje alguno.
- De su refutación de sus enemigos: «Majaré», etc. Los escribas y fariseos fueron abatidos ante su rostro.
- De la destrucción de su ciudad y de su nación: «Y heriré», etc.
Salmos 89:20
Versículo 20. «Hallé a David mi siervo.» David fue descubierto por el Señor entre los apriscos y reconocido como un hombre de espíritu piadoso, lleno de fe y de valor, y por tanto apto para ser caudillo en Israel. «Lo ungí con mi santo aceite.» Por mano de Samuel, David fue ungido rey mucho antes de subir al trono. El versículo debe exponerse también del Príncipe Emanuel; él se hizo siervo del Señor por causa nuestra, habiendo hallado el Padre para nosotros en su persona un poderoso libertador; por eso reposó sobre él el Espíritu sin medida, para capacitarlo para todos los oficios de amor para los cuales fue apartado. No tenemos un Salvador que se haya nombrado a sí mismo y sin cualificaciones, sino uno enviado por Dios y divinamente dotado para su obra. Nuestro Salvador Jesús es también el Cristo del Señor, o ungido. El aceite con que es ungido es el aceite propio de Dios, y aceite santo; está divinamente dotado con el Espíritu de santidad.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 20. «Con mi santo aceite lo he ungido.» Así como el David literal fue ungido rey tres veces —una por Samuel en la casa de Isaí, en Belén; otra en Hebrón, después de la muerte de Saúl, como rey sobre Judá; y de nuevo al cabo de siete años, como gobernante de todo Israel—, así también «Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret» en su natividad en Belén; una segunda vez sobre su Iglesia en su resurrección, cuando fue vencido el tirano que buscaba su vida, y entonces solo sobre la pequeña «confederación» (que es lo que significa Hebrón) de sus discípulos judíos; pero una tercera vez en su ascensión a la Jerusalén celestial, la Visión de Paz, donde él, coronado ya como Rey de gloria, fue ungido sobre todo el cielo y la tierra, supremo sobre todos los príncipes de Dios. Fue ungido tres veces también en otro sentido: una como Profeta, una como Sacerdote y una como Rey. —Neale y Littledale.
Versículos 20-24. «He HALLADO a David», exclama Dios. Cuando el pecado trajo la muerte al mundo y aniquiló las esperanzas de la humanidad en el primer pacto, yo, el Todopoderoso, en mi cuidado por ellos, busqué un Redentor. Lo busqué en la Naturaleza Divina; y lo «hallé» en mi Hijo Unigénito. Lo dotó de amplios poderes, y pacté que, en la debilidad de su encarnación, mi mano y mi brazo lo fortalecerían. Declaré que Satanás, el enemigo, no lo apremiaría; ni se le permitiría a Judas, el hijo de iniquidad, afligirlo. Los judíos, sus enemigos, caerán delante de él; serán derribados en su rechazo de él; perecerán de sobre su tierra y serán dispersados entre las naciones. Mi verdad estará siempre con él; y actuando en mi nombre y poder, será exaltado y glorificado entre los hombres. —William Hill Tucker.
Salmos 89:21
Versículo 21. «Con quien estará siempre mi mano.» O: «con quien mi mano estará siempre presente». La omnipotencia de Dios permanece de modo constante con Jesús en su obra como Redentor y Gobernante de su pueblo. «Mi brazo también lo fortalecerá.» La plenitud del poder divino lo acompañará. Esta promesa del pacto debe urgirse en oración delante del Señor, pues la gran carencia de la iglesia en este tiempo es el poder. Tenemos todo menos la energía divina, y nunca debemos descansar contentos hasta verla en plena operación entre nosotros. Jesús debe estar entre nosotros, y entonces no faltará fuerza en ninguna de las agencias de nuestras iglesias.
Salmos 89:22
Versículo 22. «No lo apremiará el enemigo»; no será hostigado ni perseguido como un deudor indefenso por un acreedor extorsionador. «Ni hijo de iniquidad lo afligirá.» Los hombres sin gracia ya no harán de su vida una carga. David, en su historia temprana, había sido cazado por Saúl como una perdiz en los montes, y aunque se había esforzado en todo por obrar con justicia hacia Saúl, por ser el ungido del Señor, Saúl nunca se contentó con sus muestras de lealtad, sino que lo persiguió sin descanso. El pacto, por tanto, aseguraba que su vida de penalidades y opresión terminaría para siempre; así fue en la persona del propio David, y de modo más notable aún en la vida de Salomón su hijo. ¿Quién no ve en todo esto un tipo del Señor Jesús, quien, aunque fue una vez apresado por nuestras deudas y maltratado por los impíos, está ahora tan exaltado que nunca más puede ser apremiado, ni el más feroz de sus enemigos puede hostigarlo de nuevo? Ningún Judas puede ya entregarlo a la muerte, ningún Pilato puede ya entregarlo para ser crucificado. Satanás no puede tentarlo, y nuestros pecados no pueden agobiarlo.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 22. «No lo apremiará el enemigo.» Nos parece que la alusión es a un acreedor cruel e injusto, que exige no solo sus deudas justas, sino alguna reclamación exagerada, con interés usurario, lo cual no estaba permitido. —Williams, citado por el editor de Calvino.
Salmos 89:23
Versículo 23. «Y majaré delante de él a sus enemigos», aplastándolos a ellos y a sus planes. Dios mismo libra así las batallas de su Hijo y derriba eficazmente a sus enemigos. «Y heriré a los que le aborrecen», o golpearé a los que lo odian. Que ninguno de nosotros aprenda el terror de esta amenaza, que sin duda se está cumpliendo sobre todos aquellos incrédulos que han rechazado al Hijo de Dios y han muerto en la dureza de su corazón. La profecía tiene también otro cumplimiento en el derrumbe de los sistemas de error y en la vejación que se causa a sus promotores. Para los malos no hay plaga como la prosperidad de la causa de Jesús.
Salmos 89:24
Versículo 24. «Mi verdad y mi misericordia estarán con él.» Estos son los dos atributos de los que el salmista comenzó a cantar en Sal 89:1, sin duda porque los veía como los más destacados del pacto que estaba a punto de alegar ante Dios. Con David y su descendencia, Dios fue misericordioso y fiel, y aunque por su pecado el reino literal perdió toda su gloria y la dinastía se oscureció, la línea permaneció sin romperse y se restauró más que toda su gloria anterior con la entronización de aquel que es Príncipe de los reyes de la tierra, con quien la misericordia y la fidelidad del Señor permanecen para siempre. Todos los que están en Jesús deben regocijarse, pues comprobarán en su propia experiencia la fiel misericordia del Señor. «Y en mi nombre será exaltado su poder» (lit., su cuerno). Gloriosamente alza su cabeza el Señor Jesús, elevado al lugar más alto de honor por mandato del Padre. David y Salomón en su dignidad fueron solo tipos débiles del Señor Jesús, que está muy por encima de todo principado y potestad. La más plena exaltación del cuerno de Jesús está aún por venir en aquel período milenario que se apresura.
Salmos 89:25
Versículo 25. «Asimismo pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra.» Llegará mucho más allá de los pequeños ríos que sirven de fronteras en Palestina; por su poder abarcará todas las tierras de mar a mar. Tendrá su mano en el océano y su diestra en los ríos más poderosos de la tierra. Así como los monarcas sostienen en la mano un globo para mostrar su dominio sobre la tierra, él asirá el mar, mucho más indomable, y será Señor de todo. Este poder le ha de ser dado por el Señor, y ha de ser permanente; así entendemos las palabras «pondré». El versículo contiene una voz de buen ánimo para los marineros y todos los que habitan sobre las aguas; la mano de Jesús está sobre ellos, y así como halló a sus primeros apóstoles junto al mar, confiamos en que todavía halla allí discípulos fervientes.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 25. «Asimismo pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra.» Es decir, que reinaría desde el Mediterráneo hasta el Éufrates; expresado figuradamente por su mano izquierda extendida al mar y su mano derecha a los ríos. Una expresión similar emplearon, según Curcio, los embajadores escitas ante Alejandro: «Si», dijeron, «los dioses te hubieran dado un cuerpo tan grande como tu ánimo, el mundo entero no podría contenerte. Alcanzarías con una mano el oriente y con la otra el occidente». —Kitto's Pictorial Bible.
Versículo 25. «Asimismo pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra.» Cierto artista solía decir que representaría a Alejandro de tal modo que en una mano sostuviera una ciudad y de la otra derramara un río. Aquí se representa a Cristo de inmensa estatura, más alto que todas las montañas, sosteniendo con una mano la tierra y con la otra el mar, mientras extiende sus brazos del mar oriental al occidental. —Le Blanc.
Salmos 89:26
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 26. «Él me clamará: Tú eres mi padre.» ¿Cuándo llamó David a Dios su Padre? Es notable que en ninguna parte del Antiguo Testamento encontramos que los patriarcas o los profetas llamaran a Dios su Padre. No los encontrarán dirigiéndose a él como Padre: no lo conocían como tal. Este versículo es ininteligible referido a David; pero en cuanto al Verdadero David es exactamente lo que dijo: «Mi Padre y vuestro Padre; mi Dios y vuestro Dios». Nunca, hasta que Cristo pronunció estas palabras, nunca, hasta que apareció en la tierra en humanidad como el Hijo de Dios, ningún hombre ni ningún hijo de la humanidad se dirigió a Dios con este título entrañable. Fue después de que Cristo dijo: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre» cuando los creyentes pudieron alzar los ojos a Dios y decir: «Abba, Padre». Aquí ven claramente que esto se aplica a Cristo. Él fue el primero en decirlo: David no lo dijo. Si no hubiera otra prueba en todo el Salmo, esa sola cláusula sería para mí una demostración de que aquí no puede hablarse de otro hombre que del Señor Jesucristo. —Capel Molyneux, 1855.
Versículo 26. Mi Padre. Cristo comenzó sus labores refiriéndose a su Padre, pues en Lc 2:49 dice: «¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?», y sus últimas palabras fueron: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»; y durante toda su vida se dirigió constantemente a Dios como su Padre. «Él me clamará: Tú eres mi padre», en cuanto a mi divinidad. «Mi Dios», en cuanto a mi humanidad; «la roca de mi salvación», en cuanto a mi mortalidad. —Belarmino.
