Notas sobre la Biblia · John Wesley
Génesis 3: comentario de John Wesley
Génesis 3:1-5
Tenemos aquí el relato de la tentación con que Satanás asaltó a nuestros primeros padres, y que les resultó fatal. Y observa aquí al tentador, el diablo en forma de serpiente. Multitudes de ellos cayeron; pero este que atacó a nuestros primeros padres era sin duda el príncipe de los demonios. No es seguro si fue solo la apariencia de una serpiente o una serpiente real, movida y poseída por el diablo. El diablo escogió actuar su papel en una serpiente porque es una criatura astuta. No es improbable que la razón y el habla fueran entonces propiedades conocidas de la serpiente. Y por eso Eva no se sorprendió de su razonar y hablar, como de otro modo habría tenido que sorprenderse. Lo que el diablo pretendía era persuadir a Eva de comer del fruto prohibido; y para ello siguió el mismo método que sigue todavía. 1. Pone en duda si era pecado o no, Gn 3:1-2. 2. Niega que hubiera peligro en ello, Gn 3:4. 3. Sugiere que habrá mucha ventaja, Gn 3:5. Y estos son sus temas comunes.
En cuanto a la ventaja, ajusta la tentación al estado puro en que se hallaban, proponiéndoles no algún placer carnal, sino deleites intelectuales. Serán abiertos vuestros ojos — Tendréis mucho más del poder y del placer de la contemplación que ahora; abarcaréis un campo más amplio en vuestras vistas intelectuales y veréis las cosas más lejos que ahora. Seréis como Dios — Como Elohim, dioses poderosos, no solo omniscientes sino también omnipotentes: sabiendo el bien y el mal — Es decir, todo lo que es deseable saber. Para apoyar esta parte de la tentación, abusa del nombre dado a este árbol. Tenía por fin enseñar el conocimiento práctico del bien y del mal, es decir, del deber y la desobediencia, y resultaría ser el conocimiento por experiencia del bien y del mal, es decir, de la felicidad y la miseria. Pero él pervierte su sentido y lo tuerce para su destrucción, como si este árbol les diera un conocimiento especulativo y teórico de las naturalezas, especies y orígenes del bien y del mal. Y todo esto al instante: el día que comáis de él — Hallaréis un cambio repentino e inmediato para mejor.
Génesis 3:6-8
Vemos aquí en qué acabó el diálogo de Eva con el tentador: Satanás logra por fin su propósito. Dios probó la obediencia de nuestros primeros padres prohibiéndoles el árbol de la ciencia, y Satanás, por así decirlo, acepta el reto de Dios y se propone seducirlos, precisamente en eso, a una transgresión; y aquí hallamos cómo prevaleció, permitiéndolo Dios para fines sabios y santos.
[1.] Tenemos aquí los incentivos que los movieron a transgredir. La mujer, siendo engañada, fue la cabecilla en la transgresión, 1 Ti 2:14. Vio que el árbol era — De todos los demás árboles frutales con que fue plantado el huerto de Edén se dijo que eran agradables a la vista y buenos para comer. Ella imaginó un mayor beneficio en este árbol que en los demás: que era un árbol no solo de quien no había que tener miedo, sino codiciable para alcanzar la sabiduría, y en eso superior a todos los otros árboles. Esto vio, es decir, lo percibió y entendió por lo que el diablo le había dicho. Y dio también a su marido, el cual comió así como ella — Es probable que él no estuviera con ella cuando fue tentada; ciertamente, de haber estado, habría intervenido para impedir el pecado; pero vino a ella cuando ya había comido, y ella lo persuadió a comer también. Ella se lo dio, persuadiéndolo con los mismos argumentos que la serpiente había usado con ella, y añadiendo a los demás que ella misma había comido de él y lo había hallado tan lejos de ser mortal que era sumamente agradable y grato. Y comió — Esto implicaba incredulidad de la palabra de Dios y confianza en la del diablo; descontento con su estado presente y ambición de la honra que no viene de Dios. Quiso ser su propio repartidor y su propio señor, tener lo que le placiera y hacer lo que le placiera; su pecado fue, en una palabra, desobediencia, Ro 5:19, desobediencia a un mandamiento claro, sencillo y expreso, que sabía que era un mandamiento de prueba. Peca contra la luz y contra el amor, la luz más clara y el amor más entrañable contra los que pecador alguno haya pecado. Pero el mayor agravante de su pecado fue que envolvió en él a toda su posteridad, con pecado y ruina. No podía dejar de saber que estaba como persona pública y que su desobediencia sería fatal para toda su descendencia; y