Confesión de fe bautista de 1689 · Iglesias bautistas particulares de Londres
Del decreto eterno de Dios
Dios ha decretado en sí mismo, desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de su propia voluntad, libre e inmutablemente, todo lo que acontece; pero de tal manera que ni por ello Dios es autor del pecado ni tiene comunión con nadie en él; ni se hace violencia a la voluntad de la criatura, ni se quita la libertad o contingencia de las causas segundas, sino que más bien se establece; en lo cual aparecen su sabiduría al disponer todas las cosas, y su poder y fidelidad al cumplir su decreto.
Referencias: (Is 46:10; Ef 1:11; He 6:17; Ro 9:15, 18; Stg 1:13; 1 Jn 1:5; Hch 4:27, 28; Jn 19:11; Nm 23:19; Ef 1:3-5)
Aunque Dios sabe todo lo que puede o podría acontecer bajo todas las condiciones supuestas, no ha decretado nada porque lo previera como futuro, o como aquello que acontecería bajo tales condiciones.
Referencias: (Hch 15:18; Ro 9:11, 13, 16, 18)
Por el decreto de Dios, para la manifestación de su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados, o preordenados, para vida eterna por medio de Jesucristo, para alabanza de su gloriosa gracia; otros son dejados que obren en su pecado para su justa condenación, para alabanza de su gloriosa justicia.
Referencias: (1 Ti 5:21; Mt 25:34; Ef 1:5, 6; Ro 9:22, 23; Jud 4)
Estos ángeles y hombres, así predestinados y preordenados, están designados particular e inmutablemente; y su número es tan cierto y definido que no puede ser aumentado ni disminuido.
Referencias: (2 Ti 2:19; Jn 13:18)
A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, antes de que fuera puesto el fundamento del mundo, según su propósito eterno e inmutable y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha elegido en Cristo para gloria eterna, por su mera y libre gracia y amor, sin que ninguna otra cosa en la criatura sea condición o causa que lo mueva a ello.
Referencias: (Ef 1:4, 9, 11; Ro 8:30; 2 Ti 1:9; 1 Ts 5:9; Ro 9:13, 16; Ef 2:5, 12)
Así como Dios ha destinado a los elegidos para la gloria, así también, por el propósito eterno y libérrimo de su voluntad, ha preordenado todos los medios para ello. Por lo cual los que son elegidos, habiendo caído en Adán, son redimidos por Cristo; son llamados eficazmente a la fe en Cristo por su Espíritu, que obra a su debido tiempo; son justificados, adoptados, santificados y guardados por su poder, mediante la fe, para salvación. Y ningunos otros son redimidos por Cristo, llamados eficazmente, justificados, adoptados, santificados y salvados, sino solo los elegidos.
Referencias: (1 P 1:2; 2 Ts 2:13; 1 Ts 5:9, 10; Ro 8:30; 2 Ts 2:13; 1 P 1:5; Jn 10:26; Jn 17:9; Jn 6:64)
La doctrina de este alto misterio de la predestinación ha de tratarse con especial prudencia y cuidado, para que los hombres, atendiendo a la voluntad de Dios revelada en su Palabra y prestándole obediencia, puedan, por la certeza de su llamamiento eficaz, estar seguros de su elección eterna. Así esta doctrina proporcionará motivo de alabanza, reverencia y admiración a Dios; y de humildad, diligencia y abundante consuelo a todos los que obedecen sinceramente el evangelio.
Referencias: (1 Ts 1:4, 5; 2 P 1:10; Ef 1:6; Ro 11:33; Ro 11:5, 6, 20; Lc 10:20)
Iglesias bautistas particulares de Londres, 1689 (dominio público). Traducción al español de Berea, hecha con IA a partir del texto inglés de Wikisource.