Versículos 26-28. Cristo recibió el mandato de ser sufriente, y se le preparó un cuerpo para ese fin; así tuvo también el mandato de ser abogado, y se le dio una vida y se le preparó un trono a la diestra de Dios para ese fin. Esta comisión está contenida en las palabras que tenemos delante; y esto después de su exaltación, Sal 89:24-25. Sin embargo, para su cumplimiento pleno, Sal 89:27, aquí se menciona la materia del ruego: «Tú eres... la roca de mi salvación», el fundamento, la causa primera, de toda la salvación que he obrado en el mundo, siendo el primer motor de ella y prometiendo la aceptación de mí en el cumplimiento de lo que era necesario para ella. Así como tiene autoridad para clamar a Dios, tiene también la seguridad de que su clamor prevalecerá, en razón de la estabilidad del pacto de mediación, que se mantendrá firme con él, o le será fiel: «Para siempre le conservaré mi misericordia», Sal 89:28. Los tesoros de mi misericordia están reservados solo para ser abiertos y dispensados por él; y el disfrute de su simiente espiritual para siempre, y con ello el afianzamiento de su propio trono, es el fruto prometido de este clamor, Sal 89:28. —Stephen Charnock.
Sugerencias para el predicador
Versículo 26. El espíritu filial de nuestro Señor y cómo se manifestó.
Salmos 89:27
Versículo 27. «Yo también le pondré por primogénito.» Entre los reyes, la descendencia de David habría de ser la más favorecida y colmada del mayor amor y consideración paternal de parte de Dios; pero en Jesús vemos esto verificado en el más alto grado, pues él tiene la preeminencia en todo, por cuanto heredó más excelente nombre que cualquier otro y es más alto que los reyes de la tierra. ¿Quién puede rivalizar con el Primogénito del cielo? La porción doble y el gobierno le pertenecen. ¡Los reyes son honrados cuando lo honran, y los que lo honran son reyes! En la gloria milenaria se verá lo que el pacto guarda para el Hijo de David, antaño despreciado; pero aun ahora la fe lo ve exaltado como Rey de reyes y Señor de señores. ¡He aquí, nos inclinamos ante ti, Heredero de todas las cosas! Nuestras gavillas se inclinan ante tu gavilla. Todos los hijos de tu madre te llaman bienaventurado. Tú eres aquel a quien tus hermanos alabarán. Jesús no es siervo de príncipes, ni querría que su esposa, la iglesia, se degradara inclinándose ante los reyes y comiendo de sus manos el pan de un pensionista. Él y su reino son más altos que los reyes de la tierra. Que los grandes de la tierra sean sabios y se sometan a él, pues él es Señor, y es el que gobierna entre las naciones.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 27. «Yo también le pondré por primogénito.» Primero, porque es el primero en el orden de la predestinación; pues por medio de él, como cabeza, somos predestinados, según leemos en Ef 1:1-23. Segundo, porque es el primero en la segunda generación para la vida eterna, por lo cual se le llama (Col 1:18) «el primogénito de entre los muertos», y en Ap 1:5, «el primogénito de los muertos»; y, tercero, porque tuvo los derechos del primogénito; pues fue constituido heredero de todo; y fue hecho no solo primogénito, sino también «el más excelso de los reyes de la tierra»; es decir, Príncipe de los reyes de la tierra y Rey de reyes. —Belarmino.
Versículo 27. «Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra.» Esta promesa implica claramente una superioridad de naturaleza semejante a la que gozaba antiguamente el hijo mayor de una familia: los privilegios y bendiciones de la primogenitura, que consistían principalmente en tres particulares importantes: primero, una porción doble de las posesiones terrenales del padre, Dt 21:17. Segundo, el mando o autoridad sobre las ramas más jóvenes de la familia, 2 Cr 21:3; y tercero, el ejercicio del sacerdocio, porque Dios reclamó a todos los primogénitos como suyos, y en su lugar designó a los levitas para hacer el oficio de sacerdotes, Nm 8:14-17. Pero, si bien es literalmente cierto que Jesús fue el hijo primogénito de su madre virgen, y por eso con derecho a los privilegios acostumbrados, la promesa del Salmo 89 (Sal 89:1-52) da indicio de algo específico e inusitado. David era el hijo menor de Isaí, el último en la lista de una familia numerosa, el último de todos los que podía esperar ser exaltado sobre los demás. Pero, a pesar de estas desventajas naturales, fue elección de Dios; y remitiéndose a la historia de la Escritura sería fácil mostrar, en una variedad de particulares, cómo la promesa hecha a David, «yo también le pondré por primogénito», se cumplió literal y notablemente en el hijo de Isaí. De igual modo Jesús, a toda apariencia humana, al entrar en el mundo como heredero aparente solo de la pobreza de María y de su esposo desposado, estaba muy lejos de toda perspectiva de realizar aquella combinación de prerrogativa real y sacerdotal que, sin embargo, le fue asegurada por la promesa de su Padre celestial: «Le pondré por mi primogénito». El pronombre «mi» da gran énfasis a la promesa, pero esta palabra está interpolada; y por más verdaderamente que transmita una idea de la inefable superioridad que pertenece a Jesucristo como resultado de su relación con Dios, hallaremos que, aun sin este importante pronombre, la sola promesa de ser «primogénito» tiene una sublimidad y una grandeza que no necesita adorno ni añadidura. El gran Jehová, el Hacedor, el Dueño y el Gobernante del universo, ha dicho respecto de su Cristo: «Le pondré por mi primogénito»; es decir, lo constituiré jefe de todas las criaturas, depositario de todo poder, poseedor de todos los privilegios y heredero de toda la creación. Por excelencia, él es el primogénito, «el más excelso de los reyes de la tierra», gozando de prioridad en el tiempo y de precedencia en el lugar. —David Pitcairn, en "The Anointed Saviour", 1846.
Versículo 27. Mi primogénito. En el idioma hebreo todos los reyes eran hijos de Dios; pero David es el principal de ellos, el primogénito de Dios. Los griegos tenían un modo de expresarse semejante. Los reyes eran los hijos de crianza de Júpiter. —Alexander Geddes.
Salmos 89:28
Versículo 28. «Para siempre le conservaré mi misericordia.» Los reyes de la línea de David necesitaban misericordia, y la misericordia impidió que su casa pereciera del todo hasta que vino el Hijo de María. Él no necesita misericordia para sí mismo, pero es un hombre representativo, y la misericordia de Dios es necesaria para los que están en él; y tal misericordia se guarda para siempre. «Y mi pacto será firme con él.» Con Jesús el pacto está ratificado tanto por la sangre del sacrificio como por el juramento de Dios; no puede ser cancelado ni alterado, sino que es una verdad eterna, que descansa en la veracidad de quien no puede mentir. Qué exultación llena nuestros corazones al ver que el pacto de gracia es seguro para toda la simiente, porque se mantiene firme con aquel a quien estamos indisolublemente unidos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 28. «Para siempre le conservaré mi misericordia.» ¿Cómo conservará su misericordia para Cristo para siempre? Muy sencillamente, creo. ¿No es Cristo la Fuente de toda misericordia para nosotros? ¿No es la misericordia de Dios el Padre, que fluye hacia nosotros por medio de Cristo, la que disfrutamos? ¿No es él el Depositario de toda ella? Dios dice, entonces: la guardaré para él; para siempre jamás estará depositada en Cristo, y su pueblo la disfrutará por toda la eternidad. —Capel Molyneux, 1855.
Versículos 28-30. He aquí consuelo para los que son verdaderos pámpanos y siguen dando fruto en medio de todas las pruebas que les sobrevienen: Dios no permitirá que sean cortados por su corrupción. Si algo hubiera en ellos que pudiera provocar a Dios a hacerlo, tendría que ser el pecado. Ahora bien, en cuanto a eso, ven cómo Cristo promete que Dios tomará providencia al respecto y lo purgará de ellos. Este es el pacto hecho con David (como tipo de Cristo, con quien ese mismo pacto está hecho seguro y firme): que si sus hijos dejaren mi ley, y no anduvieren en mis juicios… ¡¿Qué?! ¿Echarlos enseguida fuera de casa y cortarlos, como a aquellos con quienes no pensaba tener ya nada que ver? ¿Nada sino rechazo total? ¿No hay medio de recuperarlos? ¿Ninguna vara en la casa? Sí: entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades, les sacaré a azotes la terquedad y el pecado; pero no quitaré de él mi misericordia, como la quité de Saúl, según 1 Cr 17:13. Que los santos consideren esto, para que vuelvan cuando hayan caído, y se sometan a él y a su naturaleza, y le dejen hacer con ellos lo que quiera, y soporten el corte, la lanceta y el fuego, con tal que no los corte del todo; soporten la disciplina y todos los demás tratos suyos, sabiendo que todo el fruto es solo quitar el pecado, hacerlos «participantes de su santidad»; y «si en alguna manera», como dice Pablo de sí mismo (Fil 3:11), sea el medio el que fuere, no importa. Y si Dios, en algún momento, parece cortarte, no es sino como fue cortado el corintio incestuoso, «para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo». —Thomas Goodwin.
Salmos 89:29
Versículo 29. «Pondré su descendencia para siempre.» La simiente de David vive en la persona del Señor Jesús, y la simiente de Jesús en las personas de los creyentes. Los santos son una raza que ni la muerte ni la vida pueden matar. Roma y sus sacerdotes, con su inquisición y otras crueldades infernales, se han afanado por exterminar la simiente del pacto, pero «vana es su rabia, vanos sus esfuerzos». Mientras Dios viva, su pueblo debe vivir. «Y su trono como los días de los cielos.» Jesús reina, y reinará hasta que caigan los cielos; sí, y cuando los cielos pasen con grande estruendo y los elementos ardiendo se fundan, su trono permanecerá. ¡Qué pacto tan bendito es este! Algunos comentaristas hablan de condiciones, pero nosotros no vemos ninguna; las promesas son tan absolutas como es posible, y si se pudiera concebir alguna condición en cuanto a la conducta de los individuos favorecidos, queda resuelta en los versículos siguientes.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 29. «Su simiente» y «su trono» van unidos, como si su trono no pudiera sostenerse si su simiente faltara. Si sus súbditos perecieran, ¿de qué sería rey? Si sus miembros se consumieran, ¿de qué sería cabeza? —Stephen Charnock.
Sugerencias para el predicador
Versículo 29.
- Los súbditos del reinado del Mesías: «su simiente».
(a) Por la unión: su simiente.
(b) Por la semejanza.
(c) Por la multitud.
- La duración de su reinado.
(a) Ellos, para siempre uno con él.
(b) Él, para siempre en el trono.
Versículos 30-34.
- Las personas a que se refiere: «sus hijos». «Todos vosotros sois hijos», etc.
- La suposición acerca de ellos: «si sus hijos dejaren», etc.
(a) Posiblemente pueden: pueden caer, aunque no apartarse del todo.
(b) Probablemente lo harán, porque están lejos de ser perfectos.