siendo así, fue ciertamente la mayor traición y la mayor crueldad que haya existido. La vergüenza y el miedo se apoderaron de los culpables: estos entraron en el mundo junto con el pecado y todavía lo acompañan. Fueron abiertos los ojos de ambos — Los ojos de sus conciencias; sus corazones los reprendieron por lo que habían hecho. Ahora, cuando ya era tarde, vieron la felicidad de que habían caído y la miseria en que habían caído. Vieron a Dios provocado, su favor perdido, su imagen extraviada; sintieron en sus propios espíritus un desorden del que nunca antes habían tenido conciencia; vieron una ley en sus miembros que se rebelaba contra la ley de su mente y los cautivaba al pecado y a la ira; vieron que estaban desnudos, es decir, que habían sido despojados, privados de todos los honores y gozos de su estado de paraíso, y expuestos a todas las miserias que cabía esperar con justicia de un Dios airado; expuestos al desprecio y al oprobio del cielo y de la tierra y de sus propias conciencias. Y cosieron hojas de higuera, o las trenzaron, y para cubrir al menos parte de su vergüenza el uno ante el otro, se hicieron delantales. Mira aquí lo que suele ser la necedad de los que han pecado: están más solícitos por salvar su reputación ante los hombres que por obtener el perdón de Dios. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día — Se supone que vino en forma humana, bajo ninguna otra semejanza que aquella en que lo habían visto cuando los puso en el paraíso; pues vino a convencerlos y humillarlos, no a asombrarlos y aterrorizarlos. No vino inmediatamente del cielo a la vista de ellos, como después en el monte Sinaí, sino que vino en el huerto, como quien aún estaba dispuesto a tratarlos con familiaridad. Vino paseándose, no cabalgando sobre las alas del viento, sino caminando con calma, como quien es lento para la ira. Vino al aire del día, no de noche, cuando todos los temores son doblemente temibles; ni vino de repente sobre ellos, sino que oyeron su voz a cierta distancia, que les avisaba de su venida; y probablemente era una voz suave y apacible, como aquella en que vino a preguntar por Elías. Y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios — ¡Triste cambio! Antes de haber pecado, si hubieran oído la voz de Jehová Dios que venía hacia ellos, habrían corrido a su encuentro; pero ahora Dios se había vuelto un terror para ellos, y entonces no es de extrañar que se hubieran vuelto un terror para sí mismos.
Génesis 3:9
¿Dónde estás tú? — Esta pregunta por Adán puede considerarse una persecución llena de gracia para su recuperación. Si Dios no lo hubiera llamado para reducirlo, su condición habría sido tan desesperada como la de los ángeles caídos.
Génesis 3:10
Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo — Adán tuvo miedo porque estaba desnudo: no solo desarmado, y por eso temeroso de contender con Dios, sino sin vestido, y por eso temeroso aun de aparecer ante él.
Génesis 3:11-12
¿Quién te enseñó que estabas desnudo? — Es decir, ¿cómo llegaste a sentir tu desnudez como tu vergüenza? ¿Has comido del árbol? — Aunque Dios conoce todos nuestros pecados, quiere conocerlos por nosotros y requiere de nosotros una confesión sincera de ellos, no para informarse, sino para que nos humillemos. De que yo te mandé no comieses — Yo, tu Hacedor, tu Señor, tu benefactor, te mandé lo contrario. El pecado aparece más claro y más pecaminoso en el espejo del mandamiento.
Génesis 3:13
¿Qué es lo que has hecho? — ¿Reconocerás tu falta? Ninguno de los dos lo hace plenamente. Adán echa toda la culpa a su mujer: Ella me dio del árbol — Más aún, no solo echa la culpa a su mujer, sino tácitamente al mismo Dios: La mujer que me diste, y que diste para estar conmigo como compañera, ella me dio del árbol. Eva echa toda la culpa a la serpiente: la serpiente me engañó. Hallados culpables los reos por su propia confesión, además del conocimiento infalible del Juez, y no habiéndose alegado nada relevante en contra de la sentencia, Dios procede de inmediato a dictarla, y en estos versículos comienza (por donde comenzó el pecado) con la serpiente. Dios no interrogó a la serpiente ni le preguntó qué había hecho, sino que la sentenció de inmediato: (1.) Porque ya estaba convicta de rebelión contra Dios. (2.) Porque había de ser excluida para siempre del perdón; y ¿por qué habría de decirse nada para convencerla y humillarla, si no había de hallar lugar de arrepentimiento?