(c) De hecho lo han hecho: como el mismo David y otros.
- La amenaza fundada en esa suposición.
(a) Especificada: «la vara», «azotes». Les dolerá tarde o temprano.
(b) Certificada: «Entonces castigaré».
- La salvedad de la amenaza: «Pero no», etc.
(a) El «pero» caracterizado: no se quita la misericordia, etc.
(b) Enfatizado: la vara puede parecer de ira; sin embargo, etc.
Hay:
- Un «si».
- Un «entonces».
- Un «pero».
Salmos 89:30
Versículo 30. «Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios.» Era posible, terriblemente posible, que la posteridad de David se apartara del Señor; de hecho lo hizo, pero ¿y entonces? ¿Había de apartarse la misericordia de Dios de la simiente de David? De ningún modo. Así también la simiente del Hijo de David es propensa a desviarse, pero ¿es por eso desechada? Ni una sola palabra da libertad para tal idea, sino todo lo contrario. Los expositores, en su temor a la doctrina calvinista, se sacuden el temor de añadir a la palabra de Dios; de otro modo no habrían gastado su tiempo hablando de «las condiciones» de este pacto absolutamente incondicional.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 30. «Si dejaren sus hijos mi ley.» Se supone una objeción: «Supongamos que esta simiente incluida en el pacto cae en transgresión, ¿cómo se mantendrá entonces firme el pacto?». El pacto, con la simiente, permanecerá para siempre, pero la simiente debe ser una simiente santa. Entonces el objetor supone: «Supongamos que la simiente se vuelve impía». Pues bien, Dios lo explica: «Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios», es decir, si la simiente se aparta en la práctica; «si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad». Observen el caso. ¿Qué es lo que Dios hará? El caso supuesto es que la simiente de Cristo deja la ley y quebranta sus estatutos. No necesito decirles que eso se cumple todos los días. Aquí no se habla de los impíos ni de los inconversos, sino de los propios hijos de Dios. ¿Dicen: «¿Pueden ser culpables de quebrantar los estatutos de Dios y dejar la ley de Dios?». Lo hacemos todos los días. No hay un solo día de nuestra vida en que no lo hagamos. …
¡Cuántos se asombrarían si supieran cuál es el verdadero caso de aquellos, quizá, a quienes admiran y consideran muy adelantados y elevados en la vida divina, si conocieran las caídas, las lamentables caídas, caídas de corazón, de palabra y de obra; si conocieran la profunda angustia que los hijos de Dios, que según suponen están muy adelantados en la vida divina, sufren continuamente por el efecto de tales transgresiones! Eso es exactamente lo que Dios dice; viene y contempla tal caso, y dice: «Si quebrantaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos», entonces… ¿qué? ¿Qué hará Dios? Algunos dicen: «Entonces Dios los dejará». Los que objetan la doctrina de la perseverancia final dicen esto: «Es verdad que preservará al creyente de los lazos del Diablo y de las tentaciones del mundo, pero no del estallido de su propio mal natural». Puede ser traicionado por este y perderse finalmente. Dios responde exactamente a ese caso; contempla el peor caso: la transgresión efectiva. Dice: «Si un hijo mío quebranta mi ley». No dice nada del Diablo ni de las tentaciones externas del mundo, sino: «Si dejaren mi ley y quebrantaren mis estatutos». Dejémonos instruir por Dios. No dice que los dejará y los abandonará. ¡Observen lo que hará! Dice: «Castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades». Esa es la provisión que Dios ha hecho en su pacto; y es delicioso ver cómo Dios ha contemplado nuestro caso hasta lo sumo. No hay nada en nuestra historia que Dios no haya previsto en el pacto con Cristo. Si estás unido a Cristo y participas del pacto, tu caso está atendido en toda emergencia concebible. Nada puede sobrevenirte que no esté contemplado, nada para lo cual Dios no haya provisto. Aun si caes, Dios ha provisto para ello; pero cuídate: la provisión implica mucho que será terrible y dolorosísimo para tu ánimo. No hay nada en ello que estimule el pecado; nada que nos dé licencia, nada que lleve a un hombre a jactarse: «Estoy por fin a salvo». Sea así: pero ¿a salvo cómo? ¿Cómo asegurará Dios su salvación? «Castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades.» —Capel Molyneux.
Versículo 30. «Si dejaren sus hijos mi ley.» Si caen en pecados de comisión; si se pasan del blanco. «Y no anduvieren en mis juicios.» Si caen en pecados de omisión y se quedan cortos. Nótese que toda transgresión y desobediencia (es decir, toda comisión y omisión) recibió justa retribución, He 2:2. —John Trapp.
Versículo 30. Sus hijos. Hebr. banav, sus hijos, es decir, los cristianos, nacidos por los dolores de Cristo en la cruz, como los dolores de la que está de parto. —Geier.
Versículo 30. Un hombre puede abandonar las doctrinas del evangelio. Puede caer en grandes errores, grandes desviaciones de la verdad; puede abandonar las ordenanzas de la casa del Señor, aunque ve que la palabra de Dios es clara al respecto. Estima como nada lo que el Señor estima tanto que lo ha dado a su iglesia como un depósito sagrado, que ella ha de transmitir hasta la última posteridad mientras el tiempo exista. Y lo que es aún más: un hombre puede abandonar por un tiempo los principios del precioso evangelio del Dios vivo. Pero puedo imaginar un estado todavía más solemnemente conmovedor que este. Es parte de la sabiduría de Dios (y es para nuestro bien que así sea; toda la sabiduría de Dios es para el bien de su pueblo) que el pecado lleve al pecado; que una negligencia allane el camino a otra; que lo malo conduzca a lo peor, y que lo peor prepare el camino para lo pésimo… Cuanto más vivo, más llego a esto: a saber que no hay pecado alguno que se haya cometido jamás del cual no necesite yo la gracia de Dios para guardarme. —James Harrington Evans.
Versículos 30-34. Dios dice aquí dos cosas: primero, que los castigará; luego, que no por eso los echará fuera de su pacto. ¡Oh admirable temple de la bondad y la severidad de Dios! En ello halla él su propia gloria, y los creyentes su seguridad. El Padre celestial ama la sangre y las marcas de su Cristo que ve en ellos, y los restos de fe y piedad que se conservan ocultos en lo profundo de su corazón; por eso no los desechará. Por otra parte, considera que no concuerda ni con su sabiduría ni con su santidad otorgar su gracia y su salvación a quienes no se arrepienten de haber desechado su ley y haberse entregado a la iniquidad. Para armonizar estos deseos opuestos, toma la vara y los castiga, para despertar su conciencia y excitar su fe; para devolverlos, por el arrepentimiento que su disciplina produce, a tal estado que pueda concederles, sin vergüenza, las bendiciones que ha prometido a los hijos de su Hijo; así como un padre sabio, con una corrección moderada y juiciosa, va apartando poco a poco a su hijo de los desórdenes de vida en que se ha hundido, y con ello preserva su honra y el placer de poder amarlo y complacerlo sin recelo. O como un cirujano hábil, por el dolor que su cuchillo, su cauterio o sus pociones amargas causan a su paciente, le salva la vida y aleja la muerte. —Jean Daillé.
Versículos 30-34. Cuando nuestro Padre celestial se ve, por así decirlo, forzado a mostrar su ira, se vale entonces de la vara de un padre, no del hacha de un verdugo. No quebrará ni los huesos de sus hijos ni su propio pacto. Azota con amor, con medida, con piedad y compasión. —Thomas Lye, 1621-1684.
Salmos 89:31
Versículo 31. «Si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos.» El terrible «si» se sugiere de nuevo, y el triste caso se expone en otras formas. Pero si así fuera, ¿entonces qué? ¿Muerte y rechazo? ¡Ah, no! ¡Bendito sea Dios, no! Sea su pecado negativo o positivo, sea abandono o profanación; sean violados los juicios o los mandamientos, o ambos, no hay una palabra sobre destrucción final, sino todo lo contrario. El legalismo importará sus «si», pero el Señor mata los «si» tan pronto como surgen. Los «será» y los «haré» eternos hacen un glorioso estrago entre los «si» y los «pero».
Salmos 89:32
Versículo 32. «Entonces castigaré con vara su rebelión.» No con espada, no con muerte y destrucción, pero sí con una vara que escuece, hormiguea y duele. Los santos deben sufrir si pecan: Dios se encargará de ello. Odia demasiado el pecado para no visitarlo, y ama demasiado a sus santos para no disciplinarlos. Dios nunca juega con su vara; la descarga bien sobre sus hijos, los visita con ella en sus casas, en sus cuerpos y en sus corazones, y les hace saber que está disgustado con sus caminos. Golpea a fondo y castiga su iniquidad «con azotes», que son muchos o pocos según el corazón se conmueva debidamente por ellos. La vara es una bendición del pacto y está hecha para usarse. Como el pecado es tan frecuente, la vara nunca descansa mucho tiempo seguido; en la familia de Dios no se ahorra la vara, o los hijos se echarían a perder.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 32. «Entonces castigaré con vara su rebelión», etc. No dice simplemente: los heriré; sino: visitaré con vara. Una cosa es meramente herir, otra cosa es herir visitando. Pues la visita implica supervisión y cuidado paternal. La metáfora está tomada de los que se encargan de velar por los enfermos, de criar niños o de cuidar ovejas. No dice: los visitaré con la vara; sino: visitaré su rebelión con la vara. Deberíamos pensar continuamente qué es lo que la vara de Dios visita en nosotros, para confesar nuestras transgresiones y enmendar nuestra vida. —Musculus.
Salmos 89:33
Versículo 33. «Mas.» ¡Y qué «mas» tan glorioso! «Mas no quitaré de él mi misericordia.» ¡Oh sentencia gloriosa que mata el temor! Esto corona el pacto con gloria sobreabundante. La misericordia puede parecer apartarse de los escogidos del Señor, pero nunca lo hará del todo. Jesús sigue gozando del favor divino, y nosotros estamos en él; por eso, aun en las circunstancias más duras, la misericordia del Señor para con cada uno de sus escogidos resistirá la prueba. Si el pacto pudiera anularse por nuestros pecados, se habría anulado mucho antes; y si se renovara, su vigencia no valdría ni una hora de compra si siguiera dependiendo de nosotros. Dios puede dejar a su pueblo, y este puede por ello sufrir mucho y caer muy bajo, pero retirar de ellos su amor por completo y del todo, nunca puede; pues eso sería arrojar una sombra sobre su propia verdad, y esto no lo permitirá jamás, pues añade: «ni falsearé mi verdad». El hombre falla en todo, pero Dios en nada. Ser fiel es una de las características eternas de Dios, en la cual él pone siempre gran parte de su gloria: su verdad es uno de sus tesoros peculiares y joyas de su corona, y nunca soportará que se empañe en grado alguno. Este pasaje nos asegura dulcemente que los herederos de la gloria no serán desechados del todo. Que lo nieguen, si quieren, los que niegan la seguridad de los santos; nosotros no hemos aprendido así a Cristo. Creemos en la vara del evangelio, pero no en la espada penal para los hijos adoptivos.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 33. «Mas no quitaré de él mi misericordia», etc. Si el pacto de gracia no tuviera este artículo para la remisión del pecado y la corrección paternal que impulsa al arrepentimiento, de modo que la persona penitente que viene a Dios por la fe pudiera tener perdonado su pecado y mostrada su misericordia, este pacto nos fallaría no menos que el pacto de las obras. —David Dickson.
Versículo 33. «No quitaré de él.» ¿Por qué «de él»? Porque toda la misericordia de Dios para con su pueblo está centrada en Cristo. ¿Te ama Dios? Es porque ama a Cristo; tú eres uno con Cristo. Tus transgresiones son tuyas; están separadas de Cristo; pero el amor de Dios no es tuyo; es de Cristo: lo recibes porque eres uno con él. Qué hermosamente se distingue aquí: «Si transgreden, castigaré a ellos; pero mi misericordia no la quitaré de él», en quien solo ellos la hallan, y en unión con quien solo ellos la disfrutan. —Capel Molyneux.
Versículo 33. De él. Las palabras «Mas no quitaré de él mi misericordia» son dignas de consideración; pues tratándose de los que son castigados, parecería que debía haber escrito «de ellos» y no «de él». Pero el profeta lo ha expresado así porque, siendo nosotros hijos y miembros de su Cristo, los favores que Dios nos concede le pertenecen de algún modo a él; y parece que el salmista quiere mostrarnos con ello que es en Jesucristo, y solo por amor a él, como Dios nos concede favores. Y lo que sigue, en el versículo 34, concuerda con esto: «No quebrantaré mi pacto»; pues es propiamente a Jesucristo, por su admirable obediencia, a quien Dios el Padre ha prometido ser misericordioso con nuestras iniquidades y no dejar perecer a ninguno de los que están en pacto con él. —Jean Daillé.
Versículo 33. «Ni falsearé mi verdad.» La fe del hombre puede fallarle a veces, pero la fidelidad de Dios nunca le falla: Dios no permitirá que su fidelidad falle. Las operaciones de Dios pueden tener un aspecto contrario; las tentaciones del diablo y nuestros corazones incrédulos pueden no solo hacernos pensar así, sino persuadirnos de que es así, siendo que no puede ser, porque el Señor no lo permitirá, no hará mentira de su verdad o fidelidad; así es el hebreo: es un Dios que no puede mentir, es la Verdad, habla verdad, y ninguna de sus promesas puede ni va a fallar; lo cual puede dar fuerte consuelo a todos los que están bajo alguna promesa de Dios. —William Greenhill.
Salmos 89:34
Versículo 34. «No quebrantaré mi pacto.» Es su propio pacto. Él lo ideó, trazó su borrador y entró en él voluntariamente: por eso lo tiene en gran estima. No es el pacto de un hombre, sino que el Señor lo reclama como suyo. Entre los hombres es cosa mala ser «violador de pactos», y semejante epíteto ignominioso jamás será aplicable al Altísimo. «Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.» Las alteraciones y los segundos pensamientos pertenecen a seres de vista corta que se topan con sucesos inesperados que los hacen cambiar de parecer; pero el Señor, que lo ve todo desde el principio, no tiene tal razón para cambiar de postura. Además es inmutable en su naturaleza y en sus designios, y no puede cambiar de corazón, y por tanto tampoco en la promesa. Una palabra dada es sagrada; una vez que una promesa ha pasado por nuestros labios, la honradez prohíbe que la retiremos, a menos que lo prometido sea imposible o malo, lo cual ninguna promesa de Dios puede ser. Qué consolador es ver al Señor tan resuelto. En las palabras que tenemos delante, él reafirma virtualmente su pacto y repasa sus compromisos. Lo hace con tanta extensión y con tanta reiteración que es evidente que se complace en ese antiquísimo y solemne contrato. Si fuera concebible que se hubiera arrepentido de él, no se le vería insistir en él y repetirlo con renovado énfasis.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 34. «No quebrantaré mi pacto.» Había dicho antes: Si los hijos de David quebrantaren mis estatutos; y ahora, aludiendo a esa transgresión, declara que no les pagará como ellos le pagan: «No quebrantaré mi pacto», dando a entender que, aunque su pueblo no obre del todo de manera correspondiente a su vocación, como debería, no permitirá que su pacto sea quebrantado y anulado por culpa de ellos, porque lo impedirá pronta y eficazmente borrando sus pecados con un perdón gratuito. —Juan Calvino.
Salmos 89:35
Versículo 35. «Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David.» Como no podía jurar por uno mayor, juró por sí mismo, y por ese atributo peculiar que es su mayor gloria, objeto de la triple adoración de todas las huestes del cielo. Dios empeña aquí la corona de su reino, la excelente hermosura de su persona, la esencia de su naturaleza. Viene a decir que, si deja de ser fiel a su pacto, habrá perdido su carácter santo. ¿Qué más puede decir? ¿En qué lenguaje más fuerte puede expresar su inalterable adhesión a la verdad de su promesa? Un juramento es el fin de toda contienda; debería ser el fin de toda duda de nuestra parte. No podemos imaginar que Dios pudiera mentir, y sin embargo lo plantea así: que si él no guardara el pacto, lo consideraría una mentira. Aquí hay fundamento para una confianza firme; que nuestra fe sea de tal naturaleza que estas seguridades la justifiquen.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 35. «Una vez he jurado por mi santidad.» Pone aquí su santidad como prenda para la seguridad de su promesa, como el atributo que le es más caro, que más estima, como si ningún otro pudiera dar una seguridad paralela a ella en este asunto de una redención eterna de que allí se habla. El que jura, jura por uno mayor que él. Como Dios no tiene a nadie mayor que él, jura por sí mismo; y jurar aquí por su santidad parece igualar ese solo atributo a todos los demás, como si le importara más la honra de este que la de todos los otros. Es como si hubiera dicho: Puesto que no tengo una perfección más excelente por la cual jurar que la de mi santidad, la doy en prenda de vuestra seguridad y me obligo por aquello de lo cual nunca me desprenderé, aunque me fuera posible ser despojado de todo lo demás. Es una imprecación tácita contra sí mismo: si miento a David, que nunca se me tenga por santo ni por lo bastante justo para que ángeles u hombres confíen en mí. Este atributo es el que más hace valer. —Stephen Charnock.
Salmos 89:36
Versículo 36. «Su descendencia será para siempre.» La línea de David en la persona de Jesús es interminable, y la raza de Jesús, representada en las sucesivas generaciones de creyentes, no muestra señal de fallar. Ningún poder, humano o satánico, puede romper la sucesión cristiana; cuando mueren los santos, otros se levantan para ocupar su lugar, de modo que hasta el último día, el día del juicio, Jesús tendrá una simiente que le sirva. «Y su trono como el sol delante de mí.» En nuestro Señor Jesús la dinastía de David permanece en el trono. Jesús nunca ha abdicado ni ha ido al destierro. Reina, y debe reinar mientras el sol siga brillando sobre la tierra. Una simiente y un trono son las dos grandes promesas del pacto, y son tan importantes para nosotros como para nuestro Señor Jesús mismo; porque nosotros somos la simiente que debe permanecer para siempre, y somos protegidos y ennoblecidos por aquel Rey cuyas regalías han de durar para siempre.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 36. «Su descendencia será para siempre.» Continuarán para siempre en tres sentidos. Primero. En la sucesión de su raza hasta el fin del mundo. Nunca será cortada. —«¡La Iglesia está en peligro!» ¿Qué Iglesia? «Sobre esta roca», dice él, «edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». Sí, su pueblo seguirá aumentando en número y en excelencia. Dejaremos el mundo mejor de como lo hallamos; y así lo harán nuestros hijos; hasta que Jerusalén sea establecida y puesta por alabanza en toda la tierra. Segundo. En su carácter religioso hasta el fin de su propia vida. Si fueran dejados a sí mismos, no podríamos estar seguros de que perseveraran hasta el fin de un día o de una hora. Pero son guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para salvación. Él los sostiene con su mano. Seguirán su camino. En todos sus peligros serán más que vencedores. Tercero. En su estado glorificado, por las edades eternas. El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Toda otra grandeza es solo para la vida: con frecuencia es menos duradera; con la muerte termina. Pero entonces la grandeza del cristiano —no diré que comienza, pues comenzó en el momento en que oró— entonces continúa, aumenta y se perfecciona. —William Jay.
Salmos 89:37
Versículo 37. «Como la luna será firme para siempre.» El reino puede crecer y menguar a los ojos mortales, pero seguirá permaneciendo mientras la luna camine en su belleza de plata. «Y como un testigo fiel en el cielo.» La parte más estable del universo es escogida como tipo del reino del Mesías, y tanto el sol como la luna son hechos símbolos de su larga duración. Cualquier otra cosa que haya en el cielo que dé fiel testimonio del curso inflexible de la naturaleza es también llamada a ser una señal de la verdad del Señor. Cuando el cielo y la tierra son testigos y el Señor mismo jura, no queda excusa para dudar, y la fe reposa gozosa en confiada expectación.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 37. «Como la luna será firme para siempre.» Kimchi expone esta cláusula no solo de la perpetuidad, sino de la cualidad y condición del reino de David, de esta manera: si sus hijos son buenos, serán como la luna cuando está llena y brillante; si malos, como la luna menguante y oscura. Con todo, el reino mismo no cesará, así como la luna no deja de existir mientras está oscura, sino que dura perpetuamente. —Musculus.
Versículo 37. «Y como un testigo fiel en el cielo.» (Nueva traducción) «Y como la fiel señal del arco iris.» El arco iris no se menciona expresamente en el original, que habla solo del «testigo fiel en el cielo». Algunos comentaristas entienden que el «testigo» así mencionado no es otro que la luna misma. Prefiero, sin embargo, la interpretación que lo refiere al arco iris, que Dios, después del diluvio, designó como «señal» o «testimonio» de su misericordia en Cristo. Gn 9:12-17. Conforme a esta designación, se dice que los judíos, cuando ven el arco iris, bendicen a Dios, que se acuerda de su pacto y es fiel a su promesa. Y la tradición de esta designación suya para proclamar consuelo a la humanidad era fuerte entre los paganos: pues, según la mitología de los griegos, el «arco iris» era hija de «asombro», «señal para los mortales», y se lo consideraba, al aparecer, mensajero de las deidades celestiales. Así Homero, con notable conformidad con el relato de la Escritura, habla del «arco iris» que «Júpiter ha puesto en la nube, señal para los hombres». —Richard Mant.