Génesis 3:14
Para testificar su desagrado contra el pecado, Dios fija una maldición sobre la serpiente: Maldita serás entre todas las bestias — Aun los reptiles, cuando Dios los hizo, fueron bendecidos por él, Gn 1:22, pero el pecado convirtió la bendición en maldición. Sobre tu pecho andarás — Ya no sobre pies, ni medio erguida, sino que te arrastrarás, con el vientre pegado a la tierra. Polvo comerás — Lo cual significa una condición baja y despreciable.
Génesis 3:15
Y pondré enemistad entre ti y la mujer — Siendo las criaturas inferiores hechas para el hombre, era una maldición para cualquiera de ellas volverse contra el hombre, y el hombre contra ellas. Y esto es parte de la maldición de la serpiente. Se le fija un oprobio perpetuo. Bajo la cubierta de la serpiente, aquí es sentenciado a ser, (1.) Degradado y maldecido de Dios. Se supone que la soberbia fue el pecado que convirtió a los ángeles en demonios, y aquí se castiga justamente con una gran variedad de mortificaciones, encerradas en las humildes circunstancias de una serpiente que se arrastra sobre su vientre y lame el polvo. (2.) Detestado y aborrecido de todo el género humano: aun los que de veras han sido seducidos a su partido profesan odio contra él. (3.) Destruido y arruinado al fin por el gran Redentor, lo cual se significa en el quebrantamiento de su cabeza; toda su sutil política será frustrada, su poder usurpado será completamente aplastado. Aquí comienza una perpetua contienda entre el reino de Dios y el reino del diablo entre los hombres; se proclama la guerra entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, Ap 12:7. Es fruto de esta enemistad, (1.) Que hay un conflicto continuo entre el pueblo de Dios y él. El cielo y el infierno nunca podrán reconciliarse, como tampoco Satanás y un alma santificada. (2.) Que hay igualmente una lucha continua entre los malos y los buenos. Y toda la malicia de los perseguidores contra el pueblo de Dios es fruto de esta enemistad, que continuará mientras haya un hombre piadoso de este lado del cielo y un hombre impío de este lado del infierno. Aquí se hace una promesa llena de gracia acerca de Cristo como libertador del hombre caído del poder de Satanás. Por la fe en esta promesa, nuestros primeros padres y los patriarcas antes del diluvio fueron justificados y salvos; y a esta promesa y a su beneficio esperaban llegar sirviendo a Dios sin cesar día y noche. Se les da aviso aquí de tres cosas acerca de Cristo. (1.) Su encarnación: que sería la simiente de la mujer. (2.) Sus sufrimientos y su muerte, señalados en que Satanás le heriría el calcañar, es decir, su naturaleza humana. (3.) Su victoria sobre Satanás por ello. Satanás había pisoteado ahora a la mujer y se había burlado de ella; pero la simiente de la mujer sería levantada en el cumplimiento del tiempo para vengar su causa, para pisotearlo, despojarlo, llevarlo cautivo y triunfar sobre él, Col 2:15.
Génesis 3:16
Tenemos aquí la sentencia dictada sobre la mujer: es condenada a un estado de dolor y a un estado de sujeción; castigos propios de un pecado en el que había satisfecho su placer y su soberbia. Se la pone aquí en un estado de dolor; de él se da un solo ejemplo particular, el de dar a luz hijos, pero incluye todas las impresiones de pena y de temor que la mente de ese tierno sexo es más propensa a recibir, y todas las calamidades comunes a que está expuesto. Es Dios quien multiplica nuestros dolores: multiplicaré: Dios, como Juez justo, lo hace, lo cual debe acallarnos en todos nuestros dolores; por muchos que sean, los hemos merecido todos, y más; es más, Dios, como Padre tierno, lo hace para nuestra necesaria corrección, para que nos humillemos por el pecado y nos desprendamos de él. Se la pone aquí en un estado de sujeción: todo el sexo, que por la creación era igual al hombre, es hecho inferior por el pecado.