Salmos 89:38
Versículo 38. «Mas tú desechaste y menospreciaste.» El Señor había prometido no desechar a la simiente de David, y sin embargo parecía que lo había hecho, y además de la manera más airada, como si aborreciera la persona del rey. Las acciones de Dios pueden parecernos lo contrario de sus promesas, y entonces nuestro mejor camino es venir ante él en oración y exponerle el asunto tal como lo captamos. Se nos permite hacerlo, pues este hombre santo e inspirado lo hizo sin reprensión, pero debemos hacerlo con humildad y con fe. «Y te has airado con tu ungido.» Sin duda merecía la ira, pero lo que el salmista subraya es que esto le parecía estar en conflicto con el pacto de gracia. Plantea el asunto con claridad y se atreve con el Señor, y al Señor le agrada que sus siervos lo hagan así; muestra que creen que sus compromisos son hechos reales.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 38. «Mas tú desechaste», etc. Mientras tanto, la queja de los santos es tan exagerada que el sentir carnal se manifiesta en ellos más que la fe… Sin embargo, tal es la bondad de Dios que no se ofende por estas quejas, con tal de que la fe no se extinga del todo ni sucumba. —Mollerus.
Salmos 89:39
Versículo 39. «Rechazaste el pacto de tu siervo.» Las disposiciones de la providencia parecían indicar una anulación del sagrado compromiso, aunque en realidad no era así. «Has profanado su corona hasta la tierra.» El rey había estado sujeto a tal dolor y vergüenza que su diadema había sido, por así decirlo, arrancada de su cabeza, arrojada a la tierra y revolcada en el lodo. Era un monarca teocrático, y el Señor, que le dio su corona, se la quitó y la trató con desprecio; al menos así parecía. En estos tristes días podemos también proferir la misma queja, pues Jesús no es reconocido en muchas de las iglesias, y los usurpadores han profanado su corona. Cuando oímos de reyes y reinas erigidos como «cabezas de la iglesia», y de un sacerdote llamado «el Vicario de Cristo», mientras parlamentos y tribunales se arrogan el legislar para la iglesia de Dios, podemos lamentar amargamente que las cosas hayan llegado a un punto tan miserable. Pocos son los que reconocen los derechos de corona del Rey Jesús; el tema mismo se considera pasado de moda. ¡Oh Señor, hasta cuándo!
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 39. «Has profanado su corona», etc. La corona de un rey (como la del sumo sacerdote, en la cual estaba inscrito «Santidad a Jehová») (Éx 28:36) era una cosa sagrada, y por tanto arrojarla al polvo era profanarla. —A. R. Fausset.
Sugerencias para el predicador
Versículo 39.
- La providencia puede a menudo parecer en desacuerdo con las promesas.
- Las promesas nunca están en desacuerdo con la providencia. Sigue siendo el pacto de tu siervo y su corona.
Versículo 39. Cómo puede ser profanado el trono del Rey Jesús.
Salmos 89:40
Versículo 40. «Aportillaste todos sus vallados.» Ya no estaba resguardado de los ataques calumniosos de lenguas desdeñosas; el temor reverente que debía guardar el nombre real había dejado de separarlo de sus semejantes. La «divinidad que protege a un rey» se había ido. Hasta entonces, la familia real había sido como una vid dentro de un cercado, pero el muro estaba ahora derribado, y la vid, desprotegida. Es dolorosamente cierto que en muchos lugares los cercados de la iglesia han sido destruidos, la línea de demarcación entre la iglesia y el mundo casi ha desaparecido y hombres impíos ocupan los oficios sagrados. ¡Ay, oh Señor Dios! ¿Será siempre así? ¿Será desamparada por ti tu verdadera vid, oh gran Labrador? Levanta de nuevo los linderos y guarda tu iglesia como viña reservada para ti. «Has destruido sus fortalezas.» Las fortalezas del país estaban en posesión del enemigo y fueron desmanteladas; las defensas del reino fueron derribadas. Así ha sucedido que verdades preciosas, que eran los baluartes de la iglesia, han sido asaltadas por la herejía, y las ciudadelas de la sana doctrina han sido abandonadas al enemigo. Oh Dios, ¿cómo puedes permitir esto? Como Dios de la verdad, ¿no te levantarás y pisotearás la falsedad?
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 40. Vallados y fortalezas. Ambos pueden referirse a las dependencias de una viña en la cual el rey era la vid. Solía estar cercada con un muro de piedra, y en ella había una casita o torre donde se ponía a un guarda para mantener alejados a los intrusos. Cuando se derribaba el muro, o vallado, cada transeúnte arrancaba el fruto, y cuando faltaba la torre, la viña quedaba abierta a los vecinos, que podían hacer lo que quisieran con las vides. Cuando la iglesia ya no está separada del mundo y su divino Guardián no tiene ya morada dentro de ella, su situación es en verdad miserable. —C. H. S.
Sugerencias para el predicador
Versículo 40.
- Lo que Dios había hecho: «Aportillaste», etc.
- Lo que no había hecho: no quitó la pena por su partida ni el deseo de su regreso.
Salmos 89:41
Versículo 41. «Lo saquean todos los que pasan por el camino.» Transeúntes ociosos, que no tienen otra cosa que hacer, no pueden menos que echar mano a esta vid, y lo hacen sin dificultad, pues los vallados ya no están. ¡Ay del día en que todo razonador mezquino tiene un argumento contra la religión, y los hombres en sus copas son elocuentes con objeciones contra el evangelio de Jesús! Aunque Jesús en la cruz no es nada para ellos y pasan de largo sin averiguar lo que ha hecho por ellos, pueden detenerse todo el tiempo que se quiera si hay siquiera la esperanza de clavar otro clavo en sus manos y ayudar a crucificar de nuevo al Señor. No lo tocarán con el dedo de la fe, pero lo arrancan con la mano de la malicia. «Es el oprobio de sus vecinos.» Los sucesores de David tenían vecinos poco vecinales, que eran un oprobio para la buena convivencia, porque estaban tan prontos a vituperar a su vecino. Los judíos eran muy escarnecidos por los gentiles de alrededor cuando en algún momento caían en apuros. En este tiempo el pueblo de Dios, que sigue plenamente al Señor, está sujeto a mil vituperios, algunos de la índole más amarga. Estos vituperios son realmente el vituperio de Cristo y, en el fondo, van dirigidos a él. ¿Será siempre así? ¿Estará el que merece ser universalmente adorado sujeto al desprecio general? ¿Dónde está entonces, oh Dios, tu fidelidad a tu pacto?
Salmos 89:42
Versículo 42. «Has exaltado la diestra de sus enemigos.» Tú lo has hecho, tú, que has jurado darle ayuda y victoria; en lugar de ello te has puesto de parte de sus enemigos y les has prestado tu fuerza, de modo que han alcanzado la supremacía. «Has alegrado a todos sus adversarios.» Se jactan sobre él y se glorían en su derrota, y esto lo haces tú mismo. Oh Dios, ¿cómo es esto? ¿Dónde está el pacto? ¿Has olvidado tus propias promesas y compromisos?
Salmos 89:43
Versículo 43. «Embotaste asimismo el filo de su espada.» Cuando va a la guerra, es tan infructuoso como si su espada se negara a cortar y cediera como una espada de plomo. Sus armas le fallan. «Y no lo levantaste en la batalla.» Le falla el corazón tanto como la espada: vacila, cae. Esto les ha ocurrido incluso a hombres naturalmente valientes: un pavor terrible los ha privado de su hombría. En el presente, la iglesia tiene pocas espadas del verdadero metal de Jerusalén; sus hijos son flexibles, sus ministros ceden a la presión. Necesitamos hombres cuyo filo no se pueda embotar, firmes por la verdad, afilados contra el error, cortantes frente al pecado, abriéndose camino cortando hasta el corazón de los hombres. El valor y la decisión se necesitan hoy más que nunca, porque la caridad hacia la herejía es el vicio de moda, y la indiferencia hacia toda verdad, bajo el nombre de amplitud de miras, es la virtud coronada de la época. Que el Señor nos envíe hombres de la escuela de Elías, o al menos de Lutero y Knox.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 43. «Embotaste asimismo el filo de su espada», etc. Las armas y el valor militar de tu pueblo ya no les sirven de nada; tú estás contra ellos, y por eso han caído. ¡En qué situación peligrosa y desesperada debe estar el soldado que, defendiendo su vida contra su enemigo mortal, tiene su espada rota o con el filo embotado; o, en la guerra moderna, cuyo fusil falla el disparo! Los galos, cuando fueron invadidos por los romanos, no tenían método para endurecer el hierro; a cada golpe sus espadas se doblaban, de modo que se veían obligados, antes de poder golpear de nuevo, a ponerlas bajo el pie o sobre la rodilla para enderezarlas; ¡y en la mayoría de los casos, antes de que pudiera hacerse esto, su enemigo mejor armado les había quitado la vida! El filo de su espada estaba embotado, de modo que no podían mantenerse en la batalla; y de ahí que los galos fueran vencidos por los romanos. —Adam Clarke.
Versículo 43. «Embotaste asimismo el filo de su espada», de modo que no puede hacer estragos como solía; y lo que es peor, has «embotado el filo» de su espíritu y le has quitado el valor, y no le has hecho mantenerse, como solía, en el día de la batalla. El espíritu de los hombres es lo que el Padre y Formador de los espíritus los hace; y no podemos mantenernos con fuerza ni resolución alguna más allá de lo que Dios tiene a bien sostenernos. Si a los hombres les falla el corazón, es Dios quien los desanima; pero es triste para la iglesia cuando no pueden mantenerse en pie los que deberían levantarse por ella. —Matthew Henry.
Sugerencias para el predicador
Versículo 43. Casos en que la espada del evangelio parece tener embotado el filo.
Versículos 44-45.
- Una profecía de que el Mesías sería manso y humilde: «Hiciste cesar su gloria».
- Se haría siervo del Padre: «echaste su trono por tierra», etc.
- Sería cortado en medio de sus días: «Los días de su juventud», etc.
- Moriría una muerte ignominiosa: «Le has cubierto», etc.
Salmos 89:44
Versículo 44. «Hiciste cesar su gloria.» El resplandor de su reinado y la prosperidad de su casa se han ido, su fama está empañada, su honra deshonrada. «Y echaste su trono por tierra.» Ha perdido su poder para gobernar en casa o para conquistar fuera. Esto les sucedió a los reyes de la línea de David y, más doloroso de decir, está sucediendo en estos días al reino visible del Señor Jesús. ¿Dónde están las glorias de Pentecostés? ¿Dónde la majestad de la Reforma? ¿Dónde viene su reino entre los hijos de los hombres? ¡Ay de nosotros, porque la gloria se ha ido, y el trono evangélico de Jesús está oculto a nuestros ojos!
Salmos 89:45
Versículo 45. «Has acortado los días de su juventud.» El tiempo del vigor del rey fue breve; se debilitó antes de tiempo. «Lo has cubierto de afrenta.» La vergüenza se amontonó sobre él por su decadencia prematura y su fracaso en las armas. Esto fue muy doloroso para el autor de este salmo, que evidentemente era un partidario muy leal de la casa de David. En nuestro día tenemos que lamentar la falta de vigor en la religión: los días heroicos del cristianismo han pasado, y sus cabellos negros como el cuervo están salpicados de canas prematuras. ¿Es esto conforme al pacto? ¿Puede ser esto lo que el Señor ha prometido? Roguemos al justo Juez de toda la tierra, y supliquémosle que cumpla su palabra, en la cual ha prometido que los que esperan en él renovarán sus fuerzas. «Selah.» El poeta intercesor toma aliento en medio de su lamento, y luego pasa de describir los dolores del reino a suplicar al Señor.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 45. «Has acortado los días de su juventud.» Nuestros reyes no han reinado la mitad de sus días, ni han vivido la mitad de sus vidas. Los cuatro últimos reyes de Judá reinaron muy poco tiempo, y murieron a espada o en el cautiverio. Joacaz reinó solo tres meses, y fue llevado cautivo a Egipto, donde murió. Joacim reinó solo once años, y fue tributario de los caldeos, que lo mataron y arrojaron su cuerpo a la cloaca común. Joaquín reinó tres meses y diez días, y fue llevado cautivo a Babilonia, donde permaneció en la cárcel hasta el tiempo de Evil-merodac, quien, aunque lo soltó de la prisión, nunca lo invistió de poder alguno. Sedequías, el último de todos, había reinado solo once años cuando fue apresado, le sacaron los ojos, fue cargado de cadenas y así llevado a Babilonia. La mayoría de estos reyes tuvieron una muerte violenta y prematura. Así, «los días de su juventud» —de su poder, su dignidad y su vida— fueron «acortados», y ellos mismos cubiertos de vergüenza. Selah; así es, sin duda alguna. —Adam Clarke.
Versículo 45. «Lo has cubierto de afrenta. Selah.» Lo has envuelto en la mortaja de la vergüenza. Señor, esto es verdad. —John Trapp.
Versículos 46-47. Esto suena sin duda como la voz de quien no conoce un más allá. El salmista habla como si todas sus esperanzas estuvieran encerradas por la tumba; como si la caída del reino unido de Judá y Efraín lo hubiera privado de todo su gozo; y como si no conociera ningún reino futuro que lo compensara con sus esperanzas. Pero sería una cruel injusticia tomarlo así al pie de la letra. Lo que oímos es el lenguaje de la pasión, no el de una convicción serena. Esto lo expresa bien John Howe en un célebre sermón: «La reclamación (observa) era algo apasionada, y procedía de la visión repentina de este caso desconsolador, considerado muy abstractamente y por sí solo; y el salmista no miró, en ese instante, más allá, a un panorama mejor y más consolador de las cosas. Un ojo nublado por el dolor presente no ve lejos, ni abarca tanto de una sola mirada como en otro momento, o como lo hace ahora mismo cuando se ha enjugado la lágrima y sus propios rayos lo han despejado.» Sería injustificable, por tanto, inferir de la reclamación de Etán que los santos que vivieron bajo los primeros reyes eran extraños a la esperanza de la vida eterna. Yo me inclino a ir más lejos, y a señalar esta misma queja como una presunción de que había en sus corazones un irreprimible sentimiento de inmortalidad. El pájaro que se agita y se hiere contra los barrotes de su jaula muestra con ello que su verdadero hogar es el aire libre. Cuando la sensualidad inveterada ha logrado apagar en el corazón del hombre la esperanza de una vida más allá de la tumba, el sombrío vacío que sigue se expresa, no en solemnes lamentos como los de Etán, sino en canciones de alegría forzada —lúgubres canciones anacreónticas—: «Comamos y bebamos, porque mañana moriremos.»
«Es tiempo de vivir si envejezco,
es tiempo de tomar ahora breves placeres,
de sacar lo mejor de la poca vida
y de administrar con sabiduría la última apuesta.» (La edad, de Anacreonte, traducido por Cowley.) —William Binnie.
Sugerencias para el predicador
Versículo 45. La excelencia de los primeros días del cristianismo, y en qué sentido su gloria se ha apartado de nosotros.
Salmos 89:46
Versículo 46. «¿Hasta cuándo, oh Jehová?» La apelación es a Jehová, y el argumento es la duración de la aflicción sufrida. El castigo con vara no es cosa de larga duración; por eso apela a Dios para que acorte el tiempo de la tribulación. «¿Te esconderás para siempre?» ¿No has prometido aparecer en favor de tu siervo? ¿Lo abandonarás entonces para siempre? «¿Arderá tu ira como fuego?» ¿Seguirá y seguirá por siempre hasta consumir por completo su objeto? ¡Sé servido de ponerle un límite! ¿Hasta dónde irás? ¿Quemarás el trono que has jurado perpetuar? Así también nosotros quisiéramos rogar al Señor que se acuerde de la causa de Cristo en estos días. ¿Puede estar tan airado con su iglesia como para dejarla mucho más tiempo? ¿Hasta dónde permitirá que lleguen las cosas? ¿Morirá la verdad, y dejarán los santos de existir? ¿Hasta cuándo dejará que los asuntos sigan su curso? Sin duda debe intervenir pronto, pues si no lo hace, la verdadera religión será consumida por completo, como por el fuego.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 46. «¿Arderá tu ira como fuego?» Un elemento que no tiene misericordia. —William Nicholson.
Sugerencias para el predicador
Versículo 46. La mano de Dios debe ser reconocida.
- En la naturaleza de la aflicción. «¿Te esconderás tú…?», etc.
- En la duración de la aflicción. «¿Hasta cuándo, oh Jehová?»
- En la severidad de la aflicción. La ira ardiendo como fuego.
- En el desenlace de la aflicción. ¿Hasta cuándo? ¿Para siempre? En todos estos aspectos las palabras se aplican tanto a Cristo como a su pueblo.
Versículo 46. «Acuérdate.» La oración del ladrón moribundo, del creyente atribulado, del cristiano perseguido.
Salmos 89:47
Versículo 47. «Recuerda cuál sea la duración de mi vida.» Si es tan breve, no la hagas del todo amarga. Si tu ira sigue ardiendo, durará más que esta vida mortal, y entonces no habrá tiempo para que tu misericordia me restaure. Algunos expositores atribuyen estas palabras, y todos los versículos anteriores, al estado del Señor Jesús en los días de su humillación, y esto da un sentido instructivo; pero preferimos seguir refiriéndolo todo a la iglesia, que es la simiente del Señor Jesús, así como los reyes siguientes eran la simiente de David. Nosotros, habiendo transgredido, somos hechos sentir la vara, pero rogamos al Señor que no continúe sus azotes, para que no pasemos toda nuestra vida en la miseria. «¿Por qué habrás creado en vano a todos los hijos de los hombres?» Si el Señor no hace resplandecer su luz sobre su obra, vivimos para nada; ya no contamos como vida el que su causa no prospere. Vivimos si el Rey vive, y no de otro modo. Todo es vanidad si la religión es vanidad. Si el reino de los cielos fallara, todo sería un fracaso. La creación sería una mancha, la providencia un error y nuestra propia existencia un tormento, si la fidelidad de Dios puede fallar y su pacto de gracia puede disolverse. Si el sistema del evangelio puede ser refutado, no queda nada, ni para nosotros ni para ningún otro de los hijos de los hombres, que haga que valga la pena existir.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 47. «¿Por qué habrás creado en vano a todos los hijos de los hombres?» Si yo preguntara a alguien por qué causa vino el hombre al mundo en particular, respondería con el salmista que Dios no creó al hombre en vano. ¿Lo creó para amontonar riquezas? No, pues dice el apóstol: «Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.» 1 Ti 6:6-8. ¿Lo creó para andar a la caza del poder y del principado? No, pues Nabucodonosor, codiciándolos, perdió nada menos que un reino. ¿Lo creó para comer, beber y jugar? No, pues Séneca, aunque pagano, dice: major sum, etc., soy más grande, y he nacido para cosas más grandes, que para ser un vil esclavo de mis sentidos. ¿Cuál es, entonces, el fin propio del hombre? Que vivamos para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. Ef 1:6. —William Pulley.
Versículo 47. «¿Por qué habrás creado en vano a todos los hijos de los hombres?» Si pensamos que Dios ha hecho al hombre «en vano» porque tantos tienen vidas cortas y largas aflicciones en este mundo, es verdad que Dios los «ha hecho» así; pero no es verdad que por eso sean «creados en vano». Porque aquellos cuyos días son pocos y llenos de aflicción pueden con todo glorificar a Dios y hacer algún bien, pueden mantener su comunión con Dios e ir al cielo, y entonces no han sido creados en vano. Si pensamos que Dios ha creado a los hombres en vano porque la mayoría ni le sirve ni le disfruta, es verdad que, en cuanto a ellos mismos, fueron creados en vano, y mejor les hubiera sido no haber nacido que no «nacer de nuevo»; pero no fue por culpa de Dios que fueron creados en vano, fue por culpa de ellos mismos; ni fueron creados en vano en cuanto a él, pues «todo lo ha hecho Jehová para sí mismo, y aun al impío para el día malo», y a aquellos por quienes no es glorificado, los glorificará a ellos mismos con su juicio. —Matthew Henry.
Versículo 47. «¿Por qué habrás creado en vano a todos los hijos de los hombres?» Cuando a la consideración de mi breve tiempo añado la de la humanidad que muere, y veo una sombra oscura y mortal extendiéndose por todo el mundo, toda la especie de las criaturas humanas desvaneciéndose, abandonando la escena a mi alrededor y desapareciendo casi tan pronto como se muestran, ¿no tengo un fundamento justo y plausible para ese reto (aparentemente rudo)? ¿Por qué un fenómeno tan inexplicable? ¿Una criatura hecha sin propósito alguno; la parte más noble de esta creación inferior traída al ser sin designio imaginable? No sé cómo desatar el nudo, con solo esta visión del caso, ni cómo evitar el absurdo. Es duro, ciertamente, suponer (o lo que aún parece duro suponer) «que todos los hombres fueron creados en vano». —John Howe.