Génesis 3:17-18
Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer — Él excusó la falta echándola sobre su mujer, pero Dios no admite la excusa; aunque fue culpa de ella persuadirlo a comer, fue culpa de él escucharla. Maldita será la tierra por tu causa — Y el efecto de esa maldición es: Espinos y cardos te producirá — El suelo o la tierra, por el pecado del hombre, es sujetado a vanidad, pues sus diversas partes no sirven tanto al consuelo y la felicidad del hombre como cuando fueron hechas. La fecundidad era su bendición para servicio del hombre, Gn 1:11-29, y ahora la esterilidad era su maldición para castigo del hombre.
Génesis 3:19
Con el sudor de tu rostro comerás el pan — Su ocupación antes de pecar era para él un placer constante; pero ahora su trabajo será una fatiga. Al polvo volverás — Tu cuerpo será abandonado por tu alma y se volverá él mismo un terrón de polvo, y será depositado en el sepulcro y se mezclará con el polvo de la tierra.
Génesis 3:20
Habiendo Dios puesto nombre al hombre, y llamádolo Adán, que significa tierra roja, él, en señal de dominio, puso nombre a la mujer y la llamó Eva — Es decir, vida. Adán lleva el nombre del cuerpo que muere; Eva, el del alma que vive. La razón del nombre se da aquí, por algunos pensada de Moisés el historiador, por otros del mismo Adán: por cuanto ella era — Es decir, había de ser madre de todos los vivientes. La había llamado antes Isha, mujer, como esposa; aquí la llama Evah, vida, como madre. Ahora bien, 1. Si esto se hizo por dirección divina, fue una muestra del favor de Dios y, como el nuevo nombre de Abraham y de Sara, fue un sello del pacto y una seguridad para ellos de que, a pesar de su pecado, él no había revocado la bendición con que los había bendecido: Fructificad y multiplicaos; fue también una confirmación de la promesa hecha ahora, de que la simiente de la mujer, de esta mujer, quebrantaría la cabeza de la serpiente. 2. Si Adán lo hizo por sí mismo, fue una muestra de su fe en la palabra de Dios.
Génesis 3:21
Estas túnicas de pieles tenían un significado. Las bestias cuyas pieles eran debían ser muertas; muertas ante sus ojos, para mostrarles lo que es la muerte. Y probablemente se supone que fueron muertas para sacrificio, para tipificar el gran sacrificio que al fin del mundo sería ofrecido una vez para siempre. Así, lo primero que murió fue un sacrificio, o Cristo en figura.
Génesis 3:22
He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal — ¡Mira lo que ha conseguido, qué ventajas, por comer del fruto prohibido! Esto se dice para humillarlos y llevarlos a sentir su pecado y su necedad, para que, viéndose tan miserablemente engañados por seguir el consejo del diablo, persiguieran en adelante la felicidad que Dios ofrece, por el camino que él prescribe.
Génesis 3:23
Lo sacó Jehová del huerto — Le dijo que saliera, le dijo que ya no ocuparía ni disfrutaría aquel huerto; pero él no quería separarse de él.
Génesis 3:24
Echó, pues, al hombre — Esto significaba la exclusión de él y de su raza culpable de aquella comunión con Dios que era la dicha y la gloria del paraíso. Pero ¿adónde lo envió cuando lo echó del Edén? Con justicia habría podido arrojarlo del mundo, Job 18:18, pero solo lo echó del huerto; con justicia habría podido arrojarlo al infierno, como a los ángeles que pecaron cuando fueron excluidos del paraíso celestial, 2 P 2:4, pero el hombre fue enviado solo a labrar la tierra de que fue tomado. Fue enviado solo a un lugar de trabajo, no a un lugar de tormento. Fue enviado a la tierra, no al sepulcro; a la casa de trabajo, no al calabozo ni a la prisión; a empuñar el arado, no a arrastrar la cadena: su labranza de la tierra sería recompensada con comer sus frutos; y su trato con la tierra, de la cual fue tomado, podía aprovecharse para buenos fines: mantenerlo humilde y recordarle su fin. Observa, pues, que aunque nuestros primeros padres fueron excluidos de los privilegios de su estado de inocencia, no fueron abandonados a la desesperación; los pensamientos de amor de Dios los destinaban a un segundo estado de prueba en nuevos términos. Y puso al oriente del huerto de Edén un destacamento de querubines, armados con un poder terrible e irresistible, representado por una espada encendida que se revolvía por todos lados, en aquel lado del huerto que quedaba junto al lugar adonde fue enviado Adán, para guardar el camino del árbol de la vida.
Traducción del inglés hecha con IA para Berea.