Versículo 47. «¿Por qué habrás creado en vano a todos los hijos de los hombres?» Dos pensamientos nos aplastan: el hombre fue hecho para llorar, y el hombre fue hecho en vano. Sí, este pensamiento se nos impone dolorosamente: ¡el hombre está «hecho en vano»! En cuántos aspectos, sobre todo cuando examinamos ese vasto abanico de caracteres a los que podemos dar el nombre de vidas desperdiciadas; allí contemplamos el genio sin par desgastándose en logros indignos, en obras sin valor; la imaginación que podría adornar la verdad, si eso fuera posible; el ingenio que podría seleccionar y discernir lo verdadero de lo falso; y la elocuencia que podría imponer lo verdadero. ¿Dónde hallamos estas cosas? ¡Mundo insatisfactorio y miserable!, podemos exclamar, donde nada es real y nada se realiza: cuando considero cómo pasan nuestras vidas en la lucha por la existencia; cuando considero el afán de la vida, donde no es una desgracia, la desgracia, donde no es un afán; cuando considero cómo los millones pasan su tiempo en un mero trabajo por objetos sensuales, y que aquellos a quienes nunca llega la triste contradicción de la vida son los más desdichados de todos, si tan solo lo supieran; cuando considero los millones de existencias deformadas; y los muchos millones —la mayor parte del mundo, con mucho— que vagan sin Cristo, sin amor, sin esperanza, por su ancho camino; cuando considero la vida de muchos de los despiertos como un sueño inquieto, como niños que golpean la cortina y lloran en la noche; cuando considero cuántas preguntas vuelven para siempre a nosotros, y no se dejan acallar, y no pueden ser respondidas; cuando considero la vanidad de la curiosidad del filósofo y el fin de la realeza en la tumba; cuando miro alrededor, a la región de mis propios gozos, y sé cuán corto es su arriendo, y que su misma inefabilidad es un tizón que los marchita; cuando considero cuán poco puede hacer el mejor, y que nadie puede hacer bien cosa alguna; y, finalmente, cuando considero la inmensidad inconmensurable del pensamiento interior, sin cumplirse, y la inquietud que aguijonea, casi puedo exclamar con nuestro desdichado poeta Byron:
«Cuenta todos los gozos que han visto tus horas,
cuenta todos tus días libres de angustia,
y sabe que, seas lo que seas,
sería algo mejor no ser.» —E. Paxton Hood, en "Dark Sayings on a Harp," 1865.
Versículos 47-48. En estos versículos se encuentra que la condición fundamental de la bienaventuranza de Israel es el reconocimiento de la total inutilidad de la carne. La resurrección es la base sobre la cual descansan eficazmente para la fe las misericordias firmes de David (Hch 13:34). Esto está más implícito que directamente declarado en el presente salmo. —Arthur Pridham.
Sugerencias para el predicador
Versículo 47.
- Una apelación a la bondad divina. «Acuérdate», etc. Que mi vida no sea toda aflicción y tristeza.
- A la sabiduría divina. «¿Por qué…?», etc. ¿Fue hecho el hombre solo para ser desdichado? ¿No habrá sido hecho en vano si su vida es breve y esa breve vida no es sino tristeza?
Salmos 89:48
Versículo 48. «¿Qué hombre vivirá y no verá muerte?» Todos deben morir. Ninguno de nuestra raza puede responder a la pregunta aquí planteada sino en sentido negativo; no hay quien pueda pretender eludir las flechas de la muerte. «¿Librará su vida del poder del sepulcro?» Ni por fuerza, ni por sabiduría, ni por virtud puede hombre alguno escapar a la condena común, pues al polvo hemos de volver. Ya que todos hemos de morir, no hagas de esta vida una total miseria, hiriéndonos tanto tiempo, oh Señor. Tu Hijo, nuestra Cabeza del pacto, murió, y así también moriremos nosotros; no permitas que seamos tan abandonados por ti en este breve espacio que nos veamos del todo incapaces de testificar de tu fidelidad; no nos hagas sentir que hemos vivido en vano. Así, la brevedad de la vida y la certeza de la muerte se convierten en argumentos ante el Altísimo. «Selah.» Aquí descansamos otra vez, y pasamos a otras súplicas.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 48. «¿Qué hombre?» Mi gheber, dice el original; no es Ish, que es el primer nombre del hombre en las Escrituras, y no significa sino un sonido, una voz, una palabra, un aire musical que muere y se evapora; ¿qué tiene de extraño que el hombre, que no es sino Ish, un sonido, muera también? No es Adán, que es otro nombre del hombre y no significa sino tierra roja; sea tierra roja de sangre (de ese homicidio que hemos cometido contra nosotros mismos), sea tierra roja de rubor (pues así se usa la palabra en el original), por la conciencia de nuestra propia flaqueza, ¿qué tiene de extraño que el hombre, que no es sino Adán, culpable de este suicidio en sí mismo, culpable de esta fragilidad innata en sí mismo, muera también? No es Enós, que es también un tercer nombre del hombre y no significa sino una criatura desdichada y miserable; ¿qué tiene de extraño que el hombre, que no es sino tierra, que es una carga para sus vecinos, para sus amigos, para sus parientes, para sí mismo, a quien todos los demás, y a quien yo mismo, desean la muerte, qué tiene de extraño que muera? Pero esta pregunta está formulada con más de estos nombres: no Ish, no Adán, no Enós; sino Mi gheber, Quis vir; que es la palabra que siempre significa un hombre cumplido en todas las excelencias, un hombre acompañado de todas las ventajas; la fama y una buena opinión justamente concebida le impiden ser Ish, un mero sonido que se apoya solo en la aclamación popular; la inocencia y la integridad le impiden ser Adán, tierra roja, sangrar o ruborizarse por cosa alguna que haya hecho; aquel arte santo y religioso de las artes, que San Pablo profesaba: que sabía estar necesitado y sabía abundar, le impide ser Enós, miserable o desdichado en cualquier fortuna; es gheber, un gran hombre y un buen hombre, un hombre feliz y un hombre santo, y con todo, Mi gheber, Quis homo, este hombre ha de ver la muerte. —John Donne.
Versículo 48. Este salmo es uno de esos doce que llevan en la frente la marca de Masquil; es decir, un salmo que da instrucción. Consta de tantos versículos como semanas tiene el año, y tiene, como el año, su verano y su invierno. La parte de verano es la primera; en ella, habiendo cosechado la iglesia una riquísima cosecha (las mejores bendiciones del cielo y de la tierra), el salmista prorrumpe en alabanzas de su bondadoso Benefactor: «Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente»; así comienza, y así continúa un buen trecho. ¿Quién esperaría ahora otra cosa que misericordias, y cantos, y verano todo el camino? Pero el verano cesa, y el invierno empieza en el Sal 89:38: «Mas tú desechaste y menospreciaste a tu ungido, y te has airado con él.» Las misericordias y los cantos se han vuelto ahora aflicciones y llanto. Pero no oirás sino amargas quejas y reclamaciones hasta que llegues al último versículo. Allí el buen hombre ha vuelto en sí. Aunque Dios estuviera airado con su pueblo, no puede separarse de Dios con descontento. Aunque Dios los había cargado de cruces, levanta su cabeza y presenta a Dios una bendición: «Bendito sea Jehová para siempre. Amén y Amén.» Lo bendice tanto por el invierno como por el verano, tanto por las aflicciones como por las misericordias. Y así, teniendo el último versículo del salmo tanta afinidad en la materia con el primero como el último día del año la tiene con el primero en la estación, si damos la vuelta al salmo y juntamos ambos extremos, hallamos una semejanza adecuada entre el año y él. El texto es una de las gotas de invierno del salmista; una línea negra de esa pluma que antes estaba tan llena de gozo y no escribía sino rúbricas. Se queja en el versículo inmediatamente anterior de la brevedad de su propia vida (era como un día de invierno, muy corto); en este, de la inestabilidad de la vida del hombre; como si dijera: no soy el único mortal. Las vidas de otros hombres, aunque acaso revestidas de más consuelos que la mía, son del todo tan mortales como la mía; pues sus interrogaciones equivalen a fuertes negaciones. Así como ver el sueño es dormir, así ver o gustar la muerte es morir. No hay sobrevivir a tal visión. La muerte dice, como Dios una vez a Moisés: «No me verá hombre, y vivirá.» Éx 33:20. —Thomas Dugard, en un Sermón fúnebre, 1648.
Versículo 48. La muerte no perdona rango ni condición alguna de hombres. Reyes y súbditos, príncipes y los más humildes campesinos están sujetos a este golpe fatal. Los altos cedros y los arbustos bajos, los palacios y las cabañas son aquí iguales. En efecto, leemos que Julio César dijo al patrón de la nave en que navegaba que se animara a pesar de la tempestad violenta, porque llevaba a César y su fortuna embarcados en su navío; como si dijera que el elemento en que se hallaban no podía resultar fatal para un emperador, y menos para uno tan grande como él. Nuestro Guillermo, apodado el Rojo, dijo que nunca había oído de un rey que se ahogara. Y Carlos V, en la batalla de Túnez, aconsejado de retirarse cuando la gran artillería empezó a tronar, les dijo que nunca se había sabido que un emperador muriera por un cañonazo, y así se lanzó a la batalla. Pero de esto estamos seguros: nunca se supo ni se oyó que rey alguno o cabeza coronada escapara a la postre al golpe de la muerte. El cetro no puede apartar «saeta que vuele de día», ni «mortandad que en medio del día destruya»; no es pantalla ni defensa contra los dardos de la muerte. Hemos oído de grandes tiranos y usurpadores que se jactaban de tener poder de vida y muerte, y que disponían de los hombres tan absolutamente como Domiciano de las moscas; pero hemos oído asimismo que en poco tiempo (y por lo general cuanto más furiosos han sido, más breve) se les han caído los cetros de las manos, se les han derribado las coronas de las cabezas, y ellos mismos han sido arrebatados por el Rey de los Terrores. O, si hablamos de aquellos personajes reales que son suaves y benignos, y como Vespasiano son los favoritos y la delicia del pueblo, también ellos, no menos que los demás, tienen su hora fatal, y su honor y majestad regios son puestos en el polvo. El rey no muere, puede ser una máxima del derecho común, pero es una falsedad según las leyes de Dios y de la naturaleza, y la constitución establecida del cielo. Porque el mismo Dios, que ha dicho: «Vosotros sois dioses», ha añadido también: «Pero como hombres moriréis». En el Escorial, el palacio de los reyes de España, está también su cementerio; allí yacen sus cenizas reales. Así, en el lugar donde son coronados los reyes y reinas de Inglaterra están sepultados sus predecesores: para decirles, por así decirlo, que sus coronas no los eximen de la tumba y que no hay grandeza ni esplendor que pueda guardarlos del arresto de la muerte. No tiene más miramientos con los ricos y acaudalados que con los pobres y necesitados: arrebata a las personas de sus mansiones y casas solariegas lo mismo que de los asilos y hospitales. Su dominio es sobre amos y criados, sobre padres e hijos, sobre superiores e inferiores. —John Edwards.
Versículo 48.
La jactancia de la heráldica, la pompa del poder,
y todo lo que la belleza, todo lo que la riqueza dio jamás,
aguardan por igual la hora inevitable:
los caminos de la gloria no llevan sino a la tumba.
¿Puede la urna con historia, o el busto animado,
llamar de nuevo a su morada el aliento fugaz?
¿Puede la voz del Honor despertar el polvo callado,
o la Adulación calmar el oído sordo y frío de la Muerte? —Thomas Gray, 1716-1771.
Salmos 89:49
Versículo 49. «Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias, que juraste a David por tu verdad?» Aquí llega a la gran súplica, al cuerpo a cuerpo con el Ángel del pacto. Podemos recordar al Señor sus primeras obras de amor, su antiguo amor a su iglesia, su antiguo favor para con nosotros. Podemos entonces alegar su juramento y rogarle que recuerde que ha jurado bendecir a sus escogidos; y podemos también luchar con fuerza, urgiéndole su propio carácter y asiéndonos de su inviolable verdad. Cuando las cosas se ven negras, podemos presentar nuestras poderosas razones y debatir el caso con nuestro condescendiente Dios, que ha dicho él mismo: «Venid ahora, y razonemos juntos.»
Salmos 89:50
Versículo 50. «Acuérdate, Señor, del oprobio de tus siervos.» A causa de sus grandes aflicciones eran objeto de burla de los hombres impíos, y por eso se implora la compasión del Señor. ¿Se quedará un padre mirando mientras insultan a sus hijos? El salmista suplica al Señor que se compadezca de la miseria que las burlas de sus adversarios han traído sobre sus siervos, que se mofaban de ellos a causa de sus sufrimientos. «Oprobio de muchos pueblos que llevo en mi seno.» El salmista mismo se tomó a pecho el desprecio de los grandes y los soberbios. Sentía como si todos los oprobios que afligían a su nación se centraran en él, y por eso, en santa simpatía con el pueblo, derramó su corazón. Debemos llorar con los que lloran; el oprobio que cae sobre los santos y su causa debe pesarnos; si podemos oír a Cristo blasfemado y ver a sus siervos insultados, y permanecer impasibles, no tenemos el espíritu del verdadero israelita. Nuestro dolor por los dolores del pueblo del Señor puede alegarse en la oración, y será un argumento aceptable. Hay una interpretación de este versículo que no debe pasarse por alto; el original dice: Acuérdate de que llevo en mi seno a todos los muchos pueblos; y esto puede entenderse como una súplica de la iglesia para que el Señor se acuerde de ella porque ha de ser aún la madre de muchos pueblos, según la profecía del Sal 87. Estaba, por así decirlo, a punto de dar a luz naciones, pero ¿cómo podrían nacer si ella misma moría entretanto? La iglesia es la esperanza del mundo; si ella expirara, las naciones nunca llegarían al nacimiento de la regeneración, sino que habrían de permanecer en la muerte.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 50. «Oprobio de muchos pueblos que llevo en mi seno.» Tomo los oprobios de tus siervos y de tu ungido: (1) como si me insultaran a mí en particular; o (2) en cuanto que pesan tanto sobre mi corazón; o (3) en cuanto que estoy resuelto a soportarlos con calma y a tragarlos en silencio, no pudiendo en verdad sacudírmelos de encima, porque a los ojos de la razón nuestra condición es al presente tan contraria a lo que esperábamos; o (4) en cuanto que sus oprobios no llegaron a sus oídos solo de oídas, sino que le fueron arrojados abiertamente a la cara, por así decirlo, a su seno. —Arthur Jackson.
Versículo 50. «Llevo en mi seno el oprobio…», etc. El oprobio de la religión y de los piadosos está cerca, y debe estar cerca, del corazón de todo miembro vivo de la iglesia. —David Dickson.
Salmos 89:51
Versículo 51. «Con que tus enemigos, oh Jehová, han deshonrado.» Aquí hay otro argumento de peso: los burladores son enemigos del Señor lo mismo que nuestros, y su oprobio recae sobre él tanto como sobre nosotros; por eso clamamos por la intervención del Señor. Cuando el nombre mismo de Jehová está en la contienda, ciertamente se levantará. «Con que han deshonrado los pasos de tu ungido.» Siguiéndole el rastro y hallando ocasión de blasfemar a cada vuelta; vigilando no solo sus palabras y acciones, sino aun sus inofensivos pasos. Ni Cristo ni su iglesia pueden agradar al mundo; adondequiera que nos volvamos, los burladores injuriarán. ¿Se refiere este versículo al sarcasmo tantas veces repetido: «¿Dónde está la promesa de su advenimiento?» ¿Apunta el oprobio a las tardanzas del Mesías, esos pasos tan largamente esperados que aún no se oyen? Oh Señor, ¿hasta cuándo seguirá esta burla gastada? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo?
«Ven, que la creación gime,
impaciente por tu tardanza,
agotada por estos largos años de mal,
estos siglos de demora.»
«Ven en tu gloriosa fuerza,
ven con la vara de hierro,
dispersando a tus enemigos ante tu faz,
poderosísimo Hijo de Dios.»
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 51. «Han deshonrado los pasos de tu ungido.» Esta frase es oscura en su dicción, y por eso se interpreta de diversos modos.
- Algunos, por los pasos de Cristo, juzgan que se significa su venida en la carne; otros refieren las palabras a David, y toman el sentido como imitación de él. La primera exposición da este sentido: Acuérdate, oh Señor, del oprobio de tus enemigos con que insultan nuestra espera de tu Ungido y se burlan de su venida como si nunca fuera a llegar.
- La segunda interpretación es esta: Recuerda, oh Señor, qué desprecio amontonan tus enemigos sobre nosotros a causa de tu siervo David, porque acariciamos con cariño su memoria y su ejemplo, y alimentamos la esperanza de tu pacto con él, aferrándonos tenazmente a ello… En tercer lugar, esta cláusula puede interpretarse de modo que por 'aqebe, es decir, el talón, entendamos los extremos del reino de Cristo, de David. Así podemos imaginar que los enemigos de Dios echaron en cara al pueblo de Israel que ya habían llegado al fin y extremo del reino de David. —Musculus.
Versículo 51 (segunda parte). El caldeo dice: «Se han burlado de la tardanza de los pasos de tu Mesías.» Así Kimchi: «Tarda tanto, dicen, que nunca vendrá.» Compárese 2 P 3:4, 9. El árabe aqaba se usa en el sentido de «demorar». —William Kay.
Versículo 51. Los pasos, o plantas de los pies, es decir, los caminos, la vida, las acciones y los sufrimientos, Sal 56:6; 49:5. Referido a Cristo, mira al oráculo de Gn 3:15, que la serpiente heriría el calcañar de la simiente de la mujer; referido a los cristianos que siguen sus pisadas, en el sufrir y morir con él, para que seamos glorificados con él (1 P 2:21; Ro 8:17); señala el escándalo de la cruz de Cristo, «para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura» (1 Co 1:23; 1 P 4:13-14). El caldeo lo entiende de la lentitud de los pasos. —Henry Ainsworth.
Salmos 89:52
Versículo 52. «Bendito sea Jehová para siempre.» Termina donde comenzó; ha dado la vuelta al mundo y ha llegado otra vez a puerto. Bendigamos a Dios antes de orar, y mientras oramos, y cuando hayamos terminado de orar, pues él siempre lo merece de nosotros. Si no podemos entenderlo, no desconfiaremos de él. Cuando sus caminos están más allá de nuestro juicio, no seremos tan necios como para juzgar; y lo haremos si consideramos que su trato es poco bondadoso o infiel. Él es, él debe ser, él será, para siempre, nuestro Dios bendito. «Amén y Amén.» Todos nuestros corazones lo dicen. Así sea, Señor; lo deseamos una y otra vez. Sé tú bendito para siempre.
Notas explicativas y dichos pintorescos
Versículo 52. «Bendito sea Jehová para siempre. Amén y Amén.» La victoria empieza a resplandecer en la frase: Bendito sea Jehová para siempre. Amén y Amén. Algunos piensan que estas palabras no son del salmista, porque opinan que no concuerdan con lo anterior, sino que fueron escritas por otro, o añadidas por el Recopilador de los salmos como doxología final; o que, si el salmista las escribió, lo hizo simplemente al terminar su oración. Pero es un asunto de la mayor importancia; porque indica la victoria de la fe, ya que observa que tras ese dolor el oprobio del talón queda gloriosamente quitado, para que el Mesías permanezca vencedor para siempre, habiendo herido la cabeza de la serpiente y quitándole a perpetuidad todo su poder de dañar. Para que esto ciertamente ocurra, añade el sello de la fe una y otra vez: «Amén y Amén.» —James Alting, 1618-1679.
Versículo 52. Esta doxología pertenece por igual a todos los salmos del Libro Tercero, y no debe tratarse como si fuera meramente el último versículo del salmo al que se une. Debería presentarse en una forma que permitiera e invitara al pueblo de Dios a cantarla como una fórmula de alabanza independiente, o en conexión con cualquier otro salmo. —William Binnie.
Versículo 52. En cuanto a las palabras Amén y Amén, concedo de buen grado que aquí se emplean para marcar el fin del tercer libro de los salmos. —Juan Calvino.
Sugerencias para el predicador
Versículo 52.
- La voz. «Bendito sea…», etc. En sí mismo, en todas sus obras y caminos, en sus juicios tanto como en sus misericordias, como el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, «para siempre».
- El eco: «Amén y amén.» Amén, dice la iglesia en la tierra; dice la iglesia en el cielo; dicen los ángeles de Dios; dice todo el universo santo y feliz; dice la eternidad pasada y la eternidad por venir.
OBRA SOBRE EL SALMO OCHENTA Y NUEVE
En las Obras de John Boys, folio, pp. 805-9, hay una exposición de una parte de este salmo.
AQUÍ TERMINA EL LIBRO TERCERO DE LOS SALMOS.